martes, 15 de agosto de 2017

Libreto para video de Youtube: Por qué escribí ‘Me cago en la cara de Uribe’




ESCENA 1: Escritorio con portátil de trabajo. En ángulo de ¾, recostado sobre el posabrazos habla el suscrito a la cámara con mirada serena, dentro del espíritu de reconciliación que debe cobijarnos a todos.

Hola, soy Jorge Gómez Pinilla. Tal vez me recuerden por la columna que provocó mi salida de Semana, titulada María Isabel Rueda y su fábrica de mala leche. Pero lo que hoy nos reúne aquí no es esa sino otra columna, que me ha traído tal vez más dolores de cabeza, titulada Me cago en la cara de Uribe.

Lo primero que trajo fue una carta de la bancada del Centro Democrático a El Espectador, donde lamentaban la ausencia de censura. Lo segundo, una denuncia penal del abogado uribista Abelardo de la Espriella por calumnia e injuria. Lo tercero… Bueno, eso tercero me lo reservo por ahora. No le quiero meter ají al picante.

A los que no pasaron del título en esa columna, les aclaro: yo comencé hablando de una expresión que, para mi asombro, es de uso muy común en España: “¡me cago en la hostia!”. Ahí manifesté mi dificultad para entender por qué un español puede ofender algo tan sagrado como la hostia que representa el cuerpo de Jesucristo… ¡y no pasa nada!

Y hablé también de otra imprecación con alto contenido ofensivo, que es cuando un argentino dice “andate a la puta madre que te parió”, algo tan corriente allá que hasta lo cantan las ancianas gauchas. Miren que no miento.

Y bueno, en esa columna confesé que cuando supe que Uribe se había ido hasta Atenas a hablar mal de Colombia, a un foro internacional llamado Concordia –vaya paradoja, concordia-, lo primero que se me vino a la cabeza fue precisamente la imprecación argentina: “¡la puta madre que lo parió!”.

Y expliqué que eso mismo lo dijo la revista Semana, pero en términos indoloros. Dijo “a Uribe se le fue la mano”. Y agregó: “él tiene todo el derecho a desprestigiar al gobierno, pero no el de desprestigiar al país”. Y Matador lo pintó en pose de atleta olímpico sosteniendo un rollo de papel higiénico, para que limpie –supongo- la ‘cagada’ (entre comillas, ojo) que cometió con Colombia ante el mundo. (Ver caricatura)

Esto para que se entienda que yo no abrigaba ningún propósito ofensivo ni difamatorio, fue solo la expresión de una descarga emocional motivada por lo que percibí como una traición a la patria, pues es evidente que Uribe sometió a Colombia al escarnio público solo para satisfacer un apetito político egoísta, el de hacer quedar mal al presidente Juan Manuel Santos ante el planeta entero.

“¡La puta madre que lo parió!”, exclamaba yo para mis adentros. Ofendido, no he de negarlo. Y entonces recordé –y entendí- el sentimiento de indignación de un Tano Pasman, fanático del River Plate argentino que se hizo inmortal la tarde que puteó a su equipo durante la transmisión de un partido de ida contra el Belgrano. Vean.

Si se me permite una segunda confesión –por no decir infidencia- la primera reacción de desagrado hacia mi columna provino de la asistente personal del director de El Espectador, don Fidel Cano, a quien ella se la pasó (casi escandalizada) y me dijo “espere que la está leyendo”. Y yo callado durante casi diez eternos minutos con el teléfono pegado al oído, en una escena cargada de emoción y suspenso, hasta que María Isabel dijo “espere ya se lo paso”. Y me lo pasó, y don Fidel en su salomónico dictamen dijo “no veo ningún problema en publicarla”.

¿Significaba eso que el eminentísimo director de El Espectador se convirtió de la noche a la mañana en otro comunista solapado como Juan Manuel Santos, de esos que quieren convertir a Bogotá en cabeza de playa del castrochavismo internacional? No señores, yo creo que no. Significa fue que leyó la columna completa, y así venció el rechazo que por supuesto provoca el título (entre comillas, ojo), y si no me pidió que lo cambiara fue porque comprendió que era el más adecuado para la columna. Léanla y se convencerán.

Esto es como cuando en Gargantúa y Pantagruel, un clásico de la literatura universal escrito por François Rabelais en 1530, un caballero corteja así a una dama:
- “Sabed, señora, que estoy tan enamorado de vos que no puedo mear ni cagar. Como comprenderéis, puede sobrevenirme una enfermedad y, ¿qué ocurriría entonces?
- ¡Idos, idos! –le responde ella. Eso a mí no me importa. Dejadme rezar.
Pero el tipo insiste, y llevado por el afán de su apetencia carnal le ruega a la airosa dama: ¡Dadme, por favor, vuestro paternóster!
- Y la dama le responde: Ah, tomadlo pues, y no me importunéis más.”

“Vuestro paternóster”, háganme el favor. En pleno apogeo de la Santa Inquisición Rabelais tuvo la temeraria osadía (blasfemia, en últimas) de comparar el Padre Nuestro con la vulva femenina… ¡y no pasó nada! Y ella se dejó convencer… y le dio el paternóster.

En el caso que nos ocupa, solo aspiro a vuestra compresión para que entendáis que cuando dije “me cago en la cara de Uribe” fue en sentido coloquial, como entre amigos, solo que uno de ellos se expresó en Sol sostenido mayor, ofendido.

Es como cuando los costeños exclaman ¡Eche no joda, ese man sí manda es cáscara! O como cuando los argentinos gritan ¡la puta madre que lo parió! O como cuando los españoles dicen encojonados ¡me cago en la hostia!

Pero bueno, eso ya quedó atrás. Hoy estamos en plan de borrón y cuenta nueva, así que si a alguien ofendí, me disculpo y me retracto. Tratemos de vivir en paz, hagamos un país donde quepamos todos.

Ah, y no dejen de suscribirse a mi canal. Y esperen mi segundo libro".

domingo, 13 de agosto de 2017

El secreto (descifrable) que Frechette se llevó a la tumba




En preparación de un libro que viene en camino, luego de varias semanas de insistencia logré que Myles Frechette, embajador de Estados Unidos durante el gobierno de Ernesto Samper, me concediera una entrevista el pasado viernes 31 de marzo. Hablamos durante casi cuatros horas en la recepción del Hyatt Bethesda de Washington, sobre todo del asesinato del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado, y nada me hizo pensar que tuviera una enfermedad terminal. (Ver entrevista).

Por el contrario, lo noté vigoroso y ágil de pensamiento, con algunas lagunas de memoria en ciertos nombres de colombianos, pero muy lúcido en sus planteamientos. Hoy pienso que si ya sabía que se acercaba su muerte, y si aceptó conceder la entrevista, fue porque había cosas que quería que se supieran, a sabiendas de que “hay secretos de Estado que no contaré”.

Una de las cosas que ocultó, fue la identidad del colombiano que una noche lo visitó en su residencia para preguntarle qué pensaría el gobierno de EE.UU. si se llevara a cabo un golpe contra Samper. Algo que, en la práctica, era como si le estuvieran pidiendo permiso para hacerlo.

Hay cosas que debo reservar para el libro en camino, pero resulta imposible sustraerse a la muerte de Myles Frechette sin dejar constancia de los esfuerzos que hice por tratar de sacarle quién fue ese misterioso personaje “de bastante influencia en Colombia”. Lean ustedes lo que aquí contó Frechette, a ver si con algo de espíritu detectivesco es posible llegar hasta su escondida identidad. Lo que sí afirmó sin subterfugios, es que era alguien que asistía a las tertulias que organizaba el humorista Jaime Garzón en su casa.

En su libro con Gerardo Reyes (Frechette se confiesa) usted cuenta que “llegó una persona distinguida de la sociedad colombiana y me dijo embajador, ¿cuál sería la reacción de Estados Unidos si hubiera un golpe contra Samper?”. ¿Cree usted que algún día sea posible saber quién fue esa persona… por ejemplo hoy?
Mire, a mí se me acercaban muchas personas, me preguntaban, me acechaban en cocteles, yo sabía lo que querían. Y yo les contestaba “EE UU no tiene nada que ver, nosotros no hacemos eso, olvídese, eso no tiene cabida, ni considerarlo”. Usted sabe, a los colombianos les encantan los chismes. Y el hecho de que hubiera llegado un montón de personas a hacerme la misma pregunta no era fundamento alguno para pensar que esa persona tenía alguna involucración o algún interés en un golpe de Estado. Es por eso que nunca he revelado quién fue, porque al revelarlo se puede disparar una marcha loca de acusaciones, y hacerle un grave daño a esa persona, quien por cierto era de bastante influencia en Colombia. Cuando esa persona vino a mi residencia, la admití porque era una persona muy importante. Me hizo la pregunta y le respondí “olvídese. Esos días de matar gente o de hacer golpes de Estado se acabaron”.

Pero a ver: el hecho de que usted cuente quién fue esa persona, no se traduce de inmediato en que quede señalada o acusada…
Yo sé muy bien cómo son los medios en Colombia. Ahí se va a disparar un corre-corre. Y no quiero hacerle daño a una persona que nunca me hizo daño a mí. Además, yo no tenía la menor sospecha de que tuviera algún interés en eso.

¿Esa persona era un civil o un militar?
Ah no, yo no hablé con militares. Yo como embajador tenía que tratar con el presidente y el ministro de Defensa, o con algún alto oficial jefe de la institución. Yo no hablaba mucho con gente del Ejército, ni en la Policía ni en la Armada. Lo mío era de gobierno a gobierno. No se lo voy a decir porque tengo un miedo tremendo, yo conozco a Colombia, claro, y lo que va a pasar es que va a haber una serie de acusaciones, que por qué esto y por qué lo otro. Y el pobre tipo se va a quedar diciendo “¿qué coños le hice yo al embajador Frechette para que fuera a soltar contra mí los perros?”.

¿Pero no será que al conocerse su nombre, esa misma persona puede ayudar a aclarar las cosas y llegar a la verdad?
Usted tiene que entender que yo tengo otro criterio. Podría ser, pero yo sé lo que realmente va a pasar. Eso podría propiciar una declaración de esa persona, sí, pero yo no quiero hacer ese tipo de daño en forma loca, como un carro desbocado.

¿Esa persona de la que me habla, usted considera que es alguien honorable…?
A ver: en términos colombianos, en política, muchas personas en EE UU podrían no ser personas honorables, pero en Colombia sí lo son. Gente de la alta sociedad, funcionarios, jefes de grandes compañías.

Correcto. Pero al menos permítame preguntarle si era políticamente contrario a Samper, o sea de la oposición.
Bueno, en las reuniones donde Jaime Garzón había mucha gente que hacía política contra Samper, y otras que eran más moderadas. Todos en la casa de Garzón hablando, relajándose, tomando trago, comiendo algo que nos había preparado la esposa de Garzón. Así que era una mezcla. Era una persona que yo conocí y que todo el mundo conoce, pero no hay razón para tirarle una piedra.

¿O sea que esa persona asistía a las reuniones donde Jaime Garzón…?
Sí señor.

Si es una persona honorable, sabrá dar las explicaciones del caso. ¿No le parece?
Yo viví cuatro años en Colombia y he visto personas que no han sabido defenderse, o que han sido acusadas por error. Uno no puede ir como embajador a un país y hacerle daño a una persona que no haya estado violando los acuerdos de Colombia con EEUU. Para ponerle un ejemplo: una persona que haya hecho chanchullo en asuntos financieros, bueno, de pronto. Pero no es una persona involucrada directamente en el narcotráfico. Yo no tenía ninguna razón para pensar mal. Claro, la gente que trabajaba en la embajada leía reportes de periódicos y me traían esas cosas…

O sea que si usted tuviera alguna sospecha de que esa persona que fue a consultarle tuviera algo que ver con algo indebido, ¿en ese caso sí revelaría su nombre?
Bueno, tendría que pensarlo bien. No quiero darle una respuesta a puertas abiertas. Pero yo lo hubiera pensado más, definitivamente. Una de las cosas que yo quería dejar muy claro en Colombia, era que los días de los golpes de Estado apoyados por EEUU, como fue el caso en Chile, se habían terminado. Ya no existía eso, el Congreso había hecho una gran investigación y todo eso había sido prohibido, incluso el asesinato de personas. Yo quería que la gente entendiera eso porque yo pensaba, caracho, yo conozco muy bien esta región. De repente la gente agarra a pensar como que aquí en Colombia EE UU tuvo el dedo metido, y yo no quiero que se piense eso.

¿En algún momento Álvaro Gómez le consultó sobre el tema, teniendo en cuenta que como usted mismo ha revelado, a él mismo le propusieron ese golpe de Estado?
No. Él nunca vino a verme a mi oficina ni a mi residencia. Lo veía en reuniones sociales y en esas reuniones todo el mundo se portaba muy bien.

¿Esa persona que lo fue a visitar… era del Partido Conservador?
No, no era de ningún partido en esa época.

¿Un empresario, entonces?
No, no, no. Era una persona que le interesaban todas esas cosas, pero no era miembro formal de ningún partido.

Deme su semblanza personal sobre Álvaro Gómez Hurtado
Álvaro era una persona muy de armas tomar en sus creencias políticas, como otros conservadores en Colombia, así que nunca hablamos mucho. Es decir, era un poco “no me toques, no me vayas a tiznar”.

¿Usted conoce a personas que hubieran ido a proponerle el golpe de Estado a Álvaro Gómez?
Lo que yo sé es que hubo militares que lo buscaron y le hicieron la pregunta. Yo no creo que fuera el tipo de persona que de entrada les hubiera dicho “absolutamente no”; les dijo “déjenme pensarlo”. Y creo que después de una cierta reflexión, él se dio cuenta de que por mucho que no le gustase Samper, él no haría eso. Y entonces les dijo a esas personas que habían ido a verle, que él no lo haría.

Una fuente colombiana de alto nivel me dijo que tiene información confiable según la cual a usted no fue a visitarlo una sola persona para consultarle lo del golpe, sino una comisión de conspiradores de alto nivel, y que entre ellos estaban Hernán Echavarría Olózaga, Enrique Gómez Hurtado y Juan Manuel Santos. ¿Se equivoca mi fuente?
Mentira total, eso no es cierto. La gente que me preguntó fue individualmente, y más o menos en secreto. Si estaba en una reunión social, por ejemplo, alguien me llevaba a un lugar apartado y allá me hacía la pregunta.

En el libro suyo con Reyes, cuando él le pregunta si cree que Samper estuvo involucrado en el asesinato de Gómez Hurtado, usted responde: “Samper puede ser muchas cosas pero no un asesino. Simplemente no le puedo decir por qué…”. Ahí, en ese “no le puedo decir por qué”, parecería que usted cometió un lapsus, como si se le hubiera soltado algo que no podía contar y hubiera tratado de corregirlo en el camino.
No es así. Ahí yo estaba diciendo la verdad.


martes, 8 de agosto de 2017

La batalla de Pienta y el orgullo santandereano herido




Colombia está tan desinformada en todos los aspectos que todavía se cree que la batalla definitiva de nuestra Independencia fue la de Boyacá, el 7 de agosto de 1819. Es cierto que fue allí donde el Libertador Simón Bolívar derrotó al ya diezmado ejército realista comandado por el coronel José María Barreiro, pero ello no habría sido posible si tres días antes unos 2.000 habitantes de Charalá (la mitad de su población total, excluyendo mujeres y niños) no hubieran corrido a cerrarles el paso en el puente sobre el río Pienta a los 1.800 soldados que llevaba el gobernador de la provincia del Socorro, Lucas González, para reforzar las tropas españolas.

Esos valientes charaleños se enfrentaron con palos, machetes, piedras, garrotes, agua caliente y hasta pescozones a soldados armados con bayonetas y copiosa munición, y el resultado final habla de 300 patriotas muertos, mientras que en la batalla de Boyacá solo se contabilizaron 23 pérdidas fatales y 53 heridos. Lo cierto es que de no haber sido por la feroz resistencia de los charaleños en la batalla de Pienta, la balanza militar se habría inclinado a favor del rey Fernando VII.

¿Por qué la mitad de la población charaleña actuó con un arrojo hasta cierto punto suicida? En parte ‘ardidos’ por el fusilamiento de María Antonia Santos Plata la semana anterior (28 de julio), y en parte porque ya anidaba en sus corazones la chispa del orgullo herido que se había encendido con el aplastamiento de la insurrección de Los Comuneros, en la que también jugó un activo papel otra santandereana de armas tomar, Manuela Beltrán, quien en rebeldía al Impuesto de Barlovento rompió el edicto al grito de ¡Viva el rey, muera el mal gobierno!, dando así origen a la rebelión comunera.

Fueron casi 20.000 los santandereanos ‘arrechos’ que marcharon hasta la capital del virreinato y lograron forzar la firma de un documento conocido como las Capitulaciones de Zipaquirá (no porque se hubieran rendido sino porque se dividió en capítulos), donde fueron aceptadas todas las demandas de los rebeldes, incluida la rebaja de impuestos y alcabalas. Fue por ello que regresaron complacidos a sus lugares de origen, pero días después la Real Audiencia ordenó apresar a su líder José Antonio Galán, a quien ahorcaron y luego desmembraron su cuerpo, cuyos pies, manos y cabeza fueron exhibidos en los pueblos más activos de la insurrección, a modo de escarmiento. (Ver macabra sentencia de muerte).


En este contexto, son dignas de evocación las palabras que pronunció Policarpa Salavarrieta de cara a sus verdugos, el 14 de noviembre de 1817: "¡Pueblo indolente! Cuán distinta sería vuestra suerte si conocieseis el precio de la libertad; ved que aunque mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. ¡Yo os compadezco, porque algún día tendréis más dignidad!".

El día de la dignidad aún no ha llegado, pero sus palabras pueden servir de referente para entender el verdadero significado, el gran peso histórico que tuvo la participación del bravo pueblo santandereano en las gestas libertadoras, el cual no ha sido debidamente reconocido, por una razón de fondo: porque la historia la escribieron en Santa Fe de Bogotá, donde residía y sigue residiendo un poder central del que, vaya paradoja, el presidente en ejercicio es descendiente directo de Antonia Santos…


Algo que muy poco se menciona en los anales de la historia, es que fueron más de 80 mil los socorranos, sangileños y veleños que perdieron la vida por la libertad, unos agotados y otros acalambrados en los páramos, hambrientos, desangrados o mutilados por las bayonetas españolas. Según el historiador Emilio Arenas, entre el Grito de Independencia del 20 de Julio de 1810, la Batalla de Boyacá del 7 de Agosto de 1819 y las ‘Guerras Magnas’ que se prolongaron por el subcontinente hasta 1825, en todas ellas participaron tantos santandereanos que, de la sola provincia del Socorro, murió el 90 por ciento de la población de jóvenes mayores de 15 años y adultos hombres.
 
Así las cosas, se les debe dar cabida y honrosa memoria histórica a pueblos de espíritu combativo ante las injusticias como Socorro, Vélez, Charalá, San Gil, Encino, Cincelada, Riachuelo, Mogotes, Onzaga, Puente Nacional, Matanza, Suratá, Coromoro, Ocamonte, Pinchote (donde nació Antonia Santos) y en general las provincias de Socorro, Vélez y Guanentá. Este último nombre proviene de la tribu Guane, que habitaba las escarpadas breñas del Cañón del Chicamocha. Los indígenas fueron sometidos a partir del año 1540, los repartieron en encomiendas y los obligaron a pagar tributo, luego de fallidas rebeliones. De una población cercana a los 100 mil guanes que había antes del descubrimiento de América, en 1560 quedaban 25.000 y para 1617 solo eran 3.000, de los cuales 800 trabajaban en las encomiendas.

Una pregunta obligada es si ese espíritu rebelde persiste, y aquí adquiere pertinencia recordar que Antonia Santos era guerrillera, sí, porque fue ella quien creó lo que se conoció como “la guerrilla de Coromoro y Cincelada”, la primera que se formó en la provincia de Socorro para luchar contra la invasión española y de la que su hermano, Fernando Santos Plata, fue uno de sus jefes. Hoy, por cierto, un batallón del Ejército lleva su nombre: el Antonia Santos número 7, de Apoyo y Servicios para el Combate.

Durante reciente conferencia sobre Construcción de paz que dictó en el colegio San Pedro Claver de Bucaramanga, al padre jesuita Francisco de Roux se le escuchó decir que una mayoría simple de los comandantes de la guerrilla ha sido de Santander, mientras que en porcentaje bastante más elevado la mayoría de comandantes de grupos paramilitares provino de Antioquia.

No se trata aquí de equiparar la ancestral rebeldía del santandereano con los grupos guerrilleros, ni la beligerancia del antioqueño a la inversa, pero sí pone las cosas en una perspectiva regional: no fue por casualidad que el Ejército de Liberación Nacional (ELN) tuvo su origen en Barrancabermeja, en el corazón del ardiente Magdalena Medio, ni que haya sido también allí a donde llegaron los grupos paramilitares comandados por el antioqueño Carlos Castaño… a exterminar a esas guerrillas.

Ambos pasados violentos van quedando atrás (Comuneros y subversión armada) al ritmo de la cada día más creciente reconciliación nacional, pero las cuentas deben ser claras: al César lo que es del César, y a Santander lo que le corresponde.


DE REMATE: Rodolfo Hernández y Horacio Serpa son dos santandereanos ilustres, cada uno con sus propios méritos, tras una larga vida de luchas. Lo que pierde toda sindéresis es que uno de ellos se esté dejando utilizar por el uribismo para armarle una ‘vendetta’ a su adversario político. 

martes, 1 de agosto de 2017

El engaño de la 'superación personal'




Son tres las modalidades mediante las cuales millones de personas son sometidas a engaño colectivo en la sociedad actual: la religión, la política y la ‘filosofía’ de la superación personal.

La más efectiva es la religión, pues hace esclavos felices. Le sigue la política, dañina cuando convierte en idiotas útiles a naciones enteras que actúan en seguimiento de una causa populista o caudillista, y solo hasta el final de un camino accidentado son conscientes de su equivocación. Para la muestra, tres botones: Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, Franco en España. Tres visiones ideológicas de extrema derecha que se impusieron a la brava, siempre bajo el influjo de dañinos y perversos liderazgos.

Pero los tiempos cambian… y lo que ahora se impone es una forma de engaño seductor, revestido de una autoridad supuestamente culta o literaria. Hablamos de la filosofía de la superación personal, que tiene a sus ‘consumidores’ encadenados como borregos a la lectura de libros escritos en lenguaje de fácil digestión donde enseñan fórmulas mágicas para alcanzar el éxito y hacerse millonario, fórmulas que paradójicamente hacen multimillonarios es a sus autores y a los editores que acuden ansiosos a publicarlos…

Tratado de la obviedad
La filosofía de la superación personal traslada la religión al Marketing, brindando lo mismo: una sensación pasajera de ‘bienestar espiritual’. Mediante la compra de productos con apariencia intelectual te dicen cosas obvias que asumes como verdad revelada, y te ponen a consumir cada vez más del mismo entretenido heno (o sea, paja). Con el paso de los días compruebas que tu situación sigue igual o peor, pero no importa, porque te tienen entretenido, y la distracción consiste en que te convencieron de que solo falta hacerle algunos correctivos a tu “actitud triunfadora” para salir de la olla en que te encuentras.

El más obvio de los filósofos de la superación personal es Paulo Coelho, quien dice obviedades que la gente confunde con genialidades, como “todas las batallas de la vida sirven para enseñarnos algo, inclusive aquellas que perdemos”. ¡Por supuesto! O “lo que ahoga a alguien no es caerse al río, sino mantenerse sumergido en él”. Eh Ave María, descubrió que el agua ahoga. ¿O qué tal esta?: “Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla”. Esto ya no es obviedad, sino mentira: es cierto que para conquistar una meta se requiere voluntad, pero nada te garantiza que solo con férrea voluntad alcanzarás el éxito. Es lo mismo que decir “Dios proveerá”, pues se traduce en que todo se resuelve con tener fe, para el caso de la religión fe en un ser supremo y para el de la superación personal fe en ti mismo.

La filosofía de la superación personal encarna también una ideología de derecha, pues parte de una actitud conformista, la del que cree que vivimos en el mejor de los mundos posibles y en tal medida al sistema no se le debe cambiar nada, solo hacerle ajustes. Dicho individuo se comporta como los ‘integrados’ de los que habló Humberto Eco, en oposición a los ‘apocalípticos’, o sea los que sí quieren cambiar el sistema por uno diferente, porque creen que vivimos en el peor de los mundos posibles. (Ver Los amos del apocalipsis).

Decía Carl Sagan que no puedes convencer a un creyente de nada diferente, porque sus creencias no están basadas en ninguna evidencia sino en una enraizada necesidad de creer. Igual aplica para quienes creyeron con fe ciega en un proyecto político que hoy sucumbe, pero sus seguidores parecen dispuestos a “incendiar el país” antes que admitir que les toquen a su cada día más cuestionado líder, a quien siguen con una devoción ciega, de algún modo emparentada con la religión. Equivocados de buena fe, pero equivocados.

Sea como fuere, no es eso lo que hoy nos ocupa, sino un engaño más universal: el de millones de almas confundidas a las que han hecho creer que quien fracasa en la sociedad del rendimiento individual se hace responsable a sí mismo, es el único culpable de sus errores. Su cerebro no está programado para que contemple la posibilidad de poner en duda a una sociedad que de pronto –ella sí- tiene parte de culpa en su fracaso, debido a una crisis sistémica estructural en la que siempre será inmensamente superior el número de personas que estrellan sus sueños contra el pavimento que el de quienes alcanzan el tan anhelado y sufrido éxito.

Lo preocupante es que han ido incorporando a niños y jóvenes a estos engranajes conformistas de producción de estados de conciencia ilusorios, revestidos de ‘genialidad’, con Internet como su motor de masificación y donde un solo youtuber, el chileno Germán Garmendia colapsó el año pasado la Feria Internacional del Libro de Bogotá con la presentación de su libro Chupa el perro.

¿Y qué es Chupa el perro? Un folletín de autoayuda que contribuye a integrar a los pelados y peladas a un esquema de pensamiento que de ningún modo contempla, como sí lo hacían los jóvenes de antes, cuestionar la sociedad donde nacieron. Son idiotas útiles de una masificación de gustos impuesta desde arriba, donde el tipo de ‘ideas’ que se maneja son como las que expone Garmendia en el libro citado: “para cumplir tus sueños, tienes que madrugar”; o “arriésgate a hacer lo que te gusta, no lo que la sociedad te impone”. ¡Brillante!

Niños, jóvenes y adultos permanecen sumergidos hasta el cuello en el hechizo de una oferta de contenidos que avanza a una velocidad alucinante, cada vez más superficial, cada vez más peligrosa. Les adormecen la conciencia, les atan a una silla virtual cargada de emociones pasajeras, una detrás de otra, a un ritmo endiablado, mientras les hacen creer que basta con tener actitud positiva para que lluevan “bendiciones” y se despeje el camino al éxito, pendejadas de esas.

A mediano plazo ensombrece el panorama un nuevo engaño, hacia la elección presidencial 2018: de la mano con las mismas fuerzas de apariencia religiosa que actuaron unidas por los días del plebiscito, hoy adiestradas para dar un nuevo zarpazo, tratarán de vendernos la oscuridad con cara de luz redentora.

DE REMATE: Nazismo alemán, fascismo italiano, franquismo español, uribismo colombiano, todos cortados por la misma tijera.

miércoles, 26 de julio de 2017

Alcalde de Bucaramanga, ¡no se haga el pingo!



La única promesa de campaña que ha cumplido fue cuando dijo 
que con el transporte pirata se iba a hacer el pingo, y en efecto se hizo el pingo.


Bien arrecha resultó la ventolera que armó en Santander el alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández Suárez, cuando habló de “derrotar a Serpa”. Con esa declaración despertó oleadas de simpatía, pues enarboló la bandera de su propia “lucha contra la politiquería y la corrupción”, hoy tan de moda. Pero conviene ponerle lupa a sus palabras para conocer las verdaderas intenciones de lo que, desde el reino de la posverdad, luce como un show mediático ‘libreteado’ desde las filas del uribismo.

Hernández señaló la corrupción únicamente en el Partido Liberal y la personificó sobre la figura de su máximo dirigente en Santander, Horacio Serpa. Esto de entrada es abusivo, pues actúa desde una instancia de poder administrativo, la alcaldía. Además, desconoce que la corrupción y las prácticas politiqueras son inherentes a todos los partidos políticos. Pero él sabe cuánto le aporta retar como rufián de barrio a su principal oponente en la arena política, lanzándole el guantazo a la cara para que él responda y se arme un zafarrancho tan tenaz como el que armó, en el que Serpa no solo ha quedado a la defensiva sino acorralado –y bastante golpeado, para qué negarlo- pues se le vinieron en gavilla.

En esa misma condición de rufián de barrio, Hernández sabe que la suya es una abierta intervención en política, adrede, a mansalva, prohibida por la ley, o sea que el reto se lo lanza también a la Procuraduría para que cumpla con su obligación constitucional y proceda, como corresponde, a la sanción administrativa o la destitución.

El alcalde de Bucaramanga está tratando de victimizarse a como dé lugar, es la realidad. Al final de su mandato no tendrá nada para mostrar en obras (él, que es ingeniero constructor…), pero se escudará en que los liberales le dejaron la ciudad en quiebra. Su más anhelada meta será entonces pasar a la historia como el mártir de la politiquería y la corrupción, o sea que lo peor que le puede ocurrir es que le toque terminar su período, porque al final se vería que no hizo nada.

En situación inversamente proporcional, el Partido Liberal sí tiene obras para mostrar, pero nada de esto cuenta porque Rodolfo Hernández habla desde el reino de la posverdad, asesorado por unos publicistas argentinos que le recomendaron la conveniencia de ‘patear el tablero’ y armar la de Dios es padre. En ese contexto uno se siente tentado a concederle la razón a Horacio Serpa en que se trataría de una práctica “criminal”, o al menos desestabilizadora, pues desafía al Estado al violar la ley y a continuación decir “a ver, si son tan machitos vengan por mí”.

Si de prácticas politiqueras se ha de hablar, no sobra recordar que todo el mundo creía que Hernández había llegado a la alcaldía catapultado por el voto de opinión, hasta el día en que él mismo le reconoció a Vanguardia Liberal que su promesa de campaña de construir 20.000 viviendas gratuitas –de las que repartió formularios- fue “para ganar votos, lógico. Para qué voy a decir que era para perder votos”. (Escuchar confesión).

Dije arriba que se trata de una actuación libreteada –y sobreactuada, valga la redundancia- y la afirmación se deja probar si seguimos el hilo de la trama hasta la Secretaría de Desarrollo Social, a cargo de un uribista de raca mandaca como Jorge Figueroa Clausen, tío de Manolo Azuero, quien ostenta el pomposo título de Jefe de Gobernanza, en la práctica un vicealcalde. Ese par de parientes (hoy hermanados en una lucha intestina familiar por una herencia que los enfrenta a Marval) constituyen el poder detrás del trono, y es ahí donde se hace posible identificar por dónde va el agua al molino: ellos son la cara visible de una estrategia orientada a imponer desde ya, con fuegos artificiales mediáticos, al sucesor de Rodolfo Hernández (¿acaso Manolo?), mientras que la cara invisible es la de los publicistas argentinos que con su ‘creatividad’ han logrado acorralar al Partido Liberal.

Hablando de liberales, aquí se presenta la primera debilidad de los opositores al alcalde, en parte porque se les nota ‘quedados’ en el manejo de las redes sociales (reciben palo y no saben responder), y en parte porque los concejales –junto al también liberal Contralor Jorge Gómez Villamizar- le montaron una ‘perseguidora’ a Hernández de la que salió fortalecido, por lo que ya se dijo: aprovechó el enfrentamiento para victimizarse y, en tal medida, revertir el tortazo contra ellos.

Sea como fuere, la única verdad verdadera es que Rodolfo Hernández no es el ‘antipolítico’ que hoy nos quieren vender sus maquilladores, primero porque su carrera política se inició como concejal de Piedecuesta (¡a nombre del Partido Liberal!) entre 1978 y 1980, según se aprecia en esta constancia. Y segundo, porque fue gracias a esa vinculación temprana con los politiqueros de las administraciones municipales del área metropolitana que pudo hacer su fortuna, comprando predios rurales que amigos suyos en los diferentes Concejos se los convertían en urbanos mediante la modificación del POT, para luego proceder a construir conjuntos residenciales de los que salía “plata para todos”.

Otra verdad sobre Rodolfo Hernández es que la única promesa de campaña que ha cumplido fue cuando dijo que con el transporte pirata se iba a hacer el pingo, y en efecto se hizo el pingo, y las consecuencias están a la vista: todas las empresas formales de transporte a punto de la quiebra, incluido el sistema Metrolínea. Sumado a lo anterior, ni cumplió la promesa de las 20.000 viviendas gratuitas que lo trepó a la Alcaldía, ni habrá de dejar ninguna ‘huella arquitectónica’ visible. Como quien dice, alcalde ni-ni.

Es por eso que después de 19 meses de posesionado, durante los cuales no ha hecho cosa diferente a portarse como un viejito gritón y cascarrabias, me siento en el legítimo derecho de decirle: Alcalde, ¡no se haga el pingo y póngase a trabajar!

lunes, 24 de julio de 2017

El violador de una niña que es amigo de Uribe




En columna de hace cuatro años preguntaba, con cierta timidez no exenta de temor: ¿Es Uribe un peligro para la sociedad? (Ver columna). Hoy no temo afirmarlo, y en tono de denuncia, porque su empeño de hacer invivible la República desde su cuenta de Twitter constituye el mayor peligro para los anhelos de reconciliación que vive Colombia, y responde a lo que María Jimena Duzán diagnosticó el domingo pasado: “el fin del conflicto con las Farc dejó a Uribe sin enemigo”. Es por ello que “ha decidido enfilar su furia contra los medios de comunicación, como lo hizo Donald Trump en la campaña presidencial que lo llevó al poder”. (Ver columna).

Uribe ha escalado el lenguaje de la confrontación, se defiende atacando. Ello obliga a sus críticos a subir el tono, y en río revuelto ganancia de pescadores: la estrategia consiste en encochinar a todo el mundo, para que no se note lo cochinos que están por igual él, sus secuaces y sus vasallos.

Hablando de cochinadas, la última consistió en acusar a Daniel Samper Ospina de ser un “violador de niños”. No se puede acusar al acusador de lo mismo, pero sí es llamativa la estrecha relación que el Centro Democrático sostiene con un verdadero violador de menores, más exactamente con alguien a quien la Corte Suprema de Justicia condenó a 42 meses de prisión por el delito de “acceso carnal violento agravado”.

Se trata de Jorge Luis Henao Arango, a quien el requete-uribista Fernando Londoño presenta en La Hora de la Verdad como vicepresidente del Comité Municipal del Centro Democrático de Buga (ver foto), y según los bugueños es el que maneja los hilos de ese partido. Allá se le ve en fotos con Carlos Holmes Trujillo, con José Obdulio Gaviria o con el mismísimo expresidente Uribe, y cuesta creer que no son amigos si aparece abrazándolo, lo cual indicaría un nivel de amistad o confianza entre ambos, pues una cosa es tomarse una foto a su lado y otra es que Uribe se deje abrazar.

Sea como fuere, resulta inconcebible que antes de ser vinculado al uribismo nadie del Centro Democrático conociera sus antecedentes, que incluyen además de la violación (“en la madrugada del 25 de diciembre de 1989 de la empleada del servicio doméstico Luz Adriana Aristizábal, de 13 años de edad”) una condena a 120 meses de cárcel en Panamá por narcotráfico, según denunció Ramiro Bejarano en columna para El Espectador. (Ver columna).

Pero ténganse de atrás: tan demoledora revelación no hizo siquiera pestañear a Henao, ni a su partido ni a la opinión pública, y esto también demostraría que el hombre está muy bien ‘protegido’. Lo cierto es que mientras su entronque con la alcaldía de Buga se mantuvo intacto, Daniel Samper Ospina fue salvajemente atacado por las hordas de matones virtuales que desató Uribe con su acusación infame, trayendo el amargo recuerdo de Jaime Garzón, asesinado por las balas de quienes pensaban sobre su víctima lo mismo que hoy piensa Uribe sobre el humorista bogotano. A Garzón lo mataron, con Samper Ospina va en su asesinato moral.

Y como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, también de Buga llega la noticia de un candidato al Concejo (adivinen por cuál partido… exacto, el Centro Democrático), Ricardo Buitrago Osorio, encarcelado en 2015 por los delitos de acto sexual abusivo y acceso carnal violento con menor de 14 años, violación que según la denunciante ocurrió dentro de una iglesia cristiana al finalizar el ‘culto’. (Ver noticia).

Pero no perdamos la atención sobre el primer violador de menores, Jorge Luis Arango, cuyo caso se ajusta a lo que comenté en columna anterior sobre Yidis Medina: una clara manifestación de la cultura ‘traqueta’ que se impuso desde el gobierno Uribe, consistente en la notoriedad que  adquieren ciertos personajes condenados por la justicia, tipo alias Popeye o el mismo Fernando Londoño, más conocido como ‘el Héroe de Invercolsa’.

En consonancia con lo anterior, según Ramiro Bejarano “la estrategia de los mafiosos aliados con políticos no es nueva. Por ejemplo, en Buga el exalcalde John Harold Suárez Vargas y el actual, Julián Latorre, en vez de responder ante la ciudadanía por la corrupción que los agobia, han empoderado a un individuo de precaria reputación” (Jorge Luis Henao), a quien Bejarano muestra como “un ostentoso directivo del Centro Democrático y próspero constructor de una urbanización que ya mis paisanos bugueños, burleteros con el apunte oportuno, la denominan “Villa Coca”.

Lo sorprendente es que la cercanía de Henao se da no solo con lo más granado del uribismo, sino también con el ‘zarrapastroso’ Angelino Garzón (hoy reacomodado en las filas del CD) y con el subdirector de la Policía, general Ricardo Alberto Restrepo, de quien es amigo suyo desde cuando fue comandante de la Policía en el Valle. Bejarano tiene razón cuando afirma que “produce no solo desconcierto, sino miedo, que el comandante de la Policía de un departamento ande con personas que han sido condenadas penalmente”, y por dos delitos de peso mayor: narcotráfico y violación de menores. Desconcertante, sin duda, pues a cualquier oficial de la Policía le basta con introducir la cédula de cualquier persona en una base de datos para conocer en cosa de segundos todo su prontuario…

Lo más desconcertante de todos modos no es eso, sino constatar que mientras no es posible probar que Samper Ospina sea un violador de menores, Álvaro Uribe sí sigue manteniendo relaciones cercanas –e inalteradas- con un verdadero estuprador, a quien además ha ayudado a impulsarle su carrera política y sus negocios. Baste saber que Henao preside el Comité de Ganaderos, es el principal beneficiado en las licitaciones de construcciones de vivienda y tiene a toda su familia, incluidos su esposa y amigos de ella, trabajando en la alcaldía de Buga.

Por cierto, ¿sería acaso por tratarse de una simple muchacha del servicio que la condena al violador fue de solo 42 meses? Y sin cambiar de tema: ¿será posible que el Centro Democrático asuma ahí su responsabilidad política? Mejor dicho: ¿el país le permitirá a Uribe pasar de agache frente a tan delicado tema…?

DE REMATE: Daniel Samper Ospina y Antonio Caballero han dicho que no le tienen miedo al expresidente Uribe, pero no nos digamos mentiras: el complique está en el día que nos crucemos con alguien que quiera hacerle el favor a su patrón de sacarlo a uno del camino.

lunes, 17 de julio de 2017

Debemos silenciar a Uribe




Cada vez con mayor frecuencia se escucha que Colombia es un país enfermo, y los variados síntomas que presenta dan para pensar que el diagnóstico es acertado. Uno de esos síntomas reside en la ominosa eventualidad –o inminente peligro- de que el próximo Presidente de la República sea “el que escoja” un tipo que tiene a un hermano preso por matar gente. Hablamos por supuesto de Santiago Uribe Vélez, acusado de comandar un grupo paramilitar conocido como Los 12 apóstoles, y de quien según el director de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, “la acusación (contra él) contiene pruebas y argumentos serios”. (Ver trino).

Es cierto que no existen los delitos de sangre, y el tema me atañe bajo el precedente de un Ernesto Yamhure que me ha señalado de ser “hermano de un peligroso narcotraficante”. Pero una cosa es ser víctima –en cuanto a prestigio familiar menoscabado- de un pariente que cayó en la tentación de un dinero fácil y pagó su culpa hace muchos años, y otra es haber estado rodeado la mayor parte de su vida con personas envueltas en líos con la justicia, comenzando por un hermano acusado de “concierto para delinquir y homicidio agravado” sobre 164 víctimas, según la calificación de mérito de la Fiscalía.

Está además su ‘parcero’ primo Mario, con quien creó el partido Colombia Democrática que lo condujo a la Presidencia, condenado a 90 meses de cárcel por haberse hecho elegir senador en alianza con autodefensas de Córdoba y Antioquia que le aportaron cuantiosas votaciones en municipios donde nunca estuvo; y luego una sobrina y una cuñada también capturadas, para hablar solo de los que están presos y no meternos con el súbito enriquecimiento de sus hijos después de haber comprado unos lotes en Mosquera que por arte de magia terminaron convertidos en Zonas Francas, justo cuando su padre era el todopoderoso Presidente de Colombia.

Ya salidos del círculo parental, debería pesarle a Uribe como piano a la espalda la casi interminable lista de delincuentes que llamó a trabajar con él, desde un círculo tan cercano como su primer director del DAS, un Jorge Noguera condenado a 25 años por facilitar la muerte del académico Alfredo Correa D’Andreis, continuando con sus dos consecutivos jefes de Seguridad, Mauricio Santoyo y Flavio Buitrago presos por narcotráfico y paramilitarismo, pasando por un Salvador Arana con 40 años de cárcel por homicidio y a quien Uribe quiso proteger con un cargo diplomático en Chile, hasta un Álvaro ‘el Gordo’ García determinador de la masacre de Macayepo (40 años de prisión), y rematando en un ‘alias Job’ recibido en el Palacio de ‘Nari’ para armar un plan contra la Corte Suprema con entrada subrepticia por el parqueadero, providencialmente –para Uribe- silenciado dos meses después mientras almorzaba en un restaurante de Medellín.

Ante tan nutrido ramillete de delincuentes convertidos en aliados suyos, lo primero que surge preguntarse es por qué en Colombia hay tanta gente convencida de que un tipo que ha estado rodeado de tantos pillos… es diferente a ellos.

En alguna ocasión el caricaturista Matador definió a Uribe como el tumor de Juan Manuel Santos, con el agravante de que el tumor no mata al paciente, pero no existe medicina que logre erradicarlo. Llegó ahí, para quedarse. (Ver tumor). Es hora de entender que el tumor ha hecho metástasis al país entero, y los directores de los principales medios de comunicación parecen haber comenzado a ‘pellizcarse’ sobra la catadura del personaje, a raíz de la infame calumnia que profirió contra Daniel Samper Ospina al tildarlo de “violador de niños”.

En respuesta, más de 60 reconocidos periodistas y directores de medios han dicho que “es tiempo de que el expresidente esté a la altura del enorme poder del que ha venido abusando sin mayores consecuencias”, y rematan pidiéndole “al calumniador que se detenga” (Ver carta).

Sana preocupación, en coyuntura que debería ser aprovechada con sentido autocrítico para que esos mismos periodistas por fin sean conscientes de su irresponsabilidad cuando reproducen cuanta barrabasada se le ocurre espetar al exmandatario, dándole así nutrido abono de crecimiento a sus odios, falacias, engaños y mentiras. Lo que hoy plasman en esa carta es, el reconocimiento del refrán “cría cuervos y te sacarán los ojos”.

Se requiere entonces que periodistas, medios y opinión pública sensata comencemos a silenciarlo, pero no del modo en que una mano negra ‘silenció’ a un alias Job, a un Pedro Juan Moreno o a un Francisco Villalba, sino aplicándole el filtro de la duda tanto a sus declaraciones públicas como a todo trino que salga de su infestada cuenta de Twitter.

Lo cierto es que esa acusación no fue producto de una súbita ofuscación ante una supuesta ofensa, sino una jugada calculada con alevosía y premeditación, pues detrás apareció un ejército de troles matoneando con unos mensajes privados entre Daniel y su colega Julio Sánchez Cristo. El resultado final fue que el periodista terminó acusado de haber publicado “pornografía infantil”, por cuenta de unas fotos de la revista Soho en torno a las cuales la modelo de las mismas despejó cualquier duda. (Ver aclaración). Sea como fuere, la estrategia de Uribe es clara: echarles agua sucia a sus críticos para distraer la atención sobre los señalamientos que le hacen.

Esteban Carlos Mejía dijo en su última columna que Uribe “encarna lo más ruin, nauseabundo y siniestro de la “raza antioqueña”, y el problema de fondo es que los medios no parecen advertir que es así, que esa es su ralea. Estamos ante un sujeto 'bajo sospecha' en los más variados frentes, desde las licencias para pistas y avionetas de Pablo Escobar siendo director de Aerocivil, pasando por haber nombrado en el mismo cargo al mafioso César Villegas (también ‘silenciado’ y a quien se refirió Myles Frechette en reciente entrevista), llegando hasta el extraño accidente de su amigo Pedro Juan Moreno, quien según el general Rito Alejo del Río “fue asesinado”. (Ver noticia).

Toda crisis traduce oportunidad, y esta parece la ideal para que los medios mediten con espíritu autocrítico en el papel que hasta hoy han jugado como catapultas del prestigio de un ser tan repulsivo, tóxico, dañino y disociador como Álvaro Uribe Vélez, a toda hora relacionado con delincuentes o envuelto en prácticas delictivas, y hoy empeñado en acabar a como dé lugar con la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) para que nunca se sepa la verdad sobre los incontables crímenes cuya autoría real aún reclaman las víctimas.

DE REMATE: “Esta semana tuve la oportunidad de cargar a Amapola. Me puse a pensar y me dije cuál mano le pongo: la dura o la blandita”. Esta frase, pronunciada al presentar a Paloma Valencia durante la convención del Centro Democrático, también puede ser interpretada en el sentido “morboso” que le quieren dar a un mensaje privado entre @jsanchezcristo y @DanielSamperO.


lunes, 10 de julio de 2017

Abelardo de la Espriella le dispara a mi escopeta


El pasado 15 de junio recibí en mi correo una carta con membrete de la firma De la Espriella Lawyers Enterprise donde su dueño y representante legal, el abogado Abelardo de la Espriella, se refería a una columna mía titulada Ante la cagada de Uribe en Atenas. Allí, en referencia a Losirreverentes.com de Ernesto Yamhure, dije que “es una página sin dirección conocida ni responsable legal, dedicada a calumniar y denigrar de todo lo que no sea uribista. Se dice que es financiada por Abelardo de la Espriella y cuenta con su orientación ‘informativa’, la cual comparte con Iván Cancino y José Obdulio Gaviria (primo hermano de Pablo Escobar, el más sanguinario asesino en la historia de Colombia), los tres tan tóxicos y disociadores como el individuo que escondido detrás de su máscara virtual reparte basura mediática a diestra y siniestra”. (Ver carta).

El abogado en mención comenzó afirmando en tonito despectivo que “es la primera vez que leo una columna de su autoría, pues de usted no tengo referencia alguna”, para pasar luego a ‘disparar’ su advertencia: “debo conminarlo a que en el término de la distancia haga la respectiva rectificación, pues me imputa usted la comisión del delito de calumnia”. Dijo que lo califiqué de “calumniador”, razón por la cual manifestó darme “la oportunidad para que, en el mismo espacio, con la misma difusión y en el mismo medio, se retracte de ese señalamiento temerario”, so pena de verse “en la obligación” de formular la respectiva denuncia penal.

Lo primero que pensé –tras la ‘obligada’ carcajada que me provocó la lectura de su ucase- es que el hombre debía andar muy desocupado para fijarse en alguien de quien no tenía “referencia alguna”, sobre todo porque yo no lograba ver en qué lo había calumniado, siendo que lo de “calumniar y denigrar” versó sobre la página de Yamhure, no sobre el agresivo abogado de marras, quien al parecer ignora el principio constitucional de que la opinión es libre.

La perla que habría de completar el collar de sus incoherencias se dio cuando al mejor estilo del Chavo del Ocho –o sea, sin  querer queriendo- en el último párrafo parece concederme la razón sobre la financiación de Los Irreverentes, cuando dice que “en mi criterio, aquel es un estupendo portal que se ha ganado un importante espacio (…) por reivindicar verdades que nadie dice e incluir las opiniones que son desoídas en nuestro país. Soy amigo de su director, Ernesto Yamhure, y tenga la certeza de que el día que él me lo solicite estaré muy complacido en aportarle económicamente a ese proyecto…”.

A primera vista se nota que De la Espriella defiende a un calumniador, y hay cómo probar que Yamhure lo es, por ejemplo cuando acusa al exmagistrado Iván Velásquez de estar “señalado de haber cometido un homicidio en Guatemala”, o cuando me sindica de ser “hermano de un peligroso narcotraficante”. (Ver artículo).

Ya repuesto del ataque de risa por la ‘carta-bomba’, en un principio pensé en llamar al famoso picapleitos con el noble propósito de hacerle caer en cuenta de su disparate, e incluso proponerle que fuera mi apoderado en la confección de una denuncia penal contra el citado Yamhure, ahí sí por injuria y calumnia, pero luego medité en que debido a la estrecha amistad que los une, podría declararse impedido...

Ahora bien, alcancé a dilucidar que el remitente quizá esperaba que yo me defendiera de su ‘amenaza’ dedicándole mi siguiente columna, para así ganar indulgencias ante su patrón Álvaro Uribe, por lo que preferí guardar silencio y ni siquiera responder a lo que tomé como un calculado aspaviento. Pero cuál no sería mi sorpresa cuando el pasado 29 de junio recibí, ya no por correo electrónico sino vía Whatsapp (asedio multipolar, mejor dicho), la primera página de la denuncia que entabló contra mí en compañía de su colega Iván Cancino, por los delitos de “calumnia indirecta e injuria directa agravadas”, basado en los flojos argumentos que ya cité y en que “la solicitud de rectificación jamás fue respondida por el periodista”. (Ver denuncia).

A esa altura del partido consideré conveniente consultar con mi abogado, quien luego de conocer los pormenores de tan disparatada situación tampoco pudo contener la risa, y a continuación me sugirió responderles que “con base en el documento que ustedes mandan, procederé a entablar denuncio penal por falsa denuncia y fraude procesal”.

No sobra advertir que estamos ante un caso en que los pájaros les disparan a las escopetas, pues lo que pretende don Abelardo en contubernio con su compinche Iván Cancino (columnista de Los Irreverentes, por cierto), se enmarca en el talante de rufián de barrio que identifica a todo uribista ‘pura sangre’. Esto constituye sin duda un abuso contra un ‘humilde’ columnista, pues pretenden intimidarme valiéndose del poder que tienen como abogados penalistas, con la clara intención de acallar una opinión contraria a la suya.

Hablando de acallar, la confirmación del espíritu violento y atrabiliario de De la Espriella está en su columna del domingo pasado para El Heraldo, titulada Muerte al tirano, donde sin ruborizarse propone asesinar al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y lo justifica diciendo que “no se trataría de un asesinato común, sino de un acto patriótico”. Es aquí cuando me pregunto si en lugar de ir preparando mi defensa… ¿no debería más bien solicitar un esquema de seguridad con escoltas y carro blindado?

Sea como fuere, es aquí también donde se entiende a qué quiso referirse cuando dijo que “la ética nada tiene que ver con el derecho”, y es a su vez lo que lo hace a uno sentirse ‘obligado’ a responderle que lo que no me mata… me fortalece. Y mientras más bravo el toro, mejor la faena.

Mejor dicho, señor de la Espriella, como decía Jaime Garzón: ¡coja oficio!

DE REMATE: El Partido Liberal debe dejarse de pendejadas, o sea de precandidaturas de medio pelo como la del imberbe neoderechista Juan Manuel Galán, y a la cabeza de Humberto de la Calle impulsar desde ya una amplia coalición de centro-izquierda en defensa de la paz.

lunes, 3 de julio de 2017

Centro Andino: crónica de otro montaje anunciado


Más dudas que certezas rodean la captura de los nueve presuntos miembros del Movimiento Revolucionario del Pueblo –MRP- supuestamente culpables del bombazo contra el Centro Andino que produjo la muerte de tres mujeres el pasado 17 de junio e hizo que pasara a tercer plano un acontecimiento histórico tan importante como la dejación definitiva de las armas por parte de las Farc.

La duda principal reside en una paradoja, pues se trata de un atentado en apariencia organizado y ejecutado por gente de extrema izquierda, pero que beneficia los intereses políticos de la extrema derecha.

Es cuando vienen a la memoria algunos ‘falsos positivos’ judiciales de circunstancias inquietantemente similares, como el asesinato de Gloria Lara en 1982 atribuido a la Organización Revolucionaria Popular –ORP- (solo cambia una letra con MRP), o las falsas capturas tras los asesinatos de Luis Carlos Galán y Jaime Garzón, realizadas con el propósito específico de desviar la investigación, como habría de comprobarse con el paso del tiempo.

Conviene fijar la atención sobre todo en el asesinato de Gloria Lara, ocurrido en momentos en que el gobierno de Belisario Betancur adelantaba unas negociaciones con el M-19 a las que se oponía con no disimulada furia el estamento militar, y cuyo objetivo habría sido –según documentado artículo de Las 2 Orillas- “mostrar al país que la izquierda era cruel y asesina y no digna de un proceso de paz”. (Ver artículo).

La principal similitud con lo del Centro Andino reside en que la ORP en efecto existió, como movimiento político de tendencia maoísta ligado a reivindicaciones campesinas, aunque al momento del secuestro de Lara se encontraba desactivado debido a contradicciones internas, pero ello no fue obstáculo para que a algunos de sus miembros se les hiciera ver como los culpables mediante la “siembra” de pruebas que condujeron a su captura. Luego habría de demostrarse que para el 'operativo' recurrieron a una banda de delincuentes comunes, la misma que secuestró al funcionario de la Texaco Kenneth Bishop, y cuya autoría también fue atribuida a la ORP.

En el caso de las capturas por lo del Centro Andino, la Fiscalía y la Policía han usado la palabra “trazabilidad” para señalar diversas culpas sobre los capturados, pero esa misma trazabilidad llevaría a pensar que se trata de un montaje donde se repite un modus operandi que ya ha sido escenificado, y con macabro éxito.

Lo cierto es que esos sospechosos han sido sometidos a un linchamiento mediático mediante la filtración selectiva de supuestas pruebas a diferentes medios de comunicación, en lo que luce como un plan orquestado por una mano negra interesada en que el país entero los ‘juzgue’ antes de ser llevados a la justicia ordinaria, y sin que hasta el momento sepamos si los que filtran la información pudieran ser un tentáculo más de la misma poderosa y verdadera mano negra que estaría detrás del atentado.

Porque es que, no nos digamos mentiras, resulta descabellado creer que un grupo de jóvenes abogados y ‘revoltosos’ de izquierda, a los que la revista Semana llama “inadaptados extremistas”, pudiera contar con la sofisticación logística y operativa requerida no solo para cometer un atentado en un sitio tan neurálgico, sino para desconocer el aprovechamiento político que de ello habrían de obtener los opositores al gobierno de Juan Manuel Santos, en la medida en que “siembra” contundentes dudas sobre el proceso de paz que se adelanta con el ELN, al cual se le adjudica de carambola el bombazo contra el Centro Andino, puesto que se señala al MRP como una célula de milicianos radicales pertenecientes a esa agrupación subversiva.

De acuerdo con la información suministrada por la Fiscalía (pero no a la jueza de control de garantías sino a Semana en artículo titulado Las comprometedoras pruebas del atentado al Centro Andino), a los capturados se les venía haciendo un detallado seguimiento desde meses atrás, que incluyó saber de “una extraña búsqueda de planos y geolocalizaciones específicas (…) cerca del Centro Andino”. Es entonces cuando el espectador capcioso se pregunta por qué no fue posible que los organismos de seguridad hubieran evitado el atentado, pero sí que hubieran capturado a los supuestos terroristas con sorprendente facilidad unos días después. (Ver artículo).

En todo conflicto librado entre hombres ‘guerreros’, poca importancia reviste cuando las víctimas colaterales son mujeres. Esta es otra coincidencia entre el asesinato de Gloria y las tres víctimas del Centro Andino. Y el bombazo en un baño femenino apunta directamente a culpar a los presuntos autores de otros estallidos dentro de baños en meses anteriores. En apariencia, todo fríamente calculado.

Sea como fuere, convendría que se supiera qué hay de cierto en que por misteriosa coincidencia el día del atentado no estaban funcionando las cámaras del Centro Andino, y que ese habría sido el motivo por el cual los organismos de seguridad entregaron a la opinión pública retratos hablados de dos de los supuestos implicados, cuya fisonomía en nada coincide con ninguno de los capturados, como lo advirtió el abogado penalista Ramiro Bejarano en este trino. ¿Y por qué quedó en el olvido la declaración de la esposa de Richard Emblin, director del periódico City Paper, según la cual cuando ella iba saliendo del baño donde luego explotó la bomba, se encontró con un hombre en su interior, a quien le peleó y le preguntó qué hacía allí? (Ver noticia).

Convendría que a la par con el despliegue que tuvo el linchamiento mediático, se le diera la misma divulgación al comunicado expedido por la Fundación Defensa de Inocentes, presidida por Sigifredo López, donde quedan en evidencia las falacias publicadas por Semana (“asaltada en su buena fe”) y se demuestra que la intención de quienes filtraron esa información “es la de construir un proceso paralelo al judicial ante un medio de comunicación, con el único objetivo de presentar a los jóvenes imputados como responsables del atentado terrorista”. (Ver comunicado).

Está además la carta que la parlamentaria alemana Heike Hänsel, Presidente de la Subcomisión para Naciones Unidas, Organizaciones Internacionales y Globalización, le dirigió al fiscal Néstor Humberto Martínez, donde le pide “que cesen las acusaciones y los señalamientos anticipados y se garantice el debido proceso en el contexto de una investigación seria y responsable”. (Ver carta).

No somos los periodistas ni los editores ni los directores –sobre quienes recae la mayor responsabilidad- los llamados a absolver o culpar a unos u otros, extrema izquierda o extrema derecha. De eso deben encargarse los jueces, no los medios a los que se les ha convertido en idiotas útiles de la propagación de una sola versión de los hechos, la que sirve a los intereses de aquellos que en incontables ocasiones han recurrido a ‘falsos positivos’ judiciales o militares para torcer el rumbo de las investigaciones al amaño –y al tapujo- de los verdaderos culpables.

DE REMATE: No entiendo: ¿Por qué tanta gente en Colombia está tan convencida de que un tipo que toda su vida ha estado rodeado de tantos pillos... no es un pillo?