domingo, 10 de diciembre de 2017

Balance 2017: una noticia buena, otra mala y...




Hacer un balance político del año que termina, comienza por dos cosas: señalar como grave error de El Tiempo haber escogido al fiscal Néstor Humberto Martínez como el Personaje del 2017, y nominar a la Jurisdicción Especial de Paz (JEP) como la Víctima del Año.

Lo de El Tiempo clasifica como un tiro en el pie que se dio su dueño, Luis Carlos Sarmiento Angulo, pues Martínez Neira fue miembro de la junta directiva de El Tiempo (ver aquí) y asesor legal del Grupo AVAL en muy importantes negocios, razón por la cual se le conocía como "el hombre de Sarmiento". Sumado a que el banquero es uno de los socios del contrato de la Ruta del Sol 2 por medio de la sociedad Episol, filial de Corficolombiana, con una participación del 33 por ciento.

Lo de hombre del año se percibe entonces como la retribución a un favor, pues le sirvió a Sarmiento para que, pese a haber sido su abogado, Martínez no se declarara impedido frente a Odebrecht y terminara sacándolo limpio de semejante enredo. Según el columnista Alberto Donadío, “NHM desde el cargo de fiscal general siguió obrando como abogado del hombre más rico del país”. (Ver columna). Así las cosas, El Tiempo comienza 2018 herido en su credibilidad, y la credibilidad es el más importante ‘activo’ que posee un medio de comunicación.

Queda herido también –y de muerte- el tribunal de justicia acordado en La Habana como parte sustancial del Acuerdo y definido como Jurisdicción Especial de la Paz (JEP), el cual debía dedicarse a “investigar, esclarecer, perseguir, juzgar y sancionar las graves violaciones a los derechos humanos y las graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) que tuvieron lugar en el contexto y en razón del conflicto armado”.

Al finalizar 2017 la JEP termina violada, pisoteada y desmembrada por una clase política egoísta y mezquina que decretó absurdas inhabilidades para sus magistrados, y desfigurada por una Corte Constitucional que eximió de juzgamiento a los empresarios, ganaderos o industriales que patrocinaron grupos paramilitares, hoy llamados “terceros”. Nombre por cierto tan eufemístico como el de ‘falsos positivos’ para la máquina genocida de muerte que desató por todo el país el régimen de la Seguridad Democrática de Álvaro Uribe contra los miles de jóvenes que “no estaban recogiendo café”.

Continuando con el balance del año, arranca en situación deficitaria la campaña del Centro Democrático a la Presidencia con la postulación oficial de Iván Duque como su candidato. El saldo de la jornada es una profunda división interna, en la que muchos ven a Duque como un santista infiltrado (“comunista”, según Ricardo Puentes).

Uribe logró convertir en show mediático semanal la escogencia de su candidato, pero no es pensar con el deseo si decimos que se está quedando cada vez más solo, y parte de la prueba es el ‘trasteo’ de miles de votos de la Misión Carismática Internacional a las toldas de Cambio Radical. Mi impresión personal es que Uribe no confía en Duque, y podría terminar por 'sacrificarlo' en aras de fortalecer su alianza con Alejandro Ordóñez y Marta Lucía Ramírez. En tal dirección es previsible que se inicie una feroz campaña de propaganda negra contra Duque, fabricada en las cañerías de ese mismo partido y tendiente a forzar la escogencia de un candidato de coalición diferente a este.

Cambiando de tema –aunque no del todo- resulta bien llamativo ver cómo Germán Vargas le compite a Uribe en su propio terreno, se apropia del discurso uribista (hasta de sus tácticas de guerra sucia) y acapara caciques políticos por todo el país, convencidos estos de que cobijados bajo su manto protector no corren el riesgo de ser ‘tocados’ por la vara justiciera de su leal aliado el fiscal Néstor Humberto Martínez…


De otro lado, comienza 2018 con la nominación definitiva de Sergio Fajardo como el candidato de la alianza integrada por el Polo Democrático, Alianza Verde y Compromiso Ciudadano. Se abre así la puerta hacia una eventual coalición de centro-izquierda, a la que muy posiblemente se integre Humberto de la Calle, sometiéndose con Fajardo a una consulta el 11 de marzo, de la que saldría la fórmula Presi-Vice. Lo ideal sería que Gustavo Petro también logre integrarse, en cuyo caso se ganaría en primera vuelta. El problema de fondo es que cada uno se cree con la fuerza electoral requerida para pasar a la segunda vuelta y… he ahí el peligro. Sea como fuere, a Petro le corresponde entender que en la coyuntura actual él no es el más indicado para encabezar una coalición, por el grado de polarización que su nombre provoca. Y solo, no va a ningún Pereira.

En conclusión, mientras el 2016 terminó con la azarosa noticia del triunfo del NO que hizo avizorar un 2017 cargado de nubes negras (y las hubo por montón), el balance anual de P&G nos arroja una noticia buena y otra mala.

La mala: lo despedazada, violada, descuartizada y desmembrada que quedó la JEP para identificar a los culpables de crímenes de guerra en todos los bandos. Si esto no se endereza no será posible alcanzar una verdadera paz, pues la reconciliación de los espíritus solo se puede cimentar sobre el conocimiento de la verdad y el consiguiente perdón. Sin verdad, ¿cómo puede haber perdón?

La buena: si la lógica de las encuestas de fin de año se mantiene y no surge la clase de imprevistos a los que cierta ‘mano negra’ suele acudir para enderezar las cosas a su favor, en 2018 tendremos un presidente diferente a los peligrosos Germán Vargas Lleras o “el que elija Uribe”.

DE REMATE: El mismo día que El Tiempo eligió al fiscal Martínez Neira, El Espectador escogió como personaje del año a “Los silenciados (más de un centenar de líderes sociales asesinados en 2017) y los que resisten”. Es la diferencia que existe entre usar un medio de comunicación para promover las relaciones públicas de su dueño… y practicar un periodismo ético en defensa de seres humanos inermes, indefensos, desprotegidos por el Estado”. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

¡Qué miedo! Clarividente profetiza que Timochenko será Presidente


Foto tomada de Semana.com
El título amarillista de esta columna es intencional. Tiene el propósito de denunciar cómo las tácticas de propaganda negra que se aplicaron con éxito durante los días previos al plebiscito ya no son exclusividad de las fuerzas de extrema derecha agrupadas en torno al senador Álvaro Uribe, pues han comenzado a ser implementadas también por la campaña de Germán Vargas Lleras. 

Unos y otros han descubierto la ventaja estratégica de inundar los medios y las redes sociales con noticias falsas, marrullas, calumnias, engaños y siembra de temores colectivos que confunden al elector y lo fuerzan a tomar medidas radicales, favorables a los mismos creadores de esa confusión.

Ya es conocido el video de Cambio Radical donde imposibilitados por vergüenza propia de ofrecer lucha contra los corruptos, arremeten contra las Farc sobre una mesa de billar. De factura más reciente –y objeto de esta denuncia- es la actuación libreteada de una supuesta clarividente en el programa matutino Primera Hora de Canal 1, conducido por Silvia Corzo e Iván Lalinde, el pasado miércoles 29 de noviembre en horas de la mañana, audiencia amas de casa.

Digo supuesta clarividente porque basta escucharle su reducida capacidad de expresión verbal y la pobreza de su puesta en escena con un mazo de deslucidos naipes para constatar que se está ante un burdo montaje, en el que parecieran participar los ‘periodistas’ del canal, quienes hacen las preguntas apropiadas para que ella responda lo que parece ceñirse a un libreto.

Dice llamarse Deseret Tavares, la anuncian como la “clarividente de los famosos, reconocida por predicciones como el triunfo de Donald Trump” (bueno, yo también lo predije) y la muerte de Juan Gabriel. Luego de profetizar que Trump no va a terminar su periodo porque será víctima de un atentado, se sumerge a solicitud de los interesados en las arenas de la política nacional. (Ver video, los 10 minutos finales).

Y comienza con esto: “Yo estuve ayer viendo lo de las Farc y tengo mucha preocupación, porque veo que es algo que va a tomar mucha fuerza. Y veo que el representante de ese grupo logra convencer a la gente. Y se va a ver ante mucha gente como un sabio. Y las palabras que él va a usar van a convencer a la gente, y alrededor de agosto ese partido, esa energía gana mucha fuerza. Y Colombia está en peligro de estar en un cambio como Venezuela”.

Lalinde le pregunta si puede decir quién va a ser el próximo presidente de Colombia entre tres nombres, Humberto de la Calle, Germán Vargas Lleras y Sergio Fajardo. “Ninguno de los dos”, responde Deseret –aunque le hablan de tres- “pero Vargas tiene una posibilidad fuerte de llamar mucho la atención. Tiene una energía fuerte donde va a tener esa gente que va a estar buscándolo, que va a estar reconociendo la fuerza de él”.

Hasta ahí muy bien, la derecha de Vargas (ya no la de Uribe) triunfando sobre la centroizquierda. Y a continuación este diálogo, transcrito del aparente libreto que ambos desarrollan:

Clarividente: Pero hay otro más fuerte…
Lalinde: ¿Cuál? ¿Londoño, Timochenko?
Clarividente: Sí. Tiene la energía de la misma pelea que hizo Donald Trump, donde él va a llamar la atención, va a ganar fuerza. Y si se descuidan, Colombia es la próxima Venezuela.

Dirán que es hilar delgado, pero ahí se aprecia un mensaje subliminal: "ante el peligro de que Timochenko sea el próximo presidente y Colombia se convierta en otra Venezuela, conviene votar por Germán Vargas".

Y no es que la ‘clarividente’ haya dicho esas cosas y el asunto se olvidó, no. Ahí queda un material valioso para reproducir y divulgar hasta hacerlo viral durante los momentos álgidos de la campaña. Fue precisamente eso lo que hizo la senadora del Centro Democrático, Paola Holguín, cuando publicó en su cuenta de Twitter un video con el fragmento de una conferencia dictada por el padre Juan Jaime Escobar. La magia de la edición lo hacía aparecer diciendo cosas a favor del NO en el plebiscito, siendo que en el contexto de la charla decía lo contrario, abogaba por el perdón. (Ver video). Esa sola mentira prefabricada, ese engaño evidente hubo de quitarle miles de votos al SÍ, teniendo en cuenta el modo en que se viralizó y el poder de convicción del montaje.

En el caso de Deseret Tavares bastará con extractar fragmentos del tipo “Colombia está en peligro de un cambio como Venezuela”, o “el representante de ese grupo logra convencer a la gente”, y “Vargas tiene una energía fuerte”. Como quien lo dice es una “famosa clarividente”, las amas de casa le creerán mientras terminan de cambiarle el pañal al bebé, y luego compartirán el chisme con la vecina: “Qué miedo, ¿sí sabes que Timochenko puede llegar a ser el Presidente? Lo dijo una clarividente".

Esta columna, entonces, pretende alertar sobre los que nos corre pierna arriba: una poderosa campaña de propaganda negra en la que participan al unísono el uribismo y Cambio Radical, contra la posibilidad de alcanzar una paz duradera, porque es contraria a sus intereses. La paz los aniquilaría como opción política.

Para evitar que eso ocurra, Álvaro Uribe Vélez y Germán Vargas Lleras han comenzado a usar el mismo lenguaje en su publicidad electoral: el de sembrar miedo para vender seguridad. He ahí el verdadero peligro, más peligroso que ese tigre de papel que se inventaron llamado 'castrochavismo'.

DE REMATE: Por el bien de la paz y por el futuro de Colombia, el señor Rodrigo Londoño (antes ‘Timochenko’) debería retirar su candidatura a la Presidencia en favor de la segunda de su fórmula, Imelda Daza. A él lo está usando la derecha nacional e internacional para meter en las mentes de los colombianos el miedo a ese “monstruo”, y de ese modo forzar a una salida electoral autoritaria como la que se dio tras el fracaso de las conversaciones entre Pastrana y las Farc. Este video de dos seguidores del dictador Augusto Pinochet sobre Timochenko y el gobierno Santos está circulando profusamente en las redes sociales, y quien lo ve queda convencido de que es cierto porque no tiene datos verdaderos para contradecir sus tesis. Pero es un sartal de mentiras, presentadas como verdades aparentes.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Debemos ‘hacer trizas’ la propaganda negra




Según María Jimena Duzán en su última columna, “a un año de la firma del acuerdo de paz está tan contaminado el ambiente político, que hasta un hecho tozudo y veraz como el desarme de las Farc está siendo negado con una facilidad pasmosa por una horda política que ha convertido los acuerdos de paz en el anticristo”. (Ver columna).

El problema no solo es que está siendo negado el acuerdo, sino que inobjetablemente el país está mejor que antes pero la propaganda negra de la extrema derecha se ha encargado de hacerle creer al pueblo colombiano que ocurre lo contrario.

Hoy sucede lo mismo que durante la campaña por el plebiscito, cuando a punta de sembrar terror psicológico pregonando que el propósito de la paz era “volver homosexuales a nuestros niños” y “empujar el país a las garras del castrochavismo”, terminó por imponerse la opción del NO en nefasto día para la esperanza de una paz duradera.

Estamos ante una reedición –a modo de exitoso refrito- de la estrategia del miedo, y he de citar dos casos que lo ilustran, uno de texto y otro gráfico.

En lo textual está una cadena de Whatsapp que circula profusamente, donde de entrada se lee: “Esta información es muy delicada, por lo tanto debemos darle un manejo adecuado para no ir a generar pánico en la gente, sino más bien crear conciencia de lo que está ocurriendo en Colombia y sus alrededores, y de las consecuencias que esto nos puede traer”. En otras palabras: no se vayan a asustar, pero nuestro propósito es hacerlos entrar en pánico.

A continuación se refieren a un supuesto coronel retirado John Marulanda, experto en seguridad y conflicto, quien “tiene conocimiento de lo que oculta Juan Manuel Santos”: que en Venezuela hay cuatro estados completamente gobernados por la FARC, que estas se están rearmando, y que “en los puntos de concentración asignados en el acuerdo (circunscripciones especiales) solo hay gente campesina o contratados por las FARC para mostrarlos si van comisiones de observación”. Lo anterior formaría parte de “un plan de toma del poder a seis años”, y “el Ejército tiene estos documentos pero el gobierno no ha dejado publicarlos”.

El texto en mención incluye cosas delirantes como que “la estrategia es generar odio de clases en los colegios”, y “a cualquier persona que sobresalga en las encuestas le insertarán falsas acusaciones de corrupción y paramilitarismo o le inventarán un cuento como lo del hacker contra Zuluaga”, con lo cual queda claro que el texto fue fabricado en las alcantarillas creativas del uribismo. Y rematan con esta advertencia y oración para atrapar incautos creyentes: “¿Te das cuenta del peligro en el que estamos…? Que el Señor Jesucristo tenga misericordia de nosotros, nos libre de todo mal y peligro y desvarate (sic) todo plan a través de estos grupos camuflados".

Ya en lo gráfico circula una imagen con una insistencia tal, que parece ajustarse a la consigna nazi de la propaganda según la cual “una mentira contada mil veces se convierte en verdad”. Se trata de una foto en la que aparece Fidel Castro en compañía de Juan Manuel Santos y su hermano Enrique, con esta leyenda: “¿Alguna duda de por qué la entrega del país? Ahí está el premio Nobel”. En mi muro de Facebook ha sido puesta varias veces por personas de apariencia cultas en respuesta a cosas que he dicho sobre Uribe, como si fuera la prueba reina del macabro plan que se traen las Farc en contubernio con el gobierno. (Ver foto).

La imagen se deja contrarrestar con facilidad, pues basta mostrar una foto de Andrés Pastrana con toda su familia (“Nohora, los niños y yo”) en compañía del mismo personaje para entender que no existe ningún dirigente nacional, Uribe incluido, que no se haya tomado una foto al lado de Fidel. Pero es quizá la mirada de torva complacencia de Santos ahí la que es utilizada con la intención de asustar a mentes temerosas e ignorantes (que en Colombia son mayoría).

Como dije en columna reciente, han comenzado a aceitar la mortífera máquina de desinformación que usaron durante los días del plebiscito, ahora hacia el objetivo supremo de sentar en el solio presidencial a uno de los suyos, de su propia calaña, “el que elija Uribe”. Con verdades a medias producen las mentiras de la posverdad, como cuando María del Rosario Guerra trina diciendo que Humberto de la Calle respalda públicamente la ideología de género, y en tal medida “no nos extrañe que sea el candidato de las Farc”. Infame, ruin. (Ver trino).

Cuando uno encuentra en Twitter a personas antaño respetables como Juan Lozano –exsecretario privado de Luis Carlos Galán hoy cooptado por el uribismo- acusando al ministro Guillermo Rivera de pretender evitar que crueles violadores de niños paguen penas máximas (ver trino), comprende el nivel de bajeza y degradación moral al que han llegado quienes recurren a todas las formas de lucha para envilecer el debate y ensuciar el agua donde todos nos bañamos, con un objetivo perverso: que no se note lo cochinos que ellos están.

Para revertir esa tendencia se requiere motivar a los jóvenes para que salgan a las calles a defender la paz, y en las redes sociales producir contenidos que generen tráfico y contribuyan a desenmascarar a los fabricantes de fotomontajes, engaños y noticias falsas. Esos que deambulan como ratas por las cañerías de la red, dedicados a sembrar confusión y miedo entre los electores.

En síntesis, se trata de hacer trizas la propaganda sucia que quiere regresarnos a los años oscuros del conflicto armado. Hay un arma invencible para destrozar a los enemigos de la paz: esa arma es la verdad, pero se requiere ser creativos para ‘desnudar’ a los mentirosos y mostrar con precisión de relojero dónde está el engaño.

Donde brilla la luz de la verdad, deja de reinar la oscuridad.

DE REMATE: Permítanme pronosticar la fórmula triunfadora en 2018 para librar la lucha contra la corrupción que los colombianos decentes reclaman y abrir las compuertas de la esperanza a un país donde quepamos todos: Humberto de la Calle – Sergio Fajardo. ¿En qué orden? Todavía no se sabe, lo dirán las encuestas hacia marzo del año entrante. Pero como dicen los matemáticos, el orden de los factores no altera el producto.


martes, 21 de noviembre de 2017

Vamos con toda por ‘el centro’ De la Calle


Reza el dicho popular que “no hay mal que por bien no venga”. El Partido Liberal acaba de salir de una consulta abierta azarosa, a la que en un principio se había apuntado también el Centro Democrático, pero debido a que su amo y jefe prefirió correrse para no perder el control de las acciones (allá se hace lo que él determine), los liberales quedaron solos y debieron cargar con el látigo de la opinión pública por su alto costo. Pese a que, como explicó Horacio Serpa en medio del matoneo, “fue convocada por el Estado con cargo a una partida que existe en el presupuesto”.

O como planteó el abogado y columnista de El Espectador, Ramiro Bejarano: “Gastar plata en elecciones no es botarla, es invertirla en democracia. Es mejor que en las urnas se escojan candidatos y no que lo haga un experto en escoger "buenos muchachos" (ver trino).

El latigazo también se escuchó al día siguiente de la consulta desde la cuenta del director de La Luciérnaga de Caracol, Gustavo Gómez: “Terminó la jornada de despilfarros del @PartidoLiberal”. Yo le respondí diciendo que las consultas del liberalismo y el Centro Democrático el mismo día habrían sido un notocionón, y en ese caso nadie habría pensado en algo tan baladí como el costo de la jornada. Y para sorpresa del suscrito no solo lo reconoció, sino que comenzó a seguirme…

Lo importante es que la candidatura de Humberto de la Calle legitima y fortalece al Partido Liberal como opción política, pero a su vez es de sentido común que si llega solo a la primera vuelta no tendrá opción de pasar a la segunda, y por eso se impone un acercamiento con la alianza que hoy integran los ni-nis (ni Santos ni Uribe) Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Robledo. En este prometedor escenario lo ideal sería la incorporación también de Gustavo Petro después de que los tres ni-nis hayan escogido su candidato (seguramente Fajardo), y que tras la elección del 11 de marzo de 2018 surja algún mecanismo que permita dirimir la fórmula para una amplia coalición de centro izquierda entre quienes pintan como los tres finalistas: De la Calle, Fajardo y Petro.

No existe duda alguna en que de concretarse dicha fórmula, este poderoso equipo no solo habría de pasar a segunda vuelta (a la final, mejor dicho) sino que podría incluso llevarse la copa de la Presidencia desde la primera ronda… y por goleada.

Se trata entonces de meter el balón por el medio de la abertura que han abierto Uribe y Vargas, y a esta altura del partido acojo como propias las palabras del colega Carlos Ruiz, de CM&, en su muro de Facebook: “Creo en Humberto de la Calle. No me da vergüenza ni por eso pierdo mi equilibrio como periodista. Tengo derecho como ciudadano a exponer mis ideas, frente a los abusivos que creen que el periodista es un eunuco político. Me sorprende que otros periodistas defiendan sus opiniones políticas pero censuran las mías. No más hipocresía”. (Ver post).

Como dije en algún trino de reciente data, si se unen la defensa de la paz de Humberto de la Calle y la lucha contra la corrupción de Claudia López, estamos hechos (Ver trino). Ahora bien, no se puede desconocer que la imagen de la candidata de Alianza Verde quedó golpeada por las retractaciones que la justicia le ha obligado a hacer (ya van tres), sumado a que Colombia es un país tan mojigato que no tiene acogida –todavía- una vicepresidente con la preferencia de género de nuestra admirada Claudia, a quien de todos modos le esperan elevadas cumbres políticas en su corajudo empeño por hacer de Colombia un país sin ladrones de cuello blanco.

La verdadera lucha política se librará en la arena candente de la posverdad, valga la relativa redundancia. La derecha –y la extrema ídem- es consciente de la necesidad de sembrar miedo y confusión entre el electorado como recurso de supervivencia, para no seguir cediendo más terreno del que han perdido por cuenta de la corrupción que se ha enseñoreado en las filas de los tres partidos que la encarnan: Cambio Radical, Centro Democrático y Partido Conservador.

Los dos primeros en particular han enfilado baterías contra la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), en cabeza de Germán Vargas Lleras y Álvaro Uribe: ambos representan los intereses –y reciben financiación- de los empresarios, ganaderos, industriales y hacendados que acogieron entusiastas el proyecto paramilitar que pretendió acabar con la guerrilla en el ardor de las masacres y desalojos que patrocinaron, y hoy están temerosos de ser enjuiciados por los crímenes que tienen meridiana claridad de haber cometido, con el saldo a su favor ya conocido: la escrituración de tierras o bienes de centenares de masacrados y desplazados por el terror que ellos mismos auparon o desencadenaron.

Pero hay un factor que juega en contra de Uribe y Vargas Lleras (y de las fuerzas que representan), consistente que es imposible su unión antes de la primera fuerza, porque sus bases se lo impedirían. ¿Se imaginan a un Iván Duque, un Carlos Holmes, un Rafael Nieto, una Marta Lucía Ramírez o un Alejandro Ordóñez aceptando de buena gana que Uribe se sume de buena gana a la causa de Vargas Lleras porque es lo que más les conviene a los cacaos que representan…?

Por todo lo anterior, hoy se les presenta la oportunidad dorada a las fuerzas que en defensa de la paz se hallan agrupadas alrededor de Humberto de la Calle, Sergio Fajardo, Claudia López, Jorge Robledo, Gustavo Petro y Clara López, para llevar a buen puerto este magno proyecto de integración y reconciliación nacional. Basta con deshacerse de egoísmos y ponerse de acuerdo en el reparto equitativo de tareas hacia la construcción de un país donde quepamos todos, para que el triunfo esta vez (a diferencia del nefasto 2 de octubre de 2016) no nos sea esquivo.


DE REMATE: Parodiando al poeta nadaísta antioqueño Gonzalo Arango, “una mano más una mano no son dos manos, son manos unidas. Une tu mano a nuestras manos para que Colombia no esté en pocas manos, sino en todas las manos”. Y sin cambiar de tema, esta estrofa de la banda chilena Quilapayún: “¿Qué dirá el Santo padre que vive en Roma, que le están degollando a su paloma?”.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Revista Semana, ¿vocera oficiosa de la Fiscalía?




Más preocupante que las cartas que les encontraron en sus celdas a los detenidos como supuestos autores del atentado al Centro Andino, es la marcada tendencia derechista que viene mostrando la revista Semana. La salida del columnista León Valencia parece responder a ese viraje ideológico, pues fue sacado para dar cabida cada domingo a un columnista afín a las tesis del uribismo.

En su última edición Semana le dio carátula a un artículo titulado Cartas explosivas, el cual arranca diciendo que “los capturados del Mrp (…) siguen urdiendo sus siniestros planes”, como si hubiera sido redactado por un funcionario de la Fiscalía o por Claudia Gurisatti para el teleprónter de RCN (ver artículo). Ahora bien, lee uno con ojo de buen cubero y en esas cartas no aparece nada que comprometa a sus autores –ni a sus destinatarios- con el atentado de marras. Se corrobora eso sí que utilizan un lenguaje propio de ‘revolucionarios’, pero por ningún lado se aprecia algo que permita concluir que estén planeando nuevos atentados, como lo sugiere la revista.

El artículo se ensaña sobre todo en Mateo Gutiérrez León, estudiante de sociología de la Nacional allí identificado como alias ‘Mateo’, preso desde febrero de este año (o sea que no pudo participar en lo del Centro Andino, ocurrido en junio), quien comparte su celda con un guerrillero de la Farc. A este muchacho lo muestran como el autor de “una gran cantidad de cartas que el joven tenía escondidas, una de ellas dirigida al líder indígena”, cuyo nombre no precisan.

Donde más pretenden mostrarlo como culpable es en una carta dirigida “a alguien llamado Tony”, señalado de ser “un antiguo e importante exfuncionario del gobierno de Cuba” a quien “las agencias de inteligencia nacionales y extranjeras estuvieron vigilando porque aseguraban que pertenecía al G2, la inteligencia cubana”. Una de las reglas básicas del periodismo habla de contrastar la fuente (labor que sí hizo el excolumnista de Semana.com Luis Eduardo Celis), y es esa la principal falencia del artículo, pues les habría bastado comunicarse con la embajada de Cuba  para que esta les hubiera informado  que se trata de José Antonio López, quien sostuvo reconocidos contactos con las Farc como parte del equipo de enviados del gobierno cubano que seguía las negociaciones de Andrés Pastrana con esa guerrilla en San Vicente del Caguán, “todo a la luz del día y con pleno conocimiento del gobierno colombiano, según contó el mismo Fidel Castro en su libro La paz en Colombia”. (Ver artículo de Celis).

La saña contra ese muchacho continúa cuando dicen que “las autoridades se preguntan cómo un estudiante de quinto semestre de Sociología de 21 años de edad termina por entablar una amistad con un personaje del perfil político de Tony”, y agregan que según la Fiscalía “en uno de esos viajes (a Cuba) pudo recibir instrucción en uso de explosivos”. Es aquí cuando el lector perspicaz se pregunta por qué no muestran prueba alguna de esa acusación, o si es que las suposiciones valen como certezas. Pero es el propio Celis quien se encarga de desvirtuar tal falacia, cuando cuenta que “sobre la estadía de Mateo Gutiérrez con su madre a inicios de este año en La Habana y su conocimiento con Tony López, yo soy el responsable, yo los presenté: él y su esposa tienen un servicio de Hospedaje para turistas, se conocieron y entablaron amistad”.

Podría extenderme en mostrar otras muchas inconsistencias, pero la principal recae en que a Mateo y los demás jóvenes presos aún no los ha condenado la justicia, y ya los condenó Semana…

Por cierto, es la segunda vez que lo hace. La primera fue cuando recién capturados publicó un artículo titulado Las comprometedoras pruebas del atentado al Centro Andino, donde cayó en el mismo yerro de aceptar la información suministrada por la Fiscalía como verdad revelada, sin tomarse la molestia de mostrar la versión de la contraparte, o sea de la defensa. Por el contrario, allí los señala como culpables desde la primera frase: “SEMANA revela en exclusiva los detalles y las evidencias que incriminan a los nueve detenidos del MRP”. Juez y prensa, ¡vaya objetividad periodística! (Ver artículo).

En respuesta a esa publicación escribí una columna titulada Centro Andino: crónica de otro montaje anunciado, donde planteé algo que sigo sosteniendo: “Más dudas que certezas rodean la captura de los nueve presuntos miembros del Mrp”. (Ver columna). No es posible saber si todos los capturados pertenecen a ese movimiento de “insurgencia armada y desarmada” (así lo define uno de sus cándidos integrantes en esta entrevista con la periodista Andrea Aldana), y ellos mismos reconocen haber puesto petardos panfletarios en baños de la Dian y Cafesalud de Bogotá, pero el acervo probatorio que hasta ahora la Fiscalía ha mostrado –y filtrado selectivamente a medios- no permite comprobar que hayan sido ellos los autores del atentado al Centro Andino.

A esos jóvenes los venían siguiendo desde meses atrás (sin que pese al seguimiento hubieran evitado el atentado, ojo), y es aquí donde se aprecia un inquietante parangón con el montaje que le hicieron a otro grupo de similar naturaleza insurgente por los años 80, el Orp, cuando lo culparon del asesinato de Gloria Lara. (Ver artículo de Las 2 Orillas al respecto).

No es posible señalar a algún organismo de seguridad en concreto, pero el recuento de ese y otros falsos positivos judiciales –que conforman un modus operandi- permite formular la hipótesis según la cual los integrantes del Mrp dieron ‘papaya’ para ser utilizados como idiotas útiles y culpados por algo que habría realizado una ‘mano negra’ con un propósito táctico claro: desviar la atención sobre la dejación definitiva de las armas por parte de las Farc que habría de producirse unos días después, y afectar las negociaciones de paz con el Eln que acababan de comenzar.

Como dije en la columna citada, se trató de un atentado en apariencia organizado y ejecutado por gente de extrema izquierda, pero que benefició los intereses políticos de la extrema derecha.

Es la justicia la que debe resolver las dudas que aún persisten, pero, volviendo a la revista Semana, conviene hacerle la recomendación que todo profesor de periodismo les hace a sus alumnos para cuando estén frente a sus fuentes: no tragar entero.

DE REMATE: Hablando de cartas explosivas, aquí va la que le escribió la lora del ‘tenebroso’ cubano Tony López a Enrique Santos Calderón, hermano del Presidente de Colombia: ver carta.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Las FARC se retiran, las FURC se rearman




24 de junio de 1956: el liberal Alberto Lleras Camargo y el conservador Laureano Gómez firman en la ciudad española del mismo nombre el Pacto de Benidorm, en representación de sus partidos, mediante el cual acuerdan repartirse el poder y la burocracia (o sea todos los puestos del Estado) en forma alternada, cada cuatro años.

A continuación provocan la salida del poder del general Gustavo Rojas Pinilla y un año después (20 de julio de 1957) firman el Pacto de Sitges, que da inicio a lo que se conoció como el Frente Nacional, el cual rigió en el país por dieciséis años y culminó en 1974, con el gobierno del liberal Alfonso López Michelsen.

El Frente Nacional fue la cuna de la corrupción administrativa que hoy sigue tan rampante, y su origen es de fácil comprensión: se borraron las fronteras ideológicas entre ambos partidos, de modo que sin importar a cuál se pertenecía, bastaba con estar bien relacionado en uno u otro bando (o en ambos) para chupar de la teta del Estado.

Pero hubo personas que vieron con malos ojos esa repartija y exigieron ser escuchados. Los sucesivos gobiernos se negaron a esa petición, así que aquellos al sentirse excluidos de participar en la vida democrática decidieron tomar las armas, en rebeldía contra lo que consideraban una repartición amañada e ilegítima del poder.

Tres grupos sobresalieron en más 50 años de lucha armada: las FARC, el ELN y el M-19. Estos últimos, perseguidos por el Ejército durante el gobierno de Belisario Betancur (con el que adelantaban conversaciones de paz, vaya paradoja) buscaron refugio en el monte y desesperados por el acoso cometieron el más garrafal de todos los errores, la toma del Palacio de Justicia en 1985, que culminó en la carnicería más salvaje, con unas Fuerzas Militares que aniquilaron lo que encontraron a su paso y dejaron como saldo más de cien muertos y once desaparecidos. De esta salvaje masacre con armas oficiales ayer se conmemoraban 32 años.

En el camino de la cruenta lucha armada hubo toda clase de desmanes y crímenes de lesa humanidad, hasta que finalmente las FARC accedieron a sentarse a dialogar. Y se firmó un acuerdo de paz, y ahora el ELN intenta hacer lo mismo.

Hoy vemos casi al borde del escándalo que el máximo comandante de la FARC (ahora llamada Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) decide lanzarse a la Presidencia de Colombia tras haber cometido el craso error de conservar la misma sigla, en lo que constituye una abierta provocación a la extrema derecha y una evidente afrenta a sus víctimas.

Es entonces cuando una facción reaccionaria de la clase dirigente que de tiempo atrás ha saqueado las arcas del Estado, conocida como ‘uribismo’ y agrupada alrededor del Centro Democrático (que nada tiene de democrático y menos de centro), decide alzarse en rebeldía contra el acuerdo de paz y contra la posibilidad de que los exguerrilleros participen en política, y manifiestan estar dispuestos “a incendiar el país” con tal de evitarlo.

Así, se advierte que asistimos a lo que el filósofo Friedrich Nietzche llamó el eterno retorno: “No son sólo los acontecimientos los que se repiten; también los pensamientos, los sentimientos y las ideas, vez tras vez, atados a una noria infinita e incansable”. (La gaya ciencia).

Después de 50 años de lucha la FARC coge ‘del ahogado el sombrero’ porque consiguen una parte mínima de lo que estaban buscando, no el poder sino una apertura del establecimiento para participar en política (o sea lo mismo cuya ausencia los llevó a armarse), y es cuando aparece su némesis dispuesta a desbarrancar el país por el abismo de un nuevo conflicto con tal de impedirlo, ya no con las armas que botan fuego sino con las de la propaganda negra, quizá más letales, como lo demostraron por los días del plebiscito que ganaron a punta de sembrar miedo, confusión, mentiras y engaños.

Lo mismo que hizo el Ejército cuando para evitar que el M-19 se saliera con la suya arrasaron con toda forma de vida que se les atravesó, eso mismo están dispuestos a hacer en su furia salvaje los que dirigidos por su máximo comandante quieren atravesarse –no como vaca muerta sino como toro que embiste- al anhelo de reconciliación nacional. En últimas unos y otros (los de 1985 y los de ahora) pertenecen al mismo bando ideológico, el de quienes recurren a todas las formas de lucha imaginables con tal de impedir que las cosas se les salgan de control.

En el caso que nos ocupa, tratan de evitar que se conozcan las más escabrosas verdades que habrán de aflorar cuando comience a operar la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), y frente a la cual por cierto presentan una flagrante contradicción: mientras tratan de hundirla en el Congreso, alegan que las FARC solo pueden participar en política después de que esta los juzgue. Como quien dice, ni sí ni no sino todo lo contrario.

Después de que el mismísimo comandante del Ejército informa que no hay soldados muertos en combate y que el Hospital Militar dejó de recibir heridos (ver noticia), los uribistas se resisten a creer tanta belleza y en la práctica actúan como si se hubieran constituido en las Fuerzas Uribistas Reaccionarias de Colombia (FURC), a las cuales me referí en columna anterior.

No es cosa de chiste ni un sutil juego de palabras, no señores. Las remozadas FURC constituyen un serio peligro para la estabilidad de la nación, más cuando el gobierno de Juan Manuel Santos parece no ser consciente del tamaño y la fiereza del monstruo que le (nos) corre pierna arriba.

DE REMATE: Esta columna se inspiró en un post compartido en Facebook por Luz Marina Arango y basado en una idea de Ricardo Ucrós, según su autor Pame Rosales. Título de la obra, Trabajo en equipo.

lunes, 30 de octubre de 2017

En lugar de Vargas Lleras, MEJOR reconciliarnos




Hay dos fuertes aspirantes a la presidencia que asumen la reconciliación como el eje central de sus campañas. Según Humberto de la Calle “el tema no es terminar la guerra militar ni implantar una paz de contenido social, el tema central es la reconciliación entre los colombianos”. Y según Sergio Fajardo “reconciliación, lucha contra la corrupción y educación son los tres pilares para construir la paz”.

Buena noticia para los colombianos esta coincidencia, en parte porque Fajardo va de primero en las encuestas y en parte porque De la Calle ha manifestado su disposición a hacer alianza con los Ni Ni (ni Santos ni Uribe). Fue por ello que este último vio como “un suicidio” que la escogencia del candidato del Partido Liberal se aplazara hasta marzo de 2018, pues se recortaba el tiempo para una eventual coalición con las fuerzas que coinciden en la defensa de la paz y la lucha contra la corrupción.

Esta identidad en el punto de mira marca la pauta por el sendero adecuado, el de desarmar los corazones y acercar a los adversarios, sea para el saludo de manos o para el abrazo catártico.

La batalla por la reconciliación es la única que puede desarmar el plan macabro que se adelanta para echar atrás la columna vertebral del proceso de paz, llamada Jurisdicción Especial de Paz (JEP). Sus portaestandartes son Álvaro Uribe por el Centro Democrático, Germán Vargas Lleras por Cambio Radical, Alejandro Ordóñez y Marta Lucía Ramírez por el conservatismo no ‘enmermelado’, y Juan Carlos Pinzón por Juan Carlos Pinzón, porque ni partido tiene.

Como dije en columna anterior, Vargas actúa en representación de los empresarios que en condición de ´terceros’ pudieran comparecer ante la JEP, mientras que Uribe lo hace como máximo comandante de esas fuerzas oscuras cuyos más escabrosos crímenes podrían saltar a la luz pública en los juicios que adelante dicho tribunal de justicia transicional a los militares y demás autores de delitos relacionados con el conflicto armado (verbi gratia paramilitarismo). Ellos han comenzado a hacer fila india para contar lo que saben a cambio de una pena simbólica y un perdón reparador, y en solo militares van más de 2.000.

Ya Uribe perdió un alfil cuando su exministro Diego Palacio acudió a la JEP alegando que todo lo que hizo fue para consolidar el gobierno con el que su jefe enfrentaba a la subversión (reconocimiento tácito de culpa), y perdió además una torre en el Rito Alejo del Río que por la misma vía pretende expiar sus culpas, y quizá no resulte osado vislumbrar el día en que se diera el jaque mate.

Sea como fuere, casos como los del exministro Palacio o el general Del Río muestran precisamente el papel benéfico de la JEP y su entronque con la reconciliación, pues bastará el reconocimiento o la confesión de unos delitos para que el Estado cese su acción sobre ellos.

Tan preocupados están en la caverna que hasta hubo un trino del abogado Iván Cancino, uribista de pura sangre, alertando sobre el peligro: “Espero estén conscientes en el Centro Democrático el daño que haría que Diego Palacio fuera admitido en la JEP”. (Ver trino).

El temor del senador Álvaro Uribe Vélez y la gente que le acompaña en su lucha por aplastar a la JEP reside ahí, en que deben evitar el conocimiento –y el reconocimiento- de esas y muchas otras verdades. Y para impedirlo están dispuestos a desbarrancar el país, si fuera necesario en el abismo de un nuevo conflicto, recurriendo llegado el caso a medidas desesperadas como atentar contra uno de los suyos (ya lo han hecho), todo en función de  no permitir que se destape la identidad de esos dedos cuyas ramificaciones conforman el aparato organizado de poder que en Colombia se ha conocido desde tiempo atrás como la mano negra.

La reconciliación solo obra como bálsamo reparador cuando parte de haber llegado a la verdad. Es una fórmula que incluso le conviene a Santiago Uribe, candidato ideal para presentarse a la JEP porque su expediente rebosa en testimonios y pruebas de crímenes como homicidios, torturas y desapariciones, en su mayoría relacionados con el conflicto armado cuyo fin se propuso lograr su hermano Álvaro por la vía de una victoria militar que nunca llegó pero sí sembró por todas las brigadas del Ejército el reguero de cadáveres que dejaron los ‘falsos positivos’, eufemístico nombre dado a las ejecuciones extrajudiciales de miles de jóvenes que mataron porque no estaban recogiendo café y cuyos cuerpos mostró el régimen de la Seguridad Democrática como guerrilleros caídos en combate.

La reconciliación pasa por reconocer esas verdades, duélale a quien le duela; e identificar a los autores de tantos crímenes de lesa humanidad es el requisito sine qua non para el perdón colectivo. Además, es ser conscientes de que no es lo MEJOR VARGAS LLERAS sino parte de lo PEOR, y que LO MEJOR es reconciliarnos.

Así como Álvaro Uribe se hizo elegir repitiendo hasta el cansancio el estribillo ‘trabajar, trabajar y trabajar’, al candidato que resulte escogido de la alianza que se avecina le corresponde entonces ponerse en la onda del ‘reconciliar, reconciliar y reconciliar’.
 
DE REMATE: No soy miembro del Partido Liberal ni lo he sido de ningún partido, aunque sí soy de pensamiento liberal –o mejor, librepensador- y el 19 de noviembre votaré para que elijan a Humberto de la Calle como el candidato de ese partido. Juan Fernando Cristo es una opción valiosa a futuro, muy por encima del imberbe Juan Manuel Galán y de la insufrible Viviane Morales, pero un triunfo suyo en la consulta restaría en lugar de sumar hacia la legítima aspiración del liberalismo por reconquistar la Presidencia de Colombia, tras 24 años de abstinencia.

martes, 24 de octubre de 2017

Uribe y Vargas compiten en sembrar miedo




Comienzo con un mea culpa: me equivoqué en mi columna anterior, cuando vi inminente una alianza entre Germán Vargas y Álvaro Uribe a partir de un trino de este último: “Cualquier reunión con el ex VicePte Dr. Germán Vargas o semejante, sería previamente informada a la ciudadanía”. Sumado a la cuña de Cambio Radical contra las Farc sobre una mesa de billar, coincidente con las tesis del Centro Democrático, parecían coqueteos previos a algún acuerdo.

Pero no. Se ve inminente más bien una cruda batalla a descampado entre estos dos ‘enemigos’ por atraer los votos de la derecha, algo que en el caso de Vargas podría entenderse como un ajuste de cuentas por el atentado con carro bomba que le hicieron en 2005, y cuya explicación se enmarca en la primera pregunta que se hace un detective frente a la escena del crimen: ¿a quién beneficia esto? Descartada la participación de las Farc, el principal sospechoso siempre fue el mismo DAS que debía evitarlo, entonces bajo la dirección del que para Uribe sigue siendo un ‘buen muchacho’, Jorge Noguera, condenado a 25 años de prisión por el asesinato del profesor Alfredo Correa De Andréis. (Ver video).

Lo coincidente reside en que ambos están dedicados a aplicar la consigna del ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels: individualizar al adversario en un único enemigo (las Farc), y meter susto. Esa misma estrategia la usaron para ganar el plebiscito, solo que en aquella ocasión sembraron el miedo  a la dictadura homosexual, a grito herido: “¡defendamos a nuestros niños!”.

Hoy Vargas y Uribe están obligados a desarrollar el mismo libreto anti-Farc, para ocultar lo que en realidad los hermana: que sus respectivos partidos están carcomidos hasta los tuétanos por el cáncer de la corrupción. Ello explica por un lado que los candidatos del CD no logren levantar vuelo en las encuestas, y por otro que Vargas haya preferido lanzarse por firmas (que le recoge su partido, vaya contradicción…).

Sea como fuere, la jugada de Vargas es digna de admirar: juega rudo cuando apuesta sus restos en un garito donde no puede atacar a su contrincante, pues se ganaría la animadversión de quienes pretende conquistar. Así que prefiere robarle sus votos con halagos, como cuando le dijo a Noticias Caracol que la pretensión de las Farc con la JEP es enjuiciar a Uribe. Pero este ya se olió las verdaderas intenciones de su supuesto aliado, porque prefirió marcar distancia: durante un evento en Sincelejo se refirió a la incoherencia de aquellas “personas que votaron por el Sí, (…) candidatos a la Presidencia que nos decían guerreristas, se rasgan las vestiduras diciendo que cómo les van a permitir a los señores de las Farc hacer política”. (Ver noticia).

Hoy estos dos pesos pesados de la política luchan cada uno por su lado para pasar a la segunda vuelta, convencidos de que quien lo logre se hará a la Presidencia de Colombia con los votos de su rival y de todos los que hayan quedado contagiados por el influjo que ambos irrigan, el del miedo a que las Farc impongan ya no la dictadura homosexual, sino la del castrochavismo.

Tal vez fue Fouché quien afirmó que “la verdadera historia siempre es clandestina”. Del mismo modo que siguen clandestinos los autores del carro bomba contra Vargas, faltaría ver si le cabe razón a Matador cuando en caricatura reciente imaginó un pacto secreto (o sea clandestino) entre Santos y su exvicepresidente:

VARGAS: Fingimos que peleamos, luego gano las elecciones gracias al apoyo de Uribe…
SANTOS: …y después lo traicionas. (Ver caricatura).

Es por eso que quien menos fácil la tiene es Álvaro Uribe. Él sabe que para pasar a segunda vuelta su candidato debe enfrentar a tres poderosos enemigos: Santos desde la presidencia, Vargas Lleras desde su sinuosa afinidad ideológica, y una coalición de centro-izquierda en la que desde ya se vislumbran planilladas cinco fuerzas: Partido Liberal (De la Calle), La U, Alianza Verde (Claudia López), Compromiso Ciudadano (Fajardo) y Polo Democrático (Robledo). ¿Qué pasará con Petro y Clara López? Amanecerá y veremos…

Fuentes dignas de todo crédito –y al contado- especulan sobre un ‘guardado’ que Germán Vargas le tendría a Uribe, para destapar por persona interpuesta tras haberlo derrotado en primera vuelta, con el propósito de conquistar ya no solo los votos de la derecha sino también los del centro electoral, más numeroso que el que se alinea en los linderos de la izquierda.

No es fácil hacer vaticinios frente a lo que se avizora como la más sucia de todas las campañas, pero de entrada luce como imposible una eventual alianza entre Uribe y Vargas antes de la primera vuelta, ni lo permitirían los cinco candidatos del CD (¡ni Alejandro Ordóñez!).

Así las cosas, la coyuntura actual que muestra a Uribe y Vargas compitiendo por los mismos votos, se convierte en la hora soñada para una amplia coalición de centro-izquierda que arrase en primera vuelta. Miren a ver pues señores Humberto de la Calle, Claudia López, Sergio Fajardo, Gustavo Petro, Jorge Robledo y Clara López.

Es ahora o nunca.



DE REMATE: Las imágenes que puso a circular la congresista Margarita Restrepo con unos políticos rivales amordazados, muestran la desesperación en que se halla el Centro Democrático y advierte sobre los peligrosos alcances que tendrán los estertores de esa fiera herida. Se le abona a Caracol Radio su responsabilidad social cuando ilustró la noticia con una sombra oscura, que señala a ese partido como ligado a prácticas propias de la tenebrosa Mano Negra. (Ver noticia).

lunes, 16 de octubre de 2017

Uribe – Vargas Lleras: cuando dos enemigos se necesitan




Hablando de una eventual alianza entre Germán Vargas y Álvaro Uribe, la revista Semana contó como si fuera la gran primicia que “en la segunda vuelta las dos fuerzas se aliarán, en la eventualidad de que uno de sus candidatos pase y el otro no”. Eso es llover sobre mojado, pues es obvio que en segunda vuelta uno de los dos va a necesitar los votos del otro, así hayan partido cobijas desde que en 2010 Vargas se opuso a un tercer periodo presidencial para Uribe.

Es antes de la primera vuelta donde tendrían que verse las caras en busca de acuerdos, si no quieren adentrarse en el reino del nunca jamás. Una unión temprana de la derecha (Uribe-Vargas-Ordóñez-Pinzón) podría forzar a que no hubiera segunda vuelta, pero un fenómeno similar podría operar en la centro-izquierda: si logran coincidir en poderosa coalición las fuerzas de Sergio Fajardo, Humberto De La Calle, los verdes, Gustavo Petro y/o Clara López, harían hit en el primer turno al bate, con bases llenas.

Hoy Vargas Lleras y Uribe coinciden en que libran una batalla frontal contra la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), el primero en representación de poderosos empresarios –ahora llamados “terceros”- que quieren evitar ser llamados a ese tribunal como supuestos patrocinadores de grupos paramilitares, y el segundo como máximo comandante de quienes siguen empeñados en impedir que se conozcan las más escabrosas verdades sobre el conflicto.

Esta coincidencia de intereses explica un comercial para TV como el de Cambio Radical sobre una mesa de billar como teatro de operaciones para atacar y hundir a la FARC, con claro sello uribista. En tal medida podría entenderse como un llamado al Centro Democrático para unir fuerzas, cuya respuesta habría sido el trino donde Uribe le habla a Pedro para que entienda Pablo: “Cualquier reunión con el ex VicePte Dr. Germán Vargas o semejante, sería previamente informada a la ciudadanía”. (Ver trino).

Esto deja traslucir que ha llegado el momento en que ambos se necesitan, pero se requiere repasar los enfrentamientos que han sostenido para concluir que cualquier alianza entre ellos estaría atravesada por la desconfianza de los que saben que al enemigo es mejor tenerlo cerca.

Hace tres años Uribe decía en el Senado de la República que “el actual vicepresidente Germán Vargas Lleras denunció a mi hermano por participar en un supuesto complot. (…) A Vargas Lleras le archivaron muy rapidito el caso de sus vínculos con el paramilitarismo en Córdoba y Casanare. Y a mi hermano a pesar de la contraevidencia de la denuncia y las pruebas, no han tenido la gallardía de archivarle ese caso”. (Ver discurso).

Esas mutuas acusaciones las zanjó la Corte Suprema de Justicia cuando en mayo de 2013 dictaminó que Vargas Lleras había sido objeto de un montaje judicial, urdido por el ganadero Carlos Gabriel López para asociarlo con el jefe de las autodefensas del Casanare, Héctor Buitrago, alias Martín Llanos. (Ver noticia) Las acusaciones de Vargas contra los hermanos Uribe nunca se probaron, pero tampoco fueron desvirtuadas.

Lo que ahora amenaza con resucitar de la zanja del olvido es de una gravedad aún mayor: el atentado del que fue objeto Germán Vargas con un carro bomba que hicieron estallar a su paso para sacarlo de la arena política, la noche del 10 de octubre de 2005 en la esquina de la carrera 9 con calle 71, en Bogotá. Yo estaba cerca, escuché el totazo. Una hora después del estallido el director del DAS, Jorge Noguera, ya tenía una hipótesis: “todo apunta a las Farc”, le dijo al entonces senador en la Escuela de Caballería.

Vargas no solo no le creyó, sino que afirmó haber recibido informes sobre la participación de “un organismo de seguridad del Estado”. Es un caso que misteriosamente sigue sin resolver y del que poco se habla, y se deja consultar en esta columna. Pero resaltaré un hecho bien llamativo, lo que en el libro En honor a la verdad le cuenta Vargas a Vicky Dávila sobre una llamada que recibió de su esposa la noche del atentado, quien le expresó su temor de que el gobierno pudiera estar involucrado: “la conversación privada que yo tuve con ella, la conoció el presidente en minutos. Seguramente eso explica la rabia que tenía cuando concurrió a la Escuela de Caballería. Eso le pasa por interceptar ilegalmente a las personas".

Cinco años después (2010), siendo aún presidente Uribe y Vargas Lleras candidato a la presidencia, este le anunció a La Noche de NTN24 que pediría explicaciones a la Fiscalía de por qué si obtuvo información sobre la vinculación del DAS a su atentado, no hizo nada al respecto. Y fue más lejos: “si se establece que el DAS tuvo responsabilidad en eso, son unos miserables. ¿Cuándo conoceremos responsables? Ni las chuzadas ni lo ocurrido en el DAS, nadie puede creer que sean mandos medios quienes se hayan atrevido a hacer seguimientos, interceptaciones, cometer atentados terroristas a magistrados, a dirigentes políticos, a sectores de la oposición”. (Ver video).

A esta altura del partido no sabemos si Vargas Lleras quedó satisfecho con las explicaciones que le dieron en la Fiscalía (o si las pidió…), pero lo cierto es que de un tiempo para acá le bajó el tono a las acusaciones contra Uribe, y es cuando más de un capcioso se pregunta si su silencio obedece a que sabe que sin los votos de su ‘enemigo’ nunca podrá ser presidente.

Sea como fuere, cuando uno escucha a Alejandro Ordóñez hablar de quien fue "vicepresidente de Santos y corresponsable de la entrega del país a las Farc” (ver trino), es cuando comprende que el uribismo (excepto Uribe) le teme más a Vargas Lleras que a Claudia López y su combo anticorrupción.

DE REMATE: En honor a la verdad, el proceso contra Germán Vargas Lleras le correspondió a Leonidas Bustos siendo Presidente de la sala penal de la CSJ. La magistrada auxiliar encargada de investigar y proyectar el fallo para la firma de Bustos fue la abogada Luz Mabel Parra, quien luego pasó a Fiscal delegada ante la Corte. La relación entre Bustos, Néstor H Martínez y Luz Mabel Parra, nombrada por este a instancias del primero, tiene un denominador común: Cambio Radical. Parra estuvo casada con Gerardo Torres, conocido como ‘Yayo’, quien formó parte de la UTL del senador Germán Varón Cotrino, mano derecha de Vargas Lleras. Cayó Bustos y Parra debió renunciar, pero la estructura de poder se mantiene. La rosca, que llaman.