lunes, 17 de septiembre de 2018

Uribe – Duque: un gobierno bipolar




Según la siquiatría el trastorno bipolar se caracteriza por cambios súbitos en la conducta de una persona, que desconciertan a todo el mundo y son el reflejo de una gran inestabilidad interior. El dulce y el amargo, el simpático y el odioso cohabitan en la misma persona.

Es lo que ocurre con el gobierno de Iván Duque, donde este pareciera encarnar lo bonito y Álvaro Uribe lo feo, aunque más acertado sería decir que con su carita de galán de telenovela, al primero se le relaciona con el amor y al segundo con el odio.

El principal acierto de Uribe estuvo en escoger a alguien con un temperamento por completo diferente al suyo, él cascarrabias y picapleitos, este solo sonrisas. Tras su triunfo en la consulta que lo hizo ganador frente a Ordóñez y Marta Lucía, Iván Duque fue sometido mediante ingeniosa estrategia de mercadeo a una ‘capacitación’ intensiva para que se portara como un producto más de consumo masivo, al que le encanecieron el pelo para darle experiencia administrativa y le enseñaron a cantar, bailar, sonreír frente a la cámara, tocar una guitarra y cabecear un balón para hacerlo atractivo a los ojos del populacho. Duque es el empaque bonito de la caja de Pandora.

Parodiando a Robert Louis Stevenson, al perverso señor Hyde encarnado por Uribe lo suavizaron con el apuesto doctor Jekyll, quedando así amalgamadas las fuerzas del bien y del mal en el actual presidente.

Bipolar es cuando Duque se apodera de las banderas de la anticorrupción -habilidosamente rapadas a Claudia López tras la consulta- e impone como lema de acción “el que la hace la paga”, pero le obedece a su amo en lo de nombrar a Alberto Carrasquilla como ministro de Hacienda y luego, tras conocerse que años atrás se enriqueció creando unos bonos que empobrecieron a 117 municipios, lo respalda diciendo que “tengo toda la confianza en el ministro”. (Ver noticia). Como quien dice: “el que la hace no la paga, si es amigo de mi patrón”.

Igual obra con el nombramiento del maléfico y perseguidor Alejandro Ordóñez como embajador ante la OEA, un exfuncionario a quien el Consejo de Estado le anuló su reelección por haber recurrido a prácticas corruptas. Y no lo digo yo, lo dice el eminente jurista Rodrigo Uprimny en su columna del domingo pasado, donde además cuenta cosas como lo del contubernio de Ordóñez con el también corrupto exmagistrado Leonidas Bustos y sus dos esposas.

Pero la bipolaridad no para ahí: de ella hace parte una senadora de insidiosa ponzoña verbal, María Fernanda Cabal, quien pese a ser integrante de la bancada del Gobierno fustiga duramente al presidente cuando descalifica a la cúpula militar y le ordena retirarla por “inservible” (ver noticia). Fuego amigo, diríase, pero todo forma parte de una tramoya donde juegan al policía bueno y el policía malo para tener atrapada la audiencia en forma permanente, con el más alto rating.

En el marcado acento bipolar de este Gobierno figura también el MinDefensa -antes comerciante- Guillermo Botero, quien durante su ceremonia de posesión habló de reglamentar la protesta social (tarea constitucionalmente asignada al ministerio del Interior) y días después hizo esta afirmación infame, irresponsable y temeraria: “Los grupos armados organizados financian la protesta social”. Se trata de una acusación muy delicada, mediante la cual siembra el abono para futuras matanzas, pues criminaliza la protesta comunitaria y le da carta blanca a la ‘mano negra’ para que siga asesinando líderes sociales.

Al día siguiente Botero (ahí viene lo bipolar) trató de remediar la metida de patas declarándose “respetuoso del derecho ciudadano a manifestarse pública y pacíficamente", pero ya el daño estaba hecho.

Si extrapolamos la bipolaridad de lo siquiátrico a lo social, se vislumbra una situación que solo conducirá a ‘polarizar’ cada vez más al país, hasta que el conflicto se desborde y conduzca a nuevos choques violentos entre la barbarie reaccionaria y las ideas liberales.

Si yo fuera bipolar, diría entonces que esto avanza hacia el más fantástico, exitoso, rutilante, prometedor y peligroso desajuste de la siquis colectiva.

Nada bueno nos espera, mejor dicho, sino todo lo contrario.

Llegó la hora en que la mar se enluta, que suerte tan…

DE REMATE: El mejor ejemplo de bipolaridad en el manicomio presidencial lo pone el jefe del presidente Duque cuando, tras ser llamado a indagatoria por la Corte Suprema renuncia al Senado porque se siente “moralmente impedido”, pero unos días después se arrepiente “por razones de honor”; y para embolatar la indagatoria recusa a los magistrados de la Corte Suprema que lo investigan, pero luego desiste alegando que “nunca tengo ganas de dilatar”. Y así.

lunes, 10 de septiembre de 2018

¿Uribe a la cárcel? “El que la hace la paga”




En días pasados el país despertó con una noticia de esas que el senador Álvaro Uribe fabrica para hacer explotar de manera controlada, el día y hora que más le conviene, como pieza de relojería en un entramado mediático fríamente calculado. En el caso que nos ocupa, dijo que “el magistrado José Luis Barceló anunció a varios interlocutores que me llevaría a indagatoria y a la cárcel”. (Ver noticia).

Se trata de una acusación sinuosa mediante la cual comete -además- el delito de obstrucción a la justicia, y la parte sinuosa reside en que habla de varios interlocutores pero no da el nombre de ninguno, porque no tiene ningún nombre. Si tuviera al menos uno, obraría a su favor la recusación con la que trató de embolatar no tanto la indagatoria sino lo que él ya sabe que le corre pierna arriba: una orden de detención, con base en las pruebas existentes.

Esto es un secreto a voces, la verdad desnuda es que el presidente de la Corte Suprema, José Luis Barceló Camacho, instructor de la investigación penal matriz contra el senador Álvaro Uribe Vélez (expedientes UI38451 y 40248) en diferentes documentos de público acceso ha calificado los delitos como “concierto para delinquir, homicidio y otros”, con base en el abundante cúmulo probatorio recaudado por un muy profesional equipo de investigadores, que incluyó la cooperación de una agencia de inteligencia europea.

Según información no desmentida del portal Lanuevaprensa.com.co que dirige Gonzalo Guillén (el mismo cuyas denuncias pusieron preso al guajiro Kiko Gómez) “el más estructurado de los delitos calificados en contra de Álvaro Uribe en términos probatorios es el de concierto para delinquir, y proviene de la cantidad de casos en los que los testigos de cargo son obligados a cambiar sus versiones acusatorias o son asesinados cuando rehúsan hacerlo”. (Ver artículo).

En este contexto se entiende por qué el sindicado Álvaro Uribe ha enfilado sus baterías mediáticas contra la legítima autoridad que lo juzga, mediante una estrategia perversa que usa como idiotas útiles a los medios ávidos de noticias explosivas, así sean falsas, como la del magistrado Barceló.

El acusado habría podido refutar la evidencia con pruebas, testimonios y hechos verificables, que es lo que hacen los inocentes, pero prefirió irse por la vía de atacar con insultos y falacias la honorabilidad de sus jueces, que es lo que suelen hacer los culpables. Y los medios caen redonditos cuando actúan como campana de resonancia de semejante libelo, contribuyendo así a minar la credibilidad de la justicia y a enrarecer el ambiente.

El senador Álvaro Uribe como cualquier otro ciudadano de quien se presume su inocencia está en el legítimo derecho de defenderse, pero desborda los linderos de la legalidad cuando utiliza su inmenso poder mediático y político para arremeter contra la institución que en cumplimiento de su deber lo juzga. Es el suyo un poder amedrentador, intimidatorio, avasallador, atrabiliario, fiel copia de los métodos que en su gobierno quiso imponer pasando por encima de lo que se le atravesaba, fueran periodistas críticos, políticos opositores, testigos incómodos de El Aro, magistrados de las Altas Cortes o muchachos que no estaban recogiendo café.

El problema de fondo son las retaliaciones que se habrán de desatar contra la institucionalidad el día que en ejercicio de sus atribuciones la Corte Suprema ordene el arresto del expresidente. En las redes sociales hay muestras por montones de lo que se puede desencadenar, como este trino de Catalina Suárez, furibunda uribista (valga la redundancia): “Que quieran llevar al Presidente Uribe a la cárcel es una cosa, que lo vayamos a permitir es otra!!! #ConUribeSiempre”. (Ver trino).

Está además lo que había dicho cuatro años atrás el muy parlanchín Francisco Santos, más conocido como Pachito: “Llegan a ponerle un dedo a Uribe y se incendia este país”. ¿En tratándose de nuestro flamante Embajador ante el Gobierno de los Estados Unidos de América, tendremos un incendio teledirigido desde Washington…?

Sea como fuere, al margen de si Uribe es o no apresado al término de la ya insalvable indagatoria ante la Corte, aquí debemos brindar prístina claridad en nuestro decidido apoyo al lema que el presidente Iván Duque ha señalado como directriz a las autoridades en su lucha sin cuartel contra toda forma de delincuencia: “el que la hace, la paga”.

Por último, esto no lo digo yo; lo dice María Antonia Pardo (@NanyPardo): “Habla por celular con hampones de tú a tú, usa vocabulario de hampón en sus charlas con hampones, sus testigos son hampones, sus abogados son los mismos de los hampones, muchos de sus colaboradores o funcionarios están presos o huyendo de la justicia por hampones, pero “Él” es honorable”.

A la autora de ese trino se le consigue en Barranquilla y vive despotricando contra el mejor presidente que ha tenido Colombia. Es algo intolerable, duélale a quien le duela. Vayan por ella.

DE REMATE: Por las redes anda circulando un trino de La FM donde Uribe asegura que “me quieren enviar a la cárcel”, con esta respuesta mía: “¡Por supuesto! ¿Acaso no es eso lo que se debe hacer con los delincuentes? ¡Meterlos a la cárcel!” (Ver trino).

Vengan por mí.

jueves, 6 de septiembre de 2018

"Lo que se viene es la aplanadora de la privatización": Leonidas Gómez




Por Jorge Gómez Pinilla

El senador santandereano del Polo asegura que la intención del Gobierno es vender a Ecopetrol, por etapas, incluyendo la refinería de Barrancabermeja. Y cuestiona a las promotoras de la consulta anticorrupción por habérsela entregado al presidente Duque en "bandeja de plata".

¿Qué balance hace de la visita del presidente Iván Duque a Santander?
Pues no coincide mucho con su discurso de posesión. Allá nos creó ilusiones abriendo perspectivas de reconstrucción de la economía en todos los sectores, y aquí vino a decir cosas contradictorias. Por ejemplo, que va a modernizar la refinería de Barrancabermeja por fases; pero no dijo que lo que en realidad va a hacer es vender a Ecopetrol por etapas, incluyendo por supuesto la refinería. Es lo más perverso que puede existir.  

Cómo así, ¿el presidente Duque pretende engañar a Santander?
Pues él es un político, y estamos acostumbrados a que los políticos dicen una cosa y hacen otra. Lo que yo pido es aguzar los sentidos para que no nos sigan engañando. No es justo que después de todo lo que nos han engañado a los santandereanos, ahora otra vez.

¿Cómo es lo de vender a Ecopetrol por partes?
Es como cuando construyeron la represa de Topocoro para vender a Isagén, la joya de la corona. Cuando empezaron a construir la represa de Hidrosogamoso (que incluye la represa más hermosa del mundo, Topocoro) no nos dijeron que ya la tenían vendida, ni que la iban a vender por un precio irrisorio, menor al que costó construirla, a un fondo canadiense que pagó menos de cuatro veces de su valor real. Eso es perverso. El presidente debió tener el coraje de decirnos la verdad: “voy a reconstruir a Ecopetrol por partes para venderlo, incluyendo la refinería”.

No me ha respondido cómo es lo de vender a Ecopetrol por partes.
Quieren descuartizar la vaca de ordeño para vender la cabeza por un lado, el lomito y la sobrebarriga por otro, así. Ya vendieron a Invercolsa, y la junta directiva anterior alcanzó a aprobar la venta de Propilco, fábrica que produce la materia prima para hacer todo tipo de plásticos, una joyita que Ecopetrol le había comprado al Grupo Santodomingo. Y están socializando la venta de Cenit, que le produce la mayor utilidad en el balance a Ecopetrol, empresa que transporta crudos en sus tubos, pero también transporta por agua y por tierra. Y quieren vender a BioEnergy, de la que algún gerente de Ecopetrol tuvo la visión futurista de empezar a trabajar las energías renovables, y montaron una planta bellísima que también quieren vender. Lo que no saben todavía es cómo darle presentación a un acto tan irresponsable. Pero que se toman a Ecopetrol, se lo toman. Y lo venden.

Sorprende su radicalismo…
Es que al poder acaban de llegar los mismos que vendieron a Isagén, los mismos que vendieron a Telecom, el mismo ministro de Hacienda que regaló a Telecom. Lo que se viene es la aplanadora de la privatización.

¿Cómo ve lo del IVA para todos los productos de la canasta familiar?
Por la vía de los impuestos quieren recaudar 4.6 billones de pesos, ¿sabe cómo? Poniendo a declarar renta a los que ahora ven como los nuevos ricos de Colombia, las personas que ganan por encima de 1.9 millones de pesos mensuales.

Pero Duque ya puso a Carrasquilla en su sitio: “la última palabra la tiene el presidente”, dijo en Bucaramanga.
Desautoriza a Carrasquilla con el juego del policía bueno y el policía malo, y eso ante la opinión le da puntos. Pero yo invito al presidente a que explique cómo es eso de rebajarles impuestos a las multinacionales, si el impuesto nominal de renta que pagan es del 35%, pero por la vía de las exenciones ya llega al 2%. ¿Acaso se los va a rebajar al uno por ciento?   Yo le admiro al presidente Duque su habilidad e inteligencia, pero que no nos crea bobos.

Qué es lo que usted en concreto le reclama a Duque.
Que venga a Santander a tratar de engañarnos, y sobre todo a mi pueblito querido, mi Socorro, mi pueblito viejo, patria de José A Morales y cuna de la independencia. Eso me parece una ofensa a la inteligencia. ¡Que diga la verdad! Que diga que a las multinacionales que vienen por el petróleo, por el carbón, por el oro, por las maderas del Chocó, por la pesca del Pacífico les figura un impuesto nominal de renta del 35% pero por la vía de las exenciones les queda en el 2%. Son empresas que se llevan las materias primas y no generan ningún valor agregado, ni siquiera empleo. Que nos lo diga de frente, que no lo adorne con flores, porque ofende nuestra inteligencia.   

Ahora que se acerca la celebración del bicentenario de nuestra Independencia, ¿qué opina del olvido de la anterior bancada santandereana en el Congreso, cuando dejó a Charalá por fuera de la Ruta Libertadora, desconociendo el papel que jugó su población en la batalla de Pienta, donde contuvo a las tropas realistas y así contribuyó al triunfo definitivo en la batalla de Boyacá? (Ver artículo al respecto).
Lo más grave es que en la comisión del Senado encargada de la Ley Bicentenario estaba el joven Carlos Fernando Galán, de Cambio Radical, cuyo abuelo nació en Charalá. Es que a veces el poder vuelve a la gente arrogante. Si era una ley histórica, debieron haber consultado a las academias de historia. Pero no consultaron a nadie, y ahí cometieron un error. No digo que hayan sido traidores a Santander, pero cometieron un error que se debe reparar. ¿Cómo?, incorporándole una cláusula a la ley que ya se aprobó.

¿Un articulito?
Sí, un articulito que adicione a los pueblos libertarios de Santander, curiosamente los más olvidados. Usted va a Charalá y tiene dos ríos bellísimos, Pienta y Táquiza, pero no tiene acueducto.

¿Es posible que la actual bancada santandereana actúe unida, no solo para la Ley Bicentenario, sino para otros proyectos de interés del departamento?
Lo hice curiosamente con Richard Aguilar. Hemos sido contendores y vamos a seguir siéndolo, pero él recogió una iniciativa de Jorge Robledo que presentó con Juan Manuel Galán para convertir a Barrancabermeja en un Distrito Especial. En su momento no pasó, pero no voy a dejar que las diferencias ideológicas se interpongan si se trata de ayudar a mi departamento.  

Hablando de diferencias ideológicas, tengo la impresión de que en el tema de la consulta anticorrupción hubo serias divergencias entre los partidos que la promovieron. ¿Me equivoco?
Yo le trabajé a Claudia López, le ayudé a recoger los cuatro millones de firmas. Le trabajé muy duro a eso, pero no tuvimos un final feliz, porque los 11.6 millones de votos que obtuvimos se los entregaron en bandeja de plata a Iván Duque. La consulta buscaba un mandato popular que tuviera como fuerza actuante y vinculante la voz del pueblo, a diferencia de las leyes que son dictadas por la institución más desacreditada que existe, que es el Congreso. Entonces no entiendo cómo, si despertamos esa ilusión, al día siguiente de haber sacado tan impresionante votación, superior a la que se obtuvo para ser presidente, les hayan entregado esos votos a Duque en bandeja de plata. Y le hayan dicho, “ahora vaya usted y presente esto al Congreso”.

¿Le regalaron el liderazgo de la lucha anticorrupción a Duque, quiere usted decir?
Lo que sé es que él dice “yo presento esto al Senado de la República”, pero nadie tiene la seguridad de que el Senado lo apruebe. De ahí le pueden aprobar algunas cosas, pero lo que se mueve detrás de esto son intereses individuales. En ese acto multipartidista del ‘Palacio de Nari’ se tuvo en cuenta más los intereses personales que los intereses de la Nación. 

¿Intereses personales de quién o quiénes…?
De algunos que pueden estar interesados en congraciarse con el Gobierno y en entregarle las banderas de la lucha anticorrupción para que no tengan resistencia en aspiraciones personales.

¿Usted da a entender que hubo una negociación entre las promotoras de la consulta y el uribismo para entregarles esos millones de votos, a cambio de algo…?
Negociación, no. Hubo un pacto para que el Centro Democrático apoyara la consulta anticorrupción. Y no entiendo cómo pudimos ser tan ingenuos de creer que el Centro Democrático iba a apoyar una cosa de esas. Eso fue durante la campaña. Apenas finalizó, Uribe en sesión que yo presencié dijo “nosotros no apoyamos la consulta, pero el presidente sí”. Y se tomó la vocería sin consultarle al presidente, habló a nombre de él. O sea que fue un pacto de las promotoras de la consulta con el Centro Democrático, válido hasta cierto punto, pero ingenuo. ¿Cómo puedo yo creer que la mata de la corrupción va a apoyar un acuerdo contra la corrupción? Por eso los dejaron colgados de la brocha. Pero en vez de aprender de los errores, cometieron otro más grave: cogieron esos casi doce millones de votos bien sudados por Claudia, por Angélica y por nosotros, y se los pusieron en bandeja a Duque, uno detrás de otro. ¿Hasta dónde puede llegar semejante ingenuidad?       

¿O sea que al final de la jornada Duque se apoderó de la bandera de la lucha contra la corrupción?
Duque se apoderó de la bandera anticorrupción, así es, y eso le va a dar un prestigio que debilita al bloque de oposición. No teníamos necesidad de entregar tan cuantiosos votos, porque Claudia y Angélica, que fueron las líderes, ya tienen méritos propios. Habría sido más lo que hubieran ganado si no hubieran asistido. Asistiendo a esa encerrona, le mandaron un mensaje equivocado al país.    

Pero si no hubieran asistido, ¿cómo explican que el Gobierno las convoca y no van?
Habrían quedado como personas que no son ingenuas y que tienen carácter. Yo a esas dos líderes las seguiré apoyando, porque son personas que han construido futuro, pero no estuve de acuerdo con lo que hicieron. A mí me dolió mucho que el Centro Democrático y Uribe le hubieran dado la espalda al convenio que hicieron con los verdes, pero más me dolió que después de sacar semejante votación, se la hubieran entregado a Duque. Ahora bien, esto no es una contradicción insoluble, no nos pone en bandos opuestos. Nos pone en una categoría de autocrítica, donde debemos ir creciendo y construyendo la unidad.

En el tono que usted lo plantea, ¿ve posible una unión entre Jorge Enrique Robledo y Gustavo Petro?
Me parece muy bien que se reúnan, como ya lo hicieron, y que lo sigan haciendo. Que se reúnan sobre temas puntuales, aunque una amalgama completa entre ellos no la veo.

¿La iniciativa de la reunión como que fue de Robledo, hoy necesitado de Petro…?
Siempre las iniciativas hacia la unidad han sido de Robledo, porque él es el más sencillo de todos. Eso se lo da la autoridad para ser declarado en seis ocasiones como el mejor senador. Robledo es supremamente sencillo, él puede hacer un gesto de humildad como ese, de llamar al otro a conversar.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Duque en Santander: vino, vio, habló y descrestó


Pese a que el presidente Iván Duque ha sido definido en esta tribuna de opinión como un títere o monigote de Uribe, es de caballeros reconocer que no lleva ni un mes en el cargo y comienza a mostrar signos de relativa independencia, que sorprenden gratamente.

Primero fue cuando se desmarcó de su “jefe” (la expresión es de Alicia Arango) apoyando la consulta anticorrupción, al punto de invitar a votarla como “un deber ciudadano”, y luego cuando le solicitó a Naciones Unidas que ampliara por un año más la misión de verificación de los acuerdos con las FARC, en aparente señal de que eso de hacer trizas la paz era caballito de batalla del ala más radical del uribismo.

Ahora bien, la verdadera sorpresa habría de darse en Santander durante su visita del pasado fin de semana, con dos declaraciones suyas, una de ellas en desarrollo del taller Construyendo País, en Socorro.

Allí se refirió a las “frases desafortunadas” que ha pronunciado el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, respecto a su anuncio de gravar con IVA todos los productos de la canasta familiar, y en tal sentido brindó claridad en que "la última palabra la tiene el presidente". Esto significaría que ahí también se está desmarcando de Uribe, pues es obvio que Carrasquilla es más ministro de su “jefe” que de Duque. Sea como fuere, otra desafortunada frase de Carrasquilla fue cuando dijo que las impopulares medidas que ha propuesto “son mías, no del gobierno”. Más de un parroquiano confundido se preguntaba si el ministerio que él preside pertenece o no al “gobierno” de Iván Duque…

Pero lo que más avivó el optimismo de los santandereanos fue esta declaración que hizo ante un nutrido grupo de empresarios: “no sé cómo han mantenido cierto grado de tranquilidad después de que un gobierno vino y les dijo ‘tranquilos, que vamos a modernizar la refinería de Barrancabermeja’; hicieron llegar todo tipo de inversiones en infraestructura y hotelería y después nada. Yo sería un irresponsable si les digo que el proyecto se puede hacer de un solo golpe, pero lo que sí les puedo asegurar es que esa modernización la vamos a empezar a concebir por fases con Ecopetrol. No le vamos a quedar mal a Barrancabermeja”.

Esto significa que Duque llegó bien dateado, pues el gobierno al que se refirió fue el de Juan Manuel Santos, quien durante la campaña para hacerse reelegir (2014) visitó a Barrancabermeja y en el emblemático hotel Pipatón -hoy cerrado por la crisis económica- dijo que tenía más reversa el río Magdalena que la modernización de la refinería, y al final dejó a la capital del petróleo colgada de la brocha, y todavía hay barranqueños que se asoman esperanzados al muelle a ver si un día de estos se les hace el milagrito y el caudal empieza a tirar río arriba.

Sumado a la inestabilidad política, el tramacazo que hoy sufre Barrancabermeja es comparable al que viviría una madre gestante que en el octavo mes pierde su criatura, porque el Proyecto de Modernización de la Refinería (PMRB) abortó justo cuando el puerto petrolero se había preparado para recibirlo. En 2008 el entonces presidente de Ecopetrol, Javier Genaro Gutiérrez, dijo que la ampliación de la refinería iba a requerir de por lo menos 3.000 camas para los nuevos trabajadores. Y fue así como de los 25 hoteles que había, la cifra se quintuplicó a 125, y en consonancia con los ‘pajaritos de oro’ que pintó el gobierno comenzaron a aparecer nuevos restaurantes, centros comerciales, tiendas de ropa y lugares de entretenimiento, para estrellarse luego de bruces con que el desempleo pasó del promedio nacional del 10 al 23 por ciento, con la consecuente tensión económica y social que esto genera en una región tan ‘caliente’, justo a las puertas del posconflicto.

Es por eso que las palabras de Duque han comenzado a sonar con un timbre esperanzador para el departamento, y cabe ahí también el anuncio de reforma integral al Programa de Alimentación Escolar (PAE) que expuso la ministra de Educación, María Victoria Angulo, en Bucaramanga. (Ver noticia). 

No todo en el gobierno Duque es digno de elogio, por supuesto, y siguen pesando cosas tan negativas como la carga de impuestos y recortes que se viene para las clases media y baja, o el equivocado nombramiento de Alejandro Ordóñez en la OEA ("mosco en leche" según Humberto de la Calle), o el anuncio de un decreto que autoriza a la Policía para confiscar cualquier dosis de droga en las calles, algo claramente inconstitucional y violatorio del derecho al libre desarrollo de la personalidad, en un escenario de guerra contra un nuevo ‘enemigo interno’ que solo traerá abusos e injusticias a todo nivel.

Pero sea la ocasión para destacar aquellas cosas que al menos para Santander pintan bien, no va y sea que vayan a pensar que los santandereanos vivimos a toda hora ‘arrechos’ con el poder central y no sabemos reconocer ni tantico de los esfuerzos que pareciera estar haciendo el presidente Iván Duque por nuestro departamento.

En todo caso, le vamos a dar un compás de espera.

DE REMATE: Al cierre de esta columna se supo además que el presidente Duque nombró al abogado Pablo Elías González como director de la Unidad Nacional de Protección (UNP) en remplazo de la incendiaria uribista Claudia Ortiz, cuyo nombramiento le estalló en las manos cuando se conocieron sus trinos cargados de odio contra los que debía proteger. Acertada decisión, González Monguí es un eminente jurista, de talante liberal.

Y un chisme de última hora, aún sin confirmar: dicen que a Duque lo tienen de gira permanente para que no se meta en los asuntos del “gobierno”. 

lunes, 27 de agosto de 2018

Breve ensayo sobre la vergüenza de ser colombiano




Hay dos noticias de reciente factura que producen vergüenza de ser colombiano: una, la designación de Alejandro Ordóñez como embajador de Colombia ante la OEA; dos, el triunfo de los corruptos en la consulta del pasado domingo 26 de agosto.

Lo de Ordóñez es vergonzoso porque se trata de un exprocurador manchado por actos de corrupción, que se hizo reelegir repartiendo puestos y prebendas entre magistrados y congresistas, y por tal motivo fue despedido de su cargo por el Consejo de Estado. Ahí el discurso del presidente Duque a favor de la consulta anticorrupción se contradice con sus actos de gobierno, y les dan sentido a estas palabras de Matador: “El bisoño presidente Iván Duque acaba de decir “Colombia no aguanta más corrupción” y nombra a Ordóñez embajador ante la OEA. Explíquenme eso”. (Ver trino).

Obedientes a Matador en busca de una explicación, a favor de Duque obraría que ciertos cargos son decisión autónoma de su jefe, Álvaro Uribe: el de Ordóñez, sin duda; el del empresario Guillermo Botero convertido en MinDefensa, el del repitente MinHacienda Alberto Carrasquilla, el de Alicia Arango en MinTrabajo, el de su cuñado Carlos Enrique Moreno como Súper Consejero Presidencial…

Así no sea de la ‘cuerda’ de Duque, no deja de ser vergonzoso para la nación que un homófobo y fanático religioso como Ordóñez sea nuestra representación oficial ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Un verdadero “mosco en leche” en un entorno progresista, según acertado trino de Humberto de la Calle. (Ver trino).

Pero la verdadera vergüenza, el verdadero oso en carne propia ante los ojos del mundo ocurre cuando invitan a los 36’421.026 colombianos que componen el censo electoral a que con su voto ejerzan el mandato ciudadano de limitarles el margen de acción a los corruptos, y ni siquiera una tercera parte de ellos (11’667.702) acude a la cita con la decencia: si quisiéramos ver el vaso medio vacío bastaría recordar que a la pasada elección presidencial acudieron 18 millones de votantes, y para verlo medio lleno se diría que la consulta anticorrupción obtuvo 1’294.622 más votos que los 10’373.080 que sacó Iván Duque.

Es innegable que esos casi doce millones de votos constituyen un capital político y son un mensaje de advertencia a los corruptos, pero no alcanzó al nivel de un ‘tatequieto’, que lo habría sido si se hubiera llegado al umbral. Acudiendo al repertorio popular fue más bien a un nivel ‘traqueto quieto’, donde tendrían razón los que dicen que faltó el último centavo para completar el peso.

No nos llamemos a engaños, los corruptos están de plácemes, tuvieron buen recibo mensajes como este trino de Álvaro Uribe el mismo día de la consulta, a temprana hora: “El dr Petro me acusa de delitos de lesa humanidad, clama para que me lleven a la cárcel y para eso hace gastar 300 mil millones”. (Ver trino). En honor a la verdad esa plata la hizo gastar el mismo Uribe, pues la consulta iba a ser el día anterior a la elección presidencial -en cuyo caso habría costado 25 mil millones- y puso como condición para apoyarla que la pasaran al 26 de agosto, y por eso quedó costando más de 300 mil millones, y llegado el día de su realización le volteó el rabo (de paja).

Según Daniel Samper Ospina, el resultado final de la consulta “es un hito de nuestra historia. Lo de hoy representa un silencioso movimiento ciudadano que se levantó sin ruido para pedir que el país cambie. Este no es el final de una historia sino su comienzo” (Ver video). En coincidencia con el youtuber de 44, Jorge Cardona Restrepo considera en su muro de Facebook que “más de once millones y medio de votos tienen un significado y un impacto político inmenso, sin precedentes en Colombia; se ha partido en dos la historia política y electoral de la nación”.

Eso es  cierto y es la parte que nos consuela en la derrota, pero la otra cara de la moneda deja ver que los congresistas seguirán percibiendo sus morrocotudos salarios y no habrá iniciativa legal que de ahora en adelante los obligue a rebajarlos, y quedará en veremos la cárcel sin detención domiciliaria para los corruptos y la prohibición de volver a contratar con el Estado, y los mismos congresistas se encargarán de prolongar en el tiempo la adopción de pliegos tipo en la contratación pública, y embolatarán lo de máximo tres períodos en corporaciones públicas o lo estirarán a cinco… y así.

No es que estemos en plan de llorar sobre la leche derramada, al menos no en este caso. Se trata es de aprender a caminar con pies de plomo sobre un sendero plagado de espinas y rastrojo, donde la sola certeza de saber que quien hoy maneja las riendas del poder presidencial es Álvaro Uribe y no Iván Duque, nos sirve de catalizador para entender por qué en una circunstancia como la actual un pesimista es un optimista bien informado.

Y si no me creen, esperemos a que arranquen las “negociaciones” con la rama de la justicia a ver cómo Duque le cumple a su patrón el mandado de transformar las Altas Cortes en una sola, a la medida de la impunidad que tanto necesita.

Lo más triste de todo es ver el grado de complacencia o complicidad de los medios de comunicación con ese sujeto. Como dijera con demoledora lucidez Sara Tufano en columna para el Tiempo, “¿Por qué los medios han normalizado el uribismo? ¿Por qué no le critican a Uribe su enfermiza egolatría, su populismo fascistoide? ¿Por qué no cuestionan al Centro Democrático, un partido autocrático con un jefe supremo a quien sus seguidores le rinden obediencia absoluta y consideran un prócer de la patria?”.

DE REMATE: La única parte positiva de semejante disparate (un país que llevado de cabestrillo por un megalómano autoritario primero se manifiesta mayoritariamente contrario a la paz y luego les brinda visa de residencia permanente a los corruptos) es que por estos días no tengo previsto ningún viaje al extranjero. Me sentiría muy avergonzado ante los oficiales de inmigración que vieran la procedencia de mi pasaporte...

lunes, 20 de agosto de 2018

Jaime Garzón y el verdadero poder de la mano negra




Con motivo de la condena a 30 años que profirió el Juzgado VII Penal del Circuito Especializado de Bogotá contra José Miguel Narváez por haber sido el que convenció a Carlos Castaño de la conveniencia de asesinar a Jaime Garzón Forero, conviene brindar claridad en que este no actuaba como rueda suelta sino como vaso comunicante entre las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y parte de la plana mayor del Ejército Nacional de esa época, según muestran las evidencias procesales. (Ver noticia).

Su condena contribuyó a romper la impunidad que venía de 19 años atrás, cuando desde el DAS trataron de torcer la investigación apresando a falsos autores. Pero queda por dilucidar quiénes estuvieron detrás de Narváez, pues es obvio que él no actuaba como rueda suelta en sus frecuentes visitas a los campamentos de las Autodefensas, a donde llevaba razones de la cúpula y a sus tropas les dictaba la conferencia “Por qué es bueno matar comunistas”.

Los grupos paramilitares, no nos llamemos a engaños, actuaban como apéndices del mismo esquema del aparato represivo militar que con anuencia del poder civil los engendró para que se encargaran de hacerles el trabajo sucio, y así hubiera a quién culpar de la barbarie sin afectar la estructura del aparato institucional.

Lo cierto es que la cúpula de las AUC estaba compuesta por una horda de hienas salvajes alimentadas, domesticadas y regadas por todo el territorio nacional con la venia de los órganos de seguridad del Estado, pues de otro modo no habrían podido afincarse del modo en que lo hicieron, mediante masacres indiscriminadas y despojos de tierras a los campesinos que desplazaban.

Por boca del mismo Castaño supimos que hubo una especie de ‘junta directiva’ que desde la sombra asesoraba a esos grupos, y a ella se refiere Carlos Castaño en su libro Mi confesión, cuando en extenso diálogo con el periodista Mauricio Aranguren le habla del Grupo de los Seis: “gracias a estos señores, no soy hoy en día un bandido”. (Pág. 116). ¿Qué significa esa afirmación? Elemental, querido Watson: que mientras contara con la aprobación de tan selecto círculo se daba por hecho que su accionar era legítimo, por el bien de la patria.

¿Y quiénes conformaban el Grupo de los Seis? Esa pregunta se la hizo Aranguren y así respondió: “Al Grupo de los Seis ubíquelo como hombres al más alto nivel de la sociedad colombiana. ¡La crema y nata! Para mí fue un privilegio el paso que tuve por la vida de esas personas, y no hay que ponerle un toque macabro, era un grupo de seis colombianos a los que denomino verdaderos patriotas, comprometidos con Colombia. Ellos me convencieron de la conveniencia de actuar patrióticamente y dedicar mi vida a la defensa del país, y entregarla si es el caso. Eran personajes de todo respeto y credibilidad, que por su edad avanzada vieron en mí la posibilidad de tener un hombre de la patria”.

Castaño no dio nombres, pero una persona cercana a él sí. Según el portal Verdadabierta.com, “en su segundo día de versión libre ante fiscales de la Unidad Nacional de Justicia y Paz, el exjefe paramilitar y confeso narcotraficante Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’, señaló a Pedro Juan Moreno Villa, exsecretario de Gobierno de Álvaro Uribe en la gobernación de Antioquia, como uno de los integrantes del ‘Grupo de Notables’ que asesoraba al comandante paramilitar Carlos Castaño Gil”. (Ver artículo).

En el mismo rango de cercanía ‘Don Berna’ ubicó a Rodrigo García Caicedo, líder del Partido Conservador y directivo del Fondo Ganadero de Córdoba, quien padeció las secuelas de la extorsión por parte del Ejército Popular de Liberación (EPL) y sobrevivió a dos atentados de las FARC. Según ‘Don Berna’, Castaño acudía con regularidad a ellos en busca de orientación: “Yo lo llamaría el Consejo Superior: daba orientaciones en la parte política en la lucha contra la guerrilla y al que Carlos consultaba decisiones trascendentales”.

Pero Castaño no los muestra dando “orientaciones”, sino ordenando gran parte de los crímenes políticos que se cometieron a finales de los 80 y principios de los 90, y lo cuenta con una crudeza que pareciera sacada de las mejores páginas de El Padrino, de Mario Puzo: “Yo les decía “señores, he descubierto que algunos de los grandes jerarcas de las FARC y el ELN en la legalidad están aquí”. Les mostraba una relación escrita con sus nombres, sus cargos o ubicación de los enemigos. ¿Cuál se debe ejecutar?, les preguntaba, y el papelito con los nombres se iba con ellos a otro cuarto. De allí regresaba señalado el nombre o los nombres de las personas que debían ser ejecutadas, y la acción se realizaba con muy buenos resultados. (…) Un día invité a Fidel a una de esas reuniones, y a la salida me dijo: usted se está acercando al verdadero poder”. (Pág. 117).

Aquí entre nos y a modo de paréntesis, ¿no habría sido entonces ese “verdadero poder” el que en últimas decidió -o aprobó- la muerte de Jaime Garzón…?

Un tercer miembro de ese Grupo de los Seis fue señalado por el comandante paramilitar Éver Veloza, alias ‘HH’, quien coincidió con ‘don Berna’ en el nombre de Rodrigo García como el gran mentor de Castaño, a tal punto que “fue quien lo formó políticamente e incluso le hacía sus discursos”.

Según ‘HH’ el tercer miembro identificado de ese grupo en la sombra sería monseñor Isaías Duarte Cancino, obispo de Apartadó y Cali asesinado por el ELN, oriundo de Girón (Santander). Para darle veracidad a su dicho sobre la relación cercana entre el obispo y la cúpula de las AUC, en versión juramentada para Justicia y Paz 'HH' mencionó que en 2001 él mismo llevó a Castaño a la casa del religioso en Cali, donde pernoctó. "Yo no estoy diciendo que haya empuñado fusiles, pero sí era de los que asesoraban a Carlos", dijo Veloza, y remató así: “Entiendo que ahora se diga de honrar la memoria de los muertos, pero yo no tengo la culpa de que él haya hecho parte de los seis".

El Tiempo del 13 de febrero de 2009 informa que en continuación de la diligencia le preguntaron a ‘HH’ si reiteraba lo que había dicho el día anterior sobre el jerarca religioso, y “lo volvió a afirmar bajo juramento”.

Sea como fuere, debería quedar consignado en algún anaquel de la historia que si les creyéramos a Carlos Castaño, a ‘Don Berna’ y a ‘HH’ en sus coincidentes versiones sobre un grupo de personas notables que desde la sombra asesoraba u orientaba las acciones del paramilitarismo en Colombia, aquí habría quedado identificado al menos el 50 por ciento de los dedos de la ‘mano negra’.

DE REMATE: Cometió un error el juez que condenó a José Miguel Narváez pero le retiró al delito su carácter de lesa humanidad. (Ver noticia). Ese crimen forma parte de la persecución que miembros de la Fuerza Pública desataron, aliados con grupos paramilitares, para acabar con los defensores de derechos humanos que a finales de los años 90 se habían convertido en “sujetos incómodos” para el Estado. Ahí hay evidente sistematicidad y un aparato organizado de poder, con fines de exterminio.

lunes, 13 de agosto de 2018

¡Es la prohibición, estúpido!


Hay dos temas frente a los cuales la humanidad entera permanece aún sumida en una especie de involución cerebral, a años luz de lo que impone la sensatez. Esos temas son la droga y los gais.

La droga pertenece al terreno de la muy humana experimentación en busca de estados de conciencia alterados, los cuales también se logran con licor o con el uso de fármacos aprobados en el vademécum, mientras que el homosexualismo corresponde a una condición inalterable, la de quien nace así o en algún momento de su vida descubre que le gustan las personas de su mismo sexo. Así de simple.

Esto no debería someterse a discusión ni a reproche alguno, es cuestión de sentido común, las cosas son como son y no como se supone que deben ser. ¿Cómo se le puede ordenar a la gente que consuma esto sí pero aquello no, o a alguien que ama a otra persona de su mismo sexo que deje de hacerlo y se ponga a amar a personas de un género que su naturaleza homosexual rechaza? Es algo incomprensible, salido de toda lógica. Aquí nos centraremos en las drogas y su prohibición, porque el abordaje de cada tema encierra un marco conceptual diferente.

Es absurdo e inverosímil que discriminen, ataquen o, lo que es peor, metan a la cárcel a una persona porque decidió fumar marihuana o inhalar cocaína, bajo el manido argumento de que lo hacen para proteger a la sociedad del “flagelo del consumo”. Es de lógica elemental que no se debe dejar un tarro de veneno al alcance de un niño, pero cuando ese niño se convierta en joven o adulto el frasco seguirá estando en la parte más alta de la alacena. Para entonces ya podrá alcanzarlo, pero sabrá por qué no debe ingerir esa sustancia, de modo que si lo hace será porque tiene algún sentimiento autodestructivo o porque no recibió la educación, los valores o la información adecuada.

Frente al consumo de cualquier tipo de sustancia habrá siempre tres opciones: la del adicto, la del consumidor social y la del abstinente. Parte del absurdo reside en que por cuenta de quienes cargan desajustes emocionales que los empujan a la dependencia, terminan pagando los consumidores ocasionales, aquellos que disfrutan responsablemente esas drogas sin que se les vuelva un problema de conciencia ni un ataque permanente al hígado, como sí ocurre con el alcohol. Los que consumen por recreación y de manera responsable deben pagar las consecuencias en términos del peligro que representa desplazarse hasta una ‘olla’, y pagar en lo económico porque la prohibición eleva escandalosamente los precios, y pagar en su salud, pues a la droga callejera le hacen cortes para ‘rendir’ las ganancias.

No nos llamemos a engaños, si la preocupación por la salud de los connacionales fuera legítima deberían prohibir también las bebidas energéticas, o al menos su publicidad indiscriminada, pues son toneladas de cafeína y otros poderosos estimulantes lo que les meten a esos envases para mantener “despierta” la mente y el organismo del consumidor. Conozco jóvenes que con frecuencia de al menos una vez al día se toman una botellita de Vive 100, en un estado ya cercano a la adicción y a quienes de nada vale advertirles, porque la copiosa publicidad les avala su consumo y el acceso en cualquier semáforo les facilita el acceso, sin medir las consecuencias por el ataque permanente de esos compuestos químicos sobre los riñones.

Pero la solución no es legalizar unas y prohibir otras, no señores. La solución es legalizar el consumo de todas las drogas. Eso de “drogas ilícitas” es la aplicación dañina e injerencista de una política que les impone Estados Unidos a sus países satélite, mientras en su propio patio se abre de piernas a la legalización, a su modo. Según Soren Kierkegaard, “a veces el ángulo desde el cual vemos algo como un problema, es el problema”. ¿Quién dijo que a la gente le pueden prohibir que se dé en la cabeza, sea porque la estrella contra una pared o porque se emborracha o porque acude a una sustancia psicoactiva? Consecuentes con esta línea, ¿prohibimos también el suicidio?

Mientras en Europa, Canadá y EE.UU. la sana y arrolladora tendencia es hacia la legalización plena de la marihuana (allá ya no abren puertas sino compuertas), aquí el presidente Iván Duque asume como propio el libreto de la extrema derecha y anuncia un regreso al pasado, a la prohibición de la dosis mínima y a una guerra frontal contra el microtráfico, porque se cree que es en las propiedades diabólicas de la sustancia y no en la estructura misma de una sociedad enferma e inequitativa donde reside el problema. La teoría fascista de atacar al enemigo interno siempre tendrá un alto rating.

El saliente presidente Juan Manuel Santos tuvo el coraje de reconocer ante la Asamblea de Naciones Unidas que la guerra contra las drogas fue un rotundo fracaso -como en su momento lo fue la Ley Seca en EE.UU.- y se le abona haber logrado la aprobación de la hierba medicinal (cuarto país de Latinoamérica en hacerlo), aunque no contó con la correlación de fuerzas requerida para haber impulsado su legalización como corresponde, hasta su cultivo y exportación llegado el caso, en consideración a que el grano del café viene perdiendo puntos por la sobreoferta y la hoja de la marihuana podría representar una excelente alternativa, frente a una demanda internacional insaciable.

Pero como dicen por ahí, de eso tan bueno no dan tanto. A sabiendas de que al menos la marihuana será legal en todo el mundo de aquí a 10 o 15 años, en Colombia debemos prepararnos para cuatro años más de satanización de todo aquello que en lugar de poder disfrutar o experimentar, se nos prohíbe.

DE REMATE: Cuando de adicciones se trata, el consumo debe asumirse como un asunto de salud pública, como ocurre con el alcohol. Cualquier remedio de tipo represivo solo conduce a agravar la enfermedad y se emparenta con la reedición de métodos inhumanos, como los que se practicaban durante la Santa Inquisición, cuando creían que quemar brujas servía para erradicar al demonio. El demonio son los diferentes, para el que cree que las cosas solo pueden ser como a él se las enseñaron.

Ah, otra cosita: el título de esta columna es parodia de la frase que en 1992 se inventó James Carville, estratega de la campaña electoral de Bill Clinton. Para mantener la atención centrada en lo fundamental, Carville pegó en la cartelera de su oficina este cartel: “¡Es la economía, estúpido!”. Nadie debe darse por ofendido.

domingo, 12 de agosto de 2018

Ruta Libertadora: ¿Charalá y Santander por fuera?




Tremenda injusticia la que acaba de cometer el Congreso de Colombia con Santander, en particular con Charalá, y parte de la culpa recae en la representación parlamentaria santandereana, que no se pellizcó a tiempo.

Para entender el tamaño de la inequidad (¿iniquidad?) debemos evocar con justificado orgullo santandereano la Batalla de Pienta, ocurrida el 4 de agosto de 1819, cuando unos 2.000 valientes charaleños se enfrentaron con machetes, piedras, garrotes y agua caliente a soldados armados con bayonetas y abundante munición, dejando un saldo final de 300 patriotas muertos, mientras que en la batalla de Boyacá ocurrida tres días después solo se contabilizaron 13 pérdidas fatales y 53 heridos.

Pero no es la cifra de muertos lo que se debe considerar, sino el valor estratégico que Pienta tuvo en el desenlace que condujo a la independencia definitiva: el 7 de agosto de 1819 el Libertador Simón Bolívar derrotó al ya diezmado ejército realista comandado por el coronel José María Barreiro, pero ello no habría sido posible si tres días antes la población de Charalá -exceptuando ancianos, mujeres y niños- no hubiera corrido a cerrarles el paso en el puente sobre el río Pienta a los 1.800 soldados que llevaba el gobernador de la provincia del Socorro, Lucas González, para reforzar las tropas españolas.

Es precisamente con motivo de la conmemoración de los 200 años de aquellas batallas, incluida la del Pantano de Vargas, prevista para el año entrante, que el Congreso de Colombia expidió el pasado 12 de julio la ley 1916 “por medio de la cual la nación se vincula a la celebración del bicentenario de la campaña libertadora de 1819”, y en su artículo Segundo declara a los municipios que hicieron parte de la ruta libertadora “beneficiarios de los planes, programas y obras de desarrollo definidos en esta ley, exaltando su valor patriótico y aporte histórico para la Patria”.

Y a continuación enumera a los beneficiarios: Arauca, Tame, Hato Corozal, Paz de Ariporo, Pore, Támara, Nunchía, Paya, Pisba, Labranzagrande, Socotá, Socha, Tasco, Beteitiva, Corrales, Gámeza, Tutazá, Belén, Cerinza, Santa Rosa de Viterbo, Corrales, Tibasosa, Busbanzá, Floresta, Duitama, Paipa, Tópaga, Toca, Chivatá, Soracá,Tunja, Ventaquemada, Villapinzón, Chocontá, Suesca, Gachancipá, Tocancipá, Chía (Puente del Común) y el Centro Histórico de Bogotá.

Es comprensible que no se haya incluido a los municipios de las provincias santandereanas de Socorro, Vélez y Guanentá que tanto contribuyeron a encender la chispa de la indignación que condujo a la Independencia de la Corona Española, porque se trata es de exaltar el papel jugado por los que formaron parte de la Ruta Libertadora. Pero en tal medida constituyó imperdonable olvido -u omisión- haber dejado por fuera la batalla de Pienta, o sea a Charalá, porque el comportamiento de sus habitantes en tan heroica gesta -al impedir que a Barreiro le llegaran a tiempo los refuerzos- garantizó el triunfo definitivo del Ejército Libertador en Boyacá.

El primero que advirtió -o puso el grito en el cielo- sobre tan anómala situación fue el abogado e historiador Gerardo Martínez, quien vía Whatsapp le contó a un grupo de paisanos suyos no solo sobre la exclusión de Charalá consumada en el contenido de la ley 1916, sino también sobre el papel (¿o responsabilidad?) jugado por la bancada parlamentaria santandereana.

Según Martínez la presentación del proyecto fue de iniciativa parlamentaria, concretamente de la bancada de Boyacá, presidida por el conservador Jorge Hernando Pedraza. El trámite se inició en las comisiones segundas de Senado y Cámara, en la primera de las cuales tenían asiento los santandereanos Jaime Durán y Carlos Fernando Galán (este último nieto de Mario Galán Gómez, oriundo de Charalá) pero a ninguno se le ocurrió, como acto de elemental justicia histórica antes que de cortesía, hacerle el debido reconocimiento a Santander. ¿Quién presidía la Cámara de Representantes, y quién era la vicepresidente de esa misma corporación durante el trámite del proyecto, y la que por cierto estampó su rúbrica en el proyecto aprobado? Sendos santandereanos, Miguel Ángel Pinto y Lina María Barrera.

Ellos tampoco se percataron de incluir a Charalá como municipio partícipe de la Ruta Libertadora, siendo que en efecto lo fue. Bolívar en esa ocasión no pasó por Charalá, es cierto, pero sus tropas quedaron bastante menguadas tras los combates en el Pantano de Vargas, porque fue una batalla muy dura. Así que Bolívar le ordenó conseguir refuerzos al coronel Antonio Morales, el mismo del florero de Llorente, sí.

Tras llegar a Charalá, Morales le envió al Libertador un contingente de unos 200 hombres reclutados en varios municipios de dicha provincia, comandado por el capitán Ferminio Vargas, quien para más señas fue una de las 13 víctimas mortales de la batalla de Boyacá. En Charalá la gente ya estaba exaltada porque habían fusilado a Antonia Santos unos días atrás. Morales depuso al alcalde español y lo remplazó por don Ramón Santos, pariente de Antonia. Ahí esperó a las tropas del gobernador español Lucas González, quien iba con refuerzos para Barreiro, en cumplimiento de la orden que le había dado el virrey Sámano. Así que González salió de Oiba por el alto de Amansagatos y llegó a Charalá en la madrugada del 4 de agosto, y el resultado final fue que mientras Bolívar peleaba contra Barreiro, el coronel Antonio Morales contribuía a atajar en Charalá a las tropas del coronel Lucas González para que no pudieran entrar a reforzar las tropas de Barreiro. Es más, tan importante fue el aporte de Morales, que el Libertador lo designó gobernador y comandante general de la provincia del Socorro por decreto del 15 de septiembre de 1819, mes y pico después del triunfo.

Si eso no es pertenecer a la Ruta Libertadora, entonces ¿qué es pertenecer a la Ruta Libertadora?

lunes, 6 de agosto de 2018

Los corruptos ganarán de nuevo




Hay ciertas predicciones de las cuales el analista político que haya acertado debería sentirse ufano, pero en el caso que nos ocupa más bien producen escozor, pues si bien se pudo haber atinado en el vaticinio, no era precisamente eso lo que uno quería que pasara.

Un caso relativamente reciente de ‘trágica’ predicción exitosa fue cuando dos meses antes de la elección de 2016 dije en columna para El Espectador que “Trump va a ganar”, basado en ocho elementos de análisis: novedad, imagen, salud, dinero, imbecilidad, curiosidad, sorpresa y, por último, el factor judío. (Ver columna).

Un segundo caso de derrota en ciernes tiene que ver con la consulta anticorrupción prevista para el 26 de agosto, y frente a la cual oscuros nubarrones permiten prever lo que será una tormenta perfecta… a favor de los corruptos.

Considerando el altísimo rating político que tiene cualquier forma de lucha contra la corrupción, aquellos que se verían perjudicados han enfocado su rechazo en dos frentes: diciendo que se trata de una consulta “de la izquierda”, a la que satanizan, o enfilando baterías contra las principales promotoras de la consulta, Angélica Lozano y Claudia López. A esto se le conoce como falacia ad hominem: ante la imposibilidad de derrotar un argumento, lanzan un ataque personal contra su autor.

En el caso que nos ocupa los embates van desde quienes pretenden descalificar el referendo porque Angélica y Claudia son pareja -con lo cual queda incrustado en el imaginario colectivo el lado ‘homosexualizador’ que usaron en el plebiscito-, hasta un ataque tan ruin como el del doctor Fausto, reconocido uribista de Twitter: “Me pregunto por qué Claudia López nunca fue judicializada por haber asesinado a su hermano (sic) cuando la lanzó por la baranda de un edificio en la época que su mamá administraba un edificio”. (Ver trino). Lo cierto es que Martha, la hermana de Claudia, murió al romperse una claraboya mientras jugaba con sus primos, cuando ella tenía cuatro años. Culparla del accidente y acusarla de asesina, supera cualquier bajeza posible.

Sumado a esa campaña de propaganda negra, que arreciará a medida que se acerque la fecha crucial, está el factor matemático: para que la consulta triunfe se requiere que participe al menos la tercera parte de los electores que componen el censo electoral, o sea 12’231.314, y se necesita además el voto afirmativo de la mitad más uno de los sufragios válidos: 6’115.658 votantes.

Es obvio que los opositores de la consulta (o sea los corruptos asustados) promoverán la abstención porque saben que todo voto, así sea negativo, contribuye a aumentar el umbral. Esto se traduce en que la suma de votos positivos deberá ser casi la misma correspondiente al total de votantes requeridos.

¿Cuántos de los 10 millones de colombianos que en la pasada elección votaron por Duque, y cuántos de los ocho que votaron por Petro, votarían a favor en la consulta del 26? Obvio que la inmensa mayoría de los de Petro, y no se descarta que una parte de los que votaron por Duque también estén a favor de acabar la corrupción política y administrativa. Pero eso mismo da una idea de las dificultades existentes para lograr que la consulta anticorrupción salga airosa: una cosa son los altos guarismos de votación que en Colombia se logran para una votación presidencial, y otra cosa que la gente se anime a salir a votar un domingo que no coincide con ninguna otra elección.

El mejor referente es el plebiscito del 2 de octubre de 2016, cuando se presentó una situación absurda a más no poder, consistente en que al país se le convocó a que decidiera si quería la paz o la guerra, y gracias a la campaña de propaganda negra que la extrema derecha desató contra el gobierno de Santos triunfó el NO, sumado a que decenas de miles de personas se abstuvieron de votar por el SÍ porque las encuestas lo daban ganador por más de 20 puntos y “un voto menos a nadie perjudica”.

Hoy asistimos a la reedición de un absurdo similar, pues el mismo pueblo indolente y cobarde que eligió al títere de Álvaro Uribe ahora debe decidir si le pone un tatequieto a la corrupción o si prefiere apoyar a los corruptos, y todo indica que preferirá la segunda opción.

Solo una última cosa habría que agregar: espero estar equivocado.

DE REMATE: ¿Por qué Santos fue tan impopular?, se preguntaba la revista Semana el domingo pasado. La respuesta es de Perogrullo: porque en Colombia el más "popular" sigue siendo un individuo acusado de crímenes de lesa humanidad (‘falsos positivos’), masacres (El Aro, La Granja) y asesinatos (Pedro Juan Moreno, Jesús María Valle), a quien los medios de comunicación tratan como si fuera el patriarca que guía a la nación por la senda del camino correcto, pese a que en la práctica ocurre lo contrario.