martes, 17 de julio de 2018

Un presidente violador, una periodista violada




Una simple coincidencia de apellidos entre un presidente violador y una mujer violada sirve para reflexionar sobre un fenómeno de impunidad que solo se da en Colombia, a diferencia de otros países.

El presunto violador es el actual presidente de Guatemala, Jimmy Morales, a quien se le acusa de haber violado a más de una decena de mujeres. (Ver noticia).

La mujer violada es Claudia Morales, periodista colombiana que en los primeros días de 2018 denunció en columna para El Espectador haber sido abusada por “su jefe”, a quien no identificó, pero dejó pistas claras para develar su identidad: “un hombre relevante en la vida nacional. Ahora lo sigue siendo y, además, hay otras evidencias que amplían su margen de peligrosidad”. Desde que en 1995 inició su carrera periodística, los jefes de Claudia fueron Juan Carlos y Andrés Pastrana, Álvaro Uribe, Felipe López, Yamid Amat, Juan Gossaín, Julio Sánchez Cristo, Hernán Peláez y Gustavo Gómez. ¿Cuántos hombres peligrosos hay en esta lista…?

En Guatemala la Fiscalía le acaba de abrir un expediente al presidente Morales para investigar los hechos denunciados por Édgar Gutiérrez, ministro de Relaciones Exteriores entre 2002 y 2004, quien aseguró en una columna de opinión: "No se sospechó que fuera un abusador de jovencitas, como en efecto lo es, aprovechándose del cargo".

En Colombia la periodista Morales dejó ver que su violador es un hombre tan poderoso, que si lo hubiera denunciado habría arriesgado el bienestar de su familia y su propia vida: “Mi papá estaba en una posición laboral que yo debía proteger y mi vida profesional, una vez renuncié al lugar donde trabajaba con “Él”, era incierta”. Conclusión, su abusador también se habría aprovechado del cargo de preminencia: “Ella mira por el rabillo de la puerta, es su jefe. Abre, “Él” la empuja. Con el dedo índice derecho le ordena que haga silencio. Ella (…) le dice que va a gritar. “Él” le responde que sabe que no lo hará. La viola.”

En Guatemala el periódico digital Prensa Libre informó que una mujer había denunciado al presidente Morales por abuso sexual y que en próximos días ratificaría su acusación con pruebas. El medio aseguró que la víctima "teme por su vida", pero estaría dispuesta a sostenerse en su denuncia. En Colombia la revista Semana informó que “la periodista Claudia Morales desató una tormenta al revelar que fue violada, pero no por quién. Sin embargo, deja pistas que sugieren que podría haber sido el expresidente Álvaro Uribe”. (Ver noticia).

En Guatemala el rumor comenzó a crecer desde el momento de la denuncia, “ayudado por el silencio de Morales, quien no desmintió las acusaciones”. En Colombia el expresidente Uribe se dio por aludido (ninguna de los otros exjefes de Claudia lo hizo) y en su cuenta de Twitter se pronunció así: “Omito comentar sobre el burdo ataque político, he sido decente con las mujeres a lo largo de mi vida. Nuestra oficina de prensa debe publicar viajes presidenciales en cuya comitiva estuvo la señora, nombre de las personas que estaban a cargo de la seguridad y sus obligaciones”.

Ese mismo día el Centro Democrático publicó el listado de los viajes al exterior en los que Claudia Morales formó parte de la comitiva presidencial, como jefe de prensa internacional. Según el artículo arriba citado de Semana, “a primera vista el documento no aclara nada. Simplemente enumera una serie de viajes, países, hoteles y personas que hacían parte de la comitiva. En algunos de estos viajes ella coincidía con el expresidente en el mismo hotel y en otros no”.

Para completar la cuadratura del círculo, el mismo magistrado colombiano Iván Velásquez que años atrás había sido perseguido por el gobierno de Uribe, ahora aparece convertido en el enemigo número uno de Jimmy Morales porque en su condición de jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) denuncia la corrupción que emana desde la presidencia, y Morales responde pidiendo su expulsión del país. (Ver noticia).

Para seguir en las coincidencias, en 2015 el entonces presidente de la misma Guatemala, Otto Pérez Molina, fue encarcelado por liderar una red de corrupción conocida como “La Línea”, gracias a una investigación adelantada por Iván Velásquez y la Fiscal General de ese país, Thelma Aldana. (Ver noticia).

La radiografía a doble pantalla es clara: mientras en Guatemala la justicia es independiente del poder ejecutivo (hasta el punto de mandar a un presidente a la cárcel y poner contra las cuerdas a su sucesor, Jimmy Morales), en Colombia es tan arrollador el poder unipersonal que maneja el sospechoso de haber cometido estupro contra una periodista, que logró que en plena campaña electoral el escándalo permaneciera sepultado y a continuación hizo elegir en la presidencia a un monigote suyo, el cual llega con la misión de suprimir la Corte Suprema de Justicia que hoy lo investiga por fabricación de testigos contra el senador Iván Cepeda y además le adelanta 28 procesos de única instancia, todos reservados, de los cuales uno se relaciona con falsos positivos y otro con la muerte del defensor de Derechos Humanos Jesús María Valle, según informa RCN Radio.

Si en 2006 Álvaro Uribe Vélez fue capaz de violar la Constitución para hacerse reelegir y dos años atrás ya habría violado a una dama subalterna suya para satisfacer un afán pasajero, a partir del 7 de agosto de 2018 tendrá a su libérrimo alcance todo el poder requerido (ejecutivo, legislativo y judicial) para 'neutralizar', eliminar, torpedear, cercenar, descabezar o hacer trizas lo que se le atraviese en su desmedido e insaciable propósito de salirse de nuevo con la suya.

Aunque usted no lo crea, hemos salido de Guatemala para meternos en Guatepeor.

martes, 3 de julio de 2018

Son los días de la derrota


Tal vez fue Aristóteles quien dijo que no se puede pensar con un dolor de muela, pero lo que nunca imaginó el filósofo es lo difícil que se pone la tarea cuando te toca pensar, escribir y producir cargando en tus entrañas con un dolor no de muelas sino de patria, como una tusa insoportable.

No hay cómo describir la sensación de derrota al advertir -abatido, horrorizado, estupefacto- que a partir de ahora y durante años, por lo menos cuatro, despertarás a cada nuevo día con la certeza de que vivirás y quizá morirás en un país gobernado por un delincuente de lesa humanidad que logró la retoma del poder perdido gracias a una hábil estratagema consistente en ofrecer la figura de un monigote suyo con carita de yo no fui para resolver los supuestos males que nos trajo la paz de Juan Manuel Santos.

De un tiempo para acá hay días en los que despiertas impregnado por la sospecha de que no vas a resistir la embestida de la fiera sedienta de venganza apareciendo día y noche en todos los noticieros con su sonrisa sardónica y su semblante hipócrita de párroco afligido. Crees que vas a reventar, porque sabes que cualquier denuncia o cosa nueva que pretendas publicar resbalará como el agua sobre las alas de un pato y nada de lo que pretendías cambiar será posible desde aquel infausto 17 de junio en el que te subieron al tren de la Historia Nacional de la Infamia, un expreso a la incertidumbre más tenaz del que no te puedes bajar ni echar marcha atrás, atado a la noria del destino bárbaro que te impusieron unas mayorías indolentes, cobardes, alienadas hasta el tuétano por el miedo ancestral a todo lo que represente dejar de obedecer a los mismos amos.

Una nación enferma que en el plebiscito de 2016 rechazó la paz, en la elección presidencial de 2018 votó por continuar la guerra y el día de la Consulta Anticorrupción le dará un sonoro espaldarazo a los políticos corruptos para que sigan robándose el país a manos llenas, porque les harán creer que las promotoras del referendo son un par de lesbianas que van a acabar con las buenas costumbres, y todas esas recuas de ignorantes en disciplinadas filas se tragarán entero el pánico al rayo homosexualizador… y los criminales ganarán de nuevo la partida.

Son los días en que descubres que necesitas cambiar de tema en tu próxima columna para no volverte loco, y te acuerdas de un poema de Jotamario Arbeláez que se amolda como traje a la medida de la malparidez existencial que te asiste, pero agregándole una palabra entre paréntesis:

Si sale el sol es para arruinar la cosecha.
Si se presenta la lluvia se desbordan los ríos.
Si encendemos la chimenea se quema la casa.
Si abrimos la ventana se nos entra un murciélago.
No es que el Señor haya perdido el control del planeta.
Es que mi amada (patria) está enferma.

Son además los días en que descubres que la selección que tu memoria hizo de ese poema no fue fortuita, porque no es que tu amada esté enferma sino que justo en medio de la tormenta decidió dejarte como Ulises atado al mástil de su propio infierno, y ruegas al Altísimo que vengan días mejores para la patria o que al menos tu amada te perdone por haber dicho lo que nunca debiste decir en el momento menos indicado…

Es cuando presientes que te estás metiendo en camisa de once varas al permitir que en cada inevitable nuevo trazo de tu pluma quede la huella inerme de tu corazón adolorido, de tu insufrible desazón, porque has desconocido que la procesión debe ir por dentro y contrario sensu dejaste escapar al viento tu congoja por partida doble, por la desgracia de país que te tocó sobrellevar y por la tragedia del amor ausente.

¡Es el hastío!
¡El diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!
A los objetos sórdidos les hallamos encanto
e, impávidos, rodeados de tinieblas hediondas,
bajamos hacia el Orco un escalón diario.
(…)
Lector, tu bien conoces al delicado monstruo
-¡Hipócrita lector- mi prójimo- mi hermano!
Charles Baudelaire, Au lecteur

Son los días en que anocheces tarareando el estribillo de Miguel Hernández, en la versión de Serrat: “menos tu vientre, todo es confuso”. Ante el delirio del absurdo, embotado por un hálito poético-romántico-depresivo, te entran unas ganas irresistibles de rematar con los dos tercetos finales de un soneto perteneciente al mismo poeta español que fue condenado a pena de muerte por el régimen del dictador Francisco Franco pero se le conmutó a treinta años de cárcel que no pudo cumplir porque murió de tuberculosis en una prisión de Alicante:

Me callaré, me apartaré, si puedo
con mi pena constante, instante, plena,
a donde ni has de oírme ni he de verte.

Me voy, amor, me voy pero me quedo,
pero me voy, desierto y sin arena:
adiós, amor, adiós hasta la muerte.

DE REMATE: Imagino las reacciones uribistas a esta columna: “"supérelo mamerto, deje gobernar, váyase pa’ Méjico". A lo cual podría responder que “me parece buena idea, pediré asilo en México. O les venderé aguacates hass. Allá sí se impuso la cordura, manitos”.

martes, 26 de junio de 2018

Álvaro Gómez Hurtado y los exabruptos de la Fiscalía




Digámoslo sin rodeos: frente al caso por el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado la Fiscalía General de la Nación se está tomando más atribuciones de las que le corresponden, a la par que adelanta una poderosa campaña mediática tendiente a ocultar a los verdaderos autores de ese crimen.

La sorpresa de hace unos días fue la noticia según la cual tres policías fueron llamados a indagatoria por desviar el proceso. Como dato llamativo, tres medios de comunicación reprodujeron de manera casi idéntica el comunicado que expidió la oficina  de Prensa de la Fiscalía (El Tiempo, Caracol y El Espectador), sin ningún sentido crítico hacia la información oficial, aceptando y reproduciendo lo que allí se dijo como si fuera la verdad por fin revelada.

Pero ocurre lo contrario, pues lo que se percibe es la aplicación de un plan estratégico de comunicaciones -por no decir de Inteligencia Militar- orientado a imponer la tesis que sin sustento probatorio alguno expuso el narcotraficante Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’, desde una cárcel de Estados Unidos y con el único propósito de obtener rebaja de penas, como él mismo habría de reconocerlo en una tercera declaración suya que Enrique Gómez Martínez (hoy abogado del que disparó contra su tío) trata de ocultar, pero que saldrá a la luz pública.

Las dos primeras declaraciones de Rasguño (a las que Semana les metió lupa analítica en artículo de carátula titulado ¡Está loco!) planteaban que el cartel del Norte del Valle habría asesinado a Gómez Hurtado en parte para “hacerle un favor” al gobierno de Ernesto Samper, silenciando a un crítico suyo, y en parte porque se rumoraba que habría un golpe de Estado y se instalaría una junta presidida por el dirigente conservador, quien convocaría a una Asamblea Constituyente para revivir la Constitución de 1886, extraditar a los principales capos del narcotráfico y cerrar el Congreso.

¿Y a quiénes presentaba ‘Rasguño’ como los determinadores del magnicidio? A tres mafiosos, todos muertos, todos pertenecientes al cartel del Norte del Valle: Efraín Hernández alias ´don Efra’; Orlando Henao alias ‘El hombre del overol’; y el coronel (r) de la Policía Danilo González, que terminó al servicio de esa agrupación criminal. Había además un eslabón que estaba incomodando, el abogado Ignacio Londoño Zabala, quien según ‘Rasguño’ habría sido el que les transmitió el mensaje a los mafiosos para que se encargaran del asunto.

Londoño estaba muy tranquilo porque nunca fue vinculado al proceso -declaró en versión libre- y tenía en su poder una carta con letra, firma y huella del propio Rasguño donde este se disculpaba por haber mentido sobre él y le explicaba el motivo de su engaño a la justicia. (Ver El eslabón perdido, revista Semana). Tal vez el saberse libre de toda culpa con ese documento hizo que Londoño descuidara su seguridad personal y fuera asesinado el 19 de julio de 2015, siendo candidato a la alcaldía de su natal Cartago. Esa carta es posible que permanezca en poder de algún miembro de su familia, en calidad de depositario o custodio del documento, y que un día de estos también salga a la luz pública.

El plan estratégico de Londoño, según su abogado, era obtener de la Fiscalía una resolución inhibitoria que le permitiera posesionarse como alcalde de su pueblo y olvidarse de la acusación, con su hoja de vida limpia, pero un sicario le frustró su sueño disparándole desde una ventana.

La ausencia física de Londoño es la que le permite al Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez (amigo de la periodista conservadora María Isabel Rueda, a su vez muy cercana a los intereses de la familia Gómez Hurtado) imponer una tesis sin sustento probatorio diferente al que ya no pueden brindar los cuatro muertos citados, pero a quienes sí se les puede echar la culpa para que nadie vuelva a pensar en la tesis expuesta por el exembajador de Estados Unidos Myles Frechette, sin duda el hombre mejor informado que hubo durante el gobierno de Samper.

Según Frechette “gente de derecha en algún momento decidieron (sic) hacer un golpe, y le preguntaron a Álvaro Gómez (…) que si él podría encabezarlo. Él lo pensó, y lo rechazó. En ese momento los conspiradores decidieron matarlo, porque ellos sabían que en algún momento, según las circunstancias, él podía delatarlos”. Y más adelante agrega: “El autor material pudo ser cualquier persona. Pero los autores intelectuales están ahí todavía, ahora. No sé adónde, pero están en Colombia. No han sido apresados, no han sido detenidos, nada”. (Ver entrevista).

A pesar de tan contundentes afirmaciones de Frechette, mas los numerosos indicios que apuntan en esa dirección, la Fiscalía sigue con su entramado de exabruptos, buscando el ahogado río arriba. El primer exabrupto aparece en un artículo de El Espectador titulado ‘Revive el caso Gómez Hurtado’, donde se lee: “Hoy la justicia admite que el cartel del Norte del Valle fue quien (sic) asesinó a Gómez y, según testimonios de los propios capos que siguen en Estados Unidos, la razón del crimen fue la creencia de Orlando Henao y su círculo de que el dirigente conservador iba a ser parte del gobierno tras el derrocamiento de Samper, y los narcotraficantes iban a ser extraditados a Estados Unidos. Por eso se configuró la conjura en la que, así como el coronel Danilo González fue determinante, también estuvo el abogado José Ignacio Londoño Zabala”.

¿Cómo así que “hoy la justicia admite”, y por qué la prensa se deja meter tan fácil los dedos en la boca? La justicia la imparten los jueces y las atribuciones de la Fiscalía son las de investigar y acusar ante los estrados judiciales, no las de ejercer justicia por lengua propia. Y hasta donde llega la información -o mejor, el estado del proceso- ningún juez de la República ha sentenciado en los términos que el fiscal general quisiera precipitar, salvo por la pena de 40 años al único condenado, Héctor Paul Flórez, hoy paradójicamente representado por Enrique Gómez Martínez en un trámite insólito y absurdo, pues aparece defendiendo a quien fuera el asesino de su tío.

Esa misma indebida atribución -o intromisión- de la Fiscalía obra para la declaratoria de lesa humanidad, tarea que no le compete a Néstor Humberto Martínez Neira sino a un juez, sea uno de primera instancia o la misma Corte Suprema, por cierto la más indicada por ser allí donde reposa el proceso en el que obra como parte civil la familia de la víctima y como acusado el exministro del Interior Horacio Serpa, mientras que el expediente contra Ernesto Samper reposa en la Comisión de Acusaciones de la Cámara, como corresponde al fuero presidencial y según la legislación vigente.


Tuve oportunidad de contactar a uno de los policías que rindieron diligencia de indagatoria en días recientes, el entonces mayor Luis Guillermo Parra Niño, para la fecha comandante de la Sijín en Sincelejo, y asombra la tranquilidad que lo abriga frente a la acusación que le hacen (favorecimiento y fraude procesal), en aplicación del refrán “el que nada debe nada teme”.

Los tres policías cumplieron con la recepción de una declaración de Carlos Alberto Lugo, delator de uno de los sicarios, Héctor Paul Flórez, al que el abogado Enrique Gómez Martínez necesita tumbarle el proceso para que puedan declarar el homicidio como crimen de Estado y así él y su familia se hagan merecedores a una millonaria indemnización. (Ver columna anterior sobre el tema).

Por ahora, basta denunciar la anómala situación que desde finales del año pasado se viene presentando, cuando la Fiscalía General de la Nación decidió tomar partido por una de las partes del proceso y, asumiéndose como juez y parte, comenzó a usurpar la competencia que solo la justicia tiene para resolver el caso.

La gran pregunta es: ¿Qué está llevando a Néstor Humberto Martínez a ‘pedalear’ la impunidad para los verdaderos autores del execrable asesinato de Álvaro Gómez Hurtado? No puede ser solo influencia de su protegida, María Isabel Rueda. ¿O sí…? Mejor dicho, ¿qué será, será?

DE REMATE: Los tres gobiernos de Álvaro Uribe -los dos que ya tuvo y el que va a comenzar- fueron elegidos por el 27 por ciento del total de votantes potenciales que aparecen en el Censo Electoral. Es decir, Uribe siempre ha sido elegido por menos de la tercera parte de los electores posibles. Es por eso que el voto obligatorio es lo único que serviría para darle una verdadera vuelta de tuerca a este país agobiado por tanta impunidad reinante. ¿Por qué en ninguna reforma política desde los años del Frente Nacional ha prosperado el voto obligatorio? Muy fácil: porque sería soga para el propio pescuezo de los políticos que lo aprobaran.

lunes, 18 de junio de 2018

Aposté un millón de pesos… y perdí




Hay un amigo que me debe una plata, cinco millones de pesos para ser exactos. No es plata que yo le haya prestado, es por un trabajo que hice y la suma referida es el saldo a favor. Ese amigo se llama Ancízar Casanova y con él me encontré a tomar un café en la cafetería La Croissantina de Girón el sábado 16 de junio de 2018, un día antes de la elección de Iván Duque como presidente de Colombia.

Casanova no solo es un agudo estratega de la política nacional, sino alguien cuyo trabajo lo obliga a hacer mediciones mediante encuestas que él mismo contrata. Esa tarde, aunque nos reunimos a finiquitar un asunto editorial pendiente, aprovechó la ocasión para lanzarme una apuesta tentadora. Muy seguro de cada sílaba que pronunciaba, me dijo que al día siguiente iba a ganar Iván Duque y que la diferencia de votos con Gustavo Petro iba a ser superior a millón y medio de votos, y en la frase siguiente la puso superior a dos millones. Mientras tanto mi vaticinio, como lo había publicado en Facebook y Twitter, apuntaba a dos escenarios posibles: Petro perdía por una pequeña diferencia de votos, o ganaba por la misma pequeña diferencia.

Pero centrémonos en ese millón y medio de votos, porque corresponde a los términos que me propuso el amigo apostador -y calculador-, a saber: si Duque ganaba por una suma igual o inferior a 1’499.999 votos, o si Petro era elegido presidente, él ya no me debería cinco sino diez millones de pesos. Pero si Duque ganaba por una suma de votos superior a millón y medio de votos, la deuda de él conmigo quedaba saldada de inmediato.

Mi primera reacción casi a ojo cerrado fue aceptar la apuesta, pero antes tomé la precaución de preguntarle en qué se basaba para hacer tan osada y tentadora oferta. Queriendo convencerme de que no elucubraba, Ancízar comenzó por mostrarme un vaticinio que le hizo sobre una servilleta días antes de la primera vuelta a un político uribista que primero apoyó a Didier Tavera a la gobernación de Santander y luego regresó al uribismo, donde daba cifras cerradas sobre los resultados que obtendría cada uno de los cinco candidatos que se enfrentaron allí, y acertó en el orden que ocuparon estos y en el aproximado de votos para cada uno. (Ver servilleta).

Luego Casanova me habló sobre lo que iba a pasar el domingo, e hizo una sumatoria en la que a los inamovibles casi ocho millones de votos de Duque les agregó una proporción razonable de los que recibiría de Germán Vargas Lleras y demás ‘adherencias’ (conservadores, liberales, Cambio Radical, La U, etc.), y a Petro le descontó los que dejaría de recibir por la promoción del voto en blanco que de manera irresponsable hizo Sergio Fajardo dos días antes de la votación (viernes 15 de junio), y a continuación esbozó un cálculo del total de votos que recibiría Petro, y en su dictamen final pronosticó que Duque ganaría por más de dos millones de votos, pero a efectos de la apuesta lo redujo al millón y medio ya referido.

No quiero alargar la pita, solo resumo en que la cifra de votos que dio a favor de Duque me pareció exagerada, tan exagerada que decidí cogerle la caña en la apuesta, aunque por una suma que en caso de perder el suscrito no me hiciera tanto daño: un millón de pesos.

Casanova acogió sin titubear mi contrapropuesta, y aquí debo citar como testigos a los amigos y visitantes de mi muro de Facebook, puesto que lo mismo que cuento aquí lo publiqué el sábado 16 de junio a las 11:45 p.m., solo que redactado no en futuro pluscuamperfecto sino en pretérito reciente, narrando lo que acababa de pasar en esa cafetería en torno a la apuesta para el día siguiente. (Ver post de Facebook).

Yo difería de tan avasallador resultado a favor de Iván Duque, pues en mi condición de optimista empedernido estaba convencido de que la diferencia de votos a favor o en contra de Petro no sería superior al millón de votos. Así que decidí jugármela, asumí el riesgo, y al anunciar la apuesta en mi muro de FB cité pomposamente al emperador Julio César cuando al cruzar el río Rubicón dijo “alea iacta est”, la suerte está echada. Y el resto de la historia ustedes ya la conocen.

Debo reconocer que mi contendor en la apuesta no solo acertó en que ganaba Duque, sino en un vaticinio exageradamente cercano al resultado final, si es que se puede dar un acierto exagerado: la diferencia exacta entre Duque y Petro fue de 2’338.891 votos.

Hoy no quiero hacer ningún análisis alarmista sobre lo que puede significar para Colombia el regreso de Álvaro Uribe al poder en la figura de un muchacho inexperto pero adiestrado para el obediente cumplimiento del objetivo estratégico trazado por las fuerzas oscuras que lo gobiernan. Más bien, procuraré aplicar lo que en alguna ocasión le escuché a mi madre: “tenga paciencia y maldiga pasito”.

Sea como fuere, debe haber claridad en esto: he sido derrotado en franca lid y, como corresponde a un caballero, de la cuenta de cobro por el saldo que Ancízar Casanova me adeuda descontaré el millón de pesos perdidos en la apuesta.  Pero que conste, citando al político brasilero Darcy Ribeiro:

“Me puse del lado de los pueblos originarios y me derrotaron.
Me puse del lado de los negros y me derrotaron.
Me puse del lado de los pobres y me derrotaron.
Me puse del lado de los trabajadores y me derrotaron.
Pero nunca me puse del lado de quienes me derrotaron.
Esa es mi victoria”.

La única enseñanza posible de esto, es que resulta imposible cambiar en cosa de meses estructuras mentales arraigadas en el pueblo colombiano y ligadas desde lo religioso a la presencia de un padre autoritario que mediante el miedo los induce a no caer en el “error” de liberarse de sus propias ataduras. Esclavos felices, mejor dicho.

DE REMATE: Al día siguiente de la elección, Jorge Robledo salió con esto: “se confirmó que era falso que votar en blanco era votar por Duque o por Petro”. (Ver trino). Vaya vaya, qué facilidad para convertir en aparente triunfo una aplastante derrota. Lo cierto fue que gran parte de los votos de Fajardo en Antioquia se fueron para Duque y otra parte para Petro, pero los votos en blanco que Robledo necesitaba para hacerle daño a Petro no aparecieron. Apostó mal… y perdió. Colega en el infortunio, digamos.

lunes, 11 de junio de 2018

El voto en blanco solo le sirve a Uribe


El Espectador en su editorial del sábado 9 de junio se manifestó a favor del voto en blanco, lo cual es comprensible, pues uno no se imagina a los empresarios dueños de este periódico votando por Gustavo Petro, del mismo modo que no es concebible que sus periodistas -críticos de toda forma de abuso del poder- invitaran a votar por el candidato de Uribe, Iván Duque. (Ver editorial).

Según el editorialista, el voto en blanco “es una manera muy eficiente de advertir que la vigilancia será implacable, que quien llega a la Casa de Nariño tiene el imperativo moral de acercarse a quienes piensan diferente, de tender puentes”. Eso suena razonable en un país con democracia plena y donde los abstencionistas no constituyan la fuerza política mayoritaria, pero aquí se trata es de escoger cuál de las dos opciones es la que menos daño le hará al país, si lo queremos poner en el mismo tenor del editorial cuando habla de la dificultad de decidirse por “el menos peor”.

Es obvio que el ambiente político se encuentra polarizado entre dos fuerzas antagónicas, izquierda y derecha, y parte de la culpa de que el centro de Sergio Fajardo se haya descartado como opción recae en él mismo, pues tanto Petro como Humberto de la Calle le propusieron en su momento someterse los tres a una consulta el 11 de marzo, pero como él iba de primero en las encuestas se puso de niño bonito a rechazarlos: al primero por “extremista” y al segundo por pertenecer a un partido “corrupto”. Si al menos se hubiera aliado con De la Calle, esos voticos le habrían servido para desplazar a Petro al tercer lugar. Sea como fuere, al final Fajardo se quedó sin el último centavo para completar el peso.

Hoy es saludable ver que su fórmula vicepresidencial, Claudia López, y su coequipero Antanas Mockus hayan adoptado una actitud responsable con el futuro del país al adherir a Petro, pero igual se debe dejar constancia de lo dañino que sigue siendo que Fajardo persista en promover el voto en blanco, a sabiendas de que cada voto que deje de contabilizarse a favor de Petro jugará a favor de Duque (o sea de su amo Uribe), por una sencilla razón: porque es este quien va de primero en las encuestas y los votos en blanco son precisamente los que le impiden a Petro alcanzarlo.

Volviendo al editorial de El Espectador, en él se afirma que el riesgo reside en que decidirse por “el menos peor” torna invisible la voz del voto en blanco, cuando ocurre lo contrario: que sería el voto en blanco el que propiciaría que sea elegido “el más peor” (valga el contrasentido), según la ecuación matemática ya expuesta.

No nos llamemos a engaños, el que menos peligro representa para la estabilidad institucional del país en los próximos cuatro años es Petro: como lo expusiera sabiamente el jurista Rodrigo Uprimny en su última columna, “los riesgos de su presidencia son mucho menores porque tendría mayores contrapesos institucionales, por lo cual estaría obligado a concertar”. Mientras que “si gana Duque, volvería a la presidencia el uribismo con débiles contrapesos institucionales, tendría amplias mayorías en el Congreso y enfrentaría unas cortes debilitadas por los escándalos de algunos magistrados”.

O como dijera con sobrada lucidez Alexandra Olaya-Castro en respuesta al ya citado editorial de El Espectador: “¿De verdad pueden sostener que la vigilancia a un gobierno uribista “será implacable” cuando las tres ramas del poder (Legislativo, Ejecutivo y Judicial) estén dominados por Duque-Uribe y sus apoyos? La vigilancia se garantiza cuando hay independencia de poderes”. (Ver columna). (Aquí entre nos, Alexandra Olaya-Castro es talentosa física teórica que en 2016 se hizo merecedora a la Medalla Maxwell del Institute of Physics por un trabajo suyo sobre física cuántica).

Mejor dicho, lo que se avecina es una dictadura civil, y esto se deja demostrar en que el mismo Uribe ya anunció -por boca de su monigote Duque- que regresaría al poder con la intención de transformar las Altas Cortes en una sola, o sea a hacer lo mismo que hizo Chávez en Venezuela: una sola corte que le brinde la impunidad requerida para librarse de culpa frente a los numerosos delitos por los que es investigado o acusado, como dije en este video.

Así las cosas, el voto en blanco no tendrá ningún efecto práctico distinto al de restarle votos a Petro y favorecer al candidato títere de Uribe. Es obvio que va a ganar uno de ellos dos, y en tal medida el “imperativo moral” con Colombia es que votemos por quien creamos es el mejor (o el menos peor). En mi caso, votaré por Petro.

DE REMATE: Según Juan Fernando Cristo en columna para El Tiempo, “esa humillante entrada (de muchos políticos y gamonales) por la puerta de la cocina a respaldar a Iván Duque sin acuerdos programáticos de ninguna naturaleza y sin que el candidato se pueda tomar una foto con ellos, es la mayor demostración de la crisis". Pero dijo algo aún más diciente: “La votación de Petro no se da por el crecimiento de la izquierda, sino por el crecimiento de la indignación ciudadana”.

Y ya que ando tan ubérrimo de citas, rematemos con esta de Salomón Kalmanovitz: “Los resultados de la primera vuelta arrojaron un resultado novedoso, pero a la vez amenazador para el sistema político clientelista: el voto de opinión de centro e izquierda fue mayoritario 50,9 % (sumando Petro, Fajardo y de la Calle) contra 46,4 % por la extrema derecha y el clientelismo (Duque más Vargas Lleras). Aunque no es fácil que se unifique el voto ciudadano para ganar (…), es un campanazo de alerta que puede revolcar el sistema político colombiano hacia futuro”.

miércoles, 6 de junio de 2018

¡Pueblo indolente y cobarde, despierta!




Ante los resultados de la primera vuelta electoral que dieron como ganador con 7’569.693 votos al candidato de la fiera sedienta de venganza, es imperativo encabezar esto con la proclama que pronunció una jovencita rebelde de 21 años, Policarpa Salavarrieta, el día de su fusilamiento por orden de la Corona Española: “¡Pueblo indolente! ¡Cuán distinta sería vuestra suerte si conociereis el precio de la libertad! Ved que, aunque mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más. Cobarde pueblo, yo os compadezco. ¡Algún día tendréis más dignidad!”.

No sobra recordar a los ignorantes de nuestra historia patria que Policarpa Salavarrieta fue una guerrillera que luchó contra la tiranía española durante el período de la Reconquista, y es heroína de nuestra Independencia al lado de una lejana pariente de nuestro presidente, la santandereana Antonia Santos, tan guerrillera como la anterior.

La cobardía de nuestros dirigentes se ha visto reflejada en el modo como la clase política tradicional -todos a una, como en Fuenteovejuna- corrió presurosa y aculillada a refugiarse bajo las enaguas de un político al que ayer tildaban de corrupto, de dictatorial y hasta de asesino, por ejemplo cuando le recordaban los mal llamados ‘falsos positivos’ que sembraron de dolor y sangre inocente la geografía nacional y que consistió en la práctica sistemática y genocida de ajusticiar -bajo las balas del otrora ‘glorioso’ Ejército Nacional- a más de 4.000 jóvenes que no estaban recogiendo café para hacerlos pasar por guerrilleros caídos en combate.

El caso más patético y vergonzoso de abyección ante el Supremo fue el del jefe único del Partido Liberal, César Gaviria, que apenas ayer tildaba a Álvaro Uribe de mentiroso y de haber pertenecido al Cartel de Medellín (ver noticia), e incluso acusó a su gobierno de haber pagado los ‘falsos positivos’ con dineros reservados de las Fuerzas Militares y en tal sentido habló de una “monstruosa maquinaria criminal” (ver noticia), pero del que hoy afirma sin que se le mueva un pelo ni se le caiga un diente que su candidato-títere, Iván Duque, “sigue siendo liberal”…

Tal vez Gaviria hablaba del mismo Cartel de Medellín que asesinó a otro dirigente liberal, este sí un hombre honrado, Luis Carlos Galán, a quien se le escuchó decir antes de caer ultimado por las balas homicidas de Pablo Escobar: “El Partido Liberal, por culpa de quienes se apoderaron de su dirección en los últimos años, se convirtió en un partido reaccionario. Un partido que le tiene miedo al cambio social. Se convirtió prácticamente en otra versión del Partido Conservador, un partido que no apoya a fondo las reformas sociales ni reconoce las desigualdades crecientes que existen (…) y la urgencia de ponerse al lado de los más débiles, de los sectores populares, de quienes más requieren del apoyo político de un partido progresista”. (Ver declaración de Galán).

Profético, ¿verdad?

Es obvio de toda obviedad que el único que ha tenido los pantalones para promover un ideario verdaderamente liberal es Gustavo Petro, tanto en la defensa de la paz como en la protección de los derechos de las minorías, como dije en columna anterior. Un exguerrillero del M-19, sí, que se metió a esa agrupación desencantado por un cerrado bipartidismo que solo admitía en la lucha democrática los colores azul conservador o rojo liberal y que para preservar los privilegios de dicha clase dominante cometió un descarado e impúdico fraude electoral contra la figura del general Gustavo Rojas Pinilla en la noche del 19 de abril de 1970, siendo presidente el también liberal Carlos Lleras Restrepo, abuelo del ‘quemado’ Germán Vargas Lleras que unas horas después del triunfo de Duque corrió afanoso a hacerle entrega oficial de su programa de gobierno, por si de pronto en alguito le pudiera colaborar…

Aquí no sobra recordar que mientras Petro se desmovilizó de la guerrilla del M-19 y se reintegró a la sociedad, contra Uribe se adelantan investigaciones por masacres y nexos con el narcotráfico (ver noticia reciente del New York Times). Mientras empresarios y economistas dicen que le tienen miedo a Petro y Semana publica un chisme sin cifras que habla de “muchas personas” exigiendo la Cláusula Petro en contratos de finca raíz, madres de víctimas de crímenes de Estado ruegan que Uribe no vuelva al poder. Mientras los subsidios de Petro son calificados de populistas (mínimo vital de agua o tarifa barata de Transmilenio para los pobres), los del Agro Ingreso Seguro de Uribe fueron condenados por la Corte Suprema por tratarse de un acto criminal que enriqueció a ricos empresarios del campo.

Lo más degradante, ya no de nuestra clase dirigente sino del país en general, es observar atónitos que con el apoyo de todos los corruptos de Colombia Iván Duque está a punto de convertirse en el próximo Presidente de Colombia, lo cual se traduce en que más de ocho millones de colombianos irresponsables (incluyendo los votos de Germán Vargas) parecerían dispuestos a permitir el regreso de un régimen que se distinguió por rodearse de deshonestos como Andrés Felipe Arias o criminales de la peor laya como Jorge Noguera, Salvador Arana, Mauricio Santoyo o Flavio Buitrago, para no alargar la lista.

Estamos ad portas de un gobierno que sin pudor se anuncia portador de las más protervas intenciones dictatoriales, como la de reformar la justicia y transformar las Altas Cortes en una sola que le brinde a Álvaro Uribe la impunidad que necesita frente a la variada gama de delitos por los que es investigado o acusado. ¡Y todos tan contentos!

Y no sigo porque la indignación patriótica me invade, y en tal medida podría ser capaz de volver a utilizar palabras ofensivas o altisonantes, como cuando ante cierta ‘cagada’ de Uribe en un foro de Atenas pronuncié ‘lo que lengua mortal decir no pudo’.

Sea como fuere, considero un deber retirarme de este recinto virtual dejando consignadas antes unas cortas y respetuosas palabras de desahogo: ¡Pueblo indolente, cobarde y miserable, despierte!

DE REMATE: Antonio Caballero le dijo a Carolina Sanín que “voy a votar contra Duque y contra Uribe. Me parece que son peligrosísimos. Como votar en blanco es votar a favor de Duque, votaré por Petro, aunque no me gusta”. (Ver trino). Después de esta declaración, la curiosidad me mata: ¿por quién anunciará su voto el decano del periodismo de opinión en Colombia, Daniel Coronell…?

lunes, 28 de mayo de 2018

Petro es el candidato ‘liberal’




Duélale a quien le duela, Gustavo Petro es el primer candidato de izquierda que pasa a segunda vuelta en una elección presidencial.

Esto constituye un acontecimiento de trascendencia histórica, un verdadero tramacazo electoral, pues pone a temblar los cimientos del ‘establishment’ desde una opción democrática legítima, diferente al escalamiento subversivo que se vivió entre 1998 y 2002, cuando las Farc le metieron el dedo en la boca durante cuatro años al presidente Andrés Pastrana, cuyo estrepitoso fracaso trajo como consecuencia el nefasto régimen de Álvaro Uribe, quien se dedicó a perseguir a sus opositores y a llenar de sangre inocente la geografía nacional con más de 10.000 ‘falsos positivos’ mientras trataba de perpetuarse en el poder.

De aquí en adelante el petrismo no la tiene fácil, pues son más los malquerientes que los adeptos de otras fuerzas que se le quieran sumar entusiastas. En tal sentido ya Fajardo anunció que “ni Petro ni Duque” (en Antioquia sería pecado mortal si anuncia su voto por Petro), y Jorge Robledo cometerá de nuevo la torpeza de 2014, cuando invitó a votar en blanco en la segunda vuelta.

Ahora bien, si le metemos mercadeo político al asunto, la gran ventaja con la que arranca Petro es que él representa la novedad, el cambio, un producto nuevo que mucho abstencionista querrá probar, mientras que Iván Duque es producto viejo con empaque nuevo, un neoconservador vergonzante al que una de dos misiones le cabe si conquista la presidencia: convertirse en aprendiz de las mañas de su mentor, al estilo Corleone, o fungir de traidor, al estilo Santos. En cuyo caso sería digno de admiración, por avispado y por valiente.

Sea como fuere, ningún futuro político respetable le espera al que pretenda ‘repechar’ del inmerecido prestigio de un patrón cuya saga es un rosario de exfuncionarios investigados o condenados por los más diversos delitos, desde narcotráfico y paramilitarismo (su primo Mario, por ejemplo) hasta homicidios (los de su exdirector del DAS Jorge Noguera y su embajador en Chile, Salvador Arana), sin que sea posible omitir los numerosos crímenes (asesinatos, torturas y desapariciones) de los que es acusado su hermano Santiago.

Germán Vargas Lleras no pudo ser presidente pese a la poderosa maquinaria que construyó en los ocho años del gobierno de Juan Manuel Santos (y en los ocho de Uribe) porque descuidó las redes sociales, sin ser consciente de que en el reino de la postpolítica el que no cultive o cautive las redes sociales, está mandado a recoger.

De Humberto de la Calle solo se puede decir que estaba en el lugar equivocado, y su Partido Liberal entró en vías de extinción. Todo lo hicieron mal, desde la absurda consulta de “40.000 millones” de la que nació una candidatura precozmente quemada. Y lo siguen haciendo mal, cuando uno se entera de algunos congresistas 'liberales' que sin ruborizarse anuncian su inclinación por el monigote que un expresidente acorralado por la justicia quiere convertir en Presidente para asegurar su impunidad perpetua.

Pero no todo es caos y confusión, a falta de pan buenas son tortas. Fue precisamente Petro quien comenzó a calar en el imaginario colectivo con un mensaje verdaderamente liberal, al menos más liberal que el de los liberales vergonzantes que con César Gaviria a la cabeza han corrido a refugiarse presurosos bajo las enaguas protectoras del uribismo, sin ser conscientes de lo que nos viene pierna arriba (sin vaselina ni anestesia). 

Petro representa entonces -con todos sus defectos y virtudes- al candidato verdaderamente ‘liberal’ que le hacía falta al país para enfrentar a la godarria nacional, esa caverna política donde un godo como Alejandro Ordóñez parece una monjita de la caridad al lado de un sujeto tan peligroso, tan retardatario y tan untado de toda clase de lazos criminales como Álvaro Uribe Vélez.

Hay dos opciones antagónicas, y en tal medida la segunda vuelta nos regresa a los viejos tiempos bipartidistas, mediante la confrontación de un programa conservador y otro liberal, de corte socialdemócrata. Las dos opciones son el antipetrismo o miedo a Petro, y el antiuribismo o miedo a Uribe.

¿Cuál ganará? Hablando en plata blanca, los votos de Duque y Vargas Lleras se dejan juntar porque pertenecen a la misma casta conservadora, son 8.977.533; y los de quienes están del lado no uribista (Petro, Fajardo, De la Calle) suman 9.840.130. Haciendo claridad en que no todos los votos de Vargas serán para Duque ni todos los de Fajardo para Petro, son casi 900.000 votos de diferencia a favor de la opción antiuribe, así que no resulta fácil entender el llanto y crujir de dientes que se ha apoderado de quienes creen que con Petro en segunda vuelta todo está perdido, apague y vámonos.

No señores (y señoras), que no cunda el pánico: las tres semanas que faltan para la segunda vuelta serán claves para que Petro se reinvente y neutralice la prevención de muchos votantes, pero sobre todo para que sorprenda y atraiga a los temerosos con un mensaje incluyente, que invite a la construcción de un gobierno de concertación nacional basado en la búsqueda de lo mismo que proponía el dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado: un acuerdo sobre lo fundamental.

Parodiando a Sergio Fajardo, se puede.

DE REMATE: Si la memoria no nos falla, fue Gustavo Petro el que le aconsejó a Antanas Mockus lanzarse a la alcaldía de Bogotá después de que este se hizo famoso al bajarse los pantalones y mostrarles el orto a unos estudiantes revoltosos de la U Nacional, de la que era rector. ¿Qué tal si ahora, en gesto de reciprocidad, a Antanas Mockus le diera por declarar que con Petro sí se puede? ¿O es que acaso Mockus piensa que con Petro no se puede…? Que alguien le pregunte, plis.

lunes, 21 de mayo de 2018

Mi voto es por Petro




Una de las decisiones más difíciles que he debido tomar como elector, ha sido escoger el candidato al que le daría mi voto para la presidencia de 2018. Siempre tuve claro que el mejor para gobernar la Colombia del posconflicto y avanzar hacia la reconciliación era Humberto de la Calle.

Ahpra bien, la intranquilidad se apodera del colombiano sensato cuando aplica un simple cálculo matemático: fueron tres los candidatos de la centro-izquierda que hubieran podido ponerse de acuerdo para ejercer un gobierno tripartita, pero no dieron la talla, fueron incapaces de forjar la unidad que habría conducido al más apoteósico de los triunfos. Así las cosas, frente a la primera vuelta se presenta el altísimo riesgo de que en la repartición de votos entre esos tres (Petro, Fajardo, De la Calle) ninguno de ellos quede y, para infortunio mayor, nos toque escoger entre Iván Duque y Germán Vargas.
En mayo de 2014 escribí una columna titulada Tocó votar por Santos. Allí dije que "la peligrosa mafia que rodea a Óscar Iván Zuluaga y el misterioso manto de silencio de Enrique Peñalosa lanzarán a la izquierda en brazos de Juan Manuel Santos desde la primera vuelta", como en efecto ocurrió.

Pues bien, en esta ocasión he llegado a la convicción de que tocó votar por Petro, a sabiendas de que subsiste el riesgo de equivocarnos, como le pasó por ejemplo a Daniel Samper Ospina cuando apoyó a Peñalosa a la alcaldía de Bogotá y luego hubo de arrepentirse. Pero las monedas tienen dos caras, e igual existe la posibilidad de que Petro convoque a todas las fuerzas de la nación en torno a un “acuerdo sobre lo fundamental”, y nos sorprenda con un gobierno jugado a fondo por la justicia social, como en su momento lo hiciera Pepe Mujica en Uruguay.

Petro es la única alternativa realista para impedir el regreso del nefasto régimen de Álvaro Uribe al poder, solo que en persona interpuesta. Y como dije en columna anterior citando a Hegel, “todo sistema engendra la semilla de su propia destrucción”. Las Farc engendraron su némesis en Uribe, quien las golpeó a un punto en que se vieron obligadas a sentarse con Santos a negociar la paz. Pero Uribe a su vez podría estar engendrando en la figura de Gustavo Petro su propia perdición, pues si este fuera elegido presidente, por primera vez adquiriría consistencia -o inminencia- la posibilidad de que el expresidente fuera a parar a una cárcel. De ahí su afán en hacer elegir a Duque.

Según María Jimena Duzán en columna titulada No le temo a Petro, “sin la guerrilla en armas la posibilidad de una izquierda democrática y moderna se está abriendo campo en el país, lo cual lejos de ser una mala noticia, como muchos colombianos aseguran, es una muestra de que nuestra democracia pese a todos los problemas está ganando en pluralismo y en madurez política”.

Así no sea de nuestro agrado, Petro es quien mejor ha sabido recoger la indignación popular frente a una democracia fallida, cuya más dañina expresión han sido unos altísimos niveles de abstención electoral, a conveniencia de la corruptela política que desde los tiempos del Frente Nacional se ha dedicado a comprar el voto o a hechizar con promesas de culebrero barato a un electorado cada vez más reducido. Hoy en día, vaya paradoja, si ese gigante dormido de la abstención (no medible en las encuestas) se despertara… podría hacer a Petro presidente desde la primera vuelta.

Sin caer en el error de Héctor Abad Faciolince, quien insuflado por su odio contra Petro lo etiqueta y estigmatiza como “criptochavista”, es razonable el temor o recelo que existe en ciertos círculos frente a una eventual presidencia del candidato de la Colombia Humana, en parte porque sus poderosos enemigos harían hasta lo imposible por “hacer invivible la República” petrista, y en parte por sus aparentes dificultades para trabajar en equipo o para desarrollar una eficiente labor gerencial.

Pero nadie mejor que Petro encarna el anhelo de un verdadero cambio radical, y su apuesta por la consolidación de la paz es su mayor activo, y se le debe reconocer -y premiar- que fue el único de los tres candidatos de la centro-izquierda que siempre estuvo dispuesto a someterse a una consulta para definir el candidato de la poderosa coalición que habría arrasado en primera vuelta, si no hubiera sido porque se atravesó como palo en la rueda el capricho de Sergio Fajardo cuando iba de primero en las encuestas y le dio por ponerse de niño bonito: si no era con él a la cabeza, no estaba para atender a nadie.

Por eso este domingo 27 votaré por Gustavo Petro, mientras elevo mis plegarias al Altísimo para que haya dejado atrás su perjudicial soberbia o arrogancia y logre armar un equipo ‘mundialista’, a tono con el evento futbolístico orbital. E invitaré a los lectores que hayan contemplado votar por De la Calle o Fajardo a que capten que el paso de Petro a la segunda vuelta está asegurado, o sea que solo resta darle a nuestro voto la ‘utilidad’ de abrir las compuertas de la esperanza al anhelo nacional de una paz duradera y a una justa distribución del ingreso.


Coincido con Mario Jursich en que votar por Petro puede entenderse como un gesto desesperado de supervivencia, susceptible de salir mal, sí, pero que no se puede dejar de hacer. Si no es ahora, ellos se cuidarán de impedir que lo intente de nuevo dentro de cuatro años. En todo caso, a Colombia le iría peor si el elegido fuera Uribe. (Eh, quise decir Duque).

De remate le escuché este diálogo a @juanito2525, que para la ocasión cae como anillo al dedo:

- Me da miedo que nos pase lo mismo que a Venezuela…
- Qué, ¿que un maniático enfermo de poder aproveche su popularidad para montar un mequetrefe desconocido en la presidencia?

martes, 15 de mayo de 2018

Fajardo, desista




Hablemos a calzón quitado: tal como están las cosas, la repartición de votos en primera vuelta entre Gustavo Petro, Humberto de la Calle y Sergio Fajardo puede conducir a que no pase ninguno de ellos y por la tronera que dejan se cuelen los dos de la derecha, Germán Vargas Lleras e Iván Duque.

Si hubiéramos estado tratando con gente madura y responsable, hace rato los tres candidatos de la centro-izquierda habrían encontrado la fórmula que les garantizara un triunfo arrasador en primera vuelta. Requisito único: sine qua non: que se hubieran puesto de acuerdo para que uno de los tres encabezara tan poderosa coalición. Y no pudieron, los muy incapaces.

En honor a la verdad, tanto De la Calle como Petro en su momento le manifestaron a Fajardo su disposición a ir a una consulta entre los tres. Pero como Fajardo iba de primero en las encuestas, creyó ingenuamente que ahí se mantendría el resto de la contienda y se puso de niño bonito, y les mandó a decir a De la Calle que él no se metía con el “corrupto” Partido Liberal, y a Petro que no le gustaban los “extremismos”.

Esa misma terquedad y egoísmo ya se había visto cuando tampoco quiso someterse a consulta con Claudia López y Jorge Robledo, y se impuso a la brava, respaldado en su efímero primer lugar. Y si de extremos se ha de hablar, de ahí en adelante se situó sobre una línea de centro radical: ni a la izquierda ni a la derecha (ni-ni). Eso lo marcó como el candidato de la tibieza en un momento que requería asumir posiciones firmes, transmitir un liderazgo del que ya ha demostrado hasta la saciedad que no lo tiene.

Sumado a lo anterior, para no posar de ignorante prefirió ausentarse al debate de Canal Capital cuyo tema exclusivo era Bogotá, con lo cual dio a entender que la capital de Colombia le queda grande. Y por esos mismos días Diana Calderón en Hora 20 lo cogió fuera de base (o lo corchó, según Semana) cuando le pidió su opinión sobre el paro de maestros que se avecinaba y Fajardo admitió su desconocimiento sobre lo acordado entre el Gobierno y Fecode; él, que ondea como bandera de campaña la idea de un país educado.

Hoy la realidad monda y lironda es que la división de la centro-izquierda en tres grandes bloques atenta contra la posibilidad de una Colombia progresista y moderna, y nos aproxima al inminente riesgo de que en segunda vuelta nos veamos obligados a elegir entre el monigote de Uribe o un Vargas Lleras maniatado por los gamonales corruptos de la política, de los que este promete desmarcarse -y yo le creo- si llega a la Presidencia. (En cuyo caso, a ojo cerrado votaría por Vargas).

Mi candidato desde el comienzo de la contienda fue Humberto de la Calle, y como dije en trino reciente: “Un país que tiene a @DeLaCalleHum en el quinto lugar de las encuestas, se merece la suerte perra que le espera si gana @IvanDuque”. (Ver trino). Por eso nos vemos abocados a votar en primera vuelta por quien tiene más probabilidad de pasar a segunda, Gustavo Petro, para evitar que de pronto en la repartija de votos los tres se queden como el ternero: mamando.

Solo hay una posibilidad de que al menos uno de los tres con toda seguridad pase a segunda vuelta, y muy seguramente dos de esos tres: si uno de ellos decide declinar su aspiración a favor de alguno de los otros dos. No hay cama pa’ tanta gente, mejor dicho, pero si uno de ellos decidiera bajarse del colchón, los dos restantes tendrían casi asegurado un muelle paso a la segunda vuelta.

De los tres candidatos mencionados, a esta altura del partido ni Petro ni De la Calle pueden declinar su candidatura, a no ser que paguen una altísima multa; y los espera una suma de reposición por cada voto, a la que tampoco pueden renunciar.

El único de los tres que sí podría desistir es Sergio Fajardo, porque su candidatura no fue producto de una consulta. Y así renunciara seguiría apareciendo en el tarjetón, el cual de todos modos ya viene ‘manchado’ por el supuesto olvido de un funcionario de la Registraduría que puso a Petro en situación de desventaja, al no haber podido modificar su logo. (Ver noticia).

Aquí entre nos, no sobra recordarle a Fajardo que fue por su negativa a la unidad que hoy persiste tan peligrosa división en la centro-izquierda, y es por tanto a él a quien le correspondería en gesto responsable, honesto y solidario con el futuro de la nación, declinar su candidatura a favor de Humberto de la Calle, por supuesto, pues es de los tres con quien mayores coincidencias tiene, y el que equilibra la balanza: el centro de espíritu liberal con De la Calle, la izquierda radical con Petro.

En este escenario, la ecuación sería demoledora: si tan solo fueran Petro y De la Calle a primera vuelta, a favor de este último se irían en su mayoría los votos de Fajardo, y lo que antes dividía automáticamente se convierte en suma. Dos candidatos progresistas fuertes, en lugar de los tres que hoy conforman montonera. (Y de pronto tronera, por donde se cuelen Duque y Vargas).

Humberto De la Calle sigue siendo el mejor candidato, el más preparado para lidiar con el delicado posconflicto. Eso lo debe saber hasta el mismo Petro. Pero es solo enfrentándose ellos dos en franca lid, al lado de Iván Duque y Germán Vargas, como de verdad se sabría cuál es el nuevo rumbo que quieren los colombianos. Si a babor… o a estribor.

Píenselo, apreciado Sergio: por el futuro de la patria, desista.

DE REMATE: Jorge Londoño de la Cuesta, exgerente de la firma encuestadora Invamer Gallup, fue el artífice de la alcaldía de Medellín para Federico Gutiérrez, cuando volteó las preferencias en los días previos a la elección con una encuesta que lo puso en empate técnico con su rival Juan Carlos Vélez. Fue lo mismo que hicieron con Iván Duque frente a Marta Lucía Ramírez, días antes del 11 de marzo. En gesto de gratitud, ‘Fico’ lo puso al frente de la megamillonaria Empresas Públicas de Medellín (EPM). Por eso no se puede creer en las encuestas.