martes, 15 de mayo de 2018

Fajardo, desista




Hablemos a calzón quitado: tal como están las cosas, la repartición de votos en primera vuelta entre Gustavo Petro, Humberto de la Calle y Sergio Fajardo puede conducir a que no pase ninguno de ellos y por la tronera que dejan se cuelen los dos de la derecha, Germán Vargas Lleras e Iván Duque.

Si hubiéramos estado tratando con gente madura y responsable, hace rato los tres candidatos de la centro-izquierda habrían encontrado la fórmula que les garantizara un triunfo arrasador en primera vuelta. Requisito único: sine qua non: que se hubieran puesto de acuerdo para que uno de los tres encabezara tan poderosa coalición. Y no pudieron, los muy incapaces.

En honor a la verdad, tanto De la Calle como Petro en su momento le manifestaron a Fajardo su disposición a ir a una consulta entre los tres. Pero como Fajardo iba de primero en las encuestas, creyó ingenuamente que ahí se mantendría el resto de la contienda y se puso de niño bonito, y les mandó a decir a De la Calle que él no se metía con el “corrupto” Partido Liberal, y a Petro que no le gustaban los “extremismos”.

Esa misma terquedad y egoísmo ya se había visto cuando tampoco quiso someterse a consulta con Claudia López y Jorge Robledo, y se impuso a la brava, respaldado en su efímero primer lugar. Y si de extremos se ha de hablar, de ahí en adelante se situó sobre una línea de centro radical: ni a la izquierda ni a la derecha (ni-ni). Eso lo marcó como el candidato de la tibieza en un momento que requería asumir posiciones firmes, transmitir un liderazgo del que ya ha demostrado hasta la saciedad que no lo tiene.

Sumado a lo anterior, para no posar de ignorante prefirió ausentarse al debate de Canal Capital cuyo tema exclusivo era Bogotá, con lo cual dio a entender que la capital de Colombia le queda grande. Y por esos mismos días Diana Calderón en Hora 20 lo cogió fuera de base (o lo corchó, según Semana) cuando le pidió su opinión sobre el paro de maestros que se avecinaba y Fajardo admitió su desconocimiento sobre lo acordado entre el Gobierno y Fecode; él, que ondea como bandera de campaña la idea de un país educado.

Hoy la realidad monda y lironda es que la división de la centro-izquierda en tres grandes bloques atenta contra la posibilidad de una Colombia progresista y moderna, y nos aproxima al inminente riesgo de que en segunda vuelta nos veamos obligados a elegir entre el monigote de Uribe o un Vargas Lleras maniatado por los gamonales corruptos de la política, de los que este promete desmarcarse -y yo le creo- si llega a la Presidencia. (En cuyo caso, a ojo cerrado votaría por Vargas).

Mi candidato desde el comienzo de la contienda fue Humberto de la Calle, y como dije en trino reciente: “Un país que tiene a @DeLaCalleHum en el quinto lugar de las encuestas, se merece la suerte perra que le espera si gana @IvanDuque”. (Ver trino). Por eso nos vemos abocados a votar en primera vuelta por quien tiene más probabilidad de pasar a segunda, Gustavo Petro, para evitar que de pronto en la repartija de votos los tres se queden como el ternero: mamando.

Solo hay una posibilidad de que al menos uno de los tres con toda seguridad pase a segunda vuelta, y muy seguramente dos de esos tres: si uno de ellos decide declinar su aspiración a favor de alguno de los otros dos. No hay cama pa’ tanta gente, mejor dicho, pero si uno de ellos decidiera bajarse del colchón, los dos restantes tendrían casi asegurado un muelle paso a la segunda vuelta.

De los tres candidatos mencionados, a esta altura del partido ni Petro ni De la Calle pueden declinar su candidatura, a no ser que paguen una altísima multa; y los espera una suma de reposición por cada voto, a la que tampoco pueden renunciar.

El único de los tres que sí podría desistir es Sergio Fajardo, porque su candidatura no fue producto de una consulta. Y así renunciara seguiría apareciendo en el tarjetón, el cual de todos modos ya viene ‘manchado’ por el supuesto olvido de un funcionario de la Registraduría que puso a Petro en situación de desventaja, al no haber podido modificar su logo. (Ver noticia).

Aquí entre nos, no sobra recordarle a Fajardo que fue por su negativa a la unidad que hoy persiste tan peligrosa división en la centro-izquierda, y es por tanto a él a quien le correspondería en gesto responsable, honesto y solidario con el futuro de la nación, declinar su candidatura a favor de Humberto de la Calle, por supuesto, pues es de los tres con quien mayores coincidencias tiene, y el que equilibra la balanza: el centro de espíritu liberal con De la Calle, la izquierda radical con Petro.

En este escenario, la ecuación sería demoledora: si tan solo fueran Petro y De la Calle a primera vuelta, a favor de este último se irían en su mayoría los votos de Fajardo, y lo que antes dividía automáticamente se convierte en suma. Dos candidatos progresistas fuertes, en lugar de los tres que hoy conforman montonera. (Y de pronto tronera, por donde se cuelen Duque y Vargas).

Humberto De la Calle sigue siendo el mejor candidato, el más preparado para lidiar con el delicado posconflicto. Eso lo debe saber hasta el mismo Petro. Pero es solo enfrentándose ellos dos en franca lid, al lado de Iván Duque y Germán Vargas, como de verdad se sabría cuál es el nuevo rumbo que quieren los colombianos. Si a babor… o a estribor.

Píenselo, apreciado Sergio: por el futuro de la patria, desista.

DE REMATE: Jorge Londoño de la Cuesta, exgerente de la firma encuestadora Invamer Gallup, fue el artífice de la alcaldía de Medellín para Federico Gutiérrez, cuando volteó las preferencias en los días previos a la elección con una encuesta que lo puso en empate técnico con su rival Juan Carlos Vélez. Fue lo mismo que hicieron con Iván Duque frente a Marta Lucía Ramírez, días antes del 11 de marzo. En gesto de gratitud, ‘Fico’ lo puso al frente de la megamillonaria Empresas Públicas de Medellín (EPM). Por eso no se puede creer en las encuestas.

lunes, 7 de mayo de 2018

Socialismo: lo que va de Karl Marx a Natalia Bedoya




Ahora que se cumplen 200 años del nacimiento del filósofo, economista, sociólogo y​ periodista alemán Karl Marx, no sobra dedicarle algunas palabras al pensador que más contribuyó a moldear mi ‘Weltanschauung’ por los años universitarios, recién llegado a Bogotá de la provincia.

Venía de un seminario al que me metieron desde que cumplí los once años porque dijeron que tenía vocación de sacerdote. Con la formación que recibí, terminé el bachillerato firmemente convencido de que el mundo era gobernado por la mano invisible de Dios. Vivía por tanto más pendiente de lo divino que de lo humano, mientras en lo político seguía lo que imponía la tradición del apellido Pinilla, una línea conservadora arraigada en Laureano Gómez (sin que fuésemos parientes, a Dios gracias).

Pero se dio la grata coincidencia de llegar a estudiar Comunicación Social en una universidad donde la mayoría de sus docentes de cátedra -al menos en mi facultad- pertenecían a algún movimiento o partido de izquierda, y la memoria me trae a un profesor de nombre Lugardo Álvarez que dictaba Metodología y nos ponía a leer desde La ideología alemana de Marx y Engels hasta Materialismo y empiriocriticismo de Lenin, este último un verdadero hueso, muy duro de roer.

Bebí pues en las fuentes de la dialéctica materialista sustentada en Friedrich Hegel, pero sobre todo me nutrí de Karl Marx, de quien leí la mayor parte de sus obras, comenzando por el Manifiesto Comunista y exceptuando El Capital, por denso y abstruso. Y comencé a entender que Marx tenía razón en su diagnóstico del sistema económico hasta entonces existente, al que le pronosticó la defunción que efectivamente comenzó a darse en países tan poderosos como la China de Mao Zedong, o Rusia, que tras el derrumbe del imperio zarista terminó convertida en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

La sociedad comunista sin diferencias de clase que avizoraba Marx seguirá siendo una utopía, aunque es evidente que su corpus teórico condujo a una práctica con resultados exitosos en China (hoy convertida en potencia mundial), más bien dudosos en la Unión Soviética, dictatoriales en Corea del Norte y desde todo punto de vista indeseados en Cuba, sin desconocer el estrangulamiento de su economía debido al bloqueo comercial impuesto por EE.UU.

Ahora bien, no hablemos de comunismo sino de socialismo, entendido como una justa repartición de bienes e ingresos y aplicado por ejemplo en los países nórdicos —Islandia, Noruega, Dinamarca, Suecia y Finlandia—, con una fuerte presencia del Estado para garantizar un flujo de recursos que abastezca por igual a la población, ceñidos a un modelo que protege la propiedad privada, base de toda economía de libre mercado. Y donde impera un sistema de justicia entre los más eficientes y transparentes del mundo. En síntesis, son países conocidos por sus generosos estados de bienestar económico y social, con políticas económicas más socialistas que capitalistas, pero ubicadas entre las naciones más libres del planeta.

Esta reflexión tuvo como punto de partida un trino de la ‘quemada’ excandidata uribista Natalia Bedoya, que me ha causado gracia y a la vez compasión por el estado de confusión o ignorancia que la envuelve, y dice así: “Se cumplen 200 años del nacimiento de Karl Marx, creador de la idea más despiadada e inhumana de la historia. Su legado de muerte y miseria deben (sic) terminar YA”. (Ver trino).

No es por ofenderla si decimos que sabe más de pechugas que de política, pues es obvio que Marx tuvo la gran virtud de haber contribuido a mejorar las condiciones laborales de inmensas legiones de asalariados que en las fábricas inglesas y de Europa en general eran explotados en jornadas de 14 o más horas diarias, y esa explotación incluía a los hijos de sus trabajadores, pues era permitida la contratación de mano de obra infantil.

Además, Marx fue quien nos hizo caer en la cuenta de que todo lo que pensamos es producto de las relaciones de dependencia que se establecen entre las clases dominantes y las clases dominadas, y a eso lo llamó ideología, y de la ideología pasó a meterse con la religión, a la que en su lúcida visión llamó “el opio del pueblo”.

Y fue entonces -gracias a Marx- cuando vinimos a entender por qué Napoleón Bonaparte dijo que “la religión es lo que evita que los pobres asesinen a los ricos”. Y no contento con lo anterior, agregó: "¿Cómo puede haber orden en un Estado sin religión? Si un hombre se está muriendo de hambre cerca de otro que nada en la abundancia, aquél no puede resignarse a esta diferencia, a menos que haya una autoridad que declare 'Dios así lo quiere'. La religión es excelente para mantener tranquila a la gente común."

Pero no solo los mamertos hablan bien de Marx: la BBC de Londres con motivo del bicentenario le recordó a la señorita Bedoya que “si cree que el autor del Manifiesto comunista nunca ha hecho nada por usted, es hora de que replantee esa teoría”. Y expuso 5 cosas que Karl Marx hizo por nosotros y por las que no le damos crédito, entre las cuales clasifican -además de la abolición del trabajo infantil- la jornada laboral de ocho horas con descanso el fin de semana, la dignificación del empleo y el reconocimiento de la actividad sindical, entre muchas otras “comodidades”. (Ver artículo).

Lo que le falló a Marx fue su predicción del socialismo como panacea de la humanidad, pero no porque una sociedad socialista no sea posible, sino porque a los hombres de carne y hueso que han conquistado el poder político para lograrlo, ese mismo poder los ha envilecido e impedido el triunfo de metas más nobles. Citando a lord Emerich Acton, “toda forma de poder corrompe y el poder absoluto corrompe de modo absoluto”. Pero ha habido líderes que sí han logrado la transición a sociedades más justas, alejadas del capitalismo salvaje que nos quieren imponer como norma.

Si vamos a la coyuntura actual, dicen que el socialismo del siglo XXI fracasó y muestran como prueba reina la debacle venezolana en cabeza de Nicolás Maduro, pero omiten mencionar al exguerrillero Pepe Mujica en Uruguay o a Rafael Correa en Ecuador, ambos seguidores de las mismas tesis ‘castrochavistas’ y reconocidos por haber entregado sus respectivos países con buenos índices de desarrollo, pero nadie nos advierte del peligro de volvernos como Uruguay o como Ecuador...

Y mejor no sigo -porque luego irán a tildarme de ‘petrochavista’-, pero no quería pasar la ocasión sin rendirle el merecido homenaje al hombre cuyos pensamiento y lucha apuntaron a dignificar la condición humana, al margen de las circunstancias que han impedido detener el cáncer del consumismo capitalista que ávido y voraz carcome el planeta, de manera irreversible.

DE REMATE: Hablando de Marx, la reciente adhesión de Viviane Morales a la campaña de Iván Duque nos recuerda a su homónimo el comediante Groucho Marx, a quien se le escuchó decir: “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”. O como dijeran las muy chismosas Tola y Maruja: “Viviane pasó del mejor pastor al mejor postor”.

lunes, 30 de abril de 2018

¿El fiscal Martínez Neira se está tirando la paz?




Si algo distingue a la Fiscalía General de la Nación bajo la égida de Néstor Humberto Martínez es su obsesiva figuración mediática, con rueda de prensa casi diaria, y el efecto político que producen sus más ‘sonadas’ capturas es evidente, como si todo estuviera fríamente calculado hacia ese propósito.

Está por ejemplo la orden de detención del pasado 20 de febrero contra los hermanos Mora Urrea (Uriel, Norberto, Alirio y Edna), dueños de los supermercados Supercundi y Merkandrea, acusados de ser testaferros de las Farc y dos meses después dejados en libertad por orden del Juzgado 20 de Garantías de Bogotá.  (Ver noticia).

La captura de tres de ellos estuvo precedida por una oleada de asaltos y saqueos a locales en Bogotá, Melgar, Girardot, El Guamo y Saldaña, coincidente con que la Fiscalía asoció a esa cadena con las Farc, en lo que lució como un plan coordinado por fuerzas oscuras y frente a lo cual el abogado y columnista Ramiro Bejarano dijo una verdad de a puño: “Esto no es obra de una sola persona sino de un grupo, que extrañamente adolece de una cabeza visible. Si fuese al menos un remedo de revolución, habría un líder arengando a los exaltados manifestantes; pero no, se trata de un cuerpo deliberante que curiosamente prefiere obrar cuando cae la noche”. (Ver columna).

Es bien llamativo descubrir que el día anterior a esa estampida de robos hubo una manifestación a favor del candidato Iván Duque en Santa Librada, al sur de Bogotá, frente a un Merkandrea que horas después sería asaltado. Según un testigo de los hechos, “en ese sector los disturbios fueron pagados y alentados por gente del Centro Democrático”. Así lo publiqué en columna de esos días, y no recibí ninguna aclaración o solicitud de rectificación de ese partido.

Pero ahí no para el asombro -o la duda, o el misterio- porque ese mismo testigo envió a mi correo unas fotos en apariencia comprometedoras, donde se ve a Iván Duque y a su jefe Álvaro Uribe en compañía de Alirio Mora (el único de los cuatro hermanos que no se dejó apresar), departiendo con ellos. Y pregunté, luego de publicar las fotos en Twitter y Facebook: ¿testaferros de las Farc haciéndole campaña a Duque?  (Ver fotos).

El alboroto generado por esas imágenes superó toda expectativa. Solo en Twitter tuvo más de 62 mil impresiones, mientras en Facebook el post fue compartido casi 14.000 veces y recibió más de 2.000 comentarios, desatando una encarnizada batalla campal entre uribistas y antiuribistas.

Sea como fuere, los asaltos a esos almacenes tuvieron la apariencia de un plan desestabilizador coordinado desde lo logístico por el uribismo e incitado por las capturas de la Fiscalía, con el objetivo de minar la credibilidad en el proceso de paz y causarle un daño político a la Farc (entendida como Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común) a escasos días de la elección del 11 de marzo.

En lo referente a la captura de Zeuxis Hernández Solarte, alias ‘Jesús Santrich’, son crecientes las dudas que dejó sembrada la Fiscalía en su accionar, de mano de la DEA, primera interesada en llevarse a EE.UU. como botín de guerra a un miembro de la cúpula de sus otrora enemigas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Según el analista Gustavo Gallón en columna para El Espectador (Pilatos, siglo XXI), “el gravísimo señalamiento hecho contra ‘Santrich’ contrasta con las cuatro débiles pruebas que se han mostrado a la opinión pública”. Las dos primeras, una conversación telefónica con Marlon Marín y una foto con el mismo sujeto, que revelarían “alguna reticencia a una actividad propuesta por el señor Marín”. La tercera, un cuadro que Santrich le habría enviado a Rafael Caro creyendo que se trataba de un filántropo de la paz. Y la cuarta, las declaraciones del propio Marín, hoy testigo de cargo de la DEA, de quien no se sabe si viajó a EE.UU. por decisión propia o si se lo llevaron.

Las reflexiones de Gallón permiten darle sustento a la hipótesis de un entramado o montaje contra el proceso de paz, en contubernio con la agencia antidrogas norteamericana.

El día de la captura el fiscal Martínez Neira condenó a ‘Santrich’ de antemano, en contravía de la presunción de inocencia, cuando dijo que "los detenidos traicionaron los valores y los principios de los acuerdos de paz". Pero no se debe poner en duda la buena fe del presidente Santos cuando en la misma alocución televisada declaró: "Si cumplido el debido proceso y con pruebas irrefutables hay lugar a la extradición por delitos cometidos después de la firma del acuerdo, no me temblará la mano para autorizarla, previo concepto de la Corte Suprema". (Ver noticia). Es lo que le corresponde, en sujeción al equilibrio de poderes.

Ahora bien, considerando lo bien ‘dateada’ que está desde el despacho de su amigo el fiscal general, la última columna de María Isabel Rueda anuncia que la extradición podría verse embolatada, pero no por sus suposiciones sino por lo que plantea Gallón: “Después de cumplir la orden de captura internacional que recibió contra ‘Santrich’, la Fiscalía debía ponerlo a disposición de la JEP, pues así lo establece la Constitución en el artículo 19 transitorio del Acto Legislativo 01 de 2017: ante una solicitud de extradición, “la Sección de Revisión del Tribunal para la Paz evaluará la conducta atribuida para determinar la fecha precisa de su realización y decidir el procedimiento apropiado”.

“¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué no lo ha hecho todavía?”, se pregunta Gallón. En ese contexto, la periodista amiga del fiscal entraría con su columna a desfacer el entuerto.

En ambos casos, el de los hermanos Mora y el de ‘Santrich’, parece primar por parte de la Fiscalía el interés de armar un escándalo mediático con un calculado efecto político, desconociendo (o mejor, pasándose por la faja) que ni las capturas ni la imputación de delitos pueden estar soportadas sobre sospechas, aparentes montajes o ambigüedades procesales que a la postre conducen a la libertad de los acusados.

Por último, dirán que es hilar delgado, pero la resonante captura de nueve presuntos miembros del Movimiento Revolucionario del Pueblo -Mrp- a raíz del bombazo contra el Centro Andino el 17 de junio de 2017 (ver columna del suscrito), se ajusta en apariencia al mismo modus operandi: con base en una ‘siembra’ de pruebas que conduce a los supuestos autores, se presenta a la opinión pública la comisión de un delito en apariencia organizado y ejecutado por gente de extrema izquierda, pero cuyo arresto beneficia los intereses políticos de los enemigos de la paz.

Moraleja y conclusión: mientras persista el afán del fiscal general por atravesarle una agenda política al desempeño de su cargo, la anhelada reconciliación nacional seguirá al borde del desenlace fatal.

domingo, 29 de abril de 2018

"Quizá a De la Calle le habría ido mejor si hubiese escogido el camino de las firmas": Serpa



Por Jorge Gómez Pinilla / Especial para El Espectador

En entrevista con El Espectador, el senador liberal reconoce los méritos de Gustavo Petro, de quien dice, tiene el 'good will' del rechazo. Afirma que el mejor candidato es Humberto de la Calle, un hombre respetable y con experiencia que no ha cometido fechorías, y dice que lo que se está disputando es quién será el oponente de Duque en segunda vuelta.

Está circulando en redes sociales un video en el que usted habla en términos muy elogiosos de Gustavo Petro. ¿Significa eso un acercamiento con él? (Ver video).
No, no me estoy acercando ni tengo interés en hacerlo. Hablo bien de él porque conozco sus muchas cualidades. Vi la forma como le pasaron la aplanadora cuando fue alcalde, para no dejarlo gobernar. Eso me pareció un despropósito, pues la que perdió fue Bogotá. A los que se quejan de Petro, yo les digo: “ustedes fueron los que lo crearon”. Además de sus calificaciones personales, en lo político ahora tiene el good will del rechazo. Y aclaro: en esa misma entrevista y en otras que he hecho, les he reconocido méritos a candidatos diferentes al mío.

¿O sea que los ataques que recibió Petro mientras fue alcalde, por ejemplo del procurador Alejandro Ordóñez, lo crecieron?
Claro, porque lo victimizaron. Pero tampoco se puede olvidar que él les dio agua gratis a los pobres, el mínimo vital, que en Bogotá no tenían cómo pagarla. Y les dio un subsidio para Transmilenio, e hizo obras en los sectores populares y de clase media de Bogotá. Así que ahí tiene una cauda importante. Petro es un hombre capaz, maneja la política con toda competencia y se mantiene en los primeros escalafones. Pero yo sigo siendo liberal y tengo un gran candidato, que es Humberto de la Calle.

Hablando de videos, circula uno en el que Pacho Santos le dice a gente de su partido: “Les quiero decir una cosa, si el doctor Petro va con televisión tres semanas en una segunda vuelta solo, tiemblen; tiemblen”. ¿Usted qué opina de eso? (Ver video).
Es un procedimiento que se utiliza en política, el de meter miedo. Aunque me parece fuera de contexto, porque el Centro Democrático también tiene cauda y un buen candidato. Pero ahí el propósito es encolerizar a unos y apasionar a otros, aplicando la formula del miedo para que les produzcan más votos. Lo cual me parece una equivocación y una gran pendejada.

Hablando de meter miedo, si la memoria no me falla, cuando usted buscó por primera vez la presidencia enfrentado a Andés Pastrana, también trataron de asustar a la gente con que si ganaba Serpa habría fuga de capitales y el dólar se iba a disparar, algo así. ¿Me equivoco?
Eso fue cierto, pero es clavo pasado. Yo no vivo de recuerdos ni almaceno amarguras.

Entonces hablemos de clavos presentes. Uno mira las encuestas y De la Calle aparece bastante rezagado, mientras que la bancada del Partido Liberal está a punto de una desbandada, unos hacia Duque y otros hacia Vargas Lleras. Y La Silla Vacía dice que el doctor de la Calle se convirtió en “un comodín” que utiliza César Gaviria para evitar ese desmadre general. ¿Usted cómo la ve?
Es cierto que hubo amagos de desbandada, pero están controlados. Por una circunstancia, y es que por fin los liberales se dieron cuenta de algo que sabe el resto de los colombianos: nadie habla mal de Humberto de la Calle, nadie dice que es un hampón, todo el mundo sabe que es inteligente. Es serio, responsable, sin duda el mejor candidato. Entonces, yo pregunto: ¿si es el mejor, por qué no votan por él? Mire, él solo ha sido protagonista de los dos más importantes acontecimientos en el último siglo: la Constitución del 91 y la paz con las Farc.

Si es tan buen candidato, ¿por qué va tan mal en las encuestas?
Tal vez haya tenido mala suerte en la publicidad o en los manejos que se han dado dentro de su partido, o quizá le habría ido mejor si hubiese escogido el camino de las firmas. Pero es sobresaliente, bueno, serio, y tiene la sabiduría del hombre con experiencia. Y es respetable… ¡y no ha cometido fechorías!

Algún columnista planteaba que con la centro-izquierda dividida en tres grandes bloques (Petro, Fajardo, De la Calle) puede ocurrir que en la repartija de votos entre esos tres pasen a segunda vuelta los dos candidatos de la derecha, Duque y Vargas; y por tanto sugería en primera vuelta votar por el de la centro-izquierda que tenga mayor posibilidad de ganar. ¿Usted qué opina?
Es interesante. Ahora hay distintas teorías, pero hay que ir a primera vuelta con el candidato de uno. Nadie va a ganar en primera vuelta, eso sí descártelo. La segunda vuelta será un sistema de alianzas, y así fue concebido cuando en la Constituyente la aprobamos: para provocar que en un país tan fragmentado y dividido fuera necesario hacer acuerdos politicos, para que el ganador tenga un alto margen de gobernabilidad. Esa es la importancia de la segunda vuelta.

Las encuestas actuales muestran a Petro y Vargas Lleras en constante ascenso, y a Duque estancado o descendiendo. ¿Usted ve posible una segunda vuelta Petro – Vargas?
Duque es muy fuerte. Yo no veo cómo pueda ocurrir que no pase a la segunda vuelta. Lo que se está disputando es quién será el oponente de Duque.

¿O sea que la segunda vuelta sería Petro – Duque? Porque Petro también está muy fuerte…
Sí, está fuerte. Está sacando mucha gente a la calle y planteando cosas diferentes. Pero en política nunca se sabe. El que gana en primera vuelta, no quiere decir que va a ganar en la segunda. O al que lleva buenas posibilidades faltando un mes para la elección, puede ser que los guarismos se le volteen en las dos últimas semanas. Lo digo por experiencia…

Frente a la disputa interna entre César Gaviria y Juan Fernando Cristo, que ha sido tan perjudicial para el liberalismo, ¿cómo se ubica usted en su condición de exdirector del partido?
Yo no quiero formar parte de esa disputa, hoy no tengo ninguna responsabilidad en el partido. Todo el mundo sabe de mi afecto y solidaridad con Juan Fernando Cristo, y todos saben que he cuestionado que el doctor Gaviria desde que fue elegido director, se apoltronó. Pero lo importante ahora es que todos los liberales nos unamos alrededor de Humberto de la Calle.

Usted que fue negociador de diferentes gobiernos en múltiples procesos de paz, ¿cómo ve el embrollo que se les armó ahora al gobierno y a la Farc con la captura de Jesús Santrich?
Ha sido muy perturbador el caso Santrich, y mi reflexión es elemental: si él después de firmar el acuerdo estaba en malos pasos, tiene que asumir las consecuencias. Una de ellas, que sea retirado del proceso de paz, y la otra que lo investiguen y lo sancionen por las infracciones que correspondan. Eso es muy grave, ahora tiene testigo de cargo desde EE.UU., el señor Marín. Santrich resolverá sus cosas y eso no va a acabar con el proceso de paz. Pero lo que sí puede afectar todo lo grande y bueno que se ha hecho, es lo que se viene conociendo: que ya hay 50 excombatientes asesinados, y entre seis y ocho desaparecidos. Y que hay sospechas graves, gravísimas, en torno a la forma como se han manejado los dineros de la paz. Y no se les ha cumplido cabalmente a los exguerrilleros con los compromisos. Escuché que solamente un proyecto productivo se les ha aprobado a los excombatientes. Eso me tiene alarmado, y yo quiero hacer un llamado al país, al gobierno y a los amigos demócratas para que no descuidemos el posconflicto, para que cumplamos a la paz y a la democracia.

Otto Moralez Benítez habló de los enemigos agazapados de la paz, pero en la coyuntura actual la paz está en peligro más por los enemigos a descampado que por los agazapados…
Tiene razón, estamos peor que cuando el doctor Otto. El habló de enemigos agazapados, pero ahora han salido del closet unos enemigos que no se le conocían antes, y eso es una idiotez muy grande.

¿Quiénes son esos enemigos que salieron del closet? ¿Se refiere acaso a Germán Vargas…?
Me refiero a los que atacan a Juan Manuel Santos por algo tan importante como haber alcanzado la paz. Es increíble… ¡no se lo reconocen! ¡No le reconocen a Humberto de la Calle todos los méritos que hizo para que se firmara el acuerdo final con la guerrilla! Eso es supremamente delicado. Hombre, ¿cómo puede ser posible que la gente quiera que sigamos en guerra?

¿Un país enfermo…?
Bastante enfermo, sí señor. Y no del estómago ni del corazón, sino de la cabeza.

lunes, 23 de abril de 2018

Petro va ganando, duélale a quien le duela


La semana pasada hubo una columna “de veras iluminante” de Enrique Santos Molano en Eltiempo.com, titulada Encuestas, candidatos y programas, donde al referirse a las encuestas electorales afirmó que de un tiempo para acá “están destinadas no a mostrar la realidad de la intención de voto, sino a crear una tendencia virtual”. (Ver columna).

Ahí el articulista coincide con una columna anterior del suscrito, quien habló del crecimiento repentino y sospechoso de Iván Duque unos días antes de la elección del 11 de marzo y sostuvo que esas encuestas parecían “inducir al electorado a votar en la consulta (…) por el candidato de Uribe y no por la candidata de Andrés Pastrana”, como en efecto ocurrió. Santos Molano aterriza en cifras esa misma impresión al argumentar que “Iván Duque da un salto prodigioso en la garrocha de la opinión pública, y del 12% en que estaba trepa al 42%”, para quedarse de ahí en adelante en el supuesto primer lugar de las preferencias, hasta el día presente.

Pero donde pone el dedo en la llaga es cuando afirma que el modelo de encuestas de proyección que consulta la opinión de máximo 3.000 mil personas y sobre los resultados se deducen tendencias, “ya es obsoleto. Primero, porque han sido siempre manipulables; y, segundo, porque Internet ha introducido las encuestas en línea, atinadas en un ciento por ciento, pues llegan a un universo mucho más amplio, de lejos, que el de las encuestas tradicionales”.

Es verdad que en las encuestas on line solo votan los que tienen computador o celular con Internet y datos, pero igual es cierto que estas reflejan más fielmente las tendencias reales que aquellas que solo consultan a un número de personas que rara vez es superior a 3.000.

Basado precisamente en esa premisa, días atrás yo preguntaba en Twitter “¿por qué en todas las encuestas que hacen en las redes sociales siempre gana @petrogustavo, mientras en las que hacen las empresas encuestadoras siempre gana @IvanDuque?” (ver trino). Y mostré los resultados de una encuesta virtual realizada por Semana.com al día siguiente del debate presidencial organizado por ese medio y Teleantioquia, en la que participó la escandalosa cifra de… ¡148.845 votantes! y donde frente a la pregunta “¿Usted quién cree que ganó el debate?”, los resultados fueron: (Ver encuesta).

Gustavo Petro: 43%
Germán Vargas: 31%
Sergio Fajardo: 13%
Iván Duque: 13%

Haciendo claridad en que a ese debate no pudo asistir Humberto de la Calle porque su avión salió tarde, ¿es comprensible que la preferencia de casi 150.000 colombianos no constituya tendencia nacional, pero que sí la tenga una encuesta de proyección que solo consulta (y toca creerle) a solo 3.000 parroquianos…?

Están además las ‘encuestas’ de la gente que acude a manifestaciones en plaza pública, y encontramos que en estas también arrasa Gustavo Petro. Pero, vaya uno a saber por qué, rara vez son noticia para los grandes medios que divulgan con pitos y tambores los resultados de aquellas en las que siempre gana Iván Duque…

¿A qué extraño fenómeno obedece -se pregunta el columnista Enrique Santos en palabras que suscribo como propias- que mientras “las manifestaciones multitudinarias y rugientes de emoción democrática que aclaman a Petro” coinciden con lo que muestran las encuestas virtuales, las encuestas tradicionales caminan en contra evidencia total de esa realidad nacional?

Averígüelo Vargas… o Duque, o Fajardo, o De la Calle, o Morales, o Semana, o El Tiempo, o RCN…

DE REMATE: Al testigo antioqueño Carlos Enrique Areiza le pasó lo mismo que a Francisco Villalba, quien testificó contra Álvaro Uribe por lo de la masacre de El Aro: lo sacaron de la cárcel para poder matarlo.

lunes, 16 de abril de 2018

Los errores de Matador, Uribe, Petro y…


Esto de sostener una columna de opinión semanal y mantener una participación activa en el frenesí de las redes sociales es algo muy estimulante, y su máxima expresión en lo periodístico es la búsqueda de la originalidad: tratar de salir en cada artículo, en cada post de Facebook o en cada trino de Twitter con algo que a nadie más se le había ocurrido antes.

Es humano –demasiado humano- para un escritor o un artista querer mantener la atención de un público, agradarle, encantarlo con nuevos artificios, razonamientos o historias. Lo hacen el mago, el músico, el actor, la bailarina, el caricaturista, en fin. Esto exige una permanente renovación del repertorio, y en esa búsqueda constante se cometen errores.

Precisamente de un error me hizo caer en cuenta el caricaturista Matador, aunque sin proponérselo, cuando durante entrevista con Vicky Dávila a raíz de las amenazas que recibió de gente del Centro Democrático, mencionó una columna mía. Ella le preguntó si era cierto que en su Twitter había escrito “debemos silenciar a Uribe”, algo que los uribistas interpretaron como una amenaza contra su caudillo, y Matador le respondió:

- La cuestión con la gente en las redes sociales es que no lee. Cuando yo comparto un link, eso no es ningún delito. La columna se titulaba Hay que silenciar a Uribe, y la escribió un periodista de El Espectador.
      - ¡Ah, no era usted! –le interpeló Vicky.
      - No no no, de ninguna manera. Yo nunca haría una estupidez de esas- remató Matador.

Aquí entre nos, quedé con la ligerísima impresión de que Matador me había tratado de estúpido. La columna en realidad se tituló Debemos silenciar a Uribe, la publiqué el 17 de julio del año pasado y ahí dije: “En alguna ocasión el caricaturista Matador definió a Uribe como el tumor de Juan Manuel Santos, con el agravante de que el tumor no mata al paciente, pero no existe medicina que logre erradicarlo. Llegó ahí para quedarse. (Ver tumor)”.

He de suponer que por eso la compartió, pero lo importante no está ahí sino en que terminé por aceptar en mi fuero interno que Matador tenía razón: pudo ser una torpeza (majadería, estulticia, yerro, estupidez, imbecilidad) haberla titulado así, pues podía entenderse como una amenaza a Uribe, cuando bastaba leerla para descubrir que lo de ‘silenciarlo’ aludía era a dejar de hablar de él a toda hora. Por posar de original en el uso de la semántica, pasé a temerario. Sea como fuere, busqué a Matador y él me aclaró que no, que no me había tratado de estúpido. Se refería era a que “nunca cometería la estupidez de amenazar a alguien, menos a Uribe”.

Ahora bien, ya entrado en este mea culpa debo reconocer que hubo una torpeza mayor, cuando publiqué una columna sobre el mismo personaje con un título de corte escatológico, además ofensivo. (Ver columna). De ese título hoy me arrepiento, por las consecuencias negativas que me trajo, pero no me retracto en una sola letra de su contenido, sino del título.

Matador tiene razón en que la gente en las redes sociales no lee. Si hubieran leído la columna la habrían entendido, pero mi error estuvo en que debido al título, el rechazo instintivo de los uribistas les impedía pasar de ahí. Los demás –los no uribistas, quiero decir- sí la leyeron, y por eso ha sido hasta hoy mi columna más leída. Y eso no me enorgullece.

Todos en la vida cometemos errores, incluso Matador. Él mismo lo reconoció en la entrevista con Vicky cuando habló de un video-montaje que compartió contra Iván Duque, y que Uribe denunció en su cuenta de Twitter. Matador presentó disculpas a ambos y Uribe se las aceptó (Duque no), y luego el caricaturista se justificó diciendo que “hay compañeros que no cuidan sus comunicaciones”.

Equivocación, estupidez o como se le quiera llamar habría cometido también el senador Uribe –como recordó Matador- cuando lo pillaron diciéndole por teléfono a alguien que “nos están grabando esos hijueputas”. ¿Quiénes eran esos hijueputas? Nada menos que los honorables magistrados de la Corte Suprema de Justicia que lo estaban investigando…

Y está por último el error de Gustavo Petro, quien creyéndolo auténtico retuiteó un audio-montaje que le hicieron a Poncho Zuleta, donde este exclama frente a Iván Duque “¡viva la tierra paramilitar!”. Lo cual sí había dicho… solo que en un concierto de años atrás.

Petro presentó disculpas y retiró el trino, pero le ripostó muy ‘gallito’ Jerónimo Uribe con esto: “Dos montajes en dos semanas. Va quedando clara la estrategia de Petro y la izquierda para derrotar a Duque. Lamentable”. Petro no le reviró, pero sí lució de veras iluminante la respuesta de @NanyPardo: “Pille esto, joven Jerónimo: Mientras Petro admite de una el error cometido y se disculpa; su papá, rey de las infamias, (…) solo se retracta cuando lo demandan y una sentencia así lo obliga. Lo hace para no ir preso. ¿Ve la diferencia?”.

¿A dónde vamos con todo esto? A que no es justo que en las redes sociales nos sigamos matoneando, amenazando o insultando por lo que dijo este o aquel, a sabiendas de que nadie se salva de haber cometido algún error en su vida. Y si comenzamos por reconocerlo aprenderemos a convivir en un mundo más sano, con respeto y tolerancia con las ideas ajenas.

En acto de contrición y reparación por lo que me corresponde, quiero hacer pública esta amable solicitud al director de El Espectador, don Fidel Cano, para que sea cambiado el título escatológico de la columna arriba citada, por este: Soliloquio en torno a la ‘embarrada’ de Uribe en Atenas. Y si no es posible cambiarlo, que la columna sea retirada y de ella nunca más se vuelva a hablar, hasta el fin de los tiempos, para solaz del suscrito.

Fin del comunicado.

DE REMATE: Cuando me comuniqué con Matador para preguntarle por lo que había dicho de mí, me salió con que estaba pensando escribir una columna titulada “hay que silenciar a Pinilla”. No tengo aún claro si fue ofensa, injuria, calumnia, burla, escarnio, mofa, afrenta o atentado contra el buen nombre, pero lo consultaré con mi abogado.

lunes, 9 de abril de 2018

¿Y si la final fuera Petro – Vargas?




El ritmo vertiginoso de una campaña electoral a la Presidencia de la República hace que toda decisión de preferencia electoral pueda variar de un día a otro, dependiendo de la utilidad del voto.

Siempre he dicho que el mejor candidato es (fue) Humberto de la Calle, y por él quería votar en ambas vueltas. Pero hoy, después de que se frustró su unión con Sergio Fajardo y terminó convertido en un “comodín” del Partido Liberal –la expresión es de La Silla Vacía- mi voto ya no puede ser por él porque las urgencias son otras. Lástima, nada le convenía más a Colombia que un hombre como De la Calle; él encarnaba la esperanza de consolidar la paz, pero en forma irresponsable hemos dejado pasar esta oportunidad histórica. Patria boba, no. Patria babosa.

Repuestos del tramacazo por lo que pudo haber sido y no fue, hoy muchos colombianos sensatos cargan una incertidumbre en el alma: ¿cómo hacer para que la decisión del voto sea la más responsable, en cuanto a impedir que el monigote de Álvaro Uribe conquiste la presidencia? Monigote no en sentido ofensivo, sino en su acepción original: figura de postín.

Un hombre con ideas liberales es el que en mayo de 2012 le envía un trino con “Felicitaciones al presidente Obama por apoyar el matrimonio entre personas del mismo sexo” (ver trino), y una figura de postín es la que en abril de 2018, durante un debate de Teleantioquia, es el único candidato que no respalda el matrimonio gay. (Ver noticia).

Si de sensatez vamos a hablar, derrotado el ideal que encarnaba Humberto de la Calle y desinflado el tibio Fajardo, hay que ir pensando en lo pragmático, con dos nítidas opciones en primera vuelta: Gustavo Petro o Germán Vargas.

Coincido con Daniel Coronell en que “votar por Vargas Lleras sería una opción extrema para detener a Uribe”, pero difiero cuando agrega que “votar por Petro no detendría a Uribe”. (Ver trino). Es cierto que ante una segunda vuelta entre Petro y Duque todo el ‘establishment’ se iría con Duque, pero ello no se traduce en que Petro no tenga chance de ganar. Muchos pobres, muchos jóvenes, muchos ciudadanos con pensamiento liberal o progresista votarían por Petro, y con el paso de los días crece esa audiencia. Además, ¿para dónde cogerá la franja abstencionista? ¿Será que esta vez también le rehuye al voto? Y hacia Petro también mirarían los verdes, y los del Polo con Robledo a la cabeza, a no ser que este vuelva a cometer la torpeza –o la irresponsabilidad- de promover el voto en blanco.

Entiendo el temor de Coronell a una eventual presidencia de Petro por los desaciertos que mostró como ‘gerente’ de Bogotá, mientras que mi temor es por su dificultad para trabajar en equipo. Pero a diferencia de Coronell, yo sí estaría dispuesto a jugármela por Petro frente a un Duque o un Vargas Lleras, luego de elevar mis oraciones al Altísimo para que haya superado su síndrome de caudillo y entienda que hay gente dispuesta a aportarle, si acepta que él también puede equivocarse.

En alguna columna anterior dije que Petro fue alcalde de Bogotá gracias a la coalición de la que formaron parte amigos suyos como Antonio Navarro, Carlos Vicente de Roux, Daniel García-Peña o Guillermo Alfonso Jaramillo, pero ya posesionado no pudo entenderse con ninguno de ellos. Eso es precisamente lo que esperamos haya superado. (Ver columna).

Lo inadmisible de todos modos es que haya gente que juzgue preferible que gane Duque (Claudia López, por ejemplo) en lugar de brindarle la oportunidad a Petro para que, habiendo superado la soberbia que exhibió siendo alcalde, con humildad y sapiencia logre armar un equipo mundialista y saque adelante lo que promete ser un programa de gobierno ‘revolucionario’, no en lo de poner todo patas arriba sino en cuanto a cerrar la brecha de la escandalosa inequidad social y económica que impera en Colombia. Al menos eso.

Desde el primer día desconfié de las encuestas que sin ningún sustento lógico y a escasos días del 11 de marzo comenzaron a mostrar a Duque de primero, y lo ocurrido en Costa Rica es prueba de que en ellas no se debe creer, porque es muy fácil manipularlas. Las encuestas allá mostraban a Carlos Alvarado con una preferencia del 44%, pero fue quien resultó electo (¡con 20 puntos de diferencia!), mientras que el rezandero derechista Fabricio Alvarado perdió, siendo que aparecía ganador con el 56%. Por cierto, la principal bandera del perdedor era una férrea oposición al matrimonio gay, en coincidencia con lo que ahora piensa Duque.

Aquí también, como en Costa Rica, detrás de las ‘victoriosas’ encuestas se percibe el inmenso poder de los dueños de este país que quieren agradecerle a Álvaro Uribe por todos los favores recibidos, poniendo de presidente a su candidato para que recite el libreto que en caso de llegar al poder le garantizaría a su patrón impunidad perpetua.

Ese aire ‘triunfalista’ en torno al candidato de Uribe es componente orgánico de una campaña de propaganda política fríamente calculada, que en su fase actual consiste en hacer que todos hablemos bien o mal de Iván Duque, pero que hablemos de él: que se tinturó el pelo, que la factura electrónica, que los títulos de Harvard, que esto y aquello. Y todos caemos como idiotas.

Colombia no debe temerle al ‘castrochavismo’ sino a un modelo de sociedad con una abigarrada concentración de poderes en torno a un solo hombre: ¿el presidente Duque? No señores, el para-presidente Álvaro Uribe, eventual tirano en la sombra.

Esta columna es entonces un llamado a los sensatos: a los de la derecha que no simpatizan con una ‘extrema’ autoritaria, para que voten por Germán Vargas Lleras; y a los de la centro-izquierda que ven ya infructuosa cualquier posibilidad de que Fajardo o De la Calle lleguen a segunda vuelta, para que voten por Gustavo Petro.

Evitemos el regreso a la Presidencia de una fiera herida, con sed de venganza. No dejemos morir la esperanza de un país en paz.

DE REMATE: Informa El Espectador que la Cámara de Representantes dará celeridad al proceso contra el magistrado Gustavo Malo (ver noticia). ¿Por qué no hacen lo mismo con las 186 denuncias contra Álvaro Uribe que reposan el sueño del olvido en los anaqueles de la Comisión de Acusaciones, algunas de ellas por crímenes de lesa humanidad, ah?