miércoles, 23 de septiembre de 2020

Iván Duque, el "hazmellorar"

 


Tomado de El Espectador

El diccionario RAE define hazmerreir como la “persona que por su aspecto o conducta es objeto de diversión o burla de otros”. Esta definición se amolda a todo aquel que con su actuación de algún modo entretiene y no hace daño a los demás. Pero cuando las alocadas decisiones que toma (o que le hacen tomar) ponen en peligro la estabilidad institucional de una nación, hay que pensar en darle el calificativo que le corresponde: el de ‘hazmellorar’.  

Solo a un hazmellorar se le ocurre que estando los ánimos tan encendidos por los catorce jóvenes que en distintos puntos de Bogotá asesinó la Policía en las noches del 9 y 10 de septiembre, y que provocaron los archiconocidos actos de vandalismo, después de que según las encuestas apenas 1 de cada 4 colombianos apoya a esa institución, se le ocurre disfrazarse de Policía para ir a visitar - de noche- dos de los CAI atacados por la turba indignada. Y se hace (o le hacen) tomarse una foto en medio de ellos, poniendo en abierta provocación su mano derecha uribista sobre el corazón, símbolo gráfico del Centro Democrático y del dueño del letrero, su patrón Álvaro Uribe Vélez.

Hablando a calzón bajado, Iván Duque no es hoy el presidente de todos los colombianos sino el subpresidente de su patrón. Todas las decisiones que hoy toma (o le ordenan tomar) se ajustan al dedillo a lo que el mismo Uribe haría. Es obvio de toda obviedad que es Uribe quien hoy gobierna desde el Ubérrimo sobre persona ajena… y de contera sobre el país entero. Duque apenas se deja ver como un alfeñique, un monigote, un mequetrefe, un abyecto segundón, un vulgar sacamicas, en resumen una miseria humana, carente de toda dignidad.

Con esa visita nocturna la majestad presidencial quedó por el piso porque cometió la afrenta -deliberada, aleve- de tomar partido por los victimarios y pisotear post mortem a las catorce víctimas inocentes, incluido por supuesto el Javier Ordóñez torturado por agentes de esa institución hasta morir con un riñón reventado, según el informe de Medicina Legal.

Pero no solo pisotea la honra de las víctimas, sino la de los millones de colombianos que nos solidarizamos con el dolor de los deudos y por tanto no pensamos como quien se manifestó abiertamente a favor de los victimarios. Con dicho acto ignominioso, digno de inscribirlo en la Historia Universal de la Infamia, cual si se tratara de un rufián de esquina nos puso a todos sus contradictores en el bando enemigo, nos dijo “no soy su presidente, soy única y exclusivamente un oficioso servidor del presidente eterno que aquí me puso. Él es mi guía, mi luz, el pastor que me apacienta con suave cayado, es mi todo”.

A este señor le importó un soberano pepino un video revelado por Ariel Ávila donde se demostró hasta la saciedad que “hubo mandos que autorizaron la utilización de armas. Ese cuento de que fue algo espontáneo se desvirtúa. Ellos dispararon contra población civil, ellos podían ver a quienes disparaban, se ve claramente que no estaban disparando a ciegas. Todo este video desvirtúa las versiones del Gobierno y del ministro de Defensa”. (Ver video).

En medio de tan sombrío panorama, solo es claro que esto no va a conducir a nada bueno. Quieren armar un mierdero bien tenaz, quizás para pescar en río revuelto. Encochinarnos a todos, para que o se note lo cochinos que están quienes han asumido el mando. La polarización que viene en camino será imparable, como si desde el solio de Bolívar estuvieran tratando -a conveniencia del patrón- de empujarnos hacia una guerra civil.

Nunca pasó por mi cabeza que llegaría el día en que estaríamos sometidos por un régimen autoritario fascista (para el caso que nos ocupa de corte mafioso) al mejor estilo Benito Mussolini, quien supo imponerse por la bota militar mientras establecía un rígido control sobre los medios de comunicación. Siempre pensé que esos tiempos nefastos ya habían sido superados por la humanidad, pero la historia de esta sufrida Colombia se está encargando de demostrarnos que estamos condenados a repetirlos.

Lo que nos falta por lamentar y llorar sobre la sangre derramada -pretérita y futura- es incontable, innombrable, indescifrable.

Y abominable.

Y hoy no tengo nada más que decir, la indignación me embarga.

DE REMATE: Si raspas repetidamente un fósforo hasta que se enciende, no le puedes echar la culpa de la llama a la cabeza del fósforo.


lunes, 14 de septiembre de 2020

“Uribe es un pirómano muy peligroso”

 


Tomado de El Espectador

El título de esto va entrecomillas porque es parodiando la columna de Felipe Zuleta del domingo pasado, aquí en El Espectador, titulada “Petro es un pirómano muy peligroso”. (Ver columna).

Ese mismo día en Semana doña Salud Hernández, todavía contagiada por la rabia española, coincidía con Zuleta: “¿Qué clase de presidente sería un líder político que solo sabe nutrirse de división y odio? Es indudable que (Petro) es un pirómano”.

Y desde su esquina de El Tiempo, Mauricio Vargas, otrora periodista y hoy matriculado en la jauría uribista, afirmaba que “el petrismo tiene un plan insurreccional y lo está llevando a cabo”.

Si nos pusiéramos en la misma onda conspiranoica de los tres anteriores, con tan llamativa coincidencia temática se podría concluir que andan coordinados y algo se traen entre manos. Por ejemplo, ocultar la verdadera realidad, por una razón de peso: porque el verdadero pirómano es el sujeto sub judice al que pretenden defender o eximir de toda culpa en sus columnas, el exsenador Álvaro Uribe Vélez.

La columna de Zuleta Lleras tiene -además del título- una frase aplicable a Uribe: “si hay alguien que ha demostrado su conducta anárquica es (el senador Petro). Sí, el mismo que pretende gobernar este país. Desobediencia civil, anarquía y caos. Eso es lo que le gusta al pirómano. Ver arder en llamas todo lo que pueda quemar”.

¿No es acaso una conducta anárquica desconocer o subvertir el orden constitucional cuando en entrevista con dos periodistas genuflexas Uribe se declara “secuestrado” por la Corte Suprema y asegura que su orden de detención fue “un procedimiento mafioso”? La única diferencia es que no se trata del que pretende gobernar al país, sino del que lo gobierna desde su lugar de reclusión y le indica a su subalterno Iván Duque -luego del asesinato de Javier Ordóñez a manos de la Policía- los pasos a seguir: “Mejor toque de queda del Gbno Nal, Fuerzas Armadas en la calle, con sus vehículos y tanquetas, deportación de extranjeros vándalos y captura de autores intelectuales”. (Ver trino).

¿Autores intelectuales del asesinato? No, habla es de los autores de los actos de vandalismo. Y en cuanto a la “desobediencia civil”, fue el mismo Uribe quien por los días de la campaña del plebiscito convocó a la “resistencia civil”. ¿Contra qué? Contra el acuerdo de paz que según la propaganda negra uribista de esos días pretendía “volver homosexuales a nuestros niños”.

En sintonía con Uribe, con el subpresidente Duque y con el fiscal Francisco Barbosa de quien en su penúltima columna Zuleta mostró “los resultados concretos de su corta pero eficiente gestión”, en esta afirma que “la destrucción sistemática de los CAI dejó evidenciado que los criminales tenían un plan orquestado”.

Según este nuevo corifeo del régimen (hace un año decía que Uribe “insiste en no vivir en paz y, peor aún, en no dejar vivir en paz a los colombianos”), hoy la gente no tiene ningún motivo para salir a la calle a protestar, menos a tirarles piedra a unos CAI habitados por policías asesinos. No, todo es producto de un plan macabro, develado además por el muy imparcial Noticias RCN, cuya presentadora informa al día siguiente de la masacre policial (de trece víctimas inocentes), que ese noticiero “conoció información de Inteligencia que permite confirmar que la destrucción de 56 CAI no obedeció a hechos aislados sino a una estrategia articulada (de las disidencias FARC y el ELN) que se había preparado con anticipación, aguardando un detonante”.  (Ver “informe exclusivo”).

Si de plan macabro se ha de hablar, señalemos lo obvio: es literalmente imposible que tal cantidad de policías haya disparado en forma indiscriminada contra la población inerme si no hubieran recibido la orden de hacerlo. El sentido común advierte que debían estar autorizados, pues raya en la imbecilidad pensar que disparaban sabiendo que si mataban a alguien podían ir a la cárcel o ser despedidos de la institución. De otro lado, ¿nos quieren hacer creer que desconocían que estaban siendo grabados? Muy por el contrario, se les vio actuar con la tranquilidad del que se sabe protegido por sus superiores.

Y aquí abro un paréntesis: ¿cómo se entiende que en menos de 24 horas trece ciudadanos son asesinados por la Policía y no cae ningún miembro de esa institución, ni el presidente Duque pide una sola renuncia? ¿Acaso estamos en una dictadura?

En la misma tónica del plan orquestado, hablemos del que comenzó a gestarse el día que la Corte Suprema anunció la detención domiciliaria Uribe, expresado en una exacerbación de la violencia ya advertida por Vicky Dávila que ocurriría si ponían preso a su admirado líder: "Si a Uribe lo ponen preso, les doy una pésima noticia a sus malquerientes: no se acabarán los problemas que tiene Colombia. Tampoco llegará la paz que todos deseamos. Quizás la violencia se agudice”.

Y se agudizó a niveles insufribles, y el mayor cinismo de este gobierno -dueño del Ejército, la Policía, los organismos de seguridad y hasta los de control- reside en echarle la culpa al expresidente Juan Manuel Santos de las masacres sin control y los asesinatos selectivos de líderes comunitarios. Como dije en columna anterior, “esta violencia salvaje que el Estado es incapaz de controlar, en muestra no de ineptitud sino de deliberada omisión y negligencia, se asemeja a los días en que los grupos paramilitares asolaban con sus masacres la geografía nacional y numerosas Brigadas o bases militares se hacían los de la vista gorda o cooperaban, como está documentado por muy variadas fuentes y testimonios”.

¿A qué obedece entonces esta nueva espiral de violencia? A que se avanza hacia la consolidación de un régimen fascista cuyo propósito es poner el país patas arriba, como condición sine qua non para asegurarle al comandante en jefe de la extrema derecha su impunidad a perpetuidad. ¿O acaso ustedes creen que en dos años el uribismo entregará el poder tras ser derrotado en una elección limpia, sabiendo que perder la presidencia podría conducir a que Uribe termine preso -de nuevo-?

Así las cosas, no nos hagamos ilusiones: esos salvajes llegaron para quedarse.

DE REMATE: Me atrevo a pensar que en las pendejadas lambonas que hoy escribe Felipe Zuleta Lleras obra el mismo fenómeno que produjo el sorpresivo viraje ideológico de años atrás en un exprogresista como Alfredo Rangel: simple conveniencia.

martes, 8 de septiembre de 2020

“Homicidios colectivos”: bienvenidos al fascismo

 


Tomado de El Espectador

Tiene razón María Jimena Duzán cuando en su columna del domingo pasado (Uribe, el fascista) afirma que “un Uribe desbordado quiere imponer un Estado en que los individuos no tengan libertades individuales y en el que se nos someta a un solo pensamiento y a un solo partido, como sucede en el fascismo”.

Un solo pensamiento se percibió en el subpresidente Iván Duque y el ministro de Defensa, Carlos H. Trujillo, cuando coincidieron -el mismo día y en escenarios diferentes- en declarar ante los medios que no se debía hablar de masacres sino de “homicidios colectivos”. Según Trujillo, “masacres es un término que se viene utilizando de manera periodística, coloquial”. Y agregó, para no dejar duda: “Los homicidios colectivos son definidos como el asesinato de cuatro o más personas en estado de indefensión, en el mismo sitio, bajo las mismas circunstancias y por los mismos autores”. Que es exactamente la definición de masacre.

Esto hacía pensar que el uso de la palabra masacre quedaba excluido del lenguaje oficial, pero no fue así: unos días después, a raíz del asesinato de cuatro soldados en cercanías de Sardinata (Norte de Santander), Duque y Mindefensa salieron de nuevo en coro -desde su respectiva cuenta de Twitter- a condenar la acción armada, y recurrieron a la palabra que para el asesinato de líderes sociales habían proscrito:

“Atroz masacre de 3 soldados y 1 suboficial en Sardinata duele e indigna”: Holmes Trujillo (Ver trino)

“Execrable masacre de tres soldados y un suboficial en Nte.Santander, quienes dieron sus vidas enfrentando al narcotráfico, no quedará impune”. Iván Duque (Ver trino).

Según la información oficial, “los uniformados acompañaban labores de erradicación de cultivos ilícitos en la zona y se desconoce quiénes fueron los autores de la emboscada”. (Ver noticia) ¿O sea que nadie reivindicó el ataque… y los organismos de Inteligencia no logran ubicar su origen… y el Ejército no pudo evitarlo? Vaya vaya…

Pero lo llamativo no solo está ahí, sino en el atropello semántico, la ostensible contradicción de Duque y Trujillo al usar el término más inapropiado: no se le puede llamar masacre a un ataque armado contra unos soldados que de ningún modo se hallaban “en estado de indefensión”, pues estaban armados.

Se trata es de una afrenta deliberada contras las víctimas de las verdaderas masacres, porque se las rebaja, se las ignora, el gobierno las revictimiza cuando asume que murieron por algo que ni siquiera el Código Penal contempla, “homicidio colectivo”, mientras glorifica como víctimas de una masacre a quienes nunca lo fueron ni podían serlo: cuatro soldados del Ejército que además de estar armados, eran conscientes del riesgo que representaba su acompañamiento a la erradicación de cultivos ilícitos. ¿Y por qué los mataron tan fácil? “Siguiente pregunta, joven”.

Otra pregunta obligada es a qué obedece que ministro y subpresidente desde lugares diferentes declaren a dúo que no se debe hablar de masacre sino de homicidio colectivo, y días después, de nuevo en simultaneidad temporal, utilicen ahí sí la palabra masacre para definir -equivocadamente, por supuesto- el asesinato de unos soldados. ¿Por qué hacen esto de manera tan coincidente, tanto al negar una cosa como al afirmar luego la contraria? Porque les pasan el libreto de lo que deben decir, por eso coinciden.

¿Y quién o quiénes hacen esto? Hombre, quizá los libretistas estén entre las filas de quienes asumen que los organismos de seguridad del Estado le han declarado la guerra a un enemigo identificado como el comunismo, y ese comunismo está encarnado en líderes comunitarios o en reclamantes de tierras, del mismo modo que en un pasado no muy lejano el enemigo fueron los 4.153 miembros de la Unión Patriótica exterminados de manera sistemática y genocida por paramilitares y unidades militares, actuando en forma estrecha y coordinada. (Ver informe de Verdad Abierta).

¿Qué nombre reciben hoy los asesinatos de líderes y las masacres indiscriminadas que siembran “ríos de sangre”, particularmente en los dos departamentos más antiburibistas de Colombia, Cauca y Nariño? Reciben el nombre de “homicidios selectivos con fines de exterminio”.

¿Y por qué desde la presidencia de la República y el ministerio de Defensa les cambian cínicamente el nombre a las masacres por el de homicidios colectivos, mientras que al asesinato de unos soldados que el Ejército fue incapaz de cuidar, sí le dan el glorificador apelativo de “masacre”?

Porque estamos asistiendo al debut de un régimen fascista donde lo de menos son las bajas colaterales. En este escenario de guerra “por debajo de la mesa”, los detentadores del poder les dan a las palabras el eufemístico nombre de su conveniencia (por ejemplo falso positivo en lugar de ejecución extrajudicial), no el que rige en el Derecho Internacional Humanitario para un conflicto armado que han logrado resucitar pero pretenden mostrar como originado en fuerzas que escapan a su control.

¿Que no las pueden controlar? ¡Mentira! Es el mismo macabro escenario que avizora María Jimena Duzán cuando dice que “en Colombia se ha iniciado una toma de nuestro Estado que busca arrasar con las libertades individuales, con la independencia de los jueces, con el derecho al disenso y a la oposición”, y (…) “quien nos está llevando a esa debacle es el propio expresidente Álvaro Uribe y sus devaneos fascistas”.

Esta violencia salvaje que el Estado es incapaz de controlar, en muestra no de ineptitud sino de deliberada omisión y negligencia, se asemeja a los días en que los grupos paramilitares asolaban con sus masacres la geografía nacional y numerosas Brigadas o bases militares se hacían los de la vista gorda o cooperaban, como está documentado por muy variadas fuentes y testimonios.

En columna de noviembre de noviembre del año pasado Antonio Caballero hablaba de “la corrupción moral de las Fuerzas Armadas de Colombia, convertidas en protectoras de asesinos venidos de sus propias filas y mandados por sus propios jefes”. (Ver columna). ¿A quiénes se refería Caballero? En parte a los asesinos del desmovilizado Dimar Torres, para cuya consumación del crimen hasta crearon grupo de Whatsapp, mientras que al subteniente cuyo testimonio fue definitivo para esclarecer el crimen, John Javier Blanco, lo echaron del Ejército.

Igual le pasó al honesto sargento Juan Carlos Díaz que denunció la violación que hicieron sus propios soldados de una mujer indígena, y fue despedido públicamente por el mismísimo comandante del Ejército, general Eduardo Zapateiro, quien justificó el despido en que el superior inmediato no pudo “prevenir” el hecho. (Ver video). De donde surge un interrogante: ¿también van a despedir al superior inmediato de los soldados asesinados en Sardinata que no logró prevenir esa “masacre”?

Así las cosas, con cada día que pasa se aprecia más nítidamente quiénes son los que tienen la sartén por el mango e instruyen a sus subalternos en el orden jerárquico sobre lo que deben decir, comenzando por el subpresidente de la República y continuando con el ministrico de Defensa.

Por eso dije desde arriba “bienvenidos al fascismo”. Y que Dios nos coja confesados.

DE REMATE: Quince días atrás hablamos de una “Semana” polarizada, donde una mitad de su redacción se dedica a hacer periodismo y la otra a hacer propaganda uribista. Ni que se hubieran puesto de acuerdo en darnos la razón, a la columna ya citada de María Jimena Duzán (Uribe, el fascista) le surgió su contraparte en la de Vicky Dávila: La verdad sobre Álvaro Uribe. Es fácil identificar en cuál bando se ubica cada quien, y digamos de salida que se requiere asumir una mentalidad fascista para creerse única poseedora de la verdad revelada sobre determinado sujeto procesal.

martes, 1 de septiembre de 2020

Jaime Garzón y Matador, dos piedras del mismo zapato

 


Tomado de El Espectador

Cuando Jaime Garzón fue asesinado en 1999, a sus 39 años, el caricaturista Julio César González (Matador) estudiaba Publicidad en una universidad de Pereira y no llegaba a los 30. Aunque ninguno de los dos tiene título de periodista -Jaime era abogado-, a los dos los une su fuerte humor político, dentro de un propósito compartido: ser la piedra en el zapato de los dueños del poder.

Matador en una entrevista con la revista Bocas aseguró que “la tragedia de este país es que la gente es muy tonta, por falta de educación y porque se deja comprar”. Y Jaime decía, en sus conferencias con universitarios: “todavía les hacemos la venia a los que manejan el poder, sin asumir que el Estado es nuestro”.

¿Quién no recuerda a Garzón en Quack o en Zoociedad, cuando imitaba a la perfección a las figuras más reconocidas y polémicas del ámbito nacional? Sus severas actuaciones, además de hacer reír, lograban el mismo efecto que producía cada nueva intervención del expresidente Alfonso López Michelsen desde sus aposentos: ponía a pensar a los colombianos. 

Eso mismo -poner a pensar- hacen personas como Matador con sus “mamarrachos”, sumado a que hoy asume una posición de liderazgo ante la opinión pública con sus lúcidos planteamientos en El Debate de Semana TV, todos los días de lunes a viernes. Desde esa tribuna diaria de opinión está convirtiendo en uno de los principales “influenciadores” del país, en su condición de contraposición al poder político imperante.

En consideración a lo anterior, si me pidieran una definición que cobijara por igual a Jaime Garzón y Matador, diría que son dos “humoristas y líderes sociales”.

Jaime satirizó duramente a políticos como Ernesto Samper, pero igual lo hizo con Andrés Pastrana, al que le recordaba el fracaso de sus obras como alcalde de Bogotá. Incluso alcanzó a alertar sobre Álvaro Uribe cuando era gobernador de Antioquia, cinco años antes de que fuera presidente, pero el país lo tomó a chiste.

Uribe llegó el 2002 al poder y, como si Garzón le hubiera pasado el relevo a Matador, este comenzó a “darle palo” a su gestión como presidente, primero en el periódico La Tarde de su natal Pereira y desde 2003 en El Tiempo, donde su trabajo empezó a ser reconocido.

Lo cierto es que Matador estuvo punzantemente crítico de la gestión de Uribe durante sus dos períodos presidenciales, y luego cuando fue elegido como senador: “Yo no me inventé a Uribe, él se inventó solo”.

También estuvo dibujando durante ocho años a Juan Manuel Santos, a quién apoyó en su proceso de paz, pero fue muy crítico en otros aspectos de su gobierno. Con Duque ha sido implacable, a tal punto que quizás sea el culpable de que a nuestro mandatario se le relacione con un cerdo (marrano o porcino, quiero decir).

El problema es cuando la piedra en el zapato les saca la piedra a los dueños del poder, y comienzan entonces por las amenazas, recibidas tanto en la figura de Jaime Garzón en su momento, como en la de Matador. En 2018 seguidores uribistas y del Centro Democrático lanzaron serias intimidaciones al caricaturista, verbi gratia Francisco Javier Andica y Ariel Ortega Martínez, ambos militantes de ese partido. A este último el caricaturista lo denunció y se libró contra él orden de captura, y luego quiso reunirse con su demandante para evadir la pena, pero Matador se negó a recibirlo. (Ver noticia).

Lo cierto es que desde su escalafón de líder social -ganado a pulso- intenta ponerse en el lugar de los que no tienen los medios para criticar los estamentos del poder, “para trasgredir el culto a la personalidad y burlarse de esos tipos allá arriba, así les importe un culo”.

Garzón, quien trataba de hacer lo mismo, no entendía esa doble moral del colombiano: “este país se escandaliza porque uno dice hijueputa en televisión, pero no se escandaliza cuando hay niños limpiando vidrios y pidiendo limosnas. Eso no les molesta, eso es folklore”.

La única respuesta posible, es el poder del humor: Garzón sabía que más allá de la risa producida por sus comentarios sarcásticos, algo debía quedar. Para Matador “el poder no puede con el humor. ¿Cómo lucha usted contra una caricatura? Matando al caricaturista o amenazándolo. Es una forma de odio, de censura”. Son palabras tomadas de una participación suya en la Feria del Libro de Bucaramanga (ULibro) en 2018, lo mismo que estas: “¿Ustedes se imaginan si el día que a Jaime Garzón lo mataron, hubiera tenido una camioneta blindada? Nos hubiésemos ahorrado la tristeza de perder a un tipo tan talentoso”. (Ver noticia).

No me atrevo a creer que Matador le vaya a pasar lo mismo, pues son tiempos diferentes: mientras en el caso de Garzón el paramilitarismo fue instrumentalizado por fuerzas siniestras para eliminar a los que no eran de su agrado, en las circunstancias actuales cualquier acción contra Matador se volteará de nuevo contra quienes pretendan actuar contra él.

Sea como fuere, nunca se puede descartar que aparezca algún loquito por ahí que quiera hacerle el favor a su patrón de sacarlo del camino…

De esos loquitos sí hay que cuidarse, y es por eso que el mismo riesgo lo siguen -seguimos- corriendo todos los que se atreven a enfrentar hoy a la Bestia herida, sedienta de sangre y de venganza.

DE REMATE: En referencia al asesinato de Jaime Garzón, con esto les digo todo: José Miguel Narváez, condenado como gestor de ese crimen, fue nombrado por Marta Lucía Ramírez a pedido de Álvaro Uribe como asesor de Inteligencia del Ejército y “no actuaba como rueda suelta sino como vaso comunicante entre las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) y parte de la plana mayor del Ejército Nacional de esa época”. (Ver noticia).

REMATE 2: El descarado “préstamo” de un billón y pico de pesos para Avianca demuestra que estamos ante un gobierno de corruptos que les gusta jugar rudo, bajo sus propias leyes, como si fueran mafiosos. En palabras de Félix de Bedout, "saben que pueden hacer lo que les dé la gana, sin tener que dar explicaciones ni responder ante nada, ni nadie". Es su modus operandi.

lunes, 24 de agosto de 2020

Una "Semana" polarizada, un país aterrorizado

 


Tomado de El Espectador

 

Lo que hoy ocurre con Semana (¿se le puede llamar todavía revista?) es reflejo de la aguda polarización política actual. Allí conviven en proporciones diríase iguales el uribismo fanático de una tropa integrada por Vicky Dávila, Salud Hernández-Mora, Andrea Nieto y Luis Carlos Vélez, frente a una contraparte representada por figuras como María Jimena Duzán, Ariel Ávila, Antonio Caballero y desde días recientes Lucho Garzón y Matador, quien se ha venido creciendo, acaparando la atención con argumentos contundentes, como en su momento lo hizo Jaime Garzón.

 

Este miti-miti ideológico es a su vez reflejo de su nueva composición societaria, pues resulta de la compra del 50 por ciento de la propiedad por parte de los hermanos Gilinski (uno de los cuales, Gabriel, quiere hacer el Fox News colombiano), sin que hasta el día presente se sepa quién se quedó con el 1 por ciento que inclina las acciones a favor de uno u otro, 51 contra 49.

 

En todo caso, la realidad nos muestra a un medio de comunicación donde parecería que una mitad de su redacción se dedica a hacer periodismo… y la otra mitad a hacer propaganda uribista. Parece un pugilato entre dos opuestos, cada parte debidamente financiada y entrenada.

 

La mitad “periodismo” corresponde al ala Felipe López Caballero, su primer propietario, quien hace honor a su segundo apellido, pues siempre ha sido un caballero a carta cabal, pese a las diferencias que nos distancian y al modo abrupto en que fui echado de allí por instigación de su amiga María Isabel Rueda. En esta tendencia -periodística, reitero- se ubican su director Alejandro Santos y el muy laureado director de Investigaciones, Ricardo Calderón*. Es el sector que desde tiempo atrás ha hecho y sigue haciendo las más rigurosas investigaciones sobre temas álgidos como la descomposición actual del Ejército Nacional, así como en los dos periodos de gobierno de Uribe (estamos en el tercero) puso los ojos sobre las chuzadas del DAS, los ‘falsos positivos’ o el Agro Ingreso Seguro, para no alargar la pita.

 

La mitad “uribismo” es la encarnada por el muy uribista -valga la redundancia- Gabriel Gilinski, el ‘man’ del billete que le salvó el negocio a López Caballero y como parte de la negociación puso de gerente a Sandra Suárez, exministra de Ambiente, Vivienda y Desarrollo en el primer gobierno de Uribe. Ella trajo a su combo, la camada más rastrera, los mejores propagandistas del caudillo personificados en los sujetos (y sujetas) sinuosos que mencioné en el primer párrafo.

 

Dicha mitad encarna más un proyecto político que periodístico, como se aprecia por ejemplo en la conformación de la “nómina” de El Debate, donde tienen asiento cuatro uribistas (Vicky Dávila, Andrea Nieto, Juan Carlos Pinzón y Federico Gutiérrez), quienes actúan en gavilla contra los dos inermes invitados de la otra orilla, Lucho Garzón y Matador. No se requiere ser sesudo analista para constatar que el propósito de dicho espacio es foguear a Pinzón y a Gutiérrez como posibles candidatos a reemplazar a Duque, dándoles presencia diaria para que el público se encariñe con ellos y conozca su “doctrina”, vertida diariamente por los canales de dicho “Fox News Channel”.

 

En este contexto es pertinente señalar el trino que lanzó Sandra Suárez contra Daniel Coronell, en respuesta a uno donde este decía que era una vergüenza que entre los firmantes de una carta para presionar a la Corte Suprema de Justicia estuvieran “dos funcionarios activos (del Gobierno) y una gerente de un medio de comunicación que probadamente toma decisiones sobre el contenido”.

 

Según Suárez, “Vergüenza ante el mundo es un columnista dedicado por años a presionar la justicia con publicaciones tendenciosas y capaz de intrigar en @RevistaSemana para evitar la publicación de réplicas de Álvaro Uribe”. (Ver trino). Acto seguido Coronell se dirigió al director de Semana, Alejandro Santos, para pedirle que “por favor confirme o desmienta los señalamientos de su gerente @sandrasuarezm. Si son ciertos, ¿por qué usted no los denunció? Si no son ciertos, ¿por qué permite que una funcionaria administrativa mienta y participe en temas editoriales?”. (Ver trino).

 

No hemos sabido que Santos haya respondido, aunque es comprensible su silencio, pues cualquier cosa que diga podría ser usada en su contra. Sea como fuere, la que sí intervino en la discusión sin que nadie la hubiera llamado fue Vicky Dávila, afirmando que “Sandra Suárez jamás se ha metido en el contenido de lo que yo trabajo en Semana. Jamás es jamás. Yo doy fe de eso”.

 

A lo cual, Coronell le respondió: “Quizás no lo considera necesario”. (Ver trino).

 

¿A dónde voy con esta trinadera? A mostrar cómo se expresa la intromisión del uribismo en la vida “editorial” de Semana, y cómo Vicky Dávila es la ficha clave de este entramado, según se hizo patética y groseramente evidente en la entrevista (si así se le puede llamar) que esta y María Isabel Rueda sostuvieron durante 2 horas y 38 minutos con Álvaro Uribe el pasado domingo 16 de agosto.

 

La parte positiva de todo esto es que la esperanza no se ha perdido, así haya descorazonados como el que dijo -tal vez Daniel Samper Pizano- que la esperanza es lo último que se perdió.

 

Hay una Semana que busca la luz desde el periodismo (Alejandro Santos y compañía), mientras otra se sumerge en la tenebrosa oscuridad del uribismo. Pero bueno, así es la dialéctica de los contrarios que mueve la vida: día y noche, frío y calor, amor y odio, verdad y mentira, Uribe y legalidad.

 

DE REMATE: Puedo estar equivocado -y espero estarlo- pero lo que está ocurriendo en Colombia parece cobijarse bajo un solo nombre: Terrorismo de Estado. Nos quieren amedrentar por la vía del terror colectivo para encontrarle una salida a la encerrona legal en la que hoy se encuentra el sujeto sub judice que tiene la sartén por el mango. Es imposible que ocurran tantas masacres y tantos asesinatos selectivos contra líderes sociales en diferentes puntos de la geografía nacional y que la Inteligencia Militar del Estado no logre detener semejante ola de sangre ni dar con un solo autor, ni material ni intelectual, y que muchos de esos crímenes se presenten en regiones atestadas de bases militares. Esto solo indica que se trata de un plan macabro, coordinado desde bien arriba para sembrar miedo, pánico, angustia colectiva. Siembran terror para cosechar… impunidad.


martes, 18 de agosto de 2020

Uribe, como Escobar, quiere arrodillar al país

 


Tomado de El Espectador

 

El 11 de diciembre del año pasado escribí para El Espectador una columna titulada Esto se va a poner peor, donde hice referencia a “ciertos síntomas que darían para pensar que este Gobierno avanza con paso firme hacia la implantación de un régimen neofascista”. (Ver columna).

 

Allí me referí a la actitud pendenciera de Iván Duque frente al clamor de cambio que encarnaba el paro nacional, y pronostiqué -a riesgo de equivocarme- que seguirían con su modelo autoritario, haciendo oídos sordos al clamor nacional. También dije que el ejemplo más ilustrativo estaba en el régimen fascista de Benito Mussolini que logró el control de los medios para imponer una doctrina militarista monolítica, aliada al poder eclesiástico (el mismo que recibió a Duque el domingo pasado en la Catedral Primada para que encomendara el país al Señor Caído de Monserrate).

 

En ese momento se suponía que las cosas habrían de darse dentro de un cauce normal, el que en la arena política les permitiera tratar de voltear las cosas a su favor. Pero en el camino surgieron dos imprevistos, uno mundial y otro nacional. Primero la pandemia del coronavirus, y en días recientes la orden de detención proferida por la Corte Suprema de Justicia contra el ‘presidente eterno’, Álvaro Uribe Vélez.

 

Si de algo sirvió la pandemia, fue para poner a alcaldes y gobernadores corruptos a bailar en una pata de la dicha, por un lado, y al gobierno para atropellar o avasallar mediante una avalancha de decretos justificados en la emergencia, entregando toneladas de dinero a sus benefactores los banqueros (con marcada preferencia por el Grupo Aval), mientras reparte limosnas a cuentagotas para las clases medias y bajas directamente golpeadas por la crisis.  

 

Pero faltaba que se presentara lo que en sujeción al Derecho y con base en el abundante acervo probatorio se veía venir, la detención precautelativa del senador Uribe Vélez mientras se le llama a juicio, y comenzó a verse ya sin tapujos quién es la persona y cuáles son las fuerzas oscuras que en este país tienen la sartén por el mango.

 

¿Será simple casualidad que se haya recrudecido tanto la violencia (sin ningún control por parte del Estado, ojo) a niveles tan macabros y aberrantes que incluyen masacres sobres niños y jóvenes, en coincidencia con el terremoto político que provocó la captura del sujeto sub judice de marras?

 

¿Comenzaron acaso las masacres “con criterio social" anunciadas por el jefe político de Iván Duque en este trino ignominioso que publicó recién posesionado su subalterno?: “Si la autoridad serena, firme y con criterio social implica una masacre, es porque del otro lado hay violencia y terror más que protesta”. (Ver trino).

 

Puedo estar equivocado, pero el delicado momento por el que hoy atraviesa Colombia se asemeja a la angustia nacional que se vivía cuando Pablo Escobar le declaró la guerra al Estado, con una diferencia básica: antes eran bombazos indiscriminados, hoy son asesinatos selectivos, desplazamientos forzados de población y masacres por doquier, ya 36 en 2020. Además, van 152 líderes asesinados este año y fueron 250 el año pasado.

 

Y esto tiene cara de no parar, porque pareciera que hoy la urgencia es arrodillar a Colombia o ponerla patas arriba (¿con las botas al revés?), lo que sea con tal de evitar la “afrenta” que para la caverna al mando de este país le significa tener a su máximo líder pagando cárcel domiciliaria, así hubiera sido por el más leve de los delitos, un simple soborno y fraude procesal.

 

Es en este contexto donde me atrevo a hacer un nuevo pronóstico, basado por supuesto en la extrapolación que ya hice con Pablo Escobar: las cosas que están pasando, son como si él estuviera preso y moviera sus fichas para sembrar tal grado de desesperación, que al final las instituciones se rindan (como cuando se fue a vivir rodeado de lujos a La Catedral) y de ese modo logre obtener su libertad. U obtenga algo más, o sea lo mismo que Escobar con su estrategia de terror indiscriminado: una Constituyente, que para el caso que nos ocupa le signifique a Colombia una nueva manera de administrar justicia y a Álvaro Uribe su tan anhelada impunidad a perpetuidad.

 

Lo cierto es que se avecinan tiempos difíciles, comenzará de nuevo a reinar la oscuridad más tenebrosa, estamos en las peores manos. Por eso me atrevo a pensar que esto se va a poner bien feo, ya sin reversa.

 

Y que Dios nos coja confesados.

 

DE REMATE: Tampoco sé si será simple coincidencia, pero es evidente que se está cumpliendo al pie de la letra la amenazante profecía que hizo en columna reciente la otrora periodista y hoy ferviente activista del uribismo, Vicky Dávila: "Si a Uribe lo ponen preso, les doy una pésima noticia a sus malquerientes: no se acabarán los problemas que tiene Colombia. Tampoco llegará la paz que todos deseamos. Quizás la violencia se agudice”.


jueves, 13 de agosto de 2020

“Para gobernar solo se necesitan huevas”: Rodolfo Hernández





Tomado de El Espectador

 

En diálogo con Jorge Gómez Pinilla el exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, se defendió de las críticas que le hacen por supuestos actos de corrupción suyos y anunció su interés en participar en una consulta entre todos los candidatos de las fuerzas independientes, hacia la elección de presidente de la República en 2022.

 

Hay quienes creen que usted está haciendo aspavientos en busca de la Presidencia de la República, pero es para crecerse hacia un objetivo más al alcance de sus posibilidades: la gobernación de Santander. ¿Qué hay de cierto en eso? 

La gente tiene derecho a pensar lo que quiera. Es el pensamiento de los que creen que soy como ellos, que digo una cosa y hago otra. Yo no soy así. Yo saqué 71.000 votos derrotando a Carlos Ibáñez Muñoz, fiel representante del Partido Liberal, con diez concejales y todo. Lo derrotamos con unas herramientas diferentes a lo que hace la politiquería, que compra votos con la plata que se roban de los contratos de un único proponente, como lo hizo Lucho.

 

Pero usted ayudó a elegir a Lucho Bohórquez.

Ayudé a Lucho porque la propuesta de él era una alcaldía con corazón social. Yo le di plata sin estármela pidiendo. Pero él traicionó la promesa de campaña. Yo bajé el 16 de marzo de 2013 a la alcaldía, cuando no llevaba sino 14 meses y medio de alcalde y le dije: “Lucho, usted se está robando todo. Le advierto: me voy a lanzar a la alcaldía. Y devuélvame la plata que le di, con intereses”. Y me la devolvió.

 

Terminada su alcaldía, usted logra hacer elegir a Juan Carlos Cárdenas. ¿Cómo están en este momento las relaciones con él?

La gente fue quien lo eligió, Jorge.

 

Lo eligió su prestigio. Usted mismo dijo que sin su ayuda él no habría alcanzado ni cinco mil votos.

Bueno, eso es verdad. No es sino salir y preguntar.

 

Repito: ¿cómo están sus relaciones con Juan Carlos Cárdenas?

Él aquí vino a pedirme que lo apoyara. Yo le dije vaya independiente y recoja firmas, y así lo hizo. Recogió 120.000 firmas ¿Cuál era la propuesta? Lo que acordamos, continuar con lo que venía. Por eso fue que le votó la gente.

 

¿Y usted siente que no está continuando con lo que venía?

Yo siento que volvió más lenta la ejecución de lo que veníamos trabajando. Esta es la hora y no han terminado siquiera lo que dejamos andando. Dejamos cien mil millones de pesos para pagar los contratos y tocó suspenderlos. ¿Por qué? Porque el Concejo no daba vigencias futuras. En los primeros 80 días de este Gobierno no se hizo nada.

 

O sea, ¿está insatisfecho con el que usted hizo nombrar?

Yo no hice nombrar a nadie, lo eligió la gente.

 

Usted dijo “voten por él”.

Pues sí, por qué cuáles eran los otros candidatos…

 

Pero no me ha respondido: ¿está insatisfecho con él?

Sí.

 

Tengo la impresión de que los políticos de talante autoritario, bravos y mandones, son los que más triunfan en la política. Le pongo tres ejemplos: Álvaro Uribe, Claudia López y usted.

Le respeto su pensamiento, pero yo no creo sea bravo. Lo que no soy es meloso. A la gente no le gusta que le digan falsedades, que le digan mentiras, que le disfracen todo.

 

¿Usted quiere ser presidente de Colombia, insiste en ese propósito?

Estamos en eso.

 

Si no se dieran las cosas y de pronto le ofrecieran ser la fórmula “vice” de alguien, ¿de quién le gustaría ser vicepresidente?

Pues mire, hay dos fuerzas: los partidos Cambio Radical, Centro Democrático, Liberal, Conservador y la U, que son los que sostienen el gobierno y lo apoyan en todo. Y hay otras fuerzas, que son las independientes.

 

Hablando de independientes, supe de una charla virtual suya con Gustavo Petro y Gilberto Tobón. ¿Están avanzando en alguna coalición, una alianza con Petro?

No. Es que me llaman que si quiero participar, como que usted me llame y yo digo que sí. Si hay dos bloques, esto se unifica. Si no hacemos una consulta en marzo de 2022 y resultan tres, cuatro, cinco candidatos, perdemos. Mi propuesta es hablar con todos para que hagamos una consulta y el que gane en la consulta lo apoyamos.


¿En esa búsqueda suya de la Presidencia, está pensando en lanzar listas a Senado y Cámara?

Es una posibilidad que hay que analizar, departamento por departamento. Eso no es fácil, las equivocaciones pueden ser muchas, porque yo no conozco a la gente del Guainía, del Vaupés, de Nariño. Entonces todo sería referenciado y eso hay que pensarlo.

 

¿Usted sigue admirando a Álvaro Uribe, sigue agradecido con él?

 Es que yo no puedo ser desagradecido, a mí me parece que eso es una hipocresía. Le cuento la verdad: el 26 de marzo de 2015 faltando seis meses para las elecciones recibí una llamada en mi casa, estaba yo con mi hermano Gabriel. Era del Centro Democrático, que el doctor Uribe quería hablar, que había escuchado el cuento mío de gobernar con lógica, ética y estética. Y me dijo venga pa’ acá y nos cuenta. Y les conté a él y a unas 300 personas en el hotel Chicamocha. Es que yo no puedo rechazar votos de nadie. ¿Usted cómo rechaza votos, ah? Yo puedo recibir votos de todo el mundo, pero yo lo que no puedo negociar es la filosofía.


¿O sea que usted le estaría coqueteando por un lado a los votos petristas y por otro a los votos uribistas para llegar la presidencia?

Yo no le coqueteo a nadie, yo tengo una filosofía. Si usted, si el doctor Serpa, si el doctor Uribe, si el doctor Petro, si el doctor Fajardo quieren ayudar a esa filosofía, cómo les digo que no. Yo lo que no puedo decir es hola doctor Uribe apóyeme y yo le doy esto.

 

¿Hubo errores en su alcaldía?

Si hubo errores fue culpa mía, decisión mía. Que me equivoqué como cualquier ser humano, pero siempre pensando en el mejoramiento de los que me eligieron.

 

Hablando de errores, ¿no cree que lo que ocurrió con Vitalogic (su hijo y su esposa acudiendo a una Notaría para firmar un contrato de corretaje por dos millones de dólares) le hizo mucho daño a su credibilidad como luchador contra los corruptos?

Sí, pero no eran instrucciones mías. Le voy a decir la verdad: eso lo planeó la politiquería. Puras mentiras del bandido ese del Edgar Suárez Gutiérrez. Simplemente lo hacen para manipular, porque vieron que no me podían arrodillar, ni se me podían encaramar. No le tengo miedo a la Procuraduría, no le tengo miedo a la Fiscalía, no le tengo miedo a la Contraloría municipal, que me tiene 200 investigaciones, porque no me robé nada. Al contrario, Jorge: siendo alcalde yo me gané 1.162 millones por todos los conceptos, y los regalé todos.

 

Usted dijo “la corrupción tocó a mi puerta y no la dejé entrar”. Pero usted en su casa tuvo viviendo a la persona que elaboró, que redactó el contrato de Vitalogic.

Eso es cierto. Yo dije, la única manera de poder acabar con El Carrasco es quemando la basura, porque soy ingeniero. Y les dije “busquen una persona que sepa de esto”. Buscamos a este señor consultor, Jorge Hernán Alarcón, yo no lo conocía, hubo tres o cuatro propuestas, nunca las vi. Escogieron a Alarcón para que hiciera la consultoría por 300 y pico de millones y empezó a hacerlo y a él le agrandaron el alcance, entonces me llamó y me dijo “esa plata no alcanza”. Yo entonces le dije “váyase para mi casa, ahórrese lo del hotel, yo le doy el desayuno de cortesía”. ¿Por qué no se pudo adjudicar? Porque los pliegos de condiciones decían que entre las garantías de cumplimiento del contrato tenían que llevar una póliza de una compañía de seguros. Y ellos llevaron fue una fianza bancaria. Y contrataron un magistrado no me acuerdo cómo se llama, ni lo conocí y nos cobró 30 millones por la consulta y yo les dije páguenselos. Y él dijo que no se podía. Ante eso nos tocó abortar todo.

 

Usted a un periodista de Vanguardia le reconoció que lo de las 20.000 casas que prometió mediante una “Carta de compromiso”, lo había hecho para conseguir votos.

Eso no es cierto. Yo soy ingeniero, yo sé de ese tema. El problema de la vivienda es la tierra. Lo que hace el Gobierno Nacional es que siempre la plata que ponen de subsidio es insuficiente para dar una vivienda buena. Entonces equivocadamente achica la vivienda y los ponen más lejos, donde la tierra no vale nada. ¿El resultado cuál es? Los vuelve más pobres, porque los alejan de los circuitos económicos.

 

Usted está teorizando sobre el tema vivienda y yo le pregunto sobre una promesa de 20.000 casas que le hizo a una gente pobre y que lo catapultó a la alcaldía. Y no les cumplió.

Jorge, lo hice de buena fe. Yo dije voy a gobernar por lógica, ética y estética, y en eso les cumplí. Pero yo no sabía que se habían robado el municipio, porque en los informes de entrega decía que todo perfecto. Se robaron todo. Si no se hubieran robado el municipio los políticos y los diez concejales del Partido Liberal, yo habría sido capaz de hacer eso.

 

La Corte Suprema acaba de mandar a la cárcel al gobernador del Cesar, Luis Alberto Monsalvo Gnecco, porque firmó un documento donde le prometía a un barrio de invasión que si votaban por él no los sacaba. Y les cumplió, y por cumplir se ordenó su detención: constreñimiento al elector. Usted prometió vivienda a cambio de votos, pero no cumplió su promesa de campaña. Y a usted no le pasó nada.

Yo me basé en una información financiera que me dieron y que no era cierta. Los concejales se robaron todo, dejaron 285.000 millones debiendo en los bancos. 235 mil millones en cuentas por pagar, 15 mil millones en un sobregiro en el Banco de Bogotá que no se podía pasar porque era un crédito de Tesorería, y fuera de eso dejaron 3.000 Contratos de Prestación de Servicios. Si me hubieran dicho la verdad, “hola Rodolfo, usted no puede prometer eso porque nosotros nos robamos todo”… Pero ellos decían que todo era perfecto y se robaron todo, Jorge.

 

¿Cómo se resolvió el reto que le planteó la excandidata a la alcaldía de Bucaramanga, Claudia Lucero López, de que viajara a Estados Unidos para que demostrara que no le quitaron la visa? Al final usted ni viajó ni ha demostrado que no le quitaron la visa.

Sigo con la visa. A mí me tocó enviar el pasaporte a la embajada y ya me lo devolvieron. Cuando a uno le quitan el pasaporte le ponen “cancelar la visa” le ponen un sello al pasaporte. Yo no tengo ese sello. A mí me pidieron el pasaporte y una documentación, hicieron la investigación y me entregaron el pasaporte y no pasó nada. La visa está vigente. A los 15 días me llamaron a Bogotá a una cita con un cónsul americano. Yo fui.

 

Pero ¿por qué le pidieron todo eso?

Porque los politiqueros hicieron que me pidieran eso, por toda esa mierda que hablaron, que yo era narcotraficante, que yo había lavado dinero; y yo no hago eso.

 

Pero Noticias UNO habló de una compra de 170.000 dólares en el mercado negro de Cúcuta, y que por eso a usted y a su esposa les habrían quitado la visa.

¿Entonces por qué no ha actuado la justicia, si es que yo he cometido alguna cosa?

 

¿Acaso la actuación de la justicia norteamericana no habría sido quitarle la visa?

Por eso, y mire la visa.

(Muestra su pasaporte, donde el sello más reciente de visado corresponde al 14 de abril de 2019).

 

¿Usted se cree preparado para ser presidente de la República?   

Sobrado. Es que el presidente no tiene que saber de todo, ¿quién dijo eso? El presidente lo que tiene que hacer es quitar la robadera. Mejor dicho, para gobernar solo se necesitan huevas. Para eso no se necesita ser Einstein. ¿Cómo le parece un gobierno que hace tratos con la mafia, por ejemplo Samper: ¿le parece muy preparado, Jorge?  Hacerse elegir con plata de la mafia, gobernar con todos los chanchullos que hicieron…

 

¿Y qué opina de Iván Duque?

Es un presidente Notario.

 

¿Algo así como un subalterno de Uribe?

Lo que yo creo es que las ladroneras siguen gobernando. Se están robando al país, eso lo sabe usted, lo sabe toda Colombia. Y el despilfarro: ¿cómo le parece que la Presidencia de la República se gaste 4.300 millones al día? ¿Usted sabía eso, Jorge? Se gastan eso diariamente en seguridad, en camionetas, en aviones, en choferes.

 

Hablando usted sobre las Fuerzas Militares, dijo que hay que controlarles el gasto en cachuchas. ¿Y del control a las violaciones de derechos humanos, qué?

Eso también.

 

¿Qué piensa de la descentralización de los departamentos, de federalizar el país?

No estamos preparados para eso. Eso fue lo mismo que con la elección de alcaldes y gobernadores y mire en lo que terminó: 32 empresas politiqueras en los departamentos, donde el gobernador maneja la ordenación del gasto público.

 

¿Qué piensa de la reforma electoral, que supuestamente evitará la corrupción electoral?

No se necesitan nuevas leyes. ¿Cuáles leyes modifiqué yo aquí en Bucaramanga? Ninguna. ¿Usted para qué cambia las leyes? Lo que tiene que hacer es cumplir las que hay.

 

¿Y la reforma política que propone el Partido Liberal, lo de las listas cerradas?

Me gusta más las listas cerradas que las abiertas, porque las listas abiertas son microempresas electorales.

 

¿Y las listas cremallera?

No sé qué es eso.

 

Que haya paridad entre hombres y mujeres.

Eso no tiene ninguna importancia, que metan mujeres o que metan hombres. Se necesita es que haya una representación femenina, pero con capacidad de análisis, de crítica, de debate.

 

En programas sociales se está hablando de la renta básica.

Es un proyecto mío, me lo están copiando. Yo lo que propongo es: hay 15 millones muriéndose de hambre, que son más o menos 4 millones de familias. ¿Por qué no les damos un salario mínimo y quitamos los programas como Guardabosques, Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Adulto Mayor? Si usted le da plata a la gente, ¿qué hacen con la plata? Pues gastarla. Y cuando usted gasta en cuatro millones de personas, presiona la demanda de productos. Si hay presión hay producción, y si hay producción hay transformación y si hay transformación hay logística, hay distribución y empieza a moverse la economía.