lunes, 16 de diciembre de 2013

¿Quién (de verdad) mató a Álvaro Gómez?



Tomado de Semana.com

En torno al asesinato de Álvaro Gómez Hurtado siempre se han ventilado e investigado dos hipótesis, y todo indica que una de las dos es la acertada.

La primera -desarrollada por los fiscales generales Alfonso Valdivieso y Alfonso Gómez Méndez- apuntaba a la participación de militares de alto rango, supuestamente organizados en torno al Grupo Cazadores de Inteligencia con sede en Bucaramanga y dirigido por el coronel Bernardo Ruiz Silva, quien fue acusado y tuvo medida de aseguramiento pero se dio a la fuga, en lo que daría para pensar por qué huía un oficial que contaba con el apoyo del Ejército para probar su inocencia. El 20 de mayo de 2003 Ruiz fue absuelto por el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado, pero una fuente de la Fiscalía le dijo a este columnista que ese ente investigador “no ha enterrado del todo las hipótesis en torno a la eventual participación de oficiales retirados en el magnicidio”.
 
La segunda hipótesis es la que desarrolla Enrique Gómez Hurtado en el libro ¿Por qué lo mataron? (Controversia Editorial, 2011), donde acusa a Ernesto Samper y Horacio Serpa de haber sido los instigadores del crimen, basado casi exclusivamente en la declaración que Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’, rindió desde una cárcel de Estados Unidos en 2010: “El ‘Gordo’ y Horacio mandan la razón con el ‘Gordo Nacho’ (Ignacio Londoño) de que hagamos lo que sea para parar a Álvaro Gómez porque si hay un golpe militar van a extraditar a todo el mundo”.

Esta segunda versión es la que de un tiempo para acá más se ha publicitado en medios, pero lo que aún falta por investigar es si con ella se pretende precisamente desbaratar la primera, o sea la de los militares golpistas que habrían buscado por un lado propiciar la caída de Samper y por otro acallar al líder conservador, a quien le habrían propuesto encabezar un gobierno de transición tras un golpe de Estado que estaban fraguando, y al cual él se habría negado. De entrada parecería traído de los cabellos que el propio hermano de la víctima no quisiera que se conociera la verdad, pero también se habla del interés que tendría la familia en que se declare como crimen de Estado, para reclamar una fuerte indemnización.

Lo que los defensores –y feroces propagandistas- de esta hipótesis no se esperaban, era que con la reciente condena a 30 años sin ningún tipo de apelación posible que a ‘Rasguño’ le profirió una Corte de Nueva York el pasado 2 de diciembre, esta dejó en claro que “todas las declaraciones que había entregado el narcotraficante en procesos como el del magnicidio de Álvaro Gómez (…) carecían de veracidad y hacían parte de una estrategia para tratar de buscar beneficios jurídicos que le ayudaran a rebajar su condena”.

Un detalle bien llamativo en el indictment secreto que desde el 2004 la justicia de EE UU le venía armando al capo, indica que “la información contra Rasguño se obtuvo a través de testigos de excepción, entre ellos (…) el coronel de la Policía (r) Danilo Alfonso González Gil”. Y no sobra recordar que este era uno de los que ‘Rasguño’ señaló como determinadores del magnicidio, junto a Efraín Hernández, alias ´don Efra’, y Orlando Henao, alias ‘El hombre del overol’, donde salta a la vista una protuberante coincidencia, favorable para Rasguño y para los promotores de esta versión: los tres están muertos. Sea como fuere, lo que hasta ahora se conoce es que mientras ‘Rasguño’ señalaba al coronel González de participar en el asesinato, este a su vez lo acusaba a él.

Si de coincidencias hemos de hablar, el nombre de ‘Rasguño’ saltó de nuevo a la palestra en días recientes con motivo de una sorpresiva declaración (conocida en exclusiva por Semana.com), que el pasado 15 de mayo dio a fiscales de Justicia y Paz el exparamilitar Edwin Zambrano, alias ‘William’ donde afirmó que “para agosto de 1995 se hizo un consenso de comando de milicias urbanas de las autodefensas en la finca Campo Dos en la vía a Valencia, presidida por el señor Carlos Castaño, Vicente Castaño y varios narcotraficantes como Varela, Hernando Gómez Bustamante, alias Rasguño, y el general Rito Alejo del Río”.
 
Según el declarante, en dicha reunión se expuso por parte de los narcotraficantes realizar varios magnicidios, entre ellos  el de Álvaro Gómez, porque “este estaba dando bastante incentivo a los medios sobre la influencia del narcotráfico en la campaña de Samper, por lo que era necesario betar (sic) esa propaganda para que no se distorsionara una posible negociación de narcotraficantes en el futuro”. Y agrega: “se consideró que el personal más adecuado para este tipo de operaciones era conseguir un enlace con el general Rito Alejo del Río y la brigada de inteligencia de la Décimotercera Brigada en Bogotá”, quien “determinó que el operativo más seguro sería a la salida de la universidad donde laboraba el doctor Gómez”.

Dos aspectos llaman la atención de esta declaración: uno, que alias ‘Rasguño’ pasa aquí de testigo de la supuesta instigación del crimen, a organizador del mismo. Y dos, que vuelve a tomar fuerza la hipótesis de los militares implicados. Esto significa entonces –en caso de que el dicho de alias ‘William’ fuera cierto, lo cual corresponde evaluar a las autoridades- que ‘Rasguño’ habría tenido un interés personal en desviar la investigación, en la medida en que habría formado parte de los complotados que llevaron a cabo el magnicidio.

En el libro arriba citado su autor se pregunta desde el título “¿Por qué lo mataron?”, dando a entender –en calidad de juez y parte- que lo de los autores ya está resuelto. Pero esos dos sucesos recientes de tanto peso probatorio, como son el dictamen contra ‘Rasguño’ que en su sentencia condenatoria echa por el piso su versión de los hechos, y la declaración de alias William ante Justicia y Paz, darían para pensar que falta por conocer el libro que haciendo honor a la verdad investigue y dé cabal respuesta a la pregunta aún sin respuesta: ¿Quién mató a Álvaro Gómez?


@Jorgomezpinilla

sábado, 7 de diciembre de 2013

Lo que va del Mandela terrorista al Uribe senador



En 1961 Nelson Mandela concedió desde la clandestinidad su primera entrevista para televisión a Brian  Widlake, un reportero blanco de Independent Television Network, en Johannesburgo. El nombre del lugar donde se reunieron aún permanece oculto.

Unos días atrás este luchador contra la segregación racial había sido elegido secretario honorario del Congreso de Acción Nacional de Toda África, movimiento clandestino que adoptó el sabotaje como medio de lucha contra el régimen de la recién proclamada República Sudafricana. Mandela – o Madiba, como se le conocía- se encargó de dirigir el brazo armado de esta organización, que ejecutaba acciones de valor estratégico y político contra ciertas instalaciones, pero evitaba atentar contra vidas humanas.

Al año siguiente de esa entrevista, a la edad de 42 años fue detenido, procesado y condenado a cadena perpetua en el Juicio de Rivonia, y puesto en libertad 28 años después, en 1990, gracias a una fuerte presión internacional. Durante su larga permanencia en prisión y en medio del reiterado rechazo del gobierno de Sudáfrica a ponerlo en libertad (bajo la acusación de que era un terrorista), Mandela se convirtió en símbolo planetario de la lucha contra la discriminación racial.

En la entrevista citada el periodista comienza por preguntarle qué es lo que en realidad quieren los africanos, y Mandela no le responde con que hay que cambiar el modelo económico o mandar a los europeos para su casa, sino que habla de algo muy simple, del derecho al voto: “los africanos quieren sufragar, bajo el criterio de un hombre un voto. Quieren independencia política”.

La réplica del entrevistador conlleva una carga argumental europea y ‘culta’ en apariencia, pues asume que se requiere ser educado para poder votar, lo cual explicaría por qué los negros sudafricanos no tenían derecho al sufragio en el país donde habían nacido:

“¿Hay muchos africanos educados en Sudáfrica?”. Mandela le responde que sí, que claro, que muchos africanos participaban en las luchas políticas, pero que la educación no tiene nada que ver con el voto: “no tienes que ser educado para saber que quieres ciertos derechos fundamentales, que tienes aspiraciones, que tienes reclamos. Eso nada tiene que ver con la educación”.

El cuento viene a colación con motivo de la noticia según la cual el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Colombia le negó al Uribe Centro Democrático el uso de la imagen y del apellido del expresidente Uribe en el símbolo con el que esa colectividad pretende llegar al Congreso. Según el organismo electoral “los partidos no son una persona, sino una agrupación política con pluralidad de afiliados y militantes, y en virtud de ello los candidatos cambian en el tiempo; luego, no puede ser uno de ellos el reflejo de una agrupación”.

¿Y qué tiene que ver esto con Mandela y con la educación? Con que si no fuera porque el uribismo aspira a llegarle  a la gente inculta y no educada de este país para poder elegir al mayor número posible de congresistas, no tendría inconveniente alguno en competir en igualdad de condiciones con los demás partidos y candidatos.

Tener educación significa que si el votante quiere votar por Álvaro Uribe y gracias a su formación política sabe que su partido es el Centro Democrático, marcará la X en el lugar que corresponde. Pero, como en su ignorancia sabe quién es Uribe pero no cuál es su partido, se corre el riesgo de que el votante termine votando por el Partido de la U, porque es lo más cercano que en su memoria tiene al expresidente.

Error craso entonces el que Uribe cometió al ponerle a su movimiento político tan melifluo y mentiroso nombre (¿“centro”?, ¡por favor!), que ahora procura remediar torciéndole el pescuezo a la legislación electoral para atrapar incautos.

Otra cosa hubiera sido si atendiendo a las convicciones religiosas del ignorante (a  Dios gracias) pueblo colombiano, hubiera optado por ejemplo por darse a conocer como el Partido de Cristo Rey (PCR), conservando con ello el carácter mesiánico que el caudillo de marras siempre ha querido imprimirle a su proyecto político. Con ello además se habría ganado el fervor –aunque ya recibe toda la colaboración- del Procurador General de la Nación.

En uno de los obsesivos trinos que ‏@AlvaroUribeVel publicó a raíz de la muerte del líder africano, se leía: “Mandela reivindicó derechos democraticos (sic). Por contraste los narcoterroristas destruyen la democracia”. Esto lo dice alguien a quien nunca se le conoció la menor descalificación al régimen del apartheid, pero ahora pretende fungir como admirador y seguidor de las tesis de Mandela, en la medida en que conviene a sus propósitos desestabilizadores. Como también los tuvo Mandela, pero contra un régimen oprobioso, mientras que para Uribe el supuesto oprobio consiste en que el binomio Santos-Farc pretende instaurar en Colombia el Castro-chavismo. ¿Habrase visto mayor ignorancia, insolencia y alevosía contra un legítimo intento de conquistar por fin la paz y la reconciliación entre los colombianos, que fue lo que al final de su accidentada lucha sí pudo lograr Mandela en Sudáfrica?

Para el caso que nos ocupa, si hacemos memoria y recordamos que los grupos paramilitares son una expresión de terrorismo a favor del Estado, y que Uribe debido a su apoyo a las Convivir o a quienes han patrocinado el paramilitarismo, es considerado un simpatizante (o practicante, vaya uno a saber) de esta ‘forma de lucha’, habría que preguntarse entonces si el término ‘terrorista’ habría que achacárselo a Nelson Mandela, o a “la FAR”, o más bien al sujeto en referencia.

¿O a los tres por igual? Mejor saquemos a Mandela de ese paseo, que no se lo merece.


Twitter: @Jorgomezpinilla

lunes, 2 de diciembre de 2013

¿Qué te pachó, Pachito?




Al regreso del autoexilio de un mes que se impuso tras la derrota sufrida en la convención del uribismo (UCD), Pacho Santos habló más que un perdido cuando aparece y con ello confirmó que “el que no ha visto a Dios, cuando lo ve se asusta”.

Si nos atenemos a la entrevista exclusiva que le concedió a María Isabel Rueda apenas descendió del avión que lo trajo de Madrid, a Pacho lo asustó –y le dejó “un sabor inmensamente amargo”- descubrir que la convención “venía amarrada desde antes”.

Por eso abandonó el recinto de la manguala como quien se aleja de Sodoma, sin mirar atrás para no convertirse en estatua de sal, como le pasó a Edith –la esposa de Lot-, mujer a la que el entrevistado confundió con Sara, la esposa de Abraham, en error compartido con la entrevistadora.

Lo llamativo de la entrevista citada es que Pachito le echa la culpa de lo que pasó al uribismo, pero salva de toda responsabilidad a Álvaro Uribe, a quien sigue viendo como “un gigante al que lo rodean personas muy pequeñas”. Al margen del pleonasmo, pues a todo gigante lo rodean personas pequeñas, con esa afirmación se apartó –no sin antes ofender- de la recua de enanos en la que por supuesto incluye a Óscar Iván Zuluaga, de modo que quien así se expresa se ubica en la misma estatura de Uribe, y por tanto ya no sería un gigante sino dos.

Esto se compagina con otra divertida declaración que Pachito le dio a la Rueda, cuando dijo que “soy una persona de inmenso carisma”, en respuesta –que envidiaría una reina de belleza- a la pregunta ¿qué hubiera hecho usted como candidato que no pueda hacer Óscar Iván? Son de esas cosas que Pachito va diciendo de puro bocón y precipitado, sin medir las consecuencias, y que para el caso presente retratan al candidato elegido del uribismo como una persona de escaso carisma. La afirmación proviene de alguien que a la vez se autoproclama seguidor “leal" de las tesis de Álvaro Uribe, sin ser consciente de que con sus deslenguadas declaraciones se le atraviesa como vaca muerta al proyecto político de quien considera su maestro.

Francisco Santos vio a Dios por primera vez cuando Uribe le aceptó la propuesta de ser su candidato a la vicepresidencia, pero ahí no se asustó, porque él creía tener el poder (familiar) suficiente para ser el Vicepresidente de Colombia. Se asustó fue la segunda vez, cuando vio ante sus atónitos y relamidos ojos que también podía ser el Presidente y… se lo creyó.

Ese grado de convencimiento se vio reforzado con las encuestas que lo daban como el más seguro candidato del uribismo a la Presidencia. Fue entonces cuando Francisco dejó de llamarse así y prefirió que lo comenzaran a llamar Pacho, con lo cual se convirtió en el Chapulín Colorado de la política, del mismo modo que el Chapulín personifica al antihéroe de las tiras cómicas. Y si hubiera llegado a la Presidencia –o al menos hubiera sido el candidato de Uribe- habría podido espetarle al ala de la bogotanísima familia Santos con la que no se entiende: ¡no contaban con mi astucia!

Lo cierto es que el propio Álvaro Uribe andaba embarcado -¿o embaucado?- en ver cómo se quitaba de encima al otro Santos (diferente al que años atrás le pidió el ministerio de Defensa), pues en su más íntimo fuero sabía que a corto plazo era la persona indicada para dañarle la reelección a Juan Manuel, pero a mediano o largo plazo podía acabar de hundirle su proyecto, por tratarse de un hombre en el que tampoco se puede confiar, como sobradas muestras ha dado desde que se creyó el cuento de que las encuestas lo favorecían y que eso era suficiente para ganarse la confianza y el aval de su jefe.

Asumiremos de todos modos que Pachito es genuinamente ingenuo, pues en caso contrario no se explica que siga convencido de que el uribismo le hizo tremenda zancadilla en una convención amañada, pero que todo ocurrió (nuevamente) a espaldas de Uribe. Para salir de dudas bastaría con que se leyera los chats inéditos publicados por El Espectador donde María Angélica Cuéllar –uribista purasangre y llamada a la convención como testigo electoral- denunció las trampas que allí se hicieron y ante las cuales, a falta de la explicación pedida, la única respuesta que de Uribe recibió fue “respete”.

Si de respeto se ha de hablar, habrá que preguntarse entonces si el exjefe de redacción de El Tiempo sigue convencido de que Uribe respetó su aspiración a la candidatura del UCD a la Presidencia, o si fue que más bien contribuyó a meterle la zancadilla. Resuelta esta duda sabremos si Pacho Santos es un genuino ingenuo, o un genuino torpe o, definitivamente, un genuino político perverso.

Como su maestro, por supuesto.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Petro procura permanecer pero procurador pontifica



A escasos días de conocerse si el procurador Alejandro Ordóñez destituirá o no al alcalde de Bogotá, conviene analizar las tres variables determinantes de la decisión final: juridicidad, política y religión.

En lo jurídico, el hoy ministro de Justicia Alfonso Gómez Méndez se refirió hace unos meses a la facultad concedida al Ministerio Público para despojar de su investidura a personas elegidas popularmente: “carece de sentido que existiendo otros mecanismos en la propia Constitución, un funcionario elegido por el Congreso pueda por vía disciplinaria decretar la muerte política de alguien democráticamente elegido”.

Es cierto que la Corte Constitucional avaló en reciente pronunciamiento la potestad que la Constitución le dio al Ministerio Público para investigar y sancionar a congresistas, gobernadores o alcaldes, pero no por ello deja de ser contrario a la lógica que un funcionario de la rama judicial pueda impugnar la voluntad popular basado en razones administrativas y sin que haya la condena previa de un juez, en cuyo caso sí habría sustento penal y acusatorio. Baste citar lo ocurrido con la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, donde por estar enfrentada a las empresas concesionarias del aseo se dejó de recoger la basura durante diez días, pero a ningún español se le pasó por la cabeza que había que destituirla.

En Colombia lo jurídico tiende a confundirse con lo político, y la pregunta del millón es si con semejante poder para destituir a diestra y siniestra, el procurador consideraría ser tan magnánimo o indulgente con Gustavo Petro como lo ha sido con sus copartidarios o personas afines a su pensamiento.

Y la respuesta llega en forma de cita bíblica: “por sus obras los conoceréis” (Mateo 7-15:20). Sería injusto no reconocer que Ordóñez ha batido récord en destituciones, inhabilidades y peticiones de condena para políticos que han incurrido en actos ilegales, pero brilla a su vez con luz propia el rosario de perdones o solicitudes de perdón que ha proferido a favor de políticos conservadores, militares o funcionarios que comulgan con sus tesis doctrinales de derecha, como lo acredita con peso documental una columna de Juan Pablo Barrientos en El Espectador, titulada “Los perdones del procurador” (noviembre 18-2013).

Allí el periodista –miembro de la Mesa de Trabajo de La FM- muestra en meticuloso recuento cronológico los casos donde el procurador ha librado de culpa o abogado a favor de personas como Álvaro Araujo (condenado a 9 años de prisión porque "hacía parte de una estructura criminal y sus nexos con Jorge 40".); Iván Díaz Mateus (paisano suyo y conservador, condenado a 72 meses de prisión por la yidispolítica); Alfonso Plazas Vega (condenado a 30 años de prisión por la desaparición de 11 personas); Mario Uribe (primo de Álvaro Uribe, condenado a 7 años y seis meses por paramilitarismo); Mauricio Pimiento (senador de la U, condenado a siete años por vínculos con paramilitares); general Jesús Armando Arias Cabrales (condenado a 35 años de prisión por desaparición forzada); Humberto de Jesús Builes (senador antioqueño condenado a 90 meses por vínculos con paramilitares); Oscar Josué Reyes (conservador, condenado a 90 meses por concierto para delinquir); Javier Cáceres, (condenado a nueve años por parapolítica); Fuad Rapag y Óscar Suarez Mira (condenados en el mismo caso por parapolítica); coronel Hernán Mejía Gutiérrez (condenado a 19 años por paramilitarismo y asesinatos extrajudiciales); Juan Pablo Sánchez (representante caldense condenado a 90 meses por vínculos con paramilitares y concierto para delinquir agravado); Mario Nader (senador condenado a 90 meses de cárcel por vínculos con paramilitares); y más recientemente el exgobernador de Antioquia Luis Alfredo Ramos y el parlamentario andino Óscar Arboleda, de quienes el procurador pidió su libertad inmediata, ambos copartidarios suyos acusados de vínculos con paramilitares.

En medio de esta cadena de exculpaciones, hasta ahora no se ha visto que haya librado de culpa o intercedido por alguien que profese ideas de izquierda. Cabe preguntarse entonces si Ordóñez se resistirá a la humana tentación de enviar al asfalto a un contendor político de la talla de Petro, como ya hizo al destituir al secretario de Gobierno Guillermo Asprilla, o al inhabilitar al exalcalde de Medellín Alonso Salazar por 12 años y a Piedad Córdoba por 18. En el caso de Salazar lo castigó por supuesta intervención en política, pero el castigador no tuvo reparos en asistir al homenaje que hace unos meses le rindió en esa misma ciudad el conservatismo antioqueño en masa, donde le pidieron que se lanzara a la presidencia y el respondió que iba a pensarlo.

Si abordamos el tema religioso, diríase que tiene un peso definitorio muy superior al político y al jurídico, en la medida en que el procurador desde su tesis de grado aboga cual cruzado de Cristo por un Estado Católico, donde “la autoridad viene de Dios y el poder terrenal está limitado por el plan divino”. Esto se traduce en que el hombre se cree iluminado o imbuido de una atribución no emanada de lo corpóreo sino de lo empíreo, que está más allá del bien y del mal y por tanto no obedece a leyes humanas sino a su concepción de la majestad celestial, que le señala el camino a seguir.

Es un hecho irrefutable que todos sus pronunciamientos en temas vinculados con ideas liberales como el aborto terapéutico, el matrimonio homosexual o el consumo de drogas se ajustan al dedillo a sus convicciones religiosas, lo cual daría para pensar que si en el caso del alcalde de Bogotá decidiera dejarlo permanecer en el cargo, estaría traicionando tan sagradas creencias.

Es cosa de locos si se quiere, pero, ¿qué esperar de un individuo que se cree diferente no solo de los otros mortales sino de los demás católicos cuando prefiere escuchar la misa en el rito primitivo practicado por el arzobispo integrista Marcel Lefebvre, en latín y con el sacerdote todo el tiempo de espaldas? Más allá del simple ritual, se trata es del apego a una doctrina contraria incluso a las enseñanzas del Concilio Vaticano II, muy liberales estas para unos gustos emparentados más bien con las catacumbas de los primeros cristianos.

Así las cosas, ¿qué decisión sensata puede esperarse de alguien que se cree más papista que el Papa?

Lo cierto es que hoy Alejandro Ordóñez representa un serio peligro tanto para la institucionalidad como para la legítima carrera política de Gustavo Petro, pero parece que nadie quisiera tomar el asunto en serio, en cuanto a las implicaciones que tendría que un funcionario de tan alto coturno como el Procurador General de la Nación, en uso de unas atribuciones en apariencia legales pero contrarias a la democracia y al sentido común, siguiera actuando a sus anchas.

¿O será que estamos locos, Lucas?


Twitter: @Jorgomezpinilla

lunes, 18 de noviembre de 2013

Voto en blanco versus voto obligatorio



Los partidarios del voto en blanco deberían primero hacer campaña por imponer el voto obligatorio, porque les resultaría mejor ‘negocio’, tanto a los que solo buscan el lucro económico como a los que honestamente lo asumen como una opción política a impulsar.

En lo económico, el artículo 28 de la Reforma Política permite ahora inscribir ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) a comités para la promoción del voto en blanco. El resultado ha sido la proliferación de dichos comités en diversas regiones del país, alentados por el dinero que reciben por concepto de reposición de votos, puesto que el voto en blanco entra a la contienda como un candidato más.

En las pasadas elecciones regionales de 2011 se inscribieron 36 grupos de ciudadanos como promotores del voto en blanco. Los casos más llamativos se dieron en Atlántico y Magdalena, donde participaron 13 tarjetones indistintamente para gobernación, alcaldía, asamblea o concejo, y a la cabeza de estos aparecieron personajes de dudosa reputación como el exalcalde de Barranquilla Bernardo Hoyos (investigado por peculados y celebración indebida de contratos), mientras que en Magdalena se inscribieron grupos de políticos derrotados en comicios anteriores, con nombres que usaban estrategias de marketing publicitario como “Despierta” o “La voz de la conciencia”.

Al margen de estas expresiones –de claro tinte mercantilista- no se puede negar que el voto en blanco tiene plena justificación democrática, pues es una manifestación activa de rechazo a las opciones existentes en determinada elección. Pero en las condiciones actuales solo juega a favor de los mismos políticos que pretende ignorar, a no ser que existiera el voto obligatorio, como se demostrará a continuación.

El primer elemento a considerar es que los abstencionistas constituyen la primera fuerza política del país. Basta mirar la elección de 2010, cuando Juan Manuel Santos ganó con la más alta votación que hasta ahora ha habido por candidato alguno, 9’004.221 votos, cifra en todo caso irrisoria al constatar que a esa fecha había registrados 29’530.415 colombianos aptos para votar, de donde se advierte que el 69,5 por ciento del Censo Electoral no votó por el presidente actual.

El abstencionismo en toda elección presidencial es superior al 51 por ciento, mientras que en elecciones regionales supera en muchos casos el 70 por ciento, en circunstancia que hace regodear de la dicha a los políticos que triunfan en dichos comicios, pues les basta con acaparar cierta ‘clientela’ para hacerse elegir.

A modo de ejemplo, para elegir a un senador como Eduardo Merlano (el de la prueba de alcoholemia, sí) se necesitaron 37.195 votos, en su gran mayoría heredados de su padre, Jairo Enrique Merlano, exsenador con un vasto poder político en Sucre y puesto preso por sus nexos con el paramilitar Rodrigo Mercado, alias "Cadena". Si asumimos esos casi 38.000 votos como el 40 por ciento de los votantes potenciales, donde el 60 por ciento restante corresponde a los que se abstuvieron de sufragar, tendríamos que si existiera el voto obligatorio, ese candidato habría necesitado una suma aproximada de 100.000 votos para hacerse elegir, o sea que ya no estaría compitiendo con la ‘clientela’ de otros políticos de su región, sino que debería acudir al total de personas aptas para votar.

Este razonamiento opera para todo tipo de elección popular, de modo que para elegir a un concejal, diputado, alcalde, senador o gobernador no bastaría con hacerle una serie de favores a un círculo cercano de personas –que se encarga a su vez de contactar un círculo más amplio para multiplicar los favores y los votos-, sino que se le convertiría en obligación convencer a los que no están dispuestos a canjear su voto. Así las cosas, a muchos políticos no les alcanzarían la plata o los favores para comprar la simpatía de tanta gente.

Una democracia es más actuante cuando se sustenta en la libertad del individuo para votar o abstenerse de hacerlo, es cierto, pero la nuestra es una democracia imperfecta (imperfectísima, para perfeccionar la idea), motivo por el cual el voto obligatorio serviría para derrotar la dañina abstención, así fuera de modo transitorio, mientras el ciudadano aprende a valorar la importancia de su voto. La gente no vota porque cree que los políticos son corruptos, pero es precisamente cuando se abstiene de votar que patrocina la elección de los corruptos, y esto se traduce en que los abstencionistas son los verdaderos idiotas útiles de la corrupción reinante.

Por eso decía arriba que mientras no exista el voto obligatorio, el voto en blanco seguirá jugando a favor de los caciques políticos de turno, en la medida en que los índices de abstención se mantienen y los más perjudicados son los buenos candidatos, o sea aquellos que pretenden acceder al voto de opinión, el cual les es esquivo porque siempre termina triunfando la apatía general hacia “la política”.

A los partidarios honestos del voto en blanco se les convierte entonces en imperativo impulsar primero el voto obligatorio, con el sano propósito de lograr que dejen de imponerse los votos amarrados a las maquinarias electorales.

Una última consideración apunta a que si es un deber pagar los impuestos, con mayor razón debería ser obligación votar en cada elección, al menos mientras la democracia se recompone. Y al que no le gusta que lo obliguen, pues ahí tiene el voto en blanco, para que exprese su protesta.


Lo cierto es que el día que el voto en blanco sea el ganador,  ello ‘obligará’ a invalidar la elección y a barajar de nuevo. ¿Y... no es eso acaso lo que buscan los partidarios del voto en blanco?

martes, 12 de noviembre de 2013

Si no es Santos, ¿quién?




Es una lástima que la inteligente, atractiva y novedosa propuesta que les hizo Claudia López a las cuatro cabezas visibles de la Alianza Verde (Antonio Navarro, Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y John Sudarsky) esté condenada al fracaso. Se trata de una invitación a que renuncien a sus aspiraciones presidenciales y más bien “unan sus esfuerzos y nombres en una lista única al Senado y lideren la conformación de listas a la Cámara de Representantes en todo el país”, con el propósito básico de “proteger y construir la paz de los colombianos”.

Es inteligente la iniciativa porque permitiría llevar al Congreso una bancada con gran fuerza política, atractiva porque con toda seguridad los cuatro serían elegidos (incluida Claudia López a la Cámara), novedosa porque a nadie se le había ocurrido antes, y condenada al fracaso porque para llevarla a cabo se requiere renunciar a vanidades personales para trabajar en función de la unidad y… la palabra unidad se suele extraviar del diccionario de la centro-izquierda colombiana.

En confirmación de la anterior, hasta ahora se han conocido dos reacciones: una de apoyo por parte de Mockus, quien en entrevista para La W dijo que “si las Farc confían en Santos, me parece clave que Santos siga, para concretar la paz”; y otra de rechazo por parte de Navarro, quien a la voz de la propuesta corrió a inscribir su precandidatura, pese a que semanas atrás se había mostrado reacio a medirse en una consulta con Peñalosa y con Sudarsky, este último una opción de gran altura intelectual y académica.

Es comprensible de todos modos la actitud en apariencia ‘divisionista’ de Navarro, pues en caso de aceptar el Progresismo habría quedado diluido como uno más en medio de una coalición por la paz, y lo que quieren Petro y Navarro es llevar a un miembro del desaparecido M-19 a la Presidencia como máxima culminación de su lucha política. Palabra que sí. (Y están en su derecho, ¿no?). Así las cosas, la inscripción de Navarro a la consulta deja ´cojeando’ la propuesta de López, pues habría que lograr que Peñalosa coincidiera con Mockus para que la idea retomara su vigor, en cuyo caso Navarro se quedaría solo en su aspiración a la candidatura.

No por ello se debe dejar de insistir en la validez de la propuesta, sobre todo considerando que su más demoledor efecto sería sobre el uribismo, la más peligrosa fuerza política hoy existente en el escenario nacional, a un punto que no se caería en error al afirmar que representa a la extrema derecha, siendo que la derecha está encarnada en el Partido Conservador. En esto le cabe toda razón a Mockus cuando habló de conformar “La lista”, o sea una de tal importancia que enfrente con éxito a “La lista” del Centro Democrático, que amenaza con quedarse de nuevo con por lo menos el 35 por ciento del Congreso. Y también le cabe razón a Julio Sánchez Cristo cuando en la misma entrevista entendió la idea como el renacer de la Ola Verde, pero ya no a la Presidencia sino al Congreso.

Lo paradójico del asunto es que la Ola Verde surgió precisamente para enfrentar la candidatura ‘uribista’ de Juan Manuel Santos en 2010, mientras que la nueva ola de la Alianza Verde apuntaría hoy a rodear al presidente Santos en sus esfuerzos por enfrentar a los enemigos de la paz, a cuya cabeza está el mismo que hace unos años invitaba a votar por su exministro de Defensa y se refería a Antanas como “un caballo discapacitado”.

Claudia López acierta en su diagnóstico cuando dice que “no hay nada más importante para nuestros ciudadanos, el país y nuestro futuro que terminar la guerra y dedicarnos a construir la paz”.  Y en su propuesta hay si se quiere una coincidencia con el Partido Liberal, en cuanto a que la reelección de Juan Manuel Santos es el camino más viable para lograr que los esfuerzos que viene realizando en torno a la consolidación de la paz lleguen a buen puerto.

Es cierto que Santos no ha dado trazas de ser un hombre en quien se pueda confiar, pero a sabiendas de que en La Habana se ha ido forjando un clima de entendimiento entre las partes que comienza a arrojar resultados, no se puede echar todo por la borda en una competencia electoral cuyo resultado más nefasto sería que en medio de una barahúnda de candidatos se nos colara una tercera presidencia de Álvaro Uribe, esta vez en cuerpo ajeno.
 
El momento político por el que atraviesa Colombia es tan delicado por el desmedido poder que aún conserva la extrema derecha, y a la vez tan promisorio por los avances que se han logrado en La Habana, que todo indica que nos tocaría tragarnos el sapo de una reelección de Santos en aras no sólo de afianzar la paz, sino de neutralizar al engendro que desde la caverna intenta resucitar para hacer realidad sus hasta ahora frustrados planes de venganza.

Sea como fuere, aún falta ver quién saldría elegido como el candidato a la presidencia en la consulta por la Alianza Verde. Si bien se esperaría –por supuesto- un apoyo a la continuidad del proceso de paz, no resulta fácil predecir qué rumbos podría tomar en manos de otro gobierno, ni cuáles serían las acciones que habrían de emprender los enemigos de la reconciliación nacional.

Como quien dice: ¿será mejor malo conocido que bueno por conocer?


martes, 5 de noviembre de 2013

¿Quién le teme a Horacio Serpa?



En alguna ocasión Horacio Serpa contó cómo en el momento más álgido del gobierno de Ernesto Samper fue invitado por un grupo de “periodistas y autoridades” a una cena, y que allá le pidieron que renunciara al cargo de ministro del Interior, y su respuesta fue “no, por supuesto”.

Esa reunión encierra una importancia crucial para la historia, pues esa noche Serpa tuvo en sus manos la suerte del Presidente y si su respuesta hubiera sido otra (o sea la que los anfitriones esperaban), otra habría sido la suerte de Colombia, no sabemos si para bien o para peor. Serpa contó además que al día siguiente le informó a Samper de todo lo que allí ocurrió y de quiénes habían asistido, y prometió que nunca se lo iba a contar a nadie más, como hasta ahora en apariencia ha ocurrido.

Despierta gran curiosidad saber quiénes fueron los periodistas, pero sobre todo cuáles las “autoridades” allí presentes, pues si lo eran del gobierno de Samper habrían incurrido en una especie de doble militancia, para no hablar de deslealtad o de traiciones, que las hubo y en abultado número. En lo periodístico, se sabe de buena fuente que allí estuvieron entre otros Enrique Santos Calderón y María Isabel Rueda, pero Serpa habló además de “unas personas que no merecían ni merecen ninguna solidaridad de parte mía, aunque había otras que estaban de buena fe”.

No sabemos si ese desaire al otrora todopoderoso grupo de periodistas fue la piedra de toque para el trato que sigue recibiendo de algunos medios, o si esa circunstancia pudo influir para que no hubiera podido alcanzar la presidencia, básicamente porque nunca lo han querido ver como Presidente de Colombia, de modo que siempre se han encargado de forzar o propiciar situaciones que impidan tal eventualidad.

Volviendo a la cena de los ‘conspis’, sé también de buena fuente que en la tarde anterior una de las dos Marías del combo de QAP le dijo a una amiga suya que esa noche habrían de “cenar presidente”. En otras palabras, ella estaba convencida de que ante los argumentos de la propuesta que le iban a hacer, Serpa habría de renunciar a su cargo al día siguiente y ese sería el puntillazo que les faltaba para que Ernesto Samper entregara la Presidencia. Como eso no ocurrió, más de un y una periodista habrían quedado primero aturdidos y luego ‘ardidos’, y eso explicaría el celo con que a partir de esa fecha le han hecho una guerra sin cuartel, como resultado de que su invitado a manteles no respondió a la encerrona como presagiaban sus apuestas.

La oposición mediática a Horacio Serpa –sobre todo de poderosos medios afectos a la derecha política- es un hecho indubitable, y es mayor el prestigio que él solo con su batallar se ha labrado, que el reconocimiento que merece pero que la ‘clase dominante’ se ha negado a concederle. El caso de María Isabel Rueda reviste atención especial, porque ahí es posible hablar de una ‘mala leche’ tan amarga que adquiere ribetes de animadversión, como la que también le tiene ésta a Gustavo Petro.

En lo referente a Serpa, al día siguiente del lanzamiento de su campaña al Senado se le oyó a la Rueda pensando con el deseo cuando en La W dijo que las “revelaciones” de William Rodríguez Abadía “llevarán a que la propuesta del renacer liberal planteada por Simón Gaviria de pronto termine no incluyendo al doctor Horacio Serpa”. Y afirmó a renglón seguido que Rodríguez Abadía “confesó cosas muy graves, como las visitas del entonces ministro Serpa en compañía suya a Fernando Botero (…) para convencerlo de que no contara lo que Botero sabía de la financiación de la campaña de Samper”, y “cómo se le pagó a la Comisión de Acusaciones del momento para que todo quedara enterrado”. Y remata con esta perla: “¿No será que aquí no estamos ante el renacer del Partido Liberal, sino ante el renacer del Proceso 8.000?”

El gran error –ético, ante todo- de la columnista es que asume las declaraciones del narco como la gran verdad revelada, porque es lo que más le conviene a su retorcido interés de atravesársele a la aspiración de Serpa al Senado, acomodando las cosas para hacer creer que tal posibilidad le está vedada. Y no entra a considerar –como lo haría todo periodista responsable- la catadura moral de un individuo que en marzo de 2006 declaró contra su padre ante un juez de Miami para obtener rebaja de la pena, frente a unos delitos de los que fue coautor y cómplice: “es muy difícil para mí, su señoría, porque se trata de mi padre y mi tío, pero acepto cooperar”.

Si un individuo es capaz de vender a su propio padre, ¿no sería a su vez capaz de ‘confesar’ lo que le pidan que diga, a cambio de dinero o de lo que tengan para ofrecerle? ¿Y por qué esas declaraciones se dieron a conocer justo el día del lanzamiento de la campaña de Serpa? Porque fue una trama armada y urdida sobre una fecha específica, con el claro propósito de provocar un efecto político, a lo cual se prestó Vicky Dávila –también de manera irresponsable y antiética- a cambio de un rating.

Sea como fuere, pertenece al reino del absurdo concebir que un político tan sagaz y habilidoso como Serpa iba a dar papaya para que de pronto lo grabaran en compañía del hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, justo en medio de la tormenta por el comprobado ingreso de dineros calientes a la campaña de Samper.

Resulta también traído de los cabellos imaginar a Samper y a Serpa mandando razones a unos mafiosos del Norte del Valle para que asesinaran a Álvaro Gómez (que es lo que “revela” otro narco, alias ‘Rasguño’), como si de puro masoquistas hubieran querido agregarle a los problemas que ya tenían otro más morrocotudo, y como si la muerte del dirigente conservador fuera a representar un alivio para un gobierno sometido a fuego graneado desde todos los frentes. La convicción personal de quien esto escribe  es que a Gómez Hurtado lo mataron porque al hacerlo sería fácil dirigir todas las miradas acusatorias contra Ernesto Samper, mientras una segunda convicción apunta a que hay fuerzas oscuras muy activas que vienen trabajando en forma coordinada para ocultar los verdaderos móviles y autores de dicho asesinato.

Los enemigos de Horacio Serpa se han encargado ahora de resucitar el Proceso 8.000, porque es lo que tienen más a la mano para atacarlo y hacerle daño en su aspiración al Senado. No es extraño que la mayoría de críticas y andanadas de odio provenga de los sectores más afectos a Álvaro Uribe Vélez, su principal rival en la contienda electoral que se aproxima, a sabiendas de que su presencia en el Congreso podría hacerle un fuerte contrapeso o incluso opacar con su oratoria y su dialéctica la figura del caudillo de la extrema derecha.

Son si se quiere dos imágenes golpeadas las de Serpa y Uribe, uno por cuenta de servirle con lealtad a un gobierno cuyo presidente se negó a reconocer la responsabilidad política implícita en haberse rodeado de personas como Fernando Botero o Santiago Medina, y otro porque se niega a aceptar la responsabilidad penal implícita en haberse rodeado de sujetos como Jorge Noguera, Salvador Arana, Álvaro García o los generales Mauricio Santoyo, Flavio Buitrago o Rito Alejo del Río, para mencionar tan solo a los condenados por homicidios, desapariciones, masacres o narcotráfico.

Son dos concepciones antagónicas de la política y del mundo las que allí se enfrentan, y cuando aún no ha sonado la campana se percibe que una de las dos partes ya está practicando la guerra sucia o lanzando golpes bajos, que es como a la sibilina María Isabel Rueda le gusta poner a rodar su juego.

Twitter: @Jorgomezpinilla


martes, 29 de octubre de 2013

Procurador versus Petro: habrá baculazo




Permítaseme hacer una reflexión –a modo de apuesta- sobre la decisión que tomará el señor Procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez, en torno a si destituye o no de su cargo al Alcalde Mayor de Bogotá, Gustavo Petro. Mi impresión personal es que en efecto lo destituirá y sancionará, pues en caso contrario se estaría traicionando a sí mismo.

Cada día que pasa es más claro que Ordóñez viene librando una verdadera cruzada por la imposición de sus creencias religiosas en la vida nacional, pero no puede reconocerlo porque no solo sería políticamente incorrecto, sino causal para su propia destitución, por aplicar normas de cumplimiento confesional en un Estado laico.

La suya es por supuesto una cruzada fundamentalista, y para probarlo dan ‘fe’ algunas decisiones que ha tomado, pero basta con remitirse a la tesis con la que se graduó, titulada Presupuestos Fundamentales del Estado Católico y a buena hora revelada por Mauricio Albarracín para La Silla Vacía.

No es de extrañar en su título la palabra “Fundamentales”, pues es precisamente la manifestación del fundamentalismo religioso que ha venido aplicando con celo y devoción, para gloria del Creador y de la Santísima Virgen, a quien en la dedicatoria le suplica “la restauración del Orden Cristiano y el aplastamiento del comunismo ateo, para que brille por doquier la Fe Católica, pues sin ella no hay esperanza para las sociedades y para los hombres”.

Entre las decisiones que ha tomado, un espectador desprevenido podría pensar que con Piedad Córdoba obró en justicia, por sus aparentes relaciones de cercanía y/o cooperación con las Farc (aunque según el abogado Ramiro Bejarano con base en pruebas obtenidas ilegalmente). Pero hay un caso donde actuó movido por la urgencia de infligir castigo y penitencia sobre un pecador: nos referimos a Alonso Salazar, a quien destituyó e inhabilitó por 12 años por intervenir en política, cuando este denunció supuestos vínculos criminales de su rival a la alcaldía de Medellín, Luis Pérez.

Lo llamativo es que no le pareció participación en política el homenaje que en mayo de este año le rindió en esa misma ciudad el conservatismo antioqueño en pleno, donde quizás el único asistente no conservador fue el ex arquero René Higuita (del partido de Pablo Escobar, según Blu Radio), y donde entre los oferentes figuraba el exgobernador Luis Alfredo Ramos, quien durante su intervención dijo que “Ordóñez tiene los valores para ser Presidente”, y de quien en solidaria retribución la Procuraduría solicitó que fuera dejado en libertad “inmediatamente”, luego de la detención que la Corte Suprema ordenó en su contra por sus vínculos con grupos paramilitares.

El verdadero motivo –de índole estrictamente religiosa- por el cual Alonso Salazar fue objeto de tan severa sanción, es porque mientras fue alcalde de Medellín trató de poner a funcionar la Clínica de la Mujer, como había prometido en su campaña electoral, y donde se realizarían abortos para los tres casos permitidos por la Corte Constitucional: violencia sexual o incesto, riesgo para la vida o la salud de la madre, o inviabilidad del feto. Y Ordóñez puede perdonar todo –por ejemplo, la orgía de saqueos que disfrutaron sus copartidarios con la DNE- pero no que aquello que para la soberana majestad de un Estado Católico constituiría un delito, como es el aborto en cualquier modalidad, pudiera quedarse sin castigo divino.

Por eso no se cae en error al hablar de un procurador que ejerce en la práctica una tarea fundamentalista cristiana (“la cosmovisión católica del  Estado”, según el propio Ordóñez), mientras en la teoría, o sea de labios para afuera, asegure que lo que hace es defender la Constitución.

Una circunstancia idéntica a la de Salazar opera con Gustavo Petro, otra personificación del mal a los ojos de alguien que percibe la tolerancia y permisividad del Distrito Capital con la comunidad gay (para citar un solo ejemplo de dicha “cosmovisión atea y comunista”) como la instauración de una especie de Sodoma y Gomorra a los pies del santuario del Señor de Monserrate, y por tanto debe ser sometida al “aplastamiento”, pues en caso contrario estaría faltando al deber de ejercer la autoridad en los términos que corresponden, siendo que “la autoridad viene de Dios y el poder terrenal está limitado por el plan divino”, como lo determina con celestial sapiencia la tesis de marras.

Así las cosas, a no ser que en respuesta a la demanda de Petro la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) le imponga una medida cautelar al Estado colombiano, al eminentísimo señor Procurador General de la Nación no le quedará salida diferente a la de retirar de su cargo al Alcalde Mayor de Bogotá y sancionarlo por un periodo de tiempo sujeto a lo que el Espíritu Santo tenga a bien iluminarle, pues en caso contrario se estaría traicionando a sí mismo y a la causa que representa, como humilde cruzado de Cristo Redentor.

@Jorgomezpinilla

martes, 22 de octubre de 2013

Pepe para Papa




Tal vez el planeta Tierra sería un mejor vividero si, así como los creyentes en deidades que nunca se dejan ver están organizados en iglesias jerarquizadas que imponen su autoridad y controlan la voluntad de sus rebaños, los ateos y agnósticos estuvieran a su vez organizados en alguna congregación que defendiera sus intereses y promoviera sus creencias.

¿Cuál podría ser, por cierto, el interés primordial de los no creyentes en caso de que lograran organizarse? Sería básicamente el de comunicar su verdad, que para el caso que nos ocupa parte de considerar que desde tiempos inmemoriales la mayoría de integrantes de esa inmensa masa amorfa llamada humanidad ha estado sometida a un engaño sistemático, consistente en que se le suministra como “luz eterna” lo que en realidad es oscuridad.

Si de intereses hemos de hablar, en el caso religioso quienes salen más favorecidos son los que se arrogan la condición de intermediarios de la deidad que dicen representar, pues se asumen como imbuidos de autoridad celestial pero se dan la buena vida terrenal, mientras los menos favorecidos son los que convertidos en simples ovejas del rebaño son esquilmados mediante el pago de unos diezmos. ¿Y qué reciben a cambio? Unas enseñanzas ‘celestiales’ que en apariencia transmiten bienestar espiritual, pero que en nada contribuyen a su bienestar terreno.

Ahí radica precisamente el engaño, pues si fuera cierto que las limosnas o los diezmos contribuyen a mejorar la vida de las personas que los aportan, la humanidad hace mucho tiempo se habría salvado o al menos habría encontrado la llave de la redención material y/o espiritual.

Pero ocurre lo contrario, y es que las religiones en el curso de la historia solo han sembrado un manto de ignorancia,  miseria (tanto económica como intelectual) y confusión sobre los pueblos, hasta llegar a un tiempo presente donde las guerras y confrontaciones de todo tipo entre la civilización cristiana occidental y el mundo islámico de Oriente amenazan con hacer estallar el planeta, como lo muestra el solo hecho de que el muy musulmán Irán –cuya Constitución se rige por el Corán- ya está en condiciones de fabricar una bomba nuclear.

Es entonces cuando cualquier hombre sensato podría preguntarse cómo es posible que el imperio de la estupidez y la arcaica inutilidad del dogma religioso (que unos y otros quieren imponer como el verdadero) le esté ganando la partida al Imperio de la Razón, y si no estaremos entonces en mora de convocar a todos los que “a Dios gracias” no hemos sido contaminados por esa especie de locura colectiva, y unamos esfuerzos solidarios para construir los cimientos de una nueva religión, la de los no creyentes en dioses, doctrinas o sucesos sobrenaturales que sólo una fe ciega podría explicar y en tal medida escapan a toda comprobación racional, material, empírica o científica.

No sabemos qué nombre se le pudiera dar a esta nueva Iglesia, pero sí cuál sería su objetivo fundamental: imponer a como dé lugar (aunque por las buenas) una visión y una conducción del mundo donde imperen la sensatez, el sentido común, las buenas maneras, la repartición de un ingreso justo, el acuerdo civilizado, la solidaridad y la cooperación entre los pueblos, como garantía sine qua non de que el planeta no estallará en pedazos o no agotará su hábitat, su atmósfera y sus recursos naturales bajo los apetitos voraces del consumismo capitalista que nada humanamente nuevo crea y –por el contrario- todo lo destruye.

Tampoco sabemos qué tipo de logística o estructura jerárquica se requiere para su organización, promoción, divulgación u operatividad, pero somos conscientes de que es necesario elegir a un número determinado de líderes o pensadores que trace pautas, proponga salidas, aporte criterios y se constituya en una especie de Vaticano alternativo que desde una perspectiva pagana –aunque humanística y profundamente filantrópica- proponga una estructura de poder basada en la búsqueda de la armonía mundial y la reconciliación con la naturaleza.

Lo que se debe proponer en últimas es la salvación del planeta en lo material, en lo espiritual y, por qué no, en lo anticlerical. Y esto requiere de la conjunción del mayor número de voluntades aún no sometidas a doctrinas alienantes ni a intereses de grupos de poder o de emporios transnacionales que por cuenta del fenómeno de la globalización se están convirtiendo en los verdaderos dueños de todo lo que nos rodea. (Baste considerar al respecto que ya se apoderaron del agua y ahora la venden envasada, y en el momento menos pensado nos empiezan a embotellar el aire).

Lo anterior implicaría además la posibilidad de tener como máxima cabeza visible de dicha congregación a quien mejor represente los fundamentos y postulados de la ‘Paganería’, entendiendo lo pagano en su concepción original de corriente opuesta a la creencia del dios que según los judíos y los primeros cristianos del Imperio Romano se habría revelado en la Biblia. Porque no se trata de negar la existencia de un ser superior, sino de impedir que la creencia en tal divinidad se convierta en germen para la constitución de aparatos de poder que sojuzguen la conciencia y las voluntades de los feligreses.

Y es aquí donde, pensando en quién podría ser el Papa de esta nueva hermandad política, filosófica y ‘religiosa’, no se nos ocurre nadie mejor como máximo representante en la Tierra que Pepe Mujica, presidente de Uruguay, quien con su discurso (que se volvió viral) del pasado 24 de septiembre en la asamblea de Naciones Unidas sentó las bases de una doctrina que en caso de aplicarse contribuiría a la salvación de esta humanidad agobiada y doliente.

Para la muestra, varios botones:

“Es posible un mundo con una humanidad mejor, pero tal vez hoy la primera tarea sea salvar la vida”.

“Cargo con el deber de luchar por patria para todos y para que Colombia pueda encontrar la paz, y cargo con el deber de luchar por tolerancia para quienes son distintos, con el deber de respetar y nunca intervenir contra la voluntad de las partes”.

“Hemos sacrificado los viejos dioses inmateriales y ocupamos el templo con el Dios Mercado. Él nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida y hasta nos financia en cuotas y tarjetas la apariencia de felicidad”.

“Si la humanidad total aspira a vivir como un norteamericano medio, serían necesarios tres planetas”.

“Prometemos una vida de derroche y despilfarro, que constituye una cuenta regresiva contra la naturaleza y contra la humanidad como futuro”.

“La política, eterna madre del acontecer humano, quedó engrillada a la economía y al Mercado”.

“Las campañas de marketing caen deliberadamente sobre los niños y su sicología para influir sobre los mayores y tener un territorio asegurado hacia el futuro”.

“El hombrecito de nuestro tiempo deambula entre entidades financieras y el tedio rutinario de las oficinas atemperadas con aire acondicionado”.

“Sería imperioso lograr grandes consensos para desatar solidaridad hacia los más oprimidos”.

“Nuestra época es portentosamente revolucionaria, como no conoció otra la humanidad, pero sin conducción consciente”.

“En lo más profundo de nuestro corazón existe un anhelo de ayudar a que el hombre salga de la prehistoria y archive la guerra como recurso cuando la política fracasa”.

“Es posible arrancar la indigencia del mundo y marchar a la estabilidad. Es posible que el futuro lleve la vida a la galaxia y el hombre, animal conquistador, continúe con su inclinación antropológica. Pero necesitará gobernarse como especie, o sucumbirá”.

Por todo lo anterior, larga vida a nuestro nuevo Papa… Pepe.


@Jorgomezpinilla

martes, 15 de octubre de 2013

Juan Manuel Santos, un izquierdista de derecha



Tomado de Semana.com

Al presidente Juan Manuel Santos le ocurre últimamente que lo que hace con la mano izquierda, se lo tira con la derecha.

En la mano izquierda está la iniciación del proceso de paz, cuyo anuncio hace más de un año revivió el optimismo por la reconciliación nacional, y en la derecha un ministro de Defensa –Juan Carlos Pinzón- a quien con sobrada razón las FARC definen como “un francotirador de la paz”.

En la mano izquierda las leyes de víctimas y restitución de tierras, que mostraron al comienzo de su gobierno a un mandatario en apariencia interesado en reivindicar las luchas campesinas y recuperar el campo para la prosperidad, y en la derecha un manejo errático de la protesta popular (“ese tal paro agrario no existe”) y el nombramiento de un ministro de Agricultura neoliberal –Rubén Darío Lizarralde-, representante de un grupo de voraces empresas palmicultoras.

En la mano izquierda un nuevo ministro de Minas y Energía –Amylkar Acosta- que se opone a la venta de Isagén, y en la derecha un decreto del ministro de Hacienda –Mauricio Cárdenas- que aumenta el precio de la acción para favorecer su venta.

En la mano izquierda una coalición de fuerzas agrupadas en la mesa de la Unidad Nacional con el propósito de acompañar a Santos en la altruista consolidación de la paz, y en la derecha la expedición de un decreto que les resucitó a los congresistas de todos los partidos los ocho millones de pesos que les había recortado el Consejo de Estado.

Podría pensarse que no es que lo que hace con una mano lo borra con la otra, sino que su modo de gobernar consiste precisamente en tratar de quedar bien con todo el mundo, y la parte loable del asunto estaría en que eso le implica hacer concesiones a la izquierda por aquí, a la derecha por allá y al centro por acullá, y los demás que se pongan en la fila para atenderlos.

Esto en teoría podría sonar pragmático y en tal medida conveniente, pero en el fondo -y en la superficie- revela una falta de coherencia ideológica, como de “traidor a su clase”, para usar una expresión de su propia cosecha. Y esta incoherencia, que también puede entenderse como falta de autenticidad, podría estar engendrando una de dos: o la semilla de su propia destrucción, o una eventual reelección untada de generosa mermelada.
 
Decía Fernando Duque que mientras Uribe sobornó a dos congresistas (Yidis y Teodolindo) para lograr que le aprobaran la reelección, el actual presidente acaba de comprar la suya sobornando al Congreso en pleno, con la ‘prima de servicios especiales’ ya citada. Y en esto también tiene razón Juanita León, cuando escribe en La Silla Vacía que “más que su primo, lo puede perjudicar la prima”.

Lo cierto es que al día siguiente de haberles regalado tan voluptuosa prima, Santos se fue a conversar con su partido, el de la U, para que lo asesoraran y le dijeran si había llegado el tiempo de levantar las negociaciones con la guerrilla, o se aplazaban hasta después de las elecciones, o se continuaba en el proceso, o qué hacer, Dios mío, qué hacer. Y a modo de antepenultimátum puso como fecha límite el 18 de noviembre, siete días antes de la que él tiene para decidir si se va o aspira a quedarse.

Si nos atenemos a ese juego esquizoide que hasta ahora ha mantenido entre una y otra orilla –la de continuar el proceso o la de continuar la guerra-, todo daría para pronosticar que el próximo 18 de noviembre Santos dejará de endulzarle el oído a la izquierda con lo de la paz y regresará con la derecha (a la que supuestamente había traicionado) a repartir “más chumbimba”, que es lo mismo que semanas atrás había pedido su compañero de ‘clase’, Fabio Echeverri Correa. Con lo cual, de paso, le habrá arrebatado al expresidente Uribe su principal caballito de batalla.

Este timonazo ahora hacia la diestra, que se expresa tanto a nivel verbal como operacional en la arena del conflicto (Espada de Honor 2, con 50.000 nuevos hombres), podría obedecer al generalizado escepticismo que ronda en torno al proceso de paz, donde a la par que las FARC buscan la revolución por decreto, el gobierno pareciera buscar la rendición por la vía del diálogo. Y como hoy el 89 por ciento de los colombianos no acepta asignar curules a los guerrilleros en el Congreso sin elección popular, y el 53 por ciento rechaza un referendo para ratificar los acuerdos de paz (encuesta de Cifras & Conceptos), el presidente, que es amigo de quedar bien con todo el mundo, ha endurecido su lenguaje y ha vuelto al cirirí de “si fracasa el proceso no se habrá perdido nada, porque no se ha cedido nada”.

Espero por supuesto estar equivocado en este vaticinio pesimista, pero el problema con Santos es que por querer estar bien con todos a la vez, cada uno de ellos sabe que no pertenece a su bando y, en consecuencia, podría ser el siguiente traicionado.

MORALEJA Y CONCLUSIÓN: en la coyuntura actual el presidente Juan Manuel Santos es el amigo de todos… y de nadie.

Twitter: @Jorgomezpinilla