Bien llamativa resultó la respuesta
amenazante de Paola Holguín a la columna
de Yohir Akerman donde reveló los vínculos que el papá de ella, Frank Holguín
Ortiz, sostuvo con Pablo Escobar en los años 90 como narcotraficante y
testaferro del capo. El trino de la senadora uribista es fiel reflejo de su
catadura moral y del entorno mafioso que la envuelve: “yo no pateo perro muerto”
da a entender que el periodista se va a morir… o ya se puede dar por muerto. Sea
como fuere, el meollo del intríngulis reside en que si la columna de Akerman
mintiera, en lugar de una amenaza ella habría anunciado denuncia penal por
injuria, calumnia o atentado al "buen nombre". Si calla en eso, es
porque no puede desmentirlo. O sea, no se atreve a patear al perro estando
vivo. (Ver
columna).
DE REMATE: Hace cuatro años por los idus de marzo publiqué
algo titulado El trabajo
intelectual es la puta del paseo, donde
conté que “llevo diez años escribiendo columnas gratis, primero para El Tiempo,
luego para Semana y ahora para El
Espectador. Solo aquí se justifica, pues (…) este diario bate récord
mundial como el que más columnistas tiene por kilómetro cuadrado, de modo que
si les pagaran a todos se quebrarían al día siguiente”.
El Espectador fue
el primer medio colombiano importante que comenzó a cobrar por la lectura de su
información digital, mediante suscripciones que van desde una baratísima
mensual de $19.000 hasta el paquete Súper Premium de $269.000, que incluye
suscripción anual a The New York Times.
Hasta el pasado lunes 25 de marzo yo tenía acceso ilimitado
en mi condición de columnista, pero justo ese día a primera hora de la mañana
quise entrar a Elespectador.com y me
topé con un letrero que advertía en tono amable –aunque enérgico- haber
sobrepasado el número máximo de 16 visitas gratuitas permitido, y solo dejaba
una opción bien visible en el centro de la pantalla:
Pensé que debía tratarse de una equivocación, así que llamé
directamente al despacho de don Fidel Cano y le pregunté a su asistente con
quién debía hablar para renovar la suscripción de cortesía, y ella me comunicó
también en tono amable –aunque enérgico- que “de ahora en adelante toda persona
que quiera leer El Espectador, desde
el director hasta los empleados pasando por los columnistas, debe tomar una
suscripción en cualquiera de sus modalidades”.
Le pregunté entonces –de puro atrevido- si eso incluía a los
columnistas que escribimos gratis para este diario, y su monosilábica respuesta
fue la misma de una novia a la que una vez conminé a que me respondiera si
“¿definitivamente, tu última palabra es NO?”, y ella respondió SÍ.
Así las cosas, en vista de la intransigencia de esta casa
editorial frente a una contraprestación tan mínima como sería una suscripción
de cortesía ad aeternum, me veo en la
penosa obligación de anunciar que a partir de este momento se cierra un ciclo,
y quienes estaban pensando relamidos de la dicha que yo renunciaría a este
espacio de opinión por no querer pagar pinches $19.000 mensuales de
suscripción, se quedarán viendo un chispero.
Contrario a lo que podría pensarse, el suscrito columnista
solo tiene motivos de gratitud con el director del periódico que le abrió sus
puertas hace cuatro años, tras ser despedido de Semana por un
asunto del que ya no logra acordarse, y hoy es consciente de las dificultades a
las que se enfrentan otrora poderosos medios, como los mencionados en este
párrafo.
Es una apuesta arriesgada la que han asumido El Espectador y
Semana al sumarle al cobro de sus ediciones impresas el de su contenido
digital, pero es lo que hay, así se expresa la segmentación de los mercados: se
pierden lectores de bajos recursos pero se generan nuevos ingresos, los de
quienes cuentan con la capacidad económica de suscribirse y saben que pagan por
lo que no encontrarán en otros medios.
Si El Espectador
y Semana logran mantener la calidad periodística, satisfacer las expectativas
del suscriptor y no perder su capacidad de influir en las decisiones nacionales,
lograrán mantener airoso a su “producto” en el cada vez más competido negocio
del periodismo digital.
Según informó La Silla Vacía, El
Tiempo se había puesto como fecha el seis de noviembre de 2018 para empezar a
cobrar por su contenido digital, y luego lo aplazaron para diciembre porque alguien
se acordó de que ese mes caía abruptamente el tráfico en las páginas de
noticias. Pero se llegó abril de 2019 y la tan sonada “innovación” nada que
arranca, y no sería de extrañar que el reiterado aplazamiento obedezca a la
crisis de credibilidad desencadenada por las cercanas relaciones entre el
fiscal Néstor Humberto Martínez, el grupo AVAL y Odebrecht.
El problema de fondo –ligado al tema económico- es la
amenaza que hoy se cierne sobre el periodismo independiente, más con un
gobierno de corte neofascista como el actual, que llega a barrer y decorar la
casa a su gusto. Es apenas obvio que el régimen cuyas garras comienzan a
aflorar hará el mejor de sus esfuerzos para darles un trato VIP a los medios de
comunicación más condescendientes… y para tratar de “neutralizar” a los que
sigan prefiriendo la independencia.
De ello da cuenta Noticias Uno, sobre el que pende como
espada de Damocles esta amenaza lanzada por Álvaro Uribe en
marzo del año pasado: “Daniel Coronell, contratista de Santos, tiene pánico y
con razón: un Gbno de Iván Duque manejará con transparencia las concesiones de
televisión”. La amenaza en últimas es para todo medio, magistrado(a), político,
funcionario o periodista que trate de salirse de la ‘pauta’ trazada desde
arriba. Eso les traería onerosas consecuencias, como las que se vivieron
durante los ocho nefastos años de la Seguridad Democrática: chuzadas del DAS,
persecución a las Cortes, entrada de mafiosos a la Casa de ‘Nari’ por el
sótano, Yidispolítica, etc.
Hoy más que
nunca se hace urgente cerrar filas de apoyo en torno al periodismo
independiente, y el único modo de preservar su independencia es pagando una
suma justa y módica. Y no se vaya a pensar que el sentimiento que aquí me anima
es de lo más altruista y solidario, no señores. Es que si no se suscriben,
¡¿cómo carajos vamos a hacer para que nos lean?!
2 comentarios:
Don Jorge, le tengo la solución. Sus lectores pueden leer su columna a través del faceboke live, mecanismo que le permite leer el texto, hacer comentarios y recibir notas. Un abrazo.
la otra posibilidad para los que no quieran o no puedan pagar ese dinero es descargar el navegador Tor y desde allí abrir la página.
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