martes, 9 de febrero de 2016

Peñalosa quiere ser Presidente (también)




Había prometido en columna anterior darle un compás de espera a Enrique Peñalosa antes de analizar su naciente gestión, pero lo ocurrido el Día sin carro encendió todas las alarmas.

Es de suponer que en la mañana del jueves 4 de febrero el alcalde salió a las calles con paso firme y se subió al transporte articulado para transmitir don de mando, pero como dicen las señoras, “mejor se hubiera quedado en su casita”. No acertó ni una, a tal punto que los medios tuvieron suficiente material para especializarse en alguna parte de su azarosa jornada.

RCN Noticias se centró en el recorrido que hizo a pie, donde entre varios reclamos ciudadanos brilló con voz propia la señora Ana Isabel Hernández, oriunda de Sogamoso (Boyacá), quien le increpaba “por qué manda atropellar a los vendedores de tinto” del parque Santander, y Peñalosa le respondió impertérrito con que “hay que respetar el espacio público”.

Semana.com fue especialmente ‘considerada’ en el cubrimiento, mediante un video de título neutro que promovió el uso de la bici y parecía más un publirreportaje de la alcaldía. Como no podían eludir los tropiezos del alcalde, sacaron casi escondido un Confidencial titulado “Peñalosa y la silla azul de Transmilenio” (Ver Confidencial), donde contaron que el alcalde “no se percató” de haberse sentado en un asiento de uso preferencial. Pero en Semana tuvieron cuidado de no ‘percatarse’ de la foto completa, con una señora que viajaba de pie a su lado. (Ver foto completa).

El cubrimiento más llamativo lo puso Noticias Caracol, cuando en su emisión del mediodía la periodista Juanita Gómez confundió el nombre de Peñalosa con el de Gustavo Petro, aunque se reivindicó al ser testigo del momento en que el bus de Transmilenio con Peñalosa a bordo se vara, y a este le pareció “mucha casualidad”, por lo que se dirige al conductor con estas palabras: “¿Cómo es que es el nombre suyo? Bueno, ahorita apuntamos”. (Ver noticia de Juanita). Ya en horas de la noche Juanita fue remplazada (¿castigada?) por Andrea Restrepo, quien hizo un balance de lo ocurrido con un tratamiento mucho más benévolo hacia el alcalde. (Ver noticia de Andrea).

No se trata aquí de cuestionar la diferencia que hubo entre la dureza que mostraron Caracol y RCN durante el cubrimiento en vivo (porque era así, en vivo), con la benevolencia que le aplicaron ya en horas la noche, mediante la magia de la edición. No se trata de eso, decía, sino de llamar la atención sobre la actitud de Peñalosa frente al conductor del bus varado: amenazante, rebajándose al plan de ‘usted no sabe quién soy yo’.

Lo peor que le podría pasar a Bogotá sería que se mantuviera la polarización vivida durante los cuatro años de la administración Petro, y lo increíble es que sea el propio alcalde entrante quien la está propiciando con la arrogancia del que solo ve “potreros” donde hay una reserva ecológica; del que arremete contra los vendedores informales y contra cualquier forma de protesta callejera; del que desconoce olímpicamente los rigurosos diseños del metro porque quiere algo para mostrar al final de su gestión, en aplicación del mismo criterio por el cual en su alcaldía anterior prefirió el Transmilenio en lugar del metro: para alcanzar a mostrarlo. Y Transmilenio terminó por colapsar, y lo acaban de premiar por eso.

En 1998 Enrique Peñalosa sacrificó la movilidad de la ciudad en aras de su aspiración presidencial, y ahora quiere recuperar esa movilidad a la brava, con el mismo propósito electoral. Él mintió cuando en la tarde de su segunda posesión dijo que no le interesaba la Presidencia de la República, porque la única verdad verdadera es que desde ese día viene trabajando en función de acometer una gran transformación física de Bogotá (que sin duda hará, como en su momento hizo con Transmilenio), para que quede en el imaginario nacional y en tal medida lo ubique –de nuevo- en el ranking de los presidenciables para el 2022. (¿Después de Vargas Lleras? Averígüelo ídem…).

En cumplimiento de ese objetivo, la otrora icónica avenida Caracas a la que piensa meterle el tren elevado, será una de las bajas colaterales de su aspiración. Es de esperar que tan estrecha avenida no se convierta en meadero público, pero en todo caso no será el sitio más recomendable para pasear con la novia a la luz de la luna. Ya en el trayecto del norte el metro irá bajo tierra, porque el intríngulis de todo esto es que Peñalosa sabe para quién trabaja. Él –a  diferencia de lo que dice el presidente Santos de sí mismo- no es un traidor a su clase.

Al cierre de esta columna se ha sabido por Semana.com que el alcalde hizo buscar a la vendedora de tintos para disculparse, pero ella se le adelantó y le pidió perdón, en confirmación del dicho según el cual “el que no ha visto a Dios (en su despacho), cuando lo ve se asusta”. (Ver video) Él, como caballero que es –no se le niega- le dijo: “usted perdóneme a mi más bien”. Y en esto tiene razón Peñalosa: el arrepentimiento debió haber nacido de él.

DE REMATE: La Ley de Alternatividad Penal que en 2003 le propuso al Congreso el entonces comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, trataba de colar impunidad total para los cabecillas del paramilitarismo prometiéndole lo mismo a la guerrilla, mientras trataban de aplastarla. (Ver prueba reina). Ahora piden cárcel para las FARC, después de que les ofrecían el oro y el moro.

2 comentarios:

Nelson Ronderos dijo...

Cómo te parece que la seño de los tintos fue engañada, no le cumplieron, pero la foto cumplió su cometido, no para ella que ha sido amenazada. Lo de la reserva Van Der Hamman me temo que va a generar un fuerte movimiento de resistencia civil que se irá a enlazar con el problema del metro...

Nelson Ronderos dijo...

Cómo te parece que la seño de los tintos fue engañada, no le cumplieron, pero la foto cumplió su cometido, no para ella que ha sido amenazada. Lo de la reserva Van Der Hamman me temo que va a generar un fuerte movimiento de resistencia civil que se irá a enlazar con el problema del metro...