martes, 25 de mayo de 2021

El autogolpe ya empezó

 


Tomado de El Espectador

Una pregunta recurrente en encuestas de opinión es “Si la elección fuera mañana, ¿usted por cuál de estas opciones votaría?”.  

Si hay alguien convencido de que hoy la respuesta por inmensa mayoría señala a Gustavo Petro, es la revista Semana, dirigida por alguien a quien ya no se le puede atribuir el título de periodista, Vicky Dávila. Menos después de su última carátula, donde prácticamente da carta blanca para que cualquier fanático uribista u organización paramilitar de extrema derecha decida atentar contra la vida de este dirigente de izquierda.

Una portada a todas luces irresponsable y temeraria, de catadura criminal, pues escarba en las más bajas pasiones humanas para incitar al odio de la población contra el objeto de su inquina. Su llamado suplicante ¡BASTA YA! es el de quien se arrodilla para rogar piedad a un ser tiránico, imbuido en la sevicia de su maldad. Esa tapa es el llamado de quien quiere sembrar miedo… para vender seguridad.

Estamos ante una infamia, un libelo contra la dignidad de un ser humano, algo que es de suponer daría cuando menos para un carcelazo. Aquí o en Cafarnaúm. Por el vil señalamiento y porque le mete gasolina a la hoguera de las pasiones políticas cuando encima del rostro de Petro aparece en agresivas mayúsculas: COLOMBIA, AL BORDE DE LA QUIEBRA. O sea, Petro es el culpable de que Colombia está al borde de la quiebra y debemos pedirle que se apiade.

Ese mismo carácter difamatorio hace pertinentes las acciones judiciales que se adelantarán para “salvaguardar los derechos vulnerados de Gustavo Petro”, según comunicado de impecable redacción -¡por fin!- de la dirección de Comunicaciones de Colombia Humana, ahora a cargo de la talentosa periodista barranquillera María Antonia (Nany) Pardo, sometida injustamente al escarnio público por una declaración apresurada y sacada de contexto.

Volviendo a la carátula infame, es si se quiere comprensible la reacción de Semana, pues se metamorfoseó en portaestandarte ideológico de una extrema derecha rabiosa y dispuesta a saltar todos los límites con tal de lograr sus propósitos. Son ellos en últimas los que tienen miedo, saben lo que les corre pierna arriba, no solo a doña Vicky y a esa familia de banqueros y vendedores de sillas Rimax sino a todos los uribistas -desde el jefe del subpresidente Duque hacia abajo, sin excepción- si Gustavo Petro conquista la Presidencia de la República el año entrante.

En coincidencia cronológica con la portada denigrante, está la entrevista fingida que la Presidencia puso a rodar el domingo pasado, con Duque respondiendo en inglés a un medio internacional inexistente, en algo que Daniel Coronell llamó “una larga letanía que nadie contradice, donde el mandatario culpa al candidato derrotado hace casi tres años (Gustavo Petro) de la situación que está viviendo el país”. (Ver columna).

Llegados a este escenario mediático, imposible pasar por alto la consigna de Joseph Goebbels en su ideario de la propaganda nazi: “Hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores”. Lo dijeron y lo hicieron, el pueblo alemán les creyó y pagaron las consecuencias. Y de ningún modo resulta exagerado comparar la situación actual con la Alemania nazi, pues en la misma dirección se sienten, cada vez con más vivo resuello, pasos de animal grande. Y salvaje.

Así lo advierte Hernando Gómez Buendía cuando identifica “un factor que inclina la balanza hacia la mano dura: Álvaro Uribe, que estaba acabado porque las Farc se acabaron hace tiempo, puede resucitar ahora como símbolo del orden (…) y ya comienza a ejercer un gobierno paralelo que, por ejemplo, habla directamente con los mandos militares”. (Ver columna).

Este gobierno paralelo comenzó a sentirse en forma de “simbronada” (sic) cuando el gobierno le encargó al general Eduardo Zapateiro la “asistencia militar” requerida para el restablecimiento del orden público en Cali y alrededores, y este prometió que renunciaba a la comandancia del Ejército si en 24 horas no cumplía la orden, pero según el sarcástico Julio César Londoño “48 horas después renunció a renunciar”, y en lugar de ordenar desordenó todo. (Ver columna).

Contrario al restablecimiento del orden, lo que quizás se está aplicando lo habría percibido el alcalde de Yumbo, John Jairo Santamaría, en entrevista para El Unicornio: “Hay algo oscuro aquí, no quieren dejar que el diálogo sea la solución al problema”. (Ver entrevista).

Llámese mano negra, llámense fuerzas oscuras, estamos en las peores manos. Y a estas lo que menos se le nota es una actitud en defensa de las instituciones, parecen más bien dedicadas a aplicar la tesis marxista de “agudizar las contradicciones”, a desmoronar la institucionalidad desde adentro, propiciando una situación de caos que justifique la adopción de medidas radicales.

¿Qué clase de medidas radicales? Las que estamos viendo: el Esmad reprimiendo con fuerza bruta, policías disparando a diestra y siniestra como si hubieran recibido la orden de matar para “disuadir”, civiles efectuando capturas en compañía de uniformados, más de 500 desaparecidos.

Si pidiesen pruebas de la barbarie, está el video de El País de España que muestra cómo un policía asesina de un disparo a Santiago Murillo, de 19 años, el primer día del paro. Y cómo otro agente dispara por la espalda contra un joven de 17 años, quien falleció al instante. (Ver video de El País).

Es tétrico lo que está pasando, para acabar de completar con la anuencia, omisión o complicidad de una poderosa tenaza de medios que solo divulga la narrativa del “vandalismo” y prefiere permanecer ajena a la máquina del terror (de Estado) que se ha desatado a todo nivel.

En medio de tan ominoso panorama, la pregunta del millón sería: ¿estamos próximos a un autogolpe o… el autogolpe hace rato empezó y nos lo están metiendo por el orto, sin vaselina?

Post Scriptum: Tiene razón Nany Pardo en que “se cocina un golpe de Estado. Un autogolpe, de hecho. El uribismo quiere sacar a Duque de ahí. Por eso Petro ha propuesto ayudarlo (para que no se caiga). Pero Duque, cegatón como es, no admite ayudas ni consejos”. (Ver trino).

martes, 18 de mayo de 2021

John Abiud Ramírez, el ‘avión’ de Girón

 


Tomado de El Espectador

En Girón, el pueblo del área metropolitana de Bucaramanga donde vivo, acaba de comenzar una puja electoral que tendrá repercusión nacional por la clase de intereses en juego.

Se trata de la elección atípica de un nuevo alcalde en remplazo del elegido para el periodo actual, Carlos Román, debido a que el Consejo de Estado le anuló su credencial por comprobada doble militancia: se inscribió por Alianza Verde, partido del que fue concejal y cuyo candidato a la gobernación era Leonidas Gómez, pero se le vio en tribuna con el hoy gobernador Mauricio Aguilar.

El nombre del alcalde remplazado es lo de menos, no fue sino una figura de postín del verdadero poder detrás del trono, John Abiud Ramírez Barrientos, cuya gestión -y la breve de su sucesor- puede conocerse en columna titulada Cómo privatizar una alcaldía.

De este señor dicen que en cuatro años se enriqueció en forma desmedida (al punto de organizarle a su hija una fiesta de 15 que superó los 500 millones de pesos e incluyó la contratación de Silvestre Dangond), que montó una nómina de secretarías y de contratistas que no la tiene ni la alcaldía de Bogotá, y que con asombrosa habilidad se hizo elegir Director Administrativo de la Cámara de Representantes, donde hoy maneja a su arbitrio una chequera fabulosa. (Ver Turmequé de El Espectador).

El asunto es que, para no desprenderse de sus feudos y en actitud que luce desesperada (pues hay un claro ambiente anti-Abiud) el exalcalde tuvo la brillante idea de proponerle u ordenarle a quien en Wikipedia sigue apareciendo como su esposa oficial, Yulia Moraima Rodríguez Esteban, que se lance en busca de remplazar a su pupilo Román.

No es por meternos en la vida privada de la gente, pero conviene contar la historia completa. John Abiud y Yulia llegaron casados a la alcaldía de Girón y, viendo el primero que tenía el terreno ‘pulpito’ para poner sucesor, se le(s) ocurrió la idea de una separación arreglada, de modo que ella no quedara inhabilitada para competir por el cargo que dejaría su esposo.

No es tarea fácil dilucidar si haberse ido a vivir luego con quien fue del 19/12/2019 al 31/12/2020 su secretaria privada, Milena Garcés Acevedo, correspondió a un asunto también arreglado (¿entre los tres?), incluso se dice que fue Milena quien tuvo la idea de candidatizar a Carlos Román en lugar de Yulia, por rivalidad o por conveniencia, vaya uno a saber. Sea como fuere, constituye factor relevante que exesposa y amante actual tienen la misma marca de lujosa camioneta, y que a nombre de la segunda fue adquirido un apartamento en el exclusivo edificio Acqua, en una operación que para cualquier capcioso tiene más cara de testaferrato que de amoroso obsequio.

Tres fueron las candidaturas que se inscribieron para buscar la alcaldía de Girón, a saber:

Una, la ya mencionada de Ramírez Barrientos mediante persona interpuesta, Yulia Moraima. Votar por ella es lo mismo que votar por el depredador del erario de Girón.

Dos, una figura joven y con fuerza propia, Óscar Alberto León, segundo en la pasada elección, quien dispone en el Concejo de una mayoría de ediles que le sirvió para impedir que el manejo administrativo de la alcaldía de Girón fuera privatizado por las fuerzas de John Abiud.

Tres, Mario Andrés Morales, 32 años de edad, hijo del primer alcalde electo de Girón.

Si de Román decíamos que era una figura de postín, de Morales se debe decir que es un candidato anodino, puesto ahí por el mismo Abiud para restarle votos a León.

Dije arriba que la candidatura de Yulia corresponde a una medida desesperada, y la desesperación no obedece tan solo a que don John Abiud (apodado John ‘Avión’ por los gironeses) pueda perder el botín, sino al temor a las repercusiones legales que traería el conocimiento de la verdadera realidad fiscal y presupuestal del municipio por parte de la administración entrante.

Es un hecho irrefutable que Ramírez Barrientos dejó endeudado a Girón en 220.000 millones de pesos, comprometidos sobre vigencias futuras hasta 2040. Como si fuera poco, siendo alcalde solicitó al Idesan un préstamo por 27.000 millones de pesos, del cual hasta donde sabemos, no se ha podido efectuar ningún pago ni se ha amortizado un solo peso de los intereses causados.

Lo anterior se traduce en que Girón podría verse obligado a caer en la ley de quiebras, situación que terminaría por enterrar políticamente a Abiud, puesto que los entes de control entrarían a establecer correctivos y aplicar las sanciones -de inhabilidad- del caso.

Ahora bien, lo preocupante es que de algún modo John ‘Avión’ sigue sosteniendo la sartén por el mango, pues su propia maquinaria electoral le puede poner de 8 a 11 mil votos casi sin mosquearse, por los remanentes del inmenso aparato burocrático que creó siendo alcalde. En la pasada elección el candidato de Abiud (Carlos Román) obtuvo 52.777 votos, mientras que el hoy candidato y segundo en la anterior, Óscar León, contabilizó 10.262. Luciría entonces como ardua la tarea de superar esa diferencia de 5 a 1, pero se podría lograr concientizando a los gironeses mediante una campaña bien creativa del León aspirante, que ponga a “rugir” la conveniencia de sacar a los corruptos del municipio, qué sé yo.

No entraré a considerar las bondades o desventajas que podría traer para Girón la eventual elección de Oscar Alberto León como nuevo alcalde, pero es un hecho también irrefutable que es la mejor opción, de las tres que se presentan.  

Gracias en parte al paro nacional -que ya va para la tercera semana ininterrumpida-, la gente ha comenzado a tomar conciencia sobre la verdadera dimensión de la corrupción política, y esto permite pensar con espíritu esperanzador que puedan soplar nuevos vientos para Girón.

O que al menos se acaben las ‘avionadas’, con eso nos daríamos por bien servidos.

Post Scriptum: Hablando de adquisición de propiedades, limitaciones de espacio nos impiden hoy puntualizar por ejemplo sobre la compra de una casa en predios de Orlando (Florida) para un pariente muy querido de don John. Noticia en desarrollo.

martes, 4 de mayo de 2021

Colombia, ¡la alegría ya viene!



Tomado de El Espectador

A Yéssica Teherán, inspiradora de esta columna.

En consonancia con países del Cono Sur como Chile y Argentina, en noviembre de 2019 Colombia vivió un estallido social que fue el resultado de un descontento masivo, por cuenta del desgobierno nacional. En una serie de marchas tan creativas como combativas, compuestas más que todo por jóvenes, el país les recordó a sus dirigentes que venían con voz propia y dispuestos a usarla.

Pero en desafortunado contravía al sentimiento de indignación desbordada, a comienzos de 2020 apareció un extraño virus, llegado de un país oriental, y más temprano que tarde el agente patógeno se extendió al mundo entero y nos obligó a un confinamiento del que aún no hemos acabado de salir.

La pandemia por el covid puso en salmuera todos los procesos críticos que estábamos viviendo y, en un movimiento de manos al mejor estilo Mr. Burns (personaje siniestro de Los Simpson) el gobierno pudo hacer y deshacer a su antojo. O al menos, de eso estaban convencidos.

A medida que pasaban los meses de la estricta cuarentena, la ineptitud por parte del gobierno en el manejo de la emergencia sanitaria se fue haciendo cada vez más evidente. Los errores se sucedían uno tras otro, en cadena interminable. De entrada, un cierre retardado de los aeropuertos al inicio de la pandemia; luego, la reapertura inoportuna y descontrolada del comercio con los días sin IVA, que disparó los niveles de contagio en las principales ciudades. Todo esto demostraba que el verdaderamente desconectado de lo que sucedía en Colombia era un Iván Duque apoltronado en su zona de confort como presentador vespertino de TV.

El pico más alto de esta desconexión se evidenció con la Reforma Tributaria que presentó para su aprobación al Congreso el ministro de Hacienda que acaba de renunciar, Alberto Carrasquilla, coincidiendo con la tercera ola de contagios y la ineficiente -casi nula- gestión del gobierno en la compra a tiempo y distribución de las vacunas.

En este contexto, el estallido social no se hizo esperar: lejos del miedo al virus y pese a las campañas de disuasión en más de un medio masivo, personas de todas las edades y condiciones -ya no solo jóvenes- salieron a las calles el pasado 28 de abril, esta vez con un grito más firme y desesperado que el que se escuchó en noviembre de 2019.

Las marchas inundaron las redes sociales, de todas partes aparecían fotos y videos de mujeres y hombres sumándose a la marcha. De lo más destacado, la madre llevando a cuestas a su hijo adulto minusválido, mientras sostiene enhiesta la bandera de Colombia. Supimos que se llama Teresa Montero, vendedora ambulante de Manizales que todos los días debe cargar con él hasta su lugar de trabajo (si así se le puede llamar, “trabajo”). Teresa no tiene oportunidades para salir de su calvario, el Estado le niega una línea asistencial para su caso.

Vimos también firme y decidida en Bogotá a la mamá de Dilan Cruz, estudiante de 18 años, recorriendo las calles con la fotografía de su hijo, quien “pagó con su vida el haber protestado contra el gobierno del presidente Iván Duque en noviembre de 2019”, según cuenta Daniel Coronell en columna en su última columna, titulada La culpa es del muerto, que puede leerse aquí.

Tras el rotundo triunfo que para la movilización popular significó el retiro de la reforma tributaria el domingo pasado, día tras día a distintos sectores se les ve prestos a parar o a salir nuevamente a las calles, vislumbrando lo que un día de estos quizá pudiera convertirse en un pacto histórico, bien sea como el resultado de una coalición política o entendido como una conjunción de fuerzas sociales que se unen para luchar por la misma causa, por un mejor país.

Este sí sería el verdadero triunfo, no el supuesto alborozo de los caleños tras la decisión de Duque de retirar unos artículos de la Reforma, algo que Noticias RCN quiso mostrar en burdo montaje informativo como un gesto de agradecimiento de la ciudadanía con el presidente.

Sea como fuere, la “noticia” fingida es valedera en cuanto que celebramos el ambiente de unión que se vive en todos los estratos sociales, cobijados por la misma causa de rebeldía contra una gobierno abusivo, represivo, tiránico y criminal, muy parecido al que en su momento vivió Chile con Augusto Pinochet. Aquí también… ¡estamos despertando!

A Colombia hoy se le ve unida desde sus bases sociales en torno a un descontento que crece y surge de muy variados grupos sociales: jóvenes, personas mayores, madres, niños, artistas, trabajadores y emprendedores, agrupándose alrededor de una vibrante fiesta democrática que se expresa en las calles, en ejercicio del derecho constitucional a la protesta.

Así como en 1988 la población más consciente y sensata de Chile se movilizó para sacar al dictador y cambiar el rumbo de su país, todo indica que aquí estamos dando los primeros pasos para que en 2022 podamos cantar al unísono ¡Colombia, la alegría ya viene!

Post scriptum: La exsenadora liberal Piedad Córdoba afirma en columna para Las 2 Orillas que el país está ante un “autogolpe gradual: no hay subordinación del poder militar al civil, no hay independencia de poderes ni de organismos de control, no hay garantías democráticas ni goce efectivo de los derechos civiles, no hay transparencia ni equilibrio del sistema electoral”. Es cierto, y es la resistencia popular y la movilización permanente lo único que puede impedir que se consolide esta tendencia dictatorial, de claro corte neofascista. (Ver columna).


martes, 20 de abril de 2021

Del NO + Pinochet al NO + Uribe

 


Tomado de El Espectador

Con un reparto encabezado por el brillante actor Gael García, en días pasados vi por fin la película No, dirigida por Pablo Larraín, donde se narra la campaña que se adelantó después de que el dictador Augusto Pinochet convocó a un plebiscito para que el pueblo decidiera si se iba o se quedaba, convencido de que iba a ganar, porque tenía todo el aparato propagandístico de su lado.

Ese plebiscito ocurrió el 5 de octubre de 1988 y la película es contada desde la mirada del NO, no a la continuación de Pinochet en el poder. Gael representa al talentoso creativo publicitario René Saavedra, quien llega a esa campaña para imponer una línea conceptual sobre la ‘mamertada’ de partidos de la oposición que solo concebían agresivos mensajes de denuncia como hilo central.

La campaña por la no continuación de Pinochet era consciente de la dificultad implícita en promover una palabra tan negativa como NO, sumado a las repetitivas cuñas del SÍ, muchas de contenido religioso (hasta trajeron al papa Juan Pablo II) y que sembraban el miedo a toda posibilidad de cambio. Pero llegó Saavedra y le agregó a la temida palabreja NO el signo +, con la consecuente interpretación: No + Pinochet, no más dictadura.

De otro lado, a los partidos de la oposición les cambió el chip: estaban convencidos de que de todos modos perderían, pues la convocatoria de Pinochet solo pretendía legitimar la dictadura ante el concierto de naciones, y por tanto se trataba de aprovechar la coyuntura para sentar un precedente de denuncia por las torturas y desapariciones del régimen. Y pare de contar.

Pero Saavedra los fue plantando: “no señores, qué pena con ustedes, el mensaje debe ser de alegría. La alegría debe ganar, la alegría del cambio. Debemos desanclarnos de un pasado doloroso y poner a Chile a mirar hacia el futuro”.

Y produjeron un jingle que luego se volvió canción, La alegría ya viene. Sin temor a equivocación, esa sola pieza de la campaña jugó un papel decisivo en la consolidación del triunfo, pues nada es más vendedor que la alegría. Al final el NO obtuvo el 53 por ciento a favor y el SÍ el 47 por ciento, motivo por el cual Pinochet se vio obligado a convocar a elecciones.

Veintiocho años después Colombia pasó por un trance similar, cuando el 2 de octubre de 2016 debió decidir entre el SÍ a la refrendación del acuerdo de paz de Juan Manuel Santos con las Farc, o el NO a su implementación en los términos que se habían acordado. Y ganó el NO por muy estrecho margen, después de plagiar a los del NO chileno al apropiarse del signo + para pedir NO + Impunidad, la supuesta impunidad que recibirían los guerrilleros desmovilizados.

No deja de ser sorprendente que en ambas ocasiones haya ganado el NO, pese a que una y otra campaña tenían objetivos disímiles: en un caso el retiro de Pinochet, en el otro el debilitamiento del gobierno de Santos. Algo que por cierto lograron con creces, hasta el vergonzoso punto en que dos años después Santos se vio obligado a entregar la presidencia a un segundón de Uribe, a un pelele.

Así las cosas, mientras en Chile salía un dictador, en Colombia germinaba “la semilla del diablo” para el abono de lo que hoy comienza a apreciarse en su real dimensión: una dictadura con apariencia de democracia, sometida la nación a un férreo control propagandístico mediante poderosa tenaza mediática impuesta por un pool de medios que cobija a El Tiempo, Semana, El Colombiano, RCN y Red+, entre otros. Y quién sabe si también Noticias Caracol, con noticias económicas que transmiten un mensaje constante de “positiva” recuperación de la confianza, con marcada presencia de información oficial que se transmite como material noticioso pero tiene cara de publirreportajes.

Hoy Colombia asiste a la resurrección de su propio Augusto Pinochet, en versión Álvaro Uribe. Con las mismas nefastas consecuencias, además, sobre todo en la brutalidad de la Fuerza Pública y en la vulneración permanente de los derechos humanos de la población. ¿Han visto por ejemplo que no cesa la matanza y que el país ha sido tomado por fuerzas oscuras, todas de clara inspiración castrense, mientras el Ejército parece comportarse como un espectador pasivo? ¡Mentira! Los mismos que vistieron a Iván Duque de agente de policía después de cometida una masacre (aún impune), son los que enviaron sentidas condolencias a la familia del lugarteniente de Pablo Escobar, alias Popeye, tras su “lamentable” deceso. Y en ambos casos lo hacen con la misma intención: que le vaya quedando claro al país quiénes son los que mandan.

Si en medio de tan sombrío panorama buscáramos el lado positivo, tocaría agarrarnos del proverbio sioux según el cual “nunca es más oscura la noche que cuando va a amanecer”. ¿Es posible acaso ir en busca de un nuevo amanecer? Es perfectamente posible, aunque haciendo claridad en que esto se va a poner peor. Los que tienen la sartén por el mango no la van a querer soltar en 2022, así tan fácil como que perdimos una elección y entonces nos vamos para la casita.

El poder que en Colombia ha conquistado la extrema derecha es fácilmente comparable al que tuvo el general Pinochet desde el principio hasta el fin de su mandato. He ahí el peligro. O más bien, he ahí la torturante realidad desnuda. Las fuerzas más retardatarias de la nación, encarnadas sobre todo en la bota militar, se han hecho al poder y no van a querer devolverlo.

Es en este delicado escenario donde la falta de unidad entre las fuerzas de oposición es suicida. El primer recurso que la caverna tiene a la mano es el de fomentar la división, por aquello del “divide y reinarás”. Si el uribismo logra impedir que el centro y la izquierda no se unan -diferente a lo que sí ocurrió en Chile-, tiene asegurada su supervivencia.

En otras palabras, si basta con que el centro y la izquierda se unan para ganar de forma arrolladora en la primera vuelta y dejar atrás tan oprobiosa saga, ¿por qué no lo hacen? ¿Se trata acaso de una guerra de egoísmos, o es que una de esas dos fuerzas juega solapadamente a favor de la derecha?

A esta altura del partido, tomaré posición: no sé si lo que más le convenga a Colombia sea un gobierno presidido por Gustavo Petro, pero suena razonable el llamado que hace su segundo a bordo, Gustavo Bolívar, respecto a que si las fuerzas de oposición no se unen antes de la primera vuelta, apague y vámonos.

¿Cuál podría ser el inconveniente en que se convoque a la más amplia consulta imaginable entre los principales dirigentes de la oposición antes de la primera vuelta y de allí salgan, en orden de primero y segundo, el presidente y el vice que Colombia necesita para salir de este atolladero?

En todo caso, si lo vamos a hacer, hagámoslo con alegría. Podrán derrotar todo, menos la alegría.

NO + URIBE

martes, 13 de abril de 2021

¡Derriben también la estatua de Aguilar!

 


Tomado de El Espectador

Si la memoria no nos falla, en septiembre del año pasado un grupo de indígenas derribó la estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar en Popayán, como resultado de un juicio simbólico en el que se le declaró culpable de genocidio, apropiación de tierras y despojo. Nada alejado de la verdad, pues no solo sus abusos están documentados, sino que fue nombrado “gobernador propietario vitalicio” de Popayán. Y como tal se portó, frente a tierras y aborígenes.

Esa misma memoria histórica sirve para recordar que Santander fue la cuna de la emancipación de la tiranía española, cuando un 16 de marzo de 1781, recogiendo la indignación del pueblo atropellado con impuestos y alcabalas, Manuela Beltrán arrancó un edicto del Ayuntamiento del Socorro y con él simuló limpiarse el trasero.

Pues bien, en estas mismas “bravas tierras” de Santander se ha sabido que dentro del más reconocido sitio turístico, el parque Panachi, se exhibe para nacionales y extranjeros el busto de un sujeto condenado a nueve años de prisión por la Corte Suprema de Justicia, de nombre Hugo Heliodoro Aguilar, cuya pena no ha acabado de cumplir, o sea que se trata de un reo convicto.

En plan de seguir refrescando la memoria, al coronel (r) Aguilar lo lanzó a la fama el operativo que culminó con la muerte del temido capo Pablo Escobar. De esa aureola de héroe se agarró para hacerse elegir gobernador, pero en alianza criminal con el grupo paramilitar conocido como Bloque Central Bolívar, proyecto político cuyo objetivo según la misma Corte Suprema era “posicionar aliados en todos los niveles de la administración, incluidos los cargos de elección popular, con el ánimo de expandir su área de influencia y tener voceros en los altos cargos con poder de decisión a nivel regional y nacional”.

Su historial de todos modos no para ahí, pues dos años antes había sido inhabilitado por la Procuraduría (de Alejandro Ordóñez) para ejercer cargos públicos durante 20 años, y hasta su mismo origen geográfico está en duda: mientras él afirma ser originario de Suaita, el exsenador Tiberio Villarreal lo demandó en 2004 ante el Consejo de Estado por “uso de documento público falso”, afirmando que Aguilar habría utilizado dos cédulas diferentes, una original para inscribirse como candidato a la Asamblea en 2000 y otra a la Gobernación en 2003. “Mientras en la cédula original dice que Aguilar nació el 4 de enero de 1955 en Chitaraque, Boyacá, en la otra dice que nació en el pueblo santandereano de Suaita, distante a 20 minutos por carretera”. (Ver noticia).

Este es en síntesis el sujeto a quien la administración del parque Panachi -a cargo de la gobernación que hoy encabeza su hijo Mauricio, conviene puntualizar- le rinde perenne homenaje con la exhibición pública de un busto, honor que hasta donde sabemos solo se les confiere a personas fallecidas y en recordación de una meritoria vida y obra.

Digámoslo sin ambages, esto solo es expresión del inmenso poder que hoy maneja el clan Aguilar, hasta el punto de haber convertido a Santander en su coto de caza, tanto para el manejo amañado del erario como para la práctica permanente de tropelías.

El escándalo -o la indignación- se extiende a la forma como el otrora icónico periódico Vanguardia, ante el hallazgo de semejante afrenta a los santandereanos (o al menos a las víctimas del Bloque Central Bolívar) en lugar de publicar un sentido editorial donde exijan el retiro de semejante atropello a la decencia, solo encuentran la condescendiente palabra “polémica” para titular y así evitar cualquier confrontación con el todopoderoso clan: Polémica por busto del exgobernador Hugo Aguilar en el parque Panachi. (Ver noticia).

Y no es que el otrora bastión del pensamiento liberal pretenda ser objetivo o imparcial en el tratamiento de la información, no señores. Es que la dichosa palabreja les sirve para conseguir que no se vean afectados los intereses del gobernador… ni los de Vanguardia. Así se evidenció frente a la tormenta desatada por un video del diputado Ferley Sánchez, que mostró la aglomerada fiesta de celebración del cumpleaños del hijo del capo Massimo mientras Bucaramanga permanecía en alerta naranja por el aumento en la ocupación de las UCI, debido al contagio del Coronavirus. Aquí, de nuevo Vanguardia tituló: “Polémica por fiesta en la Gobernación de Santander para celebrar el cumpleaños de Mauricio Aguilar”. (Ver noticia)

Para ponernos a tono con lo “polémico”, no sabemos si el título de esta columna clasifica como incitación al vandalismo cuando propone el derribamiento de esa estatua (un busto es una estatua, ¿verdad?), pero es de sentido común admitir que no tiene presentación legal, ética ni moral la permanencia de una escultura que atenta contra la memoria más reciente de los santandereanos, si pensamos tan solo en las dolorosas consecuencias que el paramilitarismo le ha traído a Colombia entera, y al parecer le sigue trayendo, ahora en modo resurrección.

Brindemos una segunda claridad en que ese busto no resulta ofensivo si la familia Aguilar decide llevárselo de ahí para instalarlo en la sala de su propia casa, pero sí ofende y lacera a los ojos de los colombianos que no pueden olvidar que el así homenajeado por la Gobernación de Santander está preso.

Como dato llamativo, en el documento de la sentencia condenatoria de la Corte Suprema identifica al ciudadano Hugo Heliodoro Aguilar Naranjo con su número de cédula y estipula que “nació en Chitaraque (Boyacá) el 4 de enero de 1955”. ¿Pudo haberse equivocado en su origen geográfico el más alto tribunal de justicia? Mejor dicho, ¿será posible que en Santander le estemos rindiendo falso culto a un boyacense?

Post Scriptum: Para continuar con lo regional, si de tropelías se ha de hablar, una abogada que fue secretaria de Alejandro Char en la alcaldía de Barranquilla y había sido elegida Señora Barranquilla en un concurso de belleza, acaba de ser nombrada viceministra de Talento y Apropiación Social del Conocimiento, del ministerio de Ciencia. Meritocracia al alza. (Ver noticia).

martes, 6 de abril de 2021

Hablemos del espantajopo* que no se deja ayudar



Tomado de El Espectador

Puede resultar aburrida al lector una columna que gira en torno a un litigio personal, pero se justifica si conduce a una necesaria reflexión sobre la ética periodística.

Hace cerca de año y medio con unos colegas creamos ElUnicornio.co, un medio de denuncia y resistencia frente a este régimen neofascista, cuyas prácticas se ajustan tanto al logo como al eslogan aportados por Matador: La realidad supera la fantasía.

En busca de columnistas de “sangre fresca”, o sea poco conocidos pero que dijeran cosas contundentes, pensé en la reconocida tuitera María Antonia Pardo y en Felipe Priast, este último con gran fanaticada en Facebook. Les propuse y ambos aceptaron. Ella de pluma certera, él irreverente hasta el improperio, aunque con brochazos de lucidez.

Lo que no sabía era que Nany tiempo atrás había tenido un problema serio con Priast, cuando quisieron crear una página web y ella salió espantada por el trato que recibió. De modo que si él estaba ahí, dijo, ella no podía acompañarnos. Yo la entendí y le dije que buscaría una solución, consciente de que quizás había cometido un error al incorporarlo: de las pocas columnas que Priast escribió para El Unicornio, en más de una ocasión debí solicitar su autorización para retirar insultos o frases con contenido sexual o escatológico, algo que di en llamar eyaculaciones verbales (así se lo dije), como una columna que tituló “La masturbación de las Fuerzas Militares”.

Pero no podía decirle hasta aquí llegamos, porque habría armado un escándalo vociferando a grito herido que lo habíamos censurado. Hasta que un día en su muro de Facebook comenté que algo que escribió sobre Claudia López me parecía misógino y homofóbico, y se ofendió hasta el epidídimo y presentó vociferante renuncia pública a su rol de columnista, y en mi silencio mudo le agradecí al Altísimo tan bienhechora circunstancia.

Luego, ocurrió que el lunes 29 de marzo circuló por Whatsapp un texto suyo titulado Sergio Fajardo: un espantajopo interestelar, donde en líneas generales hacía una reflexión que yo también me venía haciendo: ¿Qué le ven los fajardistas a Fajardo? Y la coincidencia me alegró.

Ahora bien, el texto lucía impublicable, pues no bajaba a Fajardo de “cretino” y a sus seguidores de “idiotas”, incluso traía esta perla: “Fajardo es el candidato de la gente estúpida de Colombia”. Pero al margen de su necesidad sicológica de ofender, decía cosas razonables como esta: “¿Serenidad, doctor Fajardo? ¿Serenidad en un país donde matan líderes sociales cada tres días? ¿Serenidad cuando la justicia no funciona? ¿Serenidad donde la Fiscalía es una policía política que persigue a opositores del régimen?”. Y citaba acertadamente a León Gambetta: "l'indignation exclut le calme!"

Así que decidí hacer un ejercicio periodístico, equivocadamente convencido de que el autor habría de agradecerlo, consistente ya no en editar sino hacer una poda a fondo, en busca de aliviar los tres problemas básicos que tienen las columnas de Felipe Priast:

      1. Ecolalia: repetición incansable de una misma idea con diferentes palabras. Sus columnas son larguísimas, aunque en medio de tanta maleza aflora alguna idea genial.

          2.  Egolatría: yo, yo, yo, yo… No hay párrafo donde no se mencione, en sus columnas habla más de él mismo que sobre los temas o personajes que le ocupan.

       3. Escatología: marcada preferencia por las eyaculaciones, la caca (en realidad la m…), la vulgaridad, los insultos reiterados, todo lo que signifique ofender a diestra y siniestra.

Y la publiqué el martes 30 de marzo en ElUnicornio.co, ya descontaminada, con el título más ajustado a lo que Priast dice ahí: ¿Qué le ven los fajardistas a Fajardo?

Pues, ¿quién dijo miedo? Ese mismo día publicó en su muro de FB una “advertencia” que me llenó de pánico: “Exijo que este señor abusivo y saqueador de ideas ajenas para su provecho retire la nota de inmediato, con una disculpa pública por violar derechos de autor. Si para mañana (30/03/2021) a las 12:00 PM la nota no ha sido bajada del portal “El Unicornio”, procederé con acciones legales”.

¿Cuál violación de derechos de autor y cuáles “ideas ajenas” si aparecían solo cosas escritas por él, con su nombre y la foto del autor, y el consejo editorial de El Unicornio -compuesto por tres personas- solo quiso hacerle un reconocimiento a la validez de sus planteamientos, habiendo retirado de antemano la parafernalia de “eyaculaciones” que impedían que su texto lograra el objetivo de poner a pensar al lector (sobre todo al lector fajardista) antes que el de espantarlo?

En todo caso, más llamativo resultó el mensaje directo (DM) que envió a mi cuenta de Twitter, a saber: “Pedazo de hijo de puta! O quitas esa columna mía de ayer sobre Fajardo de El Unicornio antes de las 12:00 PM de mañana martes 30/03/2021, o busco un abogado y te demando por robo y violar derechos de autor. Estas advertido, gordo hijo de puta ladrón!” (sic). (Ver amenaza).

En un principio estuve tentado a retirar la publicación para librarme de tan fatigoso sujeto, pero luego percibí que podía convertir la ocasión en un ejercicio periodístico (incluso terapéutico para Priast) consistente en que el lector con su ojo de buen cubero observe las dos versiones y juzgue si le cambié el sentido de sus frases o si pudo haber algún aprovechamiento de El Unicornio, o si al haberle retirado todo el afrecho y dejado limpia la levadura, se le hizo o no un favor periodístico al energúmeno vociferador de columnas.

Aquí está la columna original de Felipe Priast y aquí la versión de El Unicornio.

Post Scriptum: Al cierre de esto me informan que Priast se ha ‘venido’ con una nueva tanda de insultos, acompañados de su habitual visión ególatra-conspiranoica: “tan pronto mi columna comenzó a hacerse viral, a JGP tuvieron que decirle: “Jorge, haga algo con esa columna de Priast que nos está haciendo daño”. Y enseguida suelta una mentira del tamaño de una catedral: “en un mail personal (…) el tipo me admitió que era que me había “metido” con Fajardo y que él no iba a permitir eso”. En honor a la verdad, esta fue mi respuesta a su DM: “Insulta a los fajardistas tratándolos de imbéciles, se mete con María Ángela Holguín por ser la esposa de Fajardo... ¡qué le pasa!”. ¿Por qué digo que Priast se metió con ella? Porque al final de su columna la pintó como una “rica divorciada madura dispuesta a comprar objetos inútiles”. Ahí me dieron ganas de decirle “métase con alguien de su tamaño, la esposa de Fajardo no tiene velas en este entierro”.

* Espantajopo: Dícese del individuo que le gusta aparentar ante sus amigos y hace lo imposible por figurar a como dé lugar. DRAE

martes, 30 de marzo de 2021

Convertirán a Petro en el enemigo interno

 


Tomado de El Espectador

Refiriéndose a Gustavo Petro, Humberto de la Calle plantea esto en columna para El Espectador: “Hay en marcha una estrategia, inflarlo para promover el terror. El viejo castrochavismo se pretende remplazar con el petromadurismo”.

En alguna columna anterior afirmé algo parecido: “A Petro la derecha está tratando de crecerlo, y en esa tarea cumplen eficaz papel la periodista uribista Vicky Dávila y sus jefes de Semana. Mientras en lo editorial la revista le da palo, ella le hace condescendientes entrevistas con una frecuencia que ya se torna sospechosa”.

En relación con Semana, hoy convertida en vulgar pasquín de propaganda uribista, han pasado de la condescendencia al ataque frontal. Así se vio durante la última entrevista -o interrogatorio- de Dávila con Petro, donde primero lo trató de hampón (¿cuándo se vio que una periodista cita a un personaje para injuriarlo?) y luego se despachó con una andanada de titulares cuyo objetivo era sembrar terror, pero no entre el pueblo sino entre los ‘cacaos’ de Colombia, para que con sus toneladas de dinero contribuyan a derrotar a Petro en su aspiración. Por ejemplo: “Las advertencias de Gustavo Petro a Luis Carlos Sarmiento y otros millonarios de Colombia si es presidente en 2022”. (Ver titular).

¿Se equivocó Petro al concederle esa cita virtual a Semana, inocente de que le armarían una encerrona, como en efecto ocurrió?  Petro respondió con claridad a las preguntas, y no podía prever que sus respuestas serían tergiversadas para hacer ver a los lectores una interpretación por completo diferente al verdadero significado de sus palabras. Y es algo frente a lo cual la FLIP debería pronunciarse, si no es que ya lo hizo y no me he dado por enterado.

Si se me permite meter la cucharada, hablando en términos de campaña electoral antes que de simple debate político, a estas alturas la decisión de aceptar o denegar esa entrevista no debería recaer de manera exclusiva en el líder indiscutible de Colombia Humana, más bien podría ser una decisión consultada con sus asesores, que si no los tiene debería tenerlo.

Aquí no se trata de enseñarle al papá a hacer hijos, pero si yo hubiera sido Petro o me hubiesen consultado, habría sugerido responder diciendo que “Acepto, aunque tengo una inquietud: considerando los recientes ataques que he recibido de Semana, ¿sería posible que la señora directora desde la ética periodística se declarara impedida y asignara esa tarea a su editor político, Yesid Lancheros, de quien nunca he recibido ningún ataque personal?”.

La señora en mientes habría quedado desarmada antes del primer lance, le habría tocado encomendar esa misión a Lancheros, paisano periodista de cuya idoneidad puedo dar fe y me declaro solidario con su abnegada labor de reportería actual.

Regresando al tema en cuestión, la cita de Humberto de la Calle según la cual están inflando a Petro para promover el terror, habría que ubicarla donde primero se manifiesta hoy: en terror mediático, sin descartar que en días próximos se proceda a más avanzadas “formas de lucha”.

Los sinuosos ataques de Semana con titulares amañados se inscriben en tal propósito, pero son apenas la punta del iceberg, pues la verdadera dimensión del asunto se percibe en una columna de Cecilia Orozco donde avizora la conformación de un eje mediático entre medios como El Tiempo, Semana y RCN para garantizar “el triunfo electoral de una ultraderecha más violenta y aniquiladora de la que hemos padecido hasta ahora”.

A este asunto hay que darle la mayor trascendencia, porque no se trata tan solo de que están atarugando con mermelada a esa tenaza progobiernista, sino de algo más peligroso: esos medios quedarán tan untados que difícilmente podrán oponerse a las porquerías a las que habrá de acudir este gobierno para tratar de quedarse.

No se puede descartar que tanto asesinato selectivo de líder social y tanta masacre indiscriminada respondan al mismo objetivo táctico de aterrorizar a la población, pero no hay cómo probarlo. Lo que sí es identificable con prístina claridad es que la mermelada tan jugosamente repartida comienza a arrojar valiosos frutos, por ejemplo cuando los titulares de esos medios banalizan el horror cotidiano y en sus editoriales no exigen soluciones sino que callan, y callan… y no dejan de callar mientras las más ominosas fuerzas oscuras siguen haciendo de las suyas.

Es aquí donde la figura de Gustavo Petro les cae como anillo al dedo: esa misma tenaza de medios que con su silencio se convirtió en la vaselina del horror, es la misma que viene trabajando ya no de manera silenciosa -sino todo lo contrario, con mucha bulla- en identificarlo como el enemigo interno, el ser más peligroso que haya engendrado la Tierra, la fuente de todos los males en ciernes.

Ahora la palabra a agitar entre las masas alienadas no es “castrochavismo”, porque está desgastada y no identifica al enemigo interno. Es por ello que han puesto en boca de uno de sus alfiles (Fico Gutiérrez, paisa uribista) el nuevo término, “petromadurismo”. Para que la palabreja tenga mayor efecto se requiere que Maduro no levante cabeza, sino que se hunda más, y es entonces cuando el Ejército de Venezuela se ve obligado a enfrentar dentro de su territorio a supuestas disidencias de las Farc, y es cuando Uribe afirma que “la dictadura se alía con un grupo narcoterrorista y combate al otro por el control del negocio”, y es además cuando en bienhechora coincidencia Semana titula “Uribe arremete contra Maduro”. Todo servido en bandeja de plata.

No les extrañe entonces si este gobierno delirante se inventa alguna medida de fuerza para quedarse, y luego salen con que lo hicieron para salvar a Colombia del "petromadurismo". Inclusive, podría pensarse que estamos en la antesala del proyectado escenario. Cualquier cosa puede pasar, pero en todo caso no nos quepa la menor duda: esto se va a poner peor.

Es lo que necesitan para quedarse.

Post Scriptum: Según el analista liberal Héctor Riveros en La Silla Vacía, “esta semana (Iván Duque) presidió un homenaje a Horacio Serpa, después de que hace poco aupaba la tesis infame de que habría participado en el crimen de Álvaro Gómez”. La columna de Riveros con sobrada razón la tituló El 'Dr. Jekyll and Mr. Hyde'.