martes, 5 de mayo de 2015

Retrato hablado de una extorsionista impúdica




Hace unas tres semanas recibí solicitud de amistad de una joven brasilera en cuya biografía de Facebook aparecían tres importantes amigos míos, y decidí aceptarla, como acostumbro hacer con la casi totalidad de solicitudes que recibo a diario (soy periodista, busco lectores), a no ser que me  dé la impresión de que se trata de alguien indeseable. Digo que es brasilera porque en su página se hace llamar Mariana Salvador, y porque unas horas después de aceptarla se comunicó conmigo por el Messenger y esto me dijo en portugués: “oi, como vai você”.

Que una mujer joven, bonita, extranjera y amiga de respetables amigos míos se comunicara conmigo halagó mi vanidad, así que decidí responderle: “Bien, gracias. Yo hablo español, francés y un poco de inglés”. No habían pasado ni veinte segundos, cuando me contestó en francés: “Alors dis moi comment tu te porte?” (“Entonces dime ¿cómo te portas?”). Y bastó con que yo le dijera “Je me porte très bien, merci beaucoup”, para que se me lanzara en plancha: “Je vais bien, sache que je suis très ravi de toi en ce moment!”. En ese instante mis antenitas de vinilo se pusieron en opción Alerta, primero porque habíamos cruzado apenas el saludo y ya se declaraba encantada conmigo, y segundo porque en realidad no escribió “encantada” (ravie) sino “encantado” (ravi), y entonces sospeché que a su lado pudiera estar el hombre que cometió ese lapsus. (Ver fragmento del chat)

Mariana me preguntó si me gustaban las mujeres “sexy”. Cundo le dije que claro y que ella era “très belle”, me agradeció el cumplido y dijo que le había llegado al corazón. Y no había transcurrido ni media hora de chat, cuando mandó el sablazo: “Est ce que cela te dit de nous voir sur Skype”? Me invitaba a vernos por Skype, y también le acepté, pues lo que al principio era sensación de halago se había transformado en curiosidad periodística.

Lo que se desarrolló en el chat de Skype fue un episodio más cercano a la ficción que a la vida real, donde al final uno descubre que estuvo caminando sobre el filo de la navaja y salió indemne. El asunto es que al aceptarle su video-llamada apareció la misma mujer voluptuosa de ojos azules que en su foto de portada posa al lado de un poderoso Chevrolet Camaro y luce una fina cartera de cuero para transmitir la sensación de que está necesitada de cualquier cosa, menos de plata. (Ver foto de su biografía)

Vi a quien dice llamarse Mariana Salvador y tener 26 años (2 de mayo de 1989, signo Tauro) en un apartamento de sobria decoración, vestida con un enterizo ceñido al cuerpo que remataba en minifalda. Me escribió diciendo que no tenía micrófono y que eso la tenía “desolado” (désolé), pero que se sentía “chaude”, caliente; ahí sí puso el adjetivo en femenino.

Toda la conversación fue por escrito, con una escena de corte teatral donde de repente comenzó a desnudarse sin que yo se lo hubiera pedido o sugerido, mediante un movimiento que consistió en introducir ambas manos en medio del busto para hacer descender la suave tela elástica que envolvía su figura y que iba dejando ver la impúdica geografía de un cuerpo hermoso a más no poder.

No quiero ser explícito en lo que mis ojos vieron, porque he sabido que entre los lectores (y lectoras) de esta columna hay menores de edad, pero baste con saber que no duró ni treinta segundos en quedar como Dios la trajo al mundo y enseguida comenzó a acariciarse, mostrando cara de excitación. Un rato después me invitó a hacer lo mismo, a desnudarme, dizque porque yo era “très beau” (muy bello). Ahí advertí el lado avieso de la escena, pues el sentido común me indicaba que una jovencita como ella no podía excitarse tan pronto y menos que pudiera excitarla ver las partes íntimas de un hombre de  mi edad.

Teniendo en cuenta su importancia literaria, me permito transcribir lo que nos cruzamos a partir del momento en que me pidió desnudarme (traducido del francés):

YO: Lo que me pides no me es posible.
ELLA: ¿Cuándo, entonces?
YO: No sé, en otro momento.
ELLA: Debes saber que esto es solo para darnos placer.
YO: Hmmm…
ELLA: Espero que no te moleste…
YO: (Silencio)
ELLA: ¿Lo harás?
YO: No, no lo haré.
ELLA: ¿Cuál es el problema? Se trata de complacer nuestros deseos.
YO: Hmmm…
ELLA: Tú eres realmente hermoso, ¿sabes?
YO: Hablemos por la tarde (“jusqu'à l'après-midi”). Tú eres realmente hermosa, también.
ELLA: Yo estoy muy excitada, tú sabes.
YO: Ah, muy bien.
ELLA: Entonces ensaya a hacer como yo, ¿OK?
YO: ¿Cuándo puedes arreglar el micrófono?
ELLA: Ya conoces mi deseo de hacer el amor, tú sabes…
YO: (Silencio)
ELLA: Haz como yo.
YO: Yo prefiero verte.
ELLA: Haz como yo: quítate la ropa.
YO: No, yo no voy a hacer eso.
ELLA: Vamos, dame al menos un motivo de placer en cámara…
YO: (Silencio)
ELLA: ;( ;( ;(
YO: Es que yo soy muy tímido.
ELLA: Si me dejas ver tu (…), podrás ver más de mí.
YO: Está bien. Pero esta tarde.
ELLA: ¿Por qué no de una vez?
YO: Ya te dije: porque soy muy tímido.
ELLA: Lo que ya empezamos, lo mejor es terminarlo.
YO: (Silencio)
ELLA: Vamos, solo una pequeña parte…
YO: Prefiero en otra ocasión.
ELLA: Si me muestras tu hermoso (…), yo me masturbo.
YO: (Silencio)
ELLA: Estoy esperando…

Fue aquí cuando decidí cortar la comunicación visual y enmudecerme en lo escrito, y Mariana empezó a pedirme insistentemente que encendiera la cámara: “relance la cam”, “vas-y relance la cam”, etc.  Unos minutos después, recibí este mensaje amenazante en el Messenger de Facebook: “Si te desconectas, haré de tu vida un infierno. Verás que voy a destruir tu vida. Debes saber que tengo toda la información visual sobre ti y voy a enviar el vídeo a la red y a todos los miembros de tu familia. ¿Eso es lo que quieres?”

En este punto me sentí hastiado del acoso, pero a la vez confundido, pues no entendía de qué se agarraba para amenazarme si yo no había cedido a su propuesta y lo máximo que podría verse de mí sería la cara de sorpresa que puse cuando se desnudó por completo. Así que procedí no solo a bloquearla sino a reportar el chat como abuso, y no contento con esto envié un mensaje a Facebook advirtiendo sobre lo que acababa de ocurrir con la bella extorsionista.

Unas horas después caí en cuenta de que no había tenido la precaución de tomar un pantallazo de su muro, y cuando la busqué por “Mariana Salvador” no apareció, pero me di por bien servido con haberla retirado. Pasó tal vez una semana y la curiosidad me motivó a buscarla de nuevo, y cuál no sería mi sorpresa cuando reapareció en Facebook como si nada, y con un amigo mío adicional a los tres que mostraba antes. Fue entonces cuando tomé la decisión de escribir esta columna, y tomé además el pantallazo que no se me ocurrió guardar antes.

Hoy me atrevo a pensar que a esos amigos míos no los ha tentado aún con sus encantos, o si los ha tentado tampoco han caído, pues en caso contrario no estarían ahí sino juntando el dinero que les debe exigir a sus víctimas para no “destruir” sus vidas. Esos amigos son más bien el imán que utiliza en su táctica de atraer incautos a su telaraña, mostrando una solvencia moral que le permita incursionar en territorios antes inexplorados.

Es de esperar que el inmenso emporio de Facebook que con su espíritu emprendedor ha construido Mark Zuckerberg tome cartas en el asunto, pues resulta inconcebible que esta clase de lindas pero peligrosas alimañas pueda circular con tanta facilidad e impunidad por su red social, haciendo de las suyas sin que nada pase.

2 comentarios:

Juan Fernando Sarmiento Pinilla dijo...

Creeria que ahora si ya lo he visto todo en esta vida... pero no! se que falta más por ver y conocer. A estar mas pilas en estos asuntos y Gracias Jorge Gómez por la Advertencia.

Jorge Gómez P. dijo...

Muchas gracias, Juan Fernando.