lunes, 25 de mayo de 2020

Entorno mafioso de Uribe está en su árbol genealógico (Video)



Julio César García Vásquez es un genealogista ya entrado en los 70, de rostro bonachón y hablar pausado. Él lleva una buena cantidad de años dedicado a una labor metódica, con precisión de relojero, consistente en componer hasta el último detalle la genealogía de Álvaro Uribe Vélez. Tiene además la idea de sacar un libro con lo que sabe.

Un periodista de El Unicornio fue hasta a su casa a entrevistarlo esperando que le hablara de cómo se hace un árbol genealógico, y se encontró con tamaña sorpresa: en un video de 9 minutos García Vásquez expuso con trazo fino, más allá del bien y el mal, los circuitos entrelazados de lo que a simple vista se aprecia como un entorno mafioso alrededor de Álvaro Uribe. Diríase incluso desde antes de nacer, si la genealogía comienza en el padre. (Ver video).

Mi humilde opinión es que esto debería tener alguna repercusión mediática, incluso internacional.

Julio César García es el presidente de la Academia Colombiana de Genealogía y combina esta actividad con la ingeniería eléctrica, su primera profesión. Para el ejercicio de ambas se requiere una gran capacidad organizativa, pero sobre todo infinita paciencia, en medio de planos de circuitos y diagramas de árboles genealógicos.

Uno de esos diagramas es el árbol genealógico de Uribe Vélez, que aparte de haberlo extendido para el reportero sobre su escritorio, lo tiene en su cabeza y podría explicarlo a ojo cerrado.

Entre las sorpresas aparece un hermano medio del expresidente, una verdadera revelación: Camilo Uribe Uribe, de quien poco se conocía pero ahora se viene a saber que durante el gobierno de su pariente vivió en el Palacio de Nariño, al que según el genealogista "metía con frecuencia a su amigo Cristian Borda Gómez, llamado ‘El Harlista de la mafia’, un narcotraficante que luego fue extraditado y actuaba como enlace con los mellizos Víctor Manuel y Miguel Ángel, y con Ramiro ‘Cuco’ Vanoy".

Según artículo de El Tiempo fechado en abril de 2009, la revista CAMBIO “pudo establecer que la puerta de entrada de Borda Gómez a las altas esferas del poder fue Camilo Uribe, medio hermano del presidente Álvaro Uribe (hijo del segundo matrimonio de Alberto Uribe, padre del jefe del Estado)”. (Ver noticia de El Tiempo).

Alberto Uribe Sierra embarazó a Marta Elena Uribe Soto, una de las amigas de sus hijas que visitaba la casa: de ahí nació Camilo. El papá de Álvaro Uribe Vélez era a su vez hijo de Luis Elías Uribe González, hermano de Horacio, papá de Mario Uribe Escobar, exsenador de la República y condenado a 90 meses de prisión por concierto para delinquir.

La mamá de Álvaro Uribe se llama Laura Vélez Uribe, hija de Martín Emilio Vélez Ochoa, hermano de Roberto Vélez Ochoa, quien se casó con Norma Ochoa Restrepo. Ella es la hermana de Fabio Ochoa Restrepo, el papá de Juan David, Fabio y Jorge Luis Ochoa Vásquez, miembros del cartel de Medellín.

Roberto Vélez Ochoa viene a ser entonces el tío abuelo de Álvaro Uribe Vélez, y a su vez el tío político de Fabio, Juan David y Jorge Luis Ochoa Vásquez. “Ahí había mucha cercanía”, enfatiza García.

De otro lado, Norma Ochoa Restrepo y Roberto Vélez Ochoa fueron padres de Mario y Juan Diego Vélez Ochoa, señalados como miembros activos del grupo paramilitar Los Erres.

En cuanto a los hermanos de Álvaro Uribe, Santiago como se sabe está sometido a juicio por su presunta participación en la conformación del grupo 'Los Doce Apóstoles', así como por el asesinato del conductor de bus Camilo Barrientos en 1994 en Yarumal, norte antioqueño.

Otro hermano del expresidente, Jaime Alberto Uribe Vélez, contrajo nupcias con Astrid López a la vez que sostenía una relación sentimental con Dolly de Jesús Cifuentes Villa, conocida como ‘La Meno’. Esa relación duró 18 años y con ella tuvo una hija, llamada Ana María Uribe Cifuentes. Dolly y Ana María fueron pedidas en extradición por lavado de activos y tráfico de cocaína al servicio del Chapo Guzmán, jefe del cartel de Sinaloa en México.

Según el genealogista Julio César García, si por la vía de los parentescos se quisiera establecer vínculos entre Pablo Escobar y Álvaro Uribe, también sería posible. Pero “son vínculos muy lejanos y no tienen ninguna trascendencia”.

La trascendencia, o sea el entorno mafioso de Álvaro Uribe Vélez en su árbol genealógico, se da es con sus otros parientes.

DE REMATE: Para quienes no lo sepan, soy el director de El Unicornio y quiero invitar a los que vean el video, a que le den like y/o se suscriban al canal de Youtube. Así brindan su apoyo a este medio alternativo, que nació como vehículo de resistencia al régimen autoritario instaurado por el jefe del subpresidente Iván Duque. Sea la ocasión para expresar un sonoro agradecimiento público al apoyo brindado por nuestro gran amigo Matador, compañero de luchas. (Ver video aquí).

martes, 19 de mayo de 2020

Uribe (o sea Duque) no combate el terror: lo crea




En Netflix hay un capítulo de House of Cards donde al final su protagonista, Frank Underwood, acompañado de su esposa Claire y quien es fórmula suya a la vicepresidencia de EE.UU., dice una frase que resume la historia política de Colombia en los últimos veinte años: “No nos rendiremos ante el terror. Crearemos el terror”.

Esa noche Underwood está acorralado por la prensa y su reelección peligra debido a un artículo de The Telegraph que muestra el juego sucio al que recurrió para lograr la destitución del anterior presidente. La pareja está fumando del mismo cigarrillo (como lo hace siempre) y es cuando a Claire se le ilumina un bombillito: “No podemos luchar contra todos de a uno por vez, Francis. Pero si superamos esto, lo haremos funcionar para nosotros”. Y él parece entender por dónde va el agua al molino: “Creamos caos”.

          - Más que caos -responde ella-.
          - Guerra -dice Frank.
          - Miedo – agrega Claire. 
          - Miedo. Algo brutal -completa Frank-. Devastador.
          - Podemos usar el miedo.
          - “Yes, we can” -remata Francis.

Al día siguiente Underwood precipita la ejecución sangrienta -en directo para la nación entera- de un rehén norteamericano a manos de un grupo yihadista, y él queda al mando soberano de la situación por la vía del Shock institucional que acaba de provocar, pero que pareciera culpa del otro bando.

La doctrina del Shock la viene aplicando desde que ocupó por primera vez la presidencia Álvaro Uribe Vélez, sujeto sub judice hoy investigado y sometido a indagatoria por la Corte Suprema, pero quien, gracias al descomunal poder que ha adquirido, está a punto de torcerle el cuello a la justicia para lograr que la Corte Constitucional decrete segunda instancia en la sentencia contra Andrés Felipe Arias. Detrás de esto se vendrá una avalancha de solicitudes similares de todos los corruptos y parapolíticos que en las últimas décadas fueron condenados por el máximo tribunal de justicia y pedirán su propia “segunda instancia”.

Esto se traduce en que hoy el país asiste a la “refundación de la patria” que acordaron y firmaron los grupos paramilitares con más de cincuenta políticos llegados de diferentes regiones, en lo que se conoció como el Pacto de Ralito. Y para que la memoria no nos falle, ocurrió en 2002, apenas iniciado el primer Gobierno de Uribe.

¿Cuáles eran los métodos entonces practicados por los grupos paramilitares? Eran acciones de corte terrorista orientadas a “quitarle el agua al pez”, consistentes en sembrar el pánico entre la población para cortar con baños de sangre cualquier vínculo eventual entre pobladores y guerrilla. Práctica genocida que luego el Ejército habría de “resucitar” con los falsos positivos, y que hoy llega remasterizada en el asesinato selectivo de líderes sociales o de restitución de tierras, algo que la torpe ministra Alicia Arango pretende esquivar amparada en que "los asesinos están saliendo sin permiso en cuarentena". ¿O sea que después de la cuarentena ya tienen permiso…? (Por cierto, si alguien pudiera encarnar -en lo político, ojo- a la Claire de House of Cards, esa sería Alicia Arango).

Colombia asiste hoy a la consolidación de un movimiento neoparamilitar que se expande con la intención de ocupar el territorio que dejaron las Farc, llámense Clan del Golfo o Águilas Negras. Esto significa que el paramilitarismo nunca desapareció, porque sus padrinos y auspiciadores siguen creyendo que el enemigo tampoco ha desaparecido. Ese enemigo lo veían antes en los miembros de la Unión Patriótica -que exterminaron con la complicidad de organismos del Estado- y ahora lo ven en líderes sociales como si fueran la reencarnación del odiado comunismo. Y los están acabando por la misma vía del terror, tan indiscriminado como las masacres de antaño.

“¿Así que representas a una comunidad o estás exigiendo la restitución de las tierras que te quitaron los paracos? Si no te hemos matado, te tenemos en la mira”. Es gente que asume como propia la doctrina de la Seguridad Nacional que se asentó en las dictaduras militares de países como Argentina, Chile o Uruguay, y que identifica a líderes populares y gente de izquierda como el enemigo interno que por el bien de la patria deben aniquilar.

¿Y cómo lo lograrán? Recurriendo a las mismas fuerzas oscuras que antes sembraban zozobra, terror, miedo entre la población a todo nivel. Hoy lo vuelven a hacer porque tienen la sartén por el mango, porque eligieron presidente. Así pretenden demostrar que nunca se debió negociar con terroristas de izquierda, y que lo que se impone en el orden del día para asegurar el control de la nación es el terrorismo de derecha. El mismo que hoy se asienta en el Congreso de la República y que en su condición de partido de gobierno recibe el eufemístico nombre de Centro Democrático.

Y si este es el desayuno que hoy nos dan, ya podemos imaginar cómo será el almuerzo.

REMATE 1: Las reiteradas denuncias de Semana por persecución y espionaje a periodistas y otras víctimas, que pese a su gravedad dejaron inamovible a la cúpula de las Fuerzas Armadas, permiten dilucidar que seguimos en manos de un Ejército que acude y seguirá acudiendo a prácticas mafiosas para lograr "por debajo de la mesa" el control que más le conviene a su Comandante en Jefe. Y cuando hablo de Comandante en Jefe no me refiero al atenido Iván Duque, por supuesto.

REMATE 2: Del mismo modo que la salvaje retoma del Palacio de Justicia con sus responsables dentro de las FF.MM. quedó tapada por la ‘bienhechora’ avalancha de Armero ocho días después, con la ‘providencial’ pandemia del coronavirus están tapando la tragedia humana que representa la corrupción y violencia desatadas por este Gobierno, al cual deberemos soportar y sobrellevar -como peste que te agobia- hasta el 7 de agosto de 2022.

martes, 12 de mayo de 2020

Cómo privatizar una alcaldía: Girón




El neoliberalismo nos vendió la idea de que el Estado es pésimo administrador y por tanto hay que prescindir de él como rector de la economía. Y que lo conveniente es privatizar las empresas públicas, incluidas las administradoras de salud, y dejar que las leyes despiadadas del mercado actúen por su cuenta, bajo el supuesto de que la libre empresa es el mejor regulador de la riqueza.

Lo que no nos habían contado es que al mismo Estado le diera por privatizarse, y la prueba reina de esta nueva tendencia nos llega desde Girón, municipio otrora turístico de Santander, donde su alcalde, un tal Carlos Román puesto ahí por su antecesor, incorporó al plan de desarrollo y acaba de proponer al Concejo la creación de tres empresas industriales y comerciales del Estado para privatizar la prestación de los servicios de educación, salud y administración logística de la alcaldía. O sea la privatización casi total del municipio, la entrega de sus recursos a una empresa privada, para no darle más vueltas al asunto.

Una práctica politiquera cada día más extendida es que muchos alcaldes han aprendido a usar el presupuesto y la burocracia para dejar un sucesor que le maneje sus feudos, y Bucaramanga y Girón son muestra representativa: Rodolfo Hernández se trajo de una cementera de Bogotá a Juan Carlos Cárdenas y lo hizo elegir como su remplazo, mientras que John Abiud Ramírez puso en Girón a uno de sus más leales exsecretarios, Carlos Román Ochoa.

Abiud dejó endeudado a Girón en la bobadita de 220.000 millones de pesos, comprometidos sobre vigencias futuras hasta el año 2040. Como si fuera poco, en febrero del año pasado solicitó al Instituto Financiero para el Desarrollo de Santander (Idesan) un préstamo de Tesorería por 27.000 millones de pesos, del cual hasta el día presente no se ha efectuado ningún pago ni ha sido amortizado un solo peso de los intereses causados.

John Abiud Ramírez le metió mucho cemento a Girón en vías y construcción de parques sin bancas, pero dejó en total abandono al casco antiguo, que hoy amenaza ruina. Basta caminar por el atrio de su basílica o por ese peladero conocido como parque principal para comprobarlo, y si está así es porque mantenerlo en buen estado no da votos.

Pero eso sí, tuvo el cuidado de dejar montado un inmenso aparato burocrático compuesto por 24 secretarías de despacho con 45 cargos que perciben honorarios superiores a $6 millones mensuales y una nómina más grande que la del Distrito Capital de Bogotá. Es sabido además que antes de abandonar la alcaldía, Ramírez se autorizó un préstamo de 60.000 millones de pesos, garantizados adivinen cómo: con las vigencias futuras. ¿Y todo ese dineral para qué? Para poder dejar a 200 funcionarios de planta y contratadas más de 1.000 Órdenes de Prestación de Servicios (OPS), también a su leal servicio.

Hoy la nómina de Girón asciende a más de 27 mil millones de pesos y el recaudo por ingresos corrientes de libre destinación llega a unos 45 mil millones, y debe pagar unos 6.000 millones por el manejo de la deuda. Y esas rentas están pignoradas, y cuentan personas debidamente informadas que la nómina de abril no se ha podido pagar porque no existen los recursos.

En relación con el proyecto de privatizar la logística de la alcaldía de Girón, así como sus servicios de educación y salud, hoy la responsabilidad recae sobre los 17 concejales, pues son ellos los que determinarán el futuro de esos recursos para los próximos 20 años. Y cuentan las malas lenguas que contra los opositores del proyecto privatizador han desatado una andanada de ataques en redes sociales, mientras que a los restantes les endulzan el oído con propuestas que al parecer rondan los $50 millones de pesos por cabeza.

Sumado a lo anterior, está el aparente sobrecosto en la adquisición de los mercados para socorrer a los damnificados por la cuarentena. No son los críticos del alcalde sino la misma Contraloría la que advierte -según información de El Tiempo- que “la alcaldía firmó un contrato por 1.400 millones de pesos con un contratista particular para el suministro de kits alimentarios para población vulnerable. El valor reportado por cada kit es de 70.000 pesos, pero al comparar esos precios con los del mercado se evidenció que realmente cuestan 53.191 pesos. Esto implicaría que se pagaron 337 millones de más de lo que realmente se debía haber gastado”.  (Ver noticia).

Otras fuentes aseguran que los mercados no están llegando a los gironeses más necesitados, sino que fueron entregados a los aliados políticos de John Abiud Ramírez para ‘aceitar’ una eventual candidatura suya a la gobernación. Es más, el mismo exalcalde se delata cuando produce un video donde lo graban dedicado a repartir mercados con su propia imagen dentro de la bolsa, en patética evidencia de que con su “generosidad” tan solo pretende ambientar dicha aspiración venidera. (Ver video). Que quiere ser ungido como el sucesor de Mauricio Aguilar, eso nadie lo pone en duda.

Al anterior alcalde de Girón y al actual (jefe y subalterno) se les respetan sus obras de ingeniería, reconociendo que traen progreso, pero se vuelve obligante hacerles ver a ambos que el patrimonio arquitectónico de Girón sigue sometido al más terrible deterioro. Y eso exige pronta solución, se requiere que tomen conciencia y enderecen el rumbo, tanto en lo administrativo como en lo moral y en lo ético.

Sea como fuere, el abandono del casco histórico de Girón será tema exclusivo de próxima columna.

DE REMATE: Invitación cordial a los lectores que tengan cuenta en Instagram para que asistan este jueves 14 a las 6 de la tarde al lanzamiento virtual que haremos del libro Los secretos del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, con presentación de Ramón Jimeno y Ariel Ávila, desde la cuenta de Librería Lerner. Los que empiecen a seguir la cuenta de Lerner, ese mismo día recibirán la notificación. (Ver Invitación al lanzamiento).

lunes, 4 de mayo de 2020

"Semana" y el caso Álvaro Gómez Hurtado: ¡están locos!




De un tiempo para acá la revista Semana anda en modo esquizoide, conviviendo a la vez con Dios y el diablo. Prueba de ello es su última edición, donde por un lado trae los resultados de una investigación que brilla con luz propia, adelantada por Ricardo Calderón, que muestra sin modo de refutación posible que luego de una primera denuncia, el Ejército siguió espiando y persiguiendo a periodistas y políticos, incluso aliados, como Jorge Mario Eastman. (Ver Las carpetas secretas).

Por otro lado (el lado oscuro) trae un artículo fácilmente refutable, por ambiguo y porque está plagado de errores protuberantes, pero sobre todo porque adhiere a la tesis incoherente de un mafioso, alias ‘Rasguño’, al que en artículo de hace diez años la revista consideraba que “¡Está loco!”. Así, con signos de admiración. (Ver ¡Está Loco!).

Siempre tuve la impresión de que ese artículo sobre Rasguño lo escribió Ricardo Calderón, de quien sea la ocasión contar que aportó valiosas luces en la investigación que hice para escribir Los secretos del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, y en tal medida dentro del libro le hice un reconocimiento especial “por su valiosa colaboración en fuentes y contactos”.

El artículo en mención comienza así: “Semana conoció la totalidad de la declaración de 'Rasguño' sobre el magnicidio de Álvaro Gómez. Salpica a medio país, dice todo tipo de mentiras y deja ver una siniestra intención de salvar a unos y hundir a otros. ¿Hay alguien detrás de esa estrategia?”.

Pues bien, parece que Semana se convirtió en aliada de quienes están detrás de esa estrategia, pues en el artículo del domingo pasado ya consideran que “contrario a lo que pasa con el testimonio de Botero, que carece de sustancia, el de Rasguño tiene mucha”. (Ver artículo).

La “sustancia” de la contradicción entre el antes y el después es flagrante, y obedece a que, mientras la tesis contraria a Rasguño que antes sostenía Semana era de cuando Ricardo Calderón estaba al frente del caso Álvaro Gómez, hoy parece recaer en manos inexpertas -o ignorantes- pues de entrada comete el error colosal de afirmar que “en cuanto a Rommel Hurtado, después de que lo asesinaron apareció en su caja fuerte un manifiesto golpista que relataba los pormenores y las etapas que deberían tener lugar tras la caída de Samper”.

Cualquier mediano conocedor -más siendo periodista- sabe que a Rommel Hurtado lo mataron el 15 de julio de 2010, trece años después de que en su casa le fuera hallado dicho documento, titulado Acta del poder Constituyente, en mayo de 2007. Documento que Ernesto Samper asegura “me lo envió (Rommel) cuando se dio cuenta que el Gobierno había descubierto la conspiración y que tenía relación directa con el asesinato de Álvaro Gómez. Pensó que tal vez así salvaba su responsabilidad”.

Cuando mataron a Rommel Hurtado él se dedicaba a negocios privados, ya alejado de la política, y no es extraño que lo hayan asesinado por el mismo motivo que a Álvaro Gómez, al general Fernando Landazábal y al economista Jesús Antonio ‘Chucho’ Bejarano: porque sabía demasiado. De esto nada dice Semana, pero fue a un reportero de esa revista que Bejarano le contó -días antes de que lo mataran- que los militares golpistas le habían ofrecido el ministerio de Defensa.

Aunque en la última frase del artículo citado el editorialista recupera la cordura cuando advierte que “no tiene el menor peso jurídico deducir que por cuenta de ese episodio el entonces presidente de la república y su ministro del Interior se convirtieron en asesinos”, igual dejan la puerta abierta a la tesis que de un tiempo para acá sostienen los deudos de la víctima, desde cuando descubrieron que si logran que lo declaren crimen de Estado, se hacen a un jugosa indemnización.

Lo he sostenido en varias columnas, lo recalco ahora y si fuera falso habrían entablado denuncio penal por calumnia: solo ese anhelado botín explica que Enrique Gómez -el sobrino- se haya puesto en la aberrante tarea de tumbar el proceso que condenó a 40 años de cárcel al sicario que disparó las cuatro balas que acabaron con la vida de su tío. Proceso que la Corte Suprema ya cerró como caso juzgado, pero siguen ‘pataleando’ porque ahora cuentan con la Fiscalía General como aliada de tan perverso plan.

Son muchas otras las inconsistencias que trae el artículo citado, pero la mayor falencia reside en que el redactor no tuvo en cuenta para nada el contenido de mi libro, pese a que don Felipe López le dedicó un reciente Confidencial después de una llamada que me hizo. Y si no lo tuvieron en cuenta debe ser porque, desde que los banqueros Gilinsky adquirieron Semana, han comenzado a incorporar su propia versión amañada -o sea uribista- de la historia.

No tuvieron en cuenta, por ejemplo, el vehículo con cuatro ocupantes ubicado cerca de la escena del crimen que resultó pertenecer a la escolta del general Ricardo Cifuentes, ni que un avezado investigador siguió la pista que lo condujo a la Brigada V de Bucaramanga donde operaba el Grupo Cazador de Inteligencia, dirigido por un coronel que había trabajado allá bajo el mando del general Cifuentes y de otro general, quien para la fecha del crimen era el comandante del Ejército.

Mi libro también advierte, entre otros ‘secretos’, que el abogado Ignacio Londoño entabló denuncia penal contra Enrique Gómez Hurtado y su hijo después de que estos lo acusaron de ser un asesino. Londoño se negó a conciliar, o sea que a los demandados les quedaba la posibilidad de retractarse o ir a la cárcel, pero estuvieron tan de buenas que al demandante lo mataron y el homicidio los libró de enfrentar el proceso.

En conclusión y para no alargar la pita, que miembros de la familia Gómez quieran ganarse un billete grueso con la muerte de su pariente, resulta hasta admisible: “por la plata baila el perro”. Pero que la misma revista Semana pretenda confundir a la opinión pública con un artículo que ni siquiera cumple el requisito básico de “contrastar la fuente”, definitivamente ya es cosa de locos.

DE REMATE: Enrique Gómez Martínez, su primo Mauricio y su aliado Ernesto Yamhure, este último desde una alcantarilla de Miami, coinciden en acusarme de ser un sicario moral. Quieren “matar al mensajero” para desvirtuar el mensaje, o sea el contenido del libro. Les hace mucho daño, por supuesto. Con Yamhure no queda opción diferente a la de enfrentarlo por la vía legal, pues me ha acusado de cosas terribles, que nunca podrá probar. Qué jartera entablar denuncia, pero toca.

martes, 28 de abril de 2020

Los corruptos están de fiesta




Alguna vez en medio de una animada charla con el más repentista conversador de toda la comarca, Luis Eduardo ‘Lucho’ Garzón, le sugerí que tratara de verter esa chispa en una columna semanal, por ejemplo para El Unicornio, y salió con una respuesta que me puso a dudar hasta de la utilidad del periodismo: “eso de escribir columnas es como pedalear en una bicicleta estática. Usted no se mueve de ahí, no pasa nada, todo sigue igual afuera, nadie se da por aludido”.

Concluido el párrafo anterior, confieso que la cita refleja el desasosiego producto del encierro, que me tiene bastante desmotivado para escribir. Hasta ayer domingo (escribo el lunes en la mañana) el tema iba a ser la voraz corrupción que se desató en torno a los contratos de la cuarentena. Pero las noticias más recientes le dan la triste razón a mi buen amigo Lucho el exalcalde, en cuanto a que advertir sobre lo que pasa es como pedalear en bicicleta estática, como llover sobre mojado: no hay denuncia que valga, los corruptos seguirán haciendo de la suyas con la íntima convicción de que en "el país más corrupto del mundo" no les va a pasar nada.

Apenas iniciado el tercer párrafo de lo que aún no sé si tendrá pies o cabeza, descubro horrorizado esta noticia: el fiscal Francisco Barbosa ordena abrir “indagación preliminar” contra la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, por “presunta violación de medida sanitaria (artículo 368 del Código Penal)”. (Ver noticia). ¿Puede haber decisión más política que esta, en medio del choque de trenes que se viene dando entre la alcaldesa y el subpresidente Duque?

Pero esto no es casual, forma parte del mismo aparato de persecución que desde la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) le abrió “indagación preliminar” a Daniel Samper Ospina por publicar dentro de un meme una foto de la familia de Iván Duque. Nombre del oprobioso delito: “Explotación económica de niños para fines publicitarios y de marketing”. (Ver noticia). Ejemplarizante actuación la del superintende Andrés Barreto, así como la del fiscal Barbosa, pues se trataba de impedir que la alcaldesa y el youtuber siguieran actuando -quién sabe si coordinados- de manera tan antisocial y criminal.

En este contexto, es de caballeros reconocer que son tantos y tan agobiantes los casos de corrupción que hoy inundan la geografía nacional en casi todas las dependencias oficiales (¿habrá alguna que se salve…?), que el ente acusador se ha visto impedido para reaccionar de un modo tan presto y diligente como sí se le vio frente al proceder delictivo de la más seria rival política que hoy tiene el amigazo y compañero de estudios de Barbosa.

Sea como fuere, ante la ausencia de tema para mi columna de hoy -que francamente no sé cómo se ha ido resolviendo- no sobrará dejar por aquí a modo de recorderis algunos de los casos donde la Fiscalía General no ha tenido tiempo de actuar… o si ha actuado ha sido para conceder jugosas rebajas de penas a ciertos corruptos condenados:

Por segunda vez el director de la Policía Nacional, general Óscar Atehortúa, es vinculado a un faltante de más de 5.000 millones de pesos por la construcción de un conjunto de casas fiscales en San Luis (Tolima), llamado “Ciudadela Policial (CENOP)”. (Ver noticia). La primera vez lo había denunciado el general William Salamanca, Inspector General de la Policía, y lo que obtuvo con la denuncia fue su destitución. La segunda fue mediante oficio de la Contraloría, donde se le notifica del hallazgo. Pero se le ve más tranquilo que una lechuga y nadie le pide la renuncia…

Fernando Marín Valencia, empresario y exembajador (uribista) de Colombia en Venezuela, acaba de ser condenado por ayudar a los hermanos Samuel e Iván Moreno Rojas y al empresario Emilio Tapia a robar miles de millones de pesos. ¿A cuántos años creen que ascendió la pena? Más bien descendió: seis años de cárcel gracias al jugoso “preacuerdo” que negoció con la Fiscalía. (Ver noticia).

Pero el verdadero negocio de su vida lo hizo Germán Trujillo Manrique, conocido como el zar de la comida escolar y quien compró apartamento con plata de comida para niños. Pese a que fue el gran protagonista de un saqueo por más de 35.000 millones de pesos a los contratos del PAE en Santander y a que estuvo fugitivo por varios meses, obtuvo una irrisoria condena de 36 meses de cárcel. ¿Gracias a qué?: al jugoso “preacuerdo” que negoció con la Fiscalía. (Ver noticia).

Sin salirnos de Santander, la exsecretaria de Infraestructura durante la gobernación de Richard Aguilar, Claudia Toledo Bermúdez, había confesado que recibió 150 millones de pesos como coima del contrato para la remodelación del estado Alfonso López de Bucaramanga, pero luego se vino a saber que el acto de contrición era fingido, pues pretendía ocultar que la coima no había sido por 150 sino por 1.500 millones. (Ver noticia).

De otro lado, en días pasados se supo que directivos de Finagro concedieron más de $226 mil millones en créditos que iban para productores del campo, pero terminaron en manos de grandes empresas. Cualquier parecido con el Agro Ingreso Seguro de Andrés Felipe Arias no es simple coincidencia, tienen el mismo origen: un gobierno uribista dedicado a regalarles plata a manos llenas a sus amigos los empresarios. (Ver noticia).

Hiede a corrupción a diestra y siniestra, pero desde esta humilde tribuna de opinión solo estamos autorizados para confiar en que luego de haber aplicado el merecido castigo que le corresponde a la alcaldesa de Bogotá por andar de comprar no autorizadas con su señora, el fiscal Francisco Barbosa logre por fin sacar tiempo y se ocupe de algunos de los casos de corrupción más sonados que agobian a esta Colombia enferma de tanto uribismo nefasto galopante.

DE REMATE: Aquí entre nos, ¿a qué obedece que los entes de investigación luzcan tan ágiles ágiles en castigar la corrupción del gobernador del Chocó o el alcalde de Calarcá, pero a la gobernadora del Atlántico Elsa Noguera con sus latas de atún a $19.000 ni la tocan?

lunes, 20 de abril de 2020

Mi hermano "el narco"




Hay temas que uno cree haber abordado una sola vez para superar un trance vergonzoso de la vida, pero hay seres despreciables que pretenden hundirnos hasta lo más profundo de las entrañas un puñal untado de su propia infamia. Es cuando comprendemos que no queda opción diferente a la de regresar al asunto, pues se trata de salvar el bien más preciado que tenemos: la honra.

Vergonzoso no porque el suscrito haya actuado mal, sino por haber contado con la mala fortuna de un pariente que anduvo en malos pasos, para más señas un hermano conocido de autos como Francisco Javier Gómez Pinilla, médico de profesión, a quien hace más de veinte años la justicia le probó haber sido contratado por una red dedicada al narcotráfico mediante la modalidad de transporte de su carga con ‘mulas’ humanas.

¿Y cómo operaba esa contratación? Consistía en que antes del viaje de las ‘mulas’, en su condición de galeno vigilaba que la ingestión en sus estómagos de cierta cantidad de cápsulas de cocaína recubiertas de látex se hiciera sin ningún contratiempo para la salud de las portadoras de esa droga. Por esa “asesoría médica” él se ganaba un dinero extra, y no fue una sino varias veces, hasta que un seguimiento que hizo el DAS culminó con su captura y la de los demás miembros de dicha banda.

Eso fue lo que ocurrió, muy diferente a la versión delirante que cada ocho días suministra un sujeto sub judice conocido como Ernesto Yamhure, -uribista para más señas- quien hasta agosto de 2011 se desempeñaba como columnista de El Espectador y huyó del país después de que se supo que sus columnas eran revisadas por el comandante de las AUC, Carlos Castaño (Ver noticia), de quien no ha negado jamás sus entrañables vínculos y por los que sigue sin rendir cuentas a la justicia.

Este individuo falaz se identifica en sus comentarios como rdarioe54_21197 y ha venido ejerciendo contra mí una persecución obsesiva, que he puesto en conocimiento de El Espectador a la espera de que se adopten medidas que impidan que continúe con su “asesinato moral” hebdomadario.

En referencia a la vergonzosa situación que ya describí arriba y se ciñe a la verdad procesal, esta es la versión que cada ocho días suministra dicho sujeto: “el hermano del articulista (…) reclutaba mujeres que eran introducidas a la fuerza en un quirófano en el que Gómez Pinilla las sometía a una brutal cirugía para cargar distintas partes de su cuerpo con cocaína”.

Lo cierto es que, si lo descrito ahí fuera verdad, la captura de la banda habría constituido noticia internacional, por las implicaciones que tendría que luego de haber sido sometidas a tan salvaje procedimiento, o sea durante el post operatorio, esas mujeres no dieran aviso a las autoridades pero sí pasaran sin despertar sospecha los rigurosos control de inmigración, tanto en Colombia como en Estados Unidos.

Es obvio que el propósito de Yamhure -de quien me declaro víctima y reclamo de este diario medidas que protejan mi buen nombre- es lograr que los lectores pongan en duda mi honestidad profesional.

La primera vez que me vi obligado a defenderme de este crápula fue en columna titulada Línea directa con la infamia, donde brindé claridad en que “no existe el delito de consanguinidad y Yamhure lo sabe, pero se le ha ocurrido que en mi caso sí. Por tal motivo, es pertinente preguntarle si dicha presunción de culpa cobija también al expresidente Álvaro Uribe por cuenta de su hermano Santiago, hoy preso no por traficar con coca, sino por comandar un grupo paramilitar autor de múltiples e inocultables homicidios”. (Ver columna).

Trato aquí de nuevo el tema porque esa primera vez fue hace cuatro años y la gente tiende a olvidar, y en tal medida podría entenderse como “el que calla otorga”.

Lo llamativo del asunto es que el miércoles pasado cambió el objeto de su persecución: a raíz del segundo despido de Daniel Coronell de Semana, afirmó en comentario a mi columna que “un día después de una publicación que yo provoqué en La Otra Verdad, la revista de Pedro Juan Moreno que contaba cómo Coronell le quería robar al Estado cerca de 20 mil millones de pesos, el columnista buscó a Yamid Amat en su lecho de enfermo para que le hiciera una entrevista en la que decía que se iba del país por amenazas”.

Es un hecho comprobable que Moreno y Yamhure eran amigos, incluso escribió una columna donde lamentó su muerte y la atribuyó a un “error humano”. Ahí cita al entonces director de la Aerocivil, Fernando Sanclemente (el mismo al que le descubrieron un laboratorio de coca en su finca) quien “reveló que la investigación sobre el accidente no ha sido objeto de cuestionamientos o demandas, lo cual confirma la seriedad y veracidad de ésta”. (Ver columna).

La importancia de esta confesión reside en que al haber dejado de actuar desde el anonimato y revelar su verdadera identidad “quizá pudiera hacérsele responsable del atentado sistemático que ha ejercido contra mí”, como dije en comunicación que en días pasados le dirigí a don Fidel Cano, director de El Espectador.

Ya en ocasión anterior le había preguntado si era posible que Yamhure fuera bloqueado para que se le impidiera continuar sus ataques, y la respuesta que recibí fue esta: “solo se puede borrar un usuario si este lo pide”. Pero fue antes de que el perseguidor mostrara el que parece ser su verdadero rostro, y en consecuencia pienso que tal vez ahora sí sea posible recibir de El Espectador una respuesta que contribuya a que algún día por fin se acabe tan infame y criminal acoso.

DE REMATE: Esta columna se tituló Mi hermano "el narco", no por masoquista, sino porque soy consciente de que para zanjar tan enojoso asunto debo actuar con la verdad por delante: el pariente en mención anduvo en tratos con narcos y en consecuencia le cabría esa definición. Pero debe quedar claro que hace muchos años pagó su deuda con la justicia. El que sí tiene pendiente dar explicaciones sobre sus vínculos con Carlos Castaño (un asesino comparable con Pablo Escobar), es Ernesto Yamhure. Qué curioso además que haya recrudecido sus ataques viscerales contra mí, que no tengo ni una infracción de tránsito, justo tras la publicación del libro Los secretos del asesinato de Álvaro Gómez, donde doy una versión diferente a la que ha querido hacer creer la extrema derecha…

martes, 14 de abril de 2020

Entrevista al autor de Los secretos del asesinato de Álvaro Gómez




El periodista Jorge Gómez Pinilla iba a presentar el lunes 16 de marzo su libro Los Secretos del Asesinato de Álvaro Gómez Hurtado en la Librería Lerner de Bogotá, pero el evento fue cancelado debido a la declaración de alerta amarilla en Bogotá por el Covid-19.

Aquí el autor cuenta algunos de los secretos del libro, a solicitud de Julio Sánchez Cristo.