martes, 18 de enero de 2022

Petristas, el enemigo no es Alejandro Gaviria

 


Tomado de El Espectador 

En días pasados el exvicepresidente y hoy candidato al Senado, Humberto de la Calle, publicó un trino en respaldo a Alejandro Gaviria, producto de un encuentro callejero entre ambos. Lo primero que sorprendió fue la reacción acalorada de muchos petristas, atacando a uno y otro o volcándose allí en masa a responder con videos y consignas a favor de su candidato, Gustavo Petro. (Ver trino).

Ante esto mi amigo y tuitero Andrés Calle Noreña me envió por Whatsapp una reflexión que quiero compartir aquí, pues muestra las consecuencias que puede traer el disparar contra alguien que, al pretender debilitarlo, termina por debilitar la causa que defendemos. Y dice así:

“Increíble ver los comentarios que hacen por el encuentro de Alejandro Gaviria y De la Calle. No se dan cuenta de la importancia para el país de tener un senador como este último. Ni de la necesidad de que a la Coalición Centro Esperanza le vaya bien con Gaviria.

Qué miopía y qué soberbia la de los petristas, están convencidos de que van a ganar en 1ra. vuelta. No se dan cuenta de que es importante ver quién conviene para competir en 2da. vuelta. De que, si se repite el escenario del 2018, Petro podría volver a perder.

No son conscientes de la necesidad que tenemos los demócratas de que a 2da. vuelta pasen dos candidatos que estén comprometidos con apoyar, defender y sostener los Acuerdos de paz, para que la elección presidencial no se convierta en otro plebiscito, para que la paz no quede pendiente o el uribismo acabe de hacerla trizas.

Se niegan a captar que si hay una segunda vuelta con dos candidatos que apoyen la paz (que no sea ninguno impuesto por Uribe), al que gane, lo van a dejar gobernar. Se va a poder tener una oposición racional. Y tener proyectos de país, por encima de personalismos, de partidos, de componendas”.

En coincidencia con Andrés Calle, dije en alguna columna anterior que “la urgencia histórica está en lograr que así no lleguen unidos a primera vuelta, la izquierda y el centro logren propinarle una derrota al ya desgastado Centro Democrático, impidiendo que pase uno de los suyos a segunda vuelta”.

¿Qué pasaría en un escenario donde los enfrentados fueran Gustavo Petro y el candidato del uribismo? Primero, que al Establecimiento le quedaría mamey revivir el miedo al “totalitarismo” de Petro o fortalecer como opción dañina el voto en blanco, para nada descartable si de nuevo fuera Fajardo el tercero en la contienda, pues volvería a jugar a favor del triunfo del candidato derechista. O sea, a favor del Establecimiento. ¿Por qué? Porque detesta a Petro.

Por eso hay que aplaudir que Humberto de la Calle y Alejandro Gaviria estén haciendo campaña juntos para destronar a Fajardo de la preferencia electoral y derrotarlo en la consulta de marzo, y el petrismo en lugar de atacarlos debería inclinarse más bien por practicar una sana -incluso alegre- competencia entre afines a los que en un mediano plazo se les puede necesitar.

Supongamos que en una eventual segunda vuelta entre Petro y el candidato de la derecha, gane Petro. ¿Qué pasaría? Que los que quedaron de segundos no solo le harían ingobernable su mandato, sino que acudirían de nuevo, como lo hicieron con Juan Manuel Santos, a aplicar la consigna laureanista de “hacer invivible la Republica”. En síntesis, serían otros cuatro años de pesadilla.

En cambio, ¿qué pasaría si el 29 de mayo la segunda vuelta fuera entre Petro y el candidato del centro? Bueno, depende.

Depende de si al que le toque enfrentar sea Fajardo o Alejandro Gaviria, porque si fuera el primero, este pechito votaría a ojo cerrado por Petro. Si fuera el segundo, sin importar quién gane, esas dos fuerzas políticas sentarían las bases para el desarrollo armónico de un gobierno estable, sobre los rieles institucionales de una gestión ejecutiva versus una oposición encarnada en la segunda más alta votación.

En resumidas cuentas, a donde quiero llegar es a que si el candidato ganador de la consulta fuera Gaviria y no Fajardo, el primero tendría más posibilidades no solo de derrotar en primera vuelta al candidato de la derecha, sino de contribuir a hacer de Colombia un mejor país como jefe de la oposición después del 7 de agosto de 2022.

Hasta hace un tiempo breve el suscrito columnista estaba seguro de que su voto el 13 de marzo en la consulta del Pacto Histórico sería por Petro, pero he recapacitado, en los siguientes términos:

Es un hecho indubitable que el exalcalde de Bogotá pasará a segunda vuelta, así que puede resultar más conveniente darle a mi escogencia la categoría de voto útil. Hablo desde una orilla más cercana a la izquierda liberal representada en Petro, que al oficialismo liberal del que proviene Alejandro, mientras que la opción Fajardo solo me produce la más profunda desconfianza.

La urgencia del momento, entonces, es impedir que el candidato de la derecha pase a segunda vuelta. En busca de dicho objetivo, anuncio desde ahora mi voto por Alejandro Gaviria en la consulta del centro el próximo 13 de marzo.

Fin del comunicado.

Post Scriptum: El único aspecto positivo para Iván Duque cuando abandone la Presidencia, es que podrá recuperar el color natural de su pelo teñido. También podrá ponerse a dieta, para rebajar de peso y que dejen de compararlo con un cerdo. De resto, la indignidad de su mandato espurio lo acompañará a donde vaya.

@Jorgomezpinilla

martes, 11 de enero de 2022

Hoy la procesión va por fuera

 


Tomado de El Espectador 

El refrán según el cual “la procesión va por dentro” significa que cuando uno tiene problemas, los debe afrontar con resiliencia, entendida como la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias difíciles o traumáticas.

Si la expresión tenía sentido antes del COVID, cuando este llegó y obligó a la gente a encerrarse en sus casas como presos domiciliarios, todos teníamos motivos de sobra para andar de quejosos. Pero callábamos, porque el que se quejaba aparecía como el débil del paseo.

Sea como fuere, si la vida de un escritor se reduce a contar historias, hoy quiero contar la mía.

La cuarentena comenzó el lunes 23 de marzo de 2020, justo el día previsto para el lanzamiento de Los secretos del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado. En entrevista que sostuve el viernes anterior con la W Radio, Julio Sánchez Cristo lo definió como “el libro del momento”. Lamentablemente, tan decisiva contribución a aclarar el magnicidio quedó embodegado en las librerías del país.

Esto obligaba a la gente a la compra virtual del libro, y a las editoriales a promocionarlo por esta vía. Y se hizo la tarea, a la que contribuyeron personas valiosas como Matador, Lucho Garzón, Ariel Ávila o Ramón Jimeno. Así, en el curso del encierro se vendió la primera edición. A cuentagotas, pero se vendió.

Ahora bien, por los primeros días de octubre estábamos preparando una segunda edición, que coincidiría con el regreso de la gente a las calles… cuando salen los ex-Farc a “confesar” que ellos habían matado a Gómez Hurtado; y el desmovilizado Julián Gallo en persona, alias ‘Antonio Lozada’, dijo que él se había encargado de esa vuelta y que la orden la había recibido del ‘Mono Jojoy’ (muerto), y la habían ejecutado cuatro comandos de la Red Urbana Antonio Nariño (muertos).

Para no desviar la atención, aquí se pueden documentar al respecto: ver columna.

Adonde voy es a que, si no se hubiera atravesado la cuarentena, durante el tiempo que esta duró se habrían podido vender al menos tres ediciones del libro, gracias a lo atractivo del tema y al libre acceso físico de los lectores a las librerías. Y si luego no se hubieran atravesado las Farc con su autoinculpación sin ninguna prueba material, otro ‘gallo’ habría cantado para el libro. Conclusión, somos esclavos del azar y este define todas las circunstancias, a favor o en contra.

Hablando precisamente de lo azaroso que es vivir, este mismo albur aleatorio me llevó a conocer a un empresario santandereano de izquierda, rara avis, a quien con el paso del tiempo y de la amistad le solicité su apoyo para la creación de un portal web de integración regional, que fomentara el sentido de pertenencia regional y afianzara valores autóctonos. Pero él me salió con que yo para qué me ponía a escribir solo para un círculo reducido de “pingos” -así lo dijo-, si como periodista de reconocimiento nacional podía pensar en un medio de cubrimiento universal, que incluyera tanto a Colombia como a Santander.

Y así nació El Unicornio, que se sostuvo gracias al apoyo del generoso paisano desde su lanzamiento el domingo 5 de octubre de 2019, hasta el aciago jueves 11 de febrero de 2021 en que el COVID se llevó a nuestro mecenas y nos dejó huérfanos. De nuevo, el azar se atravesaba.

Desde ese día los lectores de El Unicornio se han visto importunados por más de una Vaki, pero fue la salida que tuvimos ante la ausencia del “proyecto de empresa” que mi buen amigo el exalcalde Lucho Garzón nos aconsejó y que todavía no he sabido acatar, quizá por falta de experiencia en el competido mundo del mercadeo o los negocios corporativos.

Pero sí me precio de ser un tipo creativo, circunstancia sin la cual el suscrito no habría logrado sobrevivir, sobre todo en un mundo donde hasta el mejor amigo bogotano, carcomido de la envidia frente al provinciano, estaba atento al momento en que pudiera clavarte un puñal por la espalda.

Mi urgencia como escritor hoy se centra en mostrar una obra literaria antes del inaplazable óbito, y en tal tarea se pergeñan trazos. Pero a toda hora se atraviesa lo prioritario, o sea la supervivencia económica. Es entonces cuando el periodista y persona natural que se desempeña como independiente debe acudir a la creatividad como fuente de sus ingresos, tanto para llenar la nevera como para pagar el proyecto periodístico donde ha puesto todas sus complacencias.

En el terreno de lo creativo, precisamente, en días pasados le propuse al director de un importante medio la realización de un evento ligado a la coyuntura nacional. Y tanto le gustó que, desde una perspectiva más visionaria, lo concibió como algo de carácter internacional.

Esto me llenó de profunda emoción, porque vislumbraba que la realización anual de dicho evento se constituiría en tabla de salvación para El Unicornio, como proyecto empresarial y como portal de periodismo independiente.

Pero fue cuando me dejé traicionar por la inteligencia emocional y, llevado por la agitación, compartí un documento inicial de trabajo con alguien que había previsto como idóneo para encargarse de la logística, por su vasta experiencia en la producción de eventos. Y cuál no sería mi sorpresa cuando días después esa persona estaba dando pasos de animal grande para apoderarse del proyecto, hacia el objetivo de ofrecerme más adelante una “participación mediante acta a perpetuidad”. El intento de usurpación de mi idea original comenzó con la compra anticipada de un dominio, convencido tal vez el usurpador de que la necesidad que yo mostraba y los contactos financieros que él tenía, serían suficientes para que le aceptara recibir tan solo una chichigua del negocio.

Cuando le conté a un colega de tan abusiva circunstancia, este con su habitual ingenio aseguró que “el tipo pretende apoderarse de su casa y en gesto de generosidad ofrecerle a usted una habitación para que viva ahí”.

Hoy estoy en la tarea de enmendar esta y otra embarrada que, quizá llevado por la ansiedad, alcancé a cometer. Es por ello que acudo a la comprensión y la posible empatía -no solo del lector sino de los hasta ahora involucrados en el mentado festival internacional en ciernes- para que se entienda por qué dije desde el título que “hoy la procesión va por fuera”.

Porque, llevados por una conmoción pasajera, a veces cometemos errores que luego tratamos de enmendar. ¿Cómo? Gracias a otra circunstancia del azar que aquí pretendo tornar favorable, como es la de contar con esta tribuna en El Espectador para expresar un mea culpa.

Y “el que tenga oídos para entender, que entienda”.

@Jorgomezpinilla

miércoles, 5 de enero de 2022

Si no es Petro, ¿quién?

 


Tomado de El Espectador

En el remate de mi columna de hace quince días dije que mi corazón estuvo dividido entre Gustavo Petro y Alejandro Gaviria, y que había anhelado una segunda vuelta electoral entre ambos, pero “esta posibilidad hoy se diluye ante la insoportable levedad argumental de Gaviria, algo que al parecer ya no tiene reversa. En tal medida, tocará jugársela toda por Petro en busca de un cambio estructural para Colombia, aunque haciendo votos para que en su equipo no se cuele gente torcida o indeseable”. (Ver columna).

Un reconocido colega al que tengo en muy alta estima, me hizo una primera anotación por Whatsapp que desembocó en el siguiente diálogo:

-   - “Que columna tan particular. Muestras en 15 párrafos lo inconsistente y desleal que es Petro, para concluir en la última línea que debemos votar por él”.

-     - Puede sonar contradictorio, pero ahí intento explicar que, si no es posible con Alejandro Gaviria, tocará con Petro. Es que no veo a otro. A Fajardo le cargo la misma desconfianza que quizás usted le tiene a Petro”.

-          - Tampoco confío en Fajardo.

-         -  Bueno, parece entonces que somos dos Alejandrogaviristas camuflados... 😁

-          - Petro no es capaz de controlar el colegio electoral del Pacto Histórico, compuesto por cinco hombres suyos. Ni a su jefe de prensa.

-         - Estoy de acuerdo con usted, pero respóndame a esta pregunta: si no es Petro... ¿quién?

-          - Me temo que voy a terminar votando por Petro y arrepintiéndome el resto de la vida”.

Ocho días después, en columna titulada Rodolfo es otro “prostituto” de la política, dije al final: “Si después de retirar su aspiración o de haber sido derrotado en primera vuelta, a Rodolfo Hernández le diera por buscar la gobernación de Santander, en ese eventual escenario -y solo ahí- este pechito estaría dispuesto a apoyarlo. Como dice el refrán, “no hay mal que por bien no venga”.

Frente a esto un colega diferente al anterior, al que también tengo en alta estima, me dijo por teléfono: “usted no es una hueva sino dos huevas. Dice que Rodolfo Hernández acude a negociaciones corruptas para armar su lista a la Cámara, pero al final anuncia que votaría por él para gobernador. ¿Qué le pasa?”.

Lo de Petro queda de algún modo explicado en el diálogo arriba expuesto, y parte de considerar que -lamentable o favorablemente, dependiendo de la orilla donde estemos- no se ve en el abanico de candidatos quién pueda dar el urgente viraje hacia la verdadera justicia económica y social que Colombia está reclamando a grito herido, diferente a Gustavo Petro.

Nadamos en un mar de corrupción, violencia y criminalidad desbordada, que ha servido como caldo de cultivo para que el proyecto conocido como Pacto Histórico se fortalezca, pero este navega sobre aguas embravecidas y está conducido por un timonel que últimamente ha dado extraños bandazos, todos al parecer orientados a ganar a como dé lugar en la primera vuelta.

Aquí se ha dicho que Petro ostenta el mejor programa de gobierno, aunque preocupa que no tenga detrás suyo un equipo sólido, que brinde confianza en la conducción del Estado. Se aprecia además una especie de pelotera entre su círculo más cercano, en parte por una confusa conformación de sus listas, en parte por la presencia de un pastor evangélico de corte homofóbico en sus filas, en parte por asuntos como haber nombrado directora de sus Comunicaciones a una señora que venía de apoyar a Carlos Fernando Galán a la alcaldía de Bogotá y que utilizó su cargo para encumbrar a un actor de la farándula en la política de su departamento. Y luego se retiró. (Ver columna).

Ya en lo referente a Rodolfo Hernández, hace quince días hablé de la delicada situación que se le presenta a Colombia cuando “un señor gritón y cascarrabias -pero muy popular- decide meterse a la contienda electoral por la Presidencia, en lugar de hacer algo más provechoso para todos: buscar la Gobernación de Santander, en consideración a que es el único en condiciones reales de enfrentar al poderoso clan Aguilar”. (Ver columna).

Partiendo de esta cita, quise convencer al otro colega amigo de que yo no había sido una ni dos huevas. Visto desde el ángulo de la frialdad analítica, es paradójica verdad que el político santandereano que mejor maneja un discurso contra los corruptos -sin que eso signifique que no lo sea o haya intentado serlo- es el único que reúne no solo el prestigio sino las posibilidades reales de hacerse elegir gobernador de Santander.

Después de que el proyecto de Leonidas Gómez se quemó en la puerta del horno y de que Emiro Arias prefirió lanzarse al Senado en lugar de recoger las banderas de Leonidas, no aparece ningún otro santandereano -excepto el exalcalde Fernando Vargas, aunque no parece interesado- que logre sacar con un vigoroso golpe de urnas a la nefasta familia Aguilar del manejo corrupto que sus miembros y asociados, todos a una, le vienen dando a las arcas públicas de Santander.

Respeto por supuesto la decisión de Emiro, pero sospecho que tanto él como Rodolfo Hernández no se atrevieron a buscar la gobernación porque no se creen en condiciones de competir, debido a que son conscientes de que Santander ha sido tomado definitivamente por lo que el profesor Germán Ayala llama un ethos mafioso, el mismo que hoy se hace sentir desde la mismísima presidencia de la República, pasando por la cúpula de las Fuerzas Militares y contaminando todos los ambientes de ahí para abajo.

¿Cuál creen acaso que es el departamento más corrupto de Colombia? Santander, exactamente.

Con base en todo lo anterior quise desarrollar estas líneas, cuyo objetivo ulterior buscar aclarar razonables inquietudes y dar respuesta a dos preguntas:

1.)    Si no es Petro a la presidencia, ¿quién?

2.)    Si no es Rodolfo Hernández a la gobernación de Santander, ¿quién?

Post Scriptum: En estos días de revocatoria de la alcaldía de Medellín conviene poner el ojo retrovisor sobre una columna de María Jimena Duzán donde habló de la destitución de Álvaro Uribe Vélez como alcalde de esa ciudad en 1982, por nexos con el narcotráfico. (Ver columna). Y si se piensa en impedir un cuarto período suyo como presidente mediante otra persona interpuesta, convendría conocer a fondo el entorno mafioso que siempre ha rodeado su árbol genealógico. (Ver video).

sábado, 1 de enero de 2022

El NO de Nany Pardo y la sororidad femenina

 


Tomado de El Unicornio

El pasado miércoles 22 de diciembre escribí una columna titulada Queríamos tanto a Nany, donde expresé mi decepción ante un caso de tráfico de influencias consistente en que la “directora de Comunicaciones” (así se hacía llamar) de Gustavo Petro intrigó para sacar de la cabeza de lista a la Cámara de Representantes por el Pacto Histórico en Atlántico al abogado Miguel Ángel del Río, poniendo en remplazo a su hoy supuesto exesposo, el actor Agmeth Escaf.

La única vez que me dirigí a María Antonia Pardo en los últimos meses fue cuando quise proponerle al Pacto Histórico una idea desde El Unicornio, consistente en que una joven liberal integrada a la campaña de Alejandro Gaviria, Marla Gutiérrez, tuviera un encuentro virtual con Gustavo Petro, y fuera el punto de partida para una serie de encuentros similares con los demás candidatos. Esto, para el canal de Youtube de nuestro portal.

¿A qué obedecía mi interés en comenzar con Petro? A que yo quería darles brillo a las ideas de los dos candidatos más cercanos a mis preferencias, el exministro de Salud y el exalcalde de Bogotá. ¿Qué debía hacer la directora de Comunicaciones? Transmitirle la idea a su jefe, el candidato.

¿Y ella qué hizo? Responder en estos términos: “Yo le puedo preguntar, claro que sí. Imagino que dirá que no”. Digámoslo sin ambages, a la redacción de El Unicornio no le interesaba saber qué imaginaba ella, sino tan solo que transmitiera el mensaje. Pero ese “imagino” dejaba ver a las claras que era ella quien se abrogaba la facultad de decidir, pues en su infinita sabiduría ya sabía qué respondería su jefe.

En todo caso, actuando con profesionalismo, cerré con ella el chat de Whatsapp en estos términos: “Quedo atento a la amable respuesta de Gustavo Petro, en caso de que pueda disponer de unos minutos la semana entrante. Saludo cordial, querida Nany”. Peto el mensaje como era de “imaginar” nunca llegó a su destinatario -lo sé de buena fuente- y las cosas quedaron de ese tamaño.

A raíz de la publicación de mi columna en El Espectador, Nany Pardo no solo procedió a bloquearme (¿una directora de Comunicaciones que bloquea a medios críticos?), sino que envió a sus fans este trino sinuoso: “Tal vez algún día cuente a qué se debe esta columna (que no es más que un acto de venganza del señor que no soporta recibir un NO por respuesta). Por eso lamento que @fidelcano se haya prestado para publicar algo tan ruin, tan despreciable”. (Ver trino).

Sinuoso, sí, porque no cuenta qué fue lo que yo le pedí y que ella no me quiso dar, con lo cual daría a entender que se avergüenza, como si hubiera sido una solicitud de tipo sexual. ¿Por qué deja la duda sembrada? Porque su interés no era responder a los señalamientos que le hice en la columna -quizá porque no los puede responder- sino dejar la duda sembrada: algo así como “el tipo me lo pidió y no se lo quise dar, ese es el motivo de su venganza”.

Así pretendió enterrar la tesis central de mi columna, a saber: María Antonia Pardo se valió de su poder para intrigar contra el ilustre abogado Miguel Ángel del Río, quien había sido designado para encabezar la lista del PH a la Cámara por Atlántico; y poner en su remplazo al actor Agmeth Escaf, cuyo más grande mérito es haber sobresalido en el mundillo de la televisión".

A eso se le llama tráfico de influencias, uso indebido de sus atribuciones desde un cargo al que llegó después de haber criticado hace unos años a Petro y de haber apoyado -en 2019- a Carlos Fernando Galán para la alcaldía de Bogotá.

¿Por qué Gustavo Petro lo ubicó allí a sabiendas de lo anterior? Averígüelo Vargas, averígüelo Daes, averígüelo Char…

Algo muy criticado por algunas de sus fans -en modo matoneo- fue que yo hubiera citado un artículo de El Espectador titulado La infidelidad de Agmeth Escaf, donde se cuenta el “novelón” consistente en que en 2014 embarazó a la periodista Adriana Berrío y justificó lo ocurrido en que fue “bajo los efectos del alcohol”, algo “sin importancia en mi vida amorosa”. La primera que en defensa de Nany saltó al ruedo fue la colega Andrea Aldana, con esto: “Qué columna tan misógina y machista, Jorge. Terrible como sacas de argumento un episodio de la vida privada de @NanyPardo (…). Un asunto que aporta nada y sí destila veneno de tu parte. Vaya decepción”. (Ver trino).

Como este fueron otros más -quizá decenas- los trinos que en coro de comprensible sororidad femenina hacían la misma acusación, “misógino y machista”, frente a lo cual expuse como legítima defensa lo que esos lamentos querían ocultar: que era el señor Escaf -no yo- quien se había portado como todo un machista cuando en lugar de agachar la cabeza por lo ocurrido, le echaba la culpa a unos tragos de más y agregaba con patético descaro que ese embarazo había sido algo “sin importancia” en su vida amorosa. Y me atreví a preguntar: ¿qué habrá sentido la madre de su hijo ante una declaración tan discriminatoria por parte del actor, tan falta de hombría?

Esta columna -la de hoy en El Unicornio, aquí y ahora- no habría visto la luz si no fuera porque un amigo de Facebook, de nombre Carlos Iriondo (¿es infidencia revelarlo?) me hizo caer en la cuenta de que yo estaba en la obligación de exigirle a María Antonia Pardo precisar a qué se refiere cuando afirma que todo había fue producto de una “venganza” porque no me quiso dar lo que yo le había pedido. (Ver post de FB). Y agregaba Iriondo, muy orondo: “No demora en regarse el asunto”.

Fue profético su anuncio, porque el asunto en efecto se regó, y fue por ello que me vi en la obligación de escribir esta columna.

Ya para rematar, cuando la señora Pardo le preguntó al director de El Espectador por qué se había prestado para publicar “algo tan ruin, tan despreciable”, así respondió don Fidel Cano: "El Espectador no orienta a sus columnistas sobre los tópicos respecto de los cuales deben opinar, ni determina el sentido de esa opinión, ni mucho menos interviene en la investigación que los columnistas hagan para sustentar sus opiniones. Máximo podría decir "no me gustó". (Ver trino).

Aquí entre nos, cualquiera que se precie de ser un buen profesional de la comunicación tiene claro que El Espectador no ejerce censura –menos la que exigía doña Nany- sobre la libre opinión de sus columnistas.

Rodolfo es otro “prostituto” de la política

 


Tomado de El Espectador

Una faceta que no se le conocía a Rodolfo Hernández era la del cinismo, y esta salió a relucir cuando en días pasados le dijo a algún medio: “nada de alianzas, porque es negociar y no quiero eso. Es un negocio entre políticos y en el fondo son contratos y puestos”.

Lo que no contó es que por poner como cabeza de su lista a la Cámara en Santander a una ficha de Édgar ‘el Pote’ Gómez, recibió de éste 400 millones de pesos, según reveló La Silla Vacía. El aportante es un político liberal que estuvo preso y tras salir de la cárcel se vinculó a Convergencia Ciudadana, partido de origen paramilitar liderado por Luis Alberto ‘el Tuerto’ Gil. Estando allí, en 2002 apoyó la campaña presidencial de Álvaro Uribe.

La ficha del ‘Pote’ se llama Érika Tatiana Sánchez y es una contratista de mediano perfil, sin ninguna trayectoria política destacada. Es evidente que para su inclusión en la lista hubo un negocio con un político corrupto, y el cinismo reside en que dos años atrás el mismo Rodolfo había dicho de ella que es “la candidata que hace parte de la banda que se robó a Bucaramanga”. En esta foto, tomada en agosto del presente año en Bucaramanga, se les ve concretando el cruce.

Pero ahí no para la cosa, porque después de que Érika salga elegida, deberá aportar el 10 por ciento de su sueldo a la eufemística Liga de Gobernantes Anticorrupción (LIGA). Así lo revela Miguel Ángel Pedraza en columna para Vanguardia. En este contexto, vale citar al mismo Rodolfo cuando afirma que “el que paga para llegar, llega para robar”.

En otra de sus histriónicas declaraciones, afirmó que “no me uniría a David Barguil. Eso son las mismas prostitutas en diferente prostíbulo. No recibo a ninguno”. Entonces, habría que preguntarle si recibir dinero por incluir gente sin ningún mérito en sus listas clasifica como prostitución política. Ahora bien, el título de mi columna apunta a otro lado.

Hoy las encuestas muestran que Rodolfo está de tercero, después de Petro y del voto en blanco. Esto se traduce en que estamos frente a un político “cotizado”, con un capital en votos para nada despreciable a la hora de pactar alianzas, sin las cuales nadie se hace elegir presidente.

No creo que la estupidez colectiva en Colombia llegue hasta el punto de que este nuevo Abdalá Bucaram pase a segunda vuelta, pero sí lo veo después de la primera “negociando” los votos que haya obtenido con los dos eventuales oferentes que hayan quedado de primeros. ¿Quién da más?

En todo caso, la presencia de Rodolfo Hernández en la contienda por la presidencia podría terminar siendo dañina para la vida democrática de la nación. Dañina en cuanto tóxica, y esa toxicidad se manifiesta cuando acata las instrucciones de los mismos estrategas argentinos que lo llevaron a la alcaldía de Bucaramanga y que le hablan de revolcar las emociones del pueblo con frases agresivas, acudiendo incluso a los insultos contra los que señala de ser los malos del paseo.

Lo preocupante es que los votantes de Hernández pertenecen al mismo sector “indignado” de los que tienen a Petro en el primer lugar de las preferencias, donde el elemento coincidente es el rechazo y la rabia colectiva contra el gobierno uribista de Iván Duque.

Por cierto, es llamativo que a Rodolfo le encanta mover imaginarios con el tema prostitución. Durante la última campaña a la alcaldía de Bucaramanga dijo del entonces candidato Sergio Isnardo Muñoz que “lo han manoseado más que a prostituta de Puerto Wilches”. Y en entrevista que le hice para El Espectador, afirmó que “para gobernar solo se necesitan huevas”.  (Ver entrevista).

¿Por qué le gusta recurrir con tanta frecuencia a expresiones procaces, propias si acaso de un rufián de esquina? Porque eso les fascina a las masas de conciencia primitiva, que son mayoría, las cuales interpretan su beligerancia como que este sí es un verdadero macho, igualito al macho que años atrás se grabó a sí mismo diciéndole a grito herido a un subalterno suyo que ¡le voy a dar en la cara, marica! Hoy Rodolfo sigue tan fielmente ese libreto, que ya le dio en la cara a uno.

En consecuencia, le cabe razón al muy activo líder social Julio César González, más conocido como Matador, cuando afirma que “Rodolfo Hernández es un corrupto más, un culebrero mal hablado, un truhan golpeador. Y eso les gusta a los ignorantes. Por eso eligieron a Uribe”. (Ver trino).

La parte dañina reside en que esos votos de “indignación” que Rodolfo le quita tanto a Petro como al centro, en primera vuelta jugarían a favor del candidato de la derecha uribista, llámese Fico Gutiérrez o Álex Char. ¿Qué pasará con el candidato que surja de la Coalición Centro Esperanza? Es la gran incógnita. Alejandro Gaviria nunca prendió motores, para desdicha del suscrito.

Sea como fuere, la popularidad de Rodolfo terminará por abrir una tronera entre los votos del candidato de la izquierda y el del centro en la primera vuelta, y esos votos a su favor, restados a los dos anteriores, jugarán a favor del que surja de la coalición Equipo por Colombia, abriéndole las compuertas para que pase a segunda vuelta. Mejor dicho, es tan solo gracias a esta “colaboración no pedida” de Hernández que la extrema derecha lograría lo que en su ausencia nunca ocurriría: que un candidato del desprestigiado modelo uribista logre pasar a la segunda vuelta.

Por eso hablo aquí de la delicada situación que se le presenta a Colombia cuando un señor gritón y cascarrabias -pero muy popular- decide meterse a la contienda electoral por la Presidencia, en lugar de hacer algo más provechoso para todos: buscar la Gobernación de Santander, en consideración a que es el único en condiciones reales de enfrentar al poderoso clan Aguilar.

Sin que nadie lo haya preguntado, me atrevería a sugerirle entonces que desoyera el consejo que le dio Víctor López (el mismo estratega español que asesora al presidente del Salvador, Nayib Bukele), respecto a no hacer alianzas con nadie. Y que ante el daño colateral a la democracia que ocasiona su presencia en la contienda presidencial, desistiera de su candidatura para apoyar al candidato que prefiera entre los dos que salgan elegidos de las consultas de la izquierda y el centro, sin importar quién haya obtenido el mayor número de votos. El que mejor le parezca.

Es un hecho demostrable que su aspiración se desinflará después del 13 de marzo, enfrentado a tres poderosas maquinarias electorales y sin respaldo de bancada parlamentaria. Los votos de opinión que tiene no le alcanzan para pasar a segunda vuelta, debido a que su “rabo de paja” es muy grande.

Por todo lo anterior, si después de retirar su aspiración o de haber sido derrotado en primera vuelta, a Rodolfo le diera por buscar la gobernación de Santander, en ese eventual escenario -y solo ahí- este pechito estaría dispuesto a apoyarlo. Como dice el refrán, “no hay mal que por bien no venga”.

Queríamos tanto a Nany…

 


Tomado de El Espectador

El revuelo mediático que produjo la inclusión de la esposa de un parapolítico en la lista del Pacto Histórico a la Cámara de Representantes por Bolívar contribuyó a que pasara casi desapercibido un caso si se quiere de menor envergadura, pero no de menor importancia ética, en Atlántico.

Una inmensa mayoría de atlanticenses seguidores del Pacto Histórico daba por hecho que Miguel Ángel del Río, ilustre abogado del Externado y especialista en criminología, asumiría con sobrados méritos la cabeza de lista. Eso los tenía orgullosos, porque se sentían muy bien representados. Y no fue que Del Río se hubiera acercado a Colombia Humana para proponer que lo pusieran ahí, no: fue el propio diputado Nicolás Petro quien le propuso que declinara su aspiración al Senado, en la que ya estaba inscrito, para “jalonar un proyecto regional que enfrentara las mafias en cabeza de los Char”, según cuenta el mismo Del Río que le dijeron.

¿Y el combativo abogado, qué hizo? Tomó entusiasta la bandera que le propusieron y se fue a recorrer los pueblos, hablando aquí y allá con los habitantes de su propia tierra, para palpar sus necesidades. Es más, la Asamblea de Delegados del Pacto Histórico seccional Atlántico lo eligió como cabeza de lista a la Cámara con 18 votos a favor. Pero esa decisión no fue respaldada por el comité central del PH, y hace cosa de una semana le dijeron que ya no iba más, que debía apartarse del proyecto regional. Y lo dejaron sin el pan y sin el queso, o sea sin Cámara ni Senado. En el asfalto.

Al principio se opuso, con justa razón, por tratarse de un proceder atrabiliario. Ahora bien, para que se viera que no lo animaba un proyecto de vanidad personal, propuso una fórmula salomónica: que la cabeza de lista se le entregara a la mujer que mejor representara a la región. (Ver carta).

Pero eso tampoco les servía, porque -vaya paradoja- detrás del atropello sí había un proyecto personal, el que se traía entre manos María Antonia Pardo con su ex el actor Agmeth Escaf, quien de la noche a la mañana fue catapultado por ella a la política, luego de haber sobresalido durante más de veinte años en el mundillo de la televisión.

En dicha tramoya farandulera, quizá su “actuación” más sonada fue cuando en 2014 asistió como jurado del Reinado de la Ganadería, donde conoció a la periodista Adriana Berrío y luego se supo que esta había quedado embarazada de Escaf, quien justificó su “infidelidad” alegando que todo fue “bajo los efectos del alcohol”, algo “sin importancia en mi vida amorosa”. Su entonces esposa María Antonia disculpó el “error” y dijo que el bebé sería “un Escaf más, que se suma a la familia”. Todo un novelón, cuyo desenlace se dio cuando al año siguiente ella anunció su separación. (Ver noticia).

Miguel Ángel del Río, por el contrario, comenzó a brillar con luz propia cuando asumió la defensa -sin cobrar un peso- de los policías que fueron detenidos por la Fiscalía acusados de haber cometido el “delito” de interceptar las conversaciones del narcotraficante José el ‘Ñeñe’ Hernández que dieron origen al escándalo conocido como la Ñeñepolítica.

En todo caso, no nos llamemos a engaño: el nombramiento de María Antonia -más conocida como la Nany Pardo- como directora de comunicaciones de Gustavo Petro constituyó una sorpresa, que dejó a más de uno boquiabierto, porque años atrás lo había criticado (ver trinos) y porque en la campaña electoral de 2019 apoyó a Carlos Fernando Galán a la alcaldía de Bogotá.

¿Qué significaban esos devaneos anteriores? Que no era una persona digna de fiar para un cargo tan sensible, ahí se requiere a alguien de total “fidelidad” a la Colombia Humana. Por eso, su escogencia fue objeto de dudas y críticas dentro del mismo petrismo.

Dudas y críticas cuya validez hoy se confirman, cuando queda demostrado que ella –“ni boba que fuera”, dirían algunos- utilizó el cargo para beneficio propio, nada menos que para poner a Escaf como cabeza de lista a la Cámara del departamento donde nació, nadie se lo va a negar, pero en el que aterrizó políticamente como paracaidista llegado de “cachaquilandia”.

Diríase entonces que con ese nombramiento a Nany se le apareció la virgen, lo cual remite a mi última columna, donde dije: “En consonancia con la tendencia ‘cristiana’ que ahora se respira en el petrismo, la directora de Comunicaciones publicó en uno de sus trinos una imagen de la Virgen de Guadalupe con esta leyenda: “Gracias, Morenita”. Solo le falta invitar a rezar el rosario en compañía de su ex, el actor Agmeth Escaf, hoy candidato a la Cámara por obra y gracia suya”.

Para ubicar el contexto, yo había criticado la súbita aparición del pastor evangélico Alfredo Saade en la consulta del PH, coincidiendo con Humberto de la Calle en que se trata de “un liberticida y enemigo de la diversidad”. En consideración a que Nany y yo éramos amigos en Facebook, ella respondió -sin mencionar mi nombre- desde el muro de una amiga suya: “Lo que hay en Twitter son trinos míos hablando de La Morenita. Para variar, el señor destilando su mala leche. De él ya nada me sorprende”. A lo cual, le respondí: “Te estás yendo por las ramas, querida María Antonia. El tema de fondo es Agmeth Escaf y Miguel Ángel del Río. Uno que entra y otro que sale, por obra de vuestra benéfica influencia. No desvíes la atención”.

¿Y cuál creen que fue la respuesta de Nany? Bloquearme, en Facebook y Twitter. Esto obliga a una reflexión, pues se torna lícito preguntar si ese sería el trato que les daría a los periodistas y medios críticos desde la dirección de Comunicaciones de la Presidencia ante un eventual triunfo de Petro.

Queríamos tanto a Nany… dije al titular esta columna, porque fue amiga mía durante años, al menos en Facebook. Y yo le había tomado un cariño especial, por inteligente, por sagaz y por bonita. Pero con su ‘torcida’ actuación para sacar de una lista a la Cámara al respetable Miguel Ángel del Río y meter a codazo limpio a su ex, se confirma la sentencia de Lord Acton: “Toda forma de poder corrompe, y el poder absoluto corrompe de forma absoluta”.

Por una noticia de W Radio nos enteramos de que Nany Pardo ya no es la jefa de Comunicaciones de Petro, pero este es un asunto que ya no debe preocuparle: dejó muy bien ubicado a su ex, a un tris de ganarse un sueldazo millonario. Y como reza el dicho popular, “donde come uno, comen dos”.

Post Scriptum: Dije en columna anterior que mi corazón estaba dividido entre Gustavo Petro y Alejandro Gaviria, y que anhelaba una segunda vuelta entre ambos. Pero esta posibilidad hoy se diluye ante la “insoportable levedad argumental” de Gaviria, algo que al parecer ya no tiene reversa. En tal medida, tocará jugársela toda por Petro en busca de un cambio estructural para Colombia, aunque haciendo votos para que en su equipo no se cuele gente torcida o indeseable.

@Jorgomezpinilla

miércoles, 15 de diciembre de 2021

Las jugadas de Petro buscan un gol olímpico

 


Tomado de El Espectador

En entrevista reciente para El Unicornio la analista uruguaya -nacionalizada en Colombia- Laura Gil dio la clave para entender a qué obedecerían las sorpresivas jugadas políticas de Gustavo Petro en los últimos días: “Petro está haciendo todo el esfuerzo para evitar ir a una segunda vuelta, porque sabe que en ese escenario sería todos en contra suya”. (Ver entrevista).

El planteamiento suena razonable y explicaría las aparentes incoherencias en que estaría cayendo el dirigente de la Colombia Humana. Sin embargo, conviene recurrir a la frialdad analítica en busca de averiguar si es conveniente o contraproducente para su proyecto político.

De entrada, diferenciemos entre jugada y treta. Jugada es una “acción destacada que se produce en el transcurso de un juego”. Treta es el “medio que se emplea con astucia y habilidad para conseguir una cosa mediante engaño o trampa”.

En lo deportivo, una jugada es por ejemplo el gol olímpico que le propinó Juan Guillermo Cuadrado al Génova en el cobro de un tiro de esquina. Nos dejó a todos boquiabiertos. Treta, el gol del minuto 95 a todas luces amañado (¡y oso internacional!) durante un partido del torneo nacional entre Lanceros y Unión Magdalena, que ascendió a este último equipo a la primera división.

Ya en lo político, una treta fue la “jugadita” de Ernesto Macías para impedir la intervención de la oposición tras el discurso presidencial al inicio de las sesiones del Congreso en 2019. O Jennifer Arias queriendo engañar a su universidad con una tesis de maestría manchada de plagio intelectual.

A riesgo de ser etiquetado de petrista, diré que el modo en que Gustavo Petro está tratando de atraer a su redil al liberalismo no clasifica como treta sino como una hábil jugada, riesgosa si se quiere, pero de alto calado. Ahora bien, la incorporación del pastor evangélico Alfredo Saade a la consulta sí lleva el acíbar amargo de una treta politiquera, donde coincido con Humberto de la Calle en que “no es posible hacer compatible una plataforma llamada progresista con la incorporación al más alto nivel de un pastor liberticida y enemigo de la diversidad”. (Ver columna).

Lo cierto es que en los últimos meses hemos asistido a una operación fríamente calculada, que apunta a erosionar al Partido Liberal desde adentro y cuyo comienzo se ubica en la adhesión de Roy Barreras, un médico de ideología liberal que se inició en las juventudes galanistas y posee dotes de camaleón: en 2006 es elegido representante a la Cámara por Cambio Radical, en pleno apogeo del uribismo; pero al percibir su declive, en 2009 se hace expulsar y migra al Partido de la U, de Juan Manuel Santos, con tal éxito en su voltereta que fue incluido como negociador en las conversaciones de paz con las Farc. ¿Algo indebido en eso? No señores, “la política es dinámica”.

El siguiente paso lo dio Luis Fernando Velasco, también de las entrañas liberales, quien partió cobijas con César Gaviria y se presentó como precandidato presidencial a la consulta del Pacto Histórico después de anunciar que “el Partido Liberal hoy es una vergüenza”. (Ver noticia).

Pero el gran terremoto -tiznado de escándalo- se dio tras la publicación de una foto donde aparece el exgobernador de Antioquia por el liberalismo, Luis Pérez, en compañía de la líder social Isabel Cristina Zuleta y el abogado Luis Eduardo Parra, este último alguien que viene de menos a más en el petrismo y, al parecer, habría sido el gran componedor de dicho encuentro. (Ver foto).

Hablando de jugadas que nos dejan boquiabiertos, boquiabierta quedó Margarita Rosa de Francisco, así que corrió a preguntarle a Petro: "¿La cosa es un hecho? ¿Cuál sería el trato?” (Ver trino).

En este punto, como dijo el descuartizador de Boston, vamos por partes: el acercamiento de Luis Pérez al Pacto Histórico (¿o fue al revés?) tuvo que ser el resultado de algún trato o acuerdo, sobre un escenario donde de entrada se pensaría que el único beneficiado es Pérez, por el reencauche de su imagen, mientras que el agua sucia pareció llevársela Petro, de quien Federico Gómez Lara afirma que “se olvidó de su pasado y se casó con una nueva consigna: hay que ganar, a como dé lugar. Todo vale. Quién iba a creer que en apenas tres años el líder de la Colombia Humana fuera a convertirse en un aventajado político tradicional”. (Ver columna).

En conclusión, esta última jugada de Petro resultó más osada que la de cualquier avezado tahúr, y la reflexión a la que invita Gómez Lara es si se debe considerar lícito o incorrecto que a estas alturas del partido se acuda a tan arriesgada apuesta -llámese negociación, trato o componenda- con un sector de la política tradicional, y con un solo objetivo: la conquista del poder, cueste lo que cueste.

Si llegara a ser cierto lo que plantea Laura Gil, que Petro cree que si no gana en primera vuelta lo harán perder en la segunda, ¿no se justificaría entonces el intento de atraer al liberalismo a su favor metiendo en la misma canasta del mercado (electoral) a alguien de la entraña liberal como Luis Fernando Velasco, al lado de un camaleónico -pero inteligente y hábil- Roy Barreras, y encimita al muy cuestionado Luis Pérez, todo bajo el loable objetivo estratégico de hacerse a la presidencia y… como dice el refrán campesino, en el camino se arreglan las cargas?

Pese al bajonazo de imagen que ha recibido el Partido Liberal por cuenta de su licenciosa cercanía al gobierno del subpresidente Iván Duque, es innegable que César Gaviria tiene en sus manos un poder inmenso, dependiendo de las decisiones que tome frente a la campaña electoral en ciernes.

Hoy el único aspirante por ese partido es un hombre a mi modo de ver intachable, el exgobernador del Atlántico Eduardo Verano de la Rosa, quien de años atrás pregona la necesidad de concebir a Colombia como un país pluricultural: “que las regiones tengan una entidad territorial y autoridades propias, con una filosofía de gobierno local y planes de desarrollo dentro de un enfoque regional. Sería sin duda una economía más próspera”. (Ver entrevista).

No es de mi incumbencia sugerirle al director del Partido Liberal lo que debe hacer, pero llego a imaginar un escenario donde un día Gaviria (César, no Alejandro) amanece de buenas pulgas y le da por anunciar algo así, palabras más palabras menos: “puesto que Eduardo Verano de la Rosa es el único aspirante por muestro partido y en la coyuntura actual se imponen las coaliciones, lo invito a que participe en la consulta del Pacto Histórico”.

La humilde impresión del suscrito es que en tal caso el único que sobraría -como mosco en leche- en esa consulta sería el impresentable Saade, mientras que la honrosa adhesión del liberalismo en pleno a la causa del Pacto Histórico le permitiría a Gustavo Petro conquistar su anhelado sueño de ser presidente de Colombia en la primera vuelta. Palabra que sí.

Post Scriptum: En consonancia con la tendencia ‘cristiana’ que ahora se respira en el petrismo, la directora de Comunicaciones, Nany Pardo, publicó en uno de sus trinos una imagen de la Virgen de Guadalupe con esta leyenda: “Gracias, Morenita”. Solo le falta invitar a rezar el rosario en compañía de su ex, el muy publicitado actor Agmeth Escaf, hoy candidato a la Cámara de Representantes por obra y gracia suya. (Ver trino). En todo caso, va mi mensaje solidario para Miguel Ángel del Río, a quien eliminaron de la merecida cabeza de lista en Atlántico para poner al actor en el papel “protagónico”.