martes, 19 de octubre de 2021

José Zuleta y su rosario de infidencias

 


Tomado de El Espectador

El asunto es como sigue: el reconocido filósofo y escritor Estanislao Zuleta, autor del famoso Elogio de la dificultad, tuvo tres hijos con María del Rosario Ortiz y uno de ellos solo vino a conocer a su mamá cuando tenía 27 años. Es una revelación de fondo y está en la novela Lo que no fue dicho (Editorial Planeta, 2021), del escritor y poeta caleño José Zuleta Ortiz.

Quizá por la misma insularidad de nuestra cultura en lo regional, solo hasta hace unas semanas supe de su autor, pese a que ha ganado un pocotón de premios de poesía y un Premio Nacional de Literatura en 2009. El libro llegó a mis manos porque lo recomendó con creces una columna de Julio César Londoño. Lo leí y me impactó, por sus revelaciones y por su hondura poética.

Se trata de una novela autobiográfica, aunque nunca sabremos qué tanta libertad le dio el autor a su imaginación. Por ejemplo, cuando cuenta haber sido sometido a cierto juguetón abuso infantil por parte de una dama, descrito con una carga erótica que conquista, que enamora en su economía de lenguaje: “Un día, mientras la acompañaba a doblar ropa en su habitación, propuso que jugáramos el juego de la carpa; consistía en que yo debía entrar bajo su falda y quedarme allí. Ella abría un poco las piernas y me decía: hay que armar la carpa”.

Ella en la novela se llama Catalina. Tratándose de algo autobiográfico, no sería difícil ubicar a quien le dictó a José esas primeras pícaras lecciones de iniciación a la vida adulta. No nos incumbe, de todos modos, pero sí sirve para remarcar que podría tratarse de una infidencia, de las muchas que allí se dejan leer.

Entre esas, que fue circuncidado por orden de su padre – ateo, para más señas-, sin que mediara explicación religiosa o una urgencia de salud. Y le pusieron por nombre el de otro famoso circunciso, José, esposo de María y supuesto padre de Jesús.

Si de infidencias se ha de hablar, una coincidencia a la inversa con el autor está en que también fui circuncidado, aquí sí por motivos religiosos: una ofrenda al Dios de Abraham, el inventor de la circuncisión. Me escogieron para ser el cura de la familia, desde que tuve uso de razón escuché que tenía “vocación sacerdotal” y que “si se esmera, podría ser el primer Papa colombiano”.

Otra coincidencia: a los 15 años cuenta José que se fue de la casa de su padre, convirtiéndose así en “un huérfano con los padres vivos”. A mí a los 11 me mandaron a un internado en otra ciudad (Zapatoca), porque eso iba a “contribuir” a una buena formación sacerdotal. Fui extraditado de mi familia durante cuatro años, era otro huérfano de padres vivos. No valía como hijo, valía como prospecto de cura. ¿Que por qué lo cuento aquí? No sé, tal vez nació bajo el efluvio de esa novela.

En Lo que no fue dicho estamos ante el relato de una existencia fuera de lo común, cuyo punto de partida es el día que José se entera de la muerte de su madre. Y el relato quizás lo asume como una venganza literaria, largamente meditada: “Yo debía contar cómo había sido mi vida sin ella, mi infancia sin ella. Ahora, frente al hecho rotundo de su muerte, mi vida ignorada se impone con una nitidez nueva. Como una vindicación, como una canción que hay que cantar”. La literatura es su refugio, desde allí dispara sus obuses existenciales contra una familia de la que quizá solo se salvan la entrañable abuela, Margarita, y sus dos hermanos.

Y comienza a cantar, con una tonalidad hondamente poética y una riqueza de lenguaje que transforma la escritura en paisajes llenos de colorido, por los lugares de la geografía terrestre y marítima donde va pasando, gracias a una infancia llena de trasteos y luego a su voluntaria condición de nómada precoz.

Con el mismo estilete narrativo describe objetos y seres cargados de belleza sinigual, como esos conejos blancos de ojos rojos a los que cuidaba en un galpón y un día le ordenaron matar 14 para atender el pedido de un restaurante. Pero prefirió liberarlos. Y los conejos regresaron, porque no sabían vivir libres. La literatura como destino, la poesía como lente para ver el mundo.

El libro tiene a veces el tono del Retrato del artista adolescente de James Joyce, a veces el humor cáustico de Woody Allen en Sin Plumas: “El psicoanálisis es una conversación en la que el que habla está acostado mirando al techo y el que oye está detrás y lo que más se le oye decir es “Por hoy dejemos aquí”. (Pág. 78).

Podría de infidente contar otras cosas, pero no se trata de dañarles el final de la película. Lo que sí podemos es adelantar una seguidilla de frases en el mismo orden del libro, son huellas dejadas sobre un camino que conviene recorrer completo:

 “Le escuché a mi abuela Margarita decir que de la vanidad vivimos, la vanidad es el motor de la vida, lo que nos impulsa a ser”.

“Yo seguía creyendo en Dios a escondidas de papá. Suponía que me iría para el cielo. La única preocupación era que a mi padre, por ateo, no lo iban a dejar entrar”.

“Una vez Álvaro preguntó si nuestro papá era comunista. En el barrio circulaba el rumor de que en nuestra casa había reuniones raras y muchos libros”.

“No teníamos televisor, pues era “instrumento de dominación capitalista”.

“Los intelectuales son señores que viven para conversar, para repetir lo que dicen los libros que leen. Lo que más les interesa es tomar trago con los amigos y sentirse todos muy inteligentes”.

“Tenía claro que un hijo es también una prisión. Sabía cuánto se sufren los hijos”.

“Oigo los trenes invisibles donde duerme el niño que no fui”.

“La publicidad es un sueño que no deja dormir (…). Todo el tiempo estábamos haciendo frases absurdas, que nos doblaban de la risa como si estuviéramos trabados”.

“Hoy conocí a mi mamá, quedamos mutuamente decepcionados”.

Moraleja y conclusión, con la lectura de Lo que no fue dicho me pasó como cuando Gabo descubrió en Kafka que estaba permitido decir que Gregorio Samsa una mañana despertó convertido en un monstruoso insecto. Para el caso que nos ocupa, uno descubre que es posible ventilar al sol con nostálgica agonía los trapos de su propia familia, usando como adarga la literatura. Es un libro valiente, de los valientes que dejan huella.

@Jorgomezpinilla

miércoles, 13 de octubre de 2021

¿Estatuas? Más bien derriben placas

 


Tomado de El Espectador

En días recientes, durante visita realizada a San Vicente de Chucurí, Santander, encontré la placa conmemorativa de una obra que llamó mi atención y hoy suscita varias reflexiones. (Ver foto).

Se trataba de la remodelación del parque principal de ese municipio, ni siquiera de su construcción, y ahí se lee: “Esta gran obra es entregada a los santandereanos en el Gobierno de la Gente, Richard Aguilar Villa”. Para empezar, ¿cómo así que gran obra? ¿Se trata acaso de la construcción de una hidroeléctrica o de una autopista 4G? No, fue que remodelaron un parquecito.

Lo segundo, el nombre del que quiere pasar a la posteridad, Richard Aguilar Villa, hoy cobijado por orden de detención carcelaria mientras se le juzga por actos de corrupción, mientras que la condición jurídica de su padre el exgobernador Hugo Aguilar es aún más delicada, pues fue condenado a nueve años de prisión por la Corte Suprema de Justicia por pertenencia a un grupo paramilitar, el Bloque Central Bolívar (BCB) para más señas.

Pero usted va caminando por cualquier pueblo turístico de Santander y encuentra a su paso la más variopinta procesión de placas conmemorativas de “grandes obras” de padre e hijo, el primero condenado por la justicia y el segundo en condición sub judice mientras se dicta la sentencia.

Y usted se acuerda de fallo reciente del Juez 15 Administrativo de Bucaramanga a favor de una acción de cumplimiento interpuesta por el ciudadano James Steve Cañizales Serrano, quien pedía el retiro de una placa conmemorativa de Richard Aguilar instalada en la base de la estatua del Cerro El Santísimo, en Floridablanca. (Ver noticia). Cañizales logró que la retiraran, en acatamiento a que está prohibido “instalar monumentos o placas públicas destinadas a recordar la participación de los funcionarios en la construcción de obras públicas, a menos que así lo disponga una ley del Congreso”.

Lo ocurrido en Santander tendría una doble consecuencia, pues no solo contravienen la norma al dejar en piedra o metal indeleble mensajes de corte politiquero, sino que los autores de esas placas se hallan en una condición jurídica que obligaría a su retiro o al menos lo justificaría.

Mucho se ha denigrado de los supuestos actos vandálicos en los que habrían incurrido las personas que han derribado estatuas de conquistadores como Sebastián de Belalcázar, a quien antes del derribamiento le hicieron un juicio simbólico donde se le declaró culpable de genocidio, apropiación de tierras y despojo.

Transido por ese mismo sentimiento de indignación, el suscrito columnista quizá cayó también en una especie de vandalismo intelectual cuando propuso que “Derriben la estatua de Aguilar” (ver columna), en referencia a que el Parque Nacional del Chicamocha -Panachi- exhibía para nacionales y extranjeros el busto de un reo de la justicia, Hugo Heliodoro Aguilar Naranjo, cuya pena no había acabado de cumplir.

Es probable que hoy ese busto adorne el patio trasero de alguna de las casas que posee, que es donde le corresponde estar, pero la discusión es otra.

Se trata es de juzgar la validez o no de ordenar el retiro de las placas que tanto en Santander como en cualquier lugar de la geografía nacional “adornen” toda obra cuyo autor pretenda perpetuarse en la memoria de su pueblo, pero se halle ante la justicia en condición de condenado o de enjuiciado, o sea sub judice.

Me atrevo a pensar que serían decenas las que habría que retirar en Santander, incluidas las del tercer vástago de la saga Aguilar, el buen muchacho Nerthink Mauricio, hoy gobernador no encausado pero sí bajo sospecha y quien con toda seguridad ya lleva en su haber varias placas “de su cosecha”.

¿Qué tal entonces si en cada departamento o en cada municipio les diera por crear brigadas encargadas del retiro -por no decir derribamiento- de dichas placas, a todas luces ilegales? Sería una contribución que se le haría a un justo devenir de la historia, y tendría además respaldo jurídico, pues la ley las prohíbe.

Habría que pensar además en la utilidad económica que tendría para recicladores y chatarreros de todo el país, dependiendo del material a desprender, metal o piedra.

Es más, si en Bogotá se me pidiera integrar una brigada cuya tarea fuera retirar -o derribar- la placa en mármol que el senador Ernesto Macías hizo instalar en homenaje a Álvaro Uribe en el Capitolio (ver noticia), acudiría con gusto.

Pero ojo, no porque se trate de Uribe como político o como exmandatario, sino porque se halla en condición sub judice a partir del día en que la Corte Suprema le decretó orden de detención, así la jurisdicción de su proceso haya pasado a la fiscalía del obsecuente Francisco Barbosa y el lacayo Gabriel Jaimes.

En otras palabras, siendo su condición jurídica actual la de un sujeto investigado y sometido a juicio, ¿tiene presentación o se justifica que una pared del mismísimo Congreso de la República esté “adornada” con una inmensa placa en homenaje a un político sindicado por la justicia, y además sospechoso de crímenes incluso de lesa humanidad, como las masacres de El Aro y La Granja?

Así las cosas, señores brigadistas, procedan. Derriben o retiren esa mancha a nuestra institucionalidad, con la mayor prontitud. La juridicidad de la norma y hasta el sentido común los justifican.

#DerribenPlacas

Post Scriptum: ¿Por qué a tantas personas de supuesta condición cristiana les duele tanto la eutanasia? ¿Por qué quieren impedir que otros adopten decisiones que no comprometen la vida de quienes no comparten esas decisiones? Al respecto vea aquí artículo de El Unicornio, y si quiere contribuir con la Vaki Adopte un Unicornio haga clic en este enlace.

miércoles, 6 de octubre de 2021

“Adopte un Unicornio”

 


Tomado de El Espectador

Si El Espectador lo permite, quiero aprovechar este espacio para contar que justo hoy miércoles 6 de octubre cumple dos años de existencia El Unicornio, medio alternativo de investigación y denuncia que nació para resistir el modelo autoritario encarnado en el gobierno de Iván Duque.

En nuestro caso cuentan los éxitos periodísticos, máxime si se trata de convencer a los lectores de la importancia de apoyar este proyecto. El primer batatazo fue la entrevista exclusiva con el expresidente Juan Manuel Santos el día del lanzamiento, donde se manifestó a favor de la legalización de las drogas: "La prohibición es el origen de todos los males". (Ver entrevista).

Pero el más grande éxito fue el video de nuestro canal de Youtube -ya con casi 300.000 visitas- donde el presidente de la Sociedad Colombiana de Genealogistas, Julio César García, muestra sin margen de duda el entorno mafioso que rodea a Álvaro Uribe Vélez en su árbol genealógico. Es una joya periodística, modestia aparte. (Ver video).

En tercer lugar, la investigación que hicimos a raíz de una declaración de Aída Merlano, quien habló de una masacre en Cesar donde habrían asesinado a los tres hombres que la tuvieron secuestrada tras su fuga de un consultorio odontológico. Tenemos fotos, hemos querido entrevistarla para que confirme o niegue si eran sus captores, pero el gobierno venezolano no ha colaborado para acceder a dicha fuente. (Ver artículo).

A modo de reseña histórica, por lo días previos al parto editorial contactamos a Matador para preguntarle cuánto nos cobraba por diseñar el logo de El Unicornio. Pero no solo lo hizo gratis, sino que de querido encimó el eslogan, fiel retrato de lo que hoy sucede en esta Colombia agobiada y doliente: La realidad supera la fantasía. (Ver logo).

Durante su primer año de existencia El Unicornio viajó en coche, gracias a que contamos con el respaldo financiero de un importante mecenas. Esto nos permitió crecer, fortalecernos y ocupar un espacio importante, hasta el día infortunado en que el Covid-19 se llevó al generoso benefactor y quedamos huérfanos.

Desde ese día la brega ha sido muy dura, y no es por quejarnos, pues se trata de la misma lucha que libran todos los medios cuya financiación se vio golpeada desde que redes sociales o espacios virtuales como Facebook, Instagram o Youtube invadieron el mercado publicitario.

Es por eso que muchos medios -incluido El Unicornio- hoy acuden a sus lectores como fuente de respaldo financiero, con base en el modelo de negocio que propone Ignacio Escolar, director del exitoso portal español eldiario.es: “el lector paga por apoyar el proyecto para que no se acabe. Si el primer cliente y socio es el lector, el periodismo gana”.

Pero no podemos ser como los medios que publican únicamente para los que pagan por ver, ese lujo se lo dan quienes cuentan con un poderoso respaldo empresarial que les permite trabajar sobre pérdidas mientras buscan el punto de equilibrio.

A los que estamos en la orilla de lo alternativo, de lo verdaderamente independiente, nos toca mostrar la foto de la criatura y pasar el sombrero en busca de apoyo.

La foto de nuestra criaturita muestra en primer lugar a un selecto grupo de columnistas, convocados bajo el imperativo de la novedad: que digan algo nuevo, que no repitan como loros lo que es tendencia. Aquí se cuentan el metódico Diego Otero Prada, quien desde el primer día de la pandemia le hace juicioso seguimiento al Covid-19; un Jorge Senior con sesudos análisis de sustento científico; un Puno Ardila en amenas charlas imaginarias con el profesor Montebell; el “pintor” Freddy Sánchez Caballero con asombrosas crónicas que retratan la vida real; una Sandra ‘Lilith’ García que reivindica su magia pagana; un laureado Gerardo Ferro desde Canadá; un Germán Ayala siempre polémico; la creativa Yéssica Teherán en su esquina literaria; un conciso Humberto Tobón con cifras preocupantes en temas de desarrollo económico o ambiental, etc.

La foto muestra además que a falta de Matador -artista exclusivo de otro medio- El Unicornio también le da importancia al humor y cuenta con su propio caricaturista, el talentoso fisonomista Pedro J. Vargas, quien actúa bajo el seudónimo de Ocak.

¿Y qué decir de nuestro decimero, el ilustre charaleño Gerardo Martínez -invitado frecuente a Los Danieles-, con sus divertidas rimas poéticas que abordan la coyuntura política y funcionan a modo de columna humorística semanal? (Ver décimas).

Digamos entonces que son cuatro los pilares que sustentan el trabajo de El Unicornio: la investigación periodística, los columnistas, las entrevistas a personajes (la más reciente con Daniel Coronell) y el humor.

En síntesis, nos hemos esforzado por brindar una opción novedosa, visualmente atractiva, en la medida de lo posible influyente. Pero lo anterior tiene un elevado costo económico, y es el momento de confesar que esos gastos, sumados a las deudas que se han ido acumulando, nos tienen al borde del colapso.

El motivo entonces de esta columna es ponerle un toque de fantasía a la realidad, invitándole a que Adopte un Unicornio.

Adoptar un Unicornio significa que usted está dispuesto a hacer un aporte para la continuación de este proyecto, haciendo clic en este enlace de Vaki, por la suma que esté a su alcance.

Y para que vea que invierte bien su dinero, en próximos días tendremos una chiva mundial: demostraremos que Cristóbal Colón no nació en Génova (Italia) sino en España. Y otra cosita: ¿quiere saber si Alejandro Gaviria Uribe es pariente cercano o lejano de Álvaro Uribe? Nos pusimos a investigar y este jueves 7 de octubre El Unicornio publicará su árbol genealógico completo.

Post Scriptum: En la próxima elección presidencial, la primera vuelta va a ser Petro contra una montonera de candidatos. La segunda, Petro contra "el que no es Petro". Si en segunda vuelta gana Petro, gobernará con todo el Establecimiento en contra suya, comenzando por el Ejército, uribista hasta el tuétano. Si gana "el que no es Petro", será un gobierno muy débil, con una fuerte oposición encabezada por Petro. Aunque no gane, Petro tendrá una bancada fuerte en el Congreso.