martes, 22 de marzo de 2022

Con P de Petro: en primera vuelta o nunca será

 


Tomado de El Espectador

En la campaña que culminó el 13 de marzo mi corazón estuvo dividido “entre dos amores”, Gustavo Petro y Alejandro Gaviria. Del primero siempre he dicho que tiene el mejor programa de gobierno, y al segundo lo admiro como escritor, académico y hombre de ideas liberales.

Mientras que de Petro no deja de preocupar su aparente dificultad para armar equipo, con Gaviria quedó la sensación del bolero: “lo que pudo haber sido y no fue”. En parte por su propia culpa, pues cometió una serie de errores que desnudaron su condición de intelectual sin casta de político.

Pero hubo un momento en que repuntó en las encuestas, aumentaban las búsquedas de su nombre en Google y parecía que entraba a jugar como un contendor fuerte en la política, luego de ‘pararle el macho’ a César Gaviria. Es cuando providencialmente Íngrid Betancourt pide pista y aterriza en la coalición Centro Esperanza y, si de algo sirvió su presencia allí, fue para sembrar división interna. Hecha la tarea, pateó el tablero y se fue con su música desafinada a otra parte.

¿A quién le hizo Íngrid la tarea? A Fajardo, sin duda: cuando todo el mundo la veía como la citica víctima de las Farc, ataca con saña a Alejandro en un debate con candidatos de otros partidos, desconociendo adrede que “la ropa sucia se lava en casa”.

Después de haberle propinado a su rival el daño que favoreció a Fajardo, se autoproclama candidata a la presidencia con su partido recién resucitado, Oxígeno, y es invitada a otro debate donde su nueva víctima es Gustavo Petro: “pero no me voy a meter en tu vida privada", le dice, justo cuando acababa de meterse hasta el epidídimo en su vida privada.

He ahí el talante serpentino de esta clase de seres que las mismas mujeres definen como una mosquita-muerta. Según el DRAE, “adjetivo del habla femenina para describir a las que se muestran como buenas amigas, pero esconden intenciones protervas”. Si le preguntamos a Clara Rojas sobre su examiga, esto se escucha: "A mí nunca se me ocurrió meterme con los hijos de Íngrid. Ella no tenía derecho a revelar quién es el padre de Emmanuel". (De libro Cautiva, testimonio de un secuestro).

En la coyuntura actual, tras la reculada de Germán Vargas porque La U no dio la talla, han quedado cinco candidatos presidenciales en la contienda: Gustavo Petro, Federico Gutiérrez, Sergio Fajardo, Rodolfo Hernández e Íngrid Betancourt. Y otros dos de cuyo nombre no logro acordarme.

Hoy lo preocupante es que por la tronera que abre la opción Fajardo, sumando los votos de los que todavía creen en un cantinflesco Hernández o en la víbora Íngrid, terminaría por colarse a segunda vuelta el candidato de la extrema derecha, un tal Federico Gutiérrez de los mismos Gutiérrez a los que sus patrones le dicen “Gutiérrez, abra la puerta”, y Gutiérrez abre la puerta para ganar méritos. Algo así como un levantado, para colmo criado en los bajos fondos de Medellín.

Por cierto, llama vivamente la atención que Gustavo Villegas, colaborador de la Oficina de Envigado y condenado a prisión, fue secretario de Gobierno en la alcaldía de Fajardo y secretario de Seguridad en la de Gutiérrez. De donde surgen interrogantes: ¿por qué ambos tuvieron en su equipo de gobierno al mismo sujeto? ¿Hasta en eso se parecen? ¿Acaso es la sempiterna mafia actuando en Medellín como “la mano que mece la cuna”? (Ver noticia).

Con motivo del fraude masivo en las urnas que recién se descubrió, decía Juan Gabriel Montoya que “si la convocatoria (de Iván Duque) a la Comisión Nacional de Garantías Electorales no une a sectores alternativos, no lo hará nada. Esperemos que el partido Alianza Verde y el Pacto Histórico tengan la grandeza de trabajar unidos por la democracia”. (Ver trino). Válido el llamado a trabajar unidos, pero la urgencia del momento obliga a que la convocatoria se extienda a una eventual alianza programática que haga viable el triunfo del Pacto Histórico en la primera vuelta.

Si no es ahí, no lo será nunca.

En otras palabras, no nos llamemos a engaños: si el señor Gutiérrez logra convertirse en el contendor de Petro en la segunda vuelta, el poderoso y muy letal aparato mafioso que está detrás suyo hará todo lo que esté a su alcance (y todo es todo) para impedir el triunfo del Pacto Histórico.

Aquí ya no es un Pablo Escobar en su despiadada guerra individual contra el Estado, no. Ahora serán docenas, quizá centenares o millares de Pablos Escobar incrustados dentro del mismo Estado y dispuestos a todo para impedir que los saquen, porque están ahí como el tipo que se subió al lomo de un tigre y sabe que, si se baja, el tigre se lo come.

La parte ya no paradójica sino trágica del asunto, es que Fajardo sigue actuando como idiota útil de la caverna, y en esta tarea le sirven -tal vez equivocados de buena fe- personas de sobrada honorabilidad como un Humberto de la Calle, un Alejandro Gaviria, un Carlos Amaya, un Juan Fernando Cristo o un Carlos Fernando Galán.

Todos ellos a una, como en Fuenteovejuna, se están prestando de nuevo a la dañina táctica del "divide y vencerás" tan provechosa para Uribe.

No sabemos de cuántos modos diferentes habrá que decirlo, pero si no se logra que el Pacto Histórico triunfe en la primera vuelta, y en la medida de lo posible de manera avasalladora, el país se jode. Nos iríamos de culo pal estanco. Sería como salir de Guatemala para entrar a Guatepeor.

Si entra Gutiérrez a segunda vuelta, apague y vámonos.

Post Scriptum: A Federico Gutiérrez hay que llamarlo por su apellido, Gutiérrez. Decirle Fico lo vuelve popular, el diminutivo lo enternece. Así lo combinen con terroríFICO o hablen de narcotráFICO, eso le conviene, porque lo ponen a sonar. Piénsenlo, hay que dejar de decirle Fico a Gutiérrez. Tampoco debemos olvidar que, como dijo Ramiro Bejarano en esta columna, “Gutiérrez es un señor inexperto, inculto en el arte de gobernar, ordinario y dueño de un vocablo sicarial (“vos dijistes”).

@Jorgomezpinilla

martes, 15 de marzo de 2022

Fajardo, ¿por qué no te largas?

 


Tomado de El Espectador

Partamos de considerar que gran parte de la culpa de que un monstruo como Álvaro Uribe Vélez hubiera logrado la reconquista del poder para un nefasto tercer periodo presidencial (camuflado en un mequetrefe al que le encanecieron el pelo para darle experiencia), recae en Sergio Fajardo.

No es por matoneo que se le señala de ser un tibio, porque las pruebas de su tibieza abundan. Por ejemplo, cuando hace cuatro años largos la prioridad era defender el acuerdo de paz y se le invitó a unir fuerzas con Humberto de la Calle, pero despreció la oferta alegando que no quería “nada con el Partido Liberal ni con ningún partido”. ¿Y a qué obedeció semejante desatino? A que iba primero en las encuestas y creía que eso le iba a durar para siempre.

Por esos días dije algo que sigue teniendo vigencia: “hoy se les presenta la oportunidad dorada a las fuerzas que en defensa de la paz se hallan agrupadas alrededor de Humberto de la Calle, Gustavo Petro, Sergio Fajardo, Claudia López, Jorge Robledo y Clara López, de llevar a buen puerto este proyecto reconciliación nacional. Basta con ponerse de acuerdo en el reparto equitativo de tareas hacia la construcción de un país donde quepamos todos, para que el triunfo esta vez (a diferencia del nefasto 2 de octubre de 2016) no nos sea esquivo”. (Ver columna)

Pero triunfaron los egoísmos individuales, sobre todo el narcisismo sectario de Fajardo, y por el camino de la variopinta división de la centro-izquierda se coló el candidato de la bestia a la segunda vuelta, Iván Duque, en compañía de Gustavo Petro. Fajardo había quedado de tercero con la nada despreciable suma de 4’602.916 votos, detrás de los 4’855.069 que obtuvo Petro. ¿Y qué hizo con ese capital político, cuando recaía sobre sus hombros la responsabilidad de decidir el futuro de la nación en los cuatro años siguientes?

Nada. Escurrió el bulto. Si le aplicamos simple lógica política (para no hablar de sentido común, hoy el menos común de los sentidos), a Fajardo le correspondía apoyar a quien dentro de la misma tendencia progresista le había ganado en franca lid, y contribuir de ese modo a impedir que la cavernícola extrema derecha se apoderara de la presidencia para ejecutar la promesa que hoy está cumpliendo a carta cabal: hacer trizas el proceso de paz.

Pero prefirió anunciar su voto en blanco e irse a ver ballenas, con los resultados ya conocidos: los cuatro años de gobierno más desastrosos de las últimas décadas, en los que Fajardo tiene una alta cuota de responsabilidad, porque en su cálculo egoísta quizás avizoró que si permitía que ganara Duque, cuatro años después con su abultada votación él podría superar a Petro y ser el próximo presidente.

El pueblo al parecer le castigó en las urnas semejante desacierto, pues de los cuatro millones y medio de votos que obtuvo en 2018, el domingo pasado apenas alcanzó a contabilizar 723.084, cifra además inferior a la que obtuvo la segunda en la coalición del Pacto Histórico, Francia Márquez: 783.160.

Pero Fajardo parece no darse por enterado, y ha salido muy orondo en su Twitter a “convocar a los ochos millones de personas que no participaron ayer”, como si nada hubiera pasado, como si esos mismos millones de personas en la menguada votación que obtuvo no le hubieran pasado cuenta de cobro por los onerosos errores cometidos, en parte suyos y en parte de la babosa coalición que encabeza.

También ha salido a hablar de “evitar que se repita la polarización de 2018 que nos dejó atrapados”, inconsciente en su marasmo de que ha quedado tan golpeado, que su escasa fuerza electoral si acaso le alcanzará para quedar de cuarto en la primera vuelta, muy seguramente detrás del cantinflesco Rodolfo Hernández.

Tengo frente a mis ojos un artículo de El País de España titulado “Sergio Fajardo gana en un centro fragmentado y debilitado”, donde se dice que este “apareció en el evento de victoria junto a los otros cuatro precandidatos con los que compitió, un símbolo de unión que no siempre lograron tener en los últimos meses”. (Ver noticia con foto).

Victoria… ¿cuál victoria? Mira uno la foto del evento y encuentra solo caras alargadas, invitados de piedra a un convite donde se respira más ambiente de derrota que de triunfo. ¿Qué estarían pensando en ese instante Humberto De La Calle, Juan Fernando Cristo, Alejandro Gaviria, Carlos Amaya y Juan Manuel Galán? ¿Serían conscientes de que son coequiperos del “ganador” de una consulta donde los votos sumados de los cinco que compitieron no alcanzaron ni siquiera para empatar a los que obtuvo ‘Fico’ Gutiérrez?

En esa foto llama sobre todo la atención Gaviria, distraído con su mirada hacia el costado izquierdo, como quien no tiene velas en ese entierro. Y es cuando uno se pregunta si será que esos cinco excandidatos de rostro circunspecto están obligados a cumplir el compromiso que pactaron de apoyar al ganador de la consulta, o si no será que en aras de enfrentar con las fuerzas numéricas requeridas a la caverna representada en ‘Fico’, orientan sus ojitos en la misma dirección de Alejandro, hacia la izquierda…

Si se le ha visto al mismísimo director del Partido Liberal reunirse con Gustavo Petro, ¿qué les cuesta a ellos, portadores de un pensamiento aún más liberal que el de César Gaviria, hacer lo mismo?

Mejor dicho, ¿se imaginan nomás el alivio que sentirían Humberto, Juan Fernando, Juan Manuel, Carlos y Alejandro donde a Sergio le diera por seguir el ejemplo de Óscar Iván Zuluaga?

Lo preocupante en últimas es que la bajísima votación de la coalición Centro Esperanza representa para Fajardo un triunfo pírrico, pero este nunca lo reconocerá y, en tal medida, podría ser de nuevo la piedra en el zapato para el progresismo en su búsqueda de la ya más que merecida Presidencia de la República en la segunda vuelta.

RECTIFICACIÓN: En mi columna del miércoles pasado titulada “Muchas gracias por el detalle. Ya le firmé el recibo a Marín”, publiqué el pantallazo de un chat donde una supuesta funcionaria de la gobernación de Santander, de nombre ÉRIKA YISETH FLÓREZ ANGARITA, se dirige a contratistas de esa entidad en busca de votos. Una persona con ese mismo nombre, pero “funcionaria en Carrera Administrativa de la Dirección Territorial de Salud de Caldas”, me escribe para solicitar que aclare que no es ella la persona relacionada con ese chat. Hago la debida rectificación, puntualizando en que al parecer fui engañado por una persona interesada en construir un montaje.

martes, 8 de marzo de 2022

“Muchas gracias por el detalle. Ya le firmé el recibo a Marín”

 


Tomado de El Espectador

Por el bien de Santander, esta columna tiene el propósito de mostrar quién es y qué hay detrás del señor José Alfredo Marín, candidato al Senado por el Partido Conservador y comodín político del coronel Hugo Aguilar, quien pretende tener al menos esa representación en el Congreso después de que se frustró la candidatura de su hijo el exgobernador Richard Aguilar -del partido Cambio Radical- por lo mismo que hoy le pasa al papá: porque lo metieron preso.

A Marín lo tenían para la Cámara, pero tras la captura de Richard les tocó “ascenderlo” al Senado.

¿Y por qué pusieron a Richard a compartir reclusión con su papá? Porque la Corte Suprema le comprobó que desde su gobernación había montado un sofisticado engranaje para obtener comisiones por contratos de infraestructura, como lo demostraron en parte las confesiones de los dos principales testigos de tantos sobornos y contratos amarrados, la exsecretaria de Infraestructura, Claudia Janeth Toledo, y su esposo Lenin Darío Pardo.

Según detallado informe de Noticias Caracol, ellos revelaron “la más feroz radiografía de la corrupción en Santander”, y entre sus revelaciones hay un detalle que hasta ahora ha pasado desapercibido por la Fiscalía y demás organismos de control.

El periodista Juan David Laverde cuenta ahí de un video hallado en la residencia de Julián Jaramillo Díaz, asesor de confianza de Richard Aguilar, el cual constituye prueba reina de los bultos de dinero que se repartieron en esa época. Según la Corte, “esto indica a todas luces el papel de Jaramillo en este carrusel de corrupción, como quien recibe y reparte dinero producto de coimas”.

Pues bien, el detalle desapercibido se encuentra a partir del minuto 7:40 de este video, donde se ve que alguien le muestra a Jaramillo tres inmensas bolsas repletas de fajos de billetes, y dice: “Doctor Julián, para contarle que ya le llegó la encomienda, mire. (…) Muchas gracias por el detalle. Ya le firmé el recibo a Marín”.

¿Quién es el Marín ahí mencionado? ¿Se trata del mismo José Alfredo Marín en el que hoy están puestos todos los anhelos y complacencias del clan Aguilar? ¿Mejor dicho, es posible acaso que sea otro Marín? Ahí les dejo ese trompo, para que lo bailen en una uña.

Podría pensarse que están ante una situación desesperada, y ello explicaría que en la actual gobernación de Santander -presidida por Mauricio Aguilar, de quien se dice estaría próximo a ser destituido por falsificación de documento público- tienen a su gente trabajando incansablemente para conseguirle votos a Marín.

Parte de la prueba sería un chat de Whatsapp donde Érika Yiseth Flórez Angarita, funcionaria de la Gobernación, invita a un grupo de contratistas “a nuestro proyecto político para que todos nos pongamos la camiseta y nos ayuden con cada uno de sus amigos, vecinos, en fin”. Y en uno posterior se lee: “Les recuerdo que para el día de hoy son las planillas que les compartí”. Y más adelante: “Buenos días, compañeros, les recuerdo los listados. ¿A qué horas puedo pasar?”. Listados de votantes por Marín, por supuesto. (Ver chat).

Pero no se trata de un hecho aislado, pues el periódico Vanguardia en su edición del domingo 6 de marzo cuenta desde su titular que “Con la maquinaria de la Gobernación de Santander a toda marcha, los Aguilar buscar mantener sus curules en el Congreso”. Para no alargar la pita, en este enlace se explica de qué modo “utilizando toda su maquinaria institucional, el gobernador Mauricio Aguilar se la juega en estas elecciones legislativas por mantener su representación en el Senado de la República y la Cámara de Representantes”.

En tal contexto de desesperación se inscribiría el permiso de 72 horas de libertad que el miércoles 2 de marzo le concedió el Inpec a Hugo Heliodoro Aguilar, justo a diez días de las elecciones legislativas. No existen pruebas para hacer esta aseveración, pero si de algo le es útil a Aguilar estar fuera de la cárcel tres días seguidos, sería para ‘ajustar los tornillos’ de la campaña en busca de que su pupilo logre ser elegido.

Si Julián Jaramillo era “el hombre del maletín” de Richard Aguilar, José Alfredo Marín sería el de Hugo Heliodoro, y el video en mención mostraría la conexión entre uno y otro, ambos como miembros activos del mismo clan. Es mucho lo que está en juego, y en este contexto el permiso de salida se explicaría en que busca evitar que su pupilo se le queme, pues en diversos círculos políticos de Santander se rumora que la candidatura de José Alfredo Marín no ha logrado despegar.

Por último, así se trate de un saludo a la bandera, sería de esperar que tanto la Procuraduría como la Fiscalía entren a adoptar las medidas de control y fiscalización pertinentes.

¿Es mucho pedir? Amanecerá y veremos, como dijo el ciego.

Post Scriptum: No es por posar de adivino, pero me atrevo a aventurar que un miembro de otro clan al parecer también mafioso, Alejandro Char, será el ganador de la coalición de la derecha. Esto sería reflejo de la cada vez más creciente banalización de la corrupción en Colombia, o sea la consolidación del ethos mafioso, para decirlo en términos de Germán Ayala. Y es la ocasión para señalar algo en apariencia absurdo: ¿cómo así que en Colombia la gran mayoría de la población se define como “de centro”, pero una encuesta de Guarumo muestra que la segunda consulta más votada será la del Equipo por Colombia, detrás de la del Pacto Histórico? Ahí hay gato encerrado, intentan crecer a la derecha desde las encuestas.

Posdata 2: Como dije en columna anterior, mi voto para el Senado será por el número 9 en la lista del Movimiento Fuerza Ciudadana, Emiro Arias. Aunque no veía por quién votar a la Cámara, lo haré por Jorge Flórez, abogado y exconcejal de Bucaramanga, segundo en la lista de Alianza Verde. Votaré además por Alejandro Gaviria en la consulta del centro y por Gustavo Petro a la presidencia en primera vuelta.

@Jorgomezpinilla

martes, 1 de marzo de 2022

Colombia, ad portas de un nuevo "aborto"



Tomado de El Espectador 

En medio de la más violenta y confusa campaña electoral de todos los tiempos, la Corte Constitucional despenaliza el aborto terapéutico y les entrega en bandeja de plata a las ruidosas huestes de Álvaro Uribe y Alejandro Ordóñez la posibilidad de que en iracunda cruzada religiosa pongan de nuevo presidente de Colombia.

Una señora rabiosamente católica, por supuesto “provida”, decía en su muro de Facebook que la Corte se había convertido en “el verdugo de Colombia” porque acababa de aprobar “el asesinato de seres inocentes”.

Y es cuando el espectador desprevenido se pregunta: ¿dónde están los verdaderos verdugos de Colombia, los verdaderos asesinos de niños inocentes? ¿Acaso en quienes los bombardean para evitar que se conviertan en “máquinas de guerra”, sin que los provida se den por aludidos?

El peligro inminente reside en que se estaría repitiendo un escenario como el de 2016, cuando Juan Manuel Santos decidió someter a aprobación -o rechazo- el acuerdo de paz firmado con las Farc, mediante el plebiscito del 2 de octubre, desconocedor de las habilidades de la extrema derecha para hacer creer que detrás de ese acuerdo se escondía un plan maléfico para incitar a los niños y niñas de Colombia a volverse homosexuales, o sea portadores de un sexo “diferente al que Dios nos dio”.

La ‘prueba reina’ del supuesto plan perverso de Santos residía en una cartilla que iba a publicar el ministerio de Educación, donde se explicaba en qué consiste el enfoque de géneros y se promovía la defensa de derechos de los diversos, eso era todo. Pero publicaron unas ilustraciones que hacían creer que fueron tomadas de esa cartilla, donde aparecían dos homosexuales desnudos en una cama y se decía que “este es el manual de convivencia que se está repartiendo en las escuelas de Cartagena y Bolívar”. (Ver ilustraciones).

Para colmo de males, la ministra Gina Parody no solo era gay sino novia de la entonces ministra de Transporte, Cecilia Álvarez. Y de Parody decían en la misma publicación que “esta loca cree que por ser lesbiana tiene derecho a exigir que envíe mis hijas a una institución donde puedan pervertir su moral, contrariando la creación divina de un hombre y una mujer”.

A lo anterior sumaban un video del entonces negociador con las Farc en La Habana, Humberto de la Calle, donde hablaba de las diferencias entre sexo y género (ver video), y el resultado final fue que la gente ignorante de Colombia quedó una parte confundida y otra convencida de que detrás del acuerdo de paz se escondía el propósito de acabar con la moral y las buenas costumbres, poner patas arriba las instituciones, dejar que las Farc se tomaran el país, etcétera.

Esas fueron apenas dos muestras de la avalancha de propaganda negra con trasfondo religioso que se desató contra el gobierno de Santos, y que logró para la caverna política el objetivo trazado: primero, hacer abortar el proceso de paz con el triunfo del NO en el plebiscito; y luego, hacer trizas el acuerdo mediante la estrategia de elegir presidente a un mequetrefe como Iván Duque, un bueno-para-nada cuyo mayor mérito hasta hoy ha sido el de obedecer a pie juntillas todas las órdenes de su jefe, “el presidente eterno”.

Por los días anteriores al 2 de octubre publiqué una columna titulada Homofobia y guerra sucia unieron fuerzas, y una segunda donde mostraba cómo acudían a la religión como arma política, y ya en grado de alerta una tercera anunciando la catástrofe: Usan a Dios para seguir la guerra.

Pues bien, señoras y señores, ténganse de atrás: si hace seis años el detonante del regreso al conflicto armado fue la capitalización del odio contra la población homosexual reflejado en una cartilla “inocente” (que ni siquiera alcanzó a ser publicada porque también la hicieron abortar), en esta ocasión la despenalización del aborto parece brindarles de nuevo el bisturí que estaban necesitando para hacer abortar los legítimos anhelos de cambio que traen millones de colombianos en indignada reacción contra este gobierno corrupto, genocida y de talante criminal.

Coincido con el médico y político liberal Roy Barreras en que "hubiese preferido no 24 sino un límite de 14 semanas (es el límite entre embrión y feto) pero celebro la sentencia de la despenalización". Ahora bien, lo preocupante es la manipulación política que desde ya ejercen las fuerzas más reaccionarias contra esta medida, comenzando por la convocatoria a marchas desde el pasado domingo 27 en las principales capitales del país “en defensa de los que van a nacer”; y el llamado a organizar un plebiscito (otro plebiscito…) buscando que el constituyente primario, en su mayoría de arcaica mentalidad religiosa, eche atrás la despenalización y criminalice de nuevo el aborto.

Es en situaciones como ésta donde uno parece entender por qué Gustavo Petro decidió aceptar en sus filas a un antiabortista como el pastor Alfredo Saade, o por qué habla ahora de una búsqueda de “cero abortos”. Porque para hacer viable la conquista del poder quizá se requiere tragarse el sapo de sintonizarse con los sentimientos más primitivos de una población que le da a un embrión (o sea a un muñón de carne) el mismo valor “vital” que a un bebé recién nacido, mientras miran con desprecio a los niños hambrientos que piden limosna en las calles. Como dijo Germán Navas Talero en entrevista para El Unicornio, “engañar a los colombianos es muy fácil. Aquí si la gente protesta, dicen ‘qué mano de desocupados’. Solo les interesa el fútbol, lo demás los tiene sin cuidado".

Bueno, el fútbol y la religión.

Con base en lo anterior, no se cae en error si afirmamos que está servido en el quirófano de la democracia el instrumental requerido para un nuevo aborto, el de una campaña electoral sin la intromisión de fuerzas oscuras camufladas en credos religiosos. Vaya paradoja, los que se dicen defensores de la vida terminan convertidos en idiotas útiles de los más violentos, de los verdaderos verdugos y asesinos que hoy asuelan a Colombia.

“Bendita sea la Corte Constitucional y su providencial despenalización”, debe estar pensando para sus adentros el comandante en jefe de la mano negra, Álvaro Uribe Vélez.

Post Scriptum: “Tan íntimo e inviolable es el cuerpo de una mujer, que solo ella puede decidir lo que quiere hacer con él. Todo lo que ocurra en su superficie o en su interior es sagrada decisión suya, desde follar o masturbarse o abortar o cuidar con infinito amor su vientre para proteger el hijo anhelado que viene en camino. Ahí nadie ajeno a ella puede intervenir... ¡y menos legislar! (Tomado de columna Marihuana y aborto: absurda demora en legalizar, febrero de 2020). 

martes, 22 de febrero de 2022

Emiro, Petro, Alejandro

 


Tomado de El Espectador

Un título ecléctico para contar las preferencias del suscrito en su elección para presidente, Senado y consulta del 13 de marzo. Cámara no, porque aún no aparece el representante digno de nuestro apoyo en Santander.

Yendo de lo general a lo particular, repetiré lo dicho en columna anterior: “no se ve en el abanico de candidatos quién pueda dar el urgente viraje hacia la justicia económica y social que Colombia está reclamando a grito herido, diferente a Gustavo Petro”. (Ver Si no es Petro, ¿quién?).

También dije que me había ilusionado con una segunda vuelta entre Petro y Alejandro Gaviria, aunque es lamentable de este último la falta de liderazgo que ha mostrado para cohesionar en torno suyo a la franja del centro, debido quizás a sus torpezas como político, a pesar de a su lucidez como escritor, intelectual y académico. ¿Será por eso que Ramiro Bejarano lo define como un nefelibata, según el diccionario “persona soñadora, que no se apercibe de la realidad”?

La parte lamentable reside en el riesgo inminente de que la segunda vuelta sea una reedición de la anterior (2018), cuando se enfrentaron Petro y el candidato de la extrema derecha: un monigote prefabricado con cabecitas de balón, henna en el pelo y rasgueo de guitarra frente a las cámaras, de nombre Iván Duque. Parte de esa funesta reedición sería un tercer lugar para Fajardo en la primera vuelta, quien detesta a Petro y por tanto sería capaz de hacer desbarrancar de nuevo al país por el abismo, lo que sea con tal de impedir que su archienemigo gane.

No creo en Dios, pero sí creo en los milagros. Confiado en esta fe agnóstica, días atrás anuncié que al margen de mi preferencia por Petro a la presidencia y de mi admiración por la corajuda Francia Márquez, pretendo votar en la consulta de la Coalición Centro Esperanza por Alejandro Gaviria, a ver si se nos hace el milagrito de un sorpresivo triunfo suyo frente al tibio, blandengue y riesgoso (por impredecible) Sergio Fajardo. El único propósito de este sentido ruego es que a la segunda vuelta no llegue el candidato del uribismo, en cuyo caso “Dios nos coja confesados”.

En lo referente a mi candidato al Senado, Emiro Arias Bueno, hago claridad en que antes de conocerlo lo único que le veía de bueno era su segundo apellido. Fue por los días en que arrancaba la última campaña para la gobernación de Santander y me ilusioné con que por fin Santander tendría en Leonidas Gómez un gobernador a la altura de la urgencia de renovación moral que exige un departamento tomado por dos clanes de origen mafioso.

Y me metí a apoyarlo, pero se atravesó su segundo a bordo, Emiro Arias, quien armó candidatura propia con una justificación de relativo peso: luego de ser derrotado por las maquinarias del clan Tavera, Leonidas había anunciado que Emiro sería en adelante su candidato a la gobernación, y se hizo elegir senador. Pero luego se arrepintió, renunció al Senado y regresó para lanzarse a la gobernación, dejando a Emiro colgado de la brocha. Hubo culpa de ambos en propiciar una derrota absurda, porque los votos que Emiro le quitó a Leonidas fueron parte de la culpa para que al final saliera elegido el peor de la camada, Nerthink Mauricio Aguilar, vástago del nefasto coronel Hugo Aguilar, hoy preso como otro hijo suyo, Richard, al que también hizo gobernador.

Parece que Emiro y Leonidas ya hicieron las paces (¿un poco tarde?), pues en entrevista para El Unicornio el primero dijo que “lo más seguro es que nos quedemos sin gobernador en los próximos meses, porque va a ser capturado”; y Leonidas respondió: “Estoy de acuerdo con Emiro Arias, Mauricio Aguilar está que se va a la cárcel a hacerles compañía a su hermano y al papá. Y que todos los secretarios se entreguen en La Modelo, porque son parte de la misma corruptela”. (Ver trino).

Hubiera preferido ver a Emiro retomando las banderas en busca de la gobernación, pero soy consciente de que una golondrina no hace verano, o sea: las mafias que se adueñaron de Santander son tan poderosas, que manejan las arcas necesarias para impedir que un ‘advenedizo’ como Emiro les arrebate lo conquistado.

El único que sí podría, porque tiene los votos de opinión para enfrentar a tan poderosa maquinaria corrupta, es Rodolfo Hernández. De éste se esperaría entonces que, tras su previsible derrota en la primera vuelta presidencial del 29 de mayo, cuando luego de desinflarse quede de tercero o cuarto (o quinto), le dé por buscar como premio de consolación la gobernación de su departamento, para que demuestre que su lucha contra los corruptos es sincera.

Mientras tanto, debemos recalcar la importancia que para el país tienen las elecciones legislativas del 13 de marzo. La urgencia del momento es conquistar mayorías en el Congreso para las fuerzas alternativas y de oposición. Es crucial, pero a la vez se hace evidente que el gobierno uribista y sus aliados en los medios (como Caracol haciendo debates entre precandidatos de consultas) le están dando exagerada prelación a la elección presidencial, como si fuera la que se va desarrollar el 13 de marzo.

Hay otros candidatos al Senado por los que yo también votaría, como un Miguel Samper que pese a su juventud impresiona con un profundo conocimiento del país, pero he preferido a Emiro Arias porque quiere trabajar por Santander, hoy deshonrado con el título del departamento más corrupto de Colombia, y por tanto necesitado de una urgente renovación de su clase política.

Como dice el mismo Emiro, “mientras en Santander no les quitemos espacios en el Congreso, menos seremos capaces de recuperar la gobernación, las alcaldías y los concejos. Es en las regiones donde se atrincheran esos clanes políticos para ser mayoría en Senado y Cámara, y van a seguir triunfando si no nos oponemos”.

Publíquese y difúndase.

Post Scriptum: En días pasados al exitoso empresario santandereano Mario Hernández se le vio disfrazado de Policía, en vulgar imitación del mediocre presidente Duque. Yo por nada del mundo permitiría que me vistan con prendas de una institución que ha asesinado, violado, desaparecido y dejado ciegos a centenares de jóvenes colombianos. Qué vergüenza, se cayó todo viso de admiración por el paisano. (Ver trino).


martes, 15 de febrero de 2022

César, di que sí...



Especial para El Espectador

Se ha sabido de buena fuente que varios dirigentes del liberalismo le han sugerido al expresidente Cesar Gaviria considerar una alianza del liberalismo con el Pacto Histórico para la elección presidencial de 2022.

Si el director del Partido Liberal acepta, se daría por garantizado el triunfo de Gustavo Petro en la primera vuelta. Pero no es fácil que ocurra, porque Gaviria pertenece al Establecimiento; forma parte de un engranaje de poder donde su liderazgo está ligado a la defensa de intereses económicos y políticos contrarios a lo que haría Petro en caso de conquistar la presidencia. En este contexto, Gaviria tiene que estar sopesando a quiénes traiciona -y de qué modo podrían afectarlo- en caso de que se subiera al tren del Pacto Histórico.

En todo caso, las elecciones legislativas del 13 de marzo podrían abrir el camino a una confluencia programática entre el Partido Liberal y el progresismo. Y sería lo deseable. Todo depende de la decisión que tome el jefe máximo del liberalismo frente a la invitación pública (algo osada, incluso) que le formuló Gustavo Bolívar, el segundo a bordo del petrismo, para que el liberalismo en pleno se sume al Pacto Histórico. (Ver invitación). Urge una confluencia programática, tan solo se requiere voluntad política de las partes.

Lo positivo de todo esto es que sin duda va a haber una renovación del Congreso, y la bancada más numerosa pasará a ser la del petrismo, que incluiría en coalición -y en activa colaboración- a fichas claves dentro de Alianza Verde como Inti Asprilla, León Freddy Muñoz o Katherine Miranda.

Si hemos de creerle a Héctor Riveros en La Silla Vacía (Así será el próximo Congreso), los sectores que conforman el Pacto Histórico pasarán de tener el 6% de representación a, al menos, el 20%”. (Así las cosas) “ese sector tendría unos 22 senadores y 25 representantes. Colombia podría tener por primera vez en toda su historia un Senado con mayoría absoluta conformada por sectores de centro izquierda”.

Ahora bien, para lograr un triunfo más contundente, que permita el saneamiento de la democracia y una lucha verdaderamente eficaz contra la corrupción, se requiere la incorporación del liberalismo a la misma causa renovadora.

Tiene razón Gustavo Bolívar en que, sin los liberales, difícilmente Petro gana la Presidencia. Si queremos las cuentas claras y el chocolate espeso, la incorporación del Partido Liberal al Pacto Histórico sería un golpe de opinión demoledor que los pondría -a ellos y a Petro- a las puertas de la Presidencia de Colombia.

A la fecha el Pacto Histórico no cuenta con la fuerza social o electoral suficiente para imponerse en primera vuelta, y el peligro latente es que gracias a la pelotera interna y la pobreza conceptual que muestra la “Colisión de la desesperanza” (¡qué vergüenza!), seguramente el segundo en la primera vuelta -y fuerte rival en la segunda- sería el candidato de la derecha.

Y ahí sí, que Dios nos coja confesados. Supongamos que en una eventual segunda vuelta entre Petro y el candidato de la derecha, gana Petro. ¿Qué pasaría? Que los que quedaron de segundos, así no hayan obtenido una fuerza decisoria en el Congreso, harían ingobernable su mandato, acudiendo de nuevo a la consigna laureanista de “hacer invivible la Republica”. Serían otros cuatro años de pesadilla. (Ver columna).

Siempre tuve la ilusión de una segunda vuelta entre la izquierda representada en Petro y el centro, preferiblemente encabezado por Alejandro Gaviria. Era un gusto personal -hay que decirlo en pretérito- producto de mi admiración por el académico y escritor, más que por el político, porque es pésimo político. Pero la Coalición Centro Esperanza se convirtió en una montonera babosa donde priman más los intereses egoístas de los precandidatos (verbi gratia un Nuevo Liberalismo con lista propia) que los propósitos altruistas por la construcción de un mejor país, y donde la intrusión de Íngrid Betancourt en ese ruedo pareció obedecer al propósito de despedazar cualquier asomo de unidad, darle estocada de muerte al Alejandro Gaviria que comenzaba a crecer en las encuestas y abrir toldo aparte. Íngrid fue fríamente manipuladora, dañina y sinuosa, con su carita de yo no fui.

El peligro, repito, es que en un escenario de segunda vuelta donde los enfrentados fueran Petro y el candidato uribista, revivirían el “miedo al socialismo” (ya montaron campaña para sacar de nuevo a la gente a votar “verraca”, según mostró W Radio) y se fortalecería como opción dañina el voto en blanco. Esto si de nuevo fuera Fajardo el tercero en la contienda, pues volvería a jugar a favor del candidato derechista. Fajardo detesta a Petro, es evidente, y en tal medida prefiere volver a hacerle daño al país (como cuando se fue a ver ballenas) que permitir que este sea el próximo presidente.

Pero hay un escenario aún no contemplado: ¿qué les hace pensar a la izquierda y al centro político que los corruptos no pueden poner presidente? Si a partir de 2002 el ethos mafioso invadió todas las esferas, ¿por qué sujetos con nombres en diminutivo como Fico Gutiérrez o Álex Char no pueden conquistar la presidencia, con unas mayorías traquetizadas que los respalden y ríos de dinero para ‘coronar’ la vuelta?

En un país donde la trampa del bribón o la astucia del bandido (para fabricar falsos testigos, por ejemplo) se han entronizado como méritos y les va mejor a los ‘aboganster’ que a los abogados honestos, es muy difícil no recurrir al ‘todo vale’ para conquistar la presidencia. Lo digo por el Pacto Histórico y una eventual alianza con el liberalismo, para abrirse juntos las compuertas del poder. Se necesita esa alianza, y lo importante está en cómo se desempeñe el ganador en su condición de presidente de la República. De algún modo, así se considere políticamente incorrecto, hay momentos en que el fin justifica los medios.

Por todo lo anterior, el título de esta columna es parodia de una frase que utilizaba con frecuencia el lúcido columnista Lucas Caballero Calderón (tío de Antonio), cuando le hacía alguna propuesta insolente al entonces presidente liberal López Michelsen: “Alfonso, di que sí…”.

Para el caso que hoy nos ocupa: César, di que sí…

Post Scriptum: "Es como si el tango Cambalache nunca hubiera pasado de moda: cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón. Y todo gira alrededor de Epas Colombias y PolosPolos, el mundo en manos de ignorantes con poder mediático". Puno Ardila en columna para El Unicornio

martes, 8 de febrero de 2022

Con P de Persecución

 


Tomado de El Espectador

Persecución según Wikipedia es “el conjunto de acciones represivas o maltrato realizadas por un individuo o por un grupo específico sobre otro grupo o sobre un individuo, del cual se diferencia por la manera de pensar o por características físicas, religiosas, culturales, políticas, étnicas u otras”.

La definición se aplica al dedillo al gobierno de Iván Duque, y los ejemplos abundan. En lo étnico o racial, el precedente salta a la vista: la senadora Paloma Valencia propuso al comienzo de este gobierno miserable dividir al Cauca en dos, uno para los mestizos que como ella creen pertenecer a una raza superior, otro para los indígenas y negritudes que desprecia como si fueran seres inferiores, “para que hagan sus paros, sus manifestaciones y sus invasiones”. (Ver noticia).

Pero ya ni eso pueden hacer los indígenas del Cauca, porque nunca antes como en este gobierno habían sido sometidos a una persecución tan implacable, con masacres casi diarias y el asesinato selectivo de sus líderes. Hoy el Cauca es el departamento más azotado por una violencia en parte desatada por facciones entre bandos ilegales, en parte por fuerzas oscuras. ¿Simple coincidencia, doña Paloma?

En la Fiscalía General también tomaron con honores el curso los artífices de diversas modalidades de persecución. Por ejemplo, contra los policías Fabián Tocarruncho y Miguel Velásquez que en cumplimiento de su deber grabaron las conversaciones telefónicas que sostuvo José el ‘Ñeñe’ Hernández con miembros del Centro Democrático -y otros- para coordinar “por debajo de la mesa” la compra de votos. La Fiscalía les dictó orden de detención y, según el abogado Miguel Ángel del Río, quien asumió su defensa, “el proceso contra ellos tiene un propósito político, el de desprestigiar el trabajo riguroso que se hizo y contaminar la prueba original del Ñeñe en cuanto a su participación en la campaña electoral del Presidente”. (Ver entrevista al abogado).

En la modalidad de persecución política brilla con luz propia la Procuraduría General, también en forma selectiva. Por un lado, la hoy procuradora y ayer ministra de Justicia del gobierno actual, Margarita Cabello, adelanta 154 acciones disciplinarias por hechos relacionados con las jornadas de protesta. En esas cuentas aparecen tres congresistas (dos senadores y una representante a la Cámara), el gobernador del Magdalena Carlos Caicedo y varios alcaldes -entre ellos Rafael Martínez, exalcalde de Santa Marta-, concejales de varias zonas del país y diferentes candidatos, como Miguel Samper de Alianza Verde al Senado, con un elemento en común: en inmensa mayoría son contrarios al gobierno.

En el caso de Samper Strouss, quien fue el director de la Agencia Nacional de Tierras (ANT) hasta 2018, le abrieron pliego de cargos por supuestas irregularidades que se habrían cometido… en 2019. Un año después de su salida. ¿Y quién le formuló el pliego de cargos? Ricardo Mosquera Robín, excoordinador político de la campaña presidencial de Alejandro Ordóñez. (Ver noticia).

En referencia a las jornadas de protesta, para la Historia Nacional de la Infamia debe quedar que el trato que han recibido los miles de jóvenes que salieron a las calles a protestar no solo ha sido criminal (muertes, desapariciones, desmembramientos, violaciones, pérdida de ojos), sino también de persecución jurídica por parte del Estado que debía protegerlos: muchos de sus líderes de Primera Línea han sido arrestados bajo la acusación de terrorismo y daño en propiedad ajena.

Hay además personas sobre las cuales parece haberse desatado una persecución que ya adquiere categoría de saña o sevicia, como es el caso de Piedad Córdoba. Leí el libro del periodista Gerardo Reyes sobre Alex Saab, donde habla de su cercanía con el “testaferro” de Nicolás Maduro, frente a lo cual dará su testimonio y hará ante la Corte Suprema de Justicia los descargos del caso.

Ahora bien, me niego a creer que su hermano Álvaro esté vinculado a negocios de narcotráfico en asocio con las disidencias de las Farc que comanda alias ‘Gentil Duarte’, como supuesto coordinador logístico para el abastecimiento de drogas. (Ver noticia). Tiene razón Piedad cuando pregunta “¿Por qué si mi hermano fue capturado desde el día de ayer se le mantuvo retenido y aislado hasta el día de hoy, por qué se guardó secreto sobre su retención?”. (Ver trino). De otro lado, la directora de Noticias Uno, Cecilia Orozco, pone el dedo en la llaga con este trino: “Qué miedo una @FiscaliaCol al servicio de la política electoral y de las venganzas si llegare a comprobarse que recibe, de buen grado, confesiones falsas contra quienes la atacan y que tramita extradiciones de ciudadanos de oposición. Que nos muestre sus soportes judiciales”. (Ver trino).

Si ha habido en Colombia una mujer sometida a la más feroz persecución por parte del inquisidor Alejandro Ordóñez, del sátrapa Álvaro Uribe y de la derecha en general, es Piedad Córdoba.

En relación con su hermano Álvaro, produce estupor saber que el Departamento de Estado no está obligado a presentarle pruebas a la Corte Suprema de Colombia para que autorice la extradición del indiciado, ni esta las habrá de requerir, en sujeción al tratado vigente entre ambos países. Según el general Jorge Luis Vargas, director de la Policía, “es una orden de captura proveniente de un juez de Estados Unidos, el proceso judicial está en otro país, lo que hacemos las autoridades colombianas es ubicar, capturar y poner a disposición para que confronten el proceso en EE. UU.”.

Aquí entre nos, es perfectamente previsible que desde la Fiscalía -hoy al servicio del uribismo- hayan salido las “pruebas” o el montaje que tiene a Álvaro Córdoba viviendo un drama familiar tan delicado, a mi modo de ver injusto, pues parece inscribirse dentro del poderoso aparataje de persecución que ha montado este régimen neofascista contra todo lo que le huele a oposición.

Conozco a Álvaro Córdoba Ruiz. En respuesta a un mensaje de Whatsapp que como periodista le envié el domingo 6 de febrero para indagar sobre su situación, sorpresivamente contestó y contó en un audio que “estoy tranquilo, porque no tengo ninguna vinculación con narcotráfico ni con nada de lo que me quieren sindicar. Me toca esperar a que el proceso se desarrolle en la corte de Nueva York para desmontar toda la mierda que han montado a punta de conversaciones de celular. Lo que buscan es ver cómo vinculan a Piedad con problemas de narcotráfico, para hacerle daño a ella y a la lista del Pacto Histórico”.

Le creo.

Post Scriptum: ¿Cualquier parecido con el montaje que urdió la Fiscalía de Néstor Humberto Martínez contra alias ‘Jesús Santrich’ en asocio con la DEA -y que lo empujó a regresar al monte- será pura coincidencia? Amanecerá y veremos, como dijo el ciego.

@Jorgomezpinilla