martes, 24 de febrero de 2015

Todos en la cama y la orgía del olvido




La propuesta de Justicia transicional para todos que lanzó el expresidente César Gaviria es el sapo que todos sabíamos que un día nos tendríamos que tragar, pero del que se hablaba en voz baja, como cuando se menciona la soga en casa del ahorcado.

La idea se inspira en el refrán “o todos en la cama o todos en el suelo”, y no por pragmática deja de ser un engendro, pues al primero que beneficia es a Álvaro Uribe y tras él a todas las fuerzas (claras unas, oscuras otras) que él comanda. Hemos quedado avisados de que el perdón cobijará por igual los crímenes de los guerrilleros que los de quienes se aliaron hasta con el diablo para derrotarlos, o segaron sin contemplación las vidas de rehenes y víctimas colaterales en la retoma del Palacio de Justicia, o supervisaron desde un helicóptero amarillo la espantosa masacre de El Aro, o asesinaron con modus operandi de genocidio a miles de jóvenes que “no estaban precisamente recogiendo café”.

Todo indica que le han dado a la bestia herida la zanahoria que necesitaba para que dejara de encabritarse, y eso explica que ya Uribe no vocifere a los cuatro vientos que el proceso de paz del castrochavista Juan Manuel Santos iguala a su amado Ejército con los terroristas. Como le dieron en la vena del gusto, guarda en Twitter el silencio de los que no pueden aplaudir porque se están frotando las manos. No ha dicho ni fu ni fa, como si no supiera quién es César Gaviria o como si en realidad fuera ‘veneco’ y copartidario de Leopoldo López, para más señas.

El mismo Gaviria nos recuerda que en países como Argentina, Chile o Uruguay fueron enjuiciados o condenados a prisión los que en nombre de luchar contra el comunismo y por el bien de la patria cometieron atrocidades como la ‘Noche de los lápices’, o desapariciones como las más de tres mil en la dictadura de Augusto Pinochet, o torturas como las que soportó Pepe Mujica cuando fue guerrillero con los Tupamaros.

Allá sí fueron enjuiciados, aquí saldrán frotándose las manos. Allá tuvieron al menos el coraje de combatir de frente la subversión y usar el poder militar para aplastar a sus enemigos, mientras acá se camuflaron en la cobarde táctica de auspiciar, armar y capacitar a grupos paramilitares por toda la geografía nacional para que les hicieran el trabajo sucio, o sea las masacres, las desapariciones, los desmembramientos con motosierra en carne viva, los desplazamientos forzados, los hornos crematorios, las fosas comunes y otras arandelas. Y ni por esas lograron derrotar a la subversión, como sí ocurrió en Argentina, Chile o Uruguay, donde hubo dictadores de facto. La diferencia con Colombia fue que aquí tuvimos ocho años de dictadura con vaselina, durante la cual el sátrapa invirtió su inmensa popularidad en tratar de perpetuarse con métodos amañados de mafioso, y donde muchos avezados criminales hicieron parte de su administración pero él no sabía que eran criminales, porque todo ocurrió a sus espaldas.

Su gobierno fue la orgía de las violaciones de cuanta norma o derecho humano se les atravesó, y la mayor de las orgías se dio cuando el entonces comandante del Ejército, general Mario Montoya, pidió “ríos de sangre” para el comandante en Jefe de la Seguridad Democrática, y ríos de sangre desparramada le llevaron en las bolsas con los cuerpos de miles de jóvenes cuyo mayor pecado fue que no estaban recogiendo café cuando los buscaron para conducirlos como borregos al matadero. ¿Alguna diferencia con los judíos que eran subidos inermes a trenes con un solo destino, la muerte? Yo no la veo, pues el propósito era el mismo: matar gente inocente.

Toda esta historia nacional de la infamia está ad portas de quedar amnistiada, y si bien es comprensible que en aras de la paz y la reconciliación así ocurra, lo que no pueden permitir las víctimas ni la memoria histórica es que semejante holocausto y demás satrapías se envíen como trasto viejo al cuarto del olvido. Si ese es el precio a pagar, el país queda obligado a que se sepa la verdad sobre tantas atrocidades que desde el lado institucional se cometieron, y que hubo terroristas de lado y lado, así los de este lado hayan sido indultados desde el lenguaje por eufemismos como el de apodar ´falsos positivos’ a lo que fueron prácticas genocidas, o el de llamar retoma a lo que fue una demencial operación rastrillo que inundó de dolor y destrucción el Palacio de Justicia en noviembre de 1985, a escasos cien metros del despacho donde el presidente Belisario Betancur permanecía maniatado por el poder de la bota militar, que le impedía detener la barbarie durante las eternas 24 horas de horror que duró el operativo. Después de eso le devolvieron el mando, pero ya con su grandeza de estadista extraviada para siempre.

En Colombia desde décadas atrás se viene hablando de la ‘Mano Negra’ como una organización clandestina de ultraderecha, compuesta por determinado número de miembros que realizan acciones acordes con su doctrina. Se sabe que existe. Una primera revelación de gran peso histórico la soltó Carlos Castaño en el libro Mi confesión, cuando habló de un grupo de notables que lo asesoraba y le daba instrucciones. Pero no dio nombres. El que sí reveló un nombre fue alias ‘Don Berna’, quien señaló a Pedro Juan Moreno Villa, mano derecha de Álvaro Uribe en la gobernación de Antioquia, como uno de los integrantes de ese ‘Grupo de Notables’. Moreno pereció en un helicóptero que se cayó justo cuando se había convertido en una piedra en el zapato para Uribe, accidente del cual el general Rito Alejo del Río aseguró que “no fue accidental”, sino que “él fue asesinado”.

Por ese accidente nos quedamos sin confirmar si con Pedro Juan Moreno se destapaba uno de los dedos de la Mano Negra, pero la oferta de impunidad exprés que ha puesto Gaviria a los ojos de todos los criminales de cuello blanco quizá ayude a develar algún día la identidad de los demás dedos de esa organización terrorista clandestina, para proceder a su desmantelamiento definitivo (como sí ocurrió con la tenebrosa AAA en Argentina) y de paso saber quién era su comandante en Jefe. ¿Será mucho pedir?


DE REMATE: Al cierre de esta columna El Espectador informa que para el procurador Alejandro Ordóñez la propuesta de Gaviria es “un pacto de impunidad con todos los sectores”, e insiste en que los guerrilleros deben pagar penas privativas de libertad. Pero sigue siendo partidario de conceder beneficios judiciales a los máximos responsables de los ‘falsos positivos’, mediante la calificación de estos delitos no como de lesa humanidad sino como “crímenes de guerra”. Lo cual se traduce en que quiere ver a sus criminales de la derecha durmiendo en la cama, y a los criminales de las Farc desvelados en el suelo.

miércoles, 18 de febrero de 2015

¿Qué estará pensando María Jimena?




Tiene toda la razón María Jimena Duzán cuando en su última columna advierte que "a (Rodrigo Lara) lo acribilló el narcotráfico, pero moralmente ya lo había asesinado la clase política que lo igualó y lo rebajó al nivel de los políticos que habían vivido a su sombra". Esto en relación con el asesinato moral que hoy pretende propinarle a Antanas Mockus el senador Álvaro Uribe.

Ahora bien, sería justo que también se mirara cuando desde la orilla del periodismo se acribilla moralmente a un gobierno o a un político con acusaciones que, pese a que han sido desvirtuadas, se tiende un manto de silencio que soslaye la falsedad o el error que se había cometido. Me refiero en concreto al señalamiento que desde hace casi veinte años les vienen haciendo a Ernesto Samper y a Horacio Serpa por su supuesta participación como ordenadores o instigadores del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, ocurrido el 2 de noviembre de 1995.

Precisamente el 25 de noviembre del año pasado escribí para Semana.com una columna titulada María Isabel Rueda y su fábrica de mala leche, donde le pedí explicar por qué el 4 de agosto de 2007 había dicho que “siempre he creído en la teoría de que un crimen de Estado acabó con la vida de Álvaro Gómez, entendiendo por ello la posibilidad de que miembros de las Fuerzas Armadas, aliados muy probablemente con el narcotráfico del Valle y sin conocimiento de Samper, hubieran planeado y efectuado el magnicidio”, pero en noviembre del año pasado sentenció así: “Luis Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’ (…) ha hablado cuatro veces ante la justicia. Ya dijo quién mató a Álvaro Gómez. Ya dijo por qué”. Esto se traduce en que para la periodista ese quién era Ernesto Samper, y ese por qué era para hacerle un favor, pese a que siete años atrás consideraba que esa misma afirmación de Rasguño “es una falta de respeto con la vida y la memoria” del dirigente conservador.

En lugar de explicar tan flagrante contradicción la columnista fue a quejarse ante el presidente de Publicaciones Semana, de modo que Felipe López ordenó cancelar mi columna arguyendo que yo había insultado a su amiga cuando dije que “María Isabel Rueda se está convirtiendo a pasos agigantados en la Negra Candela de la política”. Aquí entre nos, tengo la íntima convicción de que ese no fue el motivo real de mi salida, sino el recurso que Rueda encontró más a la mano para no tener que responder a tan pertinente pregunta, la cual no dejaré de formular hasta obtener respuesta.

El asunto no es de poca monta, máxime cuando en entrevista el pasado 22 de enero para NTN24 el hombre mejor informado durante el gobierno de Ernesto Samper, el entonces embajador de Estados Unidos, Myles Frechette, le dijo esto a Juan Carlos Iragorri sobre quiénes creía que habían sido los autores del asesinato de Álvaro Gómez: “Fueron algunos derechistas y militares los que pensaron en eso, quienes habían hablado con él de un posible golpe que se venía discutiendo mucho en Bogotá, y posiblemente les dijo ‘déjenme poner la cabeza’. Y cuando les dijo que no, ahí sin él hubiera sido visto como una burda intervención de los derechistas. Yo creo que por esa razón uno de ellos mató a Álvaro Gómez”.

Lo llamativo es que esto coincide tanto con lo que María Isabel Rueda pensaba en 2007, como con lo que el 24 de noviembre del año pasado le dijo a la W Radio el hombre mejor informado que hoy existe en Colombia, Daniel Coronell: “Desde el primer momento en que se cometió el delito hay fuertes indicios de que miembros de la Fuerza Pública han estado involucrados en eso. Y resulta que esa versión parece no satisfacer a una rama de esa familia (Gómez Hurtado) y han querido buscar el culpable en otra parte”.

Pero ustedes dirán: ¿y esto qué tiene que ver con María Jimena Duzán? Allá voy: por esos mismos días de noviembre del año pasado, el lunes 10, en el programa de televisión ‘Semana en vivo’ entrevistó a Enrique Gómez Martínez (apoderado de la familia en el caso de su tío inmolado) y a Horacio Serpa, dedicándole 45 minutos al primero y 15 minutos al segundo, en lo que al día siguiente Semana.com tituló como un ‘cara a cara’ siendo que las dos entrevistas se dieron por separado y se notó una abierta preferencia de Duzán por “Enrique” (le faltó poco para decirle Enriquito), debido a que ella le cree más a este y a que desde los días del proceso 8.000 ha manifestado una abierta animadversión contra el exministro del Interior de Ernesto Samper.

Es obvio que entre las dos Marías aquí citadas hay notables diferencias (una reaccionaria y otra progresista), pero las une la convicción de que Samper y Serpa algo tuvieron que ver con ese crimen. Sea como fuere, tratándose de dos periodistas supuestamente interesadas en llegar a la verdad, ya es tiempo de que se pronuncien en torno a lo que Frechette le dijo a Iragorri. Y esto va también para una tercera María, María Elvira Arango, pues todo indica que miembros de la familia Gómez Hurtado le pagaron a Caracol un publirreportaje judicial para que dijera en su programa Los Informantes del 12 de octubre de 2014 que el hombre al que la justicia le comprobó plena culpa de haber disparado contra la humanidad de Álvaro Gómez, el sicario Héctor Paul Flórez Martínez, es un simple “chivo expiatorio”.

Hay quienes me han acusado de ser un correveidile de Samper y Serpa, y lo entiendo como una artimaña para evadir la contundencia de los argumentos que en columnas anteriores he expuesto con un propósito netamente periodístico, el de llegar hasta los que sí cometieron ese crimen. La tarea no es fácil, está minada de riesgos, y la primera de esas minas explotó cuando perdí la columna en Semana.com.

Existen poderosas fuerzas oscuras interesadas en que se siga ocultando a los verdaderos autores intelectuales de ese asesinato, y fueron esas fuerzas las que desde noviembre del año pasado desplegaron una muy bien coordinada campaña de propaganda negra con ese objetivo, en la que han confluido Enrique Gómez Hurtado, su homónimo hijo, María Isabel Rueda y María Elvira Arango, entre otros. En honor a la verdad se debe excluir de esa tarea ‘oscurecedora’ a María Jimena Duzán, pues la veo como una periodista equivocada de buena fe, pero para salir de dudas se podría esperar de ella un pronunciamiento clarificador al respecto.

DE REMATE: Je suis Yohir. 

sábado, 31 de enero de 2015

Y ahora, ¿qué estará pensando María Isabel?



Si hay tres personas profundamente informadas sobre el gobierno de Ernesto Samper Pizano, son el entonces embajador de Estados Unidos en Colombia, Myles Frechette; el hoy director de noticias de Univisión, Daniel Coronell; y la periodista y abogada conservadora María Isabel Rueda. Y si algo tienen en común, es que hasta hace un tiempo los tres pensaban lo mismo sobre los posibles autores del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado.

Según Myles Frechette, en entrevista de este viernes 22 de enero a NTN24: “Creo que fueron algunos derechistas y militares los que pensaron en eso, quienes habían hablado con Álvaro Gómez Hurtado de un posible golpe que se venía discutiendo mucho en Bogotá, y posiblemente él les dijo ‘déjenme poner la cabeza’. Y cuando les dijo que no, ahí sin él hubiera sido visto como una burda intervención de los derechistas. Yo creo que por esa razón uno de ellos mató a Álvaro Gómez”.

Según Daniel Coronell: “Desde el primer momento en que se cometió el delito hay fuertes indicios de que miembros de la Fuerza Pública han estado involucrados en eso. Y parece que esa versión no satisface a una rama de esa familia (Gómez Hurtado) y han querido buscar el culpable en otra parte”.

Y según María Isabel Rueda, en columna del 4 de agosto de 2007: “Siempre he creído en la teoría de que un crimen de Estado acabó con la vida de Álvaro Gómez, entendiendo por ello la posibilidad de que miembros de las Fuerzas Armadas, aliados muy probablemente con el narcotráfico del Valle y sin conocimiento de Samper, hubieran planeado y efectuado el magnicidio”. Ojo, que dice “siempre”.

Lo llamativo en esta última afirmación es que se sustentaba en la misma declaración trasnochada de alias ‘Rasguño’ que hoy utiliza con el propósito contrario, el de acusar al expresidente Ernesto Samper de haber sido el supuesto ordenador del crimen de Álvaro Gómez. En su última columna la periodista arremete contra el fiscal Eduardo Montealegre por lo que llamó su “Sistema radial acusatorio”, pero no muestra el rabo de paja que la acompaña cuando acusa y condena a diestra y siniestra desde sus tribunas radiales y escritas.

Es una pena tener que comenzar 2015 insistiendo en el tema, pero la exclusiva que en torno a Samper y Serpa le entregó el exembajador Frechette al periodista Juan Carlos Iragorri le da mayor validez a la explicación que en dos ocasiones le pedí a María Isabel Rueda en torno a su flagrante contradicción. Es sabido que ella guardó un silencio de sordina y, valiéndose de su poder mediático y político, movió influencias para conseguir que le entregaran en bandeja de plata la cabeza del columnista de Semana.com que se había atrevido a cuestionarla.

La pregunta que ligada a la declaración de Frechette le sigo haciendo a Rueda, y que no dejaré de formular hasta obtener respuesta, es esta: ¿Por qué hace siete años veía a Samper “sin conocimiento” sobre los autores del crimen y hoy lo culpa de estar detrás del asesinato de su líder inmolado, si en ambos casos se sustenta en las mismas acusaciones trasnochadas de ‘Rasguño’, las cuales fueron minuciosamente desvirtuadas por la revista Semana (“¡Está loco!”), sumado a que la Corte de Nueva York que en diciembre de 2013 lo condenó a 30 años de cárcel sentenció que “todas las declaraciones que había entregado el narcotraficante en procesos como el del magnicidio de Álvaro Gómez (…) carecían de veracidad y hacían parte de una estrategia para tratar de buscar beneficios jurídicos que le ayudaran a rebajar su condena”?

En su primera columna de 2015, titulada El pasado en presente, Daniel Coronell presentó un recorte de prensa de Vanguardia Liberal de agosto de 1987, donde se lee que el procurador Alejandro Ordóñez apoyaba la existencia de grupos de autodefensa: “(…) las auto-defensas se ajustan a las normas de la moral social, del derecho natural y de nuestra legislación positiva. Pensar lo contrario es por decir poco una absurda ingenuidad’. Esa revelación en cualquier parte del mundo obligaría al funcionario a dar una explicación, menos en Colombia, y el propio Coronell explica por qué: “Como ya es habitual el jefe del Ministerio Público, el encargado de velar por los derechos humanos no dirá una palabra sobre este nuevo hallazgo. En ese sentido este es un ejercicio inútil, pero al menos queda claro que su discurso de hoy viene de sus convicciones de siempre”.

Esto se traduce en que el procurador se arroga el derecho de guardar silencio, resguardado tras el poder que tiene para hacerlo. Pero no es un ejercicio inútil porque permite acceder a una verdad, y guarda estrecha relación con el poder mediático y político que maneja María Isabel Rueda para esconderse en su mutismo y de paso silenciar a un contradictor suyo con solo hacer una llamada.

La diferencia estaría en que antes y después Ordóñez demuestra coherencia ideológica, mientras que en el caso de Rueda esta mostraba una convicción de inocencia sobre Samper en 2007 y una de culpa al día presente, en ambos casos basada en la misma ‘prueba reina’ (las declaraciones de ‘Rasguño’), como se puede comprobar de modo fehaciente en la columna citada. Hay por supuesto temas que en el ejercicio del periodismo terminan convertidos en ejercicios inútiles, pero en el caso del suscrito columnista más inútil será si se permite que María Isabel Rueda no responda tan pertinente pregunta, en cuyo caso se habría consumado el atropello de silenciar mediante despido fulminante al que le exigía cabal respuesta.

Es por ello que no se puede pasar por alto la importantísima declaración de quien sin duda debió ser el hombre más informado durante el gobierno de Ernesto Samper, y en tal medida conduce a plantear un nuevo interrogante: si eso piensa nada menos que el exembajador de Estados Unidos en Colombia sobre los verdaderos culpables del asesinato de Álvaro Gómez, a esta hora ¿qué estará pensando María Isabel Rueda?

DE REMATE: Un caso en el que se puede hablar de verdaderos chivos expiatorios, es en el de los oficiales desvinculados del Ejército y la Policía a raíz de la trama de espionaje montada por la campaña a la presidencia de Óscar Iván Zuluaga y develada por el hacker Andrés Sepúlveda. Tratándose de tantas personas y teniendo en cuenta la estructura vertical jerarquizada que opera en las Fuerzas Armadas, ¿no se supone que estaban obedeciendo órdenes? En otras palabras: ¿qué tanto hay que mirar hacia arriba para llegar hasta los que dieron las órdenes?


@Jorgomezpinilla

sábado, 17 de enero de 2015

Todas las religiones hacen daño


“Dios no es bueno”.
Christopher Hitchens

Si algo queda claro de lo ocurrido con el demencial ataque yihadista contra Charlie Hebdo, es que esta es una lucha a muerte entre la civilización y la barbarie, donde para dicha o desdicha de la humanidad una de las dos partes en conflicto terminará por imponerse.

Alguna razón les cabe a los ‘abogados del diablo’ que muestran con dedo acusador los crímenes perpetrados por las potencias occidentales sobre comunidades árabes o musulmanas, o sobre el mismo pueblo palestino. Pero en el caso que nos ocupa el problema a dilucidar es ese fanatismo religioso que se escuda en que su Dios ha sido ofendido para descargar sobre un grupo de humoristas su ira asesina, de ningún modo justificable, porque es la expresión de un atraso mental y cultural que no merece ningún respeto y hay que poner en evidencia, por el bien de todos los mortales en capacidad de razonar.

En esta misma línea se expresa el columnista Carlos Palacio en Las 2 orillas cuando advierte que “el atroz ataque (…) en París es una muestra más del nivel de imbecilidad al que puede llevarnos el fundamentalismo religioso”. Es por ello que el tema no se debe focalizar en un territorio específico o en un conflicto entre naciones, sino entre dos cosmovisiones que chocan en un escenario donde una de las dos fuerzas se quiere imponer por la vía de la fuerza y de la sinrazón (porque cree tener a Dios de su lado), mientras la otra se quiere imponer por la vía de la razón, porque es lo único que tiene: la razón.

Por la vía de la fuerza no solo se han querido imponer Al Qaeda o las hordas yihadistas alentadas por el Corán,  sino las demás iglesias y religiones desde el principio de todos los tiempos. Y para la muestra todos los botones que se quieran: por el lado católico las cruzadas bárbaras sobre Tierra Santa o esa Inquisición demencial que achicharraba al parroquiano a la menor sospecha, y por el lado judío un Yahvé guerrero que siglos atrás alentaba a su “pueblo elegido” a cortar las cabezas de sus enemigos y hoy a ocupar ilegalmente la franja de Gaza y demás territorios palestinos.

Ardua es la tarea que aún le queda a la humanidad para superar esos estados de confusión soportados sobre el relato de un Dios que para hacer nacer a su hijo en la Tierra insufla el aliento vital del Espíritu Santo sobre una mujer virgen (quien después de parir sigue siendo virgen), y pregona contra toda evidencia que el mundo fue creado en siete días y al séptimo su creador –de naturaleza masculina, mientras lo femenino aparece relegado- depositó a la primera pareja sobre el paraíso terrenal para que lo estrenaran con responsabilidad, pero estos no lo supieron administrar y “desobedecieron”, y es por eso que el mundo no se ha podido arreglar como el mismo Dios hubiera querido, de modo que seguimos cargando con la culpa de ese pecado original.

Esa es la mejor demostración de que la religión no se practica como quien practica un deporte o una afición artística, sino que se padece. Y los padecimientos comienzan desde que el ‘creyente’ es matriculado contra su voluntad, unos desde el bautismo y otros mediante circuncisión o Bar Mitzvah, en cualquier caso incorporados a un engranaje de poder que uniforma el pensamiento y no permite herejía, blasfemia o apostasía alguna, so pena de castigos que van desde la excomunión hasta el escarnio público o el ostracismo social. Te dicen además que primero pasa un camello por el ojo de una aguja que un rico por la puerta del cielo, y te lo crees y con ese cuento aceptas con resignación la pobreza material, porque después te vas a desquitar y te vas a ir para el cielo, pero siempre y cuando aceptes todo “como Dios quiso que fuera”, y no protestes ni te rebeles.

No hace falta ser un genio para constatar que desde el principio de la humanidad las religiones han sido el detonante de feroces guerras entre tribus, comunidades y naciones, así como las principales causantes de una sobrepoblación ligada al atraso económico y cultural. Y en muchos lugares del planeta lo siguen siendo, porque defienden unas estructuras de poder injustas y arcaicas. A los de más allá se les define como talibanes, a los de más acá como lefebvristas o a los de acullá como Estado Islámico, pero todos con la misma intolerante raíz: “el que no está conmigo, está contra mí”. Visiones teologizadas que tratan a las mujeres como seres inferiores, y mujeres que siguen atadas al engaño y a la sumisión.

Como dije en columna de octubre de 2013 para Semana.com (Pepe para Papa), tal vez el planeta sería un mejor vividero si así como los alienados creyentes en mitos y deidades están organizados en iglesias jerarquizadas que controlan sus voluntades y sus pensamientos, igual los ateos y agnósticos se organizaran en alguna congregación que tratara de abrir ojos, de sacar al mayor número de personas de la oscuridad en que se hallan, de establecer un sano contrapeso desde el mundo de la razón y el sentido común. Y pensando con sentido altruista en una verdadera salvación, sobre todo del planeta.

Sea como fuere, me queda la tranquilidad de mis convicciones personales, entre esas la que me dice que el único Dios verdadero es Quetzalcóatl. Es sabido que cuando llegaron los conquistadores del viejo continente aplastaron el quetzalcoatlismo, y por eso hoy campea la anarquía y el caos sobre el orbe: porque están adorando a falsos dioses.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un reality de pobres en tierra de ricos



No sé si tienen razón los críticos del alcalde Gustavo Petro cuando le cuestionan por populista y provocadora su decisión de construir planes de Vivienda de Interés Prioritario (VIP) para estrato 1 en un sector de exclusivo estrato 6, pero confieso que me muero de las ganas de ver cómo termina ese experimento de inclusión social a la fuerza.

Como relato de ficción lo envidiaría José Saramago, y en el ámbito de lo real aporta las situaciones y los personajes requeridos para la puesta en escena de un reality televisivo al mejor estilo Truman Show, película de Peter Weir en la que un hombre interpretado por Jim Carrey es el único que no sabe que es actor de su propia vida, y un día le dice a su novia de postín: “A veces me pregunto qué pasaría si me levantara mañana y descubriera que toda mi vida ha sido una mentira”.

Ahora bien: ¿qué pasará cuando esos “guisos, ñeros, de quinta, negritos, indios, ñapangos, gurres o lobos” (según el diccionario del apartheid chachaco que aporta María Antonia García) se levanten por primera vez en la mañana del comienzo de la vida que les espera en un barrio cuyos habitantes son cinco estratos por encima del que siempre han tenido? ¿Encontrarán un ambiente inhóspito o, por el contrario, los ‘nativos’ harán de tripas corazón y tratarán de socializar con los ‘nuevos ricos’?

Una manera de facilitarles la estadía en el que muy posiblemente constituya un entorno de rechazo o exclusión, sería convertirlos en elenco de su propia vida y –por ejemplo- pagarles una suma mensual para que permitan la instalación de cámaras que les hagan seguimiento permanente a sus vidas, con la seguridad de que se presentarán historias o situaciones que acapararán la atención de una audiencia masiva. ¿Terminarán las amas de casa del sector abandonando a Pomona para mandar a sus mucamas a comprar más barato a la tienda comunal de los ‘intrusos’? ¿Y el roce con los de su misma condición social provocará en esas mucamas una toma de conciencia que las lleve a soliviantarse contra sus patronas? ¿Acabará el hijo de papi del conjunto de en frente por enamorarse de la agraciada hija de doña Eduviges, la que sale todas las tardes a rebuscarse la vida vendiendo aguacates en la esquina? No se pierda el próximo capítulo de este apasionante reality… etc.

De entrada, conviene entender que un guión de tan dramático formato no se da en todas las locaciones. Ubicados en Barranquilla, por ejemplo, no tendría mayor trascendencia si al alcalde de la Arenosa se le ocurriera hacer el mismo revolcón urbanístico y social. Allá de pronto lo toman con espíritu caribe y se pongan los ‘manes’ de uno y otro estrato a chupar ron los fines de semana mientras la esposa de alguno de ellos le dice a la desplazada de Pivijay: “¡anda niña, me tienes que enseñar a preparar esa butifarra!” Pero eso mismo no ocurriría a dos horas de allí, en Cartagena, ciudad de arquitectura y mentalidad colonial donde en días recientes le rindieron homenaje a los piratas ingleses que los sometieron a salvaje sitio y trataron de doblegarlos a sangre y fuego, y explica por qué Gabriel García Márquez dijo que “los cartageneros son los cachacos de la Costa”.

Debemos ubicarnos entonces en tierra de  cachacos, o más bien de rolos, porque cachaco en la costa Atlántica se le dice a todo el que es del interior: un día es elegido alcalde de la muy señorial Santa Fe de Bogotá un exguerrillero nacido en un pueblo costeño con nombre de novela, Ciénaga de Oro, y la historia adquiere ribetes de emoción y suspenso desde el día en que un procurador convertido en su archirrival político e ideológico (y religioso) se agarra de un problema que se presentó con unas basuras para destituirlo, y escala a abierta confrontación de clases con los sectores más pudientes de esa ciudad cuando su burgomaestre resuelve mandar a vivir a grupos de desposeídos en sus propias narices.


¡Qué hochoch! (tradúzcase “qué horror”), gritan en coro las encopetadas damas del Chicó cuando se enteran de la noticia, y es entonces cuando la alta sociedad bogotana entra en estado de conmoción interior y hacia el exterior moviliza a la poderosa prensa amiga para advertir sobre la inconveniencia técnica, urbanística, económica, social y estética del proyecto, en la medida en que “afea el patrimonio de todos los bogotanos, enrarece el ambiente y no contribuye a acabar con la desigualdad”.

No se trata aquí de estar a favor o en contra de la idea, como dije arriba, sino de manifestar la inmensa curiosidad de conocer en vivo y en directo los resultados que este experimento tal vez único en el mundo traerá sobre ambos grupos de tan disímil condición social. El terror de los ‘nativos’ es a que esos desplazados “desvaloricen” sus barrios y lleven inseguridad, mientras el temor por el lado de los recién llegados sería a un nuevo ‘desplazamiento’, ya no en forma de violencia sino de desprecio o matoneo.

Sea como fuere, aquí el único modo de saber si la realidad discriminatoria actual dará paso a creativas formas de inclusión –o de exclusión, o de situaciones emparentadas con la ficción- es pasando del dicho al hecho, aunque haya mucho trecho.

Así que… luces, cámara, ¡acción!

DE REMATE: Encontré por ahí un meme donde dice que ver a Uribe marchar contra la impunidad es como ver a Garavito marchando contra la pedofilia o ver a los Nule marchando contra la corrupción. Eso puede ser cierto, pero la diferencia es que Garavito y los Nule sí están pagando sus culpas ante la justicia.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

¡Don Julito, no me cuelgue!



En la mañana de este martes 9 de diciembre anuncié en mis cuentas de Twitter y Facebook que haría una revelación, en respuesta al silencio de sordina que aplicó la W Radio en torno al retiro de mi columna de Semana.com, frente a un público numeroso y convencido de que ese  día se sabría qué estaría pensando María Isabel Rueda al respecto, en consideración a que fue algo que escribí sobre ella lo que provocó mi salida.

La revelación era –y es- más que justa, pues sirve para demostrar que Julio Sánchez Cristo no solo estaba informado del asunto, sino que en un correo electrónico que me dirigió llegó a solidarizarse: “lamento lo que le pasó, (…) de verdad no estaba enterado”. 

¿A qué pudo obedecer el silencio de la W Radio? Fácil: a que volvió a obrar el poder de María Isabel Rueda en su condición de amiga ya no de Felipe López sino de Julio Sánchez, y ella viene empeñada desde columnas atrás en que no responderá a los interrogantes puntuales que le he formulado. De este modo la columnista conservadora aplica contra un detractor suyo un trato discriminatorio y elitista (incluso ofensivo), y de paso hace pensar que si enmudece es porque no tiene respuesta convincente, o como dice el refrán: “el que calla otorga”.

Ya con el tiempo y el espacio requeridos, es posible hilvanar una reflexión que dé cuenta cabal de esta nueva fase de silenciamiento sistemático, no tanto del que aquí escribe como de la inquietud que María Alejandra Villamizar (@MAVILLAMZAR) sintetizó así en Twitter: “¿Qué pasa en los medios? No se puede hablar de periodistas, no se pueden criticar enfoques ni señalar desinformaciones. ¿Somos intocables?”

En lo que a Julio Sánchez Cristo respecta, ya dije que me escribió para expresarme que lo lamentaba y que no estaba enterado, y yo le contesté así: “Muchas gracias, don Julio. De por medio está un interrogante que le planteé a María Isabel Rueda en torno a lo de Álvaro Gómez y Samper, pero parece que en lugar de contestarlo, habría movido sus influencias en Semana para que me sacaran”. Unas horas después recibí de él esta respuesta: “Me informan en Semana que el suyo no es el único cambio. Mañana arrancan nueva diagramación y saldrá la mayoría de los columnistas”. A lo cual le respondí: “Ah bueno, están en su derecho. La diferencia con la mayoría de los columnistas está en que a mí me quitaron la columna por lo que dije, no por cambios administrativos ni de diagramación”. Y no hubo nueva comunicación.

Es interesante advertir que mi colega Julio Sánchez –a quien aprecio como uno de los grandes- debió haber llamado a alguien de Semana para obtener información de primera mano y al parecer le dieron una información errada (hasta ahora, al menos), pues no hubo cambio de diagramación ni salió ningún nuevo columnista. Del mismo modo es llamativo observar que cuando en el curso del programa un oyente quiso poner el tema de mi salida de Semana.com, fue cortado en forma abrupta, y se dijo que el tema sería tratado “más adelante”, aunque no ocurrió así.

Esa primera instancia del anchorman de W Radio averiguando qué pasó permite sin embargo apreciar un interés genuino en documentarse sobre el tema, mientras que esa segunda instancia de silencio total al día siguiente quizá se relacione con que la discreción aconseja no mencionar a Watergate delante de Nixon. O si se quiere, que entre bomberos (y amigos) no se pisan las mangueras.

Baste decir que María Isabel Rueda está en su derecho de tener amigos que la quieran con un cariño auténtico y protector, del mismo modo que Felipe López y Julio Sánchez lo están de conducir sus medios como mejor les parece, sin que se pueda calificar como censura. Pero ello de ningún modo es refugio para que la periodista y abogada aludida pretenda eludir la obligación ética que tiene de dar respuesta a interrogantes cuya respuesta permitirá dilucidar con mayor claridad si frente al asesinato del inmolado líder conservador Álvaro Gómez Hurtado la mueve un interés periodístico legítimo de llegar a la verdad, o el interés político de contribuir a ocultarla:

¿Por qué hace siete años María Isabel Rueda veía a Samper “sin conocimiento” sobre los autores del crimen y hoy lo culpa de estar detrás del asesinato de su líder inmolado, si en ambos casos se sustenta en la misma acusación trasnochada y desvirtuada (por la misma revista Semana) de ‘Rasguño’? ¿Y por qué acusa públicamente a alguien de homicidio, pero se niega a dar información y se declara amedrentada por la Fiscalía cuando le piden su colaboración?

Hago énfasis en que el conocimiento que tengo del tema es producto de una investigación periodística que he venido adelantando en mis ratos libres, más lenta de lo que yo quisiera y sin ningún patrocinio. Este conocimiento me da respaldo documental para pedir las explicaciones que la columnista no ha querido dar (tampoco Enrique Gómez padre e hijo), sumado a que se ha guardado un silencio bien misterioso por parte de otros medios y de otros periodistas, siendo que las explicaciones pedidas se ajustan a la lógica cartesiana y al sentido común.

Así las cosas, mientras María Isabel Rueda siga sin dar respuesta a tan pertinentes preguntas, por favor, don Julito... ¡no me cuelgue!

DE REMATE: Ahora que Álvaro Uribe incita a las Fuerzas Militares a entrar en rebelión contra el gobierno de Juan Manuel Santos –hermanándose así con los métodos subversivos de su archienemigo las FARC-, convendría convocar desde la civilidad a un movimiento cohesionado de rebelión contra las tesis incendiarias del exmandatario, y que dicha convocatoria se extienda a empresarios, industriales, académicos, políticos (incluidos miembros del CD), jerarquías religiosas, medios de comunicación y en general a toda la gente sensata y cuerda de este país. ¿Puede haber acaso mejor frente unido hacia la paz, que permita a su vez protegerla de cualquier zarpazo de la bestia herida? 

viernes, 5 de diciembre de 2014

Por esta columna salí de Semana.com




Me permito informar a la respetable audiencia aquí presente que el suscrito columnista de Semana.com que desde el 22 de enero de 2010 les venía acompañando con un espacio de opinión, ha sido declarado cesante de dicha tarea debido a una orden emanada directamente de la presidencia de Publicaciones Semana.

Se me ha informado que el motivo de mi retiro fue la columna titulada “María Isabel Rueda y su fábrica de mala leche”, no por haber usado la expresión ‘mala leche’ sino porque se habría interpretado como insulto cuando dije de la columnista que “se está convirtiendo a pasos agigantados en la Negra Candela de la política”.

Lo primero a dilucidar es quién consideró que eso era un insulto. ¿Semana? Si así hubiera sido, la columna no se habría publicado, en sujeción a sus políticas editoriales. Y ello de ningún modo se puede considerar censura, sino acatamiento a una norma. Pero ocurre que la interpretación de insulto se dio después de su publicación. Así que, si hubo una persona a quien le pudo resultar insultante esa expresión, fue a la directamente aludida.

Y es aquí donde uno se pregunta: ¿será que si a doña María Isabel le molestó mi columna se queda tranquila y tolerante del disenso, siendo que el lunes anterior utilizó su prestigio, poder e influencia sobre los demás medios de comunicación para movilizarlos –todos a una, como en Fuenteovejuna- en una especie de tsunami de solidaridad en torno suyo? Lo que he sabido es que hubo poderosas expresiones de rechazo de personas escandalizadas ante el hecho de que Semana.com tuviera a un “columnista amarillista” en sus filas, y he de suponer que entre esos detractores debió haber más de un amigo de la susodicha, y sin olvidar que hasta el dueño de Semana es amigo de ella.

Para que se entienda mejor, alguien de toda mi confianza me dijo: “es que a usted no lo echó Felipe López, sino María Isabel Rueda”. Fue ahí cuando alcancé a dilucidar que con la columna me pasó lo mismo que al general Alzate: que di papaya. No significa esto que don Felipe no disponga de plena autonomía y libre albedrío en la toma de sus decisiones, sino que se mueve en un círculo de relaciones de poder político y económico donde recibe presiones de todo tipo, que no siempre se pueden ignorar, por aquello de que “el poder es para poder”. En el caso que nos ocupa, para poder prescindir de un columnista que no solo se sale de sus expectativas, sino que llega a la insolencia de cuestionar ese mismo poder, de fuerte raigambre política.

Don Felipe López tiene plena libertad de incorporar o retirar a quien le parezca, y siempre lo hace pensando en lo mejor para su empresa periodística, eso no se pone en duda. Yo hacia él solo puedo tener sentimientos de gratitud, lealtad y admiración, pues ha sido su portal de noticias y entretenimiento es el que durante los últimos cinco años (que estuvieron a punto de cumplirse) más ha contribuido al reconocimiento profesional que hoy me acompaña, y que espero sea tan merecido como el de María Isabel Rueda. Fue por eso que consideré de caballeros dirigirle a don Felipe una carta con unas palabras de agradecimiento y despedida.

Hay en todo esto un lado tragicómico, pues yo casi que alcancé a vaticinar lo que se venía con una última columna que no alcanzó a ver la luz del día y que me permito compartir con mis apreciados amigos de Facebook, y en homenaje post mortem a mi columna en Semana.com.

Moraleja y conclusión: si quieres seguir opinando sin temor a que te corten la cabeza, no te metas con vacas sagradas.

Hablemos de tres vacas sagradas


Por JORGE GÓMEZ PINILLA

Pensé dedicar este espacio a una reflexión crítica sobre las explicaciones que dio el general Rubén Alzate de los motivos por los cuales se metió en la boca del lobo desarmado y en bermudas, pero en La Luciérnaga de Caracol hubo un comentario a mi última columna que me obligó a cambiar de tema.

La columna en mención se tituló María Isabel Rueda y su fábrica de ‘mala leche’, y a ella se refirió Hernán Peláez el miércoles 29 de noviembre cuando le preguntó al escritor Gustavo Álvarez: “Gardeazábal, ¿quién es el señor Jorge Gómez Pinilla?” Y Gardeazábal le respondió: “Es un columnista (…) de Semana.com que ha adoptado una actitud única en el periodismo al oponerse a María Isabel Rueda, diciendo que ella es ‘mala leche’ y que es obsesiva al querer acusar a Samper de la muerte de Álvaro Gómez. Por supuesto que cuando uno escribe una columna, tiene derecho a que los unos digan una cosa y los otros digan otra”. Y Peláez interviene: “Opiniones, que llaman”.

De ahí me llamó la atención lo de haber adoptado “una actitud única en el periodismo”, pues daría a entender que nadé contra una corriente mayoritaria de opinión. Eso me hizo sospechar que quizás yo pudiera estar loco, que es lo que ocurre cuando todo el rebaño ve al parroquiano salido de sus cabales. Nunca pensé que yo fuera el único periodista que se atreviera a criticarla, aunque sí encontré en la cuenta de Twitter del paisa Héctor Rincón (@RinconHector), de Caracol Radio, este trino: “No sé qué reacciones habrá tenido esta columna contra una de las "intocables".

Pude notar que al margen de lo expresado por Peláez y Gardeazábal –donde ninguno de los dos se atrevió a opinar si estaba de acuerdo o en desacuerdo con lo que dije- no hubo ninguna reacción mediática diferente a ese comentario de refilón, muy al contrario de lo ocurrido dos días antes, cuando la columnista conservadora María Isabel Rueda logró movilizar a medios y periodistas en una especie de tsunami que terminó solidarizándose con su causa mediática (y política, en últimas) e hicieron ver a la Fiscalía General de la Nación como una especie de KGB de donde la citaban para “amedrentarla”.

Eso sirvió para comprender que quizás me había metido con una vaca sagrada del periodismo, y no sé si además en camisa de once varas. Lo de la Luciérnaga en particular lo tomé como un campanazo de alerta, pues me pregunté si sería que de pronto le había faltado al respeto a semejante eminencia, por ejemplo al haber utilizado la expresión ‘mala leche’, que fue lo que más le sonó a Gardeazábal.

Consulté el tema con la almohada y a continuación dormí con la conciencia tranquila, pues concluí que del mismo modo que el respeto se gana, también se pierde. María Isabel Rueda es una persona respetable y tiene un merecido prestigio sustentado en una valiosa trayectoria profesional, eso no se lo cuestiona nadie. Pero hay aquellos que a pesar de su abultado palmarés, llega un día en que pelan el cobre y dejan ver una intención torcida.

A María Isabel Rueda le pregunté por qué el 4 de agosto de 2007 escribió una columna para Semana (edición 1.318) donde dijo esto: “siempre he creído en la teoría de que un crimen de Estado acabó con la vida de Álvaro Gómez, entendiendo por ello la posibilidad de que miembros de las Fuerzas Armadas, aliados muy probablemente con el narcotráfico del Valle, sin conocimiento de Samper, hubieran planeado y efectuado el magnicidio”. Siete años después, el pasado 9 de noviembre, escribió otra columna en El Tiempo sobre el mismo tema, donde resucita el odio entre partidos (“Godo bueno el que se va muriendo”) y pinta a Ernesto Samper y Horacio Serpa como un par de mafiosos que fueron dejando un reguero de cadáveres a su paso. Pero no es por eso que la traigo a colación sino porque, en flagrante contradicción con el tema del párrafo anterior, ahí dijo esto: “Luis Hernando Gómez Bustamante, alias ‘Rasguño’ (…) ha hablado 4 veces ante la justicia. Ya dijo quién mató a Álvaro Gómez. Ya dijo por qué”.

Hace siete años a María Isabel Rueda le sonaba más la primera línea de investigación que desarrolló la Fiscalía General de la Nación, la de “miembros de las Fuerzas Armadas” (la cual fue enviada al zaguán del olvido después de que una abundante cantidad de testigos se retractara y otros tantos fueran asesinados), pero hoy se casa con la de quienes quieren inculpar a como dé lugar a Samper y Serpa. Disculparán los lectores la reiteración en el tema, pero es que la columnista conservadora le sigue debiendo esta explicación a la opinión pública: ¿por qué hace unos años veía a Samper “sin conocimiento” sobre los autores y hoy lo culpa de estar detrás del asesinato de su líder inmolado, siendo que para ambos casos se sustenta en la misma acusación trasnochada de Rasguño?

Por eso me atrevo a pensar que cuando hablé de ‘mala leche’ me quedé cortico, porque lo que en realidad la reputada periodista destila en ocasiones es veneno informativo, unas veces para agitar la gleba desde el micrófono –como hizo el pasado lunes 27- y otras para adormecer audiencias, como durante la campaña a la alcaldía de Bogotá que ganó Gustavo Petro, cuando asesoraba a la candidata Gina Parody y a la vez mantenía en La W su espacio ‘Qué estará pensando María Isabel’, y sin darse cuenta de que le habían abierto el micrófono exclamó “¡hay que subir a Gina, ya, ya!” (Por cierto, estuve buscando ese audio en Internet y hubo gente ayudándome, pero no apareció por ningún lado. Ya ni La Silla Vacía lo tiene, aunque lo tuvo).

Creo obrar con sustento de prueba cuando digo que María Isabel Rueda anda dedicada de un tiempo para acá a hacer política partidista camuflada de periodista. En eso mismo incurrió su colega María Elvira Arango (ambas vinculadas a las empresas políticas y periodísticas de la familia Gómez Hurtado), quien dedicó uno de los segmentos del programa Los Informantes del 12 de octubre pasado a hacerle creer a su millonaria audiencia que Héctor Paul Flórez, condenado en 1997 a 40 años de cárcel por haber sido el que disparó sobre la humanidad de Álvaro Gómez, en realidad es “un chivo expiatorio”.

A la cabeza de esta campaña de propaganda negra está Enrique Gómez Hurtado, de quien el historiador y periodista Enrique Santos Molano dice que fue él y no su hermano Álvaro el líder de la conspiración contra el gobierno de Ernesto Samper. Este personaje sigue en mora de explicar el motivo de la reunión clandestina de dos horas que sostuvo en su propia casa con el coronel Bernardo Ruiz Silva por los días en que este huía de la justicia tras ser cobijado con orden de detención, acusado de haber dirigido el complot para asesinar a su propio hermano. Como dije semanas atrás, “no se trata de acusar al anfitrión, pero mientras no haya explicación a tan extraño suceso queda la impresión de un Caín en turbio lance”.

No sabemos qué consecuencias pueda traer para el suscrito columnista de Semana.com pedir sendas explicaciones puntuales a dos vacas sagradas del periodismo y a una vaca sagrada del Partido Conservador, pero esa preminencia y condición privilegiada –merecida y digna además- no les da carta blanca para ondear banderas de acción partidista encubiertas bajo el manto de causas periodísticas supuestamente orientadas a la búsqueda de la verdad, pero que en realidad apuntan al propósito contrario: a ocultarla.

DE REMATE: Algo verdaderamente llamativo después de la liberación del general Rubén Alzate es el silencio total tanto de la abogada que lo acompañaba ese día, Gloria Urrego, como de los medios de comunicación en torno a ella. Ahí pareciera que la discreción aconseja no mencionar a Watergate delante de Nixon. Pero, ¿qué pasará el día que a ella le dé por hablar? Ahí está la verdadera historia.

En Twitter: @Jorgomezpinilla