domingo, 13 de junio de 2010

Llegó el Comandante y mandó a callar


Hubo una declaración reciente del Comandante de las Fuerzas Militares que podría entenderse como una insubordinación contra el Presidente de la República, pero que misteriosamente no tuvo ninguna repercusión en los medios. Se dio el pasado viernes 11 de junio en horas de la mañana, cuando el general Freddy Padilla de León consideró –en realidad sentenció- "muy peligroso pretender abrir procesos y revertir decisiones judiciales del pasado", en respuesta a la alocución presidencial de la noche anterior, que comenzó así: “el Gobierno y las Fuerzas Armadas recuerdan que el Holocausto de la Justicia, ocurrido hace 25 años, fue un delito de lesa humanidad cometido por la alianza perversa entre el narcotráfico y una de las guerrillas de la época”.

http://www.semana.com/noticias-opinion-on-line/llego-comandante-mando-callar/140401.aspx

En contravía al presidente Uribe, Padilla de León manifestó que la sentencia de la jueza María Stella Jara (contra el coronel Alfonso Plazas, por la salvaje retoma del Palacio) “debe ser acatada”. A continuación recordó que "al M-19 se le indultó y ello ha resultado benéfico, porque se incorporó a la sociedad colombiana", y remató con que el proceso de paz con esa guerrilla "es un ejemplo de lo que tienen que hacer los grupos armados".

Cuando el Presidente calificó lo ocurrido en el Palacio de Justicia como “delito de lesa humanidad”, se entendió como una invitación a revisar el indulto que se le dio al M-19, pues los crímenes de lesa humanidad no prescriben. De modo que las palabras de Padilla de León entraban en abierta contradicción con las de su jefe, y es lo que nos permite hablar de insubordinación.

Lo sorprendente de la jornada fue que en lugar de producirse la fulminante destitución del Comandante de las Fuerzas Militares, el Comandante en Jefe agachó la cerviz y esa misma tarde reconoció que "el proceso de paz con el M-19 fue un paso muy importante para Colombia. Ese proceso lo tenemos que proteger". Ello indicaría entonces que en menos de 24 horas el presidente Uribe le dio un reversazo de 180 grados a su apreciación sobre un mismo tema, como resultado del ‘tatequieto’ impuesto por un subordinado suyo…

En este contexto, adquiere especial significado la renuncia a su cargo del general Padilla. Una renuncia si se quiere simbólica o para sentar un precedente, en la medida en que fue presentada para hacerse efectiva desde el 7 de agosto, o sea a partir del día en que Álvaro Uribe deja de ser su superior jerárquico. Se dirá que es hilar delgado, pero es aquí donde cogen fuerza las versiones que indican que el destape de los ‘falsos positivos’ –con la consecuente destitución de 27 oficiales del Ejército, entre ellos tres generales- lo pudo llevar a cabo Juan Manuel Santos como ministro de Defensa porque contó con el apoyo firme del general Freddy Padilla, contrariando los designios tanto del presidente Uribe como de su protegido el general Mario Montoya, hasta ese día comandante del Ejército.

Pese a que en la noche de la alocución citada (“el Gobierno y las Fuerzas Armadas recuerdan que el Holocausto de la Justicia…”, etc.) al Presidente lo rodeaba toda la cúpula, quedó demostrado que no había el tal monolítico consenso, en la medida en que al día siguiente, ya mediando respetuosa distancia física, llegó el Comandante de las Fuerzas Militares y mandó a callar. Hablando de monolitos, diríase entonces que en la actual jerarquía de mando se advierte una fisura (por no decir grieta) en torno al tratamiento jurídico que vienen recibiendo los militares, donde por un lado estaría el presidente Uribe con sus incendiarias declaraciones contra los jueces y su vertical respaldo a los acusados, y por otro el general Freddy Padilla de León con su perentorio llamado a respetar –y acatar- las decisiones de la justicia.

En estas condiciones, al próximo Presidente de Colombia (o sea Juan Manuel Santos, si esta vez no se equivocan las encuestas) le correspondería designar en el Ministerio de la Defensa Nacional a alguien con la autoridad requerida para ponerle el cascabel al gato de ese malestar ‘general’. Considerando que Santos sabe apreciar a quienes ya en momentos de crisis le han aportado soluciones, juzgamos pertinente formularle esta inquietud:

¿Si no es Padilla, quién?

Podría pensarse incluso que la precoz renuncia a la comandancia hubiese sido concertada entre ambos (Santos y Padilla), con un doble propósito: que el general no se inhabilite para pasar a ocupar el ministerio, y que el nuevo Presidente no tenga que nombrar en el cargo a un militar en ejercicio, sino ya vestido de civil. Pero eso sí es hilar demasiado finito…

sábado, 5 de junio de 2010

Mockus y los idiotas útiles


Dicen que en Colombia “el sentido común es el menos común de los sentidos”. Los resultados electorales del pasado 30 de mayo le conceden la razón al retruécano, pues ese día fue derrotada en las urnas una propuesta tan obvia –y para nada compleja- como la de regresar al país por los senderos de la legalidad. Al respecto, una columna de Horacio Serpa para El Nuevo Siglo ayuda a entender en pocas palabras lo ocurrido: “El triunfalismo inicial que le dieron los sondeos, la falta de experiencia en cuestiones electorales y errores de comunicación, frenaron la ola verde que muchos llamaron un tsunami”. Sobre todo errores de comunicación, que en su mayoría salieron de la boca del candidato.

http://www.semana.com/noticias-opinion-on-line/mockus-idiotas-utiles/140120.aspx

Vista exclusivamente desde el terreno de la honestidad intelectual, la idea de Antanas Mockus de no hacer alianzas con otros partidos es correcta en lo ético, si bien desacertada en lo práctico, pensando en la urgencia de este 20 de junio. Es la coherencia por encima de la conveniencia, en una puesta en práctica cuyos resultados se esperarían a mediano o largo plazo, nunca al corto.

En tales condiciones, diríase que la segunda vuelta electoral será ‘pelea de tigre con burro amarrado’. Pero es algo que a Mockus parece no preocuparle, y una explicación posible sería que mantiene una fe casi religiosa en que los abstencionistas –más de 15 millones de invisibles- acudirán en su auxilio. Fe concebida si se quiere en su acepción católica, que invita a “creer en lo que no vemos”.

Ya despojados de la fe religiosa hallaríamos otra explicación, cual es la de que el resultado electoral de la segunda vuelta le importa un rábano, pues quizá tiene su mente puesta en hazañas superiores, como por ejemplo la de emular algún día al Mahatma Gandhi, quien sin disparar un tiro y casi sin moverse de su casa derrotó al Imperio Británico. En el terreno que nos ocupa, Mockus esperaría derrotar la corrupción e imponer el imperio de la legalidad sin atender a una sola alianza, mediante la difusión serena de su mensaje, quizá con la convicción de que el tiempo (no El Tiempo, obvio) terminará por concederle la razón.

¿Antanas Mockus, el Gandhi colombiano? Es un punto sobre el cual no hace falta detenerse, pero se relaciona con que en la noche del 30 de mayo comprobamos aturdidos que Antanas Mockus podría ser un buen presidente… de Finlandia. Ya llegados a este punto, la pregunta consecuente es: ¿puede un político que exhibe de todo menos condiciones de ‘político’, y que para colmo de males (¿o de bienes?) no porta en su código genético el más mínimo asomo de malicia indígena, gobernar a un país como Colombia? La respuesta es evidente: NO. Por lo menos de aquí al 20 de junio, pues en caso contrario, a sus cualidades de filósofo y pedagogo habría que sumarle la de hacedor de milagros.

Dejando pues atrás el delirio de ganar en la segunda vuelta, en el curso de los próximos cuatro años Mockus tendrá que dedicarse a pulir su discurso y su estrategia, pero sobre todo a confeccionar un Partido Verde a su imagen y semejanza. Porque más que partido, lo que hasta ahora hubo fue un movimiento anticorrupción con fuerte raigambre juvenil, que terminó por fallar –tanto el movimiento como los jóvenes-, a la hora de las definiciones.

Antanas Mockus es un personaje que desconcierta y a ratos incomoda, pero cuyos actuar y pensar revelan un sello inconfundible de autenticidad. Hoy muchos de sus contendores –y algunos de sus seguidores- podrían considerarlo incluso un auténtico ‘suicida’ de la política, no tanto por sus declaraciones a veces contradictorias como por su terquedad en querer preservarse “sin mácula” (para usar una expresión de Noemí, la verdadera gran derrotada), al punto de despreciar a todo el que se le acerca a proponerle algún trato.

En la ecuación matemática de este 20 de junio se aprecia entonces una variable A, donde todo está perdido para Mockus, por cuenta de un Juan Manuel Santos bien apadrinado y además con fama –y resultados- de tahúr. Y una variable B, compuesta por esa inmensa masa de ciudadanos indolentes para quienes no votar constituye una auténtica virtud, porque sencillamente no les interesa la política. (Lo cual en realidad es una auténtica idiotez, si juzgamos a los abstencionistas como los verdaderos idiotas útiles de la corrupción reinante).

Si se unieran A + B, el resultado sería la aplicación de una pedagogía orientada a inculcar en los ‘alumnos’ la importancia de votar, por el bien de todos. Es un hecho incuestionable que ese salto –ya no al vacío, sino hacia la madurez política- no se dará este 20 de junio, cuando se suma en agravante la transmisión de tres partidos del Mundial de Fútbol. Pero el día que el país por fin vote en mayoría para imponer el reino de la legalidad, habremos convenido en que el profesor Antanas Mockus –más tarde que temprano- estaba en lo cierto.

Por ahora no tiene afán, como ya lo ha demostrado, hasta el límite de la impaciencia. “Despacio que tengo prisa”, decía Napoleón Bonaparte a su barbero antes de entrar a la batalla.

jorgegomezpinilla@yahoo.es

domingo, 30 de mayo de 2010

Santos es, gallina lo pone


El pasado lunes 24 de mayo el presidente Uribe comparó a su gobierno con una gallina que pone “tres huevitos de prosperidad: el de la seguridad, el de la promoción de la inversión y el de la política social”. Y pidió, en tono parroquial: “cuidemos esos huevitos”. Es de Perogrullo que se trataba de una –otra- expresión pública de apoyo a Juan Manuel Santos, quien durante toda la campaña habló de pasar de la seguridad a la prosperidad democrática. Como dice el refrán: blanco es, gallina lo pone…

http://www.semana.com/noticias-opinion-on-line/santos-gallina-pone/139599.aspx

Lo cierto es que Uribe no se expresa así por posar de metafórico, sino para provocar un efecto político. En eso, estamos ante un genio de la propaganda. Y la estrategia le funcionó, si nos fijamos en los resultados que le dan a su ‘polluelo’ candidato un primerísimo lugar, muy por encima de Antanas Mockus, a quien dejó casi con respiración artificial. En esta campaña el Presidente se vio ante el imperativo de endosarle a Santos una buena tajada de su popularidad, tarea nada fácil (por la falta de charme de su pupilo), pero no hay duda en que lo logró.

Diríase que las primeras derrotadas fueron las encuestas, pues ninguna mostraba una votación tan alta para el candidato de la U, lo cual podría incluso prestarse para especulaciones. Habrá que ver ahora cómo se justifican los encuestadores, que en lo único que acertaron fue en el último lugar de Rafael Pardo, en la medida en que para el primer lugar daban un empate técnico entre Santos y Mockus.

Los segundos grandes derrotados fueron los partidos Liberal y Conservador, cuyas votaciones sumadas apenas superan el millón y medio de votos. En lo referente a Noemí Sanín, no sería exagerado afirmar que durante los debates se sobreactuó y terminó por desdibujarse. Había que verla con su sonrisa forzada y su marcado histrionismo, para sospechar que no iba por buen camino. Fue como la novia que hemos dejado de querer, por lo que se esfuerza aun más en recuperar el cariño perdido, sin saber que ese esfuerzo desmedido la conduce a su perdición. Como en efecto ocurrió.

El último lugar para Rafael Pardo obedece a que aplicó una estrategia altamente riesgosa (“lo que puede ir mal se pondrá peor”, reza una ley de Murphy), cual fue la de apuntarle a conservar su propio ‘nicho de mercado’, o sea el Partido Liberal. Pardo se dedicó a agitar el trapo rojo, confiado en estudios analíticos que así lo recomendaban. Pero le fallaron tanto los análisis como las otrora ‘huestes’ liberales, en parte porque la lealtad de cuerpo partidista está mandada a recoger, y en parte porque a pesar de su brillante inteligencia, su profundidad analítica y su coherencia política –que esperamos conserve-, le faltó lo que le sobra a Horacio Serpa: carisma. Y como dice el refrán popular, no se le pueden pedir peras al olmo. Pardo dejó en libertad a sus seguidores para que voten “a conciencia”, y falta por conocer la decisión de la bancada liberal, compuesta por congresistas necesitados de puestos, después de doce años de orfandad burocrática.

Germán Vargas Lleras y Gustavo Petro pueden darse por bien servidos, en sus respectivos tercero y cuarto lugar. Al candidato de Cambio Radical le representa una victoria táctica hacia la segunda vuelta, pues sus votos son hoy los más cotizados. Pero no es fácil colegir hacia dónde se irán, si hacia la U o hacia los Verdes, en la medida en que Vargas Lleras brilló con luz propia como el ala decente del uribismo, pero Mockus encarna precisamente la decencia. Así que el dilema será entre apoyar la continuidad del proyecto uribista, o decidirse por lo que en efecto sería un ‘cambio radical’.

En lo referente al candidato del Polo, queda demostrado que las continuas embarradas y consecuentes rectificaciones de Mockus –sumado al brillante desempeño de Petro en los debates- le devolvieron buena parte de los votos que al principio de la campaña se le habían marchado hacia el Partido Verde. Petro sale fortalecido de la contienda, con una votación cercana a la de Vargas Lleras, que también cuenta a la hora de las alianzas.

La pregunta del millón, ahora, es cómo harán los Verdes para atraer hacia su causa los votos que no fueron para Santos, y sumarle los de los abstencionistas que no votaron en la primera vuelta pero estarían dispuestos a dejarse ‘seducir’ para la segunda. Es la hora de la reingeniería en esa campaña, donde lo primero a revisar es por qué, pese a que se daba por descontado que fue la unión entre Mockus y Fajardo lo que los puso de primeros en las encuestas, los votos del ex alcalde de Medellín no se vieron reflejados –de nuevo- en los guarismos electorales. (¿Sería porque se cayó de la bicicleta?) De otro lado, viendo que los votos uribistas se quedaron con Santos, a Mockus le corresponde ahora radicalizar su discurso, ya liberado de la camisa de fuerza que le impedía mostrarse como opositor, para no caerles mal a esos sectores.

Lo verdaderamente asombroso de la jornada es comprobar que la cadena de escándalos que volvieron a aflorar en las últimas semanas de la campaña, y que apuntaban por igual a Juan Manuel Santos como al presidente Uribe (chuzadas del DAS, ‘falsos positivos’, affaire Santiago Uribe, etc.), no tuvieron ninguna incidencia en las urnas. Es algo que pone en entredicho la madurez política de la nación, pues basta con que el presidente Uribe les pida a los colombianos que le cuiden sus huevitos, para que casi la mitad de los votantes salga corriendo -como gallina clueca- a votar por el también cuestionado Juan Manuel Santos…

jorgegomezpinilla@yahoo.es

miércoles, 26 de mayo de 2010

"Lo peor de la condición humana"


En el último debate de Caracol TV, Juan Manuel Santos dijo a modo de queja una frase que lo retrata de cuerpo entero: “la lucha por el poder saca a flote lo peor de la condición humana”. Esto no significa que Santos encarne lo peor, pero sí es (y hay cómo probarlo) entre todos los candidatos que esa noche le acompañaban, el que en su lucha por el poder más se ha manifestado –y obrado- proclive a saltarse lo que se le atraviese para lograr la Presidencia de Colombia.

http://www.semana.com/noticias-opinion-on-line/peor-condicion-humana/139461.aspx

Conviene aclarar que su ambición por la conquista de cada día más poder político es legítima, si no fuera porque los métodos que ha utilizado en tales propósitos no gozan de la misma legitimidad. El primer affaire que en este terreno se le recuerda, alude a la supuesta promoción de un golpe de Estado contra el gobierno de Ernesto Samper, que mencionan por igual Carlos Castaño y Salvatore Mancuso, el primero en su libro autobiográfico (Mi confesión) y el segundo el pasado 21 de abril desde su celda en Washington: “Juan Manuel Santos nos propuso que hiciéramos una especie de golpe de Estado contra el presidente de esa época, que era Samper. Que le consiguiéramos las pruebas del narcotráfico.” Esa misma versión ya había sido entregada por el propio Mancuso en 2007 ante un despacho de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía General, y la última vez lo hizo en una audiencia teletransmitida.

A estos señalamientos Santos respondió afirmando que la Fiscalía archivó una investigación por denuncias similares sobre supuestas maniobras suyas contra Samper, y agregó que “están tratando de sacarse el clavo”. Sea como fuere, se trata de la palabra de uno contra otro –porque Castaño ya está muerto- y la verdad sólo saldría a flote si alguien aportara una prueba testimonial. (Como parece que sí la hay en la acusación del ex policía Juan Carlos Meneses contra Santiago Uribe Vélez: según el premio Nobel de Paz, Adolfo Pérez Esquivel, una grabación que posee el denunciante involucraría incluso al presidente Uribe).

Regresando al tema inicial, lo que incomoda en la citada frase de Santos es que si hay algo que en realidad expone lo peor de la condición humana, es la ocurrencia de más de 2.000 casos comprobados de ejecuciones sumarias (no extrajudiciales, pues éstas sólo se dan en países donde está aprobada la pena de muerte), conocidas y pregonadas como ‘falsos positivos’ para atenuar así su condición de delito de lesa humanidad. Coincidimos con lasillavacia.com en que desde el ministerio de Defensa “el candidato de la U tomó medidas importantes para ponerles fin a estos crímenes al interior del Ejército”, entre ellas la destitución de 27 oficiales y la creación de una unidad especial de 20 fiscales para investigar los casos, pero lo sorprendente es que estando él al frente de la responsabilidad mayor, una cadena de ejecuciones tan macabra y “sistemática” (según Naciones Unidas) no le haya representado ningún costo político, y por el contrario sea hoy el ungido para continuar la tarea de la Seguridad Democrática iniciada –e impuesta a sangre y fuego- por Álvaro Uribe.

Por algo mucho más nimio, como fue el ingreso de unos seis millones de dólares a su campaña, Ernesto Samper casi no pudo gobernar y su mandato se le convirtió en un verdadero infierno, pues no quiso asumir la responsabilidad política que le correspondía –con su renuncia a la Presidencia- ante la presencia comprobada de esos dineros calientes, así hubieran entrado a sus espaldas. A las espaldas de Santos también ocurrieron (sin duda) esos centenares de asesinatos de inocentes, pero lo políticamente ético habría sido que se hiciera a un lado, mientras la justicia investiga y condena –o absuelve-, en la medida en que fue bajo su mando que se presentó lo que nadie dudaría en calificar como “lo peor de la condición humana”.

Hay otros sucesos en los cuales el ‘todo vale’ también ha primado en la búsqueda de resultados, como la utilización adrede de emblemas de la Cruz Roja para obtener una victoria táctica (operación Jaque), o la invasión de un país vecino para eliminar a un importante enemigo. O, para no ir tan lejos, la utilización de una cuña radial que imita la voz del presidente Uribe con la única intención de engañar incautos, y en esta misma onda la transmisión hasta en la sopa de un comercial reciclado de TV que presenta como gran novedad (“más trabajo”) lo que ya había usado J.J. Rendón con calculado éxito, una vez en México y otra en Honduras.

Por todo lo anterior, no se caería en riesgo (¿o sí?) de equivocación al afirmar que Juan Manuel Santos es el candidato menos indicado para quejarse porque “la lucha por el poder saca a flote lo peor de la condición humana”.

jorgegomezpinilla@yahoo.es

viernes, 14 de mayo de 2010

Radiografía de un peligro inminente


Tienen razón en parte los que vaticinan un salto al vacío ante un eventual triunfo electoral del candidato del Partido Verde, pero no porque Antanas Mockus no esté capacitado para gobernar a Colombia, sino porque es tal la cantidad de intereses que se verían afectados, que esos mismos intereses –unos claros, otros oscuros- tendrían que pensar en algo para impedir que Mockus desarrolle (y finalice) un buen gobierno. Diríase que es la única tabla de salvación que les queda a todos los que en los últimos ocho años o más han transitado impunemente por los senderos de la ilegalidad, y hoy sienten que les respiran en la nuca con el tufillo ese de la Legalidad Democrática.


http://www.semana.com/noticias-opinion-on-line/radiografia-peligro-inminente/138898.aspx


Son esos intereses en peligro los que en relación biunívoca ponen en peligro la vida del profesor Mockus y han obligado a reforzar su seguridad, hoy en las buenas manos del general Óscar Naranjo. Pero si hubiera un momento en que esas especies en riesgo de extinción necesitaran una hecatombe, ese momento es ahora.


De todos modos, el peligro no se hará inminente sino hasta después del 30 de mayo, mientras persista la esperanza de que el candidato de la oficialidad, Juan Manuel Santos, pueda -con las armas de que sabe disponer y las que habrán de prestarle-, derrotar en segunda vuelta al candidato de los independientes. Ahora bien, si contrariando las encuestas (aunque no el sentido común) ese día más de la mitad de los votantes se expresara a favor de Mockus y no se requiriera la otra ronda, de nuevo el peligro se haría inminente, para unos y otro. En este contexto, la realidad de una segunda vuelta se convertiría en un verdadero albur para el candidato Verde, pues sus contrarios –y nos referimos en particular a los que acostumbran jugar sus cartas por debajo de la mesa- desplegarían recursos, imaginación y ‘asesorías’ de todo tipo para voltear el naipe a favor de sus expectativas de poder.


Esto no quiere decir que el candidato del Partido de la U encabece esas fuerzas cuyo reino de ilegalidad e impunidad podría irse al traste, pero es un hecho que su recurrente apelación al ‘todo vale’ los hace más propensos a apoyarlo, del mismo modo que los comandantes paramilitares le brindaron su respaldo electoral a Álvaro Uribe en la campaña de 2002 –según reciente confesión de Salvatore Mancuso desde su celda en Washington- no porque estuvieran coaligados sino porque creían que con él estarían mejor resguardados sus intereses. Para ser precisos, en la Conferencia Nacional de Autodefensas de 2001 definieron apoyar a “un candidato con ideología afín a las autodefensas”. (Tomado de verdadabierta.com).


Antes de que la Corte Constitucional declarara inexequible el intento de un tercer período para nuestro Presidente en ejercicio, esas fuerzas a las que hacemos referencia –innombrables, aunque de todos conocidas- se sentían en condiciones de relativa seguridad, porque no se veía en el horizonte cercano quién pudiera ponerle el cascabel al gato de la corrupción reinante. Pero irrumpió con visos de catapulta la figura de un candidato en apariencia humilde y frágil, aunque revestido de una aureola de decencia y honestidad a toda prueba, y les empezó la tembladera, cuya manifestación más visible ha sido la activación de una poderosa campaña de propaganda negra –a todo nivel, pero sobre todo en la Internet-, apenas como cuota inicial de lo que están dispuestos a hacer para impedir el triunfo de Antanas en las urnas.


Sea como fuere, la preocupación no debe estar centrada en lo que podría ocurrirle a Mockus de aquí a la elección final (a los que podrían atentar contra él los cogió la noche, creemos), sino en lo que pasará después de que él deposite por primera vez su honorable y simbólico trasero en el solio de Bolívar. A partir de ese histórico momento comenzaría el verdadero ‘tour de force’ entre esos sectores contaminados y los que irrumpen con intención renovadora, conscientes los primeros de que un estado general de ingobernabilidad los pondría a salvo de que les cobren ciertas cuentas, unas al día presente y otras con carácter retroactivo. Ello, claro está, sólo en caso de que en efecto se aplique la fórmula mockusiana –que en últimas es universal- de sujetarse al imperio de la Constitución y la Ley.


Cuando hablamos entonces de un peligro inminente, no es porque creamos que un fulano en particular se encuentra en riesgo. Nos referimos es a la buena marcha de las instituciones. No se requiere ser mago para advertir que si fuera Juan Manuel Santos el próximo Presidente de Colombia, las cosas seguirían en la ruta trazada, de tú a tú, con una transmisión de mando incluso aburrida. Pero si fuera Mockus-Fajardo la dupla elegida, no sólo andarían por ahí sueltos ciertos elementos dispuestos a contraatacar, sino que la tentación de provocar el salto al vacío (para luego llamar al Redentor) estaría siempre a la orden del día, como espada de Damocles.


De eso –creemos, sin riesgo de equivocarnos- habría que cuidarse.


jorgegomezpinila@yahoo.es


NOTA BENE: El repunte electoral de Juan Manuel Santos en la última encuesta del Centro Nacional de Consultoría y CM& bien puede obedecer a su cuña radial ‘pícara’: mucha gente ignorante de la verdad asume que es la voz del mismísimo Álvaro Uribe Vélez, invitando a votar por Santos. Por cierto, el diccionario de la lengua española Espasa Calpe (2005) define pícaro como “tipo de persona astuta (…) que vive de engaños y acciones semejantes: ‘es tan pícara que sabe ganarse los favores de todos’.”

viernes, 7 de mayo de 2010

La conversión de Vladdo


El grado de ‘seducción’ que Antanas Mockus viene ejerciendo sobre la intelectualidad colombiana se puede medir en parte por lo que hoy ocurre con el caricaturista Vladdo. Según Yolanda Soler Mantilla –fiel fan de Aleida, aunque también aguda crítica- su caso podría compararse con la conversión que vivió Saulo de Tarso, más conocido como San Pablo o el Apóstol de los gentiles, un ciudadano romano que perseguía a los cristianos pero a quien un relámpago de luz que venía del cielo lo tumbó de su caballo y escuchó una voz que le decía “Saulo, Saulo, por qué me persigues”, y desde ese día se dedicó a predicar la palabra de Jesucristo.


http://semana.com/noticias-opinion-on-line/conversion-vladdo/138597.aspx


La comparación con Vladdo radicaría en que éste se ha dedicado a fustigar a los políticos y desnudar sus caídas y defectos con altas dosis de humor negro (ácido, incluso), pero ahora pareciera caer rendido ante los encantos de uno de ellos, de quien como muestra palmaria de su conversión escribió que “si todos los pesimistas nos uniéramos alrededor de la propuesta y el nombre de Antanas, a lo mejor les damos una sorpresa a los políticos tradicionales”. Aquí el candidato del Partido Verde no pierde –para Vladdo- su condición de político, sólo que lo ve diferente a los “tradicionales”, y sería esa diferencia entre unos y otro la que le permite manifestar su apoyo a Mockus.


“¿Será que son amigos?”, se preguntaba –presa de la intriga- Yolanda. No conocemos la respuesta, pero se sabe de buena fuente que el caricaturista contó haber almorzado una tarde de éstas en casa de los Mockus Córdoba (en compañía además de las hijas, Laima y Dala), y que era tal el grado de confianza en que se hallaban que cuando pidió un vaso de leche fueron hasta la nevera y se la sirvieron de la bolsa, que había sido abierta no con instrumento cortante sino con los mismos dientes. Esto no resuelve la incertidumbre en torno a si son o no amigos, pero sí ubica la simpatía –mutua, como ha de colegirse- en un respetable plano personal.


Aquí la discusión de fondo gira en torno a si un periodista que hasta ahora se había distinguido por su independencia a toda prueba, no estará arriesgando su credibilidad o su pretendida imparcialidad, al expresar tan abierto apoyo a un candidato. En este contexto, si nos diera por parodiar a Mockus, diríamos que “la independencia es sagrada”. De todos modos, para salir de dudas le planteamos la inquietud al propio Vladdo, quien respondió que como ciudadano está ejerciendo su derecho a votar por alguien (“antes votaba en blanco”), por lo que se trata de “una decisión personal, muy mía”. Dijo además que “en mi trabajo no trato de parecer objetivo ni equilibrado”, y que se siente tranquilo porque “no le estoy pidiendo chanfa a Mockus”, y remató con que en últimas “si el tipo mete la pata, se la cobro”, no sin antes aclarar que “Antanas no me haría reclamos por ninguna caricatura”.


Sea como fuere, la inquietud ha cundido incluso hasta las páginas de Un Pasquín (el periódico de Vladdo), donde la columnista Olgahelena Fernández se preguntaba si ese mensuario “¿es de oposición a todo y a todos? ¿No importa quién gobierne? ¿No importa si lo está haciendo bien?” Ella misma responde diciendo que “si gana Mockus, pues nos dedicamos a criticar los mimos y los girasoles… y lo de los mimos no lo haría por amargada, a esos sí los detesto realmente”. (Edición 53, abril de 2010). Sana preocupación, pues es sabido que Un Pasquín nació, creció y se reprodujo como una publicación nítidamente contestataria al régimen de Álvaro Uribe, de modo que un triunfo eventual de Antanas Mockus los dejaría con “sustracción de materia”. Así las cosas, mientras no reventara algún escándalo mockusiano, les tocaría dedicarse a hacer frío y escueto análisis político.


Ahora bien, así como hoy Vladdo le brinda su apoyo desinteresado al proyecto Verde, ¿no se podría acaso contemplar la posibilidad de que, siendo consecuentes con dicho apoyo, Un Pasquín decidiera seguir apoyando abiertamente al gobierno de Antanas y –en contraprestación o no- en sus páginas tuviera cabida la publicidad oficial, en lo que serían transacciones perfectamente legales, incluso ‘meritocráticas’? O, es más, ¿qué pasaría si al presidente Mockus se le ocurriera ofrecerle el Ministerio de Comunicaciones a Vladdo, y no a modo de retribución sino porque sencillamente se le dio la gana, o porque le pareció que era la persona más indicada para ese cargo?


Estos son –diríase entonces, sin más rodeos- los riesgos a los que se expone un reconocido periodista independiente cuando resuelve participar activamente en política.