jueves, 12 de agosto de 2021

¿Un concurso de periodismo amañado?

 


Tomado de El Espectador

Una noticia divulgada por la W Radio es el punto de partida de esta columna: “En Santander entregan por error un premio a persona que no le correspondía”. Allí se dice que “similar a lo que pasó con Miss Universo, sucedió en Santander durante la ceremonia de los premios de periodismo Luís Enrique Figueroa, evento organizado por la Gobernación”. (Ver noticia).

Anunciaron como ganador de Mejor Crónica Deportiva de Prensa a Sergio Bustos, de Q´hubo, y subió por la placa que le entregó el gobernador, pero dos días después se supo que el verdadero ganador era Néstor González, de Vanguardia. Sería interesante dilucidar dónde se originó el yerro, si en el teclado de una secretaria o en la mano traviesa que quiso alterar el acta del jurado para favorecer a fulano o acatar la orden del jefe que pidió no olvidarse de zutano.

Pero allí no paran las extrañezas, y hablo desde la orilla del que participó con una columna de opinión y asistió a la ceremonia de premiación. Fui no porque esperara alguna distinción (absurdo que premiaran a un crítico radical del clan Aguilar) sino porque quería ser testigo de un evento donde lo más granado del periodismo santandereano se sentaba frente a un gobernador cuyos papá y hermano están presos.

Semanas atrás habían anunciado un premio de 13 millones de pesos para cada una de las 17 categorías en juego, pero solo hasta llegar al empinado Cerro del Santísimo en la noche lluviosa del miércoles 4 de agosto nos enteramos de que no serían 17 sino 34 los premiados, pues a última hora habían decidido que, como no hubo premio el año anterior motivo pandemia, en esta ocasión habría doble premio. ¿Por qué la decisión no la dieron a conocer desde el día que anunciaron la convocatoria al premio y solo se vino a saber esa noche? Primera anomalía a la vista; pero los periodistas estaban complacidos, porque tendrían doble chance.

La segunda anomalía -si así se le puede llamar- se presentó cuando algunos miembros del jurado enviaron en video un mensaje al público y, entre ellos, desde un estadio de Tokyo 2020 se le escuchó decir esto al periodista deportivo Tito Puccetti, palabras más palabras menos: “hubo muy buenos trabajos, los felicito a todos, pero lamentablemente solo se podía escoger a un ganador”.

Quizás haber dejado pasar esta declaración de Puccetti fue un lapsus de los organizadores del entuerto, pues, mientras este afirmaba enfático que había cumplido con la tarea de escoger a un ganador en las categorías que le correspondieron, la presentadora de la ceremonia acababa de anunciar que en esta ocasión habría doble premio, ambos con el mismo reconocimiento monetario. Y, vaya coincidencia, fue en una categoría Deportiva donde la W Radio constató que se adjudicado un premio a la persona equivocada.

La duda razonable está en saber si a los miembros del jurado se les invitó a escoger un ganador en cada categoría… o dos. La evidencia parece indicar que la Gobernación les habría dado un vuelco politiquero a los resultados, consistente en que luego de recibidos estos, habrían decidido un doble estipendio para poder premiar a los propagandistas de la administración de Mauricio Aguilar.

La duda se transforma en sospecha cuando el anuncio del doble premio se da justo en la ceremonia de premiación, no antes. Diríase entonces que huele a embuchado, y es a los colegas miembros del jurado a quienes les corresponde actuar con entereza e informar -en amable invitación que desde aquí formulo- si les pidieron que escogieran a un solo ganador o a dos, y si eran dos por qué Tito Puccetti fue la excepción cuando dijo que le habían pedido escoger a un solo ganador por categoría.

No se debe olvidar que, como antecedente cercano a dichas anomalías, el diputado conocido como el Profe Ferley Sierra había denunciado apenas en días previos que, valiéndose del plan de medios, la Gobernación de Santander les estaría pagando a influencers, twitteros y medios fantasmas para mejorar su imagen. Esto lo habrían hecho a través de un contrato con el Canal TRO, firmado el 11 de septiembre de 2020 por 2.750 millones de pesos y este año renovado por un monto superior a los 5.800 millones. (Ver denuncia).

El jurado del Concurso Departamental de Periodismo Luis Enrique Figueroa Rey en su versión número 24 estuvo integrado por Claudia Palacios (CM&), Tito Puccetti (Caracol Televisión), Johnatan Nieto (CityTv) y Raúl Rodríguez Puerto, decano de Comunicación de la universidad Externado de Colombia. Fungiendo como coordinador por parte de la Gobernación estaba el también periodista deportivo (nueva coincidencia) Jairo Giraldo Jiménez.

Este último debería explicar por qué fue precisamente en lo deportivo que se cometió el error de entregarle un premio al que no era, y por qué si él estuvo presente en la premiación y conocía la verdadera lista de ganadores, no hizo la debida corrección en el momento que se presentó el error (como sí se hizo en la coronación de Miss Universo atrás mencionada).

Del mismo modo, a los restantes miembros del jurado les corresponderá aclarar si los nombres y la cantidad de periodistas premiados se ajustó al acta que ellos entregaron, o si posterior a su envío alguna “mano amiga” arregló el acta al amaño del clan Aguilar.

DE REMATE: Esa noche uno de los dos premios “A la Obra y Vida de un Periodista” (con cuantía de 22 millones) le fue entregado al autodenominado periodista Héctor Gómez Cabarique, quien al recibir la distinción manifestó su "gratitud eterna (...) al señor gobernador Mauricio Aguilar". (Ver panegírico). Eso no lo hace un periodista sino un lambón del poder, y refuerza la impresión respecto a que el premio no lo concedió un jurado imparcial y transparente, sino el funcionario objeto de tan efusivo agradecimiento. ¿"Gratitud eterna" al hijo del coronel preso por paramilitar y hermano del exgobernador preso por corrupto? Vea pues, lo torcido que anda el periodismo en Santander…

martes, 3 de agosto de 2021

Voto obligatorio versus “¡Inscriba ya su cédula!”

 


Tomado de El Espectador 

De un tiempo para acá se volvió tendencia en las redes sociales una serie de mensajes de famosos pidiéndole a la gente que inscriba su cédula, acompañados de trinos donde explican la importancia de renovar la composición del Congreso como un camino necesario para sanear la democracia. Dicen que “si aprendemos a votar, no volveremos a marchar”.

Loable tarea, pero recuerda aquel refrán según el cual el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Partamos de considerar que el voto debería ser libre y voluntario, en eso no hay discusión. Ahora bien, eso aplica para una ciudadanía actuante y deliberante como la danesa de la magnífica serie Borgen, no para una democracia imperfecta (imperfectísima, para perfeccionar la idea) como la nuestra, donde lo habitual es que entre el 50 y 70 por ciento del censo electoral se abstiene de votar en cada elección y la mayoría de los políticos se hacen elegir mediante prácticas corruptas.

El abstencionismo es la primera fuerza política de Colombia, y es lo primero que debemos combatir si queremos un mejor país: la apatía electoral del colombiano, justificada de algún modo en el Frente Nacional, cuando se acordó la alternancia del poder cada cuatro años y la gente se aburrió de votar porque descubrió que sin importar por quién votaban, ya se sabía quién iba a ganar. Así fue durante 16 años.

Desde ese entonces comenzaron a ganar terreno los gobiernos de coalición, consistentes en que se ponen de acuerdo los que ganaron con los que perdieron, desde una alcaldía o una gobernación hasta la misma Presidencia, para repartirse la marrana entre todos. O sea, se estableció como norma la corrupción, tanto la electoral expresada en la compra indiscriminada de votos a muy bajo precio, como la administrativa: “hay para todos”.

Esto obliga a adoptar medidas de urgencia, y la primera a la mano, viable con voluntad política, es haciendo aprobar en el Congreso una ley que convierta el voto electoral en un deber ciudadano de cumplimiento obligatorio, como el de pagar impuestos, digamos que de modo temporal (por ejemplo con la misma duración del Frente Nacional) y con propósito pedagógico.

La composición de un Congreso como el que necesita Colombia solo puede salir de la voluntad nacional expresada en una primera jornada de voto obligatorio, y una segunda y una tercera, hasta que aprendan: ahí se va a saber qué es lo que de verdad quiere la gente, a quién quieren ver gobernando.

Así las fuerzas políticas de izquierda del Pacto Histórico y las centristas de la Coalición de la Esperanza no se hayan puesto de acuerdo en un solo candidato a la Presidencia (que arrasaría en primera vuelta), es de carácter URGENTE que sí logren coincidir en impulsar el voto obligatorio como una medida de saneamiento de la democracia.

Debemos tratar de unir al mayor número posible de voluntades en la tarea de imponer el voto obligatorio, con la plena seguridad de que son más los beneficios que el daño que pudiera ocasionar a nuestra democracia.

Es ahora o nunca, como dije hace dos años en columna para El Espectador. Puesto que la urgencia sigue inaplazable, reproduzco aquí los apartes que pretenden reiterar la premura requerida para actuar con criterio quirúrgico en la extirpación de esta llaga, la del abstencionismo.

- Una votación en la que vota menos del 50 por ciento del censo electoral debería declararse ilegítima, porque no permite conocer la voluntad de la mayoría de los electores.

- La gente no vota porque cree que todos los políticos son corruptos, pero es cuando se abstiene de votar que patrocina la elección de los corruptos. A nadie más que a un político corrupto le conviene que la gente no vote, porque le queda más fácil hacerse elegir acudiendo a la compra de votos al menudeo.

- El voto en blanco como medida de protesta tiene un peso político mayor -y decisivo- cuando va acompañado del voto obligatorio. Ahí sí, se dan las condiciones para forzar a una nueva elección cuando el voto en blanco gana por la mitad más uno.

- Instrumento pedagógico: cuando los votantes comparen los resultados entre lo que era una elección donde ganaba el abstencionismo y otra en la que todos votan, aprenderán a valorar la importancia de cada voto individual.

Es importante y crucial inscribir la cédula para votar en la próxima elección, por supuesto, pero la solución definitiva reside en unir el mayor número posible de fuerzas políticas, incluso de la derecha civilizada, para sacar adelante en el Congreso la norma del voto como un deber ciudadano de obligatorio cumplimiento.

Permanente o temporal, eso luego se verá, en el camino se arreglan las cargas.

¿Por qué ningún político ha adoptado como bandera electoral el voto obligatorio? ¿Quizá porque los colombianos no quieren que se metan con su pereza? Sin riesgo de equivocación, si para el plebiscito de 2016 el voto hubiera sido obligatorio, habría arrasado el Sí a la paz y el uribismo habría sido derrotado, y hoy tendríamos un gobierno muy diferente al que desde el 7 de agosto de 2018 nos ha tocado soportar.

Ah malhaya suerte la nuestra…

Post Scriptum: Recomiendo a ojo cerrado la columna del profesor universitario Germán Ayala para El Unicornio, donde plantea una tesis coherente con la evolución de los acontecimientos tras el asesinato del presidente de Haití: "La defensa estatal de los sicarios que ha asumido la Cancillería en cabeza de Marta Lucía Ramírez, parece poner en evidencia que desde nuestro Gobierno intentan ocultar el entramado criminal montado por la extrema derecha latinoamericana para asesinar a Moïse". (Ver columna).

lunes, 26 de julio de 2021

Gustavo Bolívar y Simón Bolívar

 


Tomado de El Espectador 

Esta columna se inspira en unas décimas del abogado e historiador santandereano Gerardo Martínez para El Unicornio, que sintetizan en lúcida expresión poética lo ocurrido el 20 de julio durante la instalación del Congreso de la República:

"El grupo de los decentes

quería elección de almíbar,

pero les dieron acíbar;

y el día de la Independencia,

en terrible coincidencia

derrotaron a Bolívar".

(Ver décimas).

Este Bolívar no es Simón sino Gustavo, y acíbar amargo fue la “jugadita” que urdieron en perversa manguala el Centro Democrático y Alianza Verde, encabezada por Angélica Lizano, para arrebatarle la segunda vicepresidencia del Senado. No lo digo yo, lo dice Katherine Miranda, miembro de esa agrupación: “mi partido le quitó la vicepresidencia a Gustavo Bolívar de una manera muy baja. Es un daño enorme no solo a la oposición sino a la política en general”. (Ver noticia).

Ya no en terrible sino en feliz coincidencia, la rima del decimero trajo a mi mente las disputas que por los días de la Independencia libraban los criollos en variadas tendencias, unos centralistas y otros federalistas, unos realistas y otros “patriotas” que luchaban a brazo partido para librarse de la tiranía del rey Fernando VII, quizás el más torpe y déspota de los monarcas que tuvo la Corona.

Si extrapolamos el escenario político de entonces al decorado que presentaba nuestra república durante la “celebración” de la Independencia del pasado martes negro 20 de julio, cuando por primera vez en la historia de Colombia se impidió la entrada de la prensa al Capitolio e Iván Duque afirmó con cinismo que vivimos “una democracia robusta”, encontraríamos aspectos que sirven de insumo a un posible parangón.

En un terreno donde la realidad compite con la fantasía, los realistas de hoy serían los uribistas que defienden a su regente, Álvaro Uribe Vélez, mientras que Duque representaría al sanguinario capitán Pablo Morillo (hombre estricto y religioso, como Alejandro Ordóñez) enviado por el rey Fernando a recuperar el terreno perdido ante las huestes de Bolívar y restablecer el virreinato. Si de reconquista se ha de hablar para el caso actual, ¿no fue esto lo que logró Uribe al derrotar en dos batalles decisivas a su exaliado traidor Juan Manuel Santos, primero en el plebiscito de 2016 y dos años después en la elección presidencial?

En referencia a los criollos de antes, durante la primera Junta de Caracas (que logró una incipiente independencia para Venezuela) se evidenciaban marcadas diferencias, unos partidarios de actuar sin contemplaciones contra el poderío español -como Simón Bolívar-, otros temerosos de romper con la corona y partidarios de tender lazos, hasta los que solo buscaban pescar en río revuelto, como el mercenario general Francisco de Miranda, que terminó negociando con los españoles. Y sea la ocasión para ubicar aquí a Néstor H. Martínez como el Miranda de Santos, pues este lo hizo elegir fiscal pero terminó entregado a la causa del “rey” Uribe, archienemigo de su extutor político.

En referencia a los ‘criollos’ actuales, ahí tendrían cabida tanto el centro político representado por el tibio Sergio Fajardo y su variopinta Coalición de la Esperanza, como la izquierda que encabeza Gustavo Petro. Unos y otros (¿tirios y troyanos?) están supuestamente interesados en derrotar al regente Uribe, pero viven agarrados en luchas fratricidas que impiden lograr la anhelada unión, esa sin la cual se convierte en utopía la tarea de conquistar la independencia de la tiranía uribista.

Como parte del parangón histórico, me atrevo a pensar que los combates que desde el Congreso y sus redes sociales ha librado Gustavo Bolívar en defensa suya contra las huestes uribistas, lo convierten en “el hombre de las dificultades” y le dan el palmarés para ubicarlo en un nivel similar al de Simón Bolívar. El modo en que la bancada del Centro Democrático (o sea la corte del ‘rey’ Uribe) ha tratado de enlodar su prestigio, mientras es víctima de “puñaladas traperas” desde el lado de quienes debían ser sus aliados (léase Alianza Verde), tan solo ha logrado un efecto contrario, pues lo han crecido hasta un punto en que hoy dispone de un capital político que podría servirle para aspirar a más altos menesteres.

En este contexto puramente imaginativo, vislumbro un escenario donde Bolívar (Gustavo) pudiera jugar un papel protagónico mayor, digamos como lugarteniente del “libertador” Gustavo Petro, enfocado al objetivo supremo de obtener la Presidencia de la República para los “rebeldes criollos” mediante una amplia coalición, tan amplia que logre incorporar incluso al sector que lo agravió con la zancadilla electoral del martes 20 de Julio en el recinto del Senado.

Se trata entonces de proponer o sugerir que Bolívar participe de manera más activa en la tarea de aglutinar voluntades, teniendo como meta llegar unidos el centro y la izquierda a la primera vuelta, algo que él mismo ha planteado como condición sine qua non para obtener el triunfo final.

Gustavo Bolívar no tiene afanes caudillistas y posee amplia capacidad de convocatoria de sectores afines, hacia la anhelada unidad de todas las fuerzas ‘criollas’ independentistas.

Post Scriptum: Según Piedad Córdoba, es cuando menos curiosa la cercanía del reclutador de mercenarios y presunto autor intelectual del asesinato del presidente de Haití, Antonio Intriago, con Iván Duque y el uribismo. (Ver trino). Si a esto se le suma su sospechosa amistad con el ‘Ñeñe’ Hernández y la reciente elección de Jennifer Arias, lobista de pilotos llaneros de la mafia, como presidenta de la Cámara baja, tendría razón Joaquín Robles cuando dice que “Cómo vamos a acabar con el narcotráfico si los que manejan el Estado son los dueños del negocio”. (Ver trino).

miércoles, 21 de julio de 2021

Los Simpson y su “afición” a la marihuana (II)

 


Tomado de El Espectador

En columna anterior dije algo que debería ser tema de alto calado: la serie de dibujos animados de mayor audiencia en la historia de la televisión mundial, Los Simpson, emblemática de la familia y la sociedad norteamericanas, en torno a la marihuana hace una apología a favor de su consumo. Antes lo hacía de manera disimulada, ahora abierta.

La parte abierta (o descarada) apunta al capítulo 17 de la temporada 31, titulado Highway to Well, donde Marge Simpson es empleada de una tienda dedicada a la venta libre de hierba, y su esposo Homero decide montarle competencia abriendo una “olla”, de las que estaban prohibidas en Springfield antes de la legalización.

La parte disimulada se refiere a un hallazgo personal, una serie de capítulos donde le rinden homenaje o culto a un libro que enseña a fumar hierba, A Child´s Garden of Grass, un clásico de la cultura psicodélica en los Estados Unidos de los 70s, que reza desde su portada: “The oficial handbook of marihuana users” (Manual oficial para usuarios de la marihuana). (Ver collage).

Y no lo planteo como algo negativo. Por el contrario, pareciera que los libretistas de la serie lo hacen con propósito altruista, el de divulgar los beneficios de su consumo. De ahí mi interés en el tema, a tal punto que busqué a los autores del libro y descubrí que uno de ellos sigue vivo, Richard Clorfene, y cuando lo contacté le pregunté por la aparente conexión entre su libro y Los Simpson, y esto dijo: “I assume it was because the book was very daring at the time and The Simpsons writers and producers all smoked grass”. (“Supongo que fue porque el libro era muy atrevido para el momento y los escritores y productores de Los Simpson fumaban hierba”).

Yo le expuse a Clorfene mi interés en traducir el libro para el mercado hispano, convencido de que su presencia en varios capítulos de Los Simpson constituiría un poderoso atractivo para la venta, ligado además a lo que ya ocurre en gran parte de Estados Unidos y se vislumbra como inatajable en el mundo entero: la legalización de la marihuana para su producción, distribución y consumo.

Richard Clorfene pidió una suma en dólares por los derechos de traducción y un 10 por ciento de regalías de autor por cada ejemplar vendido en su versión al español. Como yo no disponía de esa plata (cercana a diez millones de pesos), le dije que pensaba hacer un Crowdfunding para recogerla, y le mandé el guion del video. Él se entusiasmó tanto, que me dijo: “Brilliant! I love it. What if you raise a million dollars? Do I get a share of it? “. (¡Brillante, me encanta! ¿Y si recauda un millón de dólares, recibo una parte?). En respuesta le hablé de un 10 por ciento, a cuenta de las regalías editoriales. Y se mostró complacido.

Todo pintaba a pedir de boca, pero la primera dificultad apareció cuando grabamos el video y lo montamos en la página Indiegogo.com, de manera bastante artesanal hay que decirlo, tan artesanal que proponíamos algunas modalidades para aportar, solo que en dólares, mientras que la cuenta estaba habilitada para recibir únicamente aportes en pesos colombianos. 

Eso lo vinimos a saber semanas después, sorprendidos de ver que nadie aparecía interesado en contribuir a la traducción de tan divertido libro. Se trataba además de un error irreversible, porque había finalizado el ingreso del proyecto, o sea que repararlo significaba reiniciar un nuevo proceso.

El segundo error fue no haber porfiado en la idea del Crowdfunding, sino que me fui a hablar con un famoso caricaturista (no es Matador) para proponerle que nos asociáramos en el proyecto de traducir, editar y promover la venta de A Child´s Garden of Grass, valiéndonos tanto del gancho comercial de Los Simpson como de la fama de la persona a la que yo acudía. La idea era que él pusiera la plata que pedía Clorfene por los derechos de traducción, y a cambio yo le ofrecía una participación del 40 por ciento en el negocio editorial.

A mi amigo el caricaturista le agradó la idea, incluso me dijo que él tenía registrada en Miami una cuenta que podría servir para girarle al autor, quien residía en una aldea israelí de nombre Safed. Pero quiso revertir la torta: como él era tanto el propietario de la fama para promover el libro como del dinero para pagar los derechos, consideraba que el 40 por ciento debía ser para mí y el 60 restante para él. O sea, quiso apoderarse del negocio, y en mis oídos todavía retumba algo que dijo más de una vez: “aquí no cuenta la amistad, business is business”.

Si la memoria no me falla, fue esa la última vez que vi al famoso caricaturista.

De ahí en adelante me ocupé en otras cosas, el mismo Clorfene no entendió por qué me había desentendido del proyecto; la verdad sea dicha, ni yo mismo lo sabía. O sí lo sabía, atravesé una tormenta de problemas personales que me tuvieron en situación “agobiada y doliente”.

Pero fue hasta que vi el capítulo de Los Simpson ya mencionado cuando juzgué viable resucitarlo, y el propósito de haberle dedicado aquí dos columnas es precisamente el de exponer la idea en busca quizá de un aliado estratégico al que le suene llamativa, así sea para asociarnos en la producción de un Crowdfunding realizado “con todas las de la ley”.

A modo de abrebocas, aquí dejo el video (bastante artesanal, ya lo dije) que elaboré con el propósito ya descrito, donde se resumen el hallazgo que hice sobre la presencia embozada de un divertido manual para fumadores de hierba en Los Simpson, y la propuesta de conseguir aportes para publicarlo en español: Ver video.

Escucho sugerencias.

Post Scriptum: En busca de apreciar mejor el contexto, no se puede pasar por alto que hace 13 años Los Simpson predijeron que la marihuana sería legalizada en Canadá, y ocurrió cinco años después. Alguien en Winnipeg le ofrece un porro a Flanders, mientras le dice: “Aquí es legal”. A lo que Flanders responde: "Me advirtieron que Satanás sería atractivo. Vámonos". (Ver escena). También vaticinaron el triunfo de Donald Trump, el premio Nobel de Economía para Bengt Holmström y el de química para Bernard L. Feringa, y mencionaron la desaparición de un equipo de fútbol brasileño antes de que se hubiera estrellado un avión con el Chapecoense cerca de Medellín.

@Jorgomezpinilla

martes, 13 de julio de 2021

Los Simpson y su “afición” a la marihuana (I)

 


Tomado de El Espectador

Hubo un tiempo en que la más popular serie de dibujos animados de la televisión, Los Simpson, mostraba tímidas escenas donde alguien fumaba marihuana o accidentalmente sentía los efectos de su consumo, y de ahí no pasaba.

Pero de un tiempo para acá ya se están descarando, y constituye prueba reina el capítulo 17 de la temporada 31, titulado Highway to Well, cuya traducción para Hispanoamérica fue Camino al bienestar y en España Autopista al pozo, pero en Colombia podría traducirse sin temor a equivocarnos como Camino a la olla. (Ver capítulo).

A calzón quitado, la libretista Carolyn Omine cuenta que un día en Springfield es aprobada la marihuana para todos los usos, incluido el culinario, y la muy correcta Marge Simpson consigue empleo como vendedora en una tienda dedicada a su comercialización, que lleva por nombre Good and Well, con un espacioso y muy variado surtido.

Hasta ahí todo a pedir de boca, pero lo llamativo es que su esposo Homero decide montarle competencia, motivado por los reclamos del conductor del bus de sus hijos, Otto (el marihuanero de la serie), quien visita a Good and Well pero al final no compra nada, atrapado por la nostalgia de las expendios de antes, cuando hasta el riesgo de ser detenido le daba mejor buqué al cruce.  Así que se va a la taberna de Moe, donde están Homero y Lenny, y les comparte su frustración: “toda la vida soñé con la hierba legalizada… ¡y resulta que te arruina la vida!”.

Pero sus amigos son solidarios y deciden ayudarlo, montando detrás de la taberna algo que también está permitido: una típica “olla” gringa para la venta de drogas, con un papagayo vivo en la esquina de la habitación, una pipa de agua sobre una repisa y un joven Lenny que absorto juega Nintendo, ajeno a la clandestinidad de la operación.

No contaré todo el capítulo, solo anotaré la parte escandalosa del asunto: Marge y Homero Simpson, modelos de una familia típica norteamericana, dedicados cada uno por su lado a la venta de hierba al menudeo, en las más variadas formas. ¿Qué tal el ejemplo formador para los niños, ah?

Si llegara a ser cierto que Los Simpson han predicho muchas cosas que en el curso de la historia reciente se han cumplido, aquí estarían prediciendo o anunciando la legalización de la marihuana (y quizá de todas las drogas) para su producción, distribución y consumo. Hacia allá vamos, es evidente, así lo vislumbra el sentido común, algo que en Colombia es hoy el menos común de los sentidos.

La “afición” de Los Simpson por la marihuana es de vieja data, y de ello da cuenta un descubrimiento que hice hace muchos años, cuando comprobé (debido también a mi “afición” a la serie) que en forma soslayada el libreto le rendía homenaje a un libro que enseña a fumar marihuana.

Me refiero a A Child’s Garden of Grass, algo así como El jardín de hierba de un niño, libro de culto en Estados Unidos durante los sicodélicos años 70, del que se vendió un millón de ejemplares en su primera edición e incluso se hizo una versión sonora, en disco de acetato. El libro lo tomé un día de la biblioteca de una antropóloga que unas semanas después se suicidó. Esa noche se lo le pedí prestado y ella planteó un canje; a cambio le entregué Sin remedio de Antonio Caballero, y se entenderá por qué ninguno de los dos devolvió el respectivo libro.

De esto hace unos 30 años y lo interesante es que el libro -muy divertido, con un humor irreverente de claro sello Simpson- abogaba desde la carátula por la legalización (“A pre-legalization comedy”) y portaba un epígrafe que no dejaba dudas: “The oficial handbook of marihuana users”. (Ver libro).

Pues bien, un día noté en un capítulo de Los Simpson que Homero decide volverse inventor como Thomas Alba Edison, y el primer libro que consulta es A Child’s Garden of Edison. Y en otro capítulo Homero y Bart conforman un dúo de estafadores, y Bart se capacita en el oficio leyendo A Child´s Garden of Cons. Y en Futurama (del mismo creador, Matt Groening) aparece Philip J. Fry sosteniendo en su mano un ejemplar de A Child´s Garden of Space Legends). Y así. (Ver collage).

Es evidente entonces que Los Simpsons siempre han sido partidarios de la legalización de la hierba, a tal punto que han convertido el tratamiento del tema en una especie de apostolado, diríase incluso con el propósito de convencer a la audiencia de los beneficios del consumo. Y lo digo no en tono acusatorio, sino todo lo contrario: como una tarea que la asumen con sentido altruista.

En la misma línea, mi interés por este clásico de la psicodelia me llevó a pensar en traducir el libro para el mercado hispanoparlante, ligado al ‘atractivo’ de su presencia soslayada en Los Simpson. Y con la ayuda del diccionario hice mi propia traducción al español, y me puse en la tarea de buscar a los autores, Richard Clorfene y Jack S. Margolis.

Un primer acercamiento a Google mostró que Margolis había muerto, pero unos años después fue posible ubicar a Richard Clorfene en una aldea israelí de nombre Safed, provincia de Hazafon, convertido al judaísmo y ataviado con una larga barba blanca de rabino. Iniciamos contacto vía mail, en inglés y en los mejores términos. Cuando le pregunté por la aparente conexión entre su libro y Los Simpson, así respondió: “I assume it was because the book was very daring at the time and The Simpson writers and producers all smoked grass”.*  Con esto les digo todo.

Pero me estoy saliendo del tema, y la continuación de esta historia es algo extensa. Quizás siga siendo del interés de los lectores de El Espectador la semana entrante, cuando hablaré de los avatares que se presentaron en el intento que hice de traducir al español un libro tan importante para Los Simpson como A Child’s Garden of Grass.

* Supongo que fue porque el libro era muy atrevido para el momento y los escritores y productores de Los Simpson fumaban hierba. Richard Clorfene

Post Scriptum: En relación con el magnicidio del presidente de Haití a manos de un grupo de militares colombianos, recomiendo esta columna de Gerardo Ferro para El Unicornio donde afirma que “si en un país son capaces de matar al presidente, quiere decir que pueden matar a cualquiera”.

martes, 6 de julio de 2021

Hippies y poliamorosos, ¿son la misma vaina?

 


Tomado de El Espectador

Rara vez coincido con Felipe Zuleta Lleras, sobre todo desde que sufrió una metamorfosis que lo transformó de periodista acucioso a obsecuente admirador de la figura (cada día más redonda) del subpresidente Iván Duque. Pero el domingo pasado coincidimos en algo que escribió para El Espectador: “El matrimonio es contra natura, así la Iglesia se empeñe en sostener lo contrario. Nada dura para siempre y la vida en pareja no es una excepción”.

Es un tema que me obsesiona, aunque no al grado de Zuleta Lleras, quien ahí mismo confesó ser “una persona inestable, neurótica, impaciente y con trastorno obsesivo compulsivo”. (Ver columna).

La coincidencia en la aversión a la convivencia conyugal es de vieja data, incluso podría salir con que “lo dije yo primero”. Hace bastantes años escribí para Semana una Diatriba contra el matrimonio, por los días en que me separaba de la mujer que más he amado, y dos años después en tono aún más radical afirmé en El Espectador que definitivamente Hay que abolir el matrimonio.

Pero no hablo como un damnificado del amor, sino en representación de quienes creen que “es de humanos el deseo: por tanto, el amor entre dos no se puede decretar para siempre y la rutina de la convivencia es el veneno que mata primero la pasión, luego el amor, a continuación la armonía y por último la paciencia mutua”.

Por los días en que escribí la columna que acabo de citar hablaba en nombre de los poliamorosos, entendidos no como unos promiscuos sino como personas que establecen relaciones de carácter no exclusivo o posesivo, por una razón ligada al sentido común: es humanamente imposible excluir de nuestros gustos a personas que más adelante conoceremos y no sabemos si nos van a gustar.

En consonancia con lo anterior, propuse algo así como la premisa para una mejor comprensión del poliamor: “Te amo, pero no puedo saber si dejaré de amarte o si empezarás a amar a otra persona. Lo más sano entonces será que nos amemos hasta que uno de los dos diga ya no más, respetando siempre la independencia y la libertad mutuas, sin olvidar de todos modos que lo más bello sería si tú y yo nos amáramos para siempre”.

En días recientes recibí en mi casa a alguien que coincide con el postulado anterior, aunque le dio por llevarme la contraria en la filosofía de los poliamorosos, que yo creía una novedad: “no señor, eso del poliamor ya existía. Se llama hipismo”.

Me dejó frío, sobre todo porque haciendo un breve seguimiento del tema descubrí que podría tener razón, los hechos parecían demostrarlo. El hipismo pregonaba el amor libre (“Make love, not war”) y el concierto Woodstock (1969) fue la demostración de que no era palabrería, que lo practicaban.

Si de diferencias entre hipismo y poliamor se ha de hablar, este último propone un cambio de paradigma. Lo de los hippies quedó atrás, fue un estallido lúdico de la juventud similar a Mayo del 68, cuando la consigna era “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Pues bien, ahora se trata de pedir lo posible, de hacer un replanteamiento de fondo en las relaciones de pareja que facilite un entendimiento sobre bases reales, no para perpetuar las relaciones machistas y menos el modelo católico, que se enfoca en casarse para tener hijos, para procrear.

Hace muchos años, cuando comenzaba mi carrera periodística, estuve en Cuba cubriendo para Alternativa los 20 años de la revolución cubana, que coincidía con los 26 años del asalto al Cuartel Moncada, y durante los dos días que permanecí en Holguín conocí a un trío de europeos: una fotógrafa francesa tan hermosa como una diosa griega, un periodista de la misma nacionalidad y un holandés, todos muy bien plantados, que andaban justos de arriba para abajo.

En la mañana la veía a ella tomada de la mano del fotógrafo holandés, almorzaban juntos los tres y en la tarde al que abrazaba o besaba era a su paisano el periodista francés, y así. Supongo que compartían los tres la misma habitación. Sea como fuere, ahí vi por primera vez lo que hoy se conoce como una relación poliamorosa, y lo único que lamenté fue no formar parte de ese combo. No porque quisiera integrarme a sus noches de pasión, sino porque esa mujer con su libertad para entenderse de igual a igual con dos hombres a la vez, me dejó marcado para siempre.

Hoy soy yo el que ha tomado el curso de la libertad amorosa, afectiva y sexual que propone el poliamor, y no tendría inconveniente en reconocer que amo a dos mujeres que se conocen y se quieren como amigas (nos son bisexuales, que conste) y nunca se me ocurriría exigirles fidelidad ni compromiso. La pandemia por supuesto ha contribuido para ser cuidadosos, pero la parte positiva -y sana- es que una de ellas vive en otra ciudad.

En todo caso, aquí no se trata de proponer que los demás sigan el ejemplo del suscrito o el de la fotógrafa francesa, sino de brindar claridad en que está mandado a recoger el esquema que ordena una vida conyugal (con-yugo, ¿sí se la pillan?) “hasta que la muerte los separe”.

Hay que poner entonces las relaciones de pareja sobre un terreno ético, donde la libertad individual y la ausencia de ánimos posesivos marquen la pauta. El día que por fin aprendamos a vivir ajenos a la moral judeocristiana que nos ata a preceptos religiosos antes que al sentido común, aprenderemos a ser verdaderamente libres.

Post Scriptum: Lo que está ocurriendo en el sur del país muestra un desprecio total por las vidas humanas. Fuerzas oscuras al servicio solapado de este Gobierno están produciendo esas decenas de jóvenes muertos, mujeres violadas, torturados, desmembrados y desaparecidos, a los que ven tan solo como bajas colaterales hacia el objetivo supremo de aterrorizar a los colombianos para que dejen de salir a la calle a protestar.

martes, 29 de junio de 2021

Autoentrevista, autobomba, autogolpe…

 


Tomado de El Espectador

Autoentrevista. Comencemos por decir que este gobierno es un maestro del engaño, y de ello darán cuenta los “autos” que encabezan esta columna. Primero fue la autoentrevista, el viernes 21 de mayo, cuando Iván Duque apareció en medios y redes sociales hablando en inglés para un supuesto medio internacional, echándole la culpa a Gustavo Petro de la crisis social que atraviesa Colombia: “Cuando gané las elecciones, el candidato que derroté dijo que iba a estar en las calles todo mi mandato, que iba a protestar durante todo mi gobierno. (...) Su propósito era no dejarme gobernar”.

En respuesta a pregunta formulada por Caracol Radio, desde Palacio reconocieron que “la entrevista fue hecha por el equipo digital de Palacio para compartir la postura del presidente frente a temas de interés nacional”. (Ver noticia). Pero semanas después, en respuesta a un derecho de petición formulado por Ramiro Bejarano, dijeron que se trató de “una entrevista con Bernardo Álvarez, editor, diseñador, fundador y director de Shine Creative, bastante desconocido; que Duque habló en inglés porque así le hablaron y que quien difundió el video no fue el Gobierno”. (Ver respuesta).

Lo que se acostumbra es mentir primero y ya caídos, corregir con la verdad; pero aquí ocurrió al revés.

Autobomba. Casi un mes después, el 15 de junio el país se estremeció con la noticia de un atentado mediante un carrobomba dentro de la Brigada 30 del Ejército en Cúcuta. (Ver noticia). En respuesta a pregunta formulada por la revista Forbes, dijeron que no se presentaron víctimas fatales porque la explosión ocurrió en un área de oficinas que estaban vacías debido a que el personal de la brigada adscrito a la Segunda División se hallaba en cuarentena por covid. Pero debieron haber recapacitado, porque en precipitada rueda de prensa en horas de la noche el ministro de Defensa afirmó que hubo 36 heridos por el “atentado terrorista”.

Ahora bien, nunca se vio un solo lesionado ni mostraron la lista de los supuestos heridos y los grandes medios se conformaron con la versión oficial, ninguno exigió dicha lista. ¿Hubo de verdad heridos? Averígüelo Vargas…

¿Autoatentado? Dentro de la misma saga, diez días después el país se estremeció -de nuevo- con una noticia en apariencia muy delicada: dispararon contra el helicóptero de la FAC donde viajaba el mismísimo presidente de la República entre Sardinata y Cúcuta. 

Si ya es extraño que un grupo terrorista logre penetrar con tan asombrosa facilidad una brigada del Ejército para hacer daño con un carrobomba, más sospechoso resulta que la seguridad del presidente de la República haya podido ser vulnerada de modo tan sencillo desde tierra. ¿Cómo? Dizque con disparos de fusil. Para aumentar la sospecha, los orificios de las balas sobre el helicóptero parecían más de salida que de entrada, como se aprecia en este video. ¿Que la bala pudo haber entrado, atravesado y salido? Como así: ¿no se supone que si la nave es blindada, el blindaje retiene la bala?

Pero ya entra en la categoría de ridículo la noticia según la cual la Policía encontró dos fusiles cerca del aeropuerto Camilo Daza en Cúcuta, un AK-47 y un 7-62. Y este último “con marcas de las Fuerzas Armadas de Venezuela”. ¿O sea que Maduro quiso matar a Duque? En serio, ¿nos quieren hacer creer que los autores del atentado en lugar de dejar un comunicado reivindicando el ataque, prefirieron abandonar ahí mismo las armas con todo y proveedores, como prueba reina en huellas y ADN que conduzca a su eventual captura? Solos les faltó dejar la cédula, el pasaporte, el carné de afiliación al ELN y una selfi con Maduro.

Autogolpe.  En orden cronológico el cuarto lugar lo ocupa el autogolpe, pero en el contexto de lo que se dijo en “El autogolpe ya empezó. Para el caso que nos ocupa, el autogolpe opera como el escenario donde se desarrolla una tramoya de montajes, autoentrevistas, autobombas, aparentes autoatentados y mucho autobombo. Este último, el autobombo, consiste en aplicar al dedillo la consigna de Joseph Goebbels, director de Propaganda del nazismo: “Hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores”.

Lo cierto es que este gobierno está subido sobre un tigre del que no se puede bajar, porque si se baja, el tigre se lo come. En esto coincide el político y analista Duvalier Sánchez cuando en entrevista para El Unicornio afirma que “han desatado el caos para impedir a toda costa que haya un cambio de gobierno en las elecciones de mayo de 2022”.

Es de Perogrullo prever que el uribismo perdería el poder por la vía electoral el año entrante y, si lo pierde, más de uno deberá rendir cuentas -comenzando por el comandante en Jefe- no solo ante la justicia nacional sino ante la Corte Penal Internacional (CPI), por crímenes de lesa humanidad como torturas, asesinatos, desmembramientos y desapariciones de jóvenes.

Entonces, ¿qué harán para impedirlo? Pues lo mismo que han venido haciendo, ceñidos a un libreto que pareciera trazado sobre un escenario de guerra: autoentrevistas, autobombas y autombo a la lata.

Y si la memoria no nos falla, el libreto se remonta a los días de la campaña electoral en que súbitamente le encanecieron el pelo al candidato Iván Duque para que luciera menos bisoño, con más experiencia. ¿Cómo se le podría llamar a esa forzada canicie, acaso autoenvejecimiento?

Post Scriptum: ¿Recuerdan el supuesto atentado que iban a ejecutar desde una casa bomba en Puerto Colombia contra el entonces presidente Álvaro Uribe, del que luego se supo había sido un montaje del director del DAS en Barranquilla, Emilio Vence Zabaleta, para ganar puntos ante su jefe? Aunque Vence fue destituido por la Procuraduría, Uribe le dio la orden al director del DAS, Jorge Noguera, de reintegrarlo. Y así se hizo. (Ver noticia). ¿Ya entienden entonces de dónde viene el agua para el molino de los “atentados” más recientes?