martes, 18 de abril de 2017

La religión hace esclavos felices

La compasión es un sentimiento que practican los cristianos y los budistas, con una diferencia: los primeros lo hacen para alcanzar el cielo, los segundos como norma de vida. La compasión podría entenderse también como sinónimo de amor al prójimo, y es lo que siente un agnóstico sensible al ser testigo del grado de esclavitud mental inherente al pensamiento religioso.

Las primeras esclavizadas fueron las mujeres, desde el día en que a algún israelita con alto poder de convicción, aburrido quizás de la dificultad que se presentaba para tratar con las caprichosas féminas de la tribu, se le ocurrió la brillante idea de meterles culpa teológica y se inventó la fábula de una pareja compuesta por Adán y Eva a la que Dios había puesto sobre el paraíso terrenal para que fueran felices y comieran perdices. Pero la compañera del obediente hombre no había resistido la tentación de comerse la manzana prohibida que le acercó una serpiente, y desde ese día una y otra –hembra y serpiente- quedaron emparentadas.

Lo trágico del asunto es que por algo tan insignificante como la satisfacción de un nimio antojo femenino (algo que Dios habría podido resolver con una amonestación o una simple nalgada, qué sé yo), se armó un zaperoco de padre y señor mío y quedamos todos atados por el cuello a la noria de la culpa. Sobre todo las mujeres, a quienes por cuenta de ese desliz se les decretó “sumisión y obediencia al varón”, según el mandato divino consignado en el Antiguo Testamento.

Desde esos días nefastos para la humanidad asumimos a Dios como un ser que gobierna nuestras vidas, toda una autoridad sacramental a la que después de muertos tendremos que ir a rendirle cuentas para que él en su magnánima sabiduría decida si nos manda a arder en las llamas del infierno o nos invita a compartir su beatífico reino…

En este contexto, el gancho que agarra a católicos, evangélicos y cristianos con Jesucristo reside en que "Él murió por nuestros pecados". Lo asumen como verdad incuestionable, y cuidadito si usted la pone en duda, porque les estaría faltando al respeto. Están sumergidos en el pantano de una culpa heredada de generación en generación, como algo congénito, y eso –dicen- es algo que hay que respetarles. Visto el asunto con ojos analíticos, ahí se aprecia una especie de chantaje: naciste pecador, pero Cristo te redimió con su muerte. Y lo peor del asunto es que “sin Cristo no te salvas”. Suena abominable. ¿Cómo así que nací pecador? ¿De cuándo acá debo yo cargar con culpas ajenas por el solo hecho de haber nacido? Ahora bien, si se dice que él murió para salvarnos del pecado, ¿cuál es el rollo? ¿No significa eso que se acabó la película de la culpa por el pecado original? ¿O fue que quedaron algunos intereses pendientes de la deuda contraída en el paraíso…?

Estas reflexiones vienen de una publicación que hice en mi muro de Facebook el pasado Viernes Santo, a raíz de una imagen donde el canal TRO anunciaba el cubrimiento de la Procesión Infantil de Pamplona con una imagen de una niña cargando en sus brazos al Jesucristo crucificado sobre una cruz de madera, y detrás se ve a otras dos niñas vestidas de monjas. Publiqué la foto, acompañada de este texto: “Además del bautizo en estado de indefensión, esto debería ser considerado como abuso infantil: los encarrillan en una religión cuando aún no tienen criterios para definir sus creencias por cuenta propia. En lugar de que los pongan a cargar la imagen de un hombre sometido a salvajes padecimientos, deberían estar jugando”. (Ver foto).

Pues quién dijo miedo, un católico al que conozco y aprecio se lanzó en imprecaciones diciendo que yo debería ser declarado persona non grata del mismo pueblo donde ambos vivimos, y que no era digno de haber sido recibido en la casa de una mujer (también católica ella) cuyo hijo me brindó hospedaje durante los días aciagos en que yo era objeto de una persecución de la que ahora no quiero acordarme. Esto me sirvió de lección, de todos modos: pude apreciar que alguien cercano se sentía agraviado en lo más íntimo de su ser, y fue cuando decidí ‘respetar’ ese día santo para los católicos y silenciar mi publicación.

Por simple coincidencia, el Sábado Santo apareció entre mis recuerdos algo que había publicado tres años atrás en Semana.com: una columna donde manifestaba mi asombro ante el hallazgo de lo que a todas luces parecía ser –y sigue pareciendo- la tumba perdida de Jesucristo, y remataba con esto: “¿Qué podría ocurrir en el mundo católico occidental si hechas las comprobaciones de rigor resultara que esa tumba contuvo en efecto los restos de Jesús de Nazaret y su familia? Elemental, mi querido Watson: habría que comenzar por reescribir la Historia”. (Ver columna).

La respuesta de otro ofendido hasta los tuétanos dice así: “Cuando tú te mueras (…) estoy seguro que nadie te llorará pues con un carácter tan vinagre como el tuyo, solo alegría y entusiasmo despertará tu partida sin regreso. Si queman tus restos, solo serán ceniza negra como tu alma (si es que la conservas). Si te entierran, estarás tan podrido y maloliente como ahora, cuando pretendes quitarle su divinidad a Nuestro Señor Jesucristo y dejarlo reducido a su condición humana”. (Ver anatema).

Ahí observé que estaba frente a alguien inteligente y culto, pero arrebatado por un sentimiento de ira que se anidó en su alma, producto de la lectura de mi columna. Comprendí su dolor y alabé la calidad literaria de su diatriba, y por eso la conservo en mi egoteca. Hay personas que no están en condiciones mentales de prestar oído a argumentos demoledores desde el lado de la razón, porque si se convencieran de que han vivido atadas a un engaño se les vendría abajo la estantería de la Fe que les brinda seguridad espiritual, emocional y psicológica a sus vidas. Apenas comprensible entonces una reacción como esa, la de quien no encuentra salida diferente a la de desear la muerte. Ese hombre, entonces, me despertó compasión cristiana.

Jesucristo fue un gran hombre, con un valioso mensaje centrado en la caridad, pero aquí tiene cabida lo que una vez le dijo Mahatma Gandhi a un inglés que lo visitó: "Me gusta el Cristo de ustedes, pero no me gustan los cristianos. No se parecen en nada a Cristo". O como dijo Napoleón Bonaparte: la religión es lo que evita que los pobres asesinen a los ricos.

DE REMATE: La reunión entre Donald Trump, Álvaro Uribe y Andrés Pastrana que nunca ocurrió, como ya desmintió la Casa Blanca, revela el grado de desesperación en que se halla este par de sujetos, cada día más avasallados por el ímpetu incontenible de la paz. Flagrante mentira para consumo nacional, torpemente fabricada por dos protagonistas de un oso internacional.

lunes, 10 de abril de 2017

Lo que va de la Cristianofobia a la Raterofobia


Es comprensible que la iglesia Ríos de Vida haya eliminado de su página de Facebook un video donde se ve a un grupo de pastores cristianos saltando como orangutanes en rabiosa defensa de Miguel Arrázola (y de su señora e hijos, también ‘pastores’) por las acusaciones recibidas a raíz de un artículo del periodista Lucio Torres, quien reveló el roscograma del que se vale esta ‘bonita familia’ para enriquecerse a costa de sus ingenuos creyentes. (Ver artículo).

Comprensible su eliminación, sí, porque queda en evidencia la manera tan poco ‘cristiana’ como se refieren a sus enemigos, y porque se requiere ser imbécil para dar credibilidad a sus gritos y payasadas, nada parecidas a una prédica religiosa coherente. Basta ver a Arrázola (a partir del minuto 2:30) riéndose a carcajada batiente para preguntarse si no estará actuando más como un poseso digno de exorcismo que como el representante de Dios que dice ser. (Ver video).

Sea como fuere, de ese video se concluye que “los burros se buscan para rascarse”, y lo rescatable es que alguien tuvo a bien copiarlo antes de que lo eliminaran y me hizo llegar su propia versión, a la que le agregó llamas porque los ve como seres endemoniados. Y razón no le falta.

Tan grotesco show fue presidido por el autodenominado ‘profeta’ Kevin Leal, quien opera desde Chicago y se la pasa ‘profetizando’ en iglesias de Suramérica, en inglés y con traductor a bordo, para darse ínfulas de gringo a pesar de su apellido. Él actuó como moderador de un bochornoso espectáculo cuyo objetivo era burlarse de los críticos de Arrázola, y lo hicieron de un modo en que por querer ridiculizarlos, fueron ellos los que quedaron en ridículo. He ahí, entonces, el motivo por el cual eliminaron el video: por vergüenza propia.

Vergüenza sentí, sí –pero ajena- al observar allí a quien cambió su misión pastoril por la de activista de la extrema derecha, Oswaldo Ortiz, revelando una agenda política que exhibe como si formara parte del plan de Dios (minuto 5:15): “¿que un pastor no puede hablar de gobierno e influenciar a un país? ¿En serio creen que no vamos a tener alcaldes, gobernadores, diputados, ediles y presidente con principios de fe? ¿Ustedes creen, medios de comunicación anti-fe, que no vamos a desarrollar blogueros, youtubers, medios y periodistas que influencien positivamente a este país?”. Y remata con la misma carcajada maléfica que minutos atrás usó Arrázola. Vaya paradoja, los acusan de charlatanes y responden con la más estrafalaria charlatanería.

Fue precisamente el charlatán y embaucador Oswaldo Ortiz –hoy metamorfoseado en rabioso uribista con ansias de senaduría- el primero que desde su cuenta de Twitter (@SuperOOTv) salió en defensa de Arrázola y para ello se inventó el término “Cristianofobia”, dando a entender que quienes acusan de estafador al pastor cartagenero son personas que sienten fobia por los cristianos.

Es cierto que estamos frente a personas que despiertan fobia, pero no por odio al cristianismo (al contrario, los verdaderos cristianos son seres admirables), sino por el desprecio que provocan esos individuos que aprovechan su inobjetable labia –o sea su habilidad en el manejo de la palabra- para hacer de las suyas.

El mejor ejemplo de manipulación verbal con fines de lucro lo dio el mismo Miguel Arrázola en un muy difundido video donde llena el escenario de jarras y les dice a sus ingenuas ovejitas que “deberías dar todo lo que tienes”, porque “se lo das a Dios” y porque “entre más das, más lleno serás”. Y les pide –ordena- que “vacíen los bolsillos”, y lo justifica con esta perla: “¿quién fue el que dijo que trajéramos todas las jarras? Dios, a través del profeta”. ¿Puede haber acaso mayor muestra de cínico descaro en el que se muestra como profeta, por un lado, y tan escasa perspicacia desde el lado de quienes corren como borregos en sumisa fila india a obedecerle…? (Ver video).
 
Es por ello que a la engañosa Cristianofobia se debe responder con legítima Raterofobia, entendida esta como la natural aversión que se debe sentir hacia esos falsos pastores que en lugar de asumirse como guías espirituales actúan como embozados rateros de personas con muy bajo nivel cultural o intelectual, a las que embaucan con la supuesta “palabra de Dios” para despojarlos de una buena parte de sus ingresos, en ocasiones mediante la ‘obligación’ del diezmo o las ofrendas, y en otras con prácticas truculentas como la del video de Arrázola aquí citado.

Sirva entonces esta Semana Santa para invitar a los ‘creyentes’ de esos estafadores a meditar en el pasaje del Evangelio donde se narra la expulsión de los mercaderes por parte de Jesucristo, justo en las vísperas de la Pascua judía, cuando les recordó el versículo de Isaías 56–7 según el cual “mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones”, pero “¡ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones!”.

DE REMATE: Sirva también la festividad religiosa de pretexto para reproducir un tema que de años atrás atrapa mi atención: el hallazgo de la tumba perdida de Jesús, del que da cuenta un documental de James Cameron para Discovery Channel. Vea aquí mi columna al respecto, y aquí el documental. Por último, recomiendo la 'edificante' lectura de La expropiación de Dios, de Gabriel Silva Luján.

lunes, 3 de abril de 2017

¡Qué posconflicto tan conflictivo!


En días pasados fui invitado por un grupo de estudiantes de Comunicación de la Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB) a hablar sobre el posconflicto, y hoy quiero recoger parte de las reflexiones que allí hice.

Las Farc fueron derrotadas desde que el establecimiento logró sentarlas a negociar la paz –pues su objetivo había sido siempre la toma del poder por la vía armada-, pero la extrema derecha ansiosa de continuar la guerra las sigue tratando como si todavía estuvieran combatiendo. La prueba reina la dio el senador uribista Daniel Cabrales cuando las acusó de ser las responsables de la tragedia en Mocoa. Según Cabrales usaron “dinamita explosiva”, o sea explosivos que explotan. Es la dialéctica del agua mojada, ahí se aprecia la erudición que acompaña a tan docta bancada. (Ver noticia).

No nos llamemos a engaños, después de haber superado el conflicto armado con las Farc nos ha surgido un nuevo conflicto, el de las plañideras agrupadas en torno a Álvaro Uribe y el neo-paisa Alejandro Ordóñez, máximos representantes de la caverna empeñados en atravesarse como vacas muertas en la rueda de la reconciliación, por dos razones básicas: porque la paz los aniquila (se quedan sin enemigo para asustar a la concurrencia) y porque deben impedir a toda costa que comience a operar el tribunal de justicia contemplado en la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), cuya implementación haría que se conozcan las escabrosas verdades de la guerra que aún permanecen ocultas.

De ningún modo puede pasar desapercibida la presencia en la marcha ‘contra la corrupción’ de alias Popeye, pues es reflejo del talante de las fuerzas que hoy se oponen a que se consoliden los acuerdos con las Farc. Popeye, lugarteniente del más grande asesino que ha habido en la historia de Colombia, fue recibido como héroe por el exvicepresidente Francisco Santos, quien afirmó que “tiene derecho a marchar porque ya pagó su deuda con la sociedad”, y aquel ni corto ni perezoso aprovechó el ser tratado como uno más entre los suyos para pedir “que el presidente de la República renuncie, porque es una rata”. (Ver noticia).

Una sanguijuela como Popeye acusando al presidente de ser una rata, hágame el favor… Es lo mismo que si en vida Pablo Escobar hubiera acusado al entonces presidente César Gaviria de ser un asesino, y es cuando uno se pregunta si tanta vitrina a tan redomado sicario será indicativo de que lo están capacitando para incluirlo en la próxima lista del Centro Democrático al Senado. Sea como fuere, esto es patética evidencia de que estamos tratando con ratas.

Hablando de roedores, tampoco se puede desconocer que a falta de sensatez y coherencia política, las fuerzas enemigas de la paz se han visto obligadas a recurrir a los sectores más ignorantes, incultos y maleables de la población. Hablo de lo que el mismo Alejandro Ordóñez definió como “la fuerza del voto religioso”, gente a la que se le puede movilizar con solo asustar diciéndole que la familia está en peligro porque a los niños los quieren poner a leer cartillas que los vuelven homosexuales, y que la patria también está en peligro porque Santos resultó ser un marxista leninista que ‘autoengañó’ al candoroso Álvaro Uribe, y que así como vamos Colombia terminará convertida en otra Venezuela.

A continuación los pondrán a rezar para que Dios se apiade nuestra maltratada nación y restaure la moral perdida, y la recua de idiotas útiles quedará suficientemente ‘emberracada’ para votar por el que su pastor –evangélico o cristiano- les señale, no sin antes haberles recordado la sagrada obligación del divino diezmo…

El asunto de todos modos no se presta a chistes, porque llegado el caso pueden convertir a esas masas adocenadas en beligerante fuerza de choque, amoldable a sus propósitos desestabilizadores.

Pero si por los lados de la extrema derecha llueve, por los de la extrema izquierda no escampa. Sumado al reciente bombazo que perpetró el ELN cerca a la plaza de toros de Bogotá con saldo de un patrullero muerto y decenas de heridos, ahora han salido con un comunicado en el que señalan a la emisora araucana La Voz del Cinaruco de ser un medio “funcional” a los militares, a la vez que califican al portal La Silla Vacía como parte de “una matriz mediática difamadora (…) que llama a golpear al movimiento social para debilitar a la guerrilla”. Como dije en columna anterior, lo que hace el ELN en su insensatez es darle abundante munición a los enemigos de la paz, esa misma a la que los elenos están mostrando tan poca voluntad de acogerse.

Así las cosas, mientras la derecha anda muy juiciosa en la tarea de sembrar desesperación para luego aparecer como los salvadores del despiporre, a las fuerzas del centro y la izquierda les corresponde actuar con cabeza fría en busca de conformar la más amplia de todas las coaliciones posibles, como único recurso para enfrentar a tan poderosos enemigos.

O como dijera Luis Carlos Jacobsen en Facebook: “Nosotros acá jodiendo y ellos organizaditos en redes hace dos años, con cristianos enlazados en Whatsapp como profesionales. Sigan así y veremos cómo se llevan el proceso de paz en nuestras narices...”

DE REMATE: Si el candidato uribista pierde la elección presidencial en 2018 habrá un nuevo conflicto armado, solo que ahora con fuerzas neofascistas. En últimas, ya tienen su propia guerrilla. Y si ganan, preparémonos para el regreso de la guerrilla al monte. La caverna habrá logrado su objetivo.

lunes, 20 de marzo de 2017

Uribe – Ordóñez: un maridaje incestuoso


Hay quienes creen que el retiro de la precandidatura de Óscar Iván Zuluaga le despeja el camino a Iván Duque en el Centro Democrático. Es lo que parece cuando el dueño del letrero remplaza a su extítere por una señora cuyo apellido Guerra parece escogido con propósito subliminal, pero me atrevo a sospechar que ese movimiento de fichas es fuego artificial para distraer a la galería mediática, porque sus ojitos apuntan en otra dirección.

Apuntan hacia Alejandro Ordóñez, dibujado por Matador en una caricatura premonitoria donde se le ve como un caballo cabalgado por Álvaro Uribe, quien hala de sus tirantas. Ordóñez dice “¡Vamos a recuperar el país!” y Uribe le responde: “Para nosotros”. (Ver caricatura).

El asunto de todos modos no es para chiste, pues lo que se viene es una alianza ‘diabólica’ de las fuerzas más reaccionarias en busca de recuperar el terreno perdido con Juan Manuel Santos, a quien hicieron elegir bajo la premisa de que continuaría con el nefasto régimen de la Seguridad Democrática, pero les salió “traidor” y le dio por buscar la paz.

El problema de fondo es que en lugar de la paz acordada, ellos hubieran preferido la paz de los sepulcros sobre las FARC. Sea como fuere, hoy su verdadero enemigo no es la guerrilla sino el tribunal de justicia (JEP) que trae la implementación de los acuerdos, pues son muchas las verdades que saldrán a flote. Su ‘misión divina’, entonces, procura aglutinar los esfuerzos de todos los que se verán perjudicados, para impedir que esas verdades se conozcan.

¿Y cuál es la forma de lograrlo? Reconquistando la Presidencia de Colombia en 2018. ¿Y cómo? Uniendo fuerzas, como ya pide –casi suplica- Ordóñez cuando dice que “es necesaria una gran convergencia de las fuerzas políticas que triunfaron en el plebiscito”. (Ver noticia). Ordóñez es consciente de que él solito con firmas no es capaz de hacerse elegir, considerando que tiene una imagen favorable del 22% y una desfavorable del 35%, y por eso el pasado 4 de marzo se fue a hacerle ojitos a Uribe a su finca de Rionegro, mientras aprovecha el desprestigio del gobierno Santos para tratar de atraer a su redil al Partido Conservador.

En términos de conveniencia política, le sirve más a Uribe un Ordóñez con pinta de caballo discapacitado que un Iván Duque con porte de semental. Con este último no repetirá el error que ya cometió con Santos (Duque es demasiado de centro y demasiado decente para su gusto) pero no puede descalificarlo como hacen otros sectores de ultraderecha dentro de su partido, porque eso solo contribuiría a aumentar la división que amenaza con hacer trizas al CD.

Pero el punto donde se debe fijar la atención, es en la manera como Uribe y Ordóñez han venido cooptando (incluso comprando, no tengo duda) a los líderes de las iglesias evangélicas y cristianas. Esto comenzó a gestarse desde los días del plebiscito y fue la fórmula que condujo al triunfo del NO, sumado a la propaganda negra que diseminaron por las redes sociales y a la altísima abstención de los que no fueron a votar convencidos de que iba a ganar el SÍ.

Para ellos no existen ciudadanos sino feligreses, como plantea Germán Ayala en brillante columna. Ahora  quieren repetir la misma fórmula hacia el 2018, y es por eso que Ordóñez ha comenzado a hablar de “la fuerza del voto religioso”, y en consonancia está dedicado de nuevo a exacerbar las pasiones en defensa de la familia y de “los altares”, los cuales ve amenazados por los homosexuales, según confiesa en entrevista dentro de un carro con el supuesto pastor –en realidad embaucador- Oswaldo Ortiz, quien pasó de predicador a rabioso activista político del uribismo, hoy convertido además en el principal lamesuelas de Ordóñez. (Ver entrevista).

Lo cierto es que estamos frente a un peligro inminente, considerando que Colombia es un país religioso hasta los tuétanos, tal vez ya  no con mayorías católicas sino evangélicas y cristianas, pero en todo caso contaminado con el ‘temor a Dios’ desde la Colonia por una moral judeo-cristiana incorporada en las mentes a fuerza de púlpito y de cátedra escolar.

En columna publicada ocho días antes del plebiscito del 2 de octubre (Usan a Dios para seguir la guerra), advertí tardíamente que “la extrema derecha recurre a Dios como su caballito de batalla. Bajo la fachada de combatir el “lobby gay” quieren impedir que se consolide la paz, con un objetivo político embozado: llevar a la Presidencia de Colombia al ultra-católico, corrupto y clientelista exprocurador Alejandro Ordóñez”.

El inesperado triunfo del NO terminó por darme la razón, y ahora la alerta se extiende a advertir que ha comenzado la implementación de la segunda fase de dicho plan, consistente en un maridaje incestuoso entre Uribe y Ordóñez. Incestuoso porque comparten hermandad ideológica en su orientación ultraderechista, y peligroso porque no solo comprende la incorporación de católicos, evangélicos y cristianos –hasta la muy ‘liberal’ Viviane Morales tiene cabida ahí- sino porque podría desembocar en la fórmula Ordóñez presidente – Uribe vicepresidente.

La Corte Constitucional le impide a Uribe ser presidente de nuevo, pero no le impide ser candidato a vicepresidente. Y si esa fórmula saliera elegida, no habría forma de desacatarla: el constituyente primario no puede estar limitado, porque es la fuente de la Constitución. He ahí el peligro, y por eso se requiere de una muy amplia y sólida coalición de fuerzas de centro e izquierda que impida que semejantes exponentes de la más rancia caverna se apoderen del Estado.

DE REMATE: Respecto a la marcha “contra la corrupción” del 1 de abril, esto pienso: si sorprendieran a Uribe violando a una monjita, los uribistas marcharían contra la monja abusadora que lo hizo caer en el pecado.

lunes, 13 de marzo de 2017

Propongo el voto femenino obligatorio




Aunque usted no lo crea, del mismo modo que hoy se da el absurdo de una mujer ‘liberal’ con una hija lesbiana que promueve un referendo para recortar los derechos de la población LGBTI, hubo un momento de nuestra historia en el que un prohombre del liberalismo se opuso a que las mujeres votaran, sustentado en que ellas mismas no querían recibir ese “funesto obsequio”.

Transcurría el año 1944 y quien así se expresaba era Enrique Santos Montejo en El Tiempo, bajo el seudónimo Calibán, con estas palabras: “El noventa por ciento de las mujeres colombianas no acepta el funesto obsequio que les quieren dar. Si la parte más numerosa y sana del elemento femenino rechaza el derecho al sufragio, sería falta de equidad imponerlo. Afortunadamente, el Senado cerrará el paso a esta alocada iniciativa”. (Sin que nos vayan a tildar de capciosos, no se puede pasar por alto eso de “la parte más numerosa y sana”, pues asume casi como axioma entre ellas una parte de naturaleza insana).

Justo el día que Calibán publicó esa columna la Cámara de Representantes aprobó un proyecto para reconocerles a las mujeres el derecho a influir en los destinos de la nación, pero la iniciativa fue hundida por una disciplinada bancada del Partido Conservador y… nueve senadores del Partido Liberal. La preocupación de estos últimos residía en que el voto femenino quedaría sujeto al mandar de los curas desde los púlpitos, a quienes las mujeres brindaban la misma obediencia que a sus maridos, como ordena la Biblia. Además, ellas se convertían en competencia para aspirar a las curules del Congreso ocupadas por hombres, aunque eso no lo decían porque era ‘políticamente incorrecto’.

Cuentan los hagiógrafos de la época que se hicieron encuestas y en la radio se les preguntó a las mujeres si querían ejercer su derecho a votar y la mayoría… ¡se manifestó contraria! Tal vez en ese contexto se entiende por qué Julio Abril, de El Siglo, decía por esos días que “ser feas es lo único que no se les puede perdonar a las mujeres, de la misma manera que ser sufragista es lo único que no se les puede perdonar a las feas”. (Al menos tenían buen humor los godos de entonces…).

Visto desde ese ángulo, en consideración al poderoso aparato de adoctrinamiento que la Iglesia Católica ejercía sobre “la parte femenina”, eran quizá fundados los temores de los liberales para tratar de impedir que las mujeres votaran.

Hoy la cosa es a otro precio, pues la preocupación reside es en los altísimos niveles de abstención, ante los cuales surge imperativa la necesidad más bien de proponer el voto obligatorio femenino, aunque haciendo la debida aclaración: con el titular de arriba el suscrito columnista solo pretendía atraer la curiosidad del ávido lector… para hacer extensiva dicha obligación al voto masculino, por supuesto.

En el Congreso cursa una reforma política impulsada por el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, entre cuyas iniciativas para sanear la democracia es decisiva la aprobación de las dos más importantes, el voto obligatorio y las listas cerradas. En lo segundo, ya es hora de acabar con esa  dañina ‘operación avispa’ que se inventó Alfonso López Michelsen y que mandó a la trastienda el debate ideológico entre partidos, convirtió a los candidatos en traficantes de votos y encareció las campañas a niveles astronómicos.

En cuanto a lo primero, toda elección donde vota menos del 50 por ciento del censo electoral debería declararse ilegítima, y el único modo de remediar semejante absurdo es con el voto obligatorio, bajo una premisa fundamental: del mismo modo que pagar impuestos es un deber ciudadano, para el caso que nos ocupa acudir a las urnas constituye un deber ídem.

No sobra recordar que para la primera presidencia de Juan Manuel Santos votaron por él 9’004.221 colombianos, la más alta votación que hasta ahora ha habido por candidato alguno. Pero si miramos el otro lado de la moneda, esa cifra correspondió al 30,5 por ciento de votantes potenciales, que correspondía a 29’530.415 personas. En otras palabras, en 2010 el 69,5 por ciento del censo electoral no votó por Santos. Es por eso que los abstencionistas son la primera fuerza política del país, pero eso no puede ser motivo de orgullo, pues con su apatía siembran la semilla de la ilegitimidad en cada voto que no se deja contar. Vaya paradoja: no votan porque los políticos son corruptos, y es con su abstención como patrocinan la elección de los que tanto odian.

Soy el primer convencido de que acudir a las urnas debería ser un acto libre y voluntario, pero eso aplica para una democracia perfecta, no para una imperfecta –o mejor, ‘imperfectísima’- como la colombiana, donde la mayoría de los políticos se hace elegir con prácticas clientelistas o fraudulentas gracias a que más de la mitad de la población se abstiene de votar. El día que vote al menos el 90 por ciento de los colombianos se la habremos puesto de pa’ arriba a los que se hacen elegir comprando votos, pues tendrían que cuadruplicar o quintuplicar la inversión, y sería mayor el riesgo de que esa platica se les perdiera.

Otra consecuencia inmediata del voto obligatorio es que fortalecería el voto en blanco, pues muchos al sentirse forzados a votar contra su voluntad elegirían esta opción como protesta y, si llegaran a ser más de la mitad de los votantes, obligarían a convocar a una nueva elección, con otros candidatos.

¿Así sí les suena, les suena?

DE REMATE: Las amenazas de muerte del ‘pastor’ Miguel Arrázola contra el periodista Lucio Torres por haber publicado las cuentas de su iglesia muestran el talante mafioso de esos embaucadores, que se dan vida de reyes a costa de esquilmarles el diezmo a sus ingenuas ovejitas. No es por coincidencia que el sujeto en cuestión es uribista, y en cerrada defensa suya ha salido el también charlatán Oswaldo Ortiz, futuro aspirante a la Cámara por el Centro Democrático.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Entrevista a Claudia López en tonito camorrero

“El séquito de Uribe no tiene un solo voto”


“Aquí no se trata de ser camorrero, como usted dice, ni de dispararle a todo lo que se mueva. Y no me parece un lenguaje adecuado, porque yo nunca le he disparado a nadie en mi vida. A nadie”.


martes, 7 de marzo de 2017

Yo también admiraba a JC Londoño




Lo que acaba de pasar en la agria disputa entre Claudia López y Julio César Londoño se ajusta al refrán según el cual “al mejor panadero se le quema el pan”. Lo digo por el escritor y columnista valluno cuya lectura he disfrutado desde años atrás, gracias a su erudición borgiana y al depurado manejo de una ironía que en ocasiones llega hasta el más demoledor de los sarcasmos, al mejor estilo Óscar Wilde.

Pero el sábado anterior pasé de la admiración a la decepción con la columna ‘Yo también admiraba a Claudia López’, donde la acusa de haber querido tapar un caso de corrupción en un pueblo de cuyo nombre no quiso acordarse, y de quien dice actuó así porque “no quiere enemistarse con el alcalde y mucho menos con el jefe del alcalde”. Pero no da nombre alguno ni ubicación geográfica, lo deja todo en una sindicación temeraria y gaseosa, y el menos capcioso llega a pensar que pudo tratarse de un ejercicio de ‘mala leche’, sobre todo si incurre en una grave falta a la ética periodística: no consulta antes de su publicación la versión de la persona sobre la cual lanza una acusación… que llega de terceros.

Al principio pensé que Julio César Londoño se equivocó de buena fe y que todo fue producto de un malentendido cuando interpretó erróneamente una información que le llegó de oídas, aunque no descarté que hubiera sido un mandado para algún político o sector rival –como suele ocurrir con inusitada frecuencia- mediante el cual se hubiera pretendido meterle zancadilla al prestigio que la senadora bogotana ha venido conquistando con su campaña contra los corruptos.

El mismo día de la etérea columna se vino a saber que la fuente de Londoño había sido William Fernando Rendón, quien en el canal CNC de Palmira se presentó como el coordinador del Partido Verde en esa ciudad (ver video), y entabló una denuncia contra un contratista de nombre Henry Díaz, copartidario suyo y cercano a un concejal que le había conseguido un contrato de vacunación de animales, donde a todas luces se presentaron actos de corrupción. Pero cuando Londoño en su columna pretendió estirar la culpa hasta la senadora… fue él mismo quien quedó muy mal parado.

El malentendido o tergiversación estaría en que mientras Londoño afirma que a Claudia López le llegaron con la denuncia y respondió arrogante “no voy a tratar ese tema, punto”, ella explica que su tajante rechazo fue a que la llevaran de “gancho ciego” a un almuerzo con gente que no conocía y donde querían ponerla a resolver “semejante alacranera”. (Ver columna).

El mismo Londoño en su muro de Facebook aportó como soporte de su acusación el video del canal CNC donde Rendón expone sus fundamentadas pruebas contra el contratista. Lo sorprendente es que allí se le escucha decir de Claudia López que “ella está enterada, ella apoya totalmente el proceso" (minuto 24:44), lo cual desvirtúa lo manifestado por el columnista, respecto a que la senadora se hubiera negado a escuchar a Rendón. Si vamos a hablar del obligatorio compromiso del periodista con la objetividad, a Londoño se le refundió en su columna.

Ahora bien, me atrevo a pensar que algo similar pudo ocurrirle a Claudia en su reciente visita a Santander, cuando a falta de ser objetiva habría sido utilizada precisamente como gancho ciego por los dueños de Vanguardia Liberal, opositores acérrimos del gobernador actual, quienes le habrían suministrado una información para que se fuera lanza en ristre contra el Programa de Alimentación Escolar (PAE), sin haber conocido antes los planteamientos que en su defensa ha expuesto la gobernación de ese departamento. Al margen de quién tiene ahí la razón, yo la vi fue lanzándole un salvavidas a la maltrecha imagen del alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández (consentido de Vanguardia, por cierto), a raíz de una desatinada reglamentación del Pico y Placa y de un rabo de paja manifiesto cuando el burgomaestre local se enfrentó a Germán Vargas por la utilización política de unas casas para conseguir votos.

Algo bien llamativo fue cuando el también columnista de El Espectador y El País de Cali, Ramiro Bejarano (a quien Londoño acusa de haber sido “director del DAS” en 1994), terció en la pelea y desde el lado valluno le mandó a decir en un trino que “si va denunciar que se atreva, en vez de asustarse”; y a continuación soltó una carga profunda que podría estar dando en la pepa del corozo: “En disputa entre columnista Julio Cesar Londoño y Senadora Claudia López, por supuesto hay que creerle a ella, que no anda detrás de los momios”. (Ver trino).

Lo de los momios hace referencia a la élite valluna con la que Bejarano anda a toda hora cogido de las greñas, y basta seguir la pista cual hilo de Ariadna para aterrizar en el grupo de industriales cobijados bajo el ingenio Manuelita, cuyos intereses entrarían en choque ante una eventual presidencia de Claudia López.

Moraleja y conclusión: Un escritor y columnista como Julio César Londoño está en su derecho de trabajar para unos empresarios del azúcar, pero no tiene la mejor presentación que de ñapa les haga mandados políticos. Como Claudia con Vanguardia, digamos, pero con la diferencia entre el que se deja utilizar y la que es -en apariencia- utilizada.

DE REMATE: De algún modo se entiende el desprestigio del gobierno Santos, en parte por la poderosa campaña de propaganda negra contra la paz que con tan afinada puntería ha desplegado la extrema derecha, pero lo inaudito es que el gobierno más corrupto y criminal en la historia de Colombia –el de Álvaro Uribe, por supuesto- haya sido hasta ahora el que más prestigio tuvo. País enfermo.