martes, 10 de enero de 2017

Peñalosa a la baja, De la Calle al alza




Soy de los que piensan que la revocatoria al alcalde de Bogotá difícilmente tendrá éxito, pero creen que si fuera revocado se actuaría en justicia, por dos razones básicas: porque con el metro que quiere meter Enrique Peñalosa la capital retrocede en lo urbanístico, y porque le mintió al país desde que en su hoja de vida comenzó a aparecer un falso doctorado en París, con pleno conocimiento de causa suyo.

La prueba reina de que siempre mintió está en una entrevista que concedió al periódico ‘O Globo’ de Brasil, publicada el 15 de septiembre de 2015, donde de entrada se lee: “Nací en Washington, DC, tengo 60 años y renuncié a la ciudadanía americana a los 21. Estoy casado, tengo dos hijos. Me formé como economista e historiador, con Ph.D. en Paris”. Donde Ph.D. traduce doctorado. (Ver entrevista).

Pero eso no es lo más grave, sino haber echado a la basura tanto los rigurosos diseños para la construcción del metro que presentó la alcaldía de Gustavo Petro, como tan vital proyecto para la ciudad, una mega obra de ingeniería avanzada cuyo costo se estimó en $15 billones de pesos (unos $7.000 millones de dólares), con fecha de entrega para el 2021.

Aquí no se trata de brindarle un apoyo irreflexivo a Petro, quien en lo gerencial dejó mucho qué desear, sino de reconocer que los estudios que presentó el 7 de octubre de 2014 planteaban el mejor metro posible, el que se merecía Bogotá. Pero Peñalosa llegó con su propia aplanadora política –y mediática, sobre todo- a no dejar piedra sobre piedra de la administración anterior, y ahora quiere comprometer sospechosamente la movilidad de la ciudad con una colcha de retazos arquitectónicos donde por un lado los destartalados portales de Transmilenio con sus buses contaminantes siguen mandando la parada, y por otro lado pretende darle estocada mortal a la Avenida Caracas con un tren elevado que depreciará al sector y convertirá la vía en meadero público.

Hablando de la aplanadora mediática, para la muestra un botón: el artículo de portada publicado por Semana en su última edición bajo el benevolente título ‘Peñalosa, el alcalde incomprendido’, que más parecía un publirreportaje y del que se notó a las claras que su objetivo fue tratar de neutralizar “el intento de revocatoria del mandatario de Bogotá”, del cual advierten desde el encabezado que “seguramente no va a prosperar”. (Ver artículo).

Hablando de sospechas, estas se afincan cuando uno se entera en documentado reportaje de Carlos Carrillo que Peñalosa ha sido el mayor promotor de Transmilenios y de autobuses Volvo en el mundo entero, y que en cumplimiento de tal misión actuó como presidente del ITDP (Institute for Transportation and Development Policy), y por este concepto “el ITDP le ha girado directamente 468.394 dólares, a cambio de hoy unos 1.500 millones de pesos”. (Ver reportaje). Artículo que por cierto citó Daniel Coronell en columna titulada Condenados al bus, donde anunció que se trataba de “un muy interesante trabajo, del cual tendremos que hablar en detalle”. (Ver columna).

Esas mismas sospechas de favorecimiento de intereses particulares se extienden a la terquedad con la que quiere urbanizar los “potreros” de la reserva Van der Hammen, en la que por pura coincidencia su secretario de Planeación, Andrés Ortiz, es dueño de un lote de 2.000 metros cuadrados, justo donde el alcalde “busca viabilizar la construcción de al menos 80.000 soluciones de vivienda en 1.200 de las 1.400 hectáreas que conforman la reserva”, según información de El Tiempo.

Una eventual revocatoria tendría sentido entonces si logra echar atrás esos dos proyectos lesivos para la ciudad, de claro corte mercantilista (metro-colcha y reserva cementada), pero no conviene hacerse ilusiones, porque el camino está poblado de abrojos.

Otro camino poblado de abrojos es el de la paz, y la clase política comprometida con esta causa no parece ser consciente de que la actual correlación de fuerzas plantea la inminencia de que en la elección de 2018 pasen a segunda vuelta dos de los tres candidatos de la derecha: Germán Vargas por Cambio Radical, Ordóñez por los conservadores o Iván Duque (no veo a otro) por el Centro Democrático. Esto desplazaría de un solo tajo a la miríada de aspirantes que afloran por el centro y la izquierda (Humberto de la Calle, Sergio Fajardo, Claudia López, Gustavo Petro, Jorge Robledo, Roy Barreras, Piedad Córdoba…), allanando así la autopista para que la derecha –o la extrema- retome el poder y regresemos a la barbarie de la confrontación, donde cualquiera de los tres precandidatos mencionados se muere de ganas por hacer regresar a las FARC al monte.

El único modo de impedirlo es mediante una coalición de fuerzas encabezadas por el dirigente con quien más cercana está la posibilidad de enterrar el conflicto armado. Hablo de Humberto de la Calle, por supuesto, el segundo político con mayor aceptación en las encuestas después de Germán Vargas, o sea el más opcionado para dar la pelea desde la orilla de los que queremos que un día se haga realidad el anhelo de la reconciliación nacional, y el primer requisito es que quien fuera el principal negociador de la paz se postule para ser el Presidente del Posconflicto.

Un confidencial reciente de Semana planteaba la posibilidad de que pudiese no estar interesado, pero la duda se absuelve al saber que el problema no es de ganas sino que “no tiene entusiasmo por participar en la consulta que el Partido Liberal está pensando hacer para escoger su candidato”. Razón no le falta, pues su hoja de vida como excandidato a la Presidencia, exvicepresidente y sus cinco años como negociador del proceso de paz deberían ser suficientes para que fuera elegido candidato sin tener que someterse a consulta abierta.

Hasta ahora solo se ha presentado un aspirante a la candidatura por el Partido Liberal, el senador Juan Manuel Galán, así que estamos seguros de que ese pequeño obstáculo podrá ser removido por consenso, para abrirle a Colombia por fin las puertas a la esperanza de una paz duradera.

DE REMATE: Si me preguntaran a quién veo como fórmula vicepresidencial para De La Calle, pensaría en Claudia López. Pero tratándose de formar coalición, el abanico es amplio. Se requiere alguien menos polarizador que un Petro o un Robledo, y faltaría ver si alguien como Sergio Fajardo no está tan golpeado como dicen. (O Alonso Salazar, también para aglutinar desde lo paisa...).

martes, 3 de enero de 2017

A Girón lo quieren volver basurero

  
Hace casi seis años escribí la columna ‘Girón a la basura’, donde denuncié por un lado el desaseo en que se encontraba el municipio turístico, y por otro los desaforados intereses económicos de la empresa Entorno Verde para meter en la vereda Chocoa el basurero que recibiría los deshechos de toda el área metropolitana: Bucaramanga, Girón, Floridablanca y Piedecuesta. (Ver columna) Hoy, para sorpresa de propios y foráneos, todo sigue como si el tiempo se hubiera detenido.

De Entorno Verde fue accionista hasta el pasado 26 de julio el alcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, y debido a que ya no es socio ha querido aparecer ajeno al asunto, pero minimiza el hecho de que al frente de sus intereses continúan su socio Reinaldo Bohórquez, su hijo Rodolfo José y Tatiana Villarreal, ficha del avezado político Freddy Anaya, apodado el ‘zar de las basuras’ de Santander.

El Departamento Nacional de Planeación (DNP) estableció octubre de 2017 como fecha límite para cerrar el relleno sanitario El Carrasco, en inmediaciones de Bucaramanga. Teniendo en cuenta que ya se invirtieron centenares de millones de pesos tanto en la compra de predios como en ‘aceitar’ a los concejales de Girón que en 2010 cambiaron el POT (mediante soborno de 20 millones por cabeza) para que fuera permitido instalar en los predios de Girón un relleno sanitario, los inversionistas no quieren perder ese dineral. Es ese el motivo primordial por el cual desde octubre pasado Entorno Verde comenzó en Chocoa labores de adecuación y movimiento de tierras, indicativo de que quieren preparar el lugar para el mismo propósito de años atrás. (Ver noticia).

Hay mucho dinero de por medio, en atención a los millones de toneladas de basura que les permitiría volverse inmensamente ricos a quienes las reciban. El negocio consiste en que casi 400 camiones depositan unas 900 toneladas de basura al día. Sobre una tarifa promedio de $25.000 por tonelada, se obtendrían unos ingresos aproximados de $23 millones de pesos diarios, o sea más de $8.000 millones al año. Calculando que una cuarta parte se fuera en costos operativos, habría una ganancia anual estimada de $4.700 millones, habiendo superado el punto de equilibrio. Esto significa que “hay para todos los que ayuden”, como se acostumbra decir en la jerga política.

La mejor prueba de que se quieren forzar las cosas para que sea esa vereda de Girón el lugar donde quede el basurero y no otro, es que desde hace cinco años existe una propuesta que no acarrea los problemas ambientales que sí se presentarían en Girón, pero ni el alcalde anterior (Lucho Bohórquez, quien solicitó levantar la medida cautelar que pesa sobre Chocoa) ni el actual la han querido considerar, al parecer por la razón arriba expuesta: porque tendrían que dejar por fuera del negocio a los ‘inversionistas’ ya descritos.

Como dijo en columna de 2012 el actual Jefe de Gobernanza de la alcaldía de Bucaramanga, Manolo Azuero, “detrás del relleno sanitario Parque Chocoa no solo está la necesidad que tiene el alcalde Bohórquez de resolver un problema para la región, allí también se tejen poderosos intereses de sus aliados y amigos”. (Ver columna). Por cierto, ¿qué estará pensando hoy Manolo de este tejemaneje, cuando tiene como jefe directo a uno de los socios del proyecto original?

La propuesta alternativa la presentó una fundación constituida por propietarios de predios ubicados en la vereda Buenavista, de Lebrija. El terreno que estos ofrecen lleva por nombre Parque Ecológico Villamaría, que comprende 500 hectáreas, donde cabría no solo la basura del área metropolitana de Bucaramanga sino la de los 87 municipios de Santander, durante más de un siglo. Como le dijeron al alcalde Hernández en carta del 1 de noviembre de 2016, copia de la cual ya habían presentado el 19 de septiembre de 2011, “los inmuebles ofrecidos tienen una disposición natural debido a que está conformado por cárcavas naturales, que solo necesitan una adecuación pero que en definitiva ya están hechas por la naturaleza”. (Ver propuesta).
 
¿Que se requiere para que las autoridades del área metropolitana de Bucaramanga consideren viable esta propuesta? Que dejen de proteger los intereses de quienes están detrás de Entorno Verde.

Al margen de lo anterior y regresando a Girón, hay un asunto que sigue sin resolver desde años atrás: pese a que fue declarado Monumento Nacional y a que es municipio turístico por excelencia, muestra una cara de desaseo en sus calles y en lugares tan emblemáticos como el parque principal, convertido en dormitorio de indigentes, o el Parque de Las Nieves, depositario este último de la capilla del mismo nombre, una reliquia colonial del siglo XVII que difícilmente puede ser apreciada y menos fotografiada por los turistas porque en su perímetro estacionan motos y vehículos sin ninguna restricción, cual parqueadero público.

En abril de 2010 el periódico Vanguardia Liberal produjo un duro editorial donde hablaba de “bolsas de basura desparramadas por los andenes, chulos de todos los tamaños disputándose los desperdicios, gente y negocios impasibles que botan sus desechos por todas partes”. Lo asombroso es que hoy se mantiene ese mismo espectáculo de abandono y descuido general, a tal punto que los propios gironeses parecen inconscientes de los atractivos y la belleza arquitectónica que los rodea.

Es cierto que el alcalde actual de Girón, John Abiud Ramírez, es el principal opositor a que le metan el basurero a su municipio, pero valdría la pena que pusiera el mismo empeño en generar cultura ciudadana de higiene y limpieza, para que el turismo no se les escape como agua entre las manos y no sean más los restaurantes que sigan cerrando por falta de visitantes.

DE REMATE: Donald Trump y Rodolfo Hernández tienen en común que son dos empresarios exitosos llegados a la política, y es de esperar que al primero no le pase lo que viene ocurriendo con el segundo: que termine por defraudar las expectativas de sus electores.

domingo, 1 de enero de 2017

“En política lo importante es el factor humano”: Ancízar Casanova




Ancízar Casanova es un estratega bogotano de marketing político, dueño de la agencia Lapistudio, a quien se le atribuye el triunfo de Didier Tavera en la campaña por la gobernación de Santander. Según versiones de prensa, su mayor éxito estuvo en que “logró neutralizar una poderosa campaña de propaganda negra que mostraba a Tavera como socio en el negocio de las fotomultas y portador, sin ser el dueño, de un pasado que lo hacía vulnerable”.

Hoy la noticia reside en que Casanova ‘abandona’ a Didier Tavera después de permanecer un año al frente de la oficina de Comunicaciones Estratégicas de la gobernación, y le cuenta a Las 2 Orillas que entre sus planes está “contribuir a la construcción de una propuesta seria para la Presidencia de Colombia”.

En una sola frase: ¿quién es Ancízar Casanova?
Ancízar Casanova es un hombre apasionado por lo que hace, profundamente respetuoso de la historia escrita y de la que todavía no se ha escrito.

De 1 a 100, ¿en qué porcentaje influyó usted para que Didier Tavera hubiera conquistado la Gobernación de Santander?
El triunfo de un candidato en una elección popular es la suma de todos los esfuerzos que participaron. Cada punto es importante. De tal modo que de esos cien puntos, a mí se me debe atribuir uno.

Modestia aparte, ¿es cierto que usted un día estaba en Bogotá en un restaurante y alguien le dijo que el de la mesa del lado era un político que se iba a lanzar para gobernador, y usted se le acercó a Didier y le entregó una tarjeta?
Es cierto que así lo conocí. Alguien me dijo que iba a aspirar a la gobernación, yo me acerqué y entablé una conversación con él. Lo de la tarjeta no es cierto, porque nunca he manejado tarjetas de presentación y nunca las haré.

¿Qué pasó de ahí en adelante?
Él me contó que estaba buscando esa candidatura, yo le confesé que nunca había visitado Santander y que me gustaría auscultar la posibilidad de ayudarlo en su meta. A él le llamó la atención, y yo decidí venir a Santander a empaparme del asunto.

Si yo dijera que usted viene a ser el J.J. Rendón de la política santandereana, ¿se pone bravo o se siente halagado?
Profundamente halagado, por todo lo que representa J.J. Rendón.

¿Ah, sí? ¿Y cómo lo define usted?
Como un hombre exitoso. En mercadeo político, un faro.

¿Y qué piensa de los reparos que le hacen a él por el manejo de temas negativos?
Esa es la versión de algunos. Uno debe regirse por el principio de la buena fe.

Pero J.J. Rendón tiene fama de experto en propaganda negativa, o sea en ensuciar a los contrincantes antes que en destacar las virtudes de su candidato.
No creo que Rendón sea un experto en campañas negativas. He estado en encuentros internacionales de mercadeo político y en alguna ocasión en Cancún conversé con él, quien no debe recordarme, pero tengo un registro fotográfico de ese momento. En ninguna de las charlas que le he escuchado, él habló de la importancia de la propaganda negativa.

¿Y qué dice de la primera campaña de Juan Manuel Santos a la Presidencia, cuando se enfocaron en mostrar lo negativo de Antanas Mockus?
Sé que en las campañas se usa destacar lo negativo del contrincante, pero usted me está preguntando es por J.J. Ahora, lo que yo crea o no crea sobre él es irrelevante.

¿En qué se parece más usted a J.J. Rendón, y qué los diferencia?
Nos parecemos en la fuerza y la pasión con la que hacemos un trabajo, y nos diferenciamos en que él está en otro nivel. En un nivel superior.

¿El triunfo del NO en el plebiscito no sería la muestra más palpable de una campaña que triunfó centrando su atención en lo negativo, o sea en dañar la imagen del presidente Santos antes que en exponer tesis?
Sí, hubo mucho de eso. Centraron la atención en promover el descontento. Ahora bien, yo siempre consideré que la campaña por el SÍ había enfocado mal la estrategia, y lo puse por escrito. Cada campaña usa las herramientas que considera válidas para buscar el triunfo. Es un tema complicado porque de por medio están 50 años de conflicto armado, de lo que siente la gente como resultado de eso. Unos sienten que hay que perdonar, otros sienten que hay impunidad.

¿Cómo es eso de que usted advirtió que el SÍ iba a perder? ¿Tiene cómo probarlo?
Sí, eso ocurrió 48 horas antes. Cuando comenzó la campaña por el plebiscito, tras hacer un análisis de los enfoques yo manifesté que la campaña del SÍ estaba mal direccionada. Decidí hacer un acompañamiento del proceso, y el 30 de septiembre le expresé eso por escrito al gobernador, con base en los sondeos de opinión que habíamos recogido en el departamento.

¿Cuál fue la reacción del gobernador?
Sorprendido. Él es un gobernante jugado con el tema de la paz, y en ese terreno su apuesta por la reconciliación me disipó bastantes dudas. Hoy estoy convencido de que es mejor una mala paz que una buena guerra. Lo difícil para el ser humano es perdonar, sobrepasar la soberbia y el orgullo, condiciones naturales que también nos hacen humanos.

¿Es admisible comparar al estratega político con el director técnico de un equipo de fútbol, en cuanto a que son los resultados los que aseguran su permanencia?
Absolutamente.

Usted lleva año y medio en Santander y nunca antes había pisado tierra santandereana. Con base en ese tiempo de conocimiento, ¿qué impresión se ha formado de la gente santandereana?
Que son unos verracos. Mucha pujanza, organizados, una tierra muy hermosa, gente extraordinaria.

¿Y si le preguntaran por algo que no le gustó de los santandereanos?
Su carácter les impide recomponer sus propias posiciones, revaluarlas, reconocer que de pronto en algo pudieran estar equivocados.

¿Está hablando del orgullo santandereano?
Sí. El orgullo santandereano es muy bueno, pero en cierta proporción hace daño.

¿Es cierto que en asuntos de pauta publicitaria usted privilegió a medios virtuales y audiovisuales, en detrimento de los medios impresos?
Absolutamente falso. Solo hay que entender que el mundo ha cambiado. El siglo XIX fue el de la prensa escrita, en el siglo XX se sumaron la radio y la TV, y el siglo XXI trajo las redes sociales. Hay que abrir un espacio a medios de comunicación nuevos, pero eso no significa que haya que acabar los otros. Yo sigo prefiriendo leer en papel y respeto profundamente la literatura, y las redes sociales son un complemento de los demás medios. Lo que hice cuando llegué a la Gobernación de Santander fue incorporar el tema de redes sociales, que cumplen una función dinámica, de ida y vuelta. Es comunicación interactiva. Fíjese por ejemplo la importancia que hoy tiene el Whatsapp.

Cómo se ubica usted en lo político: ¿centro, izquierda, derecha?
La política, usted lo ha dicho, es como un partido de fútbol. No me ubico en el centro, ni a la izquierda ni a la derecha, sino fuera de la cancha. 

Marshall McLuhan decía que “el medio es el mensaje”. Desde una óptica de marketing, ¿se podría decir que “el político es el mensaje”?
Sin duda. Nada supera el factor humano. Ni las redes sociales ni la radio, absolutamente nada. El marketing político se desvirtúa cuando la gente cree que nosotros hacemos campañas cosméticas. Están lejos de la realidad, porque lo que hacemos es mostrar las fortalezas de una candidatura. Pero lo más importante es el factor humano. Eso es lo que la gente debe premiar o castigar.

Hablando del factor humano, ¿significa que fue eso a lo que usted le dio más importancia para asegurar el triunfo de Didier Tavera?
Lo que hicimos fue organizar una agenda y optimizar el recurso más importante, que era el humano. Didier Tavera es una persona con una inmensa calidad humana, de un carisma inigualable, y lo pongo en estos quilates: hoy, de los candidatos potenciales a la presidencia, ninguno tiene el carisma de Didier. Luego, lo que nosotros hicimos fue organizar esas virtudes y exponerlas.

Con base en lo que está diciendo, ¿usted vería a Didier presidenciable para el 2022?
Lo veo como lo que es hoy: uno de los mejores gobernantes del país. Joven, terminará su gobernación a los 43 años, y tiene todavía media vida por resolver.

Después de año y medio manejando la imagen de Didier Tavera, usted decide dar un paso al costado. Qué es lo que más le enorgullece de haber trabajado con él y por qué decidió retirarse. ¿Hubo acaso diferencias insalvables con el gobernador?
No, ninguna diferencia. Por el contrario, consolidamos una relación óptima. Los resultados después de un año me permiten estar tranquilo. Fíjese no más que según Gallup la imagen de Didier creció 40 puntos este año, lo cual lo convierte en el gobernante con mayor crecimiento. El comienzo de un gobierno es como el despegue de un avión. El avión ya está en el aire, y yo debo dedicarme a lo mío. Me puse la camiseta y la tengo sudada, logramos consolidar un equipo de Comunicaciones a todo tren, con un ambiente laboral increíble. Cada persona del equipo se siente parte integrante de un engranaje, y lo hacen con entrega total, con pasión. Eso en la parte pública es un logro importante, por amor al departamento. Me voy feliz, muy satisfecho con el trabajo realizado.

¿A cuál político le gustaría brindarle su asesoría para que fuera el próximo Presidente de Colombia?
No he pensado en eso. Dedicaré los dos primeros meses del 2017 a componer una nueva estructura de mercadeo político. Hay que estar siempre innovando. Cuando ganamos en Santander la gente comenzó a hablar de Ancízar Casanova, pero no fui yo el que ganó, sino un equipo. Y con el equipo decidimos retirarnos a reorganizar y componer nuevas propuestas de mercadeo.

¿Cuáles son entonces sus metas de aquí en adelante?
Estoy absolutamente seguro de que vamos a contribuir a la construcción de una propuesta seria para la Presidencia de Colombia. Sé que lo vamos a lograr.

¿O sea que usted ya tiene contactado al político que quiere convertir en Presidente?
Eso es como en el amor: uno no sabe cuándo ni dónde lo va a encontrar, o si el amor lo va a encontrar a uno.
                                                                                                                                               

martes, 27 de diciembre de 2016

Uribe y Trump, los amos del apocalipsis




Hace muchos años conocí un libro de Umberto Eco con un título bien largo, ‘Apocalípticos e integrados en torno a la cultura de masas’, que en ediciones posteriores quedó reducido a sus tres primeras palabras. Es una serie de densos ensayos, con un lenguaje erudito desde la semiótica, pero lo que llamó mi atención fue el concepto de Apocalípticos e Integrados que trataré de resumir aquí, en interpretación libre:

Apocalípticos son los que quieren cambiar el sistema por uno diferente porque creen que vivimos en el peor de los mundos, y ahí se ubican desde la izquierda democrática hasta los guerrilleros y los anarquistas. Integrados son los que creen que vivimos en el mejor de los mundos posibles, motivo por el cual solo se requiere preservar las tradiciones y conservar las cosas como están, y ahí caben desde la derecha civilizada hasta la clerical, pasando por la más extrema, la Mano negra.

Para decirlo en sucinto modo, los apocalípticos son los liberales y los integrados los conservadores. Unos a favor del cambio, otros de la perpetuación de lo existente. La lucha entre esas dos fuerzas mueve la historia, la que quiere transformar el sistema y la que quiere conservarlo, según planteó Friedrich Hegel cuando habló de la confrontación dialéctica de los opuestos –tesis y antítesis- que conduce a una síntesis resolutiva, a menudo en forma violenta y en otras por la vía democrática.

Este planteamiento habrían de aprovecharlo Marx y Engels para promover la lucha de clases, en busca de lo que en su Manifiesto Comunista llamaron la dictadura del proletariado, y fue el detonante de importantes revoluciones como las que encabezaron Vladimir Lenin en Rusia, Mao Zedong en China o Fidel Castro en Cuba, e intentaron de modo infructuoso en Colombia grupos como las FARC, el M-19 o el ELN.

Lo llamativo es que con el transcurrir de los años han comenzado a invertirse los papeles, a tal punto que hoy asistimos a un espectáculo donde los conservadores se han vuelto los apocalípticos, y los liberales los que quieren conservar el statu quo. Y para la muestra dos botones:

En Estados Unidos el gobierno del demócrata (liberal) Barack Obama hizo causa común con su copartidaria y exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, para preservar y darle continuidad a una administración que venía de ocho años atrás, pero se les atravesó alguien que era visto como un indeseable hasta por su propio Partido Republicano (conservador), quien valiéndose de un discurso apocalíptico que apeló a los miedos más recónditos (a los inmigrantes, a los musulmanes, a los gais, a los negros, a los TLC) provocó una verdadera revolución pero a la inversa, la de los que se creen más machitos, la de los patanes, la de los bocones, la de los empresarios políticos que se valen de lo que esté a su alcance para eliminar a la competencia, como por ejemplo aliarse hasta con el presidente de Rusia para joder a Hillary, su compatriota.

El segundo botón se da en Colombia, donde un presidente que quiso preservar el esfuerzo titánico de casi cinco años de conversaciones con la guerrilla más antigua del mundo hasta llegar al ‘mejor acuerdo posible’, tuvo la pésima idea de convocar a la refrendación de algo que  no necesitaba ser refrendado, y el resultado fue un cataclismo que no lo esperaban ni los promotores del NO: un expresidente que había tildado a Santos de traidor se puso a la cabeza de una poderosa campaña de propaganda negra para hacer lo que antes hacían los mamertos, “agudizar las contradicciones”, y por la vía del miedo al castrochavismo y a la dictadura homosexual logró alinear a las masas más ignorantes de la población, en perversa alianza con una horda de pastores evangélicos y cristianos que hicieron creer a sus obedientes ‘rebaños’ que debían votar por el NO en el plebiscito para salvar a Colombia del apocalipsis…

Si se quiere buscar un común denominador entre Uribe y Trump, estaría en la utilización que hicieron de las iglesias evangélicas y cristianas. En los dos casos se debe prestar atención a la clase de votantes que permitieron el éxito de ambas ‘revoluciones’: individuos en su mayoría incultos o ignorantes, de poca escolaridad o reducido coeficiente intelectual. Esto se demuestra por ejemplo en la pésima ortografía que muestran los uribistas en las redes sociales. Son personas que han vivido bajo la influencia de un pensamiento animista secular, fácilmente manipulables porque necesitan sentirse seguros obedeciendo a una autoridad o ceñidos al precepto de una doctrina religiosa.
 
Lo llamativo –y preocupante- del nuevo entramado es que las diferencias ideológicas o de pensamiento han sido remplazadas por la apelación a la mentira y el engaño, hasta un punto en que ahora la política se nivela por lo bajo y el debate público se convirtió en un reality donde triunfan los que remplazan la inteligencia por astucia, los que fabrican la trampa, los que contratan a los mejores hackers, los que envueltos en su apariencia de machos alfa conquistan las simpatías de quienes serán las víctimas de sus decisiones (latinos votando por Trump, pobres votando por Uribe) y hasta de las brutas bonitas que quedan ‘matadas’ por los varones más acosadores. Ovejas votando por lobos, mejor dicho.

En medio de este desolador panorama, donde un proyecto político de extrema derecha falsamente bautizado Centro Democrático se dedica a sembrar el caos y la confusión como táctica de supervivencia (porque la paz los aniquila), no queda duda alguna en que si los revolucionarios de antes pretendían la dictadura del proletariado, lo que hoy se aprecia es a los nuevos amos de la política –y del apocalipsis- abriendo las compuertas a la dictadura del lumpenproletariado.

DE REMATE: Tiene pésima presentación que el hijo mayor del entonces Presidente de Colombia se hubiera reunido en un paraíso fiscal con Odebrecht y Miguel Nule. (Ver información). ¿Qué hacía Tomás Uribe en un paraíso fiscal intermediando para que una firma constructora brasilera y una colombiana se unieran en torno a uno de los contratos más cuantiosos del gobierno de su padre, la Ruta del Sol? Y si después se sabe que por esas fechas Odebrecht ‘invirtió’ once millones de dólares en sobornos en Colombia, la conclusión es obvia: ahí hay gato encerrado. Basta conocer este trabajo de La Silla Vacía (ver trabajo) elaborado con base en una entrevista de María Jimena Duzán al  ministro del ramo, Andrés Uriel Gallego (q.e.p.d.), para descubrir cómo el gobierno soltaba plata a manos llenas a los contratistas.

martes, 20 de diciembre de 2016

2016: lo bueno, lo malo, lo pésimo y lo feo




El año que ya casi termina recuerda la película ‘El año que vivimos demasiado’, cuyo título iba a ser utilizado para esta columna, pero es preferible meterle clasificación a lo ocurrido.

LO BUENO
Lo bueno es que se acaba este año, aunque deja dos sucesos de grata recordación: uno, el Consejo de Estado determinó que hubo "engaño generalizado" en la campaña del No en el plebiscito. De manera clara, categórica y cortante sentenció que “crearon y divulgaron mensajes alejados de la realidad, con los que ejercieron violencia por engaño contra el electorado, lo cual produjo el resultado conocido”.

Dos, al presidente Juan Manuel Santos le dieron el Premio Nobel de Paz. Esto debió ser motivo de orgullo nacional, si no fuera porque se lo adjudicaron para impedir que la paz fuera boicoteada por los que ganaron el plebiscito a punta de fotomontajes, mentiras y pastores evangélicos reclutados para sembrar el miedo.

En lo deportivo Colombia obtuvo resonantes triunfos con las ocho medallas en los Olímpicos de Rio, la titánica victoria de Nairo Quintana en la Vuelta a España y el tercer puesto de Atlético Nacional en el Mundial de Clubes. En lo musical, estuvo el Grammy Latino para Shakira y Carlos Vives por su canción de La Bicicleta.

¿Algo más que clasifique como bueno? Ah, sí: el jueves 24 de noviembre se selló la paz entre el gobierno y las FARC mediante el Acuerdo de Colón, que ya fue ratificado por el Congreso.

LO MALO
Malo que por cuenta de la apatía de casi el 70 por ciento de los colombianos ante un tema tan crucial como la paz, el 2 de octubre el uribismo le dio un zarpazo al Acuerdo y casi manda de nuevo a las FARC para el monte. Pero Santos asimiló el golpe, en 40 días escuchó a las partes y recompuso un nuevo Acuerdo, y la respuesta de los ‘amigos del NO’ fue el rompimiento de las relaciones con el gobierno. ¿Amigos del NO? Indulgente nombre para quienes en realidad son los enemigos de la paz, agrupados en esa mano negra que ya tiene nombre propio, Centro Democrático, desde que a su dirección llegó el ideólogo de la extrema derecha que en alguna ocasión definió al comandante de las AUC, Carlos Castaño, como “un intelectual hecho a pulso”.

Malo que los pastores evangélicos y cristianos hayan adquirido tanto poder político de la noche a la mañana, porque en todo Estado laico que se respete la política y la religión no deben mezclarse, so pena de que se contamine con fanatismos de fe irracional el agua en la que todos nos bañamos. Biblia en mano, pretenden imponer un Estado confesional.

En coincidencia con lo anterior, MUY MALO que el corrupto exprocurador Alejandro Ordóñez haya quedado posicionado como candidato a la Presidencia de la República, pese a que fue destituido por el Consejo de Estado tras haberse hecho reelegir con trampas. Malo porque seguirá los mismos pasos de Trump en cuanto a decir barbaridades de alto rating, como cuando dijo que “la Corte Constitucional le ha hecho más daño al país que las FARC”.

A Ordóñez lo veremos ondeando banderas rabiosamente católicas, y como ya cuenta con la complicidad de los embaucadores pastores cristianos y evangélicos (en una de cuyas iglesias de garaje se hizo ungir), el peligro es inminente. Peligro de que conquiste la Presidencia por la vía de exacerbar pasiones religiosas, y a la vuelta de la esquina caigamos en un régimen similar al de Francisco Franco en España, y esto desemboque en una guerra civil.

LO PÉSIMO
El diccionario RAE define pésimo como “lo que es extraordinariamente malo o no puede ser peor”. En tal sentido es pésimo para la paz universal el triunfo en EE UU del energúmeno, bocón, patán, acosador de mujeres, racista y xenófobo Donald Trump, rey del matoneo político. Razón tuvo Semana en decir que Trump ‘¡se enloqueció del todo!’. Mi humilde opinión es que se avecina la III Guerra Mundial, ahora entre las civilizaciones cristiana y musulmana. Un cowboy con ansias de supremacía al mando de la nación más poderosa del planeta ha llegado para aplastar al 'terrorismo islámico' y traerle paz al planeta a su manera, y en su euforia de primíparo del poder omnímodo no hará sino crecer al enemigo, que se multiplicará como hormigas que suben silenciosas por entre los pantalones del imperio hasta alcanzar sus testículos.

LO FEO
Feo lo que pasó con la reunión ‘tripartita’ entre el Papa Francisco, Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe. Pese a la buena voluntad del Santo Padre, al intermediar entre dos fuerzas en pugna hizo valer el refrán según el cual “de buenas intenciones está empedrado el camino hacia el infierno”. El Papa terminó por legitimar al comandante en Jefe de esas fuerzas oscuras que en Colombia se han alineado contra la paz y que ya han comenzado a dejar un reguero de cadáveres por toda la geografía nacional, como en los ‘buenos tiempos’ de los falsos positivos. Hay una bestia herida a la que ni el Papa pudo amansar, y esa bestia viene por todo.

No les extrañe si en 2017 Uribe vuelve con el sirirí de que el acuerdo de Paz “justifica nuevas formas de violencia”, en coincidencia con la reactivación del paramilitarismo, las amenazas (que ya llegan hasta el arzobispo de Cali) y el recrudecimiento de asesinatos selectivos contra líderes sociales, cuya “sistematicidad” no ve el Fiscal General pero se aprecia en que los asesinos siempre actúan sobre seguro, porque nunca hay capturas significativas.

Perdonarán la negrura justo en Navidad, pero solo cuando aparezca un gobierno con los suficientes pantalones para ponerle el tatequieto a la mano negra, dejará de tener sentido la frase de Woody Allen: “siempre he esperado lo peor, pero nunca pensé que fuera peor de lo que yo esperaba”.

DE REMATE: Un Feliz 2017 para todos y, si la candidatura del nefasto Ordóñez se concreta, Dios nos coja confesados.

martes, 13 de diciembre de 2016

Uribe fastidia para ganar la partida




Para medir hasta qué punto la guerra sucia desatada por el uribismo pretende arrastrar por el piso la imagen de Juan Manuel Santos, basta citar el bochornoso incidente que se vivió cuando una periodista –de RCN, por supuesto- le preguntó al presidente delante de la Primera Ministra de Noruega: “¿Qué les dice a sus oponentes, especialmente al expresidente Álvaro Uribe, quien ha dicho que el premio Nobel se compró por intereses noruegos?”.

Ante tan ofensiva pregunta, que hacía quedar como un cuero más al Comité Noruego del Nobel que al mismo Santos, este respondió así: “Se han dicho muchas cosas: que soy comunista, que soy miembro de las FARC, que soy aliado y socio de Fidel Castro para introducir una revolución en mi país, pero es lo más absurdo que he oído lo que usted acaba de comentar: que el premio Nobel se compró. La verdad, eso no merece comentario alguno de mi parte”.

El rumor malintencionado  que la periodista lanzó como granada de fragmentación en medio del auditorio –y al que ningún medio serio diferente a RCN dio credibilidad- cumplió con la misión de envenenar el ambiente, y el resultado obtenido fue que la máxima autoridad de ese país se ofendió y se vio obligada a responder a lo que en ninguna parte del mundo tendría la menor presentación protocolaria, porque la sola formulación de la pregunta –en el lugar menos indicado- lleva ‘mala leche’. (Ver noticia).

Es precisamente a envenenar el ambiente a lo que están dedicadas las hordas uribistas, y ello se vio plasmado de manera patética a raíz del asesinato de la niña Yuliana Samboní, cuando inundaron las redes sociales con imágenes de Rafael Uribe Noguera al lado de Rodrigo Londoño (antes Timochenko) mostrando a ambos como “violadores”. No contentos con lo anterior, rebrujaron entre las fotos sociales de Martín Santos y encontraron una donde aparece al lado de alguien a quien le atribuyeron ser el asesino de Yuliana, cuando en realidad se trataba de Alejandro Gaviria Halaby, como aclaró Yohir Akerman en este trino.

Estos no son hechos aislados, sino eslabones de una cadena ignominiosa de propaganda negra que viene enfilando poderosas baterías contra la paz desde la campaña por el plebiscito, y solo descansarán el día en que hayan hecho tan invivible la república que el pueblo se lance desesperado a votar por el candidato que prometa acabar lo que ellos mismos sembraron: desesperación, confusión, oscuridad.

Están ensuciando el río donde todos nos bañamos, para que todos quedemos tan cochinos como ellos. Hacia tal objetivo la consigna es “calumniad y fastidiad, que de la calumnia y el fastidio algo queda”.

Lo anterior se ajusta a dos de los 10 mandamientos de la manipulación mediática planteados por Noam Chomsky, que el uribismo está aplicando al pie de la letra: uno, “crear problemas para ofrecer soluciones”; dos, “utilizar el aspecto emocional antes que la reflexión”. Así quedó plasmado en la reveladora confesión del gerente de la campaña del NO, Juan Carlos Vélez, cuando dijo que “estábamos buscando que la gente saliera a votar verraca”.

Soy consciente de estar repitiendo algo que he expuesto casi hasta la saciedad en columnas anteriores, pero es un deber hacerlo mientras el gobierno no comprenda la urgencia que tiene de tomar medidas de choque para impedir que el país se vaya por el abismo al que Álvaro Uribe, Alejandro Ordóñez y su jauría de perros rabiosos quieren mandarlo, para luego aparecer como sus salvadores.

Es como si usted viviera en un conjunto residencial donde una de las casas es habitada por una familia ruidosa y buscapleitos, que siembra el malestar en el conjunto pero no hay modo de echarla, ante lo cual el administrador se muestra incapaz de ponerle el tatequieto. Los vecinos desesperados deciden entonces cambiar de administrador, a ver si el nuevo les soluciona el problema. Y es ahí cuando por fin se callan, porque era eso lo que buscaba la familia vocinglera: retirar por las malas al que no les gusta.

El problema de fondo reside en que mientras Santos maneja de buena fe el lenguaje de la paz, el uribismo manipula en forma avasalladora la propaganda de la guerra. Y aunque usted no lo crea, pese a la aprobación del fast track, el segundo va ganando la partida.

Todo indicaría que la mayoría de colombianos le cree más a Uribe que a Santos, pero la única manera de saberlo a ciencia cierta es si existiera el voto obligatorio. Somos tan indolentes que si se sometiera a plebiscito el aumento del salario mínimo, y hubiera que escoger entre la propuesta de los empresarios y la de los trabajadores, ganarían los primeros porque ellos sí irían a votar.

DE REMATE: En relación con la racha de asesinatos selectivos que se viene presentando contra líderes populares, el Fiscal Néstor Humberto Martínez aseguró que no se puede atribuir a una mano negra porque no hay “sistematicidad”, y prefiere hablar de “multicausalidad”. No se requiere ser ciego para advertir que la sistematicidad está en que no hay capturas que permitan llegar a sus autores. Actúan siempre sobre seguro. ¿Simple coincidencia?

lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Quién le pone el tatequieto a la Mano Negra?




Hubo una frase de Alejandro Reyes en su columna del domingo pasado que puso el dedo en la llaga: “En Colombia se están incubando las condiciones para que se imponga un fascismo criollo del siglo 21, que culmine la demolición del sistema de democracia liberal que sobrevivió a medio siglo de conflicto armado” (ver columna).

El título del artículo es muy académico, La crisis del sistema liberal y la emergencia del fascismo, pero dice cosas de veras iluminantes, como esta: “Ante la crisis terminal de los partidos que alguna vez construyeron Estado, ocupa el vacío un movimiento político aglutinado por Álvaro Uribe, con capacidad para enterrar la democracia liberal. Las muertes de líderes sociales son un anticipo de lo que puede actualizar el fascismo criollo cuando despliegue todo su poder”.

Esto se comenzó a sentir desde lo mediático en la campaña del plebiscito, con las oleadas de fotomontajes y propaganda negra que condujeron contra todo pronóstico al triunfo del NO. Pero lo preocupante no es eso, sino lo que viene en camino:

1.       Una racha de asesinatos selectivos que en lugar de amainar se incrementará, a cargo de esa Mano Negra cuyos cabecillas se dejan identificar con facilidad, porque nunca emiten una sola palabra de condena contra este fenómeno.
2.       Un proyecto de extrema derecha de alto contenido religioso y con acogida en los sectores más ignorantes de la población, cuya cabeza más visible es el corrupto exprocurador Alejandro Ordóñez, quien se vendrá con una descarga cerrada de improperios y anatemas contra todo lo que le huela a pensamiento liberal, aliado con los sectores más retardatarios, emulando así la exitosa fórmula aplicada por Donald Trump.

En paradójica coincidencia con la incorporación de las FARC a la vida civil, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Todd Howland, levantó su voz de alarma ante el incremento de la violencia contra líderes sociales: 35 atentados y 53 asesinatos en solo 2016. Al cierre de esta columna se reportó el caso de José Mauricio Bernal, quien trabajaba con su padre en la Mesa Municipal de Víctimas en Montañita (Caquetá), organización que había recibido el Premio Nacional de Paz (ver noticia).

Si los que están luchando a brazo partido para que continúe la guerra contra las FARC no logran su cometido, entrarán en guerra contra el Estado. Estuvieron a favor del Estado cuando llevaron a Uribe a la presidencia, pero ahora que éste ya no manda sobre las tropas anda dedicado a hacer terrorismo psicológico, como cuando el domingo pasado dijo sin inmutarse que “la palabra paz queda herida con la elevación del grupo terrorista FARC a la condición de socio del Estado” (ver declaración).

La recién desatada racha de asesinatos selectivos no se va a detener, porque a esa Mano Negra genocida no le temblará ninguno de sus dedos para seguir segando vidas que desprecia. Están convencidos de que actúan por el bien de la patria, del mismo modo que durante el gobierno de Uribe en el 90 por ciento de las Brigadas del Ejército los autores de los ‘falsos positivos’ se creyeron con derecho a asesinar a más de 3.000 jóvenes para hacerlos pasar por guerrilleros, y luego se justificaron en que “no estaban recogiendo café”.

Detrás de la tal resistencia civil que invoca Uribe contra Santos está la aplicación de todas las formas de lucha para impedir la reconciliación nacional, porque si se acaban las FARC se les acaba la rentabilidad política del miedo al enemigo. La paz los aniquila.

Se vienen tiempos difíciles, y el triunfo de Trump les da munición (verbal por ahora) a los enemigos de la paz hacia el propósito de salirse con las suyas, como lo han logrado frente a todos los gobiernos que en los últimos 30 años intentaron resolver el conflicto por la vía del diálogo.
 
La arena política nos muestra la reedición de un combate a muerte contra la paz, cuyo primer round se vivió el 2 de octubre, cuando ganaron los chicos malos del paseo. El segundo round consistirá en sembrar el caos y la confusión de aquí al 2018, repartiendo ‘chumbimba’ desde la trastienda mientras desde lo público resucitan el miedo a los homosexuales y al castrochavismo, con la perversa complicidad de los pastores evangélicos (y de los medios que como idiotas útiles reproducen sus barrabasadas), para luego pretender aparecer como los salvadores y, aunque usted no lo crea, “de la mano de Dios”…

En octubre de 2014 escribí una columna optimista para Semana.com donde dije que “el mayor mérito de Juan Manuel Santos está en que es el mandatario que logró por primera vez ponerle el cascabel al gato de la intransigencia militar en torno al tema de la paz” (ver columna). El estamento castrense estuvo representado en La Habana por oficiales tan emblemáticos como los generales Jorge Enrique Mora y Óscar Naranjo, pero Santos no contaba con que el juego sucio de Uribe y sus oscuros aliados le iban a propinar la más dura derrota de toda su carrera política, en el tinglado del innecesario y costosísimo plebiscito.

Es de esperar que Santos no haya perdido su condición de tahúr y guarde algún as bajo la manga, porque la única salida que le queda para recuperar la gobernabilidad perdida es si consigue ponerle el tatequieto a la desbocada y hasta ahora incontrolable Mano Negra.

DE REMATE: Según columna del nuevo director del Centro Democrático, Fernando Londoño, Carlos Castaño era “un intelectual hecho a pulso”. Eso ayuda a entender con prístina claridad lo que acabo de decir. Su nombramiento es el más impúdico destape de la Mano Negra.