martes, 2 de febrero de 2016

Mujeres, al borde de un ataque

  


La violencia masculina contra la mujer ha adquirido casi carácter de pandemia, sobre todo en un país tan conservador, tan machista y tan católico como Colombia. Y esto requiere una explicación.

El mundo entero asiste a una especie de ‘relajación de las costumbres’ en las relaciones de pareja, en gran parte gracias al fenómeno avasallador de la Internet que libera la transmisión de información a todo nivel (desde la académica o científica hasta la más íntima y procaz, pasando por la basura que inunda las redes sociales), y en parte ligado a esquemas publicitarios que siguen mostrando a la mujer como objeto sexual.

La tensión entre lo antes férreo o doctrinario y lo ahora liberador está provocando dramáticos rompimientos de todo tipo en altísimo número de parejas, casi siempre con desenlace fatal. Como dijo Bernard-Henry Levy en un libro exquisito (Hombres y Mujeres), “desde que hay amantes, hay celosos. Y los celos son inconfesables. Y hay hombres, eventualmente filósofos, que estrangulan a su mujer”.

La relajación de las costumbres no significa que las mujeres se han vuelto infieles o fáciles (aunque la proporción ha crecido…), sino que están rompiendo esquemas autoritarios o modelos atávicos de sumisión al hombre, y empiezan a ser conscientes de que son dueñas de sí mismas en lo sexual, en lo emocional e incluso en lo laboral, donde cada día más jefes reciben su tatequieto.

Esto constituye una verdadera revolución de las costumbres, y toda revolución viene acompañada de nuevas relaciones de poder, en las que hay vencedoras y vencidos, así como víctimas y victimarios.

Víctima es hasta cierto punto el hombre que ya no puede tener plena seguridad de que su mujer le está siendo fiel (en un escenario donde hasta el ‘quicky’ acecha detrás de una puerta), pero víctima es sobre todo la mujer cuyo novio o marido se niega a entender que ese ‘cuerpito’ ya no le pertenece, porque ahora tiene una administradora plenipotenciaria que decide con quién –o quiénes- compartirlo, o disfrutarlo, o simplemente acompañarlo.

En alguna ocasión le escuché a Margarita Vidal decir que “en Bogotá todos se comen con todas”. Esto no significa que se armó el despiporre universal, sino que la práctica del sexo ha adquirido una connotación muy diferente a la que manejaban nuestros padres o abuelos, cuando se le asumía como un deber dentro del matrimonio, con el fin único y “sagrado” de la procreación. Hoy el sexo se asume básicamente como la exploración de dos cuerpos ligada a la búsqueda del goce físico, y en asunto de camas y revolcones es más lo que se oculta que lo que se sabe.

Hablando a calzón quitado, las mujeres han revertido la pirámide jerárquica en la que antes ellos eran los dueños del merequetengue, y la orden venía desde la parroquia, que hablaba de obediencia y sumisión al hombre. Pero eso fue en un ayer cada día más lejano, pues ahora las féminas comienzan a asumirse en un plano de autonomía individual que termina por alebrestar a los ‘machos’, al punto de envalentonar a más de uno hasta el grado de la paliza, el rosario de puñaladas o el ácido vertido sobre su rostro.

Las cifras son espeluznantes y están al orden del día: en 2014 fueron asesinadas en Colombia 145 mujeres por sus parejas o exparejas, cada 12,5 minutos una mujer es agredida, y el número de feminicidios aumentó un 63 por ciento comparado con el año anterior. Hay lugares de Colombia ya cercanos a la alerta roja, como Cali, donde entre el 1 y el 24 de enero de este año fueron asesinadas 14 mujeres. O como en Bogotá, donde entre enero y noviembre del año pasado se conocieron 20.883 casos de violencia física contra las mujeres, mil más que en el mismo período de 2014. (Ver artículo).

O como Santander, el departamento que presenta mayor violencia contra la mujer en relaciones de pareja, sobre todo contra mujeres menores de 25 años, con un 93 (¡93!) por ciento de incidencia. Así lo dice otro artículo de El Espectador, para que vean que no lo inventé. Y si a lo anterior se agrega un 10 por ciento de casos que no se reportan… en fin.

Lo más preocupante es que esto se va a poner peor –como en efecto viene ocurriendo-, y el origen tiene que ver con que muchos ‘varones’ llegaron tarde a la cita de la cada día más creciente liberación femenina, mediante la cual la mujer viene ocupando unos espacios en los que antes desempeñaba un papel de obediencia o inferioridad. Cuando esa conquista de su propia libertad sexual choca contra un sentimiento atávico de posesión machista, es cuando sobreviene la tragedia.

Por cuenta sobre todo de Internet, estamos en la cresta de la ola de una súbita transformación que no sabemos claramente a dónde nos va a conducir, y mientras no esté ligada al cambio de modelo cultural que se debe dar desde el sistema educativo, no conducirá a nada bueno.

Como dije en columna anterior, es impostergable replantear las relaciones de pareja tal como todavía se conciben, para abrir las compuertas hacia una sana libertad donde nadie sea dueño del otro y el cariño o el amor no posesivos impongan la parada, de modo que si el amor se extingue no se armen los terribles dramas pasionales que estallan cuando alguien que se creía dueño del otro (o de la otra) se entera de que no era así, y es la propia realidad la que se encarga de aterrizarlo.

DE REMATE: “Yo te amo, pero no puedo saber si dejaré de amarte o si empezarás a amar a alguien diferente. Lo más sano entonces será que nos amemos hasta que uno de los dos diga ya no más, respetando siempre la independencia y la libertad mutuas, y sin olvidar de todos modos que lo más bello sería si tú y yo nos amáramos hasta el fin de los tiempos”.

martes, 26 de enero de 2016

Radiografía de un abusador con poder



Hay algo preocupante y paradójico en la columna de Daniel Coronell del domingo pasado, donde denuncia un supuesto acoso sexual del defensor del pueblo Jorge Armando Otálora contra su secretaria Astrid Helena Cristancho, y es que podría atornillarlo aún más en su puesto. (Ver columna).
Antes de que le estallara este nuevo escándalo Otálora debió haber renunciado, pues las denuncias por acoso laboral vienen desde el año pasado, cuando fue acusado por varios subalternos de haberles propinado malos tratos, y esto entra en contradicción con la majestad de un cargo que vela por la promoción, la defensa, el ejercicio y la divulgación de los derechos humanos.

Pero hoy el intríngulis está en que la polémica se ha desplazado a un escenario políticamente polarizado, por un lado, y banalmente ‘farandulizado’, por otro. Y tanto en lo político como en lo farandulero hacen causa común los adversarios de Coronell cercanos al uribismo (por ejemplo, Hassan Nassar en Twitter), para menospreciar su columna bajo el argumento de que existía una relación sentimental entre el acusado y la acusadora.

Mi punto de vista es que en un pasado sí debió existir intimidad, pues se requiere ser muy imbécil para que un alto funcionario del Estado le mande fotos de su pene a una subordinada solo para ver si de pronto ella se lo da. Eso solo lo hace quien sostiene una relación íntima, sin que deje de haber imbecilidad al hacerlo, pues nunca se sabe qué caminos tomará esa imagen. Cuchillo para su propio pescuezo, reza el refrán que le acaba de caer.

De entrada se debe establecer una diferencia clara entre lo íntimo y lo sentimental, porque puede haber una relación íntima en la que una de las dos partes actúe intimidada por el poder del otro. Intimidada, por ejemplo, por el temor a perder su empleo. Este tipo de relaciones abunda, aquí y en Cafarnaúm, y es aquí donde cobra peso un argumento planteado por la representante Angélica Lozano: “Un funcionario público –jefe- no puede sostener una relación sentimental con su subalterna. Se llama abuso de poder”. (Ver trino).

Lo lamentable de todos modos es que en un medio tan machista como el colombiano, la acusadora por ser mujer se convierte en blanco de todas las dudas y mofas (sobre todo de otras mujeres, ah cosa llamativa…), y el acusado por ser hombre en estrella mediática, y éste además se ampara en la desvergüenza de otros altos funcionarios que tampoco renuncian, como el director de la Policía Nacional, general Rodolfo Palomino, o el espurio magistrado de la Corte Constitucional, Jorge Pretelt. (O el procurador Alejandro Ordóñez, también espurio porque se hizo reelegir repartiendo puestos).

Otálora le dijo a Caracol que Astrid Helena es una mujer muy inteligente, y esto se comprobó cuando en entrevista para Noticias Uno Cecilia Orozco le pregunta si en algún momento accedió a las pretensiones de su exjefe, y ella así responde: “es obvio que esta situación se trata de una relación de abuso. No porque yo lo digo o porque es un tema sexual, sino porque hay otras pruebas de otras mujeres”.

Como dije arriba, el defensor del pueblo debió renunciar hace meses –ahora incluso por pudor-, pero desde el momento en que la discusión se trasladó de lo laboral a lo sexual se le abre un espacio mediático donde podría llevar las de ganar: ahora podrá alegar que se violó su intimidad o su derecho al buen nombre, o a la presunción de inocencia, o que es víctima de una venganza de quien habría sido su compañera sentimental.

Todo eso juega a su favor, es cierto, y espero estar equivocado. Pero después de verlo repartir fotos de su anatomía íntima desde su hamaca imperial o de decirle a otra subordinada suya cosas como “piensa que te están clavando rico” o  “me encantaría clavarme a tu amiga”, llega uno a la también íntima convicción de que el tipo es un cafre.

Un cafre con poder para abusar, eso es todo.

DE REMATE: La Fiscalía compulsó copias ante la Corte Suprema para que investigue a Álvaro Uribe por su presunta participación en la muerte de su amigo Pedro Juan Moreno, basada en los testimonios de alias ‘don Mario’ y del general Rito Alejo del Río, también amigo suyo. En alguna ocasión García Márquez dijo a raíz de las muertes de Jaime Bateman, el general panameño Omar Torrijos y el expresidente de Ecuador Jaime Roldós, que para matar a alguien sin dejar huella basta con echarle azúcar a la gasolina de la avioneta o el helicóptero donde viaja. El motor se apaga, la aeronave se viene en picada y al explotar no queda rastro de nada.

martes, 19 de enero de 2016

¿Vargas Lleras presidente? Dios nos coja confesados…


Germán Vargas Lleras es hoy el vicepresidente de la República gracias a que Juan Manuel Santos requirió para su reelección un perfil por completo diferente al del ‘zarapastroso’ Angelino Garzón, con quien hizo fórmula para remplazar a su jefe, el entonces presidente Álvaro Uribe. Pero el futuro político de Vargas comenzó a pender de un hilo desde que en Floridablanca tuvo un episodio convulsivo que puso a pensar si tiene la salud requerida para dirigir los destinos de la nación, y luego se asomó al desbarrancadero con la venta de Isagén.

Del patatús se ocuparon el mismo día Yohir Akerman (Los vicios del vice) y Daniel Samper Pizano (El Vargas Lleras de 2016): el primero se refirió a la adicción del vice al cigarrillo con ejemplos donde se le ve esparciendo su humo ante subalternos que no pueden rechistar, mientras el segundo se alegró de saber que “la única enfermedad que sigue padeciendo es la de las malas compañías”, en referencia a copartidarios suyos como Oneida Pinto o Kiko Gómez.

En lo que atañe a su salud, la noticia de la convulsión debe ilusionar a más de un copartidario con que de pronto Vargas Lleras lo escoja como su fórmula vicepresidencial, por aquello de constituirse en el remplazo inmediato ante una eventual ausencia definitiva del titular… Pero esto es solo especulación.

Lo preocupante de todos modos es que en efecto llegara a ser el próximo Presidente de Colombia, pues en lo político guarda tenebrosas coincidencias con las tesis de Uribe Vélez, a tal punto que el vicepresidente ha preferido guardar no discreto sino diciente silencio sobre el tema de la paz, desde los días en que comenzaron las conversaciones de La Habana.

La coincidencia no es solo ideológica, comparten también un orgullo herido: Vargas porque un libro-bomba enviado por las FARC a su oficina le voló dos dedos, Uribe porque su padre fue supuestamente asesinado por un contingente de ese grupo guerrillero. Pablo Catatumbo salió a desmentir que en lo de Alberto Uribe hubieran sido ellos, pero le resta credibilidad a su versión el tiempo que se demoraron en revelarlo.

Dije arriba que la candidatura de Germán Vargas se asomó al desbarrancadero desde la venta de Isagén, y requiere una explicación. De entrada se sabe que los recursos que recibirá el Estado servirán para construir las autopistas 4G, proyectos liderados desde la vicepresidencia, y en tal medida se podría pensar que con dicha venta quedó ‘pavimentada’ su candidatura.

Pero ahí no se entra a considerar que tanto la venta de Isagén como la candidatura de Vargas Lleras han propiciado la constitución de un sólido bloque político en contra de ambas posibilidades, y esto se percibe como un Toconvar (Todos contra Vargas) similar al Toconser que le impidió a Horacio Serpa conquistar la presidencia de Colombia en tres ocasiones.

La primera acción de este clan anti-Vargas ha consistido en una demanda ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca, tras considerar que la subasta se hizo de manera irregular, y de ella hace parte un ramillete de cinco congresistas de cuatro partidos divergentes en pensamiento, palabra y obra: Jorge Robledo por el Polo, Antonio Navarro por Alianza Verde, Viviane Morales y Sofía Gaviria por el Partido Liberal, e Iván Duque por el Centro Democrático (que nada tiene de democrático ni de centro).

¿Qué pasará el día que la justicia les conceda la razón a quienes afirman que “la enajenación violó los derechos a la libre competencia, ocasionó un detrimento patrimonial en patrimonio público y afectó gravemente la moralidad administrativa”? Ese día la candidatura de Vargas quedará herida de muerte, y a Juan Manuel Santos le tocará salir a dar muestras de sincera contrición para impedir que el plebiscito por la paz se le convierta en una batalla de aprobación o desaprobación a su gestión.

Sea como fuere, así el Tribunal de Cundinamarca le conceda la razón al gobierno (como ya lo hizo el Consejo de Estado), el hecho de que Cambio Radical haya sido el único partido que apoyó la venta de Isagén es evidencia de que ese Goliat deberá batirse contra muchos ‘Davides’ dispuestos a abandonar sus diferencias y unir sus caucheras para impedirle a Vargas que un día venidero pueda sentarse en el solio de Bolívar.

Si me pidieran adelantar cábalas al respecto, diría que con el paso de los días irá cuajando una increíble paradoja, cuando los mismos que en el gobierno anterior intentaron vender a Isagén pero no pudieron, terminen aliados con el principal beneficiario político de dicha venta, Germán Vargas Lleras, quien terminará distanciándose de su sparring, Juan Manuel Santos.

Así las cosas, en aplicación del refrán ‘Dios los cría y ellos se juntan’, llegará el día en que la derecha representada en el Centro Democrático, el Partido Conservador y Cambio Radical unan fuerzas en torno a una causa ideológica común, y será entonces cuando nos toque rogar para que Dios nos coja confesados. ¿Dónde estará Santos en ese momento? Creemos que del lado liberal.

Mientras tanto, en la orilla de la izquierda aún queda mucha tela por cortar. Ya están más que cantadas las candidaturas de Jorge Robledo y Gustavo Petro, en un escenario donde Antonio Navarro podría inclinar la balanza a uno u otro lado, o ser el tercero que propicie una provechosa coalición entre los dos primeros.

Pero no solo de izquierda y derecha vive el hombre. Por los lados del centro político representado en el Partido Liberal ya han anunciado que irán con candidato propio, y es entonces cuando el nombre de Humberto de la Calle Lombana se convierte en el que más me suena, me suena.

¿Estaría el jefe del equipo negociador de paz del gobierno interesado en una eventual candidatura a la presidencia tras la firma de los acuerdos? Averígüelo Vargas…

martes, 12 de enero de 2016

Isagén, sinónimo de sin salida


Tal vez fue al analista político Gerardo Martínez a quien le escuché decir que “la venta de Isagén podría enterrar el futuro político del ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, porque es una apuesta muy arriesgada”.

Es cierto, pero no del todo, pues la expresión se queda corta: el futuro político que está en riesgo es el del mismísimo presidente Juan Manuel Santos, frente a una decisión tan impopular que en su rechazo coinciden el Partido Liberal, Alianza Verde, el Polo, el Centro Democrático, el Progresismo de Petro y hasta el director del Partido de la U, en un agitado escenario donde la terquedad puede traer consecuencias funestas para el futuro de su gobierno, incluido el del proceso de paz.

Esta columna sale publicada el mismo día que al parecer se hará la irreversible venta, y sin embargo no es obstáculo para advertir sobre lo que vendrá después del ‘negocio’ que alguien definió como “vender la casa para arreglar el andén”.

Es de caballeros reconocer que el gobierno actúa con la mejor intención frente a un bienio donde la economía será el talón de Aquiles (dólar por encima de 3.200 pesos y petróleo por debajo de 35 dólares), y que mientras disponga de mayores recursos financieros más asegura su gobernabilidad –y de pronto hasta su supervivencia-, pero en lo que atañe a Isagén está frente a una sin salida: si se retracta de la venta queda en situación de debilidad, pues aparecería como el perdedor de la jornada. Y si la entrega al único proponente que hay, queda también débil frente a la opinión pública, por aquello del evidente detrimento patrimonial.

Como quien dice, que entre el diablo y escoja: en ambos escenarios el más beneficiado sería el Centro Democrático, a cuya cabeza está Álvaro Uribe, quien siendo presidente de Colombia entregó a los privados el 20 por ciento de la propiedad de la empresa, mediante una emisión de acciones en 2007 que le dejó a su gobierno casi 600.000 millones de pesos. Luego, en 2009, siendo ministro de Hacienda Óscar Iván Zuluaga, el gobierno intentó vender a Isagén por 6 billones de pesos, pero entrado el 2010 se les agotó el tiempo que tenían para concretar el proceso, y la venta se dejó para la siguiente administración.

Hoy las cosas han dado un vuelco a un punto en el que, como anota Juanita León en La Silla Vacía, en lugar de hacerle campaña al NO en el plebiscito que se avecina y así quedar históricamente como los que se opusieron a la paz, el uribismo ha tomado conciencia de que el frente económico será su mejor flanco de ataque para debilitar al gobierno. Y la venta de Isagén les cae como anillo al dedo.

La paradoja radica entonces en que los mismos que intentaron vender la empresa en el gobierno anterior, serán quienes más se beneficien políticamente si la venta se concreta durante el actual gobierno. En otras palabras: "Isagén se complementa a Uribe, pero también a Santos, Santos con Cárdenas y Uribe con Zuluaga, del mismo modo pero en sentido contrario”.

Así las cosas, ¿quién entiende la política, ah?

DE REMATE: Sorprende, exaspera e irrita el grado de polarización que se vive en torno a la alcaldía de Bogotá. No voté por Enrique Peñalosa, no me gusta el enfoque neoliberal con que inició su administración, pero debería haber un compás de espera para comenzar a darle palo.

martes, 5 de enero de 2016

Daniel Samper Pizano y la sexualidad de los aspirinos


Comencemos por decir que ‘Daniel Samper Pizano se deja de vainas’ es un libro de obligada lectura para cualquier periodista que quiera estar bien informado sobre la realidad nacional de los últimos 50 años, y en tal medida lo recomendaría como texto de estudio en las facultades de Comunicación.

Hay que llegar hasta la última página –la 253- para saber que la idea fue de su colega Fernando Quiroz, quien le habló de hacer una larga entrevista en forma de libro con motivo de su retiro del periodismo, tras medio siglo de trabajo. Cuenta Samper Pizano que al principio se negó con un tajante “burro no come burro”, pero cuando Quiroz notó que su resistencia inicial vacilaba, “acudió a la más innoble de las armas: la afición común por un equipo de fútbol”.

Al margen de si cedió a tan indebida presión o si se moría de ganas por contar tantas cosas con tal deleite, el lector advierte que el título del libro no corresponde del todo a su contenido, pues en lugar de dejarse de vainas lo que hace el escritor, humorista, vallenatólogo, libretista, compositor, poeta, fanático del Santa Fe, periodista y confidente de damas en sus ratos libres, es repartir vainazos a diestra y siniestra.

Los vainazos comienzan con el presidente Juan Manuel Santos, a quien define como especialista en traiciones y “si uno quiere ser benévolo, puede decir que es un tipo pragmático. Si es malévolo, hay que reconocer que es bastante cínico”. Para equilibrar las cargas, en referencia al manejo del tema ambiental dice de Álvaro Uribe que “es una de las plagas más dañinas que ha tenido que soportar la naturaleza colombiana. Después de una línea muy decorosa de ministros del medio ambiente, el nombró a una experta en venta de cosméticos”.

Y cuando habla de su frustrada experiencia como socio de la revista Cambio 16, suelta una dura pulla contra su colega Patricia Lara, quien según DSP “resultó más interesada en controlar las noticias que en velar por el flujo de caja y al final boicoteó el trabajo que hacía Darío Restrepo, que era el director, y le hizo la vida imposible”. Y para no dejar duda de su molestia al respecto, más adelante afirma que “tuvimos menos lealtad y menos inteligencia dentro de Cambio 16 que afuera”.

De los vainazos no se salva ni el mismísimo Dios, pues de este dice: “me aterra que un ser supuestamente superior permita las injusticias que asuelan al planeta”. Tampoco se queda por fuera la Iglesia Católica, la cual “cada vez que (…) ha intervenido en Colombia en asuntos terrenales ha sido para causas funestas, como su apoyo a la violencia conservadora. La historia de Colombia está llena de poderes nefastos, y uno de ellos ha sido el de la Iglesia”.


Pero hay un capítulo en el que sí se deja de vainas y vainazos, y es el que justifica esta columna, cuando de manera impúdica toca el tema de su propia sexualidad para confesar que tiene vocación de ‘aspirino’, en lo que constituye una auténtica revelación para los anales del periodismo erótico nacional. Allí comienza por reconocer que se desempeña muy bien como “acompañante de señoras”, y para explicar de qué se trata se vale de una metáfora donde “hay aves que cacarean mucho y no ponen huevos; hay otras que ponen huevos y se quedan calladas, y las hay que simplemente acompañan”; que es donde se ubica él, y es donde el lector hace un esfuerzo altruista para creerle.

Es también ahí cuando el entrevistado llega al clímax de sus infidencias y se derrama en una prosa reveladora de los escarceos que –es de colegir- forman parte de la vida íntima de las señoras bogotanas, mediante un párrafo que pareciera el resultado de una penetrante investigación periodística (pág. 144) y que nos vemos obligados a transcribir para no dejar espacio a morbosos malentendidos: “Normalmente, las mujeres tienen a su marido; en algunos casos también tienen un amante, figura de corte literario, que es semioficial y se suele citar en las biografías. Luego está el tinieblo, un tipo que conocen muy pocas personas, si acaso un par de amigas íntimas, que aparece en circunstancias reservadas y es un individuo muy cariñoso y con un buen desempeño en la cama. Las señoras se encuentran con el tinieblo en la casa de una amiga o se ponen cita en un hotel. Aparte del tinieblo puede estar el trueno, sujeto rudo y maleducado, posiblemente electricista de Codensa o conductor de Transmilenio. Puede ser violento pero, eso sí, es un mago en materia sexual (…). Suele ser exactamente lo contrario de lo que es la señora: a una dama muy fina a lo mejor le parece extraordinario un cotero de Corabastos muy joven, muy peludo y poco aseado, que siempre le pide plata porque es un mantenido sexual. Se encuentran en la pieza que él comparte con algún amigo en un barrio peligroso, y el trueno la deja exhausta durante un mes”.

Es aquí donde DSP hace una última clasificación, que lo cobija con una manta eróticamente correcta –y discreta- donde aparece como el aspirino que dice ser, o sea el confidente de la señora, no el peluquero confidente sino “un tipo que tiene las hormonas donde hay que tenerlas pero al que le han dado una hormona adicional, la de la resignación, para entender que él no será nunca amante, tinieblo, trueno ni nada que le implique acceso acrobático a la señora”.

Al margen de la duda que asalta en torno a si estará protegiendo su verdadera intimidad (y él mismo le aclara al periodista que “eso no le corresponde averiguarlo a usted sino a las señoras”), se puede advertir cierto tono de autoflagelación cuando recuerda que desde hace muchos años él preside Unmapol, Unión Nacional de Malos Polvos, y que ha sido varias veces reelegido, “nunca reerecto”. Es más, llega incluso hasta el más aberrante masoquismo al contar que su esposa Pilar ya tiene su epitafio: “Por fin buen polvo”.

Son otras las revelaciones del mismo corte que hace DSP en un libro donde el personaje avasalla al entrevistador, pero hay que dejar cierto margen a la curiosidad para que tenga más lectores, aunque haciendo claridad en que no se ha pactado con este columnista ninguna comisión sobre ventas, al menos no inferior al 10 por ciento. Sea como fuere, en lo que atañe a esos escarceos erótico-libidinosos no puedo retirarme sin hacer también una evocación, relacionada con algo que le escuché a otro bogotanísimo amigo en un coctel después del tercer lamparazo: “A toda mujer bonita que conozcas, tienes que buscar el modo de pedírselo. Es norma de cortesía bogotana. Así ella te diga que no, agradece que la hayas tenido en cuenta”.


martes, 29 de diciembre de 2015

La asombrosa vida de Pi –y de mí

  


Dicen que quien no ha perdido la capacidad del asombro sigue dándole sentido a su existencia. Esto lo confirmé con la película La Vida de Pi, del director taiwanés Ang Lee, que meses atrás me había recomendado una hija y pude ver hace unos días en un bus de Copetrán de dos pisos, en pantalla adherida al espaldar del asiento delantero, como en algunos aviones de Avianca.

La película en España se titula “una aventura extraordinaria”. Y lo es, doy fe de ello. Tanto en su alucinante riqueza visual como en la narración de una odisea que parece traída de los cabellos, pero a la que usted le cree porque la precede cierta lógica: tras el naufragio del barco japonés que transporta un zoológico coinciden en un bote salvavidas una cebra malherida, un tigre de bengala, una hiena, un orangután y un joven de nombre Pi que profesa tres religiones: el hinduismo, el catolicismo y el islamismo.

Dije odisea porque se emparenta tanto con el drama que vivió Ulises enfrentado a la furia de los dioses mientras intentaba regresar a los brazos de su amada Penélope, como con la leyenda del Arca de Noé, repleta de animales tras el diluvio universal decretado por Yahvé. En este sentido la historia está atravesada cual hilo de Ariadna por un trasunto religioso (creer… o no creer), con un final desconcertante pero creíble porque el mismo Pi que te acaba de contar tan asombrosa historia luego te sale con que todo eso a lo que lo que le diste tanta credibilidad… podría no ser cierto.

Es difícil para quien no ha visto la película entender de qué hablo. Motivo por el cual bastaría con verla, por ejemplo en este enlace, y retomar la lectura. Aquí hilamos con dos empleados de la empresa aseguradora del barco que se hundió, quienes luego del rescate le explican con creces a Pi que sus superiores no les van a aceptar la historia de un joven que permaneció 227 días a la deriva en compañía de un tigre de bengala y llegó a una isla carnívora que no aparece en los mapas, donde al abrir una fruta halló en su interior el diente de un humano, etc. “Queremos una historia que no nos haga ver como tontos, en la que no haya cosas que jamás se han visto”, le dicen a Pi.

Es entonces cuando Pi accede a contarles una historia más creíble, e ‘inventa’ que en ese bote iban cuatro sobrevivientes: Pi, su madre, el cocinero del barco (actuado por Gerard Depardieu) y un budista malherido que solo comía arroz con gravy. Según Pi el cocinero usó al budista como carnada para pescar e incluso comió de su carne, y esto enfureció tanto a la madre que lo atacó, pero este la mató con un cuchillo, y con ese mismo cuchillo Pi pudo matar al cocinero al día siguiente.

Desde el comienzo de la película Pi le habla a un escritor canadiense que se interesó en la historia de su naufragio, y es este quien le advierte al protagonista que la cebra malherida podría representar al budista con la pierna rota, la hiena al cocinero, el orangután a la madre y el tigre de bengala… a Pi, por supuesto. Y le hace ver además que “nadie puede probar cuál de las dos historias es cierta”, pero “la única coincidencia es que en ambas su familia muere y usted sufre”.

Pi le pregunta al escritor con mirada capciosa –digna de toda sospecha- cuál de las dos historias prefiere, y este así se expresa: “La del tigre. Es la mejor historia”. Y Pi le responde: “Gracias. Lo mismo sucede con Dios”.

Gabriel García Márquez decía que todo escritor tiene la obligación de competir con Dios, dando a entender que se trata de competir con La Biblia, el libro más leído. ¿Y cómo compites con Dios? Escribiendo de un modo que sin importar lo fantasiosa, absurda, increíble, delirante, asombrosa o extraordinaria que haya sido tu vida o tu historia, te la crean. Real o ficticia, a nadie le importa. Lo importante es que te la crean, como viene ocurriendo con “la palabra de Dios” desde siglos atrás y como ocurre con La vida de Pi en los primeros siete cuartos de hora de los 127 minutos que dura la película. Después, la historia aterriza en la más cruda realidad.

Nuestro Nobel Gabo fue consciente de esto al leer La metamorfosis de Kafka y descubrir que estaba permitido contar que un día Gregorio Samsa despertó convertido en un escarabajo gigante. En la misma tónica, al final de la película, cuando ya el bus de Copetrán atravesaba Piedecuesta rumbo a Bucaramanga, tuve la impresión de haber sido poseído por una especie de epifanía o revelación mística, mitad literaria mitad religiosa, que advertía sobre la posibilidad de contar la historia de tu vida como esa aventura extraordinaria que hasta hoy has vivido.

Y sin salirte de la verdad, por supuesto…

DE REMATE: La vida de Pi está basada en la novela homónima de Yann Martel. Al echar un vistazo a una copia del informe de los funcionarios nipones, el escritor canadiense encuentra un apunte referido a "la notable hazaña de sobrevivir 227 días acompañado por un tigre". Esto significa que hasta los agentes del seguro prefirieron esa historia. Si preguntaran yo cuál prefiero, mi respuesta está en lo que le dijo el padre de Pi a su hijo durante un almuerzo familiar: “Si crees en lo que dicen tres religiones, significa que no crees en nada. La religión es oscuridad. No dejes que esas historias trastornen tu mente”.

martes, 22 de diciembre de 2015

Absolución al coronel Plazas: triunfó la barbarie


Un confidencial de Semana.com un día después de que la Corte Suprema de Justicia en apretada decisión (5-3) decretó la falta de prueba suficiente en torno a la responsabilidad del coronel Alfonso Plazas Vega frente a dos de los desaparecidos del Palacio de Justicia, aporta luces sobre el verdadero motivo por el cual habría ocurrido esa absolución.

Según Semana “el coronel había sido condenado por una teoría del alemán Claus Roxin denominada de ‘autoría mediata por aparatos organizados de poder’. Esta permite condenar a una persona, así no hayan (sic) pruebas que lo relacionen directamente con el delito, por su posición de líder dentro del organismo que cometió esos crímenes. En el acuerdo que presentó el gobierno y las FARC se excluye esa teoría. La Corte suprema, por su parte, que la había aplicado en el pasado, también la descartó en el juicio de Plazas, lo cual fue clave para declararlo inocente”.

Aquí la revista de Felipe López (autor de los Confidenciales) hace pensar que la Corte Suprema estaría siguiendo una directriz trazada desde La Habana, cuyo punto de partida sería la exclusión de la teoría de Roxin tanto para las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC-EP) como para el Ejército Nacional. Esto daría para sospechar que la justicia transicional ha comenzado a aplicarse, y que en tal medida algunas de las decisiones de tan alto tribunal se están tomando con base en situaciones ajenas a los estrados judiciales, más bien a la medida de los requerimientos de las dos fuerzas enfrentadas en el conflicto armado a punto de acabar.

En otras palabras, que ha comenzado a obrar el “Compromiso del gobierno nacional” en la aplicación de la jurisdicción especial para la paz a los agentes del Estado, que en uno de sus apartes establece que “la responsabilidad de mando no podrá fundarse exclusivamente en el rango, la jerarquía o el ámbito de la jurisdicción”. O sea, que al desaparecer la cadena de mando el sujeto responde solito ante eventuales acciones criminales, y al Estado le corresponde probar que las cometió. Ante Plazas Vega la Corte consideró que no se pudo probar culpabilidad, sin que eso signifique que se haya probado su inocencia.

Al descartarse la teoría de Roxin se tiende ahora un manto de impunidad para muchos delitos de guerra y de lesa humanidad, llámense torturas, desapariciones, terrorismo de Estado o asesinatos selectivos, como los de Jaime Garzón y Álvaro Gómez. Y si las cosas siguen en esta tónica, no hay duda en que ese manto se extenderá a los ‘falsos positivos’, horrenda cadena de crímenes de corte genocida a cuyos autores el expresidente Álvaro Uribe sigue llamando héroes de la patria y perseguidos por la Fiscalía.

Si esta es la clase de sapos que tendremos que tragarnos, todo sea por conquistar la anhelada paz. Pero eso obliga a que se destapen las cartas sobre la mesa, y la primera de las condiciones para la concesión de impunidad en ambos bandos es que no se embolate la verdad. Y parte de la verdad comienza por reconocer –por ejemplo- que en el caso del Palacio de Justicia "fue la fuerza pública la que emboscó a la guerrilla, la dejó entrar a la ratonera para liquidarla y de paso liquidar como autoridad el gobierno de Belisario". Esto no solo lo dice Alfredo Molano en columna reciente, sino la Comisión de la Verdad creada en 2005 para esclarecer lo ocurrido, integrada por tres expresidentes de la Corte Suprema (Nilson Pinilla, Jorge Aníbal Gómez y José Roberto Herrera), la cual en relación con el abandono de la fuerza policial de custodia estableció que “las razones que se han dado para el desmantelamiento de la seguridad, a fuerza de ser falaces, a nadie convencen”.

Si fue levantada la seguridad para favorecer la entrada de los guerrilleros y allí cazarlos como en ratonera, significaría que hubo un trabajo coordinado, una cadena de mando y en consecuencia un aparato organizado de poder. Eso es lo que ahora se pretende descartar, pero no porque la teoría de Roxin esté errada sino por el bien de la patria, por conveniencia institucional, por alguna razón extrajudicial en últimas. Sea como fuere, no sobra preguntarse si dos Cortes Supremas con diferentes integrantes pueden sentar jurisprudencia contraria, pues la que acaba de absolver a Plazas determinó que “el Ejército no sabía que el 6 de noviembre de 1985 se iban a tomar el Palacio de Justicia”, siendo que con base en información de la Policía Nacional (la misma que retiró el esquema de seguridad) el 18 de octubre de 1985, apenas tres semanas antes de la toma, varios medios informaron sobre el descubrimiento de plan del M-19 para tomarse el Palacio de Justicia. He aquí una de las pruebas reina: ver recorte de prensa.


Esto en la práctica significa que el aparato organizado de poder se salió con la suya, e incluso hizo moñona, según La Silla Vacía. Lo único que en tal terreno de impunidad venidera ayudaría a equilibrar las cargas sería que, si hemos de creerle al vicefiscal Jorge Perdomo, con el anunciado Tribunal de Paz que comenzará a obrar tras la firma de los acuerdos “quienes creían que iba a facilitar la impunidad se quedarán con los crespos hechos, porque habrá verdad judicial y reparación a las víctimas”.

Invoquemos entonces al Niño de Belén para que se nos conceda al menos ese milagrito, el de la verdad judicial, de modo que en un mediano plazo podamos resolver de una vez por todas si fue que hubo o no terroristas en ambos bandos (unos desde la extrema izquierda, otros desde la ultraderecha enquistada en el Estado), o qué tan limpios están los que hoy se presentan como los más virtuosos adalides de esa lucha.


DE REMATE: ¿Cuál es el valor estratégico que tiene para el presidente Santos conservar al general Rodolfo Palomino en su puesto, y que en ese propósito no les dé credibilidad a serias investigaciones periodísticas de Vicky Dávila, Claudia Morales y Daniel Coronell? ¿Hay algún nuevo escándalo que Santos quiera evitar si Palomino pierde el mando? No se pierda el próximo capítulo de esta apasionante novela de misterio…