En la mañana de
este martes 9 de diciembre anuncié en mis cuentas de Twitter y Facebook que
haría una revelación, en respuesta al silencio de sordina que aplicó la W Radio
en torno al retiro de mi columna de Semana.com, frente a un público numeroso y convencido
de que ese día se sabría qué estaría
pensando María Isabel Rueda al respecto, en consideración a que fue algo que
escribí sobre ella lo que provocó mi salida.
La revelación era –y es- más que justa, pues sirve para demostrar que Julio Sánchez Cristo no solo estaba informado del asunto, sino que en un correo electrónico que me dirigió llegó a solidarizarse: “lamento lo que le pasó, (…) de verdad no estaba enterado”.
La revelación era –y es- más que justa, pues sirve para demostrar que Julio Sánchez Cristo no solo estaba informado del asunto, sino que en un correo electrónico que me dirigió llegó a solidarizarse: “lamento lo que le pasó, (…) de verdad no estaba enterado”.
¿A qué pudo obedecer el silencio de la W Radio? Fácil: a que volvió a obrar el
poder de María Isabel Rueda en su condición de amiga ya no de Felipe López sino
de Julio Sánchez, y ella viene empeñada desde columnas atrás en que no
responderá a los interrogantes puntuales que le he formulado. De este modo la
columnista conservadora aplica contra un detractor suyo un trato
discriminatorio y elitista (incluso ofensivo), y de paso hace pensar que si enmudece es porque no tiene respuesta convincente, o como dice el refrán: “el que calla otorga”.
Ya con el tiempo y el espacio requeridos, es posible
hilvanar una reflexión que dé cuenta cabal de esta nueva fase de silenciamiento
sistemático, no tanto del que aquí escribe como de la inquietud que María
Alejandra Villamizar (@MAVILLAMZAR) sintetizó así en Twitter: “¿Qué pasa en los
medios? No se puede hablar de periodistas, no se pueden criticar enfoques ni
señalar desinformaciones. ¿Somos intocables?”
En lo que a Julio Sánchez Cristo respecta, ya dije que me escribió
para expresarme que lo lamentaba y que no estaba enterado, y yo le contesté
así: “Muchas gracias, don Julio. De por medio está un interrogante que le
planteé a María Isabel Rueda en torno a lo de Álvaro Gómez y Samper, pero
parece que en lugar de contestarlo, habría movido sus influencias en Semana
para que me sacaran”. Unas horas después recibí de él esta respuesta: “Me
informan en Semana que el suyo no es el único cambio. Mañana arrancan nueva
diagramación y saldrá la mayoría de los columnistas”. A lo cual le respondí: “Ah
bueno, están en su derecho. La diferencia con la mayoría de los columnistas
está en que a mí me quitaron la columna por lo que dije, no por cambios
administrativos ni de diagramación”. Y no hubo nueva comunicación.
Es interesante advertir que mi colega Julio Sánchez –a quien aprecio
como uno de los grandes- debió haber llamado a alguien de Semana para obtener
información de primera mano y al parecer le dieron una información errada (hasta ahora, al menos), pues
no hubo cambio de diagramación ni salió ningún nuevo columnista. Del mismo modo
es llamativo observar que cuando en el curso del programa un oyente quiso poner
el tema de mi salida de Semana.com, fue
cortado en forma abrupta, y se dijo que el tema sería tratado “más adelante”, aunque
no ocurrió así.
Esa primera instancia del anchorman de W Radio averiguando qué pasó
permite sin embargo apreciar un interés genuino en documentarse sobre el tema,
mientras que esa segunda instancia de silencio total al día siguiente quizá se
relacione con que la discreción aconseja no mencionar a Watergate delante de
Nixon. O si se quiere, que entre bomberos (y amigos) no se pisan las mangueras.
Baste decir que María Isabel Rueda está en su derecho de tener amigos
que la quieran con un cariño auténtico y protector, del mismo modo que Felipe
López y Julio Sánchez lo están de conducir sus medios como mejor les parece,
sin que se pueda calificar como censura. Pero ello de ningún modo es refugio
para que la periodista y abogada aludida pretenda eludir la obligación ética
que tiene de dar respuesta a interrogantes cuya respuesta permitirá dilucidar
con mayor claridad si frente al asesinato del inmolado líder conservador Álvaro
Gómez Hurtado la mueve un interés periodístico legítimo de llegar a la verdad,
o el interés político de contribuir a ocultarla:
¿Por qué hace siete años María
Isabel Rueda veía a Samper “sin conocimiento” sobre los autores del crimen y hoy lo culpa
de estar detrás del asesinato de su líder inmolado, si en ambos casos se
sustenta en la misma acusación trasnochada y desvirtuada (por la misma revista Semana) de ‘Rasguño’? ¿Y por qué acusa
públicamente a alguien de homicidio, pero se niega a dar información y se declara amedrentada por la Fiscalía cuando le piden su colaboración?
Hago énfasis en que el conocimiento que tengo del tema es producto de
una investigación periodística que he venido adelantando en mis ratos libres,
más lenta de lo que yo quisiera y sin ningún patrocinio. Este conocimiento me
da respaldo documental para pedir las explicaciones que la columnista no ha
querido dar (tampoco Enrique Gómez padre e hijo), sumado a que se ha guardado
un silencio bien misterioso por parte de otros medios y de otros periodistas,
siendo que las explicaciones pedidas se ajustan a la lógica cartesiana y al
sentido común.
Así las cosas, mientras María Isabel Rueda siga sin dar respuesta a
tan pertinentes preguntas, por favor, don Julito... ¡no me cuelgue!
DE REMATE: Ahora que Álvaro
Uribe incita a las Fuerzas Militares a entrar en rebelión contra el gobierno de Juan Manuel Santos –hermanándose
así con los métodos subversivos de su archienemigo las FARC-, convendría
convocar desde la civilidad a un movimiento cohesionado de rebelión contra las
tesis incendiarias del exmandatario, y que dicha convocatoria se extienda a empresarios,
industriales, académicos, políticos (incluidos miembros del CD), jerarquías religiosas,
medios de comunicación y en general a toda la gente sensata y cuerda de este
país. ¿Puede haber acaso mejor frente unido hacia la paz, que permita a su vez
protegerla de cualquier zarpazo de la bestia herida?














