viernes, 27 de mayo de 2011

Uribe y el naufragio de la Ola Verde


Es sorprendente cómo en Bogotá las cosas se le han ido dando a Álvaro Uribe Vélez, en clara muestra de la asombrosa capacidad de manipulación que ejerce sobre la escena política, con la eficaz ayuda de quienes quizá sin saberlo ejercen el papel de idiotas útiles. Es el caso de Enrique Peñalosa Londoño, quien empezó con el pie izquierdo su aspiración a la alcaldía desde el día en que recibió eufórico de emoción la adhesión de Uribe a su campaña, cual si se hubiera ganado el Baloto.


http://www.semana.com/opinion/uribe-naufragio-ola-verde/157502-3.aspx


Con su actitud inmadura Peñalosa pisoteó el sentir de una minoría calificada dentro de su propio partido, que sigue viendo con malos ojos que de la noche a la mañana un personaje tan cuestionado como Uribe se les meta hasta la cocina, no se sabe bien si con la intención de cogobernar en Bogotá o simplemente de armar estropicio, sembrar la división y montar rancho aparte.


Casi sin temor a equivocación, diría que el error fundamental de Enrique Peñalosa consiste en creer con fe ciega que sin Uribe no gana la alcaldía, que es él quien le pondrá los votos del triunfo, tan fácil como quien pone los huevitos de la prosperidad. Error de dimensión pantagruélica, que les costará caro: a Peñalosa su carrera política y a los verdes su credibilidad como opción renovadora, mientras desde el otro lado de la moneda aparecerá de nuevo Uribe para cantar victoria, en consideración a cuán fácil le quedó hacer naufragar la Ola Verde.


En alguna columna dijo Claudia López que una vez “le escuché a Napoleón Franco la tesis de que la imagen positiva de Uribe estaba más relacionada con un sentimiento de gratitud, que de aprobación". Esto explicaría por qué pese a los altos niveles de popularidad que mantuvo en sus ocho años de gobierno, por mucho que quiso –e intervino- no logró poner en la alcaldía de la capital a Juan Lozano en 2003, ni a Enrique Peñalosa en el 2007. Y debería además ser motivo de preocupación entre la mayoría verde que le hace calle de honor, si le sumamos los escándalos que cada día estallan en torno a su gestión, y la clase de gente que lo acompañó en su proyecto.


Al cierre de esta columna Antanas Mockus emitió una declaración que Sergio Fajardo tildó de “grosera”, donde sin rodeos le sugirió a Peñalosa que se fuera para el partido de La U. A primera vista podría parecer una salida políticamente incorrecta, pero la duda se desvanece si se la mira desde la óptica estricta de la coherencia. Y es que, no nos llamemos a engaños, no hay nada más incoherente que la foto en la que con sonrisa amplia se abrazan Juan Lozano, Enrique Peñalosa (entre ellos dos es comprensible) y Lucho Garzón, vocero del Partido Verde, quien de este modo, al partir cobijas con Mockus, estaría dando a entender que en su nueva concepción de la política prima una eventual cuantía de votos sobre la calidad del mensaje que se quiere –o mejor, se quería- transmitir.


He aquí el error craso al cual aludíamos al principio, pues sólo se requieren cinco dedos de frente para concluir, en el más somero de los análisis, que la presencia de Álvaro Uribe en la campaña del partido Verde a la alcaldía de Bogotá no suma votos, sino que los resta. Y no nos vengan con que la alianza no es con Uribe sino con Santos, en su condición de jefe natural de La U: es irrefutable que quien desde un principio manifestó abierta simpatía por Peñalosa no fue el Presidente de la República en uso de su ejercicio, sino el hoy expresidente en uso de su retiro, que en la práctica nunca se dio.


Diríase entonces que el ‘intenso’ interés de Uribe en hacerse al lado de Peñalosa actúa como el iceberg que resquebraja la armazón de proa y hace saltar en dos pedazos el Titanic de la Ola Verde, un pedazo con Peñalosa, otro pedazo con Mockus. Entre los restos del naufragio se alzará altiva la figura de Álvaro Uribe, no para salvar a nadie sino para salvarse a sí mismo y erigirse (ya con la imagen golpeada del único que habría podido competirle) en “el médico que necesita Bogotá”, como un día lo dijo.


Pero esto ya es tema de otra columna, que bien podría titularse Titanic II.


jorgegomezpinilla@yahoo.es

Ya está claro: todo fue a espaldas de Uribe


A buena hora el presidente Juan Manuel Santos ha salido a aclarar ante la opinión pública que la corrupción que campeó a sus anchas durante el gobierno anterior no contó “ni con la participación ni con la omisión del presidente Uribe. Puedo dar fe de que el presidente Uribe en todo momento vivía pendiente de hacer las cosas con transparencia”.


Estas palabras sabiamente exculpatorias producen alivio general, pues quitan de nuestros hombros el ominoso peso de la sospecha que ante el alud de informaciones negativas comenzaba a anidar en nuestros corazones, en torno a si el hombre que sacó al país de la oscuridad terrorista pudo tener –así hubiere sido mínima- participación u omisión en la comisión de los delitos que se le endilga al nutrido círculo de funcionarios o políticos que trabajó en estrecha, mediana y/o lejana cercanía con él.


Lo que no se puede ocultar es que la historia tiende a repetirse, pues así como Ernesto Samper argumentó que la financiación del narcotráfico a su campaña ocurrió a sus espaldas (y nunca se encontró la prueba reina de que mentía), ahora pretenden hacer creer que el mismísimo Álvaro Uribe Vélez en su condición de Primera Autoridad de la Nación estaba al tanto –y cohonestaba, para mayor agravio- los entuertos que se presentaron durante los ocho años de su gestión, siendo que, como él habrá de probar ante la Honorable Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes, esos malhadados sucesos también ocurrieron a sus espaldas.


Ahora bien, puesto que se trata de brindar diáfana claridad sobre aquellos casos en los cuales brillará la luz de la inocencia y saldrá sin mácula la imagen de nuestro querido exmandatario, me permito enumerarlos:


A espaldas de Uribe, Jorge Noguera (quien parecía buen muchacho pero terminó defraudando la confianza depositada) convirtió al DAS en guarida de narcos y paramilitares de la costa Caribe, y propició la ejecución de asesinatos selectivos.

A espaldas de Uribe se montó una empresa criminal para espiar a magistrados, opositores y periodistas, en la que al parecer participó un elevado número de detectives y funcionarios del DAS de mando medio, y en la que no se descarta la desleal participación de algún miembro de la Casa de Nariño, lo cual sería desde todo punto de vista censurable

A espaldas de Uribe y de Andrés Felipe Arias, un programa como Agro Ingreso Seguro (AIS), concebido originalmente para ayudar al campo, fue utilizado por hacendados inescrupulosos para adjudicarse millonarios auxilios no reembolsables.

A espaldas de Uribe compraron los votos de Yidis Medina y Teodolindo Avendaño, definitivos para su reelección.

A espaldas de Uribe compraron los votos de otros políticos, también necesarios para la reelección de 2006, mediante el reparto de notarías públicas.

A espaldas de Uribe, durante la operación Jaque usaron emblemas de la Cruz Roja Internacional para obtener una victoria táctica sobre el enemigo, en lo que constituye un crimen de guerra. (La prueba de que Uribe no sabía se dio en la recepción que les organizaron en Palacio a los recién liberados, cuando el Presidente no se cansaba de preguntarles si habían visto durante el rescate algún emblema de la Cruz Roja. Ahora, que si mintieron los rescatados, habría que preguntarles por qué lo hicieron…)

A espaldas de Uribe, su hermano Santiago y su primo Mario utilizaron a alias Tasmania para urdir un montaje contra el magistrado auxiliar a cargo de la parapolítica, Iván Velásquez. (Aquí, ojo: las responsabilidades son individuales, del mismo modo que al exministro de Justicia Fabio Valencia Cossio no le cabe culpa alguna por las andanzas de su hermano Guillermo con la mafia, ni a José Obdulio Gaviria por las ídem de su primo Pablo Escobar).

A espaldas de Uribe entraron subrepticiamente unos mafiosos a la Casa de Nariño en la noche del 23 de abril de 2008, para proponer una conspiración contra la Corte Suprema de Justicia, y a espaldas del Presidente fue asesinado en una calle de Medellín ocho días después ‘alias Job’, uno de los asistentes a esa reunión.

A espaldas de Uribe la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE) le concedió un préstamo por $25.700 millones de pesos al Grupo Nule, en agosto de 2006.

A espaldas de Uribe esa misma DNE terminó convertida en piñata que se repartieron narcotraficantes y políticos, estos últimos en su mayoría del Partido Conservador. (En atenuante que obra a favor del ilustre expresidente, por pertenecer a otro partido).

A espaldas de Uribe, el general Rito Alejo del Río comandó la siembra del terror paramilitar en todo el Urabá antioqueño. (Fue un caso aislado, claro está.)

A espaldas de Uribe se presentaron falsas desmovilizaciones de contingentes guerrilleros, con el sano propósito de contribuir a mejorar la imagen de la Seguridad Democrática.

A espaldas de Uribe fueron llevados al matadero y asesinados en condiciones de indefensión unos 2.700 jóvenes, en lo que se conoció como ‘falsos positivos’, también con el sano propósito de contribuir a mejorar la imagen de la Seguridad Democrática. (Ahora bien, el mismo presidente Uribe hizo claridad en que esos muchachos no debían estar precisamente “recogiendo café”, lo que nos lleva a pensar que alguna culpa les cabría, quizá por andar de vagos).

A espaldas de Uribe el Incoder cometió un verdadero rosario de irregularidades y escándalos, que van desde empleados que exigían dinero a cambio de adjudicar predios, testaferratos de las mafias, compra y entrega de tierras de baja calidad a costos excesivos, licitaciones fraudulentas y selección amañada de beneficiarios, en más de quince departamentos.

A espaldas de Uribe el 14 de marzo de 2010 la página web de la Registraduría Nacional sufrió un ataque coordinado desde computadores pertenecientes al DAS, la Policía Nacional y el Ejército Nacional, algunos de ellos ubicados en las mismas instalaciones del Ministerio de Defensa.

A espaldas de Uribe, sus hijos Tomás y Jerónimo lograron hacerse a unos lotes muy bien ubicados, que de la noche a la mañana se convirtieron en zona franca. (Sin que parezca metiéndonos en vidas ajenas, es de presumir que los muchachos fueron severamente reprendidos por su padre, como corresponde a todo prohombre recto y ejemplar).

jorgegomezpinilla@yahoo. es

jueves, 5 de mayo de 2011

Obama y el cadáver de Osama


El manejo que el gobierno de Estados Unidos le está dando a la información sobre el cadáver de Osama Bin Laden responde a una muy bien diseñada táctica de inteligencia militar, detrás de la cual no es posible saber con certeza qué es verdad y qué es mentira. Lo más llamativo –o inteligente, si se quiere- es la incertidumbre que ha sembrado sobre las filas de su enemigo desde que se hizo a su cuerpo, en la medida en que una cosa es lo que se dice, y otra lo que en realidad ocurrió u ocurre.

http://www.semana.com/opinion/obama-cadaver-osama/156207-3.aspx

Es aquí donde toma cuerpo –valga la redundancia- el axioma según el cual “en toda guerra la primera víctima es la verdad”, pues nadie pone en duda que el presidente Barack Obama está diciendo una parte de la verdad, por ejemplo que en efecto murió, pero en ningún caso toda la verdad. En este contexto, razón le cabe a Marshall McLuhan: “el que tiene la información, tiene el poder”. Y del modo como la administre depende que pueda obtener nuevos triunfos militares, o perder los puntos ganados.


Cuando Obama le dice al programa Sixty Minutes que decidió no publicar las imágenes del cadáver de Bin Laden, no es porque tras mucho meditarlo hubiera resuelto su propia incertidumbre, sino porque se ciñe a un plan trazado para generar una especie de agonía post mortem entre los miembros de Al Qaeda, como si después de la muerte de su líder les quisiera seguir clavando más hondo el clavo, para que no deje de dolerles.


Se trata entonces de prolongar el golpe sicológico, tanto al ocultar la información fidedigna sobre la verdadera causa de su muerte, como en lo referente al verdadero uso que le dieron al cadáver. En este contexto, no se descarta que al hombre lo hubieran tenido a su disposición durante algún tiempo (por algo se la definió como “operación ultrasecreta”) y que hubieran dispuesto de su ajusticiamiento cuando no había más que sacarle, para luego montar una escena que diera cuenta de su muerte tras intenso tiroteo, como se acostumbra en el libreto.


Esto coincide con la versión dada por una hija de Bin Laden, quien le habría contado al canal de televisión Al Arabiya que su padre fue capturado vivo por soldados estadounidenses antes de ser asesinado. Información que el gobierno norteamericano no se esfuerza en desmentir, porque lo mejor que puede ocurrir es que se diga de todo, pero nada se pueda comprobar.


Ahora bien, que Osama Bin Laden sí está muerto no lo pone en duda ninguna mente cuerda, pues atraparlo vivo para llevárselo a Estados Unidos habría sido como ganarse la rifa del tigre. En otras palabras, ingenuo quien siquiera conciba que al momento de su captura pensaban esposarle sus manos a la espalda y recitarle sus derechos.


La atención más bien debe centrarse en qué fue lo que realmente ocurrió con el cadáver, después de que Obama declaró que no publicará ninguna imagen, alegando que "nosotros no somos así. No tratamos estas cosas como un trofeo". Error, pues es precisamente en el ocultamiento intencional que hacen de su cadáver como mejor adquiere la calidad de trofeo de caza, en la medida en que nada duele más que la desaparición de un ser querido, cuando no se posee prueba material alguna de lo que le pasó.


Remitámonos entonces al publicitado ‘entierro’ en agua que le dieron a Bin Laden, del que tampoco han mostrado foto alguna y cuya única fuente oficial es un funcionario anónimo del gobierno de Estados Unidos, quien le manifestó a la AFP que "nos aseguramos de que su cuerpo fuera tratado de acuerdo con las prácticas y la tradición musulmanas. Es algo que nos tomamos muy en serio". Y agregó que "se siguieron los procedimientos tradicionales islámicos de inhumación. El cuerpo fue lavado y puesto en un manto blanco y luego colocado en una bolsa de plástico con un lastre".


Es pertinente preguntarse si detrás de esta declaración no anida cierta burla –como carga profunda- hacia las huestes del enemigo, considerando que según el experto en estudios islámicos de Al Azhar (la institución más prestigiosa del islam suní), Abdel Moti Bayumi, “arrojar un cadáver al mar contradice la Sharia” o ley islámica.


Es factible que en próximos días se divulgue la foto oficial del ‘entierro’ de Osama Bin Laden, que muestre lo que se supone será un cuerpo metido en una bolsa anaranjada, cayendo a un mar insondable. Es lo único que se verá, aumentando así la incertidumbre y la tortura sicológica para sus guerreros, a quienes se les seguirá negando la posibilidad de saber cómo fue que en realidad murió su maestro y líder.


Vistas las cosas desde este ángulo, la historia dirá que cuando el Imperio contraatacó tras el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, la dulce venganza consistió en darse el gusto de ‘desaparecer’ el cadáver de su autor intelectual, del mismo modo que un 11 de septiembre de 2001 se desaparecieron los cuerpos de muchos norteamericanos, aplastados por toneladas de cemento y acero.


El día que hagan la película, que con toda seguridad harán, pondrán a Barack Obama en el puente del portaaviones Carl-Vinson viendo caer al mar en medio de fuegos artificiales aquello que nunca se sabrá si correspondía o no al cuerpo de Osama Bin Laden, mientras pronuncia estas palabras:


“Hasta la vista, baby…”

viernes, 8 de abril de 2011

"Vencisteis, pero no convencisteis"


Muchas veces le han preguntado a Horacio Serpa cómo quiere que lo recuerden, y en casi todas responde lo mismo: como un político honrado. La última vez que se le escuchó fue el domingo 27 de marzo, en una animada mesa redonda que a modo de rendición de cuentas organizó el canal regional TRO con los periodistas más críticos (salvo uno) de Santander, cuando manifestó aspirar a que algún día la gente diga: “hay que ser honrados, como Serpa”.


Es comprensible su obsesión por el tema, teniendo en cuenta que si de algo se les acusa a los políticos, es de ser ladrones. “La política es pa’ robar”, dice la gente del común, y la prueba del coloquial aserto es que nunca antes como ahora la clase política colombiana ha generado tal avalancha de noticias judiciales.


En este contexto no debe extrañar que la transparencia de un gobernador sea premiada tantas veces, como si fuera necesario estar exhibiendo la honradez de alguien para que a los funcionarios públicos no se les olvide la importancia de ser correctos. Diríase entonces que la honradez es una ventaja estratégica de Serpa, pero no porque se valga de ella para sacarle partido con un discurso retórico, sino porque los hechos se imponen.


Son aburridos los recuentos, pero en los últimos seis meses el gobernador de Santander ha recibido tres reconocimientos nacionales: el 15 de noviembre de 2010 el de mejor gobernador, con base en encuesta de la firma Cifras & Conceptos entre empresarios, periodistas, académicos y políticos; diez días después la Corporación Transparencia por Colombia que dirige Elizabeth Ungar declaró a Santander como el departamento con mayor transparencia administrativa; y este miércoles 6 de abril el Comité de Seguimiento al Pacto por la Transparencia –del que hacen parte la Fundación Participar y la Cámara de Comercio- reiteró el liderazgo que en este ámbito mantiene la gobernación de Santander, en lo que vendría a ser como una declaratoria de ‘fuera de concurso’.


La vocera de ese comité, María Teresa Duarte, se valió de una comparación para explicar el fallo: mientras que para la construcción del Colegio Bicentenario de Floridablanca sólo llegó un oferente, a la convocatoria de la gobernación para construir el Coliseo Bicentenario de Bucaramanga se presentaron 11. Destacó además –y alabó- la aplicación de medidas como el doble sobre en las licitaciones, el sorteo de fórmula para la adjudicación de obras o la estandarización de los pliegos de condiciones.


Se sobrentiende que si sólo se presentó una oferta para el citado colegio de Floridablanca, fue porque redactaron los pliegos de condiciones para eliminar la competencia desde el partidor. De donde surgen preguntas obligadas: ¿por qué esos mismos controles que ejerce Serpa en sus contrataciones, no se aplican en las demás gobernaciones y municipios de Colombia? Mejor dicho, ¿por qué la honradez no es la norma? ¿Es factible entonces amañar las cosas a favor de una práctica corrupta, y que la única sanción que le apliquen sea la de no entregarle un premio a la transparencia?


De lo anterior se concluye que está muy bien que se premie al honrado, pero pareciera que estamos a años luz de que se castigue como corresponde al corrupto. Baste considerar que si Horacio Serpa hubiera nacido por ejemplo en el país menos corrupto del mundo, Dinamarca, no andarían premiándolo cada vez que diera pruebas de ser honrado, sino que sería uno más entre el montón de funcionarios pulcros de la administración escandinava. (Por cierto, ¿cómo sonaría un vibrato en danés?).


No significa lo anterior que su único mérito sea el de la probidad, pues para medírsele a una plaza tan brava como la colombiana no sólo no basta con ser correcto, sino que ésta sola cualidad lo dejaría inerme ante la jauría. Para que mejor se entienda: Antanas Mockus también es honrado, pero el habilidoso Juan Manuel Santos y el muy ‘picarón’ J.J. Rendón le dieron tres vueltas en la última campaña. A Serpa por el contrario se le suma la garra que ha mostrado para enfrentar las más recias tormentas políticas, así como su proverbial franqueza santandereana, que le ha servido para neutralizar sin arma diferente a su palabra a los más resabiados contrincantes.


No se trata pues de describir a un dechado de virtudes, sino de señalar la importancia que la honradez –como rara avis- ha adquirido en la contaminada arena política nacional. Nada más considerando los altísimos niveles de corrupción que se vienen destapando del gobierno anterior, cabría una pregunta: ¿cómo le habría ido a Colombia si en lugar de las tretas usadas por un político mañoso como Álvaro Uribe para engrupir a todo un país, hubiera regido la hoy reconocida pulcritud administrativa de un dirigente como Horacio Serpa?


La respuesta quizá la ayudó a confeccionar el propio gobernador de Santander en la mesa redonda arriba citada, cuando al final le preguntaron por la impresión que le había quedado del gobierno Uribe, y respondió con una frase atribuida a don Miguel de Unamuno para el generalísimo Francisco Franco: “Vencisteis, pero no convencisteis”.


sábado, 2 de abril de 2011

La crucifixión rosada de Alejandra Azcárate


Escribí esta columna a mediados de 2006, ante la demanda que entabló un grupo de católicos ofendidos –entre ellos el hoy procurador Alejandro Ordóñez- por unas fotos de Soho donde aparecía Alejandra Azcárate recreando dos escenas del Evangelio. Se la envié al director de la revista, Daniel Samper Ospina, y él me respondió diciendo que se la había reenviado a su abogado en el caso, Humberto de la Calle Lombana, para que fuera tenida en cuenta como parte del sustento probatorio. Pero nunca fue publicada en ningún medio impreso, salvo dos años después en noticias literarias.com, una agencia mundial de noticias culturales con sede central en Nueva York.

Me he animado a reproducirla en este espacio, porque la situación de antes es calcada de la que hoy padece nuevamente la revista Soho por cuenta de una ciega y obcecada intolerancia religiosa.


El texto que citaré pertenece a Gargantúa y Pantagruel, un clásico de la literatura universal escrito por François Rabelais (1494-1555). Muestra a Panurgo en trance de enamorar a “una gran dama de París” y fue escrito en los albores del muy inquisidor siglo XVI. Si usted se fija bien, a los ojos de un guardián de la doctrina católica moderna pasaría por una herejía de algún escritor blasfemo de la revista Soho, sujetos por tanto –autor y medio- a sanción penal:


- “Sabed, señora, que estoy tan enamorado de vos que no puedo mear ni cagar. Como comprenderéis, puede sobrevenirme una enfermedad y, ¿qué ocurriría entonces?

- ¡Idos, idos! –dijo ella. Eso a mí no me importa. Dejadme rezar.

- Bien, pero haced un anagrama con: “En el monte vi a la condesa”.

- No sé qué queréis decir.

- Esto –dijo él-: “A la condesa le vi el monte”, y sobre esto rogad a Dios para que me dé lo que vuestro noble corazón desea; y dadme, por favor, ese paternóster.

- Tomadlo y no me importunéis más.”


Según el diccionario de la RAE, paternóster es el “padrenuestro que se dice en la misa y es una de las partes de ella”. En el texto citado, el personaje de Rabelais equipara en trascendencia a la más sublime oración católica con lo que le parece asaz sublime, el sexo de la mujer que pretende. Y no sólo emplea el símil como arma de seducción sino que, vaya sorpresa, logra su objetivo.


La cita viene a colación con motivo de la denuncia que instauró “un grupo de católicos ofendidos en sus sentimientos religiosos” ante el juez tercero municipal, Edgar Castellanos, quien la acogió y ordenó llevar a juicio al escritor Fernando Vallejo, al director de la revista Soho, Daniel Samper Ospina, y a los ‘modelos’ –entre ellos Carlos Gaviria, ex candidato a la Presidencia de la República- de unas fotografías publicadas por la revista, sustentado en el artículo 203 del Código Penal que castiga con cárcel y/u onerosas multas el “daño o agravio a las personas o cosas dedicadas al culto”.


Es inmensa la distancia histórica y geográfica entre una y otra publicación (Gargantúa y Soho), pero tienen en común que a los ojos de un fundamentalista agravian, como agraviada se debió sentir la más rancia ortodoxia islamista que puso precio a la cabeza de Salman Rushdie y que en la práctica ya ha sentenciado y ejecutado a centenares de “infieles”.


Produce cierto estupor comprobar que una obra tan irreverente con los símbolos sagrados de la época como Gargantúa y Pantagruel no hubiera desaparecido bajo el embate de un simple baculazo papal o su autor no hubiese sido condenado a la hoguera, mientras en pleno siglo XXI unas fotografías artísticas estarían a punto de enviar a prisión tanto al autor de un artículo repleto de adjetivos, como al director de una revista de entretenimiento. De paso, obligaría al grupo de personalidades nacionales que posó para la cámara a pagar una altísima reata, entendida reata como “de conformidad ciega con la voluntad o dictamen de alguien”. (DRAE)


Rabelais no era un malandrín de siete suelas, del mismo modo que Daniel Samper Ospina no es el pelafustán a quien pudieran llamar al orden o pedir cuentas por su comportamiento. Sea como fuere, con casi quinientos años de diferencia en su génesis, Gargantúa es un puente de filosofía humanística tendido entre la Edad Media y el Renacimiento, mientras que un episodio como el de Soho pareciera anunciar el reversazo de una ética supuestamente liberal a un oscurantismo incierto.


¿Dónde estriba la razón de fondo para que el peso de una ley dictada por una sociedad civil deba aplicarse con rigurosidad extrema, ante lo que sólo constituye una radical diferencia de opiniones religiosas? No sin temor a equivocarnos (crecimos en el temor a Dios, ojo) estamos tentados a creer que fue el poeta Eduardo Escobar quien en reciente columna de El Tiempo hendió el dedo en la llaga: “a sus demandantes los asustaron las tetas”.


En esta ocasión la ofensa no estaría en que la recreación gráfica de La última cena o de La Crucifixión puso a un hombre desnudo, sino en que reemplazaron a Jesucristo por una mujer torsidesnuda. Esto llenó la copa, despertó la ira de un fanatismo ciego, incapaz de tolerar que la imagen intrínsecamente masculina de su Dios hubiese encarnado en un cuerpo femenino, así se trate de un cuerpazo.


En sustento a esta hipótesis, algunos han llegado a comparar el castigo infligido a Juana de Arco con la leve sanción moral que recibió antes de morir el obispo pedófilo mexicano Carlos Maciel, perteneciente a los Legionarios de Cristo. En busca de una argumentación más amable y seductora, están las palabras que se le escucharon a un seminarista arrepentido, ante La Crucifixión Rosada de Alejandra Azcárate: “Me hablaron sobre el mundo, el demonio y la carne, pero nunca me advirtieron de la mujer, que es un demonio con un mundo de carne.”


jorgegomezpinilla@yahoo.es


viernes, 25 de marzo de 2011

Carlos Vicente de Roux, ¿en el lugar equivocado?


Si no fuera porque el Polo está tan desprestigiado, la escogencia de Carlos Vicente de Roux como su candidato a la alcaldía de Bogotá habría podido producir una tercera sorpresa política en la capital del país, después de las que produjeron Lucho Garzón (quien derrotó a Juan Lozano, el ungido por Enrique Peñalosa y Álvaro Uribe) y Samuel Moreno, hoy el más directo responsable –con su hermanito Iván- de la debacle que vive su partido.

http://www.semana.com/noticias-opinion/carlos-vicente-roux-lugar-equivocado/154154.aspx

Con de Roux se presenta una situación paradojal, que no deja de ser tragicómica, pues a la vez que quiere ser el candidato del Polo, ha dicho que estaría dispuesto a declinar su aspiración si Gustavo Petro se lanza. Y Petro no sólo ya no es del Polo, sino que se fue de allí dando un portazo. El lado trágico es para el PDA, pues esto se traduce en que su más firme aspirante es un caballo de Troya del petrismo, del que para colmo del infortunio no se pueden desprender. En este contexto se conoció un comunicado de ese partido (mal redactado y sin firma responsable, por cierto) donde le dicen al “honorable concejal” que su conducta “pone en duda e incertidumbre sus propósitos y objetivos los cuales podrían afectar la Unidad del POLO” (sic), y rematan con que “debe sujetarse a las normas del partido, lo contario se presentaría un presunto caso de doble militancia” (sic).


El lado gracioso es para el concejal llamado al orden: nadie como él sabe que en efecto está practicando una especie de tácita doble militancia, pero desde una condición preponderante, pues si no se atreven a expulsarlo del partido (como le correspondería a cualquier organización política que se precie de coherente) es porque tiene la sartén por el mango. Expulsarlo sería ahondar la crisis de desprestigio que vive esa colectividad, en tratándose de un personaje sin tacha y que –a diferencia de Petro- nunca asumió parte beligerante en el conflicto armado.


Estamos hablando de un abogado del Externado experto en Derechos Humanos, docente e investigador de varias universidades, vicepresidente del Banco Colmena, asesor en Derechos Humanos de la Fundación Social, director de la campaña Viva la Ciudadanía, Consejero Presidencial para los Derechos Humanos de César Gaviria y Ernesto Samper, y Juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Oriundo del Valle, pertenece a una familia sobre la cual habría insuficiente ilustración si no se mencionara a sus hermanos: Lía, experta en temas de literatura y lectura, casada con Juan Martín Caicedo, ex alcalde de Bogotá; Gustavo, ministro de Salud de César Gaviria; Francisco, la máxima autoridad (provincial) de los jesuitas en Colombia, ex director del Cinep y del Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio; y Antonio, vicerrector académico de la universidad Javeriana de Cali.


Se debe citar además que en 1998 de Roux formó parte del embrionario grupo político que intentó formar Antanas Mockus tras su derrota como fórmula vicepresidencial de Noemí Sanín, pero se distanció de aquél y en 2002 lideró el apoyo de los independientes a la campaña presidencial de ésta.


Todo lo anterior para concluir que se trata de un político sui generis, que no encaja en la línea ortodoxa del Polo y luce como de mejor estirpe en la de Petro, pero cual Supermán goza del maravilloso don de la ubicuidad, pues hoy está a la vez con los unos y… con el otro, cual amada infiel. Es una situación sin duda ventajosa, a la que de Roux le saca partido con cierta impudicia, consciente de que ésta es su oportunidad dorada para posicionarse en el imaginario colectivo bogotano, hacia una ronda futura.


En estas condiciones es altamente improbable que la Dirección Nacional del Polo convoque a una consulta abierta para la escogencia de su candidato, pues corren el riesgo de que de Roux se presente y la gane, del mismo modo que Petro le arrebató a Carlos Gaviria la última candidatura a la Presidencia, contra todos los pronósticos. Sea como fuere, sería la ocasión ideal para que ese partido rectifique, se depure (o mejor, se purgue) y logre arrojar de sí la influencia asfixiante que sobre sus destinos ejerce esa estreñida trinca conformada por la Anapo, el Moir y el Partido Comunista. La paradoja radica entonces en que convocar a una consulta abierta sería como hacerse el harakiri, pero a la vez se vislumbra como receta viable para resucitar al Polo de su agonía.


Para no darle más vueltas al asunto, y aplicando la misma dialéctica hegeliana que en los años 80 enseñaba en la universidad Jorge Tadeo Lozano, podría concluirse que Carlos Vicente de Roux está ciertamente en el lugar equivocado, pero no del todo…


En otras palabras: con cara gana de Roux, y con sello pierde el Polo.


jorgegomezpinilla@yahoo.es

martes, 22 de marzo de 2011

De mil maneras, la siguen matando



Produce estupor y eriza la piel comparar el tsunami de indignación que en nuestro país produjo la patada que un futbolista le pegó a un búho, con el escaso revuelo que tuvo el asesinato en Saravena de la jueza Gloria Constanza Gaona, quien adelantaba el juicio contra el teniente Raúl Muñoz, del Ejército, acusado del asesinato y la violación de una niña de 14 años y la muerte de sus dos hermanitos, de 9 y 6 años, en Arauca. La jueza fue asesinada en la zona más segura de ese municipio, donde están los juzgados, la Alcaldía y un puesto de Policía, y hay restricciones para el tráfico.


http://www.semana.com/noticias-opinion/mil-maneras-siguen-matando/153856.aspx


El crimen adquiere mayor relevancia ante el estatus de sus posibles autores, y cuando la información al respecto señala varios agravantes:


1-) Vecinos de los menores victimizados habían denunciado la suplantación de personal de la Defensoría del Pueblo, para obtener información relacionada con el crimen. Los testimonios hablan de falsos abogados que habrían llegado con militares ex compañeros de Muñoz, a hablar con los vecinos de las víctimas. El defensor Volmar Pérez aclaró que nunca hubo desplazamiento de funcionarios de la entidad, en la fecha en que se habrían producido las entrevistas a pobladores de Tame. Aquí lo llamativo es que poner a un grupo de personas a suplantar a funcionarios de una institución, revela un nivel sofisticado de logística y recursos.


2-) La organización que defiende al teniente Raúl Muñoz es DEMIL, Defensoría Militar, una asociación liderada por el alto mando militar y creada “para garantizar la defensa técnica de oficiales y oficiales”. Pese a que según investigación de Noticias Uno su póliza ordena la no prestación de asistencia jurídica “a los afiliados relacionados con (…) delitos sexuales”, ésta se sigue dando.


3-) El militar acusado cambió tres veces de abogado (abogada, para ser exactos) en las últimas tres semanas, para alargar el juicio y así buscar su liberación por vencimiento de términos.


En estas circunstancias, la pregunta que cualquier capcioso se haría es dónde reside la importancia de este oficial, para que detrás de él se despliegue tal parafernalia de argucias y recursos. Hilando delgado se diría que una cuarta opción contemplada fue el asesinato de la jueza, pero podría haber voces que aleguen que estamos prejuzgando. Y les cabe razón, si no fuera porque la indignación que este crimen suscita está directamente relacionada con la impotencia de la justicia (y la indiferencia general) frente a lo que apunta como una muy bien orquestada estrategia orientada a lograr a como dé lugar que el acusado –a quien hasta las pruebas de ADN lo inculpan- salga libre.


El presidente Juan Manuel Santos condenó el asesinato de la jueza y ofreció una recompensa de 500 millones de pesos, pero ahí no radica el meollo. (Cuando en febrero de 2007 asesinaron a la defensora de desplazados Yolanda Izquierdo, el entonces presidente Álvaro Uribe también se apresuró a ofrecer recompensa, sin un solo inculpado hasta el día presente). El meollo radica en que de nada vale que la justicia civil pretenda enjuiciar a un oficial del Ejército acusado de asesino y violador, mientras ciertas fuerzas oscuras despliegan todo su poderío –legal e ilegal- para tratar de impedirlo.


Moraleja y conclusión: con Gloria Constanza Gaona no sólo mataron a una jueza; de mil maneras nuevas, siguen matando a la justicia.


jorgegomezpinilla@yahoo.es