sábado, 12 de marzo de 2011

Uribe en versión Caballo de Troya


La última proclamación de Enrique Peñalosa (porque van varias, desde diversos frentes) como candidato a la alcaldía de Bogotá le dio nueva validez al augurio del escritor y columnista Ricardo Romero Silva en Twitter: “Peñalosa es capaz de no ganar”. En este sentido, no deja de ser terrible paradoja que teniendo todo a su favor para ser el próximo burgomaestre de la capital de Colombia, se meta en oscuros berenjenales al aceptar de modo tan entusiasta el apoyo de Álvaro Uribe, cual si se hubiera ganado el Baloto.


http://www.semana.com/noticias-opinion/uribe-version-caballo-troya/153302.aspx


Hablando de sorteos al azar, el ex ministro el exministro Rudolf Hommes puso la garra en la herida cuando en columna para El Tiempo dijo que “Peñalosa iba bien, pero el apoyo que ha recibido su candidatura por parte de Álvaro Uribe ha sido como ganarse la rifa del tigre. Lo tiene metido en casa y no sabe qué hacer con él”.


¿De dónde se agarrará (o aferrará) Peñalosa para creer con fe ciega que Uribe tiene la carta del triunfo que necesita, si la última vez que recibió su apoyo –en la cúspide de su prestigio como Presidente, por cierto- no sólo no le sirvió para ganar, sino que incluso ahí pudo residir parte de la derrota? Ése fue al menos el caso del suscrito, quien iba a votar por Peñalosa pero cambió su voto el día de la elección, disgustado por la descarada intromisión (ilegal, además) de Uribe 24 horas antes.


Lo que el ex alcalde capitalino no ha considerado es el riesgo que corre al aceptar tan mala compañía, en tratándose de un personaje lleno de sombras, cada día más cuestionado tanto por sus ‘ejecutorias’ como por los sujetos que lo rodearon (y rodean), hoy en alta proporción señalados por el dedo acusador de la justicia y a los que no dudamos en calificar como ‘goodfellas’, según lo que muestran sus expedientes.


Terrible paradoja por partida doble, pues no sólo podría estar echando por la borda su carrera política, sino que de su mano (y de la reptante de Uribe, por supuesto) podría estar conduciendo al partido Verde al abismo. Aquí el chiste según el cual “estábamos al borde del abismo pero dimos un paso adelante”, cobra vigencia.


Lo llamativo del asunto es que en caso de la debacle, ésta no sería compartida por igual entre Peñalosa, Mockus y Uribe, sino entre los dos primeros. A este último habría que reconocerle –por el contrario- una nítida victoria política, en la medida en que le bastaron unos mesecitos para neutralizar la tendencia avasalladora de cambio que encarnaba la Ola Verde, herida de muerte desde que Antanas se rindió al apoyo de Uribe, así hubiera sido a regañadientes.


Si contemplamos la escena con frialdad analítica, se concluye entonces que gracias a su brillante y perverso cacumen Uribe pudo ´robarse’ el cariño de Peñalosa y de Gilma Jiménez (seducidos por sus melifluos encantos), mientras que de carambola adquirió más consistencia una eventual postulación suya, dependiendo del veneno divisionista que haya logrado infiltrar en las filas verdes, cual Caballo de Troya.


Moraleja y conclusión: Peñalosa es capaz de no ganar, y Uribe de arrebatarle la candidatura.

jorgegomezpinilla@yahoo.es


lunes, 28 de febrero de 2011

Jaque mate a un engaño sostenido


Un refrán le cabe a la falsa desmovilización de 66 supuestos guerrilleros de las Farc: “piensa mal y acertarás”. A pesar de que ésta ya había sido develada por la revista Semana en su edición 1245 de marzo de 2006 (que por cierto pasó desapercibida, gracias al aplastante prestigio de Álvaro Uribe), hoy salta de nuevo a la luz pública como resultado de una investigación de la Fiscalía General de la Nación, sin la cual el tema habría quedado sepultado en el olvido.


http://www.semana.com/noticias-opinion/jaque-mate-engano-sostenido/152584.aspx


Lo llamativo del asunto es que dicho montaje desnuda el talante del anterior gobierno, tanto en lo atinente a la aplicación del ‘todo vale’, como en que se trata de otro falso positivo, y de los grandes, en esta ocasión sin muertos inocentes pero sí bajo la mirada complaciente de potentes reflectores mediáticos, en tratándose de lo que respetados analistas calificaron en su momento como “el golpe más grande en los últimos 40 años a esa guerrilla”.


Esto se inscribe en lo que lasillavacia.com juzgó acertadamente como “el desmonte del uribismo”, consistente en que los programas bandera de Uribe hoy dejan ver la tramoya sobre la cual se construyeron, en muchos casos bajo la argamasa de una red de engaños y delitos a la que más de un magistrado de la justicia le dio el nombre de “operación criminal”.


Decíamos que la falsa desmovilización de un contingente de las Farc es sintomática, pero una trama se lleva todas las preseas en el ranking de los montajes: la operación Jaque, que en su momento se apreció como un verdadero jaque mate a las pretensiones de la guerrilla de utilizar el secuestro como mercancía de negociación de un intercambio humanitario, y que catapultó la imagen del Ejército colombiano y de su Comandante en Jefe a la categoría de héroes, ante el mundo entero.


Héroes, sí, pero al mejor estilo hollywoodense, pues los cables de Wikileaks dejan ver que semanas antes de la publicitada operación Jaque el que allí aparece como burlado, alias César, venía adelantando acuerdos con el gobierno de Álvaro Uribe para entregar a varios secuestrados. Uno de esos cables revela incluso que quería cambiar a Íngrid Betancourt por refugio en otro país para él y su esposa.


Hoy se sabe que Nancy Conde –conocida como Doris Adriana, la esposa de alias César- fue capturada el 2 de febrero de 2008, cinco meses antes de la operación Jaque. Su cónyuge fue extraditado el 16 de julio de 2009, y ella –vaya coincidencia- corrió la misma suerte dos meses después, el 19 de septiembre de 2009. Sin dejar de aplicar el “piensa mal y acertarás”, lo anterior se traduciría en que un año y dos meses después de la operación Jaque ellos se habrían reencontrado, y de ello daría fe un llamativo hallazgo efectuado por Noticias Uno, consistente en que ni alias César ni su esposa aparecen en la base de datos del sistema federal de prisiones de Estados Unidos. Esto podría inspirar ya no una gesta heroica sino una historia de amor, de nuevo al mejor estilo hollywoodense.


En medio de este intríngulis hay un hecho que no se puede soslayar, cual es la presencia coincidente del general (r) Mario Montoya en los tres casos citados: falsos positivos, falsa desmovilización de un contingente guerrillero, y operación Jaque. Recuérdese que fue precisamente como consecuencia del destape de los falsos positivos que Montoya salió de la Comandancia del Ejército, por estar en desacuerdo con la medida que adoptó el entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, consistente en la destitución de 27 oficiales del Ejército.


Y fue también el general Montoya quien estuvo al frente como máximo responsable tanto de la operación Jaque, como de la falsa desmovilización de los supuestos guerrilleros de las Farc. De donde podría concluirse que estos engaños (y quién sabe cuántos más) no se presentaron como fenómenos aislados, sino como resultado de una muy bien planeada y orquestada estrategia militar de propaganda del régimen, que se resumía en aplicar el más trillado lema de batalla concebido por el gobierno de la Seguridad Democrática: el fin justifica los medios.


En lo referente a la operación Jaque –y en el contexto de hacer trampa para ganar- cobra especial importancia la ‘recepción’ que hasta la medianoche les ofrecieron a los recién liberados en Palacio. Allí, el Presidente Uribe y el general Montoya no se cansaban de preguntarles si habían visto o no emblemas de la Cruz Roja Internacional.


¿Por qué –nos preguntamos hoy- hasta la misma Íngrid afirmó no haberlos visto, si allí estuvieron desde el principio hasta el fin del supuesto rescate? ¿Acaso la hicieron cómplice del engaño, a tal punto que la gratitud por su liberación le impidió desembucharlo?

jorgegomezpinilla@yahoo.es

viernes, 18 de febrero de 2011

VOTO OBLIGATORIO, UNA VEZ Y YA


Es una verdadera suerte para la democracia que el articulito que le colgaron a la Reforma Política para depurar el censo electoral haya nacido con vicios de forma, porque con su aplicación se confirmaría el refrán según el cual “el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”. De un solo tajo redujeron el número de votantes potenciales de 30 a 15 millones (todos los que no votaron en la última elección), aduciendo que así se evita el fraude y se reducen los costos de las elecciones en más de 40 mil millones de pesos.


Lo llamativo del asunto es que la iniciativa provino del eminente constitucionalista Jaime Castro, quien quizá habría podido llevarla a buen puerto si no fuera porque el “artículo canguro” –como lo llamó el propio Registrador, Carlos Ariel Sánchez- “apareció de un salto en la votación final sin haber sido discutido en las etapas intermedias”, según Antonio Caballero. Ésta podría ser entonces la crónica de una muerte constitucional anunciada, que confirmaría un segundo refrán (“al mejor panadero se le quema el pan”) y explicaría por qué Caballero dice de Castro en su última columna que “debería darle vergüenza”.


http://www.semana.com/noticias-opinion/voto-obligatorio-vez/152038.aspx


Al margen de consideraciones formales y de las supuestas buenas intenciones que abriga la depuración del censo electoral, es indudable que si la norma llegara a ser refrendada por la Corte Constitucional, no contribuiría a derrotar la abstención, sino a fortalecerla. ¿Cuál es acaso el incentivo que se le ofrece para inscribirse al que le ha dado pereza votar en los últimos comicios, y ahora ni siquiera se le considera un votante en potencia? (Cuento aparte son los votantes del Polo también excluidos, en este caso electores disciplinados y formados que no votaron en la segunda vuelta a la Presidencia por decisión de su partido, pero volverán a inscribirse para votar de nuevo en cuanta elección se presente).


Lo complicado del asunto es que los mayores incentivos de la depuración electoral serán para los políticos tradicionales, pues a nadie tanto como a ellos les favorece que para obtener una victoria electoral les siga bastando con juntar (o comprar, que también se acostumbra) cierta cantidad de votos, sin que esa curul se vea siquiera amenazada por esa mayoría de ciudadanos que no se expresa en las urnas, y que de llegar a hacerlo pondría a ganar el voto de opinión sobre el voto amarrado. Este último es por supuesto el que hoy ha quedado representado en el nuevo censo, por lo que ya puede actuar a sus anchas esa politiquería de la que tanto denigran los mismos políticos que de ella hacen uso sin rubor, tratando a los votantes del mismo modo que tratarían a una prostituta barata: con cariño, pero pagándoles poco por sus ‘favores’.


Es aquí donde no sobra preguntarse qué pasaría si en lugar de hacer invisible la abstención, como ocurrió con el mentado articulito, se obligara a todo el mundo a votar en una próxima elección, bajo el argumento de que sería por una sola ocasión y con el único sano propósito de hacer la verdadera depuración electoral: aquella que en lugar de restar, sume.


En tal dirección, imaginemos un paisaje a lo Saramago donde todos los colombianos aptos para votar se ponen de acuerdo en que por una sola vez, nadie se quedará sin votar en la elección del próximo Presidente de Colombia. Si esto fuera posible traería enormes ventajas, pues por primera vez se sabría en muchas décadas quiénes y cuántos son los que en realidad están habilitados para participar en un escrutinio electoral, de modo que la depuración consistiría sencillamente en descartar a los que no concurrieron a las urnas, fuera porque se murieron, porque son militares en ejercicio o porque los busca la justicia.


Como no es posible poner de acuerdo a tantas voluntades individuales en torno a algo tan sencillo como cumplir con un deber ciudadano (¿si es obligatorio pagar impuestos, por qué votar no?), el sentido común nos advierte sobre el buen provecho que para la vida democrática de la nación tendría darle el carácter de obligatoriedad a una sola elección para Presidente, considerando además que para la de octubre –a concejos, alcaldías y gobernaciones- ya corre el tiempo en contra.


No tendría el suscrito reparo alguno en proponer fijo el voto obligatorio (como ya lo ha hecho antes en esta columna), pero es una medida que no goza de la aceptación general entre los políticos ‘profesionales’, por las razones expuestas. El único gobernante que en los últimos 20 años se atrevió a proponerlo fue Horacio Serpa, como ministro del Interior de Ernesto Samper, cuando dijo que “el Ejecutivo es partidario de analizar más a fondo la posibilidad de instaurar en Colombia el voto obligatorio”, y agregó que “no operaría como una estrategia coercitiva para que los ciudadanos participen más de los debates electorales, sino como una forma pedagógica y temporal de adentrarnos en la cultura de la participación”.


Sea como fuere, conociendo de antemano los motivos de fondo por los cuales el voto obligatorio le produce erisipela a la clase política, es que se plantea la posibilidad de una obligatoriedad temporal –por una sola y única vez, reiteramos- con los beneficios ya anotados. Los abstencionistas “siembran la semilla de la ilegitimidad en cada voto que no se deja contar”, porque así contribuyen a elegir a esa clase de políticos que en caso contrario no existiría, por simple sustracción de materia, pues a muchos políticos no les alcanzarían la plata o los favores para comprar la simpatía de tanta gente.


Es aquí donde surge la pregunta de quién le pone el cascabel al gato, pues si son tales los benéficos resultados que produciría esa medida obligatoria por una sola vez, pero son precisamente los políticos quienes deben aprobarla, quedaría por resolver si ellos estarían dispuestos a depurarse a sí mismos. En este contexto, la verdadera depuración que está requiriendo este país no es precisamente la del censo electoral, sino la de las prácticas políticas. Colombia hoy nada en corrupción, pero nada que nos ponemos de acuerdo en salir de los corruptos.


Y no sería difícil si para empezar dejáramos que por una sola y única ocasión nos obliguen a votar, ya sea para ver qué pasa, o como simple medida pedagógica.


jorgegomezpinilla@yahoo.es

viernes, 4 de febrero de 2011

Las habas del uribismo


Esta columna podría llevar por título “Análisis semiótico de una frase auto incriminatoria”, pero no sólo es muy largo sino que nadie lo leería (el título sí, la columna no), porque lo tomarían como ensayo académico, y hoy queremos escribir una columna corta pero sustanciosa. Ocurre que Juan Lozano en su condición de presidente del partido de la U dijo en un encuentro con sus ‘socios’ del Partido Conservador que “ratificamos nuestro compromiso con la seguridad democrática y expresamos nuestras preocupaciones por las voces que advierten el deterioro de la seguridad en algunas ciudades y regiones del país.” (El subrayado es nuestro).


http://www.semana.com/noticias-opinion/habas-del-uribismo/151322.aspx


A esto el presidente Juan Manuel Santos respondió con que "tengo otra forma de cocer las habas". Y el asunto podría quedarse ahí, si no fuera porque la respuesta encierra una carga de profundidad que conviene desmenuzar, hasta llegar al meollo.


Cuando Santos habla de su forma particular de cocer las habas, es obligatorio remitirse al refrán que lo origina: “en todas partes se cuecen habas”. Buscando en Google, encontramos esta explicación del refrán: “significa que si nos pasa algo malo, también le puede suceder a quien lo dice”.


Es una definición que cae como anillo al dedo, pues, para el caso que nos ocupa, se traduce en que cuando Lozano advierte sobre “el deterioro de la seguridad en algunas ciudades y regiones del país”, se está auto incriminando. Y la razón es sencilla: ¿cómo es posible que si el gobierno actual lleva apenas seis meses de gestión, y venimos de un régimen autoritario de ocho años centrado casi exclusivamente en la Seguridad Democrática, la culpa recaiga más en el gobierno entrante que en el saliente? Entonces, ¿era tan fácil destruir sobre lo ya construido?


Así las cosas, la respuesta de Santos sería un llamado a Lozano a que ponga a remojar sus barbas, en la medida en que, recurriendo ahora a Mafalda, “este acabose es el continuose de un empezose”. Para nadie es un secreto que los avances que el gobierno de Álvaro Uribe tuvo en contención de la subversión se vieron opacados con el recrudecimiento de la inseguridad y la violencia en las ciudades (Medellín, sobre todo), y que este fenómeno no comenzó a notarse desde el 7 de agosto de 2010, sino desde meses antes.


Es un contrasentido entonces que Lozano pretenda echarle el agua sucia de la anterior administración a la nueva, pero se explica en que estamos ad portas de la madre de todas las batallas electorales, donde habrán de reconfigurarse las verdaderas escuadras políticas e ideológicas entre el santismo y el uribismo, con miras a la batalla decisiva, la que pondrá a cada variante del poder en el lugar que le corresponde.


Sea como fuere, un somero análisis en torno a “lo que pudo haber sido y no fue”, nos lleva a concluir que las habas del uribismo quedaron mal cocidas. Y mejor hablar de habas, que no de babas, porque francamente Juan Lozano no demanda tanta atención de nuestros abnegados lectores.


jorgegomezpinilla@yahoo.es

jueves, 27 de enero de 2011

Uribe sí quiere ser alcalde



No deja de ser irónica coincidencia que el mismo día que el ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, anunció que las FARC habían intentado envenenar a Álvaro Uribe (octubre 12 de 2010, día de la Raza), éste envenenó el ambiente de la Unidad Nacional con su regreso a la arena política. Ese día irrigó la primera sustancia tóxica cuando anunció que el partido de la U debía ser el líder de la coalición del nuevo gobierno, en clara interferencia con las decisiones que al respecto pudiera tomar el verdadero líder de la colación, el presidente Juan Manuel Santos, en uso de sus atribuciones.


http://www.semana.com/noticias-opinion/uribe-quiere-alcalde/150788.aspx


Hasta la fecha han pasado tres largos meses, de los cinco que lleva Santos al mando, durante los cuales el ex mandatario se niega a aceptar que hoy su condición es ésa, la de ex, y en cambio ha tratado de copar la escena hasta el extremo, al punto de volverse cansón (por ejemplo en Twitter), encarnando así lo que las señoritas bogotanas definen como “un intenso”, y la psicología analítica de Carl Gustav Jung como un individuo con personalidad tóxica.


Sea como fuere, no se puede desconocer su asombrosa habilidad para atraer todas las miradas, incluidas las de quienes lo detestan: es así que hoy la atención no se centra en lo que podría ser una aguerrida pugna electoral entre dos coaliciones cobijadas por la Unidad Nacional (partidos Conservador y de la U por un lado, y Liberal y Cambio Radical por otro), sino en si será que Uribe siempre se lanza o no como candidato a la alcaldía de Bogotá…


Ya entrados en materia, una caricatura de Leo en Semana.com interpreta con acierto lo que acontece en torno a Enrique Peñalosa: de una manzana etiquetada como Partido Verde sale un gusano con cara de Álvaro Uribe, y la leyenda dice: “hay divisiones que es mejor generarlas desde el interior”. Esto significa que al que más daño le hizo el anuncio del apoyo uribista a Peñalosa fue al Partido Verde, porque le introdujo un elemento contaminante.


En este contexto, hay división cuando Antanas Mockus decide también lanzarse, para tratar de impedir que Uribe se tome la campaña de su partido a la alcaldía de Bogotá. Algo plausible en el profesor matemático, si no es porque el anuncio de Uribe lo cogió fuera de base: primero dijo que ese apoyo podía sumarle votos a la campaña, y a continuación dijo que también podía restarle. Sólo cuando advirtió el tamaño del buldócer que se le venía a su partido, reaccionó y anunció su lanzamiento.


En lo que se conoce como ‘tacar a dos bandas’, la división que Uribe generó entre los verdes no fue un daño fortuito, sino calculado: el verdadero propósito de su apoyo a Peñalosa no apunta realmente a señalarlo como el que todos deben apoyar, sino a quemarlo desde el partidor, porque sabe que es el mejor candidato. Y Uribe quiere ser alcalde de Bogotá, póngale la firma. Lo dramático para Peñalosa (político ingenuo, ejecutivo incansable) es que cayó en la trampa, cuando dijo para El Tiempo que “me complacería recibir ese apoyo”, sin consultar a sus cofrades verdolagas, como se hizo evidente.


Es aquí donde se asoma el trasfondo de la escena, cual es un pulso a músculo político entre Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe por la Alcaldía de Bogotá. Hay un artículo de Elespectador.com que acierta cuando ve al primero detrás de la aspiración de Gina Parody, pero se equivoca cuando ve al segundo “con miras a afianzar una alianza pluripartidista que respalde al ex alcalde Enrique Peñalosa, alfil del Partido Verde”, porque el verdadero alcance de Uribe no es otro que el de abrirle paso a su propia candidatura. Así se vio en entrevista de 47 minutos que concedió a la W Radio este lunes 24, donde acompañó encendidas alabanzas al ex alcalde con argumentos que en lo subliminal buscaban convencer (“con toda humildad”) de que sólo él puede ser “el mejor médico que necesita Bogotá”.


La intriga del momento radica entonces en identificar el motivo por el cual Álvaro Uribe quiere ocupar el segundo cargo más importante del país, después de haber ostentado el primero. Quizá la respuesta esté en columna anterior del suscrito (Semana.com, julio 5 de 2010), donde decíamos que “es tan cierto que Álvaro Uribe se lanzará a la Alcaldía de Bogotá apenas deje la Presidencia, como también lo es que no la tiene del todo asegurada”. Y agregábamos: “después del hundimiento de la segunda reelección, Uribe confiaba dejar en las ‘buenas’ manos de su coterráneo y predilecto Andrés Felipe Arias la sucesión de su mandato, hasta que el escándalo de Agro Ingreso Seguro se le convirtió en la cuota inicial de su propia hecatombe, que le abrió las compuertas del poder a un bogotano de espíritu colaborador y maneras exquisitas, pero quien podría terminar (…) por traicionarlo”.


Fue allí mismo donde intentamos explicar “por qué Uribe tendría tanto interés en ser el próximo alcalde de Bogotá: en parte porque no puede abandonar su pregonada ‘vocación de servicio’, pero en parte significativamente mayor por razones de supervivencia”.


Moraleja y conclusión: queremos tanto a Gina…


jorgegomezpinilla@yahoo.es

sábado, 15 de enero de 2011

Uribe, el ventrílocuo


El acontecimiento político de la semana es fácil de identificar: la columna escrita de Ernesto Yamhure en El Espectador del jueves pasado, donde dijo que el presidente Juan Manuel Santos Calderón es “de izquierda”, y la hablada del mismo autor ese mismo día en Caracol Radio, con el mismo propósito: atacarlo de frente, sin contemplaciones.


http://www.semana.com/noticias-opinion/uribe-ventrilocuo/150130.aspx


Lo que mucha gente se pregunta es qué tanto hay de Yamhure y qué tanto de su mentor ideológico, Álvaro Uribe Vélez, en ambas columnas. ¿O acaso una columna es de uno, y la otra del otro? Mejor dicho, ¿hasta qué punto se trataría de un acto de ventriloquía de Uribe contra Santos, para decirle a rajatabla lo que la actual correlación de fuerzas entre el santismo y el uribismo le impide espetar, en su peculiar estilo frentero?


Para salir de dudas, basta un ejercicio sencillo: tomar la columna que Yamhure leyó en Caracol Radio, transcribirla a texto y, donde el quintacolumnista se refirió al ex presidente Uribe en tercera persona, convertirlo en primera persona, en boca de ya sabemos quién.


Ustedes juzguen:


“El pasado lunes, mientras el país terminaba la temporada de vacaciones, Juan Manuel Santos me visitó en mi casa de Rionegro. Llevaba dos semanas esperando que yo lo recibiera. Fueron muchos los mensajes de insistencia, hasta que –a pesar de las recomendaciones de mis más cercanos colaboradores para que no lo hiciera- resolví aceptar la visita de Santos. No fue ni mucho menos un encuentro cordial. Juan Manuel Santos me reclamó por los talleres democráticos que comenzarán en los próximos días, y que serán ejecutados como actos políticos de Primero Colombia, movimiento político que me llevó dos veces a la Presidencia de la República. Santos está angustiado por la realización de estos talleres, y más aún, porque se realicen por fuera del Partido de la U.

Pero el asunto no terminó ahí. Yo, fiel a mi talante directo, enemigo de la hipocresía y de los mensajes sibilinos, elevé mi queja por las actuaciones de quien conquistó el voto de nueve millones de colombianos, convencidos de que él en efecto encarnaba las políticas de continuidad llevadas a cabo por mí. Fue así como de mi boca salieron las siguientes inconformidades:


Primera: el nombramiento de mis peores enemigos en dos cargos ministeriales.


Segunda: haber convertido al dictador venezolano, ese mismo que ha dicho que soy un mafioso, un asesino, un maniobrero, en su nuevo mejor amigo, teniendo en cuenta que siendo Juan Manuel Santos mi ministro de Defensa, le generó tremendos líos diplomáticos a mi gobierno por cuenta de su incontinencia verbal frente al régimen chavista.


Tercera: haber metido a Juan Camilo Restrepo en el gabinete, después de que Santos me imploró que impidiera la elección de éste en la Federación de Cafeteros.


Cuarta: promover una Ley de Víctimas y Tierras que menoscaba el honor de la Fuerza Pública y que acabará la confianza inversionista en el sector agropecuario.


Así las cosas, no es difícil concluir que aunque de dientes para afuera haya mensajes de amistad y cordialidad entre Santos y yo, la relación política de nosotros dos está prácticamente liquidada.

Por ahora, seguiré en lo mío. No se sorprendan si en los próximos días anuncio públicamente que respaldaré a Enrique Peñalosa, a la alcaldía de Bogotá”.


jorgegomezpinilla@yahoo.es

lunes, 10 de enero de 2011

Una María Jimena jurásica


La incisiva periodista María Jimena Duzán escribió este domingo 9 de enero una columna en Semana donde desde su título ensalza a Horacio Serpa como “el mejor de los mejores”, pero a continuación lo descalifica por haberle recibido un homenaje a Francisco Serrano, importante y “próspero” avicultor santandereano. Lao Tse decía que “si quieres efectivamente humillar a alguien, primero debes engrandecerlo”. En el caso que nos ocupa, pareciera aplicarse dicha máxima.


http://www.semana.com/noticias-opinion/maria-jimena-jurasica/149966.aspx


Dice allí que “no le queda bien al gobernador andar en esos ágapes mientras casi todas las carreteras de su departamento están interrumpidas”. Esos ágapes son “los homenajes que se le están haciendo en Bucaramanga”, a los cuales debería renunciar, según la Duzán. Lo primero que un lector desprevenido piensa es que la columnista andaba ese día con resaca o sin tema y agarró lo primero que tuvo a la mano, popularidad de Serpa versus invierno, o algo por el estilo, porque no muestra sindéresis parangonar los reconocimientos sociales que ha recibido el mandatario de Santander (en su condición de mejor gobernador y gestión más transparente) con el estado de las carreteras, como si él hubiera sido el culpable de los destrozos causados por las lluvias o de la falla geológica que inutilizó varios kilómetros de la vía a Barrancabermeja, y por tanto debería hacerles el feo a los homenajes e irse a echar pico y pala al borde del camino, para reparar el daño que causó.


No se necesita que Serpa sea santo de nuestra devoción para advertir cierta mala leche, sobre todo cuando compara unas cuñas radiales de la administración de Santander con las que hizo Juan Carlos Abadía en su controvertida gobernación en el Valle del Cauca. Si la Duzán se hubiera tomado la molestia de averiguar habría sabido –como aclaró la jefe de Prensa de la Gobernación, Mónika Leal- que esas cuñas “hacían parte de un paquete publicitario pactado en septiembre de 2010, con motivo de la visita de Darío Arizmendi a Santander”, y que “por esa pauta ellos bonificaron unas cuñas nacionales: el mejor Gobernador fue elegido en noviembre, y Caracol propuso que ése fuera el mensaje de las cuñas bonificadas para diciembre”. Como quien dice, que no eran Publicidad Política Pagada (como insinúa la columnista) sino Publicidad Institucional Gratuita. Pero el daño quedó hecho, sobre todo cuando cometió el despropósito de emparentar –y por lo bajo- al mejor gobernador de Colombia con quien fácilmente pudo ser el peor, en la medida en que fue destituido por su participación política a favor de la campaña de Andrés Felipe Arias, de ingrata recordación (ambos).


Que conste que María Jimena Duzán siempre ha sido objeto de nuestra más ferviente admiración, por cuenta tanto de su valentía al confrontar a los poderosos y a ciertas fuerzas oscuras, como por la claridad analítica en la exposición de sus motivos. Pero aquí sí se pifió, porque dejó ver que su pleito con Serpa quizá ya es personal, y cualquier referencia al Proceso 8.000 no es simple coincidencia. De paso nos hizo recordar otra columna que escribió en abril de 2005 (“Un Serpa jurásico”), donde dijo que “a Horacio Serpa le está pasando lo de Juan Pablo Montoya: cuando no llega de segundo, suele estrellarse antes de llegar a la meta”. Y agregó que “eso le ha ocurrido desde que renunció a la embajada ante la OEA en Washington y decidió volver al país: se le ve errático, desubicado y extemporáneo, por no decir que jurásico”.


Sin desconocer que allí la Duzán señaló –cual dedo en la llaga- el más grave error político que pudo cometer Serpa en su larga carrera política (haberle recibido esa embajada a Álvaro Uribe) el error de su afirmación se comprueba en que dos años después el hombre se hizo elegir gobernador de Santander, y tres años después de su gestión un empresario “próspero” (¿cuál será la molestia en que sea próspero?) como Francisco Serrano lo proclamó “otra vez” candidato a la Presidencia, para disgusto de la columnista.


De otro lado, también se descacha cuando remata diciendo que “no cualquiera logra convertirse en el mejor gobernador del país (…) en medio de semejante catástrofe”. Es sabido que esa distinción se le otorgó el lunes 15 de noviembre, como resultado de una encuesta realizada semanas atrás por la firma Cifras y Conceptos, de César Caballero. De modo que no fue primero la catástrofe y después la designación, sino a la inversa. O, siendo benignos, hasta cierto punto coincidentes.


Para no alargar la pita en un tema regional, la tan citada columna nos trajo a la memoria un mentado refrán, según el cual “los médicos también se mueren”. No sería de extrañar entonces que al puro comienzo de 2011 la periodista se haya sentido errática, desubicada o extemporánea, por no decir que jurásica; y, pese a ser la mejor columnista del país (al menos en su género, para no suscitar envidias entre el sexo opuesto), ese día haya escrito la que sin dificultad podría ser calificada como su peor columna.