lunes, 28 de diciembre de 2009

Se hundió el referendo


A raíz de un artículo que escribí , titulado "La Corte Constitucional tumbó el referendo", la revista Semana me encargó uno para su edición de Inocentes, que se titulara "Se hundió el referendo". Aquí está:

Un verdadero terremoto político produjo el fallo proferido por la Corte Constitucional, cuando, luego de un proceso de revisión largo y dispendioso, declaró “jurídicamente inexequible” el referendo, por los que consideró un “cúmulo de errores” de procedimiento.

Sin entrar en los detalles técnico-jurídicos que tuvo en cuenta la alta Corte para proferir su fallo -y que todo el mundo ya conoce-, la mayoría de analistas coincide en que primó la línea formalista del magistrado ponente, Humberto Porto Sierra, pues puso especial énfasis en revisar que los procesos de aprobación de las leyes se hubiesen cumplido con rigor, encontrando más de una inconsistencia.

http://www.semana.com/noticias-politica/hundio-referendo/133212.aspx

La reacción más esperada provino de la Casa de Nariño, que guardó silencio casi 24 horas, durante las cuales desfilaron por sus pasillos diversos consejeros y personalidades, así como miembros del alto mando militar. Parecían “guardando luto”, según el abogado y columnista Ramiro Bejarano. Hasta que por fin puso la cara el ministro del Interior y Justicia, Fabio Valencia Cossio, para decir que “el gobierno es respetuoso de las instituciones y acata el fallo, siendo consciente eso sí que (sic) hay cinco millones de colombianos que no lo comparten”. Dos días después, a la salida de una misa el presidente Álvaro Uribe manifestó que “se resolvió en parte la encrucijada del alma. Ahora, a seguir trabajando por esta Patria querida, confiando en Dios nuestro Señor”. ¿Qué quiso decir con “en parte”?, se preguntaba un analista capcioso.

Más enérgica fue la reacción de un desencajado José Obdulio Gaviria, quien afirmó que “esto ya es el acabose. Es un golpe de Estado contra el sentir nacional. No sé como van a hacer esas inmensas mayorías defraudadas para que se respete su voluntad”. La réplica no se hizo esperar del candidato liberal, Rafael Pardo Rueda: “aquí no hay ningún acabose. Por el contrario, estamos ante un mejorose”. Para el candidato del Polo Democrático, Gustavo Petro, la Corte Constitucional “obró en estricto derecho, lo cual representa un alivio para la democracia. Si el fallo hubiera sido a favor de la reelección, la Corte habría cargado con la responsabilidad histórica de abrirle las puertas a la dictadura”.

En medio de la batahola que se formó, medios informados centran su mirada sobre la reciente aparición en Facebook de la página Me comprometo a reelegir a Uribe, que a ocho días de su creación ya registra casi dos millones de inscritos. En lo que algunos mal pensados han interpretado como la activación del Plan B del uribismo, los creadores de la página están convocando a una Gran Marcha Nacional, bajo esta frase de batalla: “La tercera es la vencida”. Con ello aluden a las dos grandes marchas anteriores (en las que Facebook también tuvo papel decisivo), la multitudinaria del 4 de febrero de 2008 contra las Farc y la del 6 de marzo del mismo año contra el paramilitarismo. Hoy están convencidos de que la tercera las superará, para sentar un precedente inamovible, con miras al objetivo trazado: “reelegir a Uribe”.

Quizá en respuesta a este movimiento de propaganda mediática, el ex presidente César Gaviria salió del silencio en que se había recluido luego de entregar la presidencia de su partido, y expidió esta declaración: "Respetamos el fallo de la Corte Constitucional. Sea el momento para invitar al presidente Uribe a que haga lo propio, a que manifieste que también lo acatará. Confiamos en que no incurrirá en acciones que lleven al traste nuestro Estado de Derecho, en nombre del tal Estado de opinión, que no es otra cosa que el abuso del poder presidencial".

Se dice –aunque no está confirmado- que la respuesta del Presidente se dio en reciente consejo de ministros. Cuando alguien le preguntó qué opinaba del éxito inusitado de la página (Me comprometo a reelegir a Uribe), esto habría respondido: “pues, parece que el asuntico ese de la reelección ahora está en manos del pueblo, de Facebook y de la voluntad de Dios.”

Mientras tanto, ajenos a los alcances que pudiera traer esta carga de profundidad, los candidatos de la oposición hacen cuentas alegres. Contrario a lo que se esperaba, las coaliciones quedaron supeditadas a los resultados de la primera vuelta electoral, a la que ahora todos quieren ir solos, a ver quién se alza ganador de la piñata.

Por los lados de la coalición uribista, el sorpresivo triunfo de Andrés Felipe Arias sobre Noemí Sanín en la reciente consulta conservadora, sigue inclinando las fichas a favor de Uribe. Dicen que desde Casa de Nariño se aceitó la maquinaria a favor del Uribito, y no es difícil de creer. Lo cierto es que los dos grandes damnificados de la jornada fueron Noemí y Germán Vargas Lleras, la primera porque no le funcionó su discurso de uribista a medias tintas, y el segundo por la misma razón. Este último sigue sin registrar puntos de importancia en las encuestas, por lo que mantiene la misma cercanía –y distancia- con el partido Liberal que con el de la U, atento a la evolución de los acontecimientos.

Si las cosas funcionaran al derecho, el duelo oficial del uribismo en la primera vuelta correría a cargo de Andrés Felipe Arias y Juan Manuel Santos. Pero, oh sorpresa, el primero insiste en que sigue prefiriendo a su mentor (cual si renegara de su candidatura), mientras el ex ministro de Defensa no cabe de la dicha y ya anunció que no asistirá a la Gran Marcha, porque acata la Constitución. Según el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, periodista de La luciérnaga de Caracol, “la ambigua posición de Arias demuestra que éste siempre fue un calanchín de Uribe, mientras con Santos queda confirmado que es básicamente un hombre desleal”.

Hechas las nuevas cuentas, la primera vuelta a la Presidencia se librará (si no se presentan imprevistos) entre Juan Manuel Santos por el Partido de la U, Andrés Felipe Arias por el conservatismo, Sergio Fajardo como independiente, Gustavo Petro por el Polo Democrático, Rafael Pardo por el partido Liberal y Germán Vargas Lleras por Cambio Radical.

Por el Partido Verde Antanas Mockus es su candidato, pero sigue pensando si acepta el cupo a la vicepresidencia que le ofreció Sergio Fajardo, en cuyo caso la dupla quedaría conformada entre dos ex alcaldes y matemáticos a la vez. Por ese mismo partido Enrique Peñalosa buscará la alcaldía de Bogotá, y Lucho Garzón encabeza lista al Senado, como ya se sabe.

En lo referente a alianzas, está la del Partido Verde con Fajardo –ya sin discusión sobre quién va a la Presidencia-, cada uno con listas independientes a Senado y Cámara. Y pare de contar. Como se recordará, los intentos de acercamiento entre Cambio Radical y el liberalismo no progresaron, debido a los intensos coqueteos (políticos, obvio) entre Gustavo Petro y Rafael Pardo, que se mantienen.

Si las encuestas no fallan, tendríamos entonces que Sergio Fajardo pasará a la segunda vuelta, enfrentado a Juan Manuel Santos, y dando por descontado que éste derrotará a Arias. También se da por descontado que Fajardo contará con el apoyo de Petro y Pardo (en lo que sería la verdadera coalición democrática opositora), mientras que Vargas Lleras se iría con Santos, ideológicamente afines.

Pero la discusión es hoy de otro calado, por el peso y la trascendencia política que pretenden darle a la tan publicitada Gran Marcha Nacional, como expresión (“integérrima”, según Fernando Londoño) del Estado de opinión, al que quieren ahora sacar a la calle, visibilizarlo. Algo que para los voceros de la oposición no es otra cosa que un Estado de emoción prefabricada, y que fuerzas oscuras de la derecha podrían querer transformar en un Estado de indignación general, según analistas. Sea como fuere, hay consenso en que esa página de Facebook encierra un elemento altamente perturbador, in crescendo, dependiendo de cuántas personas –y en qué grado de emotividad- se sumen a la marcha.

Al respecto, un severo editorial de El Espectador se preguntaba si “¿puede una manifestación popular, por multitudinaria que llegue a ser, echar atrás una decisión soberana de la justicia y forzar la continuidad de un mandatario en el poder?”

Aunque ya hay voces de la misma coalición uribista que se atreven a disentir –como las de los dos (y hay más) Santos Calderón- y en el plano internacional hasta Barack Obama ha hecho de nuevo las advertencias de rigor, ciertos movimientos que se vienen dando en torno al juego electoral que se avecina, conducen a preguntarse si no habrá algún tallador que carga más de un as bajo la manga…

viernes, 20 de noviembre de 2009

Un paranoico volando puentes

Pese a que encierra enorme dificultad encontrar algo en torno a lo cual se puede estar de acuerdo con este gobierno, tiene razón el ministro de Defensa de Colombia, Gabriel Silva, cuando dice que la voladura de dos puentes peatonales en la frontera colombo venezolana constituye una “agresión contra la población civil”. La excusa oficial –consistente en afirmar que esos pasos eran usados para el contrabando y el narcotráfico- no sólo no contempla el daño que en efecto se les hace a pobladores de ambas naciones, sino que en últimas revela el creciente estado de paranoia que envuelve por estos días al Comandante en Jefe de la Revolución Bolivariana, coronel Hugo Chávez Frías.

Dicha paranoia se exacerbó –con sobrada razón, también- a raíz de la firma del “tratado de cooperación militar” entre Colombia y Estados Unidos, que contempla el uso por parte de estos de siete (¡siete!) bases militares colombianas. A nadie le cabe en la cabeza que Barack Obama usará este abrirse de piernas del gobierno Uribe para invadir a Venezuela, pero no dejará de aprovechar semejante ‘papayazo’ para espiarlo. Según Noticias Uno y otros medios bien informados, un documento del Departamento de la Fuerza Aérea de EE.UU. dice textualmente que el pacto militar que estableció ese país con Colombia, en especial el referente al acondicionamiento de la base de Palanquero (con una inversión de 46 millones de dólares), podría incluir “acciones de Inteligencia, Espionaje y Reconocimiento (IER)” contra países del continente, específicamente contra “los gobiernos antiestadounidenses”.*

Para no dejar dudas al respecto, el documento establece que la base de Palanquero “apoya a las misiones de movilidad, porque garantiza el acceso a todo el continente, con excepción de la región de Cabo de Hornos, si el combustible está disponible, y más de la mitad del continente sin tener que reabastecerse". Saber esto de las propias fuentes americanas no nos convierte en aliados de la subversión, pero sí nos recuerda al filósofo Carlos Marx cuando decía que “la verdadera historia es clandestina”. Porque una cosa es lo que dice la letra de un tratado, y otra sus alcances en la práctica. Y son esos alcances los que siguen sin gustar a otros países de la región –como Argentina, Chile o Brasil-, y son los mismos que no percibe El Tiempo cuando ve como “sorprendente que un bloque de países que se movilizó ante el anuncio del acuerdo que permite el uso de bases aéreas colombianas por parte de tropas estadounidenses, ahora mantenga la boca cerrada ante la que debería ser, sin duda, la principal preocupación regional”. (Nov. 20-09).

Esos países “en bloque” parecieran entender entonces los motivos por los cuales Chávez anda paranoico: porque saben que el lenguaraz, ciclotímico, emotivo, narcisista y rabioso Presidente de Venezuela ahora sí tiene motivos para preocuparse. Ahora que el Imperio del que tanto denuesta ha comenzado a respirarle en la nuca, comprende que sus también clandestinas relaciones de apoyo a los grupos irregulares de izquierda podrían con mayor facilidad ser develadas o, lo que sería peor para su visión estratégica del conflicto, neutralizadas.

Porque, no nos llamemos a engaños, si algo podría desbaratar la ayuda militar de Estados Unidos a Colombia son los lazos de amistad y cooperación que desde años atrás se sospecha existen entre la cúpula del gobierno chavista y la insurgencia colombiana, en particular las FARC. Así que clandestinas habrán de ser –en reciprocidad- las acciones que contra él adelanten las fuerzas ‘imperialistas’, sea para tumbarlo o, al menos, para frenar la expansión de su proyecto revolucionario.

En cierta ocasión se le escuchó decir al siquiatra y hoy presidente del Partido de la U, Luis Carlos Restrepo, que “el hecho de ser paranoico no significa que no te estén persiguiendo”. Por estos días Hugo Chávez ha descubierto en carne propia la validez tautológica de esa frase, y es eso lo que lo tiene volando puentes en la frontera.

jorgegomezpinilla@yahoo.es

* Al retirarse de la Presidencia en 1961, Dwight D. Eisenhower pronunció un discurso que se considera esencial en la política mundial, donde elaboró la tesis sobre el contubernio que existe entre la industria militar y los empresarios que hacen la industria de la guerra. Lo llamó Military Industrial Complex, y sostuvo que era “el verdadero poder en los Estados Unidos”. Barack Obama tampoco controla ese poder, por mucho Nobel de Paz que lo respalde.

jueves, 22 de octubre de 2009

Uribe depende de 'Uribito'


En entrevista para la revista Ahora, el periodista Hernando Corral le preguntó al presidente Álvaro Uribe por posibles sucesores, y esto respondió: “Tengo la creencia de que este país tiene muy buena gente; lo que pasa es que todavía hay muchos que no están en la primera plana de la figuración, pero llegarán”.
En el contexto de dicha frase, míresele por donde se le mire, la suerte del referendo reeleccionista está ligada casi de modo indisoluble a la candidatura a la presidencia de Andrés Felipe Arias. Es por eso que Uribe ha puesto tanto empeño en la defensa de su ex ministro de Agricultura, al punto de llevarlo aupado a un consejo comunal para que durante casi 20 minutos se defendiera de las acusaciones que viene recibiendo por los manejos del programa Agro Ingreso Seguro (AIS). Porque si Arias se viera obligado a abandonar su candidatura, Uribe se vería obligado, a como diera lugar, a hacerse reelegir.

No es un asunto de poca monta, y es aquí donde está su verdadera encrucijada del alma: en que necesita que sea Arias el que tome el portaestandarte de su doctrina de la Seguridad Democrática, por ser el único de los uribistas en quien realmente confía. Es claro que en tales condiciones podría seguir gobernando en cuerpo ajeno, a través de un clon político al que le daría todas las instrucciones sobre el qué hacer, sin el más mínimo temor a que se saliera de la línea trazada. Por eso tiene tanto interés en que el actual ministro de Agricultura, Andrés Fernández, alga airoso de la moción de censura que le quiere imponer la oposición en el Senado: porque si éste se viera obligado a renunciar a su cartera, sería un golpe demoledor para la candidatura de su protegido Arias, y de contera para sus planes de dejar ‘en buenas manos’ la Presidencia, en caso de que la Corte Constitucional no avale el referendo.

No olvidemos que fue el propio Uribe el que lanzó la candidatura de su pupilo durante un congreso de biocombustibles en Cartagena (cuando le dijo que debía “irse preparando”), señalando así al unigénito en quien ponía todas sus complacencias. Dicho lanzamiento tuvo un propósito adicional, cual era el de atajar la candidatura de su entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien para la fecha ya había manifestado interés en sucederlo, y a quien Uribe se ha visto obligado a defender por el auto de detención que le profirieron en Ecuador, pero en quien no confía del todo.

La encrucijada de fondo está entonces en que si no prospera el referendo, a Uribe no le gustaría que nadie diferente a Andrés Felipe Arias fuera su sucesor. Pero el reciente escándalo por el AIS lo ha puesto contra las cuerdas, y ello explica que el propio mandatario se haya fajado tan a fondo en la defensa de su sparring. Porque hay quienes dicen que el quid en torno a una eventual segunda reelección no está en si quiere o no quiere repetir Presidencia en el 2010, sino en que sí no es Arias, a él le toca, a como dé lugar.

Aquí las opiniones van desde los que piensan que Uribe no se puede retirar del poder mientras no les resuelva la situación a los 'goodfellas' que quedan en la cárcel por el asunto de la 'parapolítica' (y que de ahí el interés en hacer nombrar un Fiscal General sacado de su bolsillo), hasta los que –más osados- se atreven a afirmar que a lo que de verdad le teme, es a la Corte Penal Internacional (CPI). A estos últimos pareciera darles la razón el mismísimo Fernando Londoño Hoyos, cuando en su columna de este jueves en EL TIEMPO (22/10/09) dice que “dos mil asesinatos cometidos fuera de combate en eso que llaman alternativamente los falsos positivos o las ejecuciones extrajudiciales, ya es un buen comienzo”.

Sea como fuere, está visto que detrás de la candidatura de Andrés Felipe Arias no sólo estaría en juego la suerte del Presidente, sino –eventualmente- la defensa misma de la democracia…

miércoles, 14 de octubre de 2009

"Eso se les va a devolver"


A un comentarista de la actualidad nacional se le escuchó decir –cual si llegara a una brillante conclusión- que El Tiempo se metió un autogol con la salida intempestiva de Claudia López, pues eso tendería a fortalecer el medio a donde ella iría a parar. Agregaba el reputado analista que habían cometido craso error, y que en su ofuscación habían reaccionado “con la cabeza caliente” cuando reemplazaron la que habría podido ser una cortés carta de despido con una nota destemplada al final de la columna: “El Tiempo rechaza por falsas, malintencionadas y calumniosas las afirmaciones de Claudia López”. Y ponía como prueba de la equivocación los más de 1.700 comentarios –todo un record- que la mentada columna había recibido ese día, la mayoría a favor de la columnista, en lo que habría sido una especie de flagelación para ese medio.

Es posible que no hayan encontrado la justificación mas acertada al ver supuesta falsedad, mala intención o calumnias en lo que no pasó de ser uno de los tantos juiciosos análisis a los que nos tiene acostumbrados la López, donde lo que quizá mas les dolió fue “recordar que a El Tiempo nunca se le ocurrió preguntarles a sus foristas si Juan Manuel Santos debía renunciar por el escándalo de los falsos positivos.” Pero de ahí a decir que hubo ofuscación o cabeza caliente en la decisión tomada, hay un largo trecho. Porque una cosa es que les haya disgustado que la columnista se hubiera valido de su tribuna de opinión para develar los intereses que esa casa periodística tiene en el tercer canal (algo que cualquier lector desprevenido percibe en la sesgada titulación que aplican cuando temen molestar al Presidente en temas de su ínterin) y otra que haya sido la propia columnista la que dio ‘papaya’ para su salida.

En otras palabras, lo que le da la razón a esa columna de Claudia López es que la hayan sacado por la puerta de atrás, pues esto se traduce en un ‘gesto’ que agrada a los detractores de la columnista, o sea al furibismo reinante, o sea a los potenciales donantes del tercer canal. No se requiere aplicar malicia indígena para apreciar que El Tiempo ha venido ‘depurando’ su línea editorial con la exclusión de columnistas críticos como María Jimena Duzán (y ahora Claudia López), y la inclusión de otros de marcada tendencia pro Uribe como Fernando Londoño, José Obdulio Gaviria, Plinio Apuleyo Mendoza, María Isabel Rueda o Mauricio Vargas. Así las cosas, la columna citada les cayó como anillo al dedo para prescindir de sus servicios, de modo que siguen llenando los requisitos para hacerse merecedores al tan anhelado premio, en la medida en que se rasgaron las vestiduras, y eso incrementa el mérito.

No quiere decir lo anterior que esa casa periodística no haya sufrido una mella en su prestigio, porque se destapó como practicante de la censura de prensa, justo en momentos en que uno de sus ex codirectores, Enrique Santos Calderón –y columnista, además- preside la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Pero es un desprestigio que sólo cunde entre un público habitualmente crítico, tanto de la prepotencia de ese medio como del gobierno Uribe, de modo que en la relación costo-beneficio salen gananciosos.

Sea como fuere, el lapo que se acaban de dar habrá de representarles un costo a mediano plazo, no necesariamente en lo económico (todo lo contrario), pero si en lo periodístico. Baste citar las palabras del ex ministro Rudolf Hommes –también columnista de El Tiempo, y quizá próximo a seguir los pasos de la defenestrada- a quien RCN Radio le preguntó por las consecuencias que traería la salida intempestiva de Claudia López, y esto respondió:

“Eso se les va a devolver, pues uno no hace eso impunemente”.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Estado de opinión actuante


La declaración del ministro del Interior y Justicia, Fabio Valencia Cossio, según la cual “es función exclusiva de la Corte Suprema de Justicia elegir al Fiscal General de la Nación de la terna enviada por el Presidente de la República”, tiene tela de dónde cortar. ¿Quién dijo, para empezar, que la Corte está obligada a escoger el Fiscal de una terna en la que ninguno de los candidatos reúne los requisitos mínimos para ocupar tan alto cargo? Elegir de donde no hay nadie elegible encarnaría una gravísima irresponsabilidad con la Nación y, aquí sí, un riesgo de “quebrantamiento del orden institucional”.

Del mismo modo que el Presidente Uribe pretende hacerse reelegir bajo el supuesto de que no hay quién pueda reemplazarlo, su negativa a cambiar la terna conlleva el imperativo de que nadie diferente a Camilo Ospina puede ser el Fiscal General, pues los otros dos ya quedaron descartados, por simple sustracción de materia (jurídica, académica y penal). Bastó escucharlos en la audiencia televisada en la que cada uno expuso sus ‘méritos’, para saber que el Gobierno envió terna de uno, donde la descalificación de ese uno proviene en gran parte de su falta de experiencia en derecho penal y en su aparente cercanía con el zar de las esmeraldas, Víctor Carranza.

Hablando de cercanías, son precisamente las que los tres tienen con el Presidente lo que los descalifica de entrada, pues el cargo requiere de alguien que maneje las funciones inherentes a la rama judicial con independencia de los poderes ejecutivo y legislativo. Es cuestión de sentido común, por estos días el menos común de los sentidos. Pero no sería éste el obstáculo principal, sino el hecho de que trece de los veintiún magistrados de la Sala Plena consideraron a la terna “inviable”. ¿Significa entonces que la Corte debe darle la razón a la minoría, o sea a los ocho magistrados que votaron contra el parecer mayoritario? Eso es, en penúltimas, lo que pretende el Gobierno: que los ocho que sí estuvieron de acuerdo con la terna lleven las de ganar. El mundo al revés, mejor dicho.

La abusiva e indelicada injerencia del Ejecutivo sobre el poder Judicial responde, en últimas, a que tiene supuestas abrumadoras mayorías de aprobación en las encuestas, y asume que esto le da carta blanca para pisotear la institucionalidad inherente a una decisión autónoma de la Corte Suprema. Baste anotar que ésta tiene más que ninguna otra la potestad de rechazar una terna coja en cada una de sus tres patas, así contraríe las expectativas de un gobernante que se cree arropado por el Estado de opinión para seguir cometiendo tropelías.

OTROSÍ: ¿Cuánto tiempo más demorará el partido Conservador en pronunciarse en torno a los líos penales en que se halla involucrado su vicepresidente, el senador Alirio Villamizar?

martes, 8 de septiembre de 2009

El toche y las guayabas maduras



El 4 de enero del año en curso el gobernador de Santander, Horacio Serpa Uribe, concedió una entrevista a El Espectador donde afirmó que “si el Presidente es candidato, mi opinión —sin que sea electoral, pues ahí no puedo participar—, mi convicción política y de conciencia es que las fuerzas progresistas, empezando por las de mi propio partido, no tengan candidato”. Basó su afirmación en que “no hay forma de luchar electoralmente contra quien está en la Presidencia de la República”. Cuando el periodista le preguntó si creía que Uribe de nuevo candidato sería como pelea de toche con guayaba madura, por lo que sería mejor retirar la guayaba, Serpa remató: “sí señor. Yo hice de guayaba la vez pasada, y así no hay chance”.

Estas declaraciones provocaron una fuerte reacción de María Elvira Samper, quien en columna de la revista Cambio (De oveja arisca a cordero manso, 07/01/09) dijo de él que es “lamentable su nuevo talante: tibio, acomodado, derrotista, derrotado... Increíble que considere que el liberalismo debe tirar la toalla, dejarle el campo libre a Uribe y declararse vencido antes de dar la pelea”. Más adelante, la columnista se preguntaba si “¿no es acaso de la búsqueda del poder de lo que se trata la política? ¿El liberalismo no tiene nada qué ofrecer? ¿No puede capitalizar el desgaste del teflón, jugarle a que en la carrera de obstáculos que debe atravesar el referendo reeleccionista (…) Uribe no las tenga todas consigo?”

En su momento, cuando conocimos la declaración de Serpa y la vigorosa respuesta de la columnista, nos parecía que a ésta le cabía toda la razón, pues “hay que apostarle a la derrota del toche, recuperar la línea reformista, democrática y progresista del liberalismo, abrir espacios de participación independientemente de cálculos electorales, de triunfos y derrotas”. Pero hoy las cosas son a otro precio, a tal punto que la vergonzosa aprobación del referendo por parte de la aplanadora uribista llevó a que por primera vez en la historia de EL TIEMPO, cuatro de sus columnistas –Enrique Santos Calderón, Daniel Samper Pizano, María Isabel Rueda (!) y Salud Hernández-Mora- coincidieran el mismo domingo (06/09/09), todos a una, tanto en rechazar los términos en que ésta se dio, como en avizorar un panorama oscuro para la Nación a partir de ese día.

Santos acusó al Presidente de “estar castrando toda posibilidad de alternación democrática en el poder”, Samper vaticinó que “el país saltará al abismo”, Rueda sintió que “no se respiran aires de sanidad política ni administrativa”, y Hernández-Mora encontró que “nos convertimos en una republiquita bananera gemela del vecino de la boina roja”. Tales consideraciones, sumadas al hecho de que el presidente de la Corte Constitucional, Nilson Pinilla Pinilla, ya anunció (coincidiendo con el Estado de opinión) que “el poder está en cabeza del pueblo que es soberano” (El Espectador, 06/09/09), llevan a pensar si no será que Horacio Serpa tiene hoy más razón que la que tenía a principio de año, cuando pidió que la oposición se abstenga de lanzar candidato.

La propuesta de Serpa estaba dirigida a su propio partido, pero habría que ver si a “las fuerzas progresistas” les conviene dar la batalla electoral sobre arenas movedizas, en la medida en que toda la atención de aquí a diciembre estará centrada en el trámite del referendo en la Corte Constitucional, mientras los reflectores se posarán de nuevo sobre lo que Uribe dice o deja de decir y no en torno a las propuestas de los candidatos, y con nadadito de perro seguirá avanzando la idea de podar el umbral del censo electoral, algo que según EL TIEMPO “debe ser intocable” (04/09/09). Por cierto, ¿hay algo intocable para este Gobierno?

En momentos en que los candidatos de la oposición (los de la coalición uribista quedaron todos congelados) parecen coincidir en la convocatoria a abstenerse de votar el referendo –dando así por descontado que la Corte lo validará-, las condiciones estarían más bien dadas para hacer extensiva la abstención al lanzamiento de sus candidaturas, como simple cuestión de dignidad, en la medida que las cartas están cada día más marcadas a favor del tallador y su presencia en la contienda electoral los convierte en idiotas útiles a las ansias de Uribe de perpetuarse en el poder. Su existencia como contraparte legaliza al oponente, diríamos.

Así las cosas, puesto que las reglas del juego han sido acomodadas para favorecer al Presidente, a los precandidatos y precandidatas habría que invitarlos (e invitarlas) a reflexionar en torno a si no estarán jugando el papel de guayabas maduras, todas puestas ahí para legitimar el apetito voraz del toche…

viernes, 28 de agosto de 2009

El Yidisgate y la verdad desnuda



“He volado demasiado alto con alas prestadas”
Charles Van Doren

Hay dos películas que el Ministerio de Educación Nacional debería incluir con carácter obligatorio en el currículo académico: El dilema (Robert Redford, 1994) porque enseña a vivir dignamente, y Las invasiones bárbaras (Denys Arcand, 2003) porque enseña a morir ídem. Hoy hablaremos de la primera, en atención al asombroso paralelo que brinda con el Yidisgate, referente a las dádivas que en 2002 habría recibido la entonces representante Yidis Medina para cambiar su voto de negativo a positivo, a favor de la reelección del presidente Álvaro Uribe.

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/el-yidisgate-y-la-verdad-desnuda_4353720-1

El título original de la cinta es Quiz Show y alude al escándalo que se desató en Estados Unidos en 1958, cuando se supo que el más popular programa de concurso de la NBC (“Twenty One”) había acudido a una trampa para reemplazar a un concursante –Herbert Stempel- por otro de noble familia y mejor registro visual –Charles Van Doren-, con el único propósito de aumentar la audiencia. Stempel viene a ser como el Yidis de la trama, pues le prometen que le darán su propio programa de televisión si “se tira a la lona”, para lo cual debe responder equivocadamente a una pregunta sencilla: ¿Cuál película ganó el Óscar a mejor film en 1955? Él sabía que había sido “Marty”, pero le obligan a decir que “Nido de ratas” (On the waterfront), la ganadora del año anterior.

El asunto es que el hombre queda ‘ardido’ porque pasan los meses y no le cumplen el trato, y hace “17 llamadas” al canal, donde deja dicho en son de amenaza que “aquí va a pasar algo”, pero no le pasan al teléfono. Así que decide irse hasta la oficina del productor, Dan Enright, para decirle que “yo necesito volver a la televisión. Consígueme un programa o te arrastro conmigo a la mierda. ¡Hazlo, o todos sabrán del fraude!” Lo que Stempel no sabe es que lo están grabando, e incluso conservan las facturas del siquiatra que como ‘cortesía de la casa’ decidieron pagarle cuando lo echaron del programa, y que éste acogió de buena gana.

Mientras tanto, la atención nacional se desplaza hacia el nuevo concursante, Charles Van Doren (Ralph Fiennes, el de El paciente inglés), profesor de idiomas de la universidad de Columbia, quien se convierte en una especie de Joe Di Maggio del intelecto gracias a que semana tras semana responde acertadamente las más variadas y difíciles preguntas, a tal punto que su propio padre se sorprende cuando le escucha responder acertadamente sobre los nombres de los tres campeones mundiales de boxeo que precedieron a Joe Louis: “James D. Braddock… Max Baer y… y… ¿Primo Carnera?”.


Otro sorprendido es un joven abogado recién egresado de Harvard, Richard Goodwin, quien ocupa una ‘corbata’ como miembro del Comité de Supervisión Legislativa del Congreso y se entera de que Stempel presentó denuncia por fraude ante un Gran Jurado, y le da por investigar si será posible tanta belleza, sabiduría y talento en dicho programa. Así que comienza por preguntarle a Charles Van Doren si conoce la queja del concursante anterior, según la cual lo obligaron a perder para que él pudiera entrar, y éste manifiesta no saber nada al respecto.

Goodwin se dirige entonces a Stempel (un hombre emocionalmente inestable, interpretado a la perfección por John Turturro), quien le abre las puertas de su desordenada casa, le explica cómo lo hicieron perder y le dice que “el concurso es una farsa”, de modo que “si acabas con Van Doren, serás más famoso que el Sputnik”. Pero al investigador no le interesa perjudicar al exitoso concursante, pues incluso ha desarrollado hacia él una solidaridad de clase que terminará en amistad y servirá para tratar de protegerlo. Lo que quiere es llegar a la verdad, por lo que toca a las puertas del canal. Allí le hacen escuchar la grabación, le muestran los recibos de las “cinco sesiones semanales” con el siquiatra y le hablan del “estado de enajenación mental” del individuo, así como de su “rencor irracional” hacia el programa. Cualquier parecido con la realidad nacional…

Cuando las cosas parecen haber llegado a un callejón sin salida, ante los reclamos que Goodwin le hace a Stempel por haber ocultado lo del siquiatra y lo del chantaje “(consígueme un programa o…”), éste decide autoinculparse –al mejor estilo Yidis, de nuevo- y contarle que “a mí me daban las respuestas”. De aquí en adelante la película de Redford adquiere la dinámica de una bola de nieve que arrastra todo a su paso, pues después de que el investigador le transmite a Van Doren lo que le ha dicho Stempel, vemos al catedrático atravesando por una crisis de conciencia que lo obliga a pedirles a los realizadores del concurso que ya no le den las respuestas, sino “sólo las preguntas”.

Pero aquí no para la cosa, pues faltaba la prueba reina: un concursante de años atrás, James Snodgrass (y aquí debemos anotar que todos los nombres y sucesos son reales) le entrega a Goodwin un sobre sellado, mientras le explica que se trata de un correo certificado que él mismo se envió un 11 de enero, 48 horas antes del programa en el que él concursaba, con las respuestas a las preguntas que le harían el día 13. Lo cual –puesto que estamos de parangón- nos remonta al video con la entrevista que Yidis había grabado desde un comienzo para Noticias Uno, contando lo que diferentes funcionarios del Gobierno colombiano le habrían ofrecido a cambio de su voto.

Es entonces cuando, a medida que la verdad aflora, queda claro por qué la película se llama “El dilema”. Porque llega el momento en que el hombre más querido y con mayor reputación comprende que el cerco se va cerrando en torno a él, y se ve ante la disyuntiva de seguir mintiendo o… quedar como un ‘cuero’. El propio investigador intenta confrontarlo con la verdad, mediante la narración de una anécdota familiar: un tío que le había sido infiel a su mujer confesó la culpa ocho años después, debido a que “le remordía la conciencia de haberse salido con la suya”. Y a continuación le entrega un citatorio para el Comité, advirtiéndole que “si quieres ser un caballero, pórtate como tal”.

En ese mismo contexto, Van Doren recibe la visita del presidente de la NBC, Robert Kintner, quien le pide firmar una declaración eximiendo de culpa al canal, a la vez que lo invita a convocar a los medios para negar cualquier implicación suya como concursante, no sin antes recordarle que “¿no te hemos tratado como a un miembro de la familia?” Nunca se sabe si en tal condición también tenía comunicación directa con los hijos del presidente del canal (ni siquiera sabremos si éste tenía hijos), pero lo cierto es que el hombre firma el papel, aunque se niega a dar la rueda de prensa, pues cree que “no hay nada más sospechoso que un hombre que no ha sido acusado, declare su inocencia.”

Es sólo ante su padre –Mark Van Doren, doctor en Literatura- que se atreve a desnudar su drama interior, en un vibrante diálogo entre el íntegro moral y el pecador, que este breve espacio nos impide apreciarlo en su totalidad, pero que remata de este modo:

- ¿Te pagaron entonces por engañar al público?

Y el hijo pródigo responde:

- Sí, padre.

Ya frente al estrado, el protagonista del escándalo lee una extensa declaración en la que reconoce que “le mentí al país sobre lo que sabía y sobre lo que no sabía”, y al final es felicitado por los miembros del Comité, quienes alaban su “espíritu gallardo”, su “valentía” y su “caballerosidad, con excepción de uno que se aparta de tanto aplauso porque juzga que “un hombre no puede ser felicitado por decir la verdad”.

En síntesis, El dilema (o Quiz Show) es una película con un guión soberbio, de hondo calado ético, que si pudieran verla todos los involucrados en el Yidisgate con seguridad provocaría un remezón en sus conciencias, pues trata de la importancia de ser honestos y de las complicaciones que trae el faltar a la verdad, en cualquier circunstancia de la vida.