El pasado 23 de octubre mi amigo y colega Iván Gallo publicó este post
en su muro: “Yo no voy a marchar contra Uribe. Ya no más marchas del odio. Con
las que convoca el Centro Democrático tenemos”. En respuesta le envié una
columna que escribí, titulada ‘Del no más FARC al No más Uribe’ (ver
columna), y le dije que me agradaría contrastar sus pareceres con los míos,
y él me invitó a que escribiera para su portal exponiendo por qué
soy partidario de la marcha No Más Uribe, que está sonando duro en las redes
sociales y se anuncia para el 2 de diciembre (Ver afiche de la Marcha).

Le escribí entonces a Iván por el Messenger de FB, exponiéndole mis
argumentos: “Aquí entre nos, me parece muy agresiva la imagen de esa mano roja
sobre la cara de Uribe. Otra cosa, yo no estoy convocando a esa marcha, dije
adentro que no soy el organizador. Para nada quiero que se me vea en plan
agitacional. Eso de decir que yo la convoco me puede exponer a retaliaciones,
no necesariamente de Uribe pero sí de sus 'fans'.” Y rematé con esto: “Disculpará
el atrevimiento, ¿no será posible dejar el título original?” (Ver mensaje a Gallo).
Unos minutos después Iván respondió diciendo “OK, ahora hacemos los
cambios”. Pero se llegó la hora del cierre de mi columna para El Espectador y
viendo que la publicación
de Las 2 Orillas permanecía inalterada y eso me podía perjudicar, decidí
cambiar de tema y escribir una columna que me defendiera de lo que me
publicaron. Aunque no comparto la opinión de Gallo sobre la marcha, me pareció
más seria y argumentada que la de Carolina Sanín cuando dijo “Yo no marcho
contra Uribe. Me parece que es lo mismo que hacerse una paja pensando en Uribe,
y no me hago pajas con rabia. Ni me las hago en público”. (Ver post).

Esto es prístina claridad, y me niego a entender que haya gente
ubicada en el centro o a la izquierda del espectro político que no entienda la
urgencia de enfrentar ese inminente peligro, y la única salida de la que vienen
hablando los más lúcidos analistas –León Valencia, Daniel Samper Ospina, Matador,
Daniel Coronell o Germán
Ayala Osorio- es la movilización popular.
Debemos diferenciar entre las marchas espontáneas de universitarios
que desde el 2 de octubre se vienen dando a favor del “Acuerdo YA”, y lo que
sería una marcha contra una persona en particular, que es lo que al parecer les
provoca erisipela a ciertos conspicuos miembros de la ‘Intelligentsia’ de nuestro país, una de cuyas particularidades
consiste en que lo que no se les ocurre a ellos, no les parece inteligente. (Y
esto va para Sanín, no para Gallo).
Para decirlo sin ambages, se trata es de enfrentar el fenómeno que
encarna Álvaro Uribe, no de repudiarlo a él porque SÍ. Es lo mismo que si desde
el lado de la democracia el país tomara conciencia y decidiera enfrentar el
fenómeno conocido como la Mano negra, para manifestar que no está dispuesto a
tolerar más actos desestabilizadores o subversivos con apariencia de libre
juego democrático, como cuando inundaron Internet y las redes sociales de
propaganda sucia infestada de montajes fotográficos y con base en mentiras o
falsos temores (como el de la “dictadura homosexual”) alinearon a los pastores
evangélicos y cristianos para que pusieran a sus obedientes ‘rebaños’ a votar
por el NO en el plebiscito. Para esa clase de gente necesitada de quién la
conduzca, la palabra del pastor es la palabra de Dios.
Parodiando al corrupto exprocurador Alejando Ordóñez (tan corrupto que
fue destituido), esa Mano negra nos la están metiendo
sin vaselina, y ya es tiempo de decir NO MÁS.
El mismo Gallo de pelea arriba citado escribió esto en su muro de
Facebook el miércoles 9 de noviembre, siendo las 6:30 de la hora en que la mar
se enluta: “Todo está dado para que Alejandro Ordoñez sea el nuevo presidente
de Colombia”. (Ver post).
Tan de acuerdo estoy con él, que uno no entiende por qué frente al altruista
propósito de decir NO MÁS a la caverna que quiere lanzarnos de nuevo a la
guerra, todavía hay personas que en lugar de sumar… restan.
DE REMATE: Modestia aparte, no puedo pasar por alto que el pasado 20
de septiembre -42 días antes de la elección- escribí la columna Trump va a ganar,
donde expuse los ocho factores que a mi modo de ver le darían (dieron) el
triunfo final al empresario. Ofrézcome como profeta, dos profecías por el
precio de una.
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