No sería exagerado afirmar que esta frase, tomada de la columna ¿Dónde están que no los ven?... de don
Guillermo Cano, fue la que provocó que Pablo Escobar ordenara su asesinato: “¿De
qué raro y exótico privilegio disfrutan estos traficantes de la droga y
mercaderes de la muerte para que contra ellos la justicia no logre avanzar un
paso en el esclarecimiento de los delitos que se les atribuye y de los cuales
parecen existir abundantes pruebas?”. (Ver
columna).
El título aludía a que apenas ocho días antes la Cámara de
Representantes le había levantado la inmunidad a Escobar, después de que un
juez les impartiera orden de captura a él y su primo Gustavo por el asesinato
de dos policías, pero ambos seguían apareciendo en público impunemente, como si
la justicia no fuera para ellos. Igual ocurría con Carlos Lehder, a quien un
mes atrás otro juez le había dictado auto de detención pero continuaba viviendo
en su natal Armenia, a la vista de todos.
Es cierto que no podemos emparentar a Uribe con narcotraficantes puros
(aunque sin olvidar que apareció en una lista de narcos de la
Defense Intelligence Agency –DIA- como “el asociado 82”), pero sí sorprende
hasta el asombro que pese a estar relacionado con múltiples crímenes (‘falsos
positivos’, espionaje telefónico, guerra psicológica, compra de votos para
reelegirse, corrupción administrativa, masacres
de El Aro y La Granja, muerte de Pedro Juan Moreno y Jesús María Valle, violación
carnal, etc.) y que en la actualidad es investigado por la Corte Suprema de
Justicia, no solo fue recibido a cuerpo de rey en el despacho
del Fiscal General para que abogara por paramilitares presos en cárceles de
alta seguridad de EE.UU., sino que está a punto de poner como Presidente de la
República a un monigote suyo y sigue mandando y desmandando a diestra y
siniestra, como si fuera el ciudadano más ilustre y respetable de la nación… Y
no lo es, sino todo lo contrario.
Con base en dichos agravantes, resulta lícito y pertinente parodiar de
este modo la frase de don Guillermo Cano arriba citada: “¿De qué raro y exótico
privilegio disfruta Álvaro Uribe Vélez para que contra él la justicia no logre
avanzar un paso en el esclarecimiento de los delitos que se le atribuyen y de
los cuales parecen existir abundantes pruebas?”.
Es cierto que a Uribe lo protege la presunción de inocencia, pero más
lo protege el fuero que como expresidente lo
salva de ser juzgado por la justicia ordinaria y somete al sueño del olvido
las casi 300 denuncias que le han instaurado en la raquítica e inoperante –y más
política que jurídica- “Comisión de Investigación y Acusación” (¡Ja!) de la
Cámara de Representantes.
¡¿Hasta cuándo tanta impunidad rampante, Dios santo, hasta cuándo?! ¿A
qué extraño infortunio o hechizo maléfico obedece que el país no sea consciente
del peligro que representa para la legalidad y las instituciones que el candidato
de Uribe logre ‘coronar’ la Presidencia de la República?

Sumado a lo anterior, el poderío de Uribe en el Congreso no sería
exclusivamente el de su bancada. Como su candidato está de favorito para ganar
las elecciones, hoy todos los partidos con excepción de la centro-izquierda
están corriendo afanosos a pegarse como lapas a la coalición triunfadora, para
disfrutar de la nueva ‘mermelada’ del Estado. Esto le permitiría a Uribe armar
una coalición similar a la que eligió a Santos en su segundo periodo
(liberales, La U, conservadores, Cambio Radical) pero aún más poderosa, pues solo
la centro-izquierda (Alianza Verde, el Polo y los ‘decentes’) conformaría una
pequeña y debilitada oposición.
Así las cosas, si Uribe como presidente fue obsesivo en tratar de controlar
los estamentos del Estado, esta vez los tendría a todos juntitos y obedientes a
sus pies. El único que en su momento no logró avasallar fue el poder judicial, que
le impidió ‘coronar’ un tercer período. ¿Qué pasaría ahora, después del 7 de
agosto? Que trataría de sacar avante su anunciado proyecto de reestructurar las
Altas Cortes, con el más neurálgico de todos los objetivos: impunidad jurídica
para él y sus ‘asociados’, a perpetuidad.
Mejor dicho, al que quiera más… ¡que le piquen caña!
DE REMATE: Hablando de tribunales de justicia más políticos que
jurídicos, el Consejo Nacional Electoral acaba de darles un portazo a Sergio
Fajardo y Humberto de la Calle en su aparente voluntad de unión, pero es cuando
más les corresponde actuar con firmeza. No deben dejarse embolatar la alianza
que muchos colombianos les hemos ‘ordenado’, como un mandato de responsabilidad
con el futuro de Colombia.
Coincido con Daniel
Coronell en que la verdadera respuesta a la consulta que formuló De la
Calle al CNE está en el tarjetón de la consulta liberal que lo eligió
candidato, y que autoriza al ganador para acudir a una consulta
interpartidista. Así lo señala el tarjetón de quienes ahí votaron: “¿Cuál de
los siguientes ciudadanos liberales elige Usted, como candidato del Partido
Liberal Colombiano para que participe en una consulta interpartidista que elija
candidato único en coalición, o para ser el candidato único del Partido Liberal
Colombiano en la elección de Presidencia de la República a celebrarse el 27 de
mayo de 2018?”. (Ver
tarjetón).
Considerando de todos modos que se trata de una unión tardía (si es
que ‘cuaja’), Fajardo y De la Calle no parecen ser conscientes de la gravedad
del momento. Ni siquiera ellos dos unidos lograrían desplazar a Petro, y sí
puede ocurrir que por la tronera que deje la división de la centro-izquierda se
cuelen Iván Duque y Germán Vargas. La urgencia es ganar en primera vuelta, pues
en la segunda destrozarían a Petro. El mejor candidato era Humberto de la
Calle, pero esta vez no se pudo. En tal medida, de este se requiere su grandeza
de estadista para que convenza al caprichoso Fajardo de que sin trío no hay
paraíso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario