martes, 8 de septiembre de 2015

El ‘correíto’ de EE. UU. sobre Uribe




Del mismo modo que hace diez años el industrial Fabio Echeverri Correa descubrió el ‘articulito’ que se requería derogar para que Álvaro Uribe fuera presidente de Colombia por segunda vez, la última columna de Daniel Coronell podría estar aportando el ‘correíto’ que el país necesitaba para descubrir el verdadero rostro del expresidente y hoy senador Álvaro Uribe Vélez.

Digo ‘correíto’ porque las fuerzas oscuras que bajo cuerda gobiernan este país tratarán de minimizarlo, y corresponde a la misma estrategia implementada cuando a algo tan espantoso como el asesinato de miles de jóvenes para hacerlos pasar como bajas propinadas a la guerrilla, lograron darle el azucarado nombre de ‘falsos positivos’. Con eso, le quitaron los ríos de sangre que hubo de por medio.

La importancia del documento que aporta Coronell es que proviene de una fuente norteamericana 100 por ciento confiable, y en esa medida no deja dudas sobre las nefastas tramas que se urdieron en el gobierno de un sujeto de quien hasta el propio Barack Obama desconfiaba, al evidenciar las perversas entretelas del poder subterráneo que manejaba.

El único problema de la referida columna de Daniel Coronell es que al titularla El ‘e-mail’ de Hillary haría pensar que se trata de algo pequeño, cuando en realidad se está ante un documento altamente explosivo, que si hubiera sido revelado no en Colombia sino en cualquier país donde impere la ley, su principal implicado estaría no sé si en la cárcel pero sí siendo juzgado, pues aporta meridiana claridad sobre la información secreta que el gobierno norteamericano conocía sobre las prácticas aviesas y criminales de Uribe Vélez en sus ocho años de gobierno.

Estamos hablando de una serie de correos enviada al Departamento de Estado por el entonces embajador de Estados Unidos en Colombia, William Brownfield. En uno de ellos insta a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, a que sea prudente en los elogios a Álvaro Uribe y más bien le recuerde en su reunión con él la necesidad de investigar los falsos positivos, la corrupción en el DAS que efectuaba las chuzadas y la parapolítica que incluía a aliados, funcionarios y a un familiar del presidente.

Lo llamativo de ese ‘correíto’ es que acoge como ciertas las mismas acusaciones que magistrados, periodistas independientes y políticos opositores le hacían a Uribe, y por las que estos recibían como respuesta ser tildados de amigos o patrocinadores del terrorismo. Pero no las acoge porque Brownfield opinara que quizá esos opositores tendrían razón, sino porque recibía de sus fuentes información de primera mano que le hacía constatar cosas como estas: “las fuerzas de Seguridad de Colombia habrían asesinado a 1.486 civiles durante los primeros seis años de la presidencia de Álvaro Uribe”; “el DAS fue puesto al servicio de líderes paramilitares y narcotraficantes para espiar e intimidar a magistrados de la Corte Suprema, políticos opositores, periodistas y defensores de derechos humanos”; “las escuchas telefónicas, los seguimientos y la guerra política vinieron del más alto nivel de la Presidencia”. Etcétera. (Y el ominoso etcétera puede ser consultado en la página del Departamento de Estado, www.state.gov).

Aquí no se trata de repetir la columna de Daniel Coronell sino de hacer ver que no era cualquier pintado en la pared sino el embajador de Estados Unidos –conocedor como ningún otro del país donde ejercía su labor diplomática- quien le advertía a la señora Clinton antes de su viaje a Colombia sobre la ‘fichita’ con la que habría de tratar, y es reflejo de las serias preocupaciones que abrigaba el Departamento de Estado por los abusos de todo tipo cometidos en el gobierno de Uribe.

En coincidencia con tan demoledora revelación se conoció una noticia de similar importancia, como fue la renuncia de Otto Pérez a la presidencia de Guatemala y su posterior confinamiento a prisión por un delito de corrupción que, comparado con los crímenes de toda laya que le endilgan a Álvaro Uribe, no pasaría de ser una infracción leve a las buenas costumbres. Y todo gracias a una investigación realizada por el mismo que siendo en Colombia magistrado auxiliar de la Corte Suprema, adelantó una investigación sobre la parapolítica que lo puso en el ojo de la persecución del entonces presidente Uribe, porque involucró a su primo Mario. El nombre de grata recordación de este investigador es Iván Velásquez, convertido en héroe de la jornada por los mismos guatemaltecos en ingeniosos memes.

¿Cómo es posible que mientras en Guatemala el presidente de ese país termina acusado, defenestrado y enviado a prisión gracias a una investigación adelantada por Iván Velásquez, en Colombia el presidente que lo persiguió por haberse metido con su primo y que está acusado incluso de haber propiciado crímenes de lesa humanidad como los ‘falsos positivos’, aún conserve niveles de popularidad superiores al 50 por ciento, pese a las muy graves cosas que de él sabía hasta el mismísimo presidente de Estados Unidos, Barack Obama?

En busca de una explicación a tan absurda paradoja, llega a la memoria lo que Franklin Delano Roosevelt decía de Anastasio Somoza, dictador de Nicaragua: «Es posible que Somoza sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta».

DE REMATE: Tan sorprendente como la revelación de ese ‘correíto’ es la poca repercusión que la noticia tuvo en los medios nacionales. Lo mismo ocurrió con la también explosiva y extensa declaración de alias don Berna a la Fiscalía revelada por Caracol Radio este lunes 7 de septiembre, donde de nuevo aparece Uribe rodeado de gente de la peor calaña. Pero todo indica que estamos frente a un hombre milagroso, porque se ha bañado en las piscinas de la mafia, del narcotráfico (el número 82, según The National Security Archive), de la parapolítica, de las chuzadas del DAS y de los falsos positivos pero… ¡no se moja!

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