Tomado de Semana.com
El 26 de diciembre pasado el candidato al
Senado Álvaro Uribe Vélez dijo una mentira del tamaño de un trasatlántico, que
dio para pensar que se había adelantado al día de los Inocentes: "En
muchas partes del país, como en el Páramo de las Hermosas, las FARC están
amenazando que si los campesinos no votan por Santos, los matan". Además,
aseguró que la guerrilla está elaborando un censo de ciudadanos para controlar
el voto el día de las elecciones.


Esto sin olvidar que el propio Diego Fernando
Murillo, alias ‘don Berna’, acaba de declarar que él y sus secuaces le
aportaron $2.000 millones de pesos a la campaña presidencial de Uribe Vélez en
2002, en lo que constituye la primera vez que un jefe del paramilitarismo
asegura que entregó dinero directamente a su campaña. Y eso tuvo muy escasa
repercusión en medios. Pero bastó con que William Rodríguez Abadía, el hijo
bastardo de los Rodríguez Orejuela (quien declaró contra padre y tío para
obtener rebaja de su pena) dijera después de 20 años y sin mostrar ninguna
prueba que se reunió con Horacio Serpa, para que de inmediato los medios de
comunicación se prestaran ingenuos al montaje, sin advertir siquiera que fueron
infantilmente utilizados para hacer que la ‘bomba’ informativa estallara justo
el día y hora en que Serpa lanzaba su candidatura al Senado.

Pero no ocurrió, ni ocurre y al parecer no
dejará de ocurrir con los grandes medios de comunicación, que de manera
irresponsable –y susceptible incluso de judicialización- van acogiendo como
noticia todo lo que se le ocurra espetar al caudillo de la ultraderecha, sin
ser conscientes de que actúan como catapultas del prestigio de seres y políticas
repulsivas, atentatorias contra la armonía social y la buena marcha de las
instituciones.

¿Será acaso que todo lo que dice Uribe, por
el solo hecho de ser él, hay que convertirlo de inmediato en noticia? ¿Significa
entonces que frente a cualquier otra bestialidad que se le ocurra a este señor
–quien a medida que avance la campaña se irá haciendo cada vez más peligroso de
pensamiento, palabra y obra- los medios deben acogerla sin ninguna reserva ni capacidad
crítica, e irla reproduciendo como inocentes borregos al servicio de una
campaña en particular, la del Uribismo Centro Democrático (UCD)?

Periodistas y medios actúan como instrumentos
pasivos de unas estrategias de desinformación al servicio de lo más oscuro y
reaccionario que puede existir sobre la geografía nacional. Publican como
grandes noticias ciertas declaraciones que explotan como dinamita sobre la epidermis
nacional y crean consternación, pero que son elaboradas desde el sub fondo,
desde esa penumbra siempre emparentada con una mano negra cuyos líderes no se
dejan identificar, pero que sin duda existen y en los momentos más tácticamente
convenientes se hacen sentir.

Esta columna de abrebocas del 2014 pretender
ser entonces un llamado a la cordura, dirigido a directores de medios, editores
y periodistas en general, para que de una vez por todas dejen la bobada (iba a
decir la estupidez) y reciban con beneficio de inventario y responsable
criterio esas ‘noticias’ explosivas que arma Uribe con precisión de relojero
para hacerlas explotar en el momento que considera más propicio a sus oscuros y
perversos planes.
Con Uribe hay que aplicar la noble y altruista misión de ‘silenciarlo’
–en un sentido metafórico- por el bien de Colombia. No se trata de taparle la
boca ni ignorarlo al cien por ciento, sino de lograr que los medios de
comunicación sopesen con sensatez y responsabilidad histórica cada cosa absurda
o delirante que se le va ocurriendo, antes de que acabe por llevarnos a todos
al abismo.
Porque, no nos digamos mentiras: casos se
han visto…
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